jueves, 4 de abril de 2013

No lo defiendas compadre...


En Havana Times han aparecido varios artículos sobre el caso del escritor Angel Santiesteban en los que se señala la arbitrariedad del juicio y la intencionalidad política de la condena. Sin embargo en uno de ellos llega a decirse:
“Respecto a la señora Kenia, no sé porque motivos no impidió que Ángel fuese a la cárcel, hasta donde sé, creo que ambos tienen un hijo en común. De haber sido real la agresión debió pensar en su familia”
No me imagino peor argumento para defender el caso del escritor que acusar a la supuesta víctima de no “pensar en su familia”. Como si las mujeres fueran las únicas que debieran pensar en su familia y no el hombre en el momento en que las golpea. Como si en nombre de la familia debiera soportar todo tipo de agresiones. Porque ahí está la esencia misma de la violencia de género. No sólo en la supuesta debilidad física de las mujeres sino en su sometimiento en nombre de la familia a la cual se deben. Yo defiendo la inocencia de Santiesteban del crimen que se le imputa y pienso que en su caso se cometió una injusticia enorme pero me niego a pedirle a su ex esposa que se calle una agresión si la hubo. ¿Cómo hacerlo –en ese caso- sin hacer causa común con el gobierno que los oprime a ella y a su supuesto agresor? Bueno, ya esa es otra cuestión bastante más complicada pero lo que sí debe estar claro es que no puede sustentarse un cambio democrático real minimizando el abuso sobre la mitad de la población.

2 comentarios:

Tersites Domilo dijo...

Amén.

reynelaguilera dijo...

Cuando una mujer es golpeada su primer pensamiento debe ser para su familia y, por tanto, debe ir inmediatamente y denunciar al agresor en la estación de policía más cercana.

Así de simple; a menos que la mujer sea Thais (mi madre) en cuyo caso el pobre agresor terminará buscando refugio en la estación de policía más cercana.

Estoy convencido de la inocencia de Ángel; pero el asunto, desgraciadamente, no es ese. El asunto es que el castrismo carece de la más mínima legitimidad para decidir inocencias y culpabilidades. Mucho menos con personas que han expresado su desacuerdo con la tiranía (como Ángel)