jueves, 28 de junio de 2012

Antes de la aurora (fragmento)

Quiero a continuación proponerles un fragmento de la novela Antes de la aurora ya anunciada en este blog un par de días atrás que me envía su autor Francisco García González:






— Y vos te salvás que soy un idealista.

Esas fueron las últimas palabras que el Che Guevara le dijera a Bermúdez. Luego lo había enviado junto a otros dos rebeldes caídos en desgracia a trabajar en el sitio donde se construía el nuevo campamento sede de la Comandancia general. El trayecto hasta la zona de La Plata era engorroso y lleno de peligros. Uno de los sancionados sabía el camino. Era un guajiro de la Sierra Maestra que había seguido a la guerrilla cuando pasaba por El Polo Norte, barrio en el que vivía. Ninguno llevaba fusil, aspecto que preocupaba al Che. Una cosa era una sanción por falta de disciplina revolucionaria y otra mandar a inmolarse a combatientes potenciales. He ahí un dilema. Para solucionar la cuestión el comandante mandó a buscar al armero de la columna. El armero era un hombre inspirado, de una fecunda imaginación pirotécnica y balística. Se alegraba muchísimo de que su jefe contara con él en momentos como ese. Casualmente había estado efectuando algunos experimentos con armas primitivas. Pensaba que esta podía ser la ocasión y pasó a explicarle a su jefe en qué consistía su nuevo artilugio.

El comandante Guevara los despidió haciéndoles beber un mate. Gracias a esa determinación era que Bermúdez y sus dos compañeros marchaban por las altas crestas portando sendas cerbatanas. Como tubo de cerbatana servía un tallo de fruta bomba y como proyectiles se utilizaban pedacitos de alambres con plumas de pájaros para la compresión de aire y punta hacia el otro extremo. A primera vista parecía un arma inocua, pero la práctica podía demostrar que no. La cerbatana había sido acogida con pavor por la parasitada dentro del estómago de Bermúdez. Los indios del Amazonas la usaban con efectividad. Bermúdez preguntó dónde quedaba el Amazonas. El Che dijo que era un río que podía tragarse a Cuba y Bermúdez, que ni siquiera aún había visto el Cauto, pensó que el jefe se estaba burlando de él. ¿Podía existir un río más grande que el San Fernando en época de lluvia?

Caminaron cuesta arriba y cuesta abajo. Cuesta abajo. Cuesta arriba. No había más  alimento que malangas crudas y plátanos fongos encontrados en algún que otro bohío abandonado e incendiado por el ejército. Beber agua era más difícil, pero ellos habían aprendido cómo hacerlo cuando no había arroyos cerca. El agua se almacenaba en los curujeyes colgados de los árboles. Al tercer día el hambre arreciaba de tal manera que uno de los sancionados propuso comerse una bota como había visto en una película silente. La imposibilidad de hallar fuego los hizo desistir. Se podía comer un zapato, pero no un zapato crudo. Continuaron cuesta arriba  y cuesta abajo. ¿Cuánto faltaba?

Al quinto día el guajiro de El Polo Norte confesó que se hallaba extraviado. En vano trataron de encontrar a alguien. Al sexto día ninguno se acordaba de las cerbatanas. A la semana de salir de La Mesa fueron sorprendidos por una patrulla del Ejército mientras dormían. Eran cinco. También  andaban perdidos. Bermúdez fue sacado del sueño a fuerza de culatazos. Primero pensó que se trataba de rebeldes, pero no, los guerrilleros no calzaban así, de reglamento. El que parecía el jefe, un cabo, preguntó para qué eran aquellos tallos medios secos de hojas de papaya. Sentados de espaldas uno contra otro los prisioneros permanecieron callados. Uno de los soldados golpeó con la culata el estómago del que había visto la película silente. El guerrillero hizo por vomitar retorciéndose en el suelo. ¿De dónde habían salido aquellos pobres diablos? Nuevo culatazo, esta vez en la espalda de Bermúdez. Ninguno de los tres tenía fuerzas para hablar. ¿Quiénes eran? ¿Para donde iban? ¿Para qué eran los tallos de papaya? El próximo culatazo fue en plena mandíbula del guajiro de El Polo Norte. El cabo se paseó con las manos en la espalda. Volvió a preguntar para dónde iban, quiénes eran y para qué querían los tallos de papaya. Pero esta vez fue distinto. El soldado que propinaba culatazos disparó su revólver 38 en la nuca del que había visto la película silente. De nuevo las preguntas. Iban para La Plata, dijo el guajiro oriundo de la Sierra “¿Dónde cojones quedaba eso?” No lo sabían, estaban perdidos, tan perdidos como ellos. «Mierda», dijo el cabo. ¿Y de dónde venían? El nombre del comandante Guevara puso aún más furiosos a los soldados. Ahora le tocó al guajiro. Los sesos salpicaron a Bermúdez. De esta me voy, pensó. Pero no se iría. También iba a responder lo que los guardias quisieran a cambio de su vida, un guerrillero vivo es más útil que un mártir. No habría testigos. Los tallos de fruta bomba eran cerbatanas. Se las había entregado el mismo Che. Decían que en el Amazona se usaban con éxito entre los indios. El cabo preguntó dónde quedaba el Amazonas. Bermúdez le dijo que era un río que podía tragarse a Cuba. Pero aún tenía gandinga para burlarse de él. Por primera vez es el cabo quien golpea. Una patada precisa en el costado que hace a Bermúdez perder el conocimiento. Fugarse al menos por un instante al inconsciente y no escuchar que uno de los soldados ha dicho que sí, que el Amazonas es un río en el que Cuba cabría seis veces.

Al despertar Bermúdez la discusión estaba en pleno apogeo. Unos decían que sí que el río Amazonas existía y era de ese tamaño. Otros, los del bando del cabo, afirmaban que no, que eso no podía ser, un río más grande que el Cauto era algo sencillamente imposible. El cabo molesto y fuera de sí le propinó una trompada al soldado que había dicho que Bermúdez tenía razón. Luego dio por zanjada la discusión. Ese río era puro invento, eso era lo que el enemigo quería, dividirlos, sembrar la duda por todas partes. El soldado acató la determinación frotándose la mandíbula. El jefe mandó a continuar la marcha no sin antes esconder los cadáveres y despojarlos de sus cerbatanas. Bermúdez caminaba en medio de los soldados llevando las cerbatanas. El cabo quería presentarle a su jefe al prisionero armado con semejantes artefactos. Su jefe sabría que hacer con el caso.

A las tres horas de marcha forzada el jefe ordena hacer una parada. Los hombres sacan provisiones de sus mochilas. A Bermúdez le arde el estómago. Los soldados abren latas, comen, beben de sus cantimploras.

— ¿Quieres comer? —le pregunta el cabo con la boca llena.
Bermúdez calla.
— Cojones, te pregunté si querías comer. ¿No oyes? El cabo se incorpora y camina hasta el prisionero sin cesar de masticar. En la mano tiene un pedazo de butifarra.
— Arriba, cómete las cerbatanas. Que te las comas te digo, cambié de idea.

El cabo saca el revólver. Bermúdez sabe que si no obedece pasará en un abrir y cerrar de ojos a mejor vida. El cabo ha cambiado de planes. Eso es malo. Comienza a masticar el tallo de papaya. Cómo no se le había ocurrido antes. El tallo es difícil de masticar, aún más de tragar.

— ¿Está bueno? ¿Con eso el Che arma y alimenta a sus hombres? —dice el cabo y los soldados ríen.

Después de todo en la guerra se veían cosas simpáticas.

Bermúdez mastica, traga. A escasos metros de la escena, Eutimio Guerra, fantasma endomingado contempla al grupo dándole chupadas a su tabaco. Entre aquellos hombres está el cuerpo del guerrillero Bermúdez.

13 comentarios:

el fume dijo...

En la página de amazon.com se puede hacer click en la figura con la carátula del libro y tener acceso a otro fragmento. Son las primeras seis páginas, donde aparece el pasaje de la yegüita que alguien mencionaba en los comentarios del post anterior.

BARBARITO dijo...

¡¡Genial!!
Gracias Francisco. Gracias Enrique.

Voy loco por conseguir el libro... me temo que tendré que encargarlo por correo, pues dudo de que se publique en España oportunamente.
(Comparto el enlace en mi muro de Facebook. Re-Gracias).

Cheito dijo...

Que bueno esta eso.Exelente.

el fume dijo...

Acabo de comprar el libro. De paso también he comprado "Qué pensarán de nosotros en Japón?" que (escándalo!) todavía no había comprado.

Anónimo dijo...

Enrisco:

A mi me parece muy flojo. Si esta es la mejor novela historica cubana mal andamos. Esto es serio, Enrisco, o es otra de las jodederas tuyas? No habras transcrito un fragmento de esa novela de Abel Prieto que solo tu leiste?

Enrisco dijo...

Seguramente si te hubiera puesto un fragmento de El mundo alucinante o de El vuelo del gato no ibas a notar la diferencia y en ese sentido es una perdida de tiempo en tu caso haber leido el fragmento o que yo ahora intentara explicartelo. En cada concierto en la selva siempre aparecera un leon sordo.

Anónimo dijo...

Pues coincido con el anónimo 18:36. Me parece más bien floja, algo pretenciosa y con intenciones evidentes por parte del autor de no ser acusado de parcialidad con esos guardias que matan como mafiosos. Igual la parte que aparece en amazon, no indica para nada una buena novela. 
Aproximense a las "Aventuras del soldado desconocido cubano",  de  Pablo de Torriente Brau... así es como se escribe humor a la cubana. 
Enrisco usted tiene más influencia y credibilidad en la gente que lo lee que la que imagina. Es conveniente que sea más objetivo. No digo que vaya a estar mala toda la obra, es solo que resulta exagerado todo lo que ha dicho usted sobre ella. 

Enrisco dijo...

creo ser objetivo, insisto, aunque el autor me es cercano pero incluso en ese caso creo haber podido distinguir cuando las cosas no salen bien y hasta el puede dar fe. no es una novela humoristica (como el ejemplo que cita y que aprecio mucho) aunque el humor esta en muchas partes, incluso en esta. es sobre todo una novela y las novelas solo se pueden apreciar si se leen completas en donde el sostenimiento de un tono, la estructura y el desarrollo de los personajes son lo mas importante. lo que me gusta del fragmento no es lo que dice sino lo que sugiere pero claro aqui la discusion -en tanto como en El vuelo del gato- soy el unico lector. en la mayoria de las novelas los fragmentos iniciales -y estos lo son- van creando un ambiente que hacen que en el desarrollo la trama se intensifique en significado. quizas no fue una buena idea proponer un fragmento que no puede hacerle justicia al todo. es como si de la mujer mas bella del mundo pusiera en exposicion la nariz o un dedo. gracias de cualquier forma por tomarse el interes en opinar pero sospecho que de leer toda la historia su opinion cambiaria.

Armando Tejuca dijo...

si, no debería haberse puesto fragmento alguno. Nunca más hacer esto, algo así como no repetir en casa. El que quiera que la compre, la lea de pies a cabeza y de su opinión, de lo contrario si no la compra y no la lee pues no opinará. La opinión de un fragmento puede destruir una obra entera.

Anónimo dijo...

coño, que pueblito de mierda es este que nos ha tocado. anonimos esperando la menor oportunidad para atacar a los que hacen algo bueno con su talento. porque el unico talento que tienen esos anonimos es para la infamia y la envidia que es en lo unico que son generosos. a veces me da verguenza de haber nacido en un pais donde lo unico que sobra es gente asi. y bien tonto eres enrisco por ponerte a razonar con ellos. son tan engreidos que pueden llegar a creerse que tienen alguna razon.

Lili Sánchez dijo...

Es una buena novela, buena de verdad y eso el tiempo lo dirá.
Es inteligente que aprendamos a aceptar todas las opiniones, lo que me gustaría es que no fueran anónimas. Los cubanos solo creceremos cuando aceptemos la diversidad y aprendamos a convivir civilizadamente pensando y opinando diferente.
El verdadero arte, la verdadera literatura está por encima de la mezquindad.
De momento, bienvenida Antes de la aurora. Felicidades Frank.

Pepeluis dijo...

it's ok
aunque al titulo le falta "Celestino"...

Llegate al ñángara:

http://chonibigoo.blog.com/

Anónimo dijo...

Novela ficcion total o semi ficcion? Mate en la Sierra pero ni un mango que comer? Cerbatanas de la selva amazonica y guajiros brutos que no saben que es el Amamzonas? ¿ como Fidel Castro y Co. Subio a la loma, formo su ejercito? Recuerdo una parienta que vivia en Stgo de Cuba pero iba a visitar a su papa que tenia una finca en territorio rebelde y tenian fronteras y guardias para inspeccionar y dejar pasar, asi mi tio que tambien tenia su finquita y no se la quitaron no se si por muy chiquita o por haber colaborado con los barbudos. Creo eso de camina para arriba y para abajo por dias suena falso. Cuba no es el Amazonas, es chiquita y hay guajiros y el terreno fertil. En fin, lo que lei no me inspiro a querer ver la pelicula basada en la novela. Mis idolos Hemingway y Fizgerald tenian otro estilo.