viernes, 5 de agosto de 2011

José Martí: el ojo del canario

Sólo muy de vez en cuando –cada dos o tres años digamos- me atrevo a incurrir en esa variante del masoquismo que es ver cine cubano para al final preguntarme por qué insisto en confirmar lo que ya sabía: que las películas cubanas siempre consiguen que, abrumado de vergüenza ajena, dedique más tiempo a mirar al techo o al suelo que a la propia pantalla. Por eso no tenía razones para pensar que la película de Fernando Pérez “José Martí: el ojo del canario” podría distanciarse demasiado de un subgénero donde campean la cobardía, la mediocridad y la falsa audacia. Las reseñas oficiales con sus alabanzas huecas -pese a reconocerle un carácter “polémico” que no se atrevían a explicar- no me animaban a verla. Tampoco las “extraoficialistas”con su insistencia en ciertos guiños y alusiones porque desde que uno adquiere la mala costumbre de vivir en un sitio con libertad exterior esos mensajes en clave de los que se sirve buena parte del arte cubano para decir cosas tan elementales como que la libertad es necesaria en realidad no dicen nada. Y por si fuera poco estaba el tema escogido por Fernando Pérez para su película, la infancia y la adolescencia del fantasma en torno al cual se ha organizado la nación cubana en el último siglo. ¿Se podía esperar algo bueno de aquello?

Ciertas casualidades me llevaron a ver la película y quizás mi falta de expectativas me ayudaron a soportar los primeros minutos salpicados de actuaciones disparejas y en el que campeaba un acento más propio de la Centro Habana actual que de una sociedad que se distinguía peldaño a peldaño de su escala social por el cuidado y la corrección con que se hablara el español. Fuera de eso todos fueron sorpresas porque de lo que se trataba en la película de Fernando Pérez no era de la infancia de un fantasma sino del desarrollo de un ser real y de carácter muy especial –inteligente, responsable pero sobre todo muy sensible- en circunstancias particularmente opresivas. Y la opresión en la película –como suele suceder en la vida real- empieza por casa (la ruda y estentórea del padre pero también la tierna y envolvente de la madre –asumida por Broselianda Hernández en la única actuación memorable de la película-) y prosigue en la escuela hasta chocar con los defensores entusiastas del Poder que nunca faltan. Ese choque entre sensibilidad y opresión -descrito exquisitamente por las imágenes de la película antes que por los diálogos- explica mucho mejor la realidad del Martí adulto que todas sus biografías.

Pero los méritos de “José Martí: el ojo del canario” van bastante más allá de explicar los inicios de una vida por importante que nos parezca. Es la primera película cubana en la que se aborda la infancia como drama –drama tan ajeno para un adulto como decisivo- y lo hace con la delicadeza especial que lo requiere un tema para el que siempre nos faltarán palabras. Ciertos dramas menores le ayudan a darle profundidad: el de la honestidad inútil del padre en una sociedad corrupta, el de la abdicación en sus ideas del condiscípulo que hasta entonces se destacaba en proclamarlas. Al Martí de la película se le humaniza -algo que muchos martianos abominarán guiados por esa religiosidad oscura de que humanizar rebaja- pero nos deja a cambio algo que compartir con el apóstol: todos hemos sido Martí en nuestras firmezas y él fue todos nosotros en sus debilidades.

Tengo por la esencia de la película, su mayor sabiduría, el momento que va desde que presionado por su madre (y por el cañón del revólver de un voluntario) se ve obligado a decir quedamente “Viva España” hasta la escena en que Doña Leonor le pide que se retracte de la famosa carta a un condiscípulo y así eluda la prisión y el adolescente Martí le responde que esa vez lo perdone porque ha decidido obedecer a su propio mandato. Porque el gran tema de la película es el de la libertad del ser humano como noción que sólo se adquiere a cabalidad allí donde se le impide ser. Frente a esto son perdonables esos oficiales españoles que hablan como guagueros de la 64 o esos adolescentes incapaces de darle a un texto la entonación y los gestos que demanda porque Fernando Pérez ha demostrado en esta película –más que en las anteriores- ser un artista sensible y honesto como pocos pero no es un mago. Abajo, la película en youtube, completa. Después me dicen:

16 comentarios:

Anónimo dijo...

Chamaco no pusiste el enlace a you tube, una mancha en el expediente

Anónimo dijo...

Existen técnicas para mejorar la dicción, no entiendo como no se trabajó eso. La verdad es que se le podría proponer doblarla a la altura adecuada y hasta subtitularla. En este caso las personas que no puedan escucharla o el público que no sea de habla hispana disfrutará mucho más de ella. Me queda la duda si ha sido un descuido.
Selma

Anónimo dijo...

Y si no es un descuido...que hay detras de eso? expliquese...

Anónimo dijo...

Esta un poco larga, pero definitivamente me gusto.
Sds
El Cris

Anónimo dijo...

Lo mejor de la pelicula, el comentario o critica de Enrisco. La escena en que se discute sobre la democracia en Cuba no tiene precio ni edad, aunque dudo mucho que un debate tan vulgar tomase esa forma en pleno siglo diecinueve. Lo que si queda en evidencia es como los cubiches de entonces gozaban de mucha mas libertad de expresion que los de ahora. Guerra, alzamiento, periodicos, etc. Si esos españolitos, tan inofensivos, hubiesen tenido al Fifo como Capitan General, Jose J. Marti nunca hubiese caido en Dos Rios, pues seguramente algun caballo desbocado, o algo por el estilo, lo hubiese aplastado mucho antes de darse a conocer como patriota, e incluso que pareciera un accidente, sino por otra cosa, para evitar la ira de sus fieles y leales padres.

Michael H. Miranda dijo...

Fernando Pérez debe ser el único director en el mundo capaz de hacer una película bastante digna con sólo dos actores: Broselianda y Rolando Brito. Muy buena tu reflexión sobre ella y gracias por postearla.

Silvia Mendez dijo...

Muy bueno tu comentario y la película en mi opinión también, creo que lo de la dicción es intencional, no me parece que a Fernando Pérez se le escape algo tan evidente.

Anónimo dijo...

La pelicula no esta mal pero muy inferior a Suite Habana.

Enrisco dijo...

Silvia (y Selma): sospecho que quizas en principio trato de acercarlos al siglo XIX con la diccion como hizo con el vestuario y la escenografia pero ante la imposibilidad decidio que tenia mas sentido que hablaran como pudieran siempre que les saliese natural porque despues de todo lo iba a acercar al publico que le mas le interesaba.

anonimo 14:06: como cine posiblemente sea inferior a Suite Habana (sin contar con que resulta mas facil retratar la habana como es que como fue). pero por razones que sobrepasan el mero hecho cinematografico y que son mas profundas que la politica me resulta mucho mas interesante El ojo del canario.

Silvia Mendez dijo...

De acuerdo Enrisco, si no podes mejor algo, lo mas sabio es usarlo a tu favor.
Fernando Pérez siempre me emociona, la escena donde se esta cantando el coro de esclavos del Nabuco, me hizo llorar.
Saludos desde Montevideo

Anónimo dijo...

Enrisco:

Es imposible entender tu inefable argumento ya que no me das las razones para el mismo aunque pueda simpatizar con la secreta simpatia que nos une a un objeto artistico. Lo que me deja insatisfecho es que la pelicula no deja de ser una alegoria nacional lo cual la coloca en una poetica que han superado lo poco que se puede ver del cine latinoamericano actual: Lucrecia Martel( La cienaga y Nina Santa) y Carlos Reygadas( Japon y Luz Silenciosa); por solo citar dos ejemplos, aunque he de confesar que no hay mucho mas. Tu propia literatura dio ese salto con tu libro Que pensaran de nosotros en Japon? No veo por que se le debe exigir menos al cine.

Enrisco dijo...

tratare de ser menos inefable. en primer lugar el cine cubano y latinoamericano en general me parece tan malo y pretensioso que no me deja otra opcion que rebajar las expectativas. de ahi que a la literatura -que depende mas del talento individual y no del estado de una industria- se le pueda exigir mas. pero mas alla de eso si no concebimos lo artistico solo como suma de detalles tecnicos sino como algo que para mi es mas importante -contribuir a modelar nuestra vision del mundo, aunque sea en una escala muy modesta- entonces esta es una obra atendible. en primer lugar por la vision que nos da de ese hecho tremendo que es la infancia. en segundo porque se trata de la infancia de un mito (que es el mecanismo mas poderoso que tenemos para imaginarnos y modelar el mundo)al que no creo que rebaje sino que mas bien lo rellena de sentido, un sentido muy humano por otra parte. yo he leido bastante a Marti incluida varias biografias sobre el y ninguna me resulta tan convincente sobre esos años formativos que la version de Fernando Perez. ese impulso que acompaño a Marti durante toda su vida ahora se me hace mas claro a traves de la dinamica que plantea la pelicula entre sensibilidad y dignidad herida. ahi nos dice que tan importante fue su enfrentamiento al integrismo español como a la incomprension de los padres, incomprension muy logica por otra parte porque quien quiere tener un hijo apostol? es el cuidado con que la pelicula resuelve cada uno de esos problemas (a nivel de imagenes de dialogos, situaciones y argumento mas que de actuaciones que lamentablemente son bastante flojas) lo que me sorprende y me resulta grato pensar que en el cine cubano no se ha perdido la capacidad de lidiar con alguna dignidad esos problemas, algo que ya daba por descartado.

Anónimo dijo...

Enrisco:

Linda tu idea de la importancia de pensar la infancia de un mito; pero creo que merece ser utilizada para mejores propositos. Para decirlo mas claro: la idea es buena; la pelicula no. Creo que el que tenia razon era Borges: Marti no es mas que una superticion antillana.

Enrisco dijo...

la farse de borges tan llevada y traida es una manera de decir que ni lo ha eido ni le interesa algo totalmente comprensible (que podia enseñarle Marti a un tipo como Borges?) aunque por otra parte Marti cumple un viejo anhelo borgeano, el de la accion y la muerte heroica. supersticion, mito, hay diferencias de grado pero esta apuntando a esa condicion inasible no solo de lo extra literario sino lo sobrenatural. en cuanto a si la pelicula es buena o no me importa poco. la terminé de ver con gusto -a pesar de lo que me choco al comienzo-, me sorprendio y me puso ante cuestiones interesantes. con eso me basta. usare una imagen cruel. digamos que estamos viendo unos paralimpicos y yo celebre la carrera del campeon que tiene una protesis y me vengas a decir que Usain Bolt corre mejor. te debo dar la razon pero ser de un parapais lleva sus obligaciones y sus deberes.

Anónimo dijo...

Enrisco:

Pero no te parece que la idea que tienes de tus deberes de para-ciudadano te pone en un plano similar a los latinos que aman El olor de la guayaba o The House of the Mango Street porque se creen representados por esos para-libros y apelan como justificacion a un orgullo identitario que nunca he entendido: como se puede sentir uno orgulloso de algo tan mediocre?. Pertenecer a un para-pais tiene algo de atavico. Uno lleva a esa carga con esa resignacion que tenemos ante lo inevitable analoga a la que sentimos ante un defecto fisico o un trastorno mental( y esto te lo digo por propia experiencia) pero de ahi a sentirnos orgullosos de eso y de tener que disfrutar de los productos "culturales" que ese grupo pueda generar hay una gran distancia. La literatura y lo mejor de la cultura nos regala la mejor libertad posible: ser del lugar de las obras que nos sedujeron, que nos enamoraron. Yo, por lo tanto, soy de la tierra de Beckett, de Proust, de Borges, de Faulkner y, por que no, de Lezama y de Virgilio Pinera.

Enrisco dijo...

Sí, es una suerte de resignación -que no orgullo porque orgulloso no estoy ni de Arsenio que no es mi padre ni mi hijo. Ya me gustaría ser sólo de la tierra de Faulkner y de Borges pero (ese "pero" es la esencia de esa resignación) no puedo negar que soy también de la de Martí o de la Fernando Perez (y ay de mi, hasta la de Fidel Castro). y ante eso me basta un atisbo de decencia -cualidad tan escasa en latitudes donde siempre esta siendo puesta a prueba- para reconocerla. se puede aspirar a mas -de ahi que la resignacion sea mas un punto de partida que un destino- pero ignorar esos valores minimos es la manera mas segura de engañarnos, de perder el rumbo.