viernes, 16 de diciembre de 2016

José Ramón Fajardo Atanes o vivir y morir en el submarino amarillo

Ni siquiera de la fecha de nacimiento puedo dar seguridad. Ecured, la Wikipedia del pobre, dice que nació en 1953 pero un amigo me corrige afirmando que nació en 1957*. Tampoco recuerdo cómo di con él aunque en aquellos días vivíamos a metros de distancia. Hacía rato que había publicado su único libro, el que le había dado el premio juvenil más importante del país y la condición oficial de escritor (que no de escritor oficial, que eso nunca fue). Un libro con un título que todavía sonaba subversivo –Nosotros vivimos en el submarino amarillo- en tiempos en que apenas se levantaba la veda contra los chicos de Liverpool pero con cuentos que sobreviven a la veleidad de las prohibiciones. Porque Fajardo escribió cuentos de becas y escuelas al campo cuando todavía no eran un subgénero del realismo postsocialista, (esas cosas atroces empezando por los subgéneros) y podía contarse aquella realidad andrajosa con frescura y penetración.

Cuando lo conocí ya Fajardo llevaba años de encierro en su caserón de La Víbora, acompañado de un perro enorme y cocinándose el hígado lentamente (Pepe no tenía apuro para casi nada) con los peores alcoholes del mercado en una época en que lo peor era lo único que había. Fajardo no aprovechaba mis visitas para obligarme a leer algún cuento suyo (que es mucho más de lo que puede decirse de la mayoría de los escritores) sino para ofrecerme lo más espléndido que encontraba a mano: su alcohol asesino, espacio en alguna antología que andaba preparando sobre el SIDA (y en la que no me animé a participar), la lectura generosa de mi último manuscrito en aquellos días y, sobre todo, su conversación. Una conversación llena de muertos recientes, de suicidas que en aquellos años se habían convertido en epidemia, de desencantos algo más viejos que los suicidas pero también de mucho humor, un humor que parecía inmune a la muerte y al desencanto. Tuve la tremenda suerte de reencontrarme con él hace un par de años en Miami pero ya para entonces era como recibir un adelanto de la noticia que me dieron ayer: su cuerpo y su voz eran frágiles como si cargara con muchos más años de los que llevaba acumulados aunque esa condición amable que lo definía siguiera intacta.

Hoy, he vuelto como por primera vez a su cuento más famoso. A reencontrarme con aquella voz que iba a buscar al caserón de La Víbora hace muchos años. Me acerqué –lo confieso- como con los ojos entrecerrados. Con el temor a encontrarme con algún detalle que no estuviera a la altura de mi recuerdo de Pepe, alguna fractura donde antes todo parecía sólido. Pero en ese cuento en el que cubre su estructura delicada y perfecta con salpicaduras de fango y gofio (un relato que puede leerse como "Una semana de Totico Denísovich y sus socios en la escuela al campo") me di de bruces con la decencia del autor. Una decencia –en este caso narrativa- no muy distinta de aquella con la que Pepe se acercaba al mundo, empezando por sus amigos. Una decencia que protege sus palabras contra el tiempo y les hace decir más cosas incluso que las que pudimos leer cuando aparecieron impresas (eso también es mucho más de lo que puede decirse de la mayoría de los escritores). Y lo primero que nos dice Pepe es que la decencia misma no es cosa barata. Sobre todo en los sitios donde más escasea.

*Otro amigo muy cercano a Fajardo, Luis Leonel León precisa que su fecha de nacimiento fue el 13 de febrero de 1957. Y la de muerte, al parecer, este 13 de diciembre.

[Puede encontrar el PDF del cuento -le falta una página, por cierto- aquí

De izquierda a derecha: Luis Leonel León, Enrique Del Risco, José Ramón Fajardo en el patio de la casa de Armando Tejuca, en Miami, septiembre de 2014

7 comentarios:

Rodolfo Gonzalez-Almaguer dijo...

Enrisco:

Aunque conozco que no soy "santo de tu devoción"(ignoro el motivo) deseo agradecerte tu texto sobre Pepe Fajardo. Mi amistad con él fue sólida. De hecho Ramoncito Fernández Larrea y yo fuimos sus mejores amigos a principios de los años 70.
Saludos,

Rodolfo González Almaguer

Enrisco dijo...

Me sorprende que pienses eso de mí. Si alguna vez no he sido lo suficientemente atento contigo -algo que no descarto con la velocidad que se vive por aca- te ruego que me disculpes. Y me alegro que compartamos amistad con alguien tan bueno como Pepe.

Rodolfo Gonzalez-Almaguer dijo...

Gracias por tu amabilidad. No hay nada que disculpar. Comprendo el frenesí de estos tiempos. Y aprovecho la oportunidad para reiterarte mi admiración por tu obra y por tu postura vertical en el tema de Cuba.Necesitamos a muchos Enriscos. Cualquier día de estos conversamos sobre nuestro querido Pepe Fajardo.

Un gran abrazo,

Rodolfo

Teresa Dovalpage dijo...

¡Qué hermoso homenaje! Este es uno de los pocos libros que traje de Cuba. Mi cuento favorito de la coleccion es sobre el muchacho que aprende a bailar rock para conquistar a una chiquita y termina con una imagen de "la guitarra que Eric Clapton empuña furibundo."
¡Gracias por el recuerdo y feliz Navidad!

Enrisco dijo...

Gracias Teresa. Yo lamentablemente no tengo su libro conmigo.

Miguel Ángel Fernandez dijo...

Bueno pues yo debo de haber sido uno de los personajes de ese libro, compartí con Jose Ramon ( Monchy, como le decíamos) esos años de Escuelas al Campo. Más nunca lo vi, nunca nos volvimos a encontrar, me he enterado de su muerte no sin pesar. Ahora no vivo en Cuba y me gustaría muchísimo leer "Nosotros vivimos en el Submarino Amarillo". Como lo puedo encontrar? En todos lados esta agotado. Mi email: miguelfernandez@inbox.com

Miguel Ángel Fernandez dijo...

Como puedo tener ese libro? Conocí a Monchy como le decíamos en la Escuela Edison, secundaria básica y compartimos escuelas al campo juntos, un amigo común me dijo que éramos unos de los personajes. Más nunca vi a Monchy después de aquello, supe de su muerte por el mismo amigo, no vivo en Cuba ahora. Mi email es : miguelfernandez@inbox.com