Dado el desempeño hasta ahora de ambos equipos del Marruecos-Francia se esperaba un partido feroz. Y sin embargo el encuentro pareció más manso que parlamento norcoreano. Marruecos, que no se quiso arriesgar a la pegada de los Mbappé y Dembelé, montó una defensa paraguaya. Habrán calculado que si con los paraguayos Francia no pudo pasar del 1 a 0 (y eso, por penal) a Marruecos, que ha demostrado saber dónde está la portería y cómo meter la pelota dentro, le iría mejor.
Francia también andaba cauta, no fuera a ser que, entregados al ataque, le metieran un gol y luego no encontraran la cerradura de la puerta contraria. Así y todo, Francia consiguió un penal de los de ahora, con los que ni siquiera hay que fingir demasiado. Sin embargo a Mbappé no pareció gustarle el regalo y pateó el balón a las manos de Bono. Por cierto, el portero marroquí, entre el penal y unas cuantas paradas en el primer tiempo, ya se pagó el pasaje de avión al mundial.
Con el segundo tiempo, el sol empezaba a ocultarse y los pistoleros franceses de pronto recordaron para qué estaban ahí. En el 59 Mbbapé, rodeado por cuatro marroquíes, aprovechó el medio metro que tenía libre a su derecha y pateó una comba que Bono no la pudo parar. Y si Spiderman hubiera estado ahí, tampoco.
Seis minutos después los defensas todavía se estaban preguntando qué había pasado con el primer gol cuando en una jugada por el centro del terreno Dembelé colocó la pelota al palo derecho. Bono la tocó con la punta de los dedos, pero sin poder impedir el 2-0. Si hasta ese momento los marroquíes habían sido cautos ya a partir de ahí se desplomaron. Pudieron hacer algo más con una Francia que se permitía distracciones impensables minutos atrás pero los de Marruecos tenían la mente en otra parte. Posiblemente en si todo lo que habían comprado en el viaje cabría en las maletas que tendrían que hacer esa noche. Mbappé salió del juego, adolorido de un tobillo y por él entró Matetá que demostró con sus jugadas por qué lo han tenido sentado en el banquillo todo el campeonato.
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