lunes, 29 de junio de 2026

Borges, fútbol y meritocracia


El pronóstico del partido entre Países Bajos y Marruecos era más reservado que una operación de cadera de la abuela. Países Bajos venía con la historia de ser la selección que ha perdido más finales (tres, 1974, 1978 y 2010). Marruecos en cambio, trae un pedigrí más fresco. Cuarto lugar en el 2022 y un empate a uno en su primer juego con Brasil este año. Lo mismo la abuela podía salir bien de la operación que no acordarse del nombre de sus hijos.

Y el juego fue más o menos así. Marruecos atacando más, aunque sin exagerar y Países Bajos esperando tener suerte en un contragolpe. Como dos rivales que reconocen la pegada del otro y prefieren no arriesgarse demasiado a que le rompan la cara. O como cuando crees que te has encontrado con la mujer de tu vida pero piensas que es demasiado temprano para dejar de usar condón. Luego de un primer tiempo con el marcador virgen, contra lo que cabía esperar, Países Bajos golpeó primero. En un saque del portero neerlandés alargado por un cabezazo a mitad de cancha, Sommerville, uno de los más esforzados jugadores de Países Bajos, sale corriendo entre dos defensas, cae (o lo tumban, eso ahora no es importante) y desde la yerba le pasa la pelota a Gapko que la mete en la portería con la furia de quien se desquita de algo terrible.

El gol fue en el minuto 71 y los neerlandeses lo celebraron como si ya estuvieran en octavos. Pero 19 minutos más descuento es demasiado tiempo. Pero Marruecos ni siquiera tuvo que aprovechar un descuento generoso. Justo rayando el minuto noventa un centro desde tres cuartos de cancha fue cabeceado por esa torre llamada Issa Diop sin que Verbruggen, el arquero neerlandés, pudiera hacer nada.

Si el fútbol fuera una meritocracia Marruecos debió haber ganado en el tiempo extra. Pero no lo es. Borges, el Messi de la literatura, habría dicho de haberle gustado el fútbol: "ciego a los méritos el fútbol puede ser despiadado con las mínimas distracciones". Y Países Bajos no acumuló méritos pero tampoco se distrajo. Los saharianos campeaban por el área de Países Bajos a sus anchas sin apenas ser molestados y cuando Rahimi se plantó en la portería y disparó a bocajarro todos cantamos el gol para descubrir que no. La pelota no había entrado en el arco holandés gracias a la rodilla milagrosa de Verbruggen que, de haber pasado su equipo a octavos, debería exhibirse como reliquia en las iglesias del futuro.

Los titulares ya hablan de una tanda de penales para la historia con lo que estoy de acuerdo siempre que se empiece reconociendo que la historia es esa cosa horrible de la que, como en las relaciones con la ex que te engañó, recuerdas solo lo peor. Pocas veces se ha ejecutado una tanda de penales más chapucera, con tan mala puntería y hasta con mala suerte en el caso de Verbruggen. El primer marroquí en tirar incrustó la pelota en el travesaño, el segundo neerlandés en el poste izquierdo, al segundo marroquí Verbruggen le paró la pelota para luego meterla dentro con la pierna, el cuarto de Países Bajos la echó afuera, el cuarto lanzador marroquí, Hakimi, el capitán incansable, volvió a golpear el poste izquierdo con el balón y al quinto neerlandés Bono, el arquero marroquí le paró el disparo con una mano sin siquiera tener que lanzarse de cabeza.

Así hasta que por fin, el golpeado y ensangrentado Saibari de hacía unos minutos, por pura piedad con Países Bajos, con su propio equipo y con el público tuvo a bien acabar con aquella vergüenza que ahora quieren pasar por tanda histórica de penales.

“Ah, pero Alá es más sabio” habrá dicho Sherezada al ver que la noche concluía con los jugadores marroquíes arrodillados sobre la hierba y con los culos apuntando a la Meca pero por la vía más distante. Eso si la tierra es una esfera, como las pelotas de fútbol.

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