martes, 17 de junio de 2014

Bélgica 2, Argelia 1


Bélgica debía ser, de acuerdo con los más enterados, el gallo tapado de este Mundial, (o el black horse como dirían los americanos). Pero parece ser que estos bélgicos son gente discreta y están decididos a que nadie descubra su potencial antes de tiempo. Tanto que les costó Dios y ayuda (gracias a Dios que no fue ayuda arbitral sino del banquillo) superar a los argelinos. Y eso que Argelia, que no anotaba un gol en un Mundial desde las Cruzadas, tampoco era un dechado de virtudes. Es de esos equipos a los que es una crueldad aplicarle la regla número 11 del Código de Cambridge de 1847 que dice que no se debe tocar la pelota con las manos: no hay manera que emboquen la pelota en la portería como no sea penalti mediante. Afortunadamente eso fue lo que pasó y así obligaron a los belgas a anotar no uno sino dos goles para ganar el encuentro.

Y no lo hubieran conseguido nunca de no ser porque decidieron darle entrada a Mertens y Fallaini. A estos, todo parece indicar que, cuando les regalaron su primer balón de fútbol en su más tierna infancia, en vez de botar las instrucciones que venían en la caja las leyeron. Las instrucciones dirían más o menos: “el objetivo del juego es meter esta pelota dentro de los cuatro palos con red que están al fondo del terreno y no en ningún otro sitio”. Y eso fue lo que hicieron hoy cuando les dieron la oportunidad de jugar. Luego dicen que no hace falta que los futbolistas tengan cultura.