sábado, 3 de abril de 2010

Boxeo

El boxeo es –para el que lo entienda- un deporte sutilísimo en el que sólo se puede prosperar a merced de una estudiada inteligencia del músculo. (De tarde en tarde aparecen fenómenos demasiado elementales como el de Mike Tyson, es cierto, pero que una vez que se desvanece el terror que imponen en el ring terminan confirmando la regla). Por eso es factible comparar cualquier enfrentamiento dialéctico, cualquier polémica con el pugilato. La reciente discusión entre Silvio Rodríguez y Carlos Alberto Montaner es un buen ejemplo.

De una parte Silvio, viejo artista de la palabra con los músculos oxidados por no haber participado en una polémica que se respete en toda su vida. De la otra un antiguo campeón que mantiene los músculos y reflejos del debate perfectamente afinados. Los que saben ni apuestan. Si encima Kid Rodríguez no puede apartarse demasiado de lo que diga el entrenador no tiene opciones contra Mano de Piedra Montaner.

Comienza Kid Rodríguez haciendo unas penosas fintas poéticas “Si los miles de cubanos que perdimos familia en atentados de la CIA hiciéramos una carta de denuncia ¿la firmaría Carlos Alberto Montaner?”. “Si la Casa Blanca devolviera Guantánamo y acabara el embargo ¿qué posición (común) adoptaría el Kama-Sutra europeo?”. Aquellos manotazos al aire no despeinan a nadie y menos a Kid Montaner a quien el pelo no le sobra. Este se para en medio del cuadrilátero y con una combinación sencilla de jab de izquierda (“Por supuesto, Silvio: yo firmaría esa denuncia”), gancho de derecha (“¿firmarías una carta en la que se denunciaran los atropellos a los presos políticos cubanos y el acoso a las Damas de Blanco?”) y otra vez la izquierda (“?¿Hacemos esa carta juntos? Atrévete.”) revuelca a Kid Rodríguez en la lona. Le cuentan hasta diez, le dan a oler sales y por fin deciden que sólo queda traer la camilla.

Kid Rodríguez despierta en su vestidor y sospechando lo que acaba de pasar lanza enfurecido golpes al aire, los mismos que no funcionaron en el ring: “Si este gobierno es tan malo ¿de dónde salió este pueblo tan bueno?”. La elegancia con que el otro le machacó la mandíbula es transformada en guapería barata. “Atrévete un día a respetar al prójimo”. Por favor, que un alma piadosa le diga que la pelea hace rato terminó.

9 comentarios:

Garrincha dijo...

esperemos que silvio no opte por morderle la oreja a montaner, porque las fintas de él dan más pena que mis papelazos seudofutboleros en el tropical park.

Anónimo dijo...

enhorabuena! Se estaba extranando mucho a enrisco.

Armando Tejuca dijo...

si esto parecia a penultimos años en lugar del blog de Enrisco. Finalmente todos lo queriamos ver de regreso.
el teju

L. Santiago Méndez Alpízar / Chago dijo...

Pues a mí me resulta interesante, sí, de verdad. No siempre el ex-Diputado cantautor SR., responde, menos al inefable y multidiciplinario CAM.

Y el tiempo, qué dirá el tiempo: 100 años pasados: ¿a quién recordarán nuestros descendientes?

Por supuesto que yo lo tengo claro: ¿y tú, querido Enrique?

Saludos.

enrisco dijo...

yo tambien lo tengo claro: a Arsenio Rodriguez. no creo que pueda explicarle a mi hija que carajo yo le encontraba a ese tipo cursi y plañidero. en cambio es un placer verla bailando con Arsenio.

Güicho dijo...

Silvio R., no hay nada más parecido a un rabo sin nube.

PS: ¡Apoyo la moción de Tjuk!

Anónimo dijo...

Este sera de los clasicos de Enrisco!

Sandra B

silvia mendez dijo...

Si tu hijo se apoda el libre, mas vale que te preocupes. Los hijos cuando sienten verguenza de sus padres, quieren diferenciarse.
Silvia

luvicallejas dijo...

Muy bueno, Enrique. Silvio es el Roy Jones del faranduleo castrista. Pero suave con Tyson, el tipo no era todo bruteza durante su apogeo en el cuadrilátero. Como muchos periodistas del deporte han apuntado, éste no sólo combinaba diferentes tipos de golpes de manera sutil e inteligente sino que poseía formidable fluida técnica de movimiento, tanto para evadir los puños de sus contrincarios con su clásico zigzagueo, como para cortar el ring y poder golpear a contrincantes que poseían mayor alcance y estatura.