viernes, 30 de septiembre de 2016

Hoy en Montreal

El Festival Latinarte, junto con la alcaldía de la ciudad de Montreal y la Unión de Escritoras y Escritores Quebequenses, ha decidido organizar un Cabaré Literario en honor a José Martí.


La música estará a cargo de Yoel Díaz y su Cuarteto Cubano.
Bertrand Laverdure, el Poeta de la Ciudad, leerá un poema escrito para la ocasión.
Claude Morin, profesor ya retirado del Departamento de Historia de la Universidad de Montreal, hablará sobre el Martí del sable y la pluma.
El actor Marco Ledezma presentará un espectáculo unipersonal con textos de Martí sobre un fondo de sombras chinescas.
Habrá lectura de textos inéditos, alegóricos o no, de las escritoras Sonia Anguelova y Maya Ombasic; así como de Francisco García González y César Reynel Aguilera.
La cita es el viernes 30 de septiembre, a las 6:00 pm, en el salón de honor de la Alcaldía de Montreal.
La dirección: 275, rue Notre-Dame Est (Metro Champ-de-Mars).
La entrada es gratis.


lunes, 26 de septiembre de 2016

José Fernández (1992-2016)

Nunca un jugador cubano tuvo comienzo más impresionante y prometedor en las ligas mayores. Debutó con veinte años con los Marlins de Miami y meses después ya participaba en un partido de todos estrellas. Al final de la temporada resultó siendo al mismo tiempo candidato a novato del año y al premio Cy Young al mejor pitcher del año por la Liga Nacional terminando primero y tercero en las votaciones, respectivamente. Tras dos temporadas reducidas por las lesiones y la convalecencia de una operación Tommy John en la del 2016 volvió a ser el lanzador dominante que asombró al mundo del béisbol y que desde ya lo mencionaba como uno de los mejores de todo el deporte, llamado a desarrollar una carrera a la altura de su talento monstruoso, incalculable. Cada salida suya al terreno de juego en las que desarrollaba una energía, competitividad y alegría muy poco comunes era una fiesta en la que entraba y disfrutaba todo el que deseara ser parte de ella. Calculo que muchos fueron los niños que se acercaron al deporte por seguir sus hazañas. Y lo calculo por la devoción con que yo mismo seguía sus actuaciones, comprobaba sus estadísticas o admiraba sus lanzamientos hipnóticos y devastadores: con el interés que uno le dedica al deporte solo en la infancia.
No me quedan dudas que su muerte ha sido una de las mayores catástrofes de un deporte –el cubano- tan abundante en tragedias. Y lo más triste es que allá en la isla de la que escapó siendo adolescente nunca se darán por enterados de lo que se perdió la pasada madrugada: todo el orgullo equívoco y la alegría genuina que nos debía una carrera que apenas comenzaba.

P.D. Como no podía ser de otro modo la página deportiva del Granma ha ignorado olímpicamente la noticia de la muerte del lanzador.



Leonardo Acosta (1933-2016)

Siempre me ha resultado sorprendente y penoso que en un país con tanta música como Cuba  haya tan pocos escritores que se ocupen de ella. Alejo Carpentier era una excepción (como lo fue Guillermo Cabrera Infante) pero esa miopía que le impedía sopesar la importancia decisiva de la música popular limitó muchísimo su famoso libro. De ahí que sea tan apreciable el esfuerzo de Leonardo Acosta por dotar de una historia coherente y bien escrita al jazz cubano. Una que se pueda leer al mismo tiempo con interés y placer. Con la sensibilidad y el conocimiento de primera mano del músico que fue y la elegancia y precisión del escritor que terminó siendo (recibió el premio nacional de literatura en el 2007 y el de la música en el 2014) dotó a la música popular cubana de libros que por fin conseguían estar a su altura. Difícil imaginar empresa mas útil o elogio mayor.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Del fascismo como una de las bellas artes

"Por amor se está hasta matando" (“Cuba va”); "te doy una canción con mis dos manos, con las mismas de matar" (“Te doy una canción”); "se aprende que matar es ansias de vivir" (“Un hombre se levanta”). Es lo que llamo una educación sentimental fascista, esa que tuvimos nosotros. Porque mientras el discurso más oficial se atenía a la letra de “La Internacional” que abogaba por eliminar la opresión los compositores de aquellas canciones que acompañaron nuestra infancia y adolescencia como discurso al mismo tiempo oficioso y contestatario no se hacían ilusiones. No bastaba con abolir una abstracción, la de la opresión misma. Había que matar. A los opresores, a sus sirvientes y, si era posible, a todo el que le pasara cerca. Aquellos cantautores venían a subsanar una de las mayores limitaciones del discurso comunista: no hablar claro. Cuidadoso de las formas y con toda la humanidad como público potencial el comunismo apenas se resignaba a buscarse enemigos de clase: todo el resto de la humanidad era su natural beneficiaria. El fascismo -nacido justamente para contrarrestarlo- es un comunismo cínico. Un comunismo que se asume con sus limitaciones y su violencia esencial y sin hacerse demasiadas ilusiones: más le valía a la humanidad que se alineara a su lado porque con el resto iba a ser implacable.
De ahí que en los márgenes del discurso comunista del castrismo clásico empezara a surgir este discurso sin ambages. Donde el buenismo comunista (atenuado por el pragmatismo rabioso de Lenin) no llegaba se apelaba al discurso de regusto fascista. Donde el “Proletarios de todos los países ¡Uníos!” o el “Pioneros por el comunismo: seremos como el Che” se tornaban difusos e impotentes se apelaba a la barbarie del “Si avanzo ¡sígueme!, si me detengo ¡empújame!, si retrocedo ¡mátame!” o el caudillista “Cuando sea, donde sea y para lo que sea Comandante en Jefe: ¡Ordene!”. La letra chiquita del nuevo contrato social incluía ingentes cantidades de sangre, una sangre que solo el discurso fascista podría conciliar a plenitud. (Ojo: esas frases con las que hoy identificamos al stalinismo al estilo de “La muerte de un hombre es una tragedia. La muerte de millones, estadística” son falsas atribuciones, o en el mejor de los casos, lapsus al margen del habla pública). El fascismo, ese romántico intento de conciliación entre el asesinato y la esperanza tenía que provenir desde sus márgenes. Ya fuera de la boca de ese paladín descartado que fue alguna vez el Che Guevara antes de integrarse de lleno al culto una vez muerto (“el odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar") o en el de intelectuales tratados por mucho tiempo con suspicacia y desprecio.
De esos últimos el cantautor Silvio Rodríguez es sin dudas el caso más ejemplar. Su destierro -temprano aunque provisorio- del favor oficial no solo creó a su alrededor de un halo de rebeldía y resistencia un tanto exagerado. Silvio, luego de ser aceptado inicialmente como ejemplo de hombre nuevo descubrió muy pronto que en ese mundo nuevo “vivirle a la vida su talla tiene que doler”, que ser uno mismo es una tortura (en otra canción bajaría "el precio de ser uno mismo" a simple angustia), y que “nuestra vida es tan alta, tan alta/ que para tocarla casi hay que morir/ para luego vivir”. O ese final de la propia “Oda a mi generación” que transmuta la obediencia absoluta en acto heroico al proclamar: “sé que hay que seguir navegando/ sigan exigiéndome cada vez más/ hasta poder seguir, hasta poder seguir,/ o reventar”. A ese Silvio atormentado acudíamos los jóvenes y revueltos creyentes en la altura inalcanzable de esa vida a buscar todo lo que el discurso oficial nos negaba: el sexo, la muerte, las dudas, la desesperación, la rebeldía. Una rebeldía que resultaba a la larga una reconciliación de todo lo inconciliable: el paraíso y el miedo; la esperanza y la delación; la alegría y el crimen; el ansia de libertad y la sumisión. Dicotomías que solo podían resolver el masoquismo y la esquizofrenia. O la poesía. Soluciones oficiosas al gran problema del comunismo: cómo imponer cierta idea de la armonía universal al mayor número de gentes sin necesariamente contar con ellas.
El fascismo es la solución a dicho problema en la forma de romanticismo cínico. Uno que concilia contrarios sin hacerse ilusiones: o sea sometiéndolos unos a otros. Esa alquimia táctica que es la poesía en tiempos de Revolución se encargará de mutar una cosa en su contrario: la muerte en vida, el odio en amor, la cobardía en valor, la opresión en libertad. A cambio se le permite mencionar libremente la muerte, el odio, la cobardía y la opresión con la convicción y el desenfado de los profetas. (En nuestro contexto fue el poeta Emilio García Montiel de los primeros en desnudar tal operación en aquellos reveladores versos: "yo imitaba a los héroes con la vieja confianza que da la mansedumbre/ con su oscura prudencia"). Ese comunismo descarnado que es el fascismo -una vez convenido que relaciones de propiedad e ideología son la epidermis de un mismo afán de dominación- es lo que en medio de la aridez del comunismo original atrae a los elementos más díscolos y los ímpetus menos controlables de cada sociedad. (Visto al revés el comunismo vendría a ser un fascismo hipócrita). En favor de las autoridades cubanas hay que reconocer qu se requiere de cierta dosis de pragmatismo, cierta amplitud de miras, para que aceptaran, en medio de la ortodoxia ideológica que alguna vez reinó, la morbosa franqueza de este discurso. Sin embargo una vez que desde el poder se reconoce que esa alquimia fascista no es más que la lógica secreta de su discurso público se entiende al fin que es el medio más eficaz para reemplazar los viejos mandamientos por las nuevas normas que él mismo promueve. Sobre todo aquellos mandamientos que nos prevenían contra impulsos tan antiguos como codiciar bienes ajenos, robar o deshacerse del tabú que persiste en contra del asesinato. Es el sentimentalismo brutal de las metaforas que citaba al principio el que consigue que el sometimiento a la férrea lógica del totalitarismo suene como algo indómito y glorioso.

Fragmentos de "Los comandos del silencio", la serie "infantil" dedicada al movimiento Tupamaro que usó como tema principal la pieza "Un hombre se levanta":

sábado, 13 de agosto de 2016

Serenata

(Lo que empezó como un simple saludo al aniversario 90 del Innombrable, mi humilde contribución al "Happy Birthday" que la humanidad entonará a coro agradeciéndole a Lina la idea de traerlo al mundo, se ha convertido sin querer en una pequeña antología que reúne parte de las canciones que ha inspirado en términos no necesariamente elogiosos. Les agradezco especialmente sus contribuciónes a este post a Boris Larramendi, Manuel Sora y Roger Acosta).
Los orígenes del género anticastro son difíciles de precisar. Lo cierto es que con su imperio absoluto sobre la conciencia de los cubanos la referencia máxima del castrismo propició el surgimiento y circulación de la canción anticastrista. No sólo por la inagotable fuente de inspiración que representó. El silenciamiento de toda crítica o burla terminó consiguiendo que la más remota alusión a un ente poderoso, asfixiante, opresor, mentiroso o perverso fuera entendido como alusivo a su persona. Un silencio rellenado a golpe de complicidad. Como en toda dictadura que se respete. Yo –a falta de ejemplos anteriores arrancaría este género donde menos se suele buscar: en uno de sus mayores aduladores de la últimas décadas, ese que pasó de ser una voz disonante de esa apoteosis de la uniformidad que era el castrismo a convertirse en rimador de amor con horror ¿o es que siempre lo fue? Efectivamente: Silvio Rodríguez cuya famosa “Ojalá” fuera entendida de inmediato como condena “a tu viejo gobierno de difuntos y flores”. (El uso que le dio la oposición a Pinochet a esa canción se basa tanto en las posibilidades políticas de dicha canción y en la similitud de la paranoia interpretativa que provoca toda dictadura). Algo más franco –y por ello difundido clandestinamente durante décadas hasta que decidió grabarla en el 2002 es el texto de “Ese hombre”
En sus estrofas más críticas dice: “Ese hombre que por hechos o por dichos/ es amado tanto/ ese hombre que por dichos o por hechos/es alabado tanto/ se cuide de sí, se cuide de él sólo/ porque hay un placer perverso en creer/ merecerlo todo/se cuide de sí, se cuide de él sólo/ porque el mismo don que lo levantó/puede ahogarlo en lodo”.
Incluso perteneciendo a lo que se da en llamar “la crítica constructiva” su difusión pública era impensable en aquellos tiempos en que alusiones mucho más tímidas eran tipificadas como delito.
En 1970 el fracaso de la zafra de los 10 millones anunciado en un discurso raramente autocrítico por el padre del proyecto precedió del estreno por parte de Tata Guines y sus Tataguinitos de una composición de Jorge Poso Sayú en los carnavales de ese año: “Perico no llores más”. Decía en una de sus versiones "Tápale la boca a ese perico que está llorando/ con la maraña que ha hecho se está embarcando":


En cambio los compositores extranjeros contaban con la ventaja de no tener que contar con tales subterfugios para expresar una idea bastante elemental. Fuera de la isla el Innombrable tenía nombre como ocurre en el caso de War (me lo hace notar el poeta Manuel Sosa) la banda funk-rock norteamericana y su “Fidel’s Fantasy” en la que Fidel sueña con un tiempo en que la gente lo quería y era libre. “Are they really happy there, having left/ Their homes and families... ha, ha, ha... Fidel?/ They're not free, your land's not free, your not free”.
Ahí está el compositor colombiano José María Peñaranda (1907-2006) autor de las conocidas “Se va el caimán” (que en su tiempo también supuso un doble sentido político anunciando la caída de algún dictador) y Me voy pa' Cataca (más tarde grabado por La Sonora Matancera como Me voy pa' La Habana). En 1974 Peñaranda graba acompañado de su conjunto “En Cuba no falta nada” con un estribillo que hoy sería considerado políticamente incorrecto y en aquel tiempo también aunque por otras razones:
En Cuba se vino a escuchar dicha canción (en condiciones de discreción extrema) bastante tiempo después cuando en 1985 Tommy Olivencia decidió hacer una doble versión: una que recogía íntegra la letra original y otra en que sustituía el vocablo ofensivo por “el del tabacón”.  


En la isla la censura liberaba a los compositores de las exigencias de la claridad. Bastaba cualquier estribillo oscuramente acusador para que el público viera una clara alusión a quien regía sus destinos como en el estribillo de la Ritmo Oriental “Aquí el que manda es Mulé” o “Mentira, quien te lo va a creer” de Alberto Herrero incluso si el resto de la canción no justificaba el esfuerzo interpretativo. Por si acaso –al menos en el caso de la primera- eso a los censores les bastó prohibieran la canción al punto que hoy se hace inencontrable.
El caso de “Ese hombre está loco” de Fernando Rodríguez popularizado por su hermana Tanya y el grupo Monte de Espuma es totalmente distinto. La canción, incluida en el disco “Latino” de 1987 alcanzó una enorme popularidad mientras la gente no paraba de relacionar el estribillo con El Hombre. Solo que esta vez no se trataba únicamente del estribillo.

El “interior” de la canción también podía leerse como una cuidadosa denuncia de la desmesura del poder castrista. No faltó quien en la estrofa que decía
“ese hombre está loco/ quiso soñar de más/ y mientras mariposas perseguía/ otro hombre moría”  

Quiso ver una alusión a la muerte del Che mientras ese hombre se entregaba a faraónicas empresas agrícolas. O quien en la siguiente estrofa vio una referencia a la paranoia bélica del fundador del castrismo y a sus relaciones con Estados Unidos:
“él creyó que la tierra/ se debía a la guerra/ él creyó en un altar/ él creó un enemigo/ que en realidad era amigo/ sólo un amigo más”

Cuando la censura reaccionó para hacer su trabajo (eran los años de la perestroika, años en que la censura andaba confusa y lejos de su capacidad de reacción habitual) la canción era demasiado popular como para hacerla desaparecer sin crear mayor escándalo aun. Lo que se intentó fue corregir la interpretación popular produciendo un video clip en el que aparecían imágenes de Hitler o Reagan (el Hitler de turno de la propaganda oficial) pretendiendo que aquellos eran a los que estaba dirigida la canción.
No obstante la gente no se dejó distraer y se cuenta de un famoso incidente en el cine Payret cuando en medio de uno de aquellos Noticieros ICAIC que reproducían largos trozos de discursos del susodicho la gente se puso a entonar el ya famoso estribillo. (Si entre los lectores de esta nota hay algún testigo presencial se agradece aportar su testimonio).
Otra composición que adquiriría condición de legendaria sería “Abuelo Paco”. Su autor, Pedro Luis Ferrer, la incluiría en su álbum de 1994 “100% cubano” pero que desde unos años antes la había hecho popular en conciertos y grabaciones caseras.
Compuesta en clave alusiva las referencias a la realidad eran bastante más transparentes al resumir la historia que va del triunfo revolucionario a la implantación de la dictadura.
Abuelo hizo esta casa, y aunque todos la vivimos
con la suerte que conlleva cuidarla en el sacrificio,
para mover un alpiste hay que pedirle permiso;
si abuelo no está de acuerdo nadie cambia el edificio


Aunque en la cuerda del reconocimiento de méritos y la crítica constructiva Ferrer entraba en el territorio de lo imperdonable al señalar la naturaleza represiva del sistema implantado por el abuelo Paco:

Ten paciencia con abuelo; recuerda bien cuanto hizo;
no contradigas su afán; ponle atención a su juicio
gasta un poco de tu tiempo complaciendo su egoísmo.

No olvides que abuelo tiene un revólver y un cuchillo;
y mientras no se lo quiten abuelo ofrece peligro.

Aunque sepas que no dile que sí;
si lo contradices, peor para ti.

Mientras tanto en el extranjero aparecía alguna que otra canción referida al Máximo Líder ya fuera en términos juguetones y burlones como en el caso de la Samba do Fidel (2009) de los brasileños Os Mutantes o en en el bastante más agresivo Anti-Castro (2000) de Brujería.

Apenas unos días antes de la repentina enfermedad que apartó del poder al ahora cumpleañero salía al mercado el disco Boomerang de Habana Abierta “Basta que lo digas tú” de Boris Larramendi y Kelvis Ochoa centrada menos en la denuncia o la acusación que en la ambivalencia entre la canción de amor y la sátira política. La tradición de la canción antifidelista regresaba a los orígenes de “Ojalá” (y de paso se conectaba con el gesto antidictatorial del brasileño Chico Buarque en “A pesar de voce”) pero 40 años después en un tono bastante más desenfadado.
Un lustro antes el propio Larramendi había compuesto en tono similar “Canallona” pieza que nunca ha grabado en disco y raramente canta en público


Y luego en el 2010 compuso “La conga del mercenario” en los días que se exigía la liberación de los presos políticos en la isla.
Pero lo que ha marcado un antes y un después en el género al punto que en ese después ha quedado muy poco que decir fue “El Comandante’ de Porno para Ricardo compuesta y grabada (mérito añadido) en la isla y que le presento en la versión que empezó a circular a fines del 2006.



Y no es que desde entonces el Comandante haya seguido las recomendaciones inequívocas que le hacían desde la banda de punk rock pero lo cierto es que desde hace rato se le escucha bastante menos. La actual decadencia del género es atribuida a la no menos profunda decadencia de su inspirador aunque se prevee que su desaparición del mundo de los vivos traerá un momentáneo repunte entre compositores más vivos todavía.

jueves, 21 de julio de 2016

Caminando

Caminaba el otro día con un amigo mientras hablábamos. De cualquier cosa, que es de lo que hablan los amigos cuando por fin encuentran tiempo para no hablar de cosas importantes.
-¿Cubanos? –nos pregunta en español un tipo con acento extraterrestre. Para el que no sepa de lo que hablo ese suele ser un inicio peligroso de conversación. Una conversación pesada, llena de los tópicos con que los extraños quieren explicarte tu país.
Pero me equivocaba. La cosa iba a ser mucho peor.
-¿Qué piensan de los cambios?
Así. Sin anestesia.
-¿Qué cambios? –respondimos haciéndonos los idiotas (esa es la especialidad de los amigos cuando se reúnen y quieren que los dejen tranquilos hablando idioteces) pero ni así. Se refería a LOS CAMBIOS. De esos que hay que hablar con mayúsculas y letra de molde. Fuimos elusivos como para que entendiera que no nos interesaba ser objetos de su curiosidad ni de su preocupación por el país que habíamos dejado atrás.   
Pero el extraño sí quería dejar bien claro que le preocupaba mucho lo que los cambios trajeran a nuestro país. Un blanco sudoroso de pantalones cortos y mochila. Bigote poblado y extenso. Una especie inédita para mí de la fauna urbana: una suerte de híbrido entre hípster y boy scout. No parecían importarle los derechos humanos de los cubanos: la libertad de expresión, de asociación, la de prensa, toda esa chatarra burguesa. Le preocupaba lo que pudiera pasar con uno de los pocos sitios en la tierra –junto a Corea de Norte pensé- todavía al margen de la influencia americana. Lo que pudiera sufrir mi pobre isla con la nefasta influencia del mercado y la cultura de masas. Muy novedoso y profundo pero como andaba en modo realmente frívolo hacía rato me había agotado las reservas de paciencia que poseo para esos casos. Así que le pregunté de dónde era.
-De Francia –me contestó como si tratara de adivinar cuál sería mi siguiente pregunta. Esta fue si él se dedicaba a decirle eso a todo el que se encontraba en su camino.
-¡Yo tengo derecho a decirle mi opinión a quien me dé la gana! –me dijo con rabia.
-Pues yo también tengo derecho a decidir a quién quiero escuchar –le respondí mientras el hípster-boy scout se alejaba dando aullidos feroces. Como si yo le hubiese pisado un rabo tan delicado como invisible.

Y de veras lo lamenté. Era una lástima que justo al final de la conversación me diera cuenta de que a él también le importaba la libertad de expresión. 

domingo, 10 de julio de 2016

La Academia de la Historia de Cuba en el Exilio

Desde el año pasado me aceptaron como miembro de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, Inc y este verano fui designado Secretario de Publicaciones y Redes Sociales lo que en la práctica se traduce en crear y mantener varias publicaciones digitales (blog, página de Facebook, de Twiter, etc.). Por esta vía quieron invitarlos a que visiten el blog de la susodicha academia que entre otras iniciativas pretende ir creado progresivamente un atlas histórico digital del exilio cubano y sus emigraciones. El objetivo de este atlas es dar a conocer aquellos lugares que tienen un significado especial para la historia y la cultura cubanas fuera de sus fronteras geográficas. Y esto es especialmente relevante en el caso cubano, un país en que el exilio no sólo precedió a la Nación sino que ha tenido un papel decisivo en su creación y desarrollo. Una de las primeras entradas ha sido justo un breve reporte sobre el primer lugar donde ondeó públicamente la bandera cubana (que no es donde suele pensarse) algo que va más allá del plano simbólico al ilustrar la materia compleja y multiforme con que se ha fabricado la historia cubana o -si lo pensamos de manera más amplia- cualquier otra. 

martes, 5 de julio de 2016

Antiguas y nuevas aventuras del racismo revolucionario

La revista Identidades publica en estos día un ensayo mío sobre lo que he dado en llamar el "racismo revolucionario". Los dejo con los dos primeros párrafos:
Antiguas y nuevas aventuras del racismo revolucionario
Por Enrique Del RiscoAntes de que, en medio de la conversión del castrismo a la fe capitalista, el fragor de la economía y los números terminen ahogando los ya apagados gritos de la ideología convengamos en una cosa: pocos regímenes como el inaugurado el primero de enero de 1959 ―si bien frustrado en lo esencial económico― puso de moda tantos productos del espíritu. Desde las barbas y melenas de sus héroes a la imagen de su Santidad Guerrillera atrapada por Korda y difundida por Feltrinelli; desde los logros deportivos a los educativos (por más que bastara ponerle un micrófono en frente a un deportista para empezar a dudar de la eficacia del sistema educativo que lo formó). De todos ellos pocos han tenido un impacto tan duradero en la conciencia universal ―les recuerdo que escribo desde una era hipster en la que han regresado las barbas aunque despojadas de melenas― como la llamada política racial de la Revolución Cubana. Poco importa que ―como señalara Sir Hugh Thomas― en el texto programático del castrismo temprano, “La Historia me absolverá” no hubiera la menor alusión al tema racial o ni siquiera se mencionara la palabra “negro” una sola vez, ni siquiera como parte del espectro cromático. O que en los albores de aquella Revolución nada anunciara que la cuestión racial se iba a convertir en leitmotiv de los primeros años de poder revolucionario.
Visto a cierta distancia se entiende. No se hubiera visto del todo coherente que un blanco hijo de inmigrante español llamara a una revolución en nombre de la equidad racial contra un gobernante mestizo ―negro en las estrictas categorías raciales norteamericanas― que mal que bien había llevado adelante una discreta política racial y que fue discriminado ―como insiste la versión oficial hasta el día de hoy― por parte de la burguesía cubana incluso después de haber llegado al poder. El mismísimo Fidel Castro ―a pocos días del triunfo de la Revolución que encabezara― diría a un periodista norteamericano que la “cuestión del color” en Cuba “did not exist in the same way as it did in the U.S.; there was some racial discrimination in Cuba but far less; the revolution would help to eliminate these remaining prejudices”. Pero no insistamos demasiado en declaraciones de la misma época en que el líder máximo de la Revolución insistía ―con persuasiva vehemencia― en que no era comunista. Apenas un par de meses después, en marzo de 1959 llamará a hacer “una campaña para que se ponga fin a ese odioso y repugnante sistema con una nueva consigna: oportunidades de trabajo para todos los cubanos, sin discriminación de razas, o de sexo; que cese la discriminación racial en los centros de trabajo”. Poco o mucho el racismo que hubiese en Cuba antes de 1959 a la Revolución (o a Fidel Castro, si es que hay alguna diferencia) le iban a bastar menos de tres años para declarar, el 4 de febrero de 1962, suprimida “la discriminación por motivo de raza o sexo”. Y la humanidad al completo necesitada de finales felices, parecía creerlo.
Luego de eso, el silencio.

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jueves, 30 de junio de 2016

Entrevistando a Habana Oculta/ Abierta

Hace días estaba por anunciar una buena nueva para la maltrecha blogosfera cubana: la aparición del blog de Boris Larramendi, uno de los cantautores cubanos más importantes de las últimas tres décadas y fundador y animador durante años de proyectos como 13 y 8, Habana Oculta y Habana Abierta hasta que desde hace algunos años decidiera lanzar su carrera en solitario. Luego de varias entradas explicando los primeros tiempos de Habana Oculta hoy publica un post sobre una entrevista que les realizara para La Tribuna Hispana. La Tribuna Hispana fue una publicación mensual editada en Madrid desde 1996 hasta al menos 1999 de la que fui el único redactor en plantilla (amén de varios y valiosos colaboradores) en sus primeros siete meses de vida. Destinada a la entonces escasa comunidad latinoamericana en España era el proyecto del dueño de una agencia de viajes y de envíon de dinero para promocionar sus empresas al tiempo que se ahorraba en publicidad pagada a otros medios. La entrevista a los que estaban en tránsito a convertirse en Habana Abierta fue uno de los primeros proyectos con los que tratamos de convencer al dueño de darle un perfil algo más cultural a una empresa pensada con fines estrictamente comerciales. Aquí va el párrafo con el que Boris generosamente presenta la entrevista que les hice:

Nuestro amigo desde los tiempos de 13 y 8, el escritor Enrique del Risco, llevaba algo así como un año en Madrid cuando aterrizamos nosotros. Como parte de sus peripecias, magistralmente narradas en su libro Siempre nos quedará Madrid, (y en el cual nos dedica todo un capítulo, hermoso y un poco triste, como le corresponde a esta historia, del que pueden leer algunos fragmentos aquí ), fue redactor de una publicación periódica de vida efímera llamada "La Tribuna Hispana". Cuando ya estábamos grabando el que sería nuestro primer disco como Habana Abierta, pero aún llamándonos Oculta, en el invierno de 1996, nos hizo esta entrevista. Que comenzó en casa de nuestro manager, Armando Gómez, en la buhardilla de Montera 33, con Medina, Pepe, Kelvis y yo, los 4 que habíamos hecho allí nuestro campamento habitual, y continuó varios días después en el estudio de grabación, habiendo regresado nosotros a Cuba, con Barbería y Vanito, recién llegado de Ecuador. Para mí es la mejor entrevista que se nos hizo en ese período, y refleja muy bien qué pensábamos y cómo nos sentíamos todos en ese momento. Un documental que nos filmó por esas mismas fechas nuestra amiga Ana Mireles también sería tremendo testimonio, pero lamentablemente nunca vio la luz, supongo que por falta de financiación, y jamás supe qué fue de aquellas entrevistas ni vi esas imágenes. Léanse este reportaje, y si quieren saber algo más de esa época, les recomiendo muchísimo el libro de Enrique del Risco, del cual ya les puse los links por allá arriba. El capítulo que nos dedica es, hasta ahora, de lo más emocionante que se haya escrito sobre nosotros.
[Para seguir con la entreda pinchar aquí

miércoles, 22 de junio de 2016

Visiones de poder


Fascinado concluyo la lectura de las casi cuatrocientas páginas de “Visions of Power in Cuba. Revolution, Redemption and Resistance, 1959-1971” (2012), libro de la historiadora cubano-americana Lillian Guerra. Fascinado por la frescura y profundidad que el material y los datos que reune el libro aporta a la comprensión de lo que fueron los primeros doce años de ese complejo proceso conocido como la Revolución Cubana. Más fascinado aun al comprobar que buena parte del material que este libro examina y que tan revelador resulta procede no de los impermeables archivos de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado sino de sitios más al alcance del común de los historiadores –que no de los mortales- como puede ser la Colección Cubana de la Biblioteca Nacional: aparecen allí los rastros de campañas políticas y proyectos económicos (¿o son uno los dos?) ya olvidados; raptos de romanticismo revolucionario individuales y colectivos apropiadamente seguidos de defenestraciones públicas o secretas; la sucesión de discursos ideológicos y moralistas basados en principios ineludibles e innegociables que luego serán cambiados de acuerdo a las circunstancias; y sobre todo el lento, minucioso e indetenible proceso de expansión del poder castrista sobre la vida cubana, (la política pero también la cotidiana). Y eso lo consigue tanto a partir del análisis de la misma prensa gubernamental y los discursos de las principales figuras de la jerarquía de poder como de publicaciones humorísticas, de cartas privadas, de material fílmico de distinta procedencia y de entrevistas y anécdotas personales.
Emerge de este estudio una rica y compleja imagen del establecimiento del aparato de poder que hasta el día de hoy le ha permitido conservar a los hermanos Castro un control bastante cercano a lo absoluto sobre el país sin destruir del todo la ilusión –sobre todo en los años que analiza este estudio- de que el sistema no solo respondía a los intereses del pueblo sino que hasta era controlado por este. A través del variopinto material que estudia este libro se puede dibujar sin demasiado esfuerzo un modus operandi que no obstante su apariencia arbitraria y caótica respondía y satisfacía una necesidad sistemática de acaparamiento de poder.
En este sentido no menos fascinante resulta que la autora de “Visions of Power in Cuba” pese a la riqueza del material recuperado, de sus amplias posibilidades interpretativas no consiga apartarse de los viejos discursos que han intentado explicar la realidad cubana de las últimas seis décadas. Me refiero, por supuesto, a los moldes narrativos que conciben dicho proceso como la instauración de un estado totalitario policial o la de un proyecto emancipador de tal o más cual tendencia ideológica. La autora escoge una variante del segundo esquema narrativo, la del proyecto emancipador fallido bastante afín a lo que muchos participantes originales dieron en llamar la “revolución traicionada”. Sin embargo más que de revolución traicionada se trata -según las conclusiones de Guerra- de una revolución que no supo o quiso aprovechar lo suficiente las posibilidades subversivas y liberadoras que ofrecía el formidable instrumento de la movilización popular. 
Es una lástima que tras tan inteligente y laboriosa acumulación de material la autora renuncie a una construcción narrativa más sutil y novedosa como ese mismo material sugiere. Una trama histórica que ese mismo material que nos propone Guerra vuelve obsoleta, inoperante. Ni el modelo de un totalitarismo cuyo factor esencial para su instauración y conservación sería la violencia de Estado (tal y como lo definiría Hanna Arendt) ni una revolución nacionalista espontánea y popular alcanzan para explicar la realidad histórica que tan bien expresa el material reunido por el libro. De la información aportada por el libro emergería la imagen de un sistema que sin dejar de ser violento y represivo -o enarbolar moldes ideológicos más o menos dogmáticos- encuentra su mayor fuente de energía y su material más duradero en su capacidad movilizativa, en sus arranques moralistas y la articulación de su acción caótica y arbitraria en un discurso trascendente con no poca coherencia narrativa y atractivo popular. Y en su capacidad de provocar y aprovechar para sí cíclicos raptos de euforia colectiva. En ese sentido Guerra cae en la trampa de comparar la realidad con los objetivos declarados del discurso oficial, gesto que la lleva a abusar del adverbio “ironically”. Como si el “fallo” de la Revolución hubiera sido no ser más leal a su palabra. Si en cambio la autora observase la escasa distancia existente entre la violenta voluntad de poder que subyace en el discurso oficial y la realidad resultante podría ver que más que tratarse de un proyecto emancipador fallido nos hallamos ante un proyecto totalitario populista altamente exitoso. Eso sí, siempre que entendamos el totalitarismo de una manera más compleja a como se expresa en la propaganda norcoreana o en los dibujos animados del "The Wall" de Alan Parker y Roger Waters.
De modo que lo que la autora define como “grassroots dictatorship” podría verse como un sistema de cesiones temporales de capacidad represiva a grupos y organizaciones de masas para desembarazarse de personalidades o grupos que interfieren en la construcción de un estado totalitario. (No es difícil seguir la lógica del sistema: la alta y media burguesía es usada para desplazar al poder batistiano primero y a la presencia norteamericana luego, la clase media para desplazar a la alta, las clases más populares para mantener a raya a la clase media, el PSP para desplazar a ciertos sectores del 26 de Julio, el Directorio Revolucionario para dinamitar a las ORI (discurso del 13 de marzo de 1962) y amedrentar al PSP (Caso "Marquitos"), la primera redacción de El Caimán Barbudo para destruir a Ediciones El Puente y así hasta el infinito.)  
No obstante y pese al cúmulo de evidencias aportadas por ella misma, Guerra intenta ver eventos como las movilizaciones populares de 1959 o la Ofensiva Revolucionaria de 1968 (por poner dos ejemplos que aborda el libro en detalle) como expresión de una dictadura del pueblo y no como reproducciones de los métodos típicos del totalitarismo populista del siglo XX desde Mussolini a Mao. De alguna manera Guerra confunde los esfuerzos del poder instaurado en Cuba desde el 59 por aprovechar el entusiasmo o la frustración popular en su favor y darle un aire espontáneo y popular a sus políticas de control social con el empoderamiento de la sociedad cubana. Llegado el momento Guerra incluso confunde la concesión del “derecho a denunciar” por parte de las organizaciones de masas o de individuos como práctica de empoderamiento social.
Lo más revelador de “Visions of Power in Cuba” es que pese a la narrativa elegida por la autora todo el material acumulado apunta a un proyecto de máxima concentración de poder en manos de la más alta dirigencia revolucionaria desde los primeros meses de 1959. Y no solo de concentración de poder político que es lo que suelen señalar otras historias sino de poder económico, social, cultural y simbólico a un nivel inédito en el continente. En este sentido y pese a sus propias conclusiones Guerra aporta evidencias más que suficientes de que dicho proceso de concentración de poder comenzó a realizarse prácticamente con el mismo triunfo de la Revolución de 1959, en momentos en que la dirigencia revolucionaria contaba con un apoyo popular casi unánime. Cuando todavía no podían invocarse la amenaza de agresiones internas o externas para justificarlas y mucho antes, por supuesto, que se adoptara oficialmente una ideología definida marxista –leninista. Y que cada vez que el régimen tuvo que decidir entre control y emancipación optó por el control.
La importancia de los hallazgos de “Visions of Power in Cuba” sospecho que rebasen con largueza el ámbito cubano. Atenuar el peso de factores como la ideología o la influencia externa ya fuera de los Estados Unidos o la Unión Soviética nos permite comprender mejor la dinámica interna de regímenes que podrían definirse –de acuerdo con el acento que se ponga en uno u otro factor- como totalitarismos con vocación populista o populismos con vocación totalitaria. Una dinámica que al mismo tiempo que pretende recuperar o reforzar la soberanía popular de hecho desplaza dicha soberanía hacia entes como la Revolución, el Estado, el Partido, la Nación o la Patria en nombre de los cuales una élite ejerce un poder cada vez más ilimitado. Y ese proceso de pérdida progresiva de soberanía popular se da en el caso cubano –como demuestra abundantemente el libro de Guerra- desde el inicio de la Revolución cuyo supuesto sentido primigenio era la recuperación de dicha soberanía. Una lectura interesada y actual de convertiría este libro en una fábula sobre cómo los derechos individuales tantas veces despreciados en nombre de razones mayores más que impedimento a la soberanía popular son justo lo opuesto: son base esencial de dicha soberanía, los árboles sin los que el bosque no es más que mera y vacía abstracción.   

domingo, 12 de junio de 2016

El silencio y la muerte

Reniego por naturaleza de las teorías conspirativas pero –más allá de mis inclinaciones- a veces las circunstancias insisten en darles la razón. Como en el caso del extraño incidente en el que el escritor Héctor Zumbado fue golpeado sufriendo con ello secuelas que afectaron severamente su capacidad de comunicación verbal y lo apartaron por completo de la escritura hasta su reciente muerte. Desde aquel febrero de 1990 en que sufriera lesiones de las que nunca se recuperó del todo muchos achacaron el origen del ataque al gobierno cubano, teoría que persiste hasta hoy.
La teoría tomaba como base los pocos hechos comprobados de un incidente oscurísimo por otra parte: un individuo -que luego resultó ser el escritor Héctor Zumbado- fue encontrado inconsciente por miembros de la PNR en las inmediaciones del Círculo Camilo Cienfuegos quienes lo llevaron al hospital Calixto García. Llamaba la atención que la policía no procediera a identificar el sujeto (a pesar que llevaba consigo el carnet de identidad) ni levantara acta sobre lo sucedido o intentara comunicarse con los familiares. Así fue que Zumbado estuvo horas en la sala de emergencias sin ser atendido hasta que un doctor lo identificó y se encargó del caso salvándole la vida. Luego se comprobaría, al revisar sus pertenencias que al escritor no le habían robado nada descartando el robo como motivo del ataque. Esto y la falta de señales de pelea hicieron pensar a muchos que el motivo era silenciar una de las voces más inconformistas dentro de los medios oficiales.
En contra de la teoría estaba el hecho de que Zumbado incluso siendo uno de los escritores menos complacientes con el establishment distaba de ser considerado como un disidente o que en aquellos días para acallar a un escritor no era necesario golpearlo: bastaba con cerrársele todo acceso a la prensa y las editoriales nacionales. Puedo añadir que cuando Zumbado hubo recuperado en algo sus capacidades comunicativas le pregunté sobre los hechos de aquella noche y -como me temía- este no recordaba nada.
Transcurridos 26 años desde aquel terrible y oscuro incidente llama la atención que ni en páginas oficiales ni en la prensa del gobierno se haga la más mínima mención a aquellos hechos que sacaron de circulación al más fino y punzante crítico de la cotidianidad cubana de aquellos días. Como si 26 años de silencio forzoso fueran poca cosa. Como si no fuese necesario explicar ese vacío inmenso que aparece en sus biografías oficiales. (Tanta es la falta de información que incluso en medios del exilio mencionan un "accidente cerebrovascular" como si se tratase de un derrame cerebral cualquiera y no un golpe terrible que le fracturó el cráneo). 
No se trata de reactivar viejas teorías conspirativas (pero tampoco de descartarlas por completo ante la patente conspiración de silencio que han tejido los medios oficiales cubanos alrededor de aquellos hechos: visto en puridad la tesis de que Zumbado fue atacado por los órganos de seguridad ni siquiera es una teoría alternativa. Ante la ausencia de tesis oficiales -ausencia que parece tratar de convencernos de que tal incidente nunca ocurrió- es la única explicación -oficial o extraoficial- que se haya ofrecido hasta el momento). Alguna disculpa se le debe a los lectores de Zumbado que nunca tuvieron oportunidad de enterarse por qué uno de sus escritores favoritos ha callado durante tantos años. Se trata de no dejar, en fin, que el silencio se anote otra victoria, de que la muerte sea menos completa.

Post data: Párrafo de un mensaje que me acaba de enviar Teriana Zumbado, hija del escritor y en la que se aportan otros datos y precisiones sobre el caso:

Sería conveniente aclarar que el equipo de neurocirujanos que atendió a papi, siempre negó que hubiese sido una caída accidental por el  estado etílico en el que se encontraba papi ese día de febrero/1990. Según sus experiencias, y debido a los hematomas subdurales generados por el traumatismo craneal grave, llegaron a la conclusión que el peso físico de papi no correspondía a esa supuesta caída que según la policía comentó, porque como bien dices nunca hubo informe alguno. El golpe, según los médicos tuvo que haber sido con un objeto contundente. […] Si algo no olvido es que en esos días alguien llamó al hospital para  comunicar que los dos policías “habían sido despedidos”. Eso, sólo eso fue lo que supimos, ni nombres, ni apellidos, ni nada. Aberrante. Luego con los días, y es algo que nunca entendimos, una recepcionista de la revista Bohemia que nunca supimos quien era, dijo haber encontrado los espejuelos de papi en la calle…inaudito, incoherencia total. En esos días lo único que nos preocupaba era que papi se salvase, pues los partes médicos sólo anunciaban su estado de gravedad. Se salvó como bien dices, porque ese día entraba de guardia el Doctor neuro-cirujano Eupiérrez, quien lo reconoció en esa asquerosa sala de emergencias, en la que permaneció tirado como un perro toda la noche. Si lo hubiesen atendido a tiempo quizá la historia hubiese sido otra, según nos contó éste médico.  A éste señor le he vuelto a buscar por las redes, pero ha sido imposible, se que vive en USA. 

lunes, 6 de junio de 2016

Héctor Zumbado (1932- 2016)


Hacía tanto tiempo que se le había pasado la hora de morir con sus hábitos de bebedor suicida primero y con un misterioso y terrible accidente que lo dejó apartado para siempre de la escritura que ya pensábamos que Héctor Zumbado no moriría nunca. Acompañante incesante de mi niñez desde que descubrí un librito suyo -“Limonada-” que recogía viñetas burlonas de la vida cotidiana. Y eso no era fácil en tiempos en que nadie se atrevía a burlarse de nada excepto quizás el imperialismo porque todo lo demás, desde el transporte público hasta las croquetas eran responsabilidad exclusiva del Estado. Y quien decía Estado, decía Revolución, Patria y Demás Cosas Que Se Escribían Siempre Con Mayúsculas. Podría afirmarse sin exagerar que fue Zumbado quien enseñó a generaciones de cubanos el difícil arte de reírse en aquellos años de entusiasmo aterrado. No digo que fue el único que nos hacía reír pero nadie en aquellos días lo conseguía como él: con esa libertad, con esa inteligencia, con ese atrevimiento. Hace mucho rato que hemos perdido su voz pero saber que estaba con vida nos acompañaba a mí y a muchos más como una suerte de talismán. Quiero hacerle llegar a sus hijos y al resto de su familia mis condolencias en la conciencia de que somos muchos más los huérfanos.
P.D.: No recuerdo quién me encargó que escribiera un homenaje a Zumbado en la edición inaugural del Festival Aquelarre en 1993 y que llevara magistralmente a escena Osvaldo Doimeadiós pero se lo agradezco eternamente. Eso me permitió cumplir con aquel lema de que el mejor homenaje era el diario cumplimiento del deber y en el caso de Zumbado no había deber más sagrado que el de joder.
Gracias, maestro.  

La sagrada (des)igualdad

Varios redactores de On Cuba se le quedan en el último LASA y la revista de Hugo Cancio echa mano como pitcher relevista a Arturo Arango (y Parreño) quien viene por la goma. Este insigne redactor luego de tantos años de utopía comunista en oferta lo que nos vende ahora es resignación capitalista impuesta por Partido Comunista (eso sí, un Partido Comunista abierto e inclusivo tal y como lo concibe alguien que, obviamente, no ha leído a Lenin). Y sí, mucho respeto a la diferencia: la diferencia entre la clase dirigente y los jodidos de siempre:

"He leído que en la película Neruda, del chileno Pablo Larraín, hay una escena donde, en medio de una fiesta, una sirvienta se acerca al gran poeta y le pregunta si es verdad que en el comunismo todos seríamos iguales. A la respuesta afirmativa de Neruda la señora propone una duda devastadora: “¿Pero iguales a usted o iguales a mí?”[...]
Hoy sería enloquecido pedir a Neruda o, sobre todo, a los dueños de la casa de aquella fiesta, que se sacrifiquen por un tiempo y sean iguales que su sirvienta. Más utópico aún será esperar que la sirvienta pueda alcanzar el rango de sus empleadores, sea cual sea el crecimiento económico del país. La unidad nacional es necesaria para sostener la soberanía nacional y para crear consenso en torno a un proyecto de nación que pertenezca a la mayoría de los cubanos. El problema de la unidad, siempre, es que también supone un punto de vista: alguien, algo (un partido, un gobierno, un líder) nuclea alrededor de sí las fuerzas esenciales, y crea a partir de ellas ese consenso necesario que las ponga de acuerdo a todas. Para lograrlo, debería ser inclusivo, abrirse al diálogo, a la contradicción, y hacerlo sin prepotencia ni paternalismo, obedeciendo la voluntad y las necesidades de aquellos que, como menos tienen, menos pueden"

jueves, 26 de mayo de 2016

La campaña y la guerra


Para muchos ha sido uno de los logros más indiscutibles de la Revolución Cubana. La masiva campaña de alfabetización de 1961 que llevó la tasa de analfabetismo desde un 22% de la población adulta (sí, una de las más bajas de Latinoamérica en aquellos días me recordará alguien, pero altísima para los estándares actuales) hasta apenas el 3%. Para otros se trataba de un perverso plan de adoctrinamiento del campesinado cubano donde las primeras palabras que se armaban con la letra “F” eran “Fidel” y “fusil” y donde se daba por terminado el aprendizaje con una carta al Comandante en Jefe. Hay otros, menos, que lo consideran como un proyecto de importancia estratégica, militarmente hablando. Como una manera de infiltrar los campos cubanos, en aquellos días infestados de guerrillas anticastristas a lo largo del país, con maestros improvisados que harían las veces de activistas políticos, informantes del castrismo y –llegado el caso- mártires de la Revolución que usaría profusamente sus nombres en las campañas para demostrar la maldad infinita de los que se oponían al gobierno: un escudo humano avanzando alegre y despreocupado sobre el campo enemigo.
Una versión bastante retorcida. Incluso tratándose de Fidel Castro.
Veamos qué decía éste en los días previos al inicio de la campaña. Tomemos, por ejemplo, el discurso de clausura del primer Congreso Nacional de Consejos Municipales de Educación (algún día habrá que contar cuántos primeros congresos celebró el castrismo de cosas que no tuvieron continuidad) celebrado el 10 de octubre de 1960 y en el cual el líder de la Revolución anuncia la campaña y explica sus objetivos.

“Nos estamos proponiendo algo muy ambicioso, una tarea difícil y que, en realidad, va a poner a prueba la capacidad de todos nosotros, va a poner a prueba la capacidad de nuestro pueblo, ya que nos estamos proponiendo hacer en un año lo que no pudieron o no quisieron hacer otros en 58 años. Es decir que nos proponemos en el año 1961, que ya lo hemos calificado como el Año de la Educación, erradicar el analfabetismo en nuestro país”
Y como no se contaba con número suficiente de maestros la solución sería convertir a “todo el mundo en un maestro, todo el que sepa leer y escribir”. Pero tanto o más que de la monstruosa campaña educativa que se estaba gestando Fidel Castro habla del avance de la contrarrevolución.

“Dijimos que íbamos a hablar de educación primero y de problemas contrarrevolucionarios luego. Hemos hecho al revés: hemos hablado de problemas contrarrevolucionarios primero y falta decir algo breve —pero breve de verdad— sobre el objetivo fundamental de este congreso”
El objetivo fundamental del congreso era la organización de la campaña de alfabetización y sin embargo durante la mayor parte del discurso de clausura el principal orador no deja de hablar de la contrarrevolución, incluso cuando haga todo lo posible para disminuirla.

Es decir que para combatir los grupitos contrarrevolucionarios del Escambray, movilizamos a las milicias del Escambray, 1 000 milicianos campesinos. Pero, además, para que no pudiera moverse un solo contrarrevolucionario, le movilizamos 700 milicianos campesinos de la Sierra Maestra y del Segundo Frente de Oriente (APLAUSOS) y, además de los responsables, es decir, de los jefes de milicias de la capital que están en entrenamiento en la provincia de Matanzas, movilizábamos también una compañía que se iba turnando”
Pero al mismo tiempo reconoce que no va a ser tan fácil hacer desaparecer los focos de resistencia al gobierno incluso tratándose de “grupitos” porque para algo está el imperialismo:

“¿Quiere decir que desaparezcan los hechos de terrorismo y de sabotaje? ¡No!, es posible que aumenten; es posible, a mayor cantidad de recursos, a mayor asistencia, a mayor apoyo del imperialismo, movilizando toda su escoria de decenas de miles de gangsters y de criminales, movilizando sus millones y millones de dólares, facilitándoles explosivos, facilitándoles medios para hacer los sabotajes; es decir que tendrá su auge, pero tendrán también su declive”
Nótese como aquellos “grupitos” súbitamente se convierten en “decenas de miles de gangsters y de criminales”. La estrategia contra estos sería organizar “militarmente al pueblo en las milicias” y “civilmente en comités de vigilancia colectiva”.
¿Por qué organizar entonces la campaña de alfabetización en momentos en que el país estaba enfrascado en una virtual guerra civil? Esta es la manera en que racionaliza Fidel Castro su plan de poner en riesgo la vida de decenas de miles de adolescentes cubanos:

la misión de nosotros en el país no es derrotar contrarrevoluciones, sino hacer revolución; esa es nuestra misión en el país. Nuestra misión en el país es crear; combatimos porque queremos crear; combatimos porque tenemos que defender lo creado; combatimos porque queremos seguir adelante; y, sobre todo, no estamos aquí por combatir, sino estamos aquí para crear.

Lo que sí sería una victoria de la contrarrevolución sería que atrasara los planes de la Revolución, que atrasara los planes de la reforma agraria, los planes de educación, los planes de industrialización, los planes de construcción de viviendas, los planes de desarrollo general de nuestra economía; esa sí sería una victoria de la contrarrevolución y por eso a la contrarrevolución hay que ganarle la batalla no solo en el campo militar; hay que ganarle la batalla en el campo de creación revolucionaria
Lo que Castro plantea como dos problemas distintos (la derrota de la contrarrevolución y el cumplimiento de la anunciada campaña alfabetizadora) los asume como uno solo: la campaña alfabetizadora será al mismo tiempo un arma para derrotar a la contrarrevolución. Si en las ciudades contaba con la organización de los CDR en el campo necesita algo que complete esa “organización civil del pueblo” que ha concebido “para vigilar a los contrarrevolucionarios, para reprimir sus actividades y para estar preparados en caso de lucha, cumplir la misión que corresponde a esos comités que deben estar organizados manzana por manzana, barrio por barrio, ciudad por ciudad, y campo por campo”.
(No sería esa después de todo la única vez que un objetivo en apariencia beneficioso para el país, independientemente del gobierno que lo emprendiera, formara parte de la estrategia de control totalitario del castrismo. Me cuenta mi padre que el plan de reforestación de los principales macizos montañosos del país fue diseñado de acuerdo con una vieja obsesión castrista: la de crear las condiciones para que en el futuro no fuera posible un alzamiento en las montañas como el que le sirvió para llegar al poder.)
Muchos años después una película que señala uno de los puntos más altos de nuestro más bien pobre realismo socialista “El brigadista” resolvía en un solo personaje el dilema que planteaba Fidel Castro en el discurso mencionado: el alfabetizador tímido y un tanto miedoso que al final de la película supera su repugnancia por la violencia matando a un alzado. Una metáfora atrevida e insidiosa pero no muy distante de lo que había ocurrido en realidad. Porque Castro –como todos los buenos aprendices totalitarios- es un seguidor hiperbólico de Clausewitz, de esos que convierten cualquier cosa en medio para hacer la guerra. 

miércoles, 25 de mayo de 2016

Viaje a la semilla

En un discurso de 1960 Fidel Castro decia:
"Y el médico que se marcha, el médico que trabajando en una institución nacional, en un hospital del pueblo, se marcha, es sencillamente un criminal [...] Pero criminal también, criminales son también los ingenieros, o los arquitectos, o los profesionales que traidoramente abandonan su país"
Ahí mismo se trazó la política hacia la emigración de profesionales que todavía sobrevive en ciertos sectores. De cualquier manera valdría preguntarse si  uno se pregunta si los médicos que mandan a trabajar afuera siendo necesario en los hospitales de la isla son también criminales.

Más interesante aun es la reflexión que me envía un amigo que sospecha que este mismo principio de exclusión y criminalización de los profesionales ha alcanzado también a la lógica de la jerarquía católica cubana:


Al leer la cita de nuestro Comandante Fidel Castro sobre los médicos, técnicos e ingenieros traidores, recordé la reciente homilía de despedida del Cardenal Ortega, donde el prelado, al dar las gracias por el trabajo y la ayuda de sus sacerdotes, afirma:"Dones de Dios para mí han sido los sacerdotes que encontré en La Habana, no pocos de ellos ordenados por mi buen y recordado predecesor, monseñor Francisco Oves. Ellos me han acompañado con amistad y afecto fraterno. Mi celo arzobispal han sido los 30 sacerdotes que he tenido la dicha de ordenar y que permanecen en Cuba, con su pueblo, en esta diócesis."
Te aclaro que, para cualquier obispo católico, no hay satisfacción mayor que aumentar las vocaciones, es decir, aumentar el número de ordenaciones sacerdotales, durante su episcopado. Es curioso que el Cardenal sólo cuente entre los destinatarios de su celo pastoral a los "que permanecen en Cuba, con su pueblo", y que lo diga además con esa frase que no sonaría fuera de lugar en un editorial de Granma. Es curioso que le parezca más importante excluir a los que se fueron (aunque quizás estén ejerciendo su ministerio sacerdotal en otros lares), que aumentar la lista de su cosecha a 40 o 50. Es curioso también porque muchos de los "idos" sirven a comunidades cubanas en Miami u otros lugares de la diáspora. ¿No son esos fieles también parte de "su pueblo"? Es curioso sobre todo si se compara con el caso de otros países. Por ejemplo, los polacos envían sacerdotes de Polonia a trabajar en las comunidades polacas de Estados Unidos. La implicación de la frase a mi (sesgado) juicio es ésta: los sacerdotes que se fueron de Cuba no cuentan. Y las comunidades católicas mayoritariamente cubanas que radican fuera de Cuba no son parte del pueblo cubano.

martes, 17 de mayo de 2016

Complicidad

Margallo, ministro de exteriores español se reúne con Raúl Castro en un clima de "complicidad". Nunca mejor dicho.
"Margallo [...] no tiene previsto reunirse en La Habana con representantes de la oposición. El argumento es que ningún visitante extranjero lo hizo –salvo el presidente estadounidense Barack Obama y su secretario de Estado, que pueden, [reunirse con la oposición] sin exponerse a represalias"
Un clima de complicidad y cobardía, vale añadir si atendemos a esa explicación. Sería un buen momento para que el PSOE le echara en cara al PP todas las críticas que le hacían cuando el PSOE era poder y el PP oposición. Pero no son tiempos de andar recordando desverguenzas ajenas, la verdad.

sábado, 14 de mayo de 2016

Evgeny Dobrenko o la importancia de leer novelas realmente malas

Entrevista que le hiciera al investigador ruso Evgeny Dobrenko que apareció ayer en su versión "breve" en Diario de Cuba:  
No es que la historia la escriban los vencedores sino que es muy raro que la gente se resigne a la derrota. Lo que ocurre con bastante más frecuencia es que los vencedores de ayer y los aplausos que les dedicamos queden olvidados en la trastienda de cada cual para pasar a aplaudir a los triunfadores más recientes. De ahí lo necesario que pueden ser ciertos empecinados como Evgeny Dobrenko (Odesa, 1962).
Profesor y jefe del Departamento de Estudios Rusos y Eslavos de la Universidad de Sheffield, se ha especializado en el estudio del realismo socialista. El empeño de Dobrenko lo ha llevado a ser autor, coautor o editor de una veintena de libros como The Making of the State Writer y The Making of the State Reader. En un campo dominado por los lugares comunes, los prejuicios (más o menos justificados) o la visión chata y condescendiente, Dobrenko tiene una visión original y sofisticada del realismo socialista, tal y como se desarrolló en la época del estalinismo.
Dobrenko trata de explicar su estética "retrógrada", ya pasada de moda en el momento de surgir, como un "postmodernismo menos el modernismo". Más que como movimiento artístico, Dobrenko define al realismo socialista como una institución que creaba al mismo tiempo sus productores y consumidores y en el que el "acto de censura es transformado en parte constituyente del proceso creativo", en un intento de cada creador de alcanzar la "armonía" con el proyecto político-social comunista.
En el momento en el que la censura se transformaba "en un problema externo a él (o lo que es más, en un obstáculo), este por consiguiente dejaba de ser un escritor soviético en el sentido estricto del término". A continuación les dejo una versión abreviada de la conversación que sostuve con Dobrenko días atrás en la que, como se verá, no siempre estuvimos de acuerdo, pero que en cualquier caso fue altamente estimulante para el que quiera pensar en estos temas.
Déjeme comenzar con la que es quizás la pregunta más frecuente que le hacen como académico: ¿Por qué dedicarse a estudiar el realismo socialista, un tema en apariencia tan aburrido y soso?Todo el que estudia la literatura rusa se dedica a lo que se considera la "gran literatura": Tolstói, Dostoyevski y los grandes escritores del siglo XX. Pero el siglo XX no fue un siglo normal de ninguna manera. Incluso el siglo XIX fue más normal. Hasta el siglo XVIII con la Revolución Francesa fue más normal. En cambio, el siglo XX fue completamente anormal. Y su anormalidad proviene de un inmenso proceso  de democratización. Y lo que quiero decir con  democratización es que personas ordinarias que en el siglo XIX no tenían acceso a la educación, a la medicina, a la alta cultura o a ningún tipo de cultura —en esa época el 99% de la gente no tenía nada— y ahora tienen todo.
Por supuesto que no todo en todas partes, pero la tendencia es innegable. Y cualquier proceso a tal escala trae consecuencias: la cultura se hace más accesible para más personas y, por tanto, se extiende, pero a medida que se extiende más se hace menos densa. Así que en ese proceso la cultura pierde profundidad, muchas veces se hace más primitiva. La diferencia entre la cultura anterior y la nueva es la diferencia entre Tolstói y…
Boris Polevoi…Sí, Polevoi. El asunto es que Tolstói ahora es leído por millones y millones de personas. Pero por supuesto, la comprensión de acuerdo con el nivel cultural de estas personas es mucho más reducida. Por eso es que es importante entender esta literatura, no desde el punto de vista estético, sino desde el funcionamiento en ese mundo.
Por eso es que pienso que la cultura estalinista es un caso muy bueno para entender cómo esto funciona. La manera en que, como resultado de este proceso de ilustración y democratización, grandes masas de estas sociedades patriarcales y tradicionalistas se trasladan a las ciudades, transforman su alta cultura y crean un medio más amplio para la comprensión de esta cultura. Cómo este proceso cambia la cultura. Rusia es un excelente ejemplo de un país campesino que trató de modernizarse en el siglo XX y en este proceso acabó creando un régimen totalitario y ese es el caso de todos los países patriarcales en Europa, desde Portugal y España a Italia, los países balcánicos, Rusia y Europa del Este…
Pero, en ese caso, Alemania no es una excepción…Es una excepción pero lo es en el siguiente sentido: Alemania era, entre las grandes naciones europeas uno de los estados más jóvenes. Allí el totalitarismo no fue tanto el resultado de un proceso social como de un proceso político.
Así que, regresando a su pregunta inicial, es por eso que pienso que es importante leer novelas realmente malas: para entender el proceso de modernización en sociedades muy tradicionales y patriarcales.

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