miércoles, 1 de octubre de 2014

“¿La Habana hoy? Más vale que no hable de ella”

Como complemento a estas declaraciones sobre el acoso cederista a Dulce María durante décadas se puede ver este fragmento del legendario documental de Jana Bokova “Havana” (1990) que recoge un segmento de la realidad ya demasiado habitual pero toda una rareza en la época que se filmó a lo largo de los años ochenta. (Para ver el documental completo seguir las catorce partes en que está dividido a partir de aquí). 


En este fragmento se pueden ver la entrevista a un hijo del pintor Fidelio Ponce de León y al escritor Carlos Victoria:


Y en los siguientes dos fragmentos la entrevista a Reinaldo Arenas que el actor Javier Bardém reprodujera con tanta fidelidad en la película “Before Night Falls”:




7 comentarios:

Maria A. Cabrera Arus dijo...

gracias, Enrique, por el enlace. No lo conocía.

Nausea dijo...

Más pruebas, que por supuesto sobran, de la absolutamente asquerosa mezquindad del castrismo, de su despreciable vulgaridad--y lo peor de todo, de su gran poder para corromper. Ahora, eso sí, la chusma diligente nunca falta. Evidentemente hubo tal chusma en cada cuadra poblada de Cuba, y eso no lo creó el castrismo; eso estaba ya presente desde antes, aunque fuera de forma latente. Y todavía hay gente culpando de todo a Fidel y si acaso a unos cuantos más, como si el “pueblo” no hubiera tenido nada que ver con la ignominia y el horror. ¡Ay, Cuba! Estabas minada de antemano, llena de gente que disimulaba u ocultaba su verdadera naturaleza, y el castrismo simplemente abrió la caja de Pandora--una forma elegante de decir que destapó la olla podrida. Habían muchos polvos, demasiados, y por eso vinieron tantos lodos. Y repito, todavía se sigue dorando la píldora y poniendo paños tibios—todavía.

Enrisco dijo...

Ay nausea, el castrismo como cualquier sistema totalitario no inventa la miseria humana pero si la organiza. Aca, con todo lo lejos que parecen actitudes asi a cada rato uno se encuentra con muy buenos candidatos a presidente del CDR. Y bastó un cicloncito y que faltara la gasolina para que empezaran a aflorar todo tipo de miserias. Lo que digo siempre: no somos tan especiales nada.

Nausea dijo...

Sistemas como el castrismo no solamente organizan la miseria humana, sino que la alientan, la protegen y la premian--y por supuesto se valen de ella. Y no, no somos especiales, pero seguimos dando pena.

Realpolitik dijo...

Imaginen gente carente de distinción o mérito, no sólo mediocre (o menos), sino baja y dispuesta a servir al mal. Imaginen tal gentuza acosando rutinariamente, por pura mala idea, a una mujer mayor de edad, aislada e indefensa, que no representaba peligro ni amenaza alguna, y que no podía ni siquiera quejarse a las autoridades, pues las autoridades estaban detrás del acoso.

El asunto fuera infame si se tratara de una mujer ordinaria, pero esta víctima era algo muy superior y muy especial en varios sentidos: abolengo, cultura, carácter y talento--una gran señora y gran poeta; una figura insigne y venerable a nivel nacional e internacional. Fallan las palabras para describir ese nivel de vileza rastrera y zarrapastrosa, aunque es algo completamente típico del castrismo y lo fue desde su comienzo. Es que aunque la hubieran dejado tranquila en su encerramiento, simplemente saberse rodeada de tanta inmundicia y podredumbre humana ya era una desgracia y un tormento.

La gran Loynaz, entre muchas otras cosas, fue un perfecto ejemplar de algo observado por Martí: cuando hay mucha gente sin decoro, hay ciertas personas que tienen el decoro de mucha gente. Ella nunca se "acomodó" ni se rebajó, y mucho menos se vendió. Se mantuvo firme, aparte, en su lugar--años de luz distante de una Fina García Marruz, por ejemplo. La Loynaz encarnó un concepto muy antiguo y acendrado: Noblesse oblige. Qué descanse en paz.

Anónimo dijo...

Además de todo lo dicho, la inmensa capacidad de perdonar (tan poco común entre nosotros los cubanos, dicho sea de paso). Tuve -trabajando en una Feria del Libro- el privilegio de ver de lejos a la Sra. Dulce María Loynaz. Jamás olvidaré su presencia y su humildad, propia de seres de una grandeza superior.
Cuanto más grandes somos en humildad, tanto más cerca estamos de la grandeza. Rabindranath Tagore

Nausea dijo...

La García Marruz, tan catolicona ella, igual que su marido Cintio Vitier, es doblemente despreciable, por aliarse al castrismo y pretender ser toda una beata y super martiana para colmo. Los dos representan sepulcros blanqueados, en el sentido bíblico. Los dos, por cierto, firmaron la infame carta del 2003 apoyando que el gobierno matara a tres hombres de color por intentar fugarse de la finca del Mayoral Castro. Puro asco.