miércoles, 15 de julio de 2026

A Argentina le gusta Netflix


El partido entre Inglaterra y Argentina fue un malentendido. Inglaterra pensó que se trataba de un juego de fútbol pero en realidad era un capítulo más de la miniserie que está filmando Argentina desde el principio del campeonato. Hollywood puro, puro Netflix. Una miniserie en la que los capítulos llevan por título los equipos rivales “Cabo Verde”, “Egipto”, “Suiza” y el guion es siempre más o menos el mismo: un equipo guiado por un jugador veterano que han desahuciado por su avanzada edad se enfrenta a rivales feroces que luego de ir ganando un tramo del partido son derrotados por la astucia del veterano y sus compinches en los minutos finales del juego, casi siempre con la ayuda del hada Fifa que lo mismo anulaba goles que expulsaba jugadores contrarios. Pero eso último es pura maledicencia de los peores enemigos que hayan existido nunca en la historia de Argentina, los bicholovers, fanáticos de una bruja tan vanidosa como la de Blancanieves pero con el pelo más corto. Pero si Inglaterra no se enteraba de esos detalles era por el peso de sus propios traumas tras dolorosas derrotas en los mundiales que sus héroes Harry Kane y Jude Bellingham se aprestaban a vengar de una vez y por todas.

Para adobar el capítulo “Inglaterra” había otro detalle todavía más morboso: hacía cuarenta y tantos años Inglaterra y Argentina se habían enfrentado en fiera batalla por unas islitas minúsculas en la que había sido derrotada la segunda. (Curioso que la guerra desatada por la malvada junta militar para distraer al personal siga teniendo tantos seguidores hasta hoy). Pero cuatro años después, el prócer Maradona, san Juan Bautista de Messi, el actual líder de la selección argentina, había vengado a su país con el legendario Gol del Siglo y la no menos legendaria Mano de Dios.

El asunto es que en el primer tiempo ambos equipos se desentendieron del balón y se dieron toda la caña que pudieron obligando al apacible árbitro a cantar el doble de faltas que en un juego promedio y hasta repartir tres tarjetas amarillas. A nadie le extrañó que la primera mitad del partido terminara empatado a cero. Sobre todo, teniendo en cuenta el detalle de que no se hizo un solo disparo a ninguna de las dos porterías. Raro hubiera sido lo contrario, aunque peores cosas se hayan visto. Y hablando de ver, desde su palco observaba el juego el ex futbolista y exitoso hombre de negocios David Beckham con el corazón partido entre la selección de su país y la de Messi, su mejor inversión.

La segunda parte del juego, con un renovado interés de los futbolistas en la pelota, vaya usted a saber por qué. Pero de esos primeros intercambios sacó mayor partido la pérfida Albión que al minuto 54, aprovechó la primera vez que daba tres pases seguidos para clavar el primer gol de la pierna de Anthony Gordon. “El que da primero da dos veces”, dijo mi padre, que no sabe mucho de fútbol pero sí de refranes pero Thomas Tuchel no parece saber ni una cosa ni la otra. El DT de Inglaterra creyó que ese era el único tanto iban a anotar esa tarde y tomó una decisión que se va a estar discutiendo en todos los pubs ingleses hasta el siglo XXII o hasta que Inglaterra vuelva a ser campeón, lo que ocurra primero: replegó a su equipo para defender la ventaja mínima en los 35 minutos que le quedaban al juego. Más el descuento.

Eso era lo que estaban esperando los de Scaloni para montar un asedio en toda regla a la portería inglesa. Tiraron con todo: flechas, lanzas, catapultas, aceite hirviendo, obuses y misiles de medio y largo alcance. Pickford, de vacaciones en el primer tiempo, hacía lo que podía, rechazando lo que le tiraban, que no era poco. Pasaban los minutos y mientras Tuchel retiraba del terreno a Gordon, el autor del primer gol del juego, para imponer una formación algo más conservadora de diez defensas, Scaloni mandaba al frente todo lo que le quedaba en la reserva.

Quedaban cinco minutos de tiempo oficial por jugar. El que no hubiera visto los capítulos anteriores de la miniserie argentina creería que a los de la patria del bife de chorizo no les quedaba esperanza. Pero ahí estaba el guion repetido en el que luego de mucho sufrir los hijos de la pampa resuelven el partido justo en el momento de mayor drama, como cuando llegas desesperado a un baño público y te dicen que no puedes pasar porque están limpiando. Y fue justo en el minuto 85 que Messi dio un pase aparentemente inocente a Enzo Fernández y este disparó un misil a la portería de Pickford que se encajó junto al palo derecho del portero empatando el partido.

Pero ahí no paró la cosa. Argentina estaba apurada por entrar en la final o le faltaba presupuesto para filmar el tiempo extra. De manera que en el primer minuto del descuento Messi volvió a cumplir su papel de ángel de la guarda de su equipo y dio un pase perfecto que Lautaro Martínez no supo cómo desaprovechar. A esa hora fue que los ingleses se dieron cuenta al fin de que no había nada que defender y retomaron el ataque ya sin fuerzas, sin suerte, sin nada. Habían añadido nueve minutos de descuento más el descuento del descuento pero ya nada de eso podía impedir que el domingo se juegue la segunda final de mundial completamente hispanohablante, como el concierto de Bad Bunny en el Super Bowl. Una victoria argentina sin que tuviera que echar mano a ningún hada y con Beckham que no sabía si llorar por la derrota de su equipo o saltar de alegría por la victoria de su mejor inversión.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

He disfrutado más leyendo tu artículo que viendo el partido. ¿Será por mis gotas de sangre inglesa?


Anónimo dijo...

He disfrutado más leyendo tu artículo que viendo el partido. ¿Será por mis gotas de sangre inglesa?