martes, 22 de noviembre de 2016

Cirilo Villaverde en Nueva York (II)

El escritor en movimiento
Luego de su estancia en el número 59 Oeste de la calle 24 de Manhattan los directorios anuales de la ciudad recogen diferentes direcciones como residencia de Cirilo Villaverde hasta su muerte, ocurrida en 1894: 136th Alexander Avenue en el Bronx (1875-1877), y en Manhattan 42 E. 126th Street (1882-1883), 39 W. 24th Street (1883-1884) o el 1730 Broadway (desde 1890 hasta su muerte).

Una imprenta masónica
No obstante de todos los sitios asociados a la extensa presencia de Cirilo Villaverde en Nueva York ninguno más relevante que el marcado con el número 4 de la calle Cedar. Allí radicó durante décadas la imprenta El Espejo, la misma que publicaría en 1882 la versión completa y definitiva de “Cecilia Valdés”. Si bien acogida al principio con cierta reserva ya al año siguiente la novela recibiría elogios de Benito Pérez Galdós y en 1885 sería aclamada por Manuel de la Cruz como "obra maestra en el género" que "señala el máximo perfeccionamiento que hasta ahora ha alcanzado nuestra literatura". El novelista Ramón Meza haría notar el extraño mérito de conseguir reproducir con tal intensidad la sociedad cubana de 1830 a tanta distancia espacial y temporal:



"Nadie al recorrer muchas de las mejores páginas de esta obra magistral pudiera sospechar que se escribieran en lugar apartado, en medio distinto y extraño, después de dilatados años de ausencia. Hay tanta frescura en el trazado de los paisajes de la naturaleza cubana que en el libro abundan, hay tanta verdad, tanta realidad, hasta en los más nimios detalles de esta obra vasta y complicada, que no pudiera creerse que fuera escrita al calor de los recuerdos sino con la observación inmediata, directa, de un original que está a la mano y por tanto se ve, se toca"


La imprenta El Espejo estaba dedicada a imprimir una publicación periódica en español del mismo nombre “filled with advertisements for U.S.-made export products. Locomotives, wheelbarrows and pianos were the standard fare in the columns of El Espejo” (Lazo. 172). 



La publicación salió por primera vez a la luz como “El Espejo Masónico” a fines de 1865. Su director era André Cassard un destacado masón santiaguero de origen francés quien a su vez había sido el “fundador de los altos cuerpos del Rito Escocés de la masonería regular cubana” (Torres Cuevas, 108). 
Tiempo más tarde “como [la revista] ya no podía dedicarse al asunto especial de la Masonería, [Cassard] le quitó el adjetivo del título con que lo principió, dejándole solo el de El Espejo, que es en el día [1873] el periódico más grande y más hermoso de cuantos se publican en castellano [en Nueva York]” (Hyneman. XII). Interrumpida su publicación en 1869 por enfermedad de su dueño y director “El Espejo” no volvió a salir a la luz hasta noviembre de 1872.

"Trabajo por una bicoca"
Hacia 1874 Cirilo Villaverde entra a trabajar en la redacción de El Espejo que primero estuvo radicada en el 67-69 William Street y más tarde en su dirección definitiva del número 4 de Cedar Street. “Escribo a V. en la oficina del Espejo donde hace algunos meses que trabajo por una bicoca” (Cairo. 132) le cuenta a su amigo José “Pepe” Gabriel del Castillo y Azcárate (1824-1910) en una carta del 23 de junio de 1874. Allí trabajará Cirilo Villaverde hasta inicios de la década de 1890. Primero estuvo a las órdenes del susodicho Cassard hasta que en el otoño de 1881 El Espejo formalmente pasa a manos de Narciso Villaverde, primogénito del novelista.  
Negocios que no marchan bien
Pese a su carácter “puramente económico y mercantil” que le impedía “reproducir nada literario o novelesco” El Espejo no parece haber sido un negocio muy próspero. Mientras Villaverde insiste en sus cartas que de El Espejo es “de donde yo saco con qué sostener la familia” los informes de la firma R. G. Dun & Co., dedicada a investigar la rentabilidad empresarial dan una imagen más bien desesperada de su estado económico: muy escasas ganancias, sin nadie que les concediera crédito y teniendo que pagar al contado todas sus transacciones. 

Esquina de la calle Cedar correspondientes a los números 2 y 4 poco antes de ser demolido para ceder paso a la construcción de City Services Building

De acuerdo con los informes de esta compañía (de cuyo acceso le agradezco la gentileza al historiador Alberto Rafael de la Cova) al ser traspasada de Cassard a Narciso Villaverde El Espejo ya se encontraba en serias dificultades. Hacia 1888 la propiedad pasa de manos de Narciso Villaverde -que había aceptado un puesto en otra casa editorial- a su hermano Enrique recién alcanzada la mayoría de edad. A juzgar por el informe de R. G. Dun & Co. del 31 de enero de 1891 el cambio de propietario no mejoró la suerte económica de la empresa:
“El padre de Enrique Villaverde [Cirilo Villaverde], quien en la ausencia de este se encarga de los negocios nos dice que su hijo es todavía el propietario pero ha estado enfermo por varias semanas. En consecuencia el número de enero del periódico todavía no ha sido publicado pero saldrá en poco tiempo. Admite que no se ha hecho mucho dinero durante el pasado año pero dice que su hijo no tiene excepto por moderadas facturas a corto plazo. Hasta donde puedo determinar aquí eso es cierto. Personas que le han vendido a Villaverde nos dicen que los pagos han sido satisfactorios y aunque lo creen honesto no piensan que el periódico rinda más que ganancias moderadas”(“The father of Enrique Villaverde, who in the latter's absence looks after the business, tells us that his son is still proprietor, but has been ill for several weeks. In consequence the January number of the paper has not yet been issued, but will be out in a short time. Admits that not much money has been made during the past year but says that his son has no debts except for moderate short time bills. As far as can be ascertained here this is true. Parties who have sold Villaverde tell us that payments have been satisfactory and although they believe him honest, they do not think that the paper is yielding more than a moderate income”). 
Así fue hasta que la “empresa cerró después de que el cubano A.R. Govín ganara un acuerdo judicial contra esta por $1,726” (de la Cova) el 14 de octubre de 1897.
Certificado de defunción de Cirilo Villaverde (tomado de http://www.latinamericanstudies.org/)
El extraño silencio del Apóstol
Cirilo Villaverde no llegó a presenciar el final de la empresa a la que había dedicado sus últimas dos décadas de vida: el 23 de octubre de 1894 moría en Nueva York a los 82 años de edad. En un famoso panegírico que le dedicara José Martí días más tarde lo llama "patriota entero y escritor útil [...] que dio a Cuba su sangre, nunca arrepentida, y una inolvidable novela". Y supone que debe haber muerto  "con el inefable gozo de no hallar en su conciencia, a la hora de la claridad, el remordimiento de haber ayudado, con la mentira de la palabra ni el delito del acto, a perpetuar en su país el régimen inextinguible que lo degrada y ahoga". Llama la atención, no obstante que esa mención, póstuma, fuera la única que Martí publicara sobre un compatriota con el que compartía ideales y exilio y cuyas oficinas estaban separadas por apenas unos pocos centenares de metros.


El último desafío
En lo que parece su último desafío al dominio español sobre su tierra natal su esposa Emilia Casanova lo hizo embalsamar y enviar a La Habana para ser enterrado en la Necrópolis Cristóbal Colón donde se congregaron los admiradores que tenía en la capital de la isla. Emilia no lo sobreviviría mucho más de dos años muriendo en la propia ciudad el 4 de marzo de 1897 siendo enterrada en el cementerio de St. Raymond en el Bronx. Sus restos serían trasladados a Cuba medio siglo después, en 1947.


Desaparece una casa
La propia dirección de 4 Cedar Street desapareció décadas después de la muerte de Villaverde cuando en la manzana en que se hallaba fue construido entre los años 1931 y 1932 un edificio art deco de 67 pisos conocido en principio como City Services Building, luego como American International Building y actualmente por la dirección 70 Pine Street.
Vista actual del edificio por el costado que debe haber ocupado la fachada de 4 Cedar Street




Bibliografía


Cairo Ballester, Ana. [compiladora] Letras. Cultura en Cuba. Volumen 4. La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 1987

Cova, de la, Antonio Rafael. Review of Lazo, Rodrigo, Writing to Cuba: Filibustering and Cuban Exiles in the United States. H-LatAm, H-Net Reviews. October, 2005.

Hyneman, Leon. Cincuenta años de la vida de Andrés Cassard. Nueva York: George L. Lockwood, 819 Broadway, 1873.

Lazo, Rodrigo. Writing to Cuba. Filibustering and Cuban Exiles in the United States. The University of North Caolina Press, 2005.

Torres Cuevas, E. Historia de la masonería cubana Seis ensayos. Segunda Edición. La Habana : Ediciones Imagen Contemporánea, 2005.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Se entiende pero...

Se entiende que parte de la disidencia cubana, con tan poco que celebrar en los últimos años, le dé por jalear la victoria electoral de Trump. Lo entendería todavía más si festejasen la victoria de los Cubs de Chicago en la Serie Mundial tras 108 años sin pasar por esa experiencia. Los Cubs al menos no han dado exhibiciones de homofobia, de racismo, de machismo o de desprecio por el sentido común. Los Cubs tampoco amenazan con sacar de sus cabales a la democracia más antigua del planeta ya sea despreciando a la prensa o a los buenos modales. Por mucho que quiera a mi país, por mucho que me desespere su sometimiento no puedo ver con buenos ojos que al agitar los impulsos xenofóbicos que anidan en cualquier sociedad los Estados Unidos dejen de ser lo que fueron incluso mucho antes de su fundación: la patria de los que no la tienen. Espero que la frustración de nuestra disidencia ante las continuas palizas que reciben (palizas que no se interrumpieron durante la visita del anterior presidente, palizas que ellos perciben –como nadie podría discutirle- estimuladas por administración saliente) no les haga olvidar una verdad elemental: que los Estados Unidos como lugar de refugio es el plan B de toda la humanidad si las cosas no salen bien en sus países respectivos. Y que si por alguna razón no se verifica el porvenir por el que opositores y disidentes luchan cada día nuestros infatigables balseros seguirán necesitando de un sitio al cual dirigirse.   

sábado, 19 de noviembre de 2016

El arzobispo y los derechos humanos

Cuando el arzobispo de La Habana por fin habla de violaciones de derechos humanos en Cuba... se refiere a los abortos.
”El aborto es la primera violación de los derechos humanos. Si mi mamá se hubiera hecho el aborto de mí, no estaría aquí. Lo puede afirmar cualquier ser humano viviente. Imaginemos que todos los niños tienen a su papá y mamá juntos. Viven juntos, comen juntos, conversan juntos, discuten juntos, juegan juntos, pasean juntos. Imaginemos a toda Cuba así. Un pueblo feliz. Intentémoslo y muchos problemas se solucionarán”
Eso dice el arzobispo.
(Así que ya saben los disidentes: si quieren que la Iglesia los defienda conviértanse en fetos).

Cirilo Villaverde en Nueva York (I)

Poco se discute el sitio privilegiado que ocupa Cecilia Valdés en la novelística cubana del siglo XIX. O incluso en la conformación del imaginario nacional cubano. Bastante menos conocido es que su autor, Cirilo Villaverde (1812- 1894) viviera la mayor parte de su vida adulta (de 1849 a 1858 primero y luego de 1860 hasta su muerte en 1894) en los Estados Unidos y que su obra cumbre fuera publicada en Nueva York ciudad en la que vivió la mayor parte de su vida adulta. Tras participar en el movimiento conspirativo dirigido en la isla por el general venezolano Narciso López fue detenido y condenado “a 10 años de presidio y en revista, a muerte en garrote vil”. El 31 de marzo de 1849 se fuga de la prisión en compañía de otro preso y un guardián de la cárcel al que había sobornado y se embarca hacia los Estados Unidos “oculto en la bodega de una goleta costera” (Calcagno, F. 689). Al llegar a Nueva York se incorporaría de inmediato al movimiento que por aquellos días organizaba Narciso López para arrancar la isla de Cuba del dominio español con la intención declarada de anexarla a los Estados Unidos. Villaverde como secretario personal de Narciso López asistiría al complejo proceso conspirativo que llevó a las sucesivas y fallidas expediciones que el general venezolano llevaría a Cuba y a la creación de los emblemas que terminarían siendo los del futuro estado nacional: el escudo y la bandera cubanos.
Aparte de diferentes estancias en Nueva Orleans entre 1850 y 1854 y su estancia entre 1854 y 1855 en Filadelfia (ciudad en la que conocería a Emilia Casanova y se casaría con ella) Villaverde desarrolló casi toda su vida norteamericana en Nueva York. Allí nacerían dos de sus hijos, participaría en la redacción de publicaciones como La Verdad (1852-1854) La América de 1861 a 1862 y La Ilustración Americana de 1865 a 1869 y junto a su esposa fundaría colegios en Oak Point, Bronx, NY y Weehawken, NJ, proyectos que aparentemente tuvieron poca duración. 
Al estallar la gesta independentista de 1868 desarrollaría junto a su esposa una intensa campaña de apoyo a la insurrección independentista de 1868. Emilia Casanova, nacida en la ciudad de Cárdenas había llegado a presenciar el desembarco en dicha ciudad de Narciso López y desde entonces había estado consagrada a la causa de la independencia del yugo español. La revolución de Yara de 1868 hizo de Emilia una de las figuras más visibles del exilio cubano al punto que la prensa integrista la convirtió en blanco predilecto de sus ataques. 
Hija del inmigrante canario Inocencio Casanova, que a través de diversas empresas y propiedades en la ciudad de Cárdenas llegaría a ser uno de los hombres más ricos de Cuba Villaverde Emilia Casanova puso su fortuna a disposición de la causa independentista. Durante un tiempo ella y su esposo vivieron con su padre en el Bronx en el llamado Castello Casanova, una de las residencias particulares más impresionantes del país. De aquella residencia se dice que durante la guerra del 68 se almacenaron armas para la contienda independentista y desde la que partieron envíos de armas hacia Cuba. “Senor Casanova’s mansion became a secret cache for Cuban arms to be used in a revolution, and local lore tells of mysterious ships that ventured up the creek on moonless nights, with cautiously sounding the channel” (McNamara. 29).
La calle 24 vista desde la sexta avenida hacia 1930
Hacia 1872 Emilia y Cirilo se mudaron al número 59 Oeste de la calle 24 de Manhattan, sitio que se transformaría en centro del exilio político cubano en la ciudad de Nueva York en aquellos años. Cuando en octubre de 1873 las autoridades españolas capturaron el barco expedicionario Virginius y comenzaron a ejecutar a sus tripulantes un periodista de The New York Times acudió a dicha dirección para conocer las reacciones de Villaverde, de Emilia Casanova y del resto de los concurrentes. “La residencia del señor Villaverde estuvo abarrotada a lo largo del día de ayer. Entre los presentes se encontraba un capitán que había participado en tres expediciones a la isla y que dijo estar preparado para partir en otra expedición en cualquier momento y un gran número de hombres, tanto cubanos como ciudadanos norteamericanos dijeron estar listos y ansiosos para incorporarse como voluntarios a la causa. La señora Villaverde y su esposo conocían a la mayoría de las víctimas de la expedición del Virginius personalmente y contribuyeron grandemente a la preparación de esa y de otras expediciones previas”.
Recorte correspondiente al 15 de noviembre de 1873

Vista actual de la calle 24 vista desde la 6ta avenida

Bibliografía

Calcagno, Francisco. Diccionario biográfico cubano, N. Ponce de León-D.E.F. Casona, New York-La Habana, 1878-1886.

McNamara, John. McNamara's Old BronxBronx, N.Y. : Bronx County Historical Society; 1989

viernes, 18 de noviembre de 2016

Hoy en McNally & Jackson


Hoy en la librería McNally & Jackson (52 Prince Street, NY, NY) Sudaquia Editores, editorial en español radicada en Nueva York celebra sus primeros cinco añitos de existencia. Están invitados a asistir a partir de las 7:15 pm.
Estarán presentes los autores de la editorial Raquel Abend van Dalen, Gonzalo Baeza, Isaac Goldemberg, Keila Vall de la Ville, Kianny N. Antigua, Jorge Aristizábal, Alberto Valdivia, María Ángeles Octavio, Alexis Romay, Mayte López, Juan Luis Landaeta, Enrique Del Risco y Alexis Iparraguirre.


jueves, 17 de noviembre de 2016

La América. Revista de Agricultura, Industria y Comercio

Tomado del blog de la Academia de Historia de Cuba en el Exilio

Por Enrique Del Risco

La importancia intelectual y política de la emigración cubana de Nueva York en el siglo XIX no es asunto casual. Al fin y al cabo la ciudad era el primer destino de las exportaciones cubanas (principalmente de azúcar) hacia mediados de siglo. Debe recordarse que en 1818 la burguesía, azucarera cubana gracias a la habilidad política de Francisco Arango y Parreño, logró que España aprobara el decreto que permitía el comercio directo de la isla con cualquier otra nación, una posibilidad negada por siglos al resto de las colonias españolas en América, entonces en pleno proceso independentista.  
El decreto de 1818, si bien consiguió apartar durante un tiempo a los hacendados cubanos de la tentación independentista convirtió muy pronto a los Estados Unidos en el principal socio comercial de la isla. En dicho intercambio comercial la nación norteña desplazó a la propia metrópoli que ni estaba en condiciones de absorber lo que Cuba producía ni de proveerla con los productos y la tecnología que su progresiva industrialización demandaba. Como complemento a este proceso la ciudad de Nueva York emergió como destino del azúcar cubano. Fue en Williamsburg, Brooklyn, donde se refinaba el azúcar cubano en la American Refinery Company empresa con la que la familia Havemeyer sentó las bases del consorcio que hoy conocemos como Domino Foods y que en 1870 cubría el 70% del consumo de azúcar refino de todos los Estados Unidos.

Tal tráfico por supuesto no era en una sola dirección ni solo de productos. Mientras los Estados Unidos enviaba a Cuba una amplia gama de productos industriales y agrícolas e ingenieros y técnicos que manejaran la nueva tecnología que se iba introduciendo en el país o turistas que viajaban preferiblemente en invierno desde la isla además de las cajas de azúcar llegaba el tabaco tanto torcido como en rama, jóvenes que iban a estudiar carreras eminentemente técnicas en las universidades norteamericanas y no pocos exiliados. Estos últimos no siempre estaban en condiciones de dedicarse en exclusiva a los asuntos de la patria o del alma. Antes de hacer el verso había que ganarse el pan. Y el pan aparecía en muchas de estas ocasiones asociado a empresas de carácter comercial donde su talento para comunicarse con el prójimo, para conmoverlo debía encontrar acomodo. 

El Espejo”, publicación para la que trabajó durante décadas Cirilo Villaverde y en cuya imprenta publicara su “Cecilia Valdés” no es un caso único de talentos literarios asociados o subordinados a empresas comerciales. “La América. Revista de Agricultura, Industria y Comercio” es un caso quizás más ejemplar.  Fundada “en abril de 1882 por el cubano Enrique Valiente […] como órgano de la Agencia Americana de New York (The American Agency/ E. Valiente & Co./ Manufactures’ Agents for Export" (Lopez.56) en diferentes momentos de su existencia contó con la dirección o colaboración de intelectuales cubanos como Antonio Bachiller y Morales, Diego Vicente Tejera, Rafael de Castro Palomino, Gabriel Zéndegui y el ubicuo José Martí. The American Agency era “una casa comisionista que representaba a más de 44 empresas del país, entre ellas la compañía de jabonería y perfumería Colgate y la fábrica de máquinas impresoras R. Hoe & Co. Contaba con agentes en cuatro ciudades cubanas –La Habana, Puerto Príncipe, Santiago de Cuba y Manzanillo- así como en Puerto Rico, Santo Domingo, México, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina, Uruguay, España y todos los países de Centroamérica” (Ibid). Su primer director fue el mentado Rafael de Castro Palomino residente en Hoboken, NJ era "the son of a Cuban propietor of a stable in Manhattan and had lived for more than two decades in the New York metropolitan area, acting for many years as spokeperson for the mugrant community" (Lomas.94). hasta junio de 1883 en que José Martí se encarga de la redacción. No es hasta diciembre de 1883 en que Martí aparece oficialmente como director de la publicación puesto en el que se mantendrá  hasta finales del verano ese mismo año. La revista, que tuvo entre los sucesores de Martí en la dirección a los cubanos Gabriel Zéndegui y Diego Vicente Tejera y al ex –presidente colombiano, Santiago Pérez Manosalbas continuó publicándose al menos hasta 1893.

Las colaboraciones de Martí en la publicación anteceden y sobrepasan el período en que asumió su dirección comenzando al menos en marzo de 1883 y apareciendo algún  artículo en fecha tan tardía como 1887. Por mucho que el estudioso Enrique López Mesa insista en que entre “los años que median entre el 10 de agosto de 1881 –día de su regreso definitivo a Nueva York- y el 14 de marzo de 1892- día de la fundación de su propio órgano de prensa [se refiere a Patria]-  José Martí es un pensador en busca de medios de divulgación para sus ideas” (Lopez.54) lo cierto es que el objeto de la agencia que sufragaba la revista era como él mismo reconoce “era ayudar a los fabricantes norteamericanos a exportar sus productos hacia Hispanoamérica”. El propio Martí no se apartó demasiado de dichos objetivos comerciales imprimiéndoles sin embargo su personal densidad literaria. En las páginas de “La América” lo mismo aparecían glosas martianas de las virtudes de la luz eléctrica, o de cierta fábrica de locomotora o de cierta marca de tijeras de trasquilar ovejas que su bello e incisivo artículo sobre la inauguración del puente de Brooklyn. En este sentido si se compara con “El Espejo” del cual Cirilo Villaverde confesaba en una carta que “la política estrictamente mercantil […] no consiente la publicación de artículos amenos ni doctrinarios” las libertades que se tomaba Martí en “La América” resultan notorias. 
Calle Broad en 1929
Sitio correspondiente al 76 Broad
En sus inicios “La América” radicó en 76 Broad Street en la parte baja de la ciudad. Aquella zona, donde todavía radica el corazón financiero de la urbe era en aquellos tiempos también el lugar de mayor concentración de imprentas y sedes de publicaciones de Nueva York. 


Es en enero de 1884 que, coincidiendo con el momento en que "La América" estrena nuevo propietario, que se anuncia en la revista que “el domicilio social ha cambiado para el número 756 de la calle Broadway. Ubicado entonces en un sitio de intenso tráfico de la avenida más importante de la ciudad la publicación se aloja ahora en sede “de la New York Tourists’ Agency, compañía de la que es propietario el cubano Ricardo Farrés, avecindado en la ciudad” (Lopez.59-60). La nueva sede estaba en un área densamente comercial a medio camino entre la céntrica Astor Place y la New York University, una zona llena de lugares asociados con la actividad política de Martí en aquellos años.
Como ocurre con la inmensa mayoría de los edificios relacionados con la emigración cubana en el siglo XIX ambos hace mucho tiempo dejaron de existir. El de 76 Broad hoy es un espacio vacío en que se ha instalado recientemente una pérgola y un jardín mientras que el 756 Broadway fue derribado para dar paso a la construcción de la Wanamaker's Department Store a partir de 1902, tienda que a su vez cerró en 1955. Luego de un incendio en el edificio este “was sold to investors who converted it to offices, showrooms, and manufacturing lofts. The building is now occupied by retail space on the first and second floors, with offices above” (Presa.95). 


Bibliografía
Lomas, Laura. Translating Empire. José Martí, Migrant Latino Subjects and American Moderties. Durham & London: Duke University Press, 2008
 López Mesa, Enrique. José Martí: Editar desde Nueva York. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 2012.
Presa, Donald. NOHO historic District Designation Report. New York, 1999.

Wall Street National Register Historic District Report

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Un colegio fundado por Cirilo Villaverde en Nueva Jersey

Tomado del blog de la Academia de Historia de Cuba en el Exilio

Por Enrique Del Risco

En casi todos los breves resúmenes biográficos sobre el novelista Cirilo Villaverde (que como casi todos los escritores cubanos carece de una biografía más o menos decente) aparece una línea que por escueta al mismo tiempo resulta misteriosa. La línea dice: “En 1864 fundó, con la colaboración de su esposa, un colegio en Weehawken”. Pero el misterio no proviene del acto de fundar un colegio ni de que el lugar de la fundación fuese ese con tan extraño nombre. Lo misterioso es que ese dato aparezca como en medio de la nada, sin antecedentes ni consecuencias. El misterio se ahonda en mi caso personal porque en Weehawken, pueblo de Nueva Jersey situado en lo alto de un acantilado frente a la isla de Manhattan al otro lado del río Hudson pasé mis primeras semanas en los Estados Unidos. Viví aquellos días en una casa situada a unas decenas de metros del sitio exacto (si es que se puede tener certeza de ello) en el cual Alexander Hamilton murió a manos del vicepresidente de entonces Aaron Burr en un duelo que vuelve a ser famoso gracias a un musical de moda pero donde no hay ningún rastro que indique que allí hubiera fundado una escuela el novelista que inspirara la más famosas de las zarzuelas cubanas.
Misteriosa era sobre toda la absoluta falta de evidencias. Todos mis esfuerzos por encontrar algún rastro de aquella en los archivos municipales de Weehawken o en su biblioteca habían tenido como resultado la más perfecta nada. Y sin embargo revisando la correspondencia de la esposa del escritor, la famosa patriota Emilia Casanova encontré unas líneas que me devolvieron -junto con la certeza de que no se trataba de un espejismo- el impulso para seguir indagando en los rastros que pudo dejar dicho colegio. De cualquier modo las líneas de Emilia Casanova apenas eran más explícitas que las notas biográficas sobre su marido. Decía a una amiga el 17 de agosto de 1870: “Recuerdo vivamente la noche en que fue a visitarnos, en compañía de su hermano Juan Francisco, al otro lado del Hudson, en un colegio que Villaverde tenía en Weehauken, por los años de 1865 y 66”.  
La búsqueda en una base de datos monstruosa que incluye periódicos de todo el continente americano desentrañó por fin el misterio. Dos anuncios daban fe de la existencia del colegio. En uno, procedente del periódico habanero “El Siglo” se da aviso de un “Colegio Politécnico Inglés –Español” bajo la dirección de “C.P. Villaverde” con la “cooperación de profesores americanos y extangeros [sic]”. 

Se añade que dicho colegio está “montado sobre los planes de los mejores colejios de Europa y en él se da una instrucción científica y práctica a la altura de las necesidades de la época”. No debió de funcionar muy bien el colegio ni recibir suficientes estudiantes cuando apenas unos meses después el “New York Herald” publica el 10 de abril sendos anuncios ofreciendo alojamiento a tanto a una pareja como a unos cuantos caballeros.

No se daba una dirección precisa. Téngase en cuenta que Weehawken apenas llevaba unos años desde su fundación el 15 de marzo de 1859 y como se puede ver en la imagen abajoapenas contaba con algunas edificaciones en medio de la nada. 

Grabado de Weehawken Hights y lo que debió ser el edificio del colegio fundado por Villaverde, luego propiedad de John Hillric Bonn
La única referencia concreta a la ubicación es que “el establecimiento se halla situado en la hermosa quinta que fue del célebre Daniel Webster en las alturas de Weehawken”. Aunque en ninguna de las biografías consultadas del representante, senador y Secretario de Estado de tres presidentes distintos se menciona el hecho de que viviera o tuviera propiedades en Weehawken en cambio en varias historias del condado de Hudson se alude de pasada a este hecho. En una de ellas al referirse al empresario John Hillric Bonn, emigrado alemán y fundador del sistema ferroviario del condado de Hudson dice que este y su esposa luego de mudarse un tiempo al vecino Hoboken “They returned to Weehawken in 1867 and made that city their permanent home, settling on the spot formerly owned by Daniel Webster, the statesman”.
Ferrocarril elevado al El Dorado Amusement Park, Weehawken construido por John Hillric Bonn

En otra historia de Weehawken se precisa por otra parte que Bonn fue “one of the pioneers of North Hudson, who settled in Weehawken, in 1857, had a large estate in the heights section (2nd Ward) and lived in a large house at what is now known as #530-Gregory Ave. There is a story told that one time Daniel Webster owned”. 

Vista aérea de parte de Weehawken marcado con la dirección del 530 Gregory Ave.
Establecida la ubicación exacta de la escuela todavía quedaría bastante por averiguar: fechas exactas de fundación y cierre, nombres de los profesores “americanos y extranjeros” que dieron clase allí, la dimensión de la matrícula que llegaron a tener, las materias que se daban. Por los dos anuncios sueltos encontrados puede deducirse que se trataba de una escuela de perfil técnico, enfocada a un estudiantado fundamentalmente cubano para prepararlo para ingresar en la educación superior norteamericana un destino cada vez más frecuente entre los jóvenes cubanos en aquellos días.  “Entre las décadas de 1860 y 1880, hasta una cuarta parte de los estudiantes en el Rose Hill Campus de St. John’s College (hoy día, Fordham University) tenían apellidos españoles. La mayoría venía de Cuba”. 
Sin embargo no parece que la escuela consiguiera prosperar cuando al año siguiente de estrenada intentaba complementar sus ingresos con el alquiler de habitaciones y debiera cerrar poco después. Resulta en cambio relevante para el condado de Hudson –el sexto más densamente poblado del país- con visible presencia cubana (28,900 personas de origen cubano en 2013) y con un 42% de población de ascendencia latina contara en fecha tan temprana con este proyecto de educación bilingüe, (posiblemente el primero en todo el estado) antecedente del Instituto Estrada Palma (fundado por Don Tomás Estrada Palma inicialmente como Instituto Cornell en 1883) en Central Valley, Nueva York y del actual sistema educativo del condado de Hudson Nueva Jersey. 

Bibliografía

Apuntes biográficos de Emilia Casanova de Villaverde. [Escritos por un contemporáneo] Nueva York: 1874.

Harvey, Cornelious B. Genealogical History of the Bergen and Hudson Counties. The New Jersey Genealogical Publishing Company, 114 Fifth Avenue, New York, 1900

Kirk, Edward J. Weehawken History, 1932.
http://files.usgwarchives.net/nj/hudson/history/local/weehawken.txt

Nueva York (1613-1945)
https://www.nyhistory.org/web/PDF/nuevayork/NuevaYork_LARGEPRINT_SP_FINAL.pdf

Winfield, Charles. History of the Hudson County. NEW YORK: KENNAUD & HAY STATIONERY M'FG AND PHINTING CO.No. 89 Liberty Street.1874.

martes, 15 de noviembre de 2016

"Cuba"

Anoche asistí al pre-estreno de una exposición que abrirá el próximo 21 de noviembre en el Museo de Historia Natural de Nueva York sobre un país que me encantaría conocer. Todo un despliegue de imaginación y fantasía en un país que alimenta los altares de sus orishas con manzanas, peras y uvas. Desde que Colón se llevó a España un puñado de taínos cubiertos con plumas de papagayo nunca se había captado la vida cubana de modo tan profundo y vibrante
A la enrada de la expo el transporte favorito de la familia cubana

Típica calle cubana. En primer plano un bicitaxi y como dice la famosa canción "en cada cuadra una Casa de la croqueta/ en cada barrio un ranchón"

"Su rico guarapo". Todo producto nacional excepto por la sonrisa importada desde Corea del Norte.

"Productos cárnicos". Disculpen la mala calidad de la foto pero el pulso me tembló ante semejante aparición

Despliegue de color y fantasía en la instalación intitulada "Productos normados"

Un país frustrado en lo esencial alimenticio puede alcanzar virtudes por otros cotos de mayor realeza como la poesía: "En la actualidad Cuba cultiva la mayoría de sus frutas y verduras principalmente mediante métodos orgánicos utilizando más labor intensiva que combustibles fósiles"

Instalación "Turistas" utilizando yumas auténticos

Típico radio cubano diseñado para captar las noticias del vibrante futuro que nos espera
Todos los cubanos del área presentes anoche nos marchamos un tanto angustiados por haber abandonado un país tan bonito y atractivo. Si algún día nos repatriamos habrá que agradecérselo a exposiciones como esta. 

martes, 1 de noviembre de 2016

Miravalles

El editor Manuel Iglesias me pide un párrafo en memoria del ayer fallecido actor Reynaldo Miravalles para su blog Cines es cortar, párrafo que reproduzco acá con algunos retoques y adiciones:


“Era el rostro del cine cubano”, eso podremos decir a coro, pensando que durante las más de tres décadas que duró su reinado sobre la cinematografía local hubo muy pocas películas medianamente importantes que se le escaparan. O papel que no hiciera memorable con su voz estridente y sus ademanes que desgarbados y sin embargo precisos. Pero también –y en esto debo andar menos acompañado- Reynaldo Miravalles representa para mí la dignidad de la pantalla cubana, grande o chica. No solo la dignidad puramente profesional de su arte sino de su humanidad. Piénsese que entre los personajes que encarnó fueron escasos los héroes. Lo suyo eran los seres que el mundo nuevo que se construía había condenado a la extinción: pícaros, buscavidas, alzados contrarrevolucionarios, burgueses arrinconados por los cambios sociales, campesinos que resistían con terquedad los planes con que la Revolución pensaba atiborrarlos de felicidad. El hombre viejo, en suma. Donde otros se conformaban con representar caricaturas para solaz ensañamiento de las nuevas generaciones Miravalles le concedía a sus personajes la dignidad que por todos lados le negaban, incluso cuando la Historia y el Guión parecía condenarlos sin remedio. Que el respeto por un principio básico en su profesión pueda extenderse a eso que llamamos condición humana no debe ser asunto trivial. Ante esto poco definitiva parece la muerte de alguien que supo animar tantas vidas distintas y su noticia apenas un pretexto para dedicarle el homenaje que siempre le hemos estado debiendo.

jueves, 20 de octubre de 2016

¿Dónde se creó (exactamente) la bandera cubana?

Nunca he descubierto nada. Ni siquiera pretendía descubrirlo. Sin embargo me di cuenta de que no se sabía el lugar exacto donde se había creado nada menos que la bandera cubana. Todo lo que se repetía eran un par de calles. Pues con una mezcla de empeño y buena suerte creo haber descubierto la dirección exacta en la que en junio de 1849 Narciso López se reunió con Miguel Teurbe Tolón para darle forma definitiva a la bandera cubana. Y la dirección es 47 Warren Street, NY, NY. Confieso que cuando lo descubrí me sentí un Indiana Jones de bolsillo. Ya sé que es una tontería pero durante más de 160 años los cubanos nos hemos dedicado a olvidar esa dirección. Déjenme disfrutar recordársela. La explicación de cómo llegué a esa conclusión pueden leerla aquí y aquí

Post Data: No poca responsabilidad en este penoso retraso en las investigaciones sobre el tema recae sobre la paradoja de que de los tres símbolos oficiales del Estado cubano (el escudo, la bandera y el himno) dos fueron creados en el corazón del país que la ideología imperante desde hace seis décadas ha convertido en enemigo mortal. Ni que la encarnación de esa paradoja, la controvertida figura del general venezolano Narciso López, pasara de ser de precursor (cuestionable) de la independencia cubana a mero anatema. Tampoco en que el mayor especialista tuviera que marchar al exilio dejando atrás su archivo que a continuación sería saqueado y destruido por representantes de la triunfante revolución. Al respecto el historiador Antonio de la Cova me ha contado recientemente en comunicación personal:
"Herminio Portell-Vilá, con la ayuda económica del Dr. Antonio Eligio de la Puente, compró el archivo y el diario de Cirilo Villaverde cuando su hijo [Enrique?] lo puso a la venta. Con dicha documentación, Portell-Vilá basó sus tres tomos de Narciso López y su época (1930-1958). Portell-Vilá, con quien me comuniqué con frecuencia en los 1980s antes de fallecer el 13 de enero de 1992, a los 90 años de edad, indica que el diario de Villaverde tenía errores de fecha y parece que copió el original y le hizo cambios. Portell-Vilá se me lamentó varias veces que al salir al exilio en 1959, los “bandidos” castristas le saquearon su casa y “me robaron mi biblioteca y mi archivo,” incluyendo el diario de Villaverde, que se perdieron para la historia".
Insisto, esto es asunto que debe ser estudiado a profundidad por profesionales y no menos aficionados como yo. Porque al margen de que la bandera fuera diseñada en tal o más cual calle lo relevante es el denso y complejo tejido político, económico y social que conectaba a una nación con otra que pugnaba por independizarse tomándola como referencia y modelo cuando no destino. En fin, que se necesitan recuentos adultos entre tanta historia infantil.

lunes, 17 de octubre de 2016

Risa amarga

De izquierda a derecha Elisa Tótaro (Venezuela), Rayma Suprani (Venezuela), Enrisco (Cuba), Bonil (Ecuador), Feggo (México) y Juan Andrés Ravell (Venezuela).

Ultimos párrafos del discurso que di el sábado en la conferencia "Bitter Laughter: political satire in Latin America":

"Debe recordarse a Borges, quien tantas veces se equivocó en política (y tantas veces acertó) cuando dijo que “las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de caudillos, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes del escritor”. Y el primer deber del artista satírico, agregaría yo. Aquellos eran otros tiempos, claro. Ahora se comprende que no siempre hay que apelar a la violencia para arribar al poder o mantenerse en él. No hay por qué exterminar pueblos enteros si se pueden masacrar sus neuronas. Las técnicas de control social han cambiado aunque la idiotez sea la misma. En cualquier caso el deber de la sátira seguirá siendo el de combatir esas tristes monotonías que nos exigen que abdiquemos nuestras obligaciones como seres pensantes. Esas monotonías que se empeñan en derrocar para siempre el sentido común para que aceptemos que dos más dos es igual a cinco. O que la redención eterna se alcanza con la llegada de determinado político al poder. Antes hablaba de la simple y ardua tarea de la sátira política de denunciar la desnudez del poder. Pero incluso esa, por decisiva que parezca no es la única ni la más importante. Más importante aún es defendernos de la estupidez y del sin sentido que inevitablemente generan las pasiones políticas. Y más ahora cuando comprobamos que ningún rincón de este universo –no importa cuán civilizado y democrático se pretenda- puede sentirse a salvo del imperio de la idiotez. De nada vale que ataquemos lo que nos parece injusto y ridículo sin al mismo tiempo defender y conservar al menos común de los sentidos, ese que nos permite comprobar a cada rato quiénes somos en realidad y quiénes debemos intentar ser. Ese sentido común que nos hace entendernos por encima de nuestras inevitables diferencias. Ese sentido común que nos recuerda que nuestra clasificación como homo sapiens quizás sea exagerada pero nunca deberá dejar de ser un anhelo legítimo"

lunes, 3 de octubre de 2016

En Viceversa

Hoy la revista Viceversa publica una entrevista con un servidor donde me preguntan sobre casi todo para terminar con la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos:
Todos piensan que en los últimos cincuenta años Cuba estaba en una suerte de guerra con Estados Unidos. La verdad es que en Cuba la guerra es entre un gobierno y su gente. Ahora se está llegando a una paz con el enemigo falso pero el enemigo real, constituido por los cubanos, está perdiendo. Basta pensar que el año pasado se fueron 42mil personas, casi 10mil más de las que salieron durante el grande éxodo del ’94. El cubano sabe que perdió la guerra, que ya no tiene esperanzas, y por eso está escapando. Amigos míos que no salieron en los años ’90 lo están haciendo ahora para evitar que sus hijos tengan sus mismas vidas. Yo conozco a todos los grandes disidentes cubanos. Ellos son los únicos que hablan de Cuba con optimismo. En todos los demás cubanos la desesperanza es muy profunda, casi antropológica. Sistemas como el cubano no se conforman con tener el poder político, quieren cambiar a la gente y saben que para hacerlo necesitan ejercer un poder absoluto sobre la educación, los medios, la economía. Lo del hombre nuevo es una realidad, pero es un hombre resignado, ansioso, agresivo. Lo que me sorprende es ver que a pesar de todo sigan surgiendo personas decentes, curiosas, con aspiraciones. El ser humano es realmente asombroso.
Para ver la entrevista completa pinchar aquí