viernes, 18 de junio de 2010

La lengua suelta No. 60

Fermín Gabor ataca de nuevo. Esta vez en las áridas praderas de la calle 8:


EL TIEMPO ESTÁ BUENÍSIMO PARA HACERSE LA VÍCTIMA






Antón Arrufat recibió una invitación de Norberto Fuentes para que lo visitara. A Miami lo había traído un congreso universitario sobre el teatro cubano de los años sesenta. Era, en el fondo, un pretexto para aruñar unos dólares, abastecerse de pacotilla, morder fibra y coger un poco de aire antes de regresar a su panteón habanero. Y, aunque era raro estar tomándose una Materva bien fría en el Versailles, más raro aún fue recibir aquella invitación de Norberto.


Nunca habían sido amigos. Escribieron, por la misma época, sendos tratados militares: Los siete contra Tebas, Condenados de Condado. Pero Fuentes era incapaz de soportar a quien no ostentara grados en sus charreteras y, aunque el concepto de amistad practicado por Arrufat incluyera emboscadas, intrigas y puñaladas traperas, esas campañitas no engrosaban historial bélico suficiente. ¿Qué iban a hacer al juntarse? Lo mismo que en el congreso académico: hablar del pasado.La vejez es el tiempo de la rumia, no importa con cuál carácter haya afrontado cada quien el mundo. De manera que Arrufat no encontró mala la idea de visitar a Norberto. Pudo empujarlo, incluso, cierta preocupación por el presente: quería comprobar con sus ojos qué exilio se gastaba el antiguo favorito de los jefes. Iban a reencontrarse en nombre de una amistad nunca existida, iban a armar la rebatiña de dos arqueólogos por un tesoro exiguo. Los reunía a los dos, más que el pasado, el deseo de examinar cuán pocas promesas habían sido cumplidas en el otro.


[Sigue]