lunes, 7 de diciembre de 2009

¿Contracultura en Cuba?

Como ya anuncié el fin de semana estuve en México D.F. participando en la conferencia Juventud y Cultura Cubanas: Nuevos Paradigmas. El panel en que participé versó sobre el tema de la contracultura. A mí de inicio me parece un tema muy discutible tratándose de Cuba y me parece útil abrir un debate sobre la existencia de un movimiento contracultural cubano (o si habría que buscar una definición más ajustada a su realidad), cuál sería su perfil, características y conciencia de su propia existencia y cuáles serían sus objetivos principales en caso de tenerlos. Así que invito a todo el que tenga algo que decir sobre el tema a dejar su opinión en este blog. De momento los dejo con mi visión sobre el asunto tal y como la expuse en dicha conferencia.

Dentro y contra: los espacios de la contracultura en Cuba


El poder de la imaginación
Todo depende. Si por ejemplo nos preguntamos en qué se parece un wonderbra a una dictadura, el sentido común no nos permitiría ver ninguna coincidencia. En cambio, si apelamos a la imaginación descubriremos que los brassieres con relleno y las dictaduras se parecen en que oprimen a los de dentro, engañan a los de fuera y levantan monumentos a los caídos. Menciono este ejemplo porque hablar de contracultura en Cuba requiere una similar dosis de imaginación. Aplicar el modelo contracultural propio de sociedades liberales a las condiciones del totalitarismo antillano puede resultar forzado y hasta contraproducente. Las definiciones del término coinciden en fijar su sentido a partir del rechazo e impugnación de los valores y modos de vida de una sociedad, de la crítica al “tipo de racionalidad dominante más abstracta de la que todos participamos […] y de la que dependemos”. La contracultura no estaría basada por tanto en la creación de un modelo artístico más o menos novedoso y distinto respecto a los dominantes o en el rechazo o la crítica e impugnación de un determinado régimen político. La contracultura propone un diferente modo de concebir las relaciones sociales, un nuevo modo de vida. Si a esto se añade la tendencia a definir la contracultura como un movimiento organizado y visible cuya acción afecta a muchas personas y persiste durante un período de tiempo considerable se verá en la aplicación del término contracultura a la realidad cubana las mismas dificultades que si se intentara envolverla con un brassiere dos tallas menor.

Los ochenta como punto de partida
Si, en cambio, optamos por una definición negativa de contracultura como movimiento cultural anti-paternalista, anti-dogmático y anti-autoritario podríamos reconocer en ello denominadores comunes de buena parte de la cultura producida en la isla a partir de la segunda mitad de la década del 80 del siglo pasado hasta la fecha. Me refiero a la invasión lenta e intermitente de los espacios públicos por movimientos y actores culturales que en la práctica y a veces en la teoría niegan los fundamentos del sistema. Sin negar fenómenos previos no es hasta finales de los ochenta que en Cuba estas manifestaciones tuvieron un carácter masivo. Esta irrupción vino marcada tanto por el agotamiento del modelo cultural totalitario como —de una manera todavía más decisiva— por la crisis del paradigma político soviético expuesta en el proceso conocido como la Perestroika. Los breves años de indecisión represiva del régimen ante manifestaciones que se presentaban a sí mismas más como proyectos de renovación cultural que como intento franco de transformación política de la sociedad fueron testigos de una multitud de fenómenos impensables en las dos décadas anteriores. Desde el intenso movimiento en las artes plásticas que retó el sistema institucional de la cultura y se lanzó a tomar las calles hasta la intensa lucha por la despenalización del rock, música catalogada hasta entonces como imperialista y punta de lanza del diversionismo ideológico. Desde la aparición de cantautores que rompían con la imagen épica de la Revolución Cubana hasta el rescate de escritores hasta entonces prohibidos como Virgilio Piñera. Desde un movimiento humorístico que se ensañaba con las manifestaciones más groseras del kitsch castrista hasta los encendidos debates en las universidades sobre los planes de enseñanza, la miseria informativa de los medios o el culto a la personalidad de Fidel Castro. Desde la aparición de documentales y películas inusualmente críticos hasta la conversión de espacios de comunidad ideológica oficial como la semana de cine soviético en un foro de identificación y discusión de los males del socialismo real. Desde la conquista de espacios mínimos pero llamativos en los medios oficiales hasta la multiplicación de peñas culturales en las que creadores de todo tipo entraban en contacto con el público sin apenas vigilancia estatal. Desde el surgimiento de una generación de narradores —conocida como los “novísimos”— que trajo un repertorio de temas ignorados hasta entonces en el ámbito de literario reconocido hasta la aparición de asociaciones culturales independientes de cualquier tutelaje oficial.
Este parcial resumen de la breve revuelta cultural de los 80 podría dar la impresión de movimiento organizado y visible con que se caracteriza a la contracultura. No obstante, la invisibilidad de este movimiento en la prensa de la época conspiró contra la formación de una conciencia colectiva de las verdaderas dimensiones del fenómeno. Como le confesaba Napoleón a Fidel Castro en un chiste de la época: “Si yo hubiera tenido tus periódicos nadie se habría enterado de mi derrota en Waterloo”. El movimiento careció de medios que retroalimentaran su propia imagen y reforzaran el narcisismo imprescindible para que una contracultura llegue a su plenitud. Aquella contracultura cubana —a excepción de las artes plásticas— todavía carece de textos teóricos o de un archivo más o menos básico, pero su condición fantasmal no le impide que aún hoy vivamos bajo sus efectos.

Una revuelta discreta
Entiendo a quien alegue que un movimiento contracultural en un estado totalitario sea una contradicción en términos. La contracultura en buena medida se define por la creación de un espacio público al margen de los medios e instituciones establecidos. Si tenemos en cuenta que el totalitarismo entraña la institucionalización del espacio público y de buena parte del privado entonces por lógica no habría espacio para la contracultura. En un régimen totalitario, los brassieres, a diferencia de una dictadura vulgar, no se limitan a oprimir los senos sino que los reemplazan. Y en efecto, el régimen cubano, además de tomar el control de todas las instituciones culturales y de los medios de comunicación, en las dos décadas anteriores había desarrollado un extenso y minucioso entramado que cubría cada uno de los municipios del país. Así las casas de cultura, museos, galerías, talleres literarios y bibliotecas que se habían fundado con el propósito manifiesto de promover la cultura a todos los niveles eran utilizados en la práctica para dirigir y controlar la producción y circulación cultural desde sus niveles más elementales. La solución que encontró la revuelta cultural de los 80 no fue la casi imposible creación de nuevos espacios sino la reconversión de los existentes. Así los museos de historia llegaban a transformarse una tarde a la semana en sala de conciertos, los cines en sedes de peñas literarias, viejos edificios de incierto perfil cultural en teatros de campaña, cine clubes en foros de debate público, el patio de una casa de cultura en el epicentro del movimiento roquero nacional, la sede de revistas en efímeras galerías de arte y algún profesor universitario pasó a ser el gurú de una nueva generación de cuentistas. Esto no hubiera podido lograrse sin el concurso de cientos de promotores culturales que por malentendido o complicidad consintieron o apoyaron la mutación de espacios que hacía tiempo habían perdido todo sentido. Aquellos años asistieron a la alquimia que convirtió a funcionarios oficiales en promotores inconscientes o voluntarios de la revuelta cultural. Llamados a integrar la policía de la cultura terminaron en muchos casos siendo cómplices de los mismos a quienes tenían que mantener a raya.
También, a diferencia de la contracultura en las sociedades liberales, esa revuelta careció de un discurso propio y le sobró timidez a la hora de identificarse como movimiento. La cautela adquirida tras arduo aprendizaje totalitario había convencido a este movimiento de que su condición básica de existencia pasaba por no reconocerse. Su versión del principio cartesiano podría resumirse en un “No me pienso, luego existo”. En parte como gesto táctico ante la represión y en parte por convicción ingenua, mucha de esta rebeldía retomaba los tópicos del discurso oficial para a continuación señalar las brechas entre este discurso y la realidad. Muchas veces se presentaban a sí mismos como verdaderos revolucionarios que retomaban el espíritu de la Revolución para reactivarlo y ponerlo en práctica. Se daba así no sólo el reciclaje del espacio físico de las instituciones culturales sino también del espacio del discurso. Es notable el hecho de que esta revuelta artística no se asumiera casi nunca como contracultura sino como aceptación literal del discurso del poder. A fuerza de declararse los verdaderos seguidores de la palabra divina —“Revolución”— terminaron convirtiéndose en protestantes. Sólo que en lugar de fundar una nueva iglesia oraban en la sacristía o en la calle.
Esa apropiación de espacios institucionales y discursivos fue eficaz a la hora de confundir y ralentizar la represión. Pero su lucha por el reconocimiento como hijos legítimos de la revolución era más sincera de lo que podría parecer. No sólo porque su desarrollo bajo un régimen autotitulado como revolucionario les impedía concebirse fuera de estos marcos. Además, la coincidencia —al menos a nivel retórico— entre el discurso anticapitalista y antimercantil de la contracultura y el del poder en Cuba les hacía difícil imaginar otra posibilidad que no pareciese una regresión burguesa. ¿Acaso los hippies no habían tomado sus barbas y melenas de los guerrilleros de la Sierra Maestra?

La cultura de la revolución: repensando un viejo malentendido
No debe olvidarse tampoco que las bases culturales del poder revolucionario habían sido asentadas sobre los logros de una contracultura desarrollada en la última década del antiguo régimen. La Revolución, carente de un proyecto cultural propio, en sus inicios adoptó otros que se habían desarrollado paralelamente al proceso político pero que tuvieron muy poco contacto con éste hasta el triunfo revolucionario de 1959. La generación del 50 en poesía, el movimiento de pintores abstractos, la bohemia artística y literaria y su revaloración de la cultura popular más marginada, la revista Ciclón, el movimiento de salas independientes de teatro, la Sociedad Nuestro Tiempo, la Cinemateca de Cuba (fundada con carácter privado por varios cinéfilos) aportaron el personal, la experiencia y buena parte de las concepciones con que se nutriría en un principio el llamado proyecto cultural de la Revolución: desde figuras centrales en instituciones fundamentales como el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y la Casa de las Américas, hasta los fundadores del periódico Revolución —órgano oficioso de la ídem— y su suplemento literario Lunes; desde los rostros y las voces que llevaron al plano artístico la imagen de la revolución triunfante hasta los fundadores de sus primeras editoriales; desde los diseñadores del vehículo de propaganda que fue el aclamado cartel cubano hasta los creadores y decoradores de los proyectos arquitectónicos más emblemáticos del nuevo poder. Éste no se conformó con sustituir en las primeras semanas de 1959 la escueta burocracia cultural del batistato por una mucho más vasta y ambiciosa a cuyo frente situó a muchas de las figuras principales de aquel movimiento contracultural. También tomó de este mucho del impulso libertario con que hoy todavía se identifica la expresión cultural e ideológica de los primeros años de la Revolución y que en su momento hicieran afirmar a un obnubilado Jean Paul Sartre que se trataba de “la revolución más original del mundo”.
De ahí que, pese a la posterior imposición del realismo socialista, la cultura oficial conservara componentes pop, una paradójica mezcla de elitismo y populismo y un fuerte idealismo anti-mercantilista —tan común allí donde el mercado no existe— no obstante el proclamado materialismo ideológico. Este sedimento heterodoxo haría que la revuelta contracultural —más allá de cualquier táctica diversionista para confundir a los represores— a la hora de darle sentido a su esfuerzo gravitara naturalmente hacia los míticos orígenes culturales de la Revolución. A ello también contribuyó la adopción de un discurso posmoderno —que a veces no pasaba de balbuceo pretencioso— que creía ver en la cultura un instrumento de alcance y aspiraciones similares al mesianismo revolucionario sin los inconvenientes de la violencia física o verbal. El crítico Ernesto Hernández Busto ha escrito al respecto que “la "Generación de los Ochenta", cuyo interés en el análisis del discurso parecía capaz de revelar que, en definitiva, nuestro barbudo emperador estaba desnudo, dilapidó la posibilidad de una contestación real con la estrategia "blanda" del discurso posmoderno”. Más que un intento de crear una cultura que contrabalanceara la cultura oficial, la intención declarada de la revuelta cubana era revitalizarla abriéndose camino hacia los espacios centrales de dicha cultura. Quizás el resumen más obvio de ese anhelo frustrado de acceder al centro de la cultura oficial está en la queja cantada de Carlos Varela, fiel cronista y representante de aquellos titubeos: “a veces me pasan en la radio/ a veces nada más”.

Un talón de Aquiles que cubre todo el cuerpo
La debilidad mayor del movimiento contracultural de los 80, por tanto, fue no haber creado un espacio cultural y discursivo propio sino haberse limitado a reciclar los existentes. Si el debate en términos culturales se presentaba como una revolución dentro de la Revolución, a nivel político era —si acaso— de un reformismo muy tímido. Es llamativo que la defensa de los derechos humanos y civiles —sobre todo en temas tan sensibles para la producción artística como la libertad de expresión y de prensa— apenas fueran mencionados en los debates de aquellos días. Tras la caída del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética —primero como paradigma y luego como geografía— el poder estatal pasó de la resistencia encarnizada a la represión abierta. Para detener en seco esta revuelta le bastó purgar sus propias instituciones con expulsiones masivas y alguna condena a prisión, castigos de diversa índole (incluyendo la absorción de artistas e intelectuales por instituciones y proyectos oficiales) y crear en general nuevos incentivos para el destierro. En cambio al poder le tomó una década para pasar a la ofensiva en toda regla con la llamada Batalla de Ideas donde las primeras bajas, como es de sospechar, lo han sido las propias ideas.
El mayor legado de aquella revuelta fue en mi opinión el tono que le impuso a la crítica de la institución cultural castrista y del poder totalitario en su conjunto. Un tono que renunciaba a reproducir la acartonada gravedad ritual del poder para dar paso a la irreverencia, el humor, la ironía y el rigor con que comenzó a desmontar la mitología castrista. Dan fe de este esfuerzo el cuestionamiento público de los hasta entonces intocables santones del panteón heroico o ideológico del castrismo. Los intentos del poder por desalmidonar un tanto su propia imagen y mejorarla —como los wonderbra— de cara al exterior deben contarse entre los efectos inmediatos de ese motín cultural. Y ello incluye desde la propaganda fosforescente de la Juventud Comunista, la aprobación del proyecto Fresa y Chocolate hasta la doctrina del ministro de Cultura Abel Prieto de que “la cultura cubana es una sola” para sellar una falsa reconciliación entre la cultura oficial cubana y la del siempre renovado exilio. Por su parte, el tono lúdico e irreverente de esta revuelta, ante la imposibilidad de seguir avanzando en los problemas de la realidad nacional pasó a convertirse en un desesperante trote en el lugar. Y si una contracultura se define –como pienso- por el continuo intento de expandir las fronteras de lo permisible, por cambiar y ampliar los límites de lo que socialmente se considera aceptable aquel movimiento hace mucho tiempo perdió su carácter contracultural y subversivo. La estrategia de pasarse de listo ante la vigilancia del poder terminó extraviando su sentido original. La rebeldía anterior se convirtió en mero gesto estético y nada mejor para las digestiones del totalitarismo tardío que la estética pura. Ello explica que buena parte de los artistas de apariencia más contestataria hayan terminado convirtiéndose en los representantes más eficaces del sistema.

Un breve apunte al presente
Fue esta la primera generación crecida en la cultura de la revolución —que equivale a decir la cultura del miedo, la de la dependencia estatal y la de la (falsa) esperanza en la utopía comunista— la que de manera más o menos masiva intentó rebelarse contra esa herencia. Dicha revuelta —unida a la desaparición de los padrinos de Europa del Este y la bancarrota del país— debilitó el aparato estatal y con ello el poder del totalitarismo cubano. Ya fuera por aquella experiencia, como por la emergencia de una economía al margen del estado y por la confianza absoluta en la incapacidad del régimen de producir siquiera promesas, los movimientos contraculturales contemporáneos carecen de la ingenuidad de hace dos décadas. Los gestos represivos son recibidos sin entusiasmo, pero sin sorpresa. No se aspira a la compresión de las autoridades ni a su imposible reforma. Tampoco a compartir los espacios de las instituciones oficiales o su discurso. Pese a los espacios públicos que se han ido conquistando paulatinamente (desde la calle G hasta el universo virtual pasando por espacios alternativos en Alamar o en Santa Clara o la producción independiente de música o cine), los actores de esta nueva revuelta asumen su marginalidad y no pretenden ser asimilados. Gracias a la internet, la contracultura cubana ha encontrado un nuevo modo de representarse y en él la brecha abismal que antes había entre el dentro y el fuera va encogiéndose hasta perder su antigua intimidación. Los actores principales de este movimiento —aunque sin reconocerse como disidentes tradicionales— no renuncian al discurso abiertamente político y el reclamo de derechos humanos y civiles básicos forma parte de su discurso habitual. Y allí se mantiene la nueva contracultura, orgullosamente marginal y confiando en que una salvación que merezca llevar ese nombre no está en el arte o la política sino en la ley: un nuevo contrato social que garantice a cada uno un sitio bajo el sol. La contracultura cubana actual es un ensayo general de ese contrato.

20 comentarios:

Cubanoscope dijo...

Visto y enlazado por Cubanoscope, observatorio de la actualidad cubana en tiempo real:

http://twitter.com/cubanoscope/status/6440690279

tona dijo...

creo q si, q la aparente identificacion discursiva (y estetica) de la 'revolucion' cubana y las contraculturas occidentales ha entorpecido los intentos contraculturales cubanos (o la proyeccion de estos).
por otra parte, llamense contraculturas o no, el gobierno cubano ha sabido, si no asimilarlas al estilo liberal, al menos hacer como q las asimila y exportarlas como virtudes culturales propias (al menos mientras el totalitarismo cubano dependio de fidel castro. y, tambien, al menos de cara al exterior). y muchos, en un lado y en otro, dentro y fuera, han comerciado con ellas.

IváN dijo...

Enrisco:
Creo que los ejemplos en la poesía y la narrativa, aunque importantes, no marcaron particularmente la experiencia contracultural en Cuba de los ochenta. También particular, por otra parte. Eso correspondió a las artes visuales, para las que las diversas corrientes de la postmodernidad fueron mnuy positivas, como lo fue también para el ensayo, la crítica o la arquitectura. La prueba está en que ese mundo es el que consigue una adaptación más "natural" una vez se encuentra en el exilio y puede hablar de tú a tú con sus colegas de Occidente. Sobre la contracultura y su relación con la Revolución, eso es algo casi arqueológico y sesentero. En 2010, los tiros no van por ahí y la revolución cubana no es un referente. En cambio, el Berlín de la caída del Muro sí lo es, por ejemplo.

Anónimo dijo...

Trendo clavo!!!!!!!!!!

Enrique Del Risco dijo...

Ivan: nadie discute la preminencia de las artes plasticas. fueron los plasticos los que de forma mas agresiva se desplazaron hacia el espacio publico y lo que le dieron a ese desplazamiento un sentido mas consciente y conceptual. pero por ejemplo, en literatura el grupo El Establo (Ronaldo Menendez, Ena Lucia Portela, Karla Suarez, Yoss, Daniel Diaz, Mantilla, Ricardo Arrieta entre otros) que de algun modo constituyeron el nucleo de los novisimos estuvieron marcados por el impulso contracultural tanto en la tematica de los textos como en la proyeccion. el propio nombre del establo viene de una novela sobre hippies guatemaltecos. y en general el gesto de la plastica fue bastante contagioso en el resto de las manifestaciones artisticas e incluso fuera de ellas.
en cuanto a la adaptacion al mercado la plastica siempre se adapta mejor a otros mercados que la literatura, la musica (si tiene letra), o el humor. cuando hablo de la revolucion cubana me refiero a como fue utilizada en los ochentas, algo que en mi opinion no le hizo mucho bien al movimiento. todavia recuerdo una conferencia y debate subsiguiente en la facultad de Filosofia e Historia sobre "la imanencia del Che". o algun "teorico" de aquellos dias diciendo que la Revolucion Cubana (se le notaban las mayusculas mientras hablaba) era un proyecto postmoderno. estoy de acuerdo contigo en que ya ahora los tiros no van por ahi y por eso precisamente marco la diferencia con los 80.
anonimo: anonimo.

raúlciro ("regalía") dijo...

"qué tengo que hacer para ser considerado de vanguardia, artista, claro"*

*...80´s

raúlciro (la ola) dijo...

Ah, broer, un abrazo. Acepto como regalo esta peli del canal de pago, "digital +", del "nefasto grupo Prisa". Está bueno eso de la "Tercera Ola", ¿no éramos un poco "fachas" en aquella esquina del vedado con su mojón de "símbolo impuesto" y tanto proselitismo diseminado, según el "Vano"? Yo creo que sí, pero bueno, por suerte esos son tiempos muertos, “qué viva la emergente e irreverente generación del definitivo salto”.
Salud, el Rey ha muerto. Esta casa es mía.

luvicallejas dijo...

El análisis sobre la imposibilidad de un movimiento contracultural dentro de un sistema totalitario en tiempos anteriores a la red cibernética es acertado. Los espacios públicos que supuestamente se abrieron a actos artísticos transgresivos -la Bruguera, por ejemplo- acaban operando dentro de la cultura totalitaria. Igualmente, dichos actos se configuraron de manera aislada y no como un movimiento con cierta coherencia. Al fin y al cabo si no se plantea la intervención de la ideología artística en la vida misma y la transformación del orden social, la idea de contracultura se disuelve.

Al ofrecer un espacio de diálogo y crítica imposible de cooptar por el estado, la red se ofrece justamente como un espacio público para construir un movimiento contracultural. Al mismo tiempo, estimula la articulación de actos de resistencia cultural y política en los espacios físicos. El fenómeno de Porno para Ricardo y otras movidas culturales contraestatales opera en cojunción con la red, con el fenómeno Yoani.

Cachito dijo...

que gran tabaco, menos mal que no fui!!

Anónimo dijo...

la revolucion ES contra-cultura...de que hablais?!

Abel dijo...

A mi me parece que una de las causas de la "orfandad" política de la contracultura de los 80 es la desconección abismal entre ella y el discurso de aislamiento y leyes de reclamación de propiedades del exilio, además de la brutal represión del Estado con quien cruzara esa línea, sino pregúntele a P.L. Ferrer.
Con semejante aislamiento la mejor manera de poder existir era no cuestionarse mas allá de hasta donde llegaron los mas audaces. Como el dicho de " juega con la cadena pero no con el mono". Mientras no te identificaras con la -mafia de Miami- podias incluso hacerte Guillermo Tell, pero hasta ahí...
Es ahora con el uso de nuevas herramientas que hacen fluir la informacion, y el desgaste y la desesperación de 20 años más de lo mismo, que la nueva contra-cultura desafía políticamente al estado. Es un fenómeno reciente que se le fue de las manos al gobierno de Castro.
Eso es lo que puedo agregar a tu excelente post. Saludos!

Anónimo dijo...

Ningun movimiento que surja dentro, a partir, con el consentimiento de, con el apoyo de la institución tal, con el presupuesto de, al amparo de tal y más cual, contenido, controlado, reprimido, sin libertad plena de expresión, con el miedo a, es un auténtico movimiento contracultural. Los intentos todos, la plástica, la literatura, los grupos, partieron de la aceptación de las instituciones, en buena medida del discurso sociopolítico, y sobre todo sin confrontación alguna con la ideología y el establishment. Todo, a pesar de algunos desafíos teóricos y estéticos. Sólo la represión del estado, ante el miedo a perder la hegemonía total sobre el control de la sociedad cubana les daba la apariencia de contracultura.

Charlie Bravo dijo...

¿Una conferencia sobre la contracultura cubana y el underground, en México, sin la participacion de Gorki Aguila?
No entiendo como el mismísimo protagonista de la contracultura cubana es dejado fuera.

Enrique Del Risco dijo...

anonimo: mas o menos estamos de acuerdo. le traduzco el articulo por si no lo entendio. lo mas parecido que hubo a un movimiento contracultural hasta ahora fue lo que ocurrio en los 80 ya fuera porque desbordo el plano institucional o porque le dio un uso muy distinto al que le estaba destinado pero contar de algun modo con el espacio o el discurso oficial limito' mucho sus posibilidades contraculturales. por eso prefiero el termino "revuelta cultural". pero de cualquier manera, como su nombre lo indica, contracultura es un termino relativo. no define algo en si mismo sino en relacion con otra cosa, en este caso la cultura oficial. tambien señalo al final del articulo que el movimiento actual (con todo lo que le falta para constituir un verdadero movimiento) tiene la ventaja sobre el anterior de marcar bien las distancias con la cultura oficial y crear un espacio propio, aunque sea minimo.
Charlie: estoy de acuerdo contigo. es una lastima que faltara Gorki pero nadie lo dejo fuera. lo invitaron y se excuso diciendo que estaba muy ocupado lo cual es comprensible por el poco tiempo de antelacion con que se convoco el evento. tambien falto mucha otra gente -como tu mismo- que ha trabajado tanto en ese sentido. en todo caso yo no organice' ni el evento ni el panel. en ese sentido queda mucho por hacer pero desde aqui trato modestamente de impulsar el debate sobre el tema. cualquier contribucion que quieras hacer en ese sentido sera bienvenida.

Anónimo dijo...

Enrisco: no tienes que traducir el articulo. Lo entendí perfectamente. Pero no estoy de acuerdo contigo con que fue lo más parecido a un movimiento contracultural, porque ninguna de esas expresiones fue en contra de nada. Se insertaron en las mismas corrientes, con mucho snobismo y muy poca sustancia. Ni siquiera la plástica. Lo que dice Iván es de una tontería gigantesca. Ni uno sólo de los "vanguardistas plásticos" ha logrado una verdadera inserción en los mercados (Pepe Bedia no representa esa "contracultura"),sólo basta echarle un vistazo a lo que fue el grupo más transgresor: ARTECALLE, más en la sobrevida que en los faroles. Tal vez Ofill es el único que ha logrado cierta presencia en su frío e insuperable New York.Ningún movimiento: ni la plástica, ni la literatura, ni PAIDEIA, ni el movimiento de jóvenes realizadores del ICRT (Los inundados) o los del ICAIC, desbordó el plano institucional, ni le dio un uso muy distinto al que le estaba destinado, eso sólo es una torpe elucubración teórica tuya, tratando de darle una dimensión sociológica que no tuvieron. Y te lo digo yo, que fui parte de varios de esos movimientos desde bien adentro y comprometido hasta la médula en cada uno de ellos. Cuentos a otro. Llámale revuelta cultural, intento contracultural, rebelióncita, como quieras, pero no intentes darle la dimensión que no tuvo. No hubo incidencia en la cultura cubana, no hubo huellas, no hubo nada, hermano. Lo que si generó fue fractura, dispersión, diáspora y desencanto.

Y sí, como bien dices, "contracultura es un termino relativo. no define algo en si mismo sino en relacion con otra cosa, en este caso la cultura oficial", y justo por eso mismo nada de lo que señalas fue ni siquiera una revuelta, fueron fuegos de artificios, simulacro.
Y eso que llamas movimiento actual, es, pese a la ventaja de los medios de hoy, menos movimiento contracultural, porque aunque estén al margen de ciertas instituciones culturales (llámense blogueros o músicos urbanos), más que movimientos contraculturales son manifestaciones disidentes (aunque algunos no lo reconozcan abiertamente como los cantantes de hip hop o Joani Sánchez), con claras expresiones de confrontación política, tan es así, que ni los bloguers ni los cantantes de hip hop le dejarán nada a la cultura cubana, a no ser el valor del desafío político, la confrontación en aras de la democratización de la sociedad y la oposición a la ideología dominante. Y eso no es contracultura es, siguiendo los cánones castristas, contrarrevolución, y bienvenida sea.

Enrique Del Risco dijo...

anonimo: entiendo que el concepto de contracultura te resulte incomodo. a mi tambien y de eso es justamente de lo que hablo durante toda la primera parte del ensayo y por eso me senti obligado a "traducirtelo". sobre el hecho de cuanto traspasaron ciertos limites nos habla la violencia con que se contraataco a muchas de estas manifestaciones -por limitadas e ingenuas que fueran- desde el poder. no obstante me parece demasiado burdo reducir todo a la pobre definicion de contrarevolucion porque empieza por reconocer que aquella gerontocracia tiene algun viso revolucionario (con todo y que la revolucion en si me parece un horror) y termina por reducir todo lo que esta pasando en Cuba al margen del estado -y no pienso solo en las manifestaciones politicas- a simple disidencia. propondria buscar otros terminos (cultura de resistencia por ejemplo). por eso es que invite' a un debate y te agradezco a que participes en el. solo te pido que no te quedes a un nivel tan elemental y que te busques aunque sea un nick para no confundirte con otros anonimos porque entonces el debate se convierte en una griteria en la oscuridad.

Charlie Bravo dijo...

bueno, Enrisco, yo no me veo asistiendo a ningun conversatorio o evento. La verdad es que prefiero hacer cosas practicas que hablar o participar de eventos teoricos, y quizas lo que haga no sea tan importante, pero creo que tambien tiene su "cosa". Creo que a Gorki se le podria haber convencido, porque hoy por hoy, hablar de la contracultura cubana sin la presencia de Gorki es como hablar de los Ramones sin Marky Ramone (el sobreviviente por excelencia) o de Nirvana sin llamar a David Grohl, o hablar de Irakere sin la presencia de Paquito.
Como de costumbre, le he ofrecido a mis amigos de PPR lo que pueda hacer para que ellos puedan seguir desarollando su labor, y no pienso pedirle a nadie un centavo por eso....
Naturalmente no desdigo ni devalorizo lo que hacen otros, ni pongo en duda la importancia de los eventos, lo que si pienso que debian haber sido mas consecuentes con la trova de las nuevas tecnologias y haber organizado una teleconferencia (con solo internet y webcam se puede) para tener al protagonista de la escena constestataria cubana en el evento.
En cuanto a mi respecta, los eventos no me atraen, y soy mas bien un tipo que no disfruta de esas cosas. De todos modos nadie me dio la oportunidad de declinar porque no me invitaron -de todos modos no asistiria....
Muchas gracias por tu respuesta, sinceramente....

Enrique Del Risco dijo...

Charlie, creo que tu has dado con la respuesta real. Gorki dijo que estaba ocupado pero me imagino que la razon verdadera es que como tu el no se ve "asistiendo a ningun conversatorio o evento". Como mismo Marky Ramone no se veria asistiendo a un congreso sobre punk rock. su espacio natural son los conciertos o los lanzamentos de discos no aquellos eventos en los que se trata de explicar lo que esta haciendo. artista al fin me imagino que prefiera que sean otros los que hablen de un fenomeno que el, entre otros, ha producido.

Charlie Bravo dijo...

Enrisco.... ¿no crees que esa ausencia no corresponde con el haber participado de manera entusiasta en la gira por Estados Unidos? Vamos, una estrella de rock contestataria es una personalidad publica, y seria mucho mas interesante -al menos desde mi punto de vista- que el protagonista expusiera sus experiencias y puntos de vista que escuchar que otros interpreten la contracultura; se que Gorki esta ocupado, y naturalmente, su participacion pudo haber sido a traves de una teleconferencia, un mensaje en video y mil modos mas. A lo mejor no se justificaba que viajara al DF para eso, pero podrian haberlo entrevistado para la ocasion, maneras habia. El artista prefiere expresarse como bien dices en conciertos y en contacto con el publico. Ahora, los lanzamientos de discos son casi como un evento donde se expone la filosofia del artista. Estamos hablando de un tipo de artista donde su filosofia es el centro de su arte, no solo el producto estetico o el placer de la actuacion. Y los asistentes a un evento tal son una parte muy interesante del publico general que no son necesariamente fans de la banda.
Marky Ramone ha participado en eventos sobre el punk rock y si te preguntas de donde saco esto es porque he asistido a una charla sobre el tema donde estuvo presente. Pero no se trata de Marky y el punk rock que removio los cimientos del arte en NYC, se trata de Gorki Aguila, Porno Para Ricardo, y el remover los cimientos de la dictadura castrista. Si los tipos de Clash y Rage Against the Machine (izquierdistas redomados que "sufren" bajo el "imperio") pasaran por solo un dia de lo que pasan Gorki y el resto de la banda, se desharian en llanticos, a pesar de la apariencia de duros. Se esta hablando de contracultura de verdad, de la que tiene poder de cambio y de la que tiene influencia en un movimiento que en definitiva, algo cambiara en Cuba. Me llamo la atencion que no se usaran las tecnologias que tanto se celebraron en el evento para obtener el testimonio de Gorki y el resto de la banda, ya que ellos tienen acceso a Twitter, e-mail, blogs, etc. Pero bueno, ya paso.

Anónimo dijo...

SOY EL MISMO ANONIMO, EL UNICO CON EL QUE HAS PODIDO DIALOGAR ALGO INTELIGENTE EN ESTE POST: TE RESPONDO: Aquí está la contracultura cubana. Puro fuego de artificio, hermano.
Desalojo de OMNI ZONA FRANCA
December 13th, 2009 · 12:26 am · Sin comentarios

Mensajes dictados por teléfono:

Alamar 12:30 pm. 11 de diciembre del 2010

Las brigadas de respuestas rápidas de la policía y ambulancias tienen rodeado el taller de Omni Zona-Franca, sede del Festival Poesía sin Fin, con la intención de desalojarnos.
Nosotros estamos defendiendo nuestro derecho de permanecer en la institución, porque estas instituciones fueron creadas por la revolución para el pueblo.
Nos están haciendo acusaciones falsas porque tenemos la responsabilidad de dialogar con todo tipo de personas sin ningún temor a que ello cambie nuestra integridad.
No hay diálogo verdadero con el proyecto y están convirtiendo esto en una situación internacional porque somos un proyecto que tiene el apoyo de la comunidad de Alamar y la solidaridad del mundo del arte en Cuba e internacional.
Los ánimos están exaltados pero estamos por la paz y el equilibrio poético del mundo convencidamente.

Alamar 3:35 pm. 11 de diciembre del 2010

Se dice que OMNI-ZONA FRANCA es un grupo político. Así han estado enunciandolo por las universidades desde hace varios días.

OMNI habla: Nuestra única política es la de la poesía.
Estamos por el diálogo, la unidad y la paz mundial.
El arte mundial es nuestro idioma.
La amistad es nuestro poder.
La paz interior es nuestra alegría.

Hemos decidido abandonar el histórico espacio del TALLER OMNI,
que es como ayer un gran amigo dijera “un sacramento espiritual” .

Es nuestra decisión y estamos determinados a continuar con el FESTIVAL en nuestras casas, en paz y con la máxima alegría que hemos tenido en estos 12 años.

Para todos los amigos : Seguimos en el mismo conocimiento y en profunda paz.
Y como dice Anónimo Consejo:

“El día de mañana será bueno. Mañana el día será bueno.
Junto cantemos. Oyelo bien: Mañana el día será mejor.

El próximo Viernes tendremos un diálogo con el Ministerio de Cultura.

LUZ