lunes, 24 de julio de 2023

Polina Martínez Shvietosova (1976-2023)

 Polina Martínez Shviétosova se había retirado en los últimos años de la vida pública. (Facebook)

Ha muerto la escritora Polina Martínez Shvietosova a los 46 años. Murió en la mesa de operaciones de un hospital de La Habana mientras le extraían un fibroma. Es toda la información que ha llegado a mí a través de su amigo Orlando Luis Pardo Lazo quien en vida me facilitó el contacto con ella. No conocí a Polina en persona pero nos comunicamos profusamente a raíz de su participación en la antología El compañero que me atiende, dedicada, como su título sugiere, a rastrear la huella de la Seguridad del Estado en la literatura cubana como amenaza y escollo, pero también como turbia fuente de inspiración.

Polina estuvo entre los escritores dentro de la isla que se atrevieron a participar en El compañero que me atiende, gesto que no deja de admirarme en el caso de cada uno de los 17 participantes. La escritora me envió dos cuentos como posibles candidatos a participar en la antología, “La escapada” y “Espacio profundo” de los cuales terminé eligiendo el segundo. Todo en los cuentos de Polina era peculiar: sus atmósferas, su cadencia, su sintaxis, su puntuación. (La escritora llegó a decir de sí misma que “podía ganar concursos pero no superar el examen de redacción y estilo”). También atravesaba sus cuentos un desespero perpetuo que se infiltraba en sus comunicaciones más intrascendentes. Palabras que andarían mejor en la despedida de un suicida. La paradoja es que Polina muriera justo cuando hacía un intento de mejorar su vida, de alargarla.

Desde la publicación de El compañero que me atiende en 2017 no había muerto ningún autor incluido en la antología hasta hace unas semanas con el fallecimiento del conocido poeta Manuel Díaz Martínez, exiliado en España desde hace décadas. La muerte de Polina, Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, 2008, resulta trágica por su juventud, su continua promesa de nuevas creaciones. La tan humana lucha contra el olvido es especialmente dramática y visible en aquellos que dan constancia de ella con su escritura. De ahí que acompañe su despedida con los dos cuentos que me envió para que considerara su inclusión en El compañero que me atiende.

 

 

La escapada

 

 Los vivos han estrangulado su corazón

 

Charles Bukowsky

 

 

En las venas de la ciudad circula un rumor de armas y sangre. El Gobierno nos  ha invitado a una Galería de Arte que se encuentra en el ático de unos de los edificios mas viejos y abstractos. Sus soportes son arcos góticos llenos de artefactos de tortura medievales (son las modernas instalaciones de la plástica) y están montadas bajo una luz tenue: porque el sol se ha perdido hace  muchos días y afuera hace una noche de mil pedazos.

 

Nosotros somos los lideres del caos mundial. Actuamos bajo seudónimos, son tiempos en que paz y comunicación se han hecho imposibles; nuestra misión es reconstruir al mundo, pero sin respaldo de Gobiernos. Por eso seguiremos llevando nuestras ideas  a través de mensajes Cabalísticos situados en una Página Web, de la cual se ocupa nuestro hermano Vodka. Extenderemos una nueva perspectiva como visión del nuevo arte, así ampliaremos las zonas aún poco desarrolladas de la evolución emocional: crearemos performances en formatos de poesías épicas, eróticas y virtuales, de este asunto me ocupo yo- Dejanira.

 

Este  planeta ha tomado  muy mal nuestra misión. Pero si ellos supieran cómo se ve su panorama  desde el exterior con la óptica pacifista. Es mucho lo que  secomenta sobre este estado: sabemos que se ha establecido un dominio de religiones neopaganas, todas ellas protegidas por el totalitarismo del Gobierno actual, los pobres niños bailan encueros frente ante la EXPLANADA UNIVERSAL, se ha masacrado con mandarriazos la estatua del héroe planetario y en su lugar han colocado el Falo del Viejo Dios Guerrero . También los curas ―los pobres hermanitos de San Francisco― andan con sotanas raídas y apestosas, vendiendo hostias por las esquinas, pero ya nadie se  las compra; y los que  desean saben que si comen una de estas hostias, el Gobierno y las religiones no le darán de comer a sus hijos .Y les suspenderán la cuota correspondiente de drogas, así como la eliminación de estatuillas de porcelana que conservan en sus casas dedicadas al Culto del Gran Falo.

 

 

Hemos viajado mucho, porque acá la situación se vuelve inaguantable y el  Mandatario Principal ordenó atacar vía Internet los pocos sitios que le quedan a las religiones monoteístas y allá en el Vaticano, en la Basílica de San Pedro, La Kaaba, El Templo de Salomón en Jerusalén se han construido Techno-tecas africanas (que ponen ráfagas de música folklórica acompañadas con pelotones armados con  lanzallamas) pero antes de esto hicieron una gran hoguera y quemaron todos los manuscritos de la humanidad,  como ofrenda a los Dioses de los Caminos, por todo eso y más estamos hoy aquí,  pero creo que caímos en una trampa...

Lisia aun no llega, ella es la líder, nos abrió los ojos para que viéramos las calamidades que el mundo está sufriendo (sin ella este movimiento, no hubiera alcanzado el empuje, que genera nuestro cambio al favor del caos.)

 

―Oye Daye!! ―me grita Samsy desde el fondo, y se acerca con su paso exigente.

―No sabemos nada de Lisia, creo que estamos atrapados.

―Tampoco tenemos  con que defendernos ―le respondo.

―Deberíamos llamar a la célula, para  formular un plan de acción.

―¿Aun sin Lisia estar aquí? ―discrepo yo.

―Sería lo mejor en este caso, espérame  unos minutos,  ahora llamo a los demás….

Después de dar varios gritos, se van acercando, aquí llega primero Rahim (especialista en Magia Negra y esoterismo), mi actual amante (Jorge), él es uno de los grandes poetas de la época ultramoderna. También viene Ángel con su paso de sombrilla (el Fouché del grupo). Él es un jugador complementario, porque de él nadie se fía, ya que es un  arma de doble filo. Nunca sabremos cuando podemos usar su técnica, conviene Álvarez, nuestro especialista en lingüística, a la vez que su porte majestuoso ayuda para infiltrarnos en las fiestas de los “intelectuales enemigos” y trocar sus mensajes, así que con este  grupo operamos en varias ramas ampliando nuestro circulo de acción.

 

Cuando de repente sentimos a unos pasos entre la bruma , alguien avanza arrastrándose. Samsy me toma por el brazo nervioso,  pero en ese instante reconocemos a Lisia. Ella toda golpeada-  Samsy la aguanta por la cabeza y yo pido urgente un vaso de agua  antes de que ella se desmorone.

 

―Muchachoss….hagan …algo por sal…varrr…

―¿Quién te ha hecho esto?- le pregunta Rahim en un jadeo                                                suspirante          

- No ..no …no sé….me    ……    tortura…ron….….me   ….sol  ..taron aquí…..vi… que…..habían…. militares….rodean…dono…sss…..no puedo… con…ti …un….ar……

-¿Qué hacemos  entonces? - Lisia, Lisia!! Parece que se ha desmayado

- lo único, luchar, seguir adelante con adelante con Lisia o sin ella- se apresura a hablar Rahim.

-  podemos excavar por todo el piso hasta que hallemos un algún conducto que nos saque a la parte oeste, y atravesar la bahía a nado si logramos salvarnos

. Así que arriba nos jugamos todo, cuando Lisia  regrese en sí sabrá guiarnos

-  Creo  recordar que en mis planos  hay algo así como  un laberinto debajo de esta construcción - comenta Ángel

Todo lo miramos atónitos, aun incrédulos y pensando que nos miente. Aun así nos ponemos en función de esta vía de solución.

 

Llevamos muchas horas rompiéndonos las manos:  ya Lisia ha vuelto a la conciencia, cuando empezamos a sentir un leve rumor y es que Jorge a encontrado una breve hendija y grita algo cansado

-¡Estamos  de suerte !!, He  encontrado la  entrada a las cloacas!!!

En esto Lisia medio que se incorpora y con una voz muy débil deja caer estas palabras, pero siempre sin perder su humor:

- ¿Ven?, hasta la mierda nos ayuda

 

Nos ponemos rápidamente en función de agrandar el agujero recién comenzado, para luego caer en las fauces del túnel que nos conducirá a la bahía y de ahí nuevamente a la libertad. Pero aun nos falta un poco. Estamos alegres en el fondo, pero en nuestras caras y manos se denota el dolor y las magulladuras.

 

Luego de interminables minutos damos con el túnel hediondo; a él llegamos arrastrándonos sin más fuerzas que la del espíritu para luego atravesarnos la bahía podrida en aves y petróleo incrustado en sus rocas que parecen fantasmas. Sin más sombras que nuestros suspiros y rezando porque Lisia siga mejor. A ella Vodka la carga; pero Samsy le sujeta los pies para que no resbalen en la podredumbre, hasta que al fin salimos a la noche; entonces Lisia más compuesta nos da las algunas indicaciones:

- Nos vemos dentro de dos semanas, la clave será 777 y ahora seguimos ¡todo sea por nosotros!

Entonces nos dispersamos como podemos. Jorge y yo corremos hacia nuestra madriguera que se halla en el corazón de la ciudad industrial

 

Las dos semanas desde que acordamos la señal 777, se han ido. Nos hemos dedicado hacer contactos con la gente adecuada, para hacer una gran fiesta-recepción - en honor a los lideres de este Gobierno. Va a estar la alta sociedad. Todo el mundo con  sus disfraces. Solo falta que llegue la hora porque el día – es hoy.

 

Suena la música, una especie de Réquiem de Mozart con “Sad but true ” de Metallica en le fondo, hemos puesto incensarios y candelabros de siete brazos por todas las esquinas, la melodía marca el paso junto con la vestimenta tatuada con el equilibrio de  las luces replicantes. El  escenario parece una vivencia cuya virtud se refugia en una poesía perdida en las lindes de un bosque Lezamiano….Aquí  la música comienza a efectuar un giro sensual y misterioso, la inercia que arrastra consigo el desplazamiento de los invitados. Es un  baile pasional como una helada si fin…qué delicia disfrutar del cabalísimo trasmitido en la esencia siete…

 

Mas el audio se detiene porque los homenajeados han decido brindar:

-¡ VIVA EL ORDEN!!!  Chin….chin…chin…..

-          Y ahora que estamos aquí brindemos también porque el grupo de pacifistas haya aprendido la lección. Por eso confiamos en ustedes, se ve que son jóvenes que siguen nuestras ideas y esperanzas- así hablaba el Mandatario Principal….bla...bla...bla..

-          Bueno señores y señoras que continúe  la fiesta…..

 

Lisia  aprisiona al M.P, el es un viejo que aun reluce sus días de esplendor en su barba que son como hebras de metal en sabiduría, su altivez queda cerrada entre  los cálidos matices de los ojos grises de Lisia, que le susurra algo en  el oído tal vez insinuándole que la penetre en su pelvis palpitante de tener abrazado  al hombre más célebre de todo un siglo; él ronronea como un eterno felino que ha encontrado la paz indisoluble en los labios de esta joven arquera de los tiempos y entonces ella toma su cordel plástico (que realmente es de C-4) y se oye estallar en mil pedazos la sangre del M.P- esa es la orden 777.

 

 

Dentro creo que voy a estallar de tanto dolor. No soportaré la idea de quedarme sola y embarazada. Justo en estos tiempos de injusticias con los fieles al amor y oigo desde un eco muy lejano una especie de techno árabe con The Gathering holandés, mientras los momentos avanzan sobre mí y los demás. Me toco el cordel…. Pero veo a mis amigos y sus parejas como vuelan sus sesos crucificados por la música, la sangre impregna las paredes formando un hermoso cuadro surrealista…veo..veo aun mas…veo a Rahim como acuchilla sin piedad a un tipo con cara de pingüino asustado y mas mas atrás veo a Samsy que asfixia con una dulzura cruel a su oponente que es un viejo chino militar y de paso le  encaja agujetas de tejer en el cuello…..todos se desvanecen….y yo aun no he hecho nada….Pero tengo atrapado con mis garras de Erzebeth Bathory al joven lobezno. Él chilla bajo mi mordaza y mi cordel anda perdido entre los encajes de mi vestido histérico. Pero en esto viene en mi salvación Rahim y lo degüella por la aorta mientras se despedaza con mis garras y se oye un grito como una última explosión. Caemos  como si estuviéramos mortalmente heridos creo….

 

.... la inconsciencia, en la memoria llevo ... el color indoloro de la muerte que se enquisto en las paredes, los trajes finamente ... brillan por doquier de sangre y sesos... una destrucción simultánea…ya no existe nadie…quedamos salvados... por obra de la... providencia.

 

Alrededor solo quedamos Samsy, Rahim y yo, nos cogemos de las manos para salir caminando en busca de la luz que puede ser el mar y los vientos del norte. Donde quizás podamos refugiarnos y llorar por los caídos. Miramos al cielo: comienza a clarear, cuando vuelan tres gaviotas que desprenden un chillido de esperanza.

 

ESPACIO PROFUNDO

La joven no sentía una forma de proceder. Se preguntó cómo escapar al consenso, como desvanecerse. Sus neuronas querían y deseaban pasar inadvertidas por el filtro del papel. Ella es poeta o hasta narradora, si la historia aparece.

Pero esta vez le resultó que la historia era, es y debía ser ese terrible momento de dar su consentimiento a algo que sabía iba más allá de su conciencia. Ella, la poeta peregrina, días atrás se había leído el Proyecto Valera, mientras esperaba la última guagua a su municipio de Provincia Habana. Ella había firmando virtualmente ese proyecto en otra dimensión y el resultado lo comentó con otro amigo.

Ella quería de todas maneras pasar inadvertida al llamado de la Patria. O, mejor dicho, de lo que otros consideraban la Patria, pero no logró ni siquiera desaparecer entre las metáforas que se construía a diario.

Sábado, 15 de Junio 2002, en la mañana

Es sábado en la mañana. Toda la cuadra ya ha dado su firma, la hija aún duerme después de un agotador viernes, y todo lo que vivió con sus amigos en la zona del Instituto Cubano del Libro. Pero la mamá la levanta y la tira de la cama para que vaya a cumplir su obligación con la Patria: argumenta que sí firmará para salvar la Nación –eso le dice a su hija. También habla de que le pedirá al CDR una autorización especial para firmar, pues ella es extranjera y no tiene los mismos derechos que los cubanos habituales. Estampar su garabato ruso para ella significa la no pérdida de la identidad cubana.

Su identidad cubana es por solidaridad o por costumbre de sobrevivir más de 24 años en la isla soñada desde las frías estepas del río Volga. Pero la hija, poeta al fin, inventó un reducto para brincar lo impostergable. Un socio del barrio la llamó para fumarse un porro. Ya antes en casa se tomó varias cervezas rusas Báltica, se vistió de negro, con pantaloneta de seda y blusa de felpa, su piel relucía aún más blanca e inmaculada, vestida como un símbolo de anarquía. Antes de salir de casa oyó al grupo alemán Rammstein para coger impulso y se fue a plasmar su muerte clínica:

_______________

R/ ES LA FIRMA QUE SEMEJA UNA MUERTE CLÍNICA

 

Ya lo había decidido en el último suspiro del porro, en la última gota de Báltica, en la última nota de Ich Will. Ella, la artista de la cuadra, la intelectual del barrio, sin residencia única ni en Miramar ni en Buenavista. La señora que atiende, le dice:

–Algún día con tu firma podrás obtener Todo.

La joven poeta ríe. Ríe a carcajadas del trance y sobre todo de lo dicho por la respetable señora del CDR. Para no agravar su situación, psicológicamente desastrosa, se aleja, pensando que aún le falta otro camino por recorrer, aún tiene que acampar donde el trabajo la reclama. También recuerda que mañana será domingo, 16 de Junio, el día que cumple 43 años Caluff, allá en Varadero.

Sábado 15 de junio, en la noche

El que no se imagina lo que significa viajar desde la capital a un municipio de Provincia Habana no sabe cuán estresante y agotador puede resultar un viaje de esa índole, más después de haber sobrevivido a la experiencia negativa de la firma ficticia y vivir en la aurora de su muerte clínica. La suerte es que también comparte esas tribulaciones con su amigo. Ellos viajan juntos y comparten la identidad híbrida, el desarrollo de la cultura en el municipio, así como tantas afinidades posibles.

Pero esa noche. Esa noche es particularmente nerviosa para ambos, nerviosa porque le cuenta a su amigo, en su casa y ya más relajados, todas las reflexiones recogidas desde antes y por el camino y como sobrevivió a ese instante.

–Cuando estuve en Varadero la semana pasada, ya este asunto venía y, por supuesto, compartí la preocupación con Caluff. Él argumenta que sí firmará, porque sabe lo que hace: hace juegos de cámaras indiscretas, algo así como filmar los momentos de debilidad de todos los involucrados, aparte de guardarse para sí esa grabación, y que en eso no hay nada equivocado.

–También él me asignó una tarea –le comenta a Dmitri–: filmar y firmar, aunque sin recursos, esta vez el lente son mis ojos y todos mis sentidos. Porque Caluff luego analizará nuestros resultados cuando yo tenga otro chance de irme a la República de Dero [Varadero?]. Aunque mi amor por él es tan metafísico que te puedo decir que, por esa simple complicidad, también lo hubiera firmado sin tanto reparo.

–En el camino al ICL, me encontré con A.M.: «Caballeros, hay que firmar esa condenación en haraquiri, porque hay muchas cosas que vivir y hacer, hacer sobre todo, de lo contrario somos muy jóvenes para ser mártires y a los mártires nadie los recuerda».

Ya afuera del Cibercafé, en la Plaza de Armas, me encontré con O. L. P.: «Para no morirnos en el hecho, hay que hacerlo de forma rápida y volcar el recuerdo a la memoria negativa, saber que lo que viviste no fue por tu propia decisión». Entonces se acerca P. M. A. y dice "que siente la humillación que le provoca el hecho en sí mismo y se debate en la acción del sí o el no, ser o no ser». Y piensa que como resultado final él podría ser un paria de la sociedad y todo para él estaría perdido.

En esos momentos nos acordamos de J.A.A.D., mi teacher del taller literario Onelio, que estará desaparecido en lo que dura este trance, pero igual en candela. Y con estas premoniciones nos despedimos hasta el día siguiente. Es domingo y hay Taller Literario, pero nadie sabe con este asunto de las firmas cómo estará la asistencia.

Domingo 16 de Junio 2002

Sin un minuto de respiro, ya me estaban tumbando la puerta, llamándome por teléfono. Exigiendo de mí en Buenavista lo que con tanto trabajo había eludido en el CDR de Playa.

Mi papá se levantaba antes que yo, pues se iba con una delegación de eslovacos y dirigentes de la Termoeléctrica hacia un viaje de placer a Viñales: algo modesto como whisky, vodka, caviar y langosta. Se dio algunos buches de ron antes de bajar las escaleras para ir a firmar. Deseaba desaparecer lo antes posible, pues de lo contrario no lo haría ni aunque lo torturaran. Se fue con sus amigos a Viñales a coger tremenda nota, a vivir su vida de cero agresivo.

Yo me fui al Taller Literario. Vinieron los de siempre: S. y R., A., A. el secretario, El Ch., M. y, claro, la novedad eran las firmas y el cómo se sintieron con eso. Leímos algunos textos nuevos, pero nos dábamos cuenta de que el día vislumbraba diferente, aunque cada cual lo irradiaba a su modo. Luego de las conclusiones, nos fuimos para mi casa. Hicimos una empaquetada en la cocina tradicional de ese tipo de apartamentos. Después nos tomamos unas cervezas Bálticas que yo había traído de Playa y comenzamos a mezclar café con alcohol de 90 grados. Para entonces ya habíamos decidido darnos un chapuzón en la costa.

Ya en la playa, bajo un sol insostenible, nos fuimos a nadar acompañados de una botella de ron que había aparecido en no sé qué momento. El caso fue que en el mar seguimos descargándole más fuerte. Yo aproveché para hacer mi ritual, que esta vez tenía un carácter especial, porque era el cumple 43 de Caluff. Me quité la pijamita que llevaba puesta, el blúmer, y me quedé desnuda con mis pensamientos. Sola y nadando, purificando alma y cuerpo: ese era mi regalo para Caluff, pero también mi resurrección después de la muerte clínica del día anterior. Y también la de los amigos y todas las personas y fantasmas que convivían en mi mente. También pensaba en cómo escribir un poema inspirado en el carácter tan provocativo y humillante que tuvo la naturaleza de esa acción nacional.

Lo que sucedió después se perdió en una laguna de amnesia histórica. Ahora solo me puedo acordar que ya de noche avanzábamos D. y yo despacio y con un carro patrullero detrás, después de habernos tomado todo lo posible y sin comer nada para olvidar, para enterrar en el espacio más profundo de la conciencia el deletreo de los nombres con sus firmas manifestando un destino invariable.

Ahora nadie nos puede distinguir. Ni las sombras, ni sus calles que fueron testigos de las lágrimas y paranoias, ni los gritos afónicos en la rockoteca que acababa con un día a la intemperie de los misterios. Ya me recogen casi dormitando entre las columnas. Mi amigo y yo nos alejamos con pasos de Katiushka con Guantanamera. Atrás de nosotros el techo de la Casa de Cultura comienza a derrumbarse y no vemos mejor alternativa que diluirnos en un grito mántrico, dando al silencio el verdadero respeto que produce la desnudez y su libertad.

Recuerdo que todo esto lo había filmado con mis ojos, para después narrarlo. En blanco. Así:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 21 de julio de 2023

My tio's unlikely journey from communist Cuba to key figure in Apollo 11 moon landing

His fascination for space travel began in Cuba and followed him into exile in New York and Florida. Heroes in this country come from all over.

By Rick Jervis

I didn’t know my tío, Miguel Hernandez, very well growing up.

He lived in Houston, Texas, which, for a Cuban American kid like me growing up in Miami, was as faraway and foreign as Anchorage or Reykjavik. I knew he was my mom’s first cousin and we called him “Chichi.” He would visit Miami at least once a year with his wife, Tere, and two sons, Michael and Jorge Luis, who were slightly older than me. We'd all play baseball or hit the pool together, then they were gone again.

To our family, though, Miguel was a living legend, someone who worked for NASA, lunched with astronauts and met presidents. It wasn’t until much later, however, that I discovered the depth of his role in helping U.S. astronauts reach the moon — and the unlikely path from Havana to Houston that got him there.


As we celebrate the 50th anniversary of the Apollo 11 moon landing — which occurred 50 years ago Saturday — there will be films and forums and well-deserved praise of household names such as Buzz Aldrin and Neil Armstrong. But a legion of engineers, mathematicians and the occasional Cuban immigrant also helped realize that Herculean feat.

“I never imagined I’d be involved in this type of work,” Miguel told me recently. “But I was always interested in it.”

An eye toward the stars

As a boy growing up in Cuba, he'd rifle through copies of Aviation Week & Space Technology, sparking an early interest in space travel. In 1959, shortly after Fidel Castro took hold of the island and began steering it into Soviet-style communism, a replica of the Soviet Sputnik I — the first satellite to orbit the Earth — arrived on a ship in Havana Harbor. Miguel, then 17, marveled at the polished metal orb with four antennae that could circle the Earth.


As Castro nationalized companies and seized homes, 19-year-old Miguel turned against the government, handing out anti-Castro pamphlets and denouncing the regime. When his activist friends began landing in prison, he fled Cuba, heading first to Miami and later to New York City to live with relatives. He had $100 in his pocket and knew no English. His aunt lent him a coat — two sizes too big — to survive the New York winters.


All it takes is a series of policies:Venezuela was my home, and socialism destroyed it. Slowly, it will destroy America, too.

He worked in the mailroom of American International Underwriters (now AIG) downtown and took English classes at night. But his mind often drifted skyward. On his spare time, he read of how Soviet cosmonaut Yuri Gagarin became the first person in space in April 1961, followed a few weeks later by American Alan Shepard. He attended the New York City ticker-tape parade for John Glenn, the first American to orbit the Earth. He marveled when, soon after, President John Kennedy promised that America would be the first to put a man on the moon.

"I said, 'These people are crazy,'" he said.


When he had learned enough English, Miguel attended the University of Florida, graduating with a mechanical engineering degree. When NASA recruiters visited his campus in 1966, he jumped at the chance to work at the space agency. He was assigned to the newly-opened John F. Kennedy Space Center near Cape Canaveral, Florida, training astronauts for the nascent Apollo missions. Miguel and a team of other engineers were tasked with learning all the systems required to propel a man into space and teach them to the astronauts via simulators. His specialty: propulsion and rockets.

A dangerous project

Just a few weeks into his new job, tragedy struck. Miguel watched in horror from the control room as a cabin fire swept the Apollo 1 module during a test launch rehearsal, killing all three astronauts. “That had a terrible impact on everyone,” he said.

The missions continued and by 1969 buzz was mounting for the Apollo 11 moon landing. Miguel was swept up in the fervor. He and his team worked 24-hour shifts, double-checking systems and readying the astronauts to reach the moon. Mike Collins, the lesser known of the three Apollo 11 pilots, was the nicest, Miguel said, though all three — Collins, Aldrin and Armstrong — appreciated and absorbed the training.

50th anniversary:I worked on the Apollo 11 moon mission. Here's how a team of heroes achieved greatness.

"You needed to have the confidence of the astronauts," he said. "You couldn't at any moment tell them something that later turned out to be wrong. That could cost them their lives."


Miguel watched the moon landing like millions of others around the world: on a TV set in his living room with his family — and in complete awe. “It was an accomplishment for the whole world,” he said. “It was something not just that the United States did — it was something the human race did.”

Later that year, Miguel broadcast the Apollo 12 mission in Spanish for La Fabulosa WFAB radio station in Miami. He also received the Presidential Medal of Freedom for his role in the hair-raising rescue of the Apollo 13 mission in 1970, which was nearly stranded in space after an oxygen tank exploded, crippling a key system. In all, he would train astronauts for the Apollo 1, 7, 9, 11, 13, 15 and 17 missions, three Skylab space station flights and the first two Space Shuttle missions.

Perhaps his greatest achievement was a sizable puncture in the agency’s color barrier. At a time when racial tensions still flared in the U.S., and the civil rights movement was reaching its apex, Miguel was the only Latino in his department and the only one he knew of at NASA.


He said he never felt discriminated against; everyone was too focused on the missions to care about race or nationalities. Though I believe that’s true, I also think it couldn’t have always been easy being a Cuban émigré in the 1960s, working alongside hyper-intelligent colleagues who didn't look or talk like you and communicating in a language you learned just a few years earlier.

None of that got in his way, of course.
The next generation's frontier

Miguel left NASA in the 1980s and parlayed his unique skill set and experience into a successful business, Hernandez Engineering, that contracted with the space agency for decades. Today, 77 and retired, he travels the world with his wife and enjoys frequent visits from his sons and five grandchildren.


As luck has it, I now live in Austin, a two-hour drive from Houston. I’ve taken my wife and two daughters to visit Miguel at his home in the Houston suburb of Seabrook and at his ranch near College Station. I’ve relished watching him joke with my daughters or cook them dinner or helping them clear brush on his ranch.


My eldest daughter, Elle, 8, recently acquired a tireless fascination with outer space and astronauts and hopes to be the first human on Mars. Miguel has promised her special access to NASA training facilities and introductions to astronauts next time we’re in town, a prospect that makes Elle giggle with delight.

One day, spinning gently in zero gravity in the International Space Station, she’ll peer out a window and look down at Earth and think of those who blazed her trail to the stars.

Rick Jervis is the Austin-based correspondent for USA TODAY. Follow him on Twitter: @MrRJervis.

Fulanito de Tal: una perspectiva de género

 

Leo un artículo: “Fulanito de Tal: una perspectiva de género”. No hay nada dentro del artículo que no quepa esperar de un título así. El escritor analizado, reverenciado por la propia autora del artículo hasta hacía nada, aparece a la luz de esta perspectiva como un criptomisógino bastante peor que los machangos heteropatriarcales que te encuentras rascándose los huevos en un bar. “Fulanito de Tal: una perspectiva de género” resulta toda una revelación, una salida del closet de la misoginia del otrora aclamado Fulanito. Busco una foto de la autora, para comprobar si al menos la conozco de vista. Lo que encuentro como su foto oficial es una imagen al más puro estilo de quinceañera: mirada soñadora con la mano apoyada en el rostro. O viceversa.

Llega el momento de preguntarse si esa es la foto más apropiada para presentarse como desenmascaradora de misóginos de closet pero enseguida comprendo que esa es una falsa cuestión. Basta con el título para que uno dirija la mirada en dirección equivocada: al rostro de la autora, a la posición de sus manos o a cualquier otro detalle que nos distraiga de lo que significa escribir un ensayo titulado “Fulanito de Tal: una perspectiva de…”. Porque no se trata en verdad de un ensayo sino de una planilla. Un formulario inquisitorial con preguntas ya contestadas de antemano. “¿Es Fulanito de Tal pecador?” Por supuesto que sí. Visto el género masculino al que se adscribe, el autor lleva en sí el pecado original de la misoginia de la misma manera fatal en que Adán y Eva eran portadores del suyo. Solo que a diferencia de Eva si la analizada es Fulanita de Tal será sin remedio una precursora o abanderada de la ideología enarbolada desde la perspectiva de género.

Lo que constituye el aporte original de los artículos de esta clase será la respuesta a la casilla “Dé ejemplos concretos del pecado de misoginia del analizado en cuestión”. Entonces se dirá que, en la página tal de la edición más cual, el autor dice algo que, mirado desde la perspectiva que anuncia el título, es irremisiblemente pecaminoso. Y a continuación se dará una explicación detallada del pecado en que se incurre.

Lo de menos es el género al que aluda la supuesta perspectiva sino del hecho de embutir cualquier obra en el molde rígido de cualquier perspectiva, ya sea el multiculturalismo, la raza, el marxismo, el psicoanálisis o el decolonialismo. Porque no hay obra de arte que no sea portadora en algún grado de los prejuicios de su época —o hasta de épocas anteriores— que es el nivel elemental desde el cual el arte trata de levantar vuelo. Lo tristes es que lo analistas de una materia tan elusiva como la literatura o el arte en general tiendan más a buscar sus prejuicios, sus impurezas, que las fuerzas que les permitieron elevarse sobre las miserias comunes a su tiempo, a cualquier tiempo. Porque cuando se analiza el arte con la planilla de la perspectiva que sea en mente solo nos queda en las manos su peso muerto en lugar de aquello que nos permite mirar el mundo de un modo distinto y mejor.

lunes, 17 de julio de 2023

El Nobel de los cubanos (revisado)


Dudo que al morir Milan Kundera haya dejado orfandad mayor que entre los cubanos de mi generación. Al menos entre aquellos que desde mediados de los ochenta se tomaban el trabajo de leerse sus libros forrados con las páginas del periódico Granma o de cualquier revista soviética para encubrir tamaña herejía. Los que traficábamos aquellos libros como si de una droga dura e ilegal se tratara.

Sospecho que la muerte del escritor, una muerte que a nadie sorprendió a sus 94 años, no ha causado tanto desasosiego, tanto regreso a sus viejas frases entre checos y franceses, sus compatriotas de origen o elección. Los primeros, porque hace rato le pasaron página al totalitarismo que Kundera diseccionó tan bien y porque en realidad el escritor nunca se esforzó por hacerse querer por sus compatriotas.

Hoy en Praga no existen huellas notorias del paso de Kundera por la ciudad donde nació su fama. Es llamativo el contraste con Kafka, Hrabal y Hasek, a los que poco falta para que les consagren un parque temático, si es que toda la ciudad de alguna manera no lo es: desde el museo y los monumentos a Kafka, a las dos cervecerías que ofician como altares a Hrabal ―El tigre dorado, su favorita y Una soledad demasiado ruidosa, nombrada por una de sus novelas―, a la cadena de restaurants dedicada al buen soldado Sveik.

Los franceses, por su parte, reaccionaron con sobria melancolía ante la muerte de un exiliado ilustre. Podría conmoverlos que en las últimas décadas Kundera se empeñara en escribir en francés, pero difícilmente compartieran su exótico entusiasmo por desmontar un régimen demasiado lejano en el espacio y el tiempo. “Kundera, novelista existencial, ha muerto”, anuncia Le Monde como si se hubiera muerto la versión checa de Sartre y basta para saber que no lo entendieron como mis compañeros de generación en Cuba.

Para muchos de nosotros Kundera era algo íntimo. Más que escritor Famoso era casi un pariente. No se trata de una cuestión temperamental, la típica exuberancia del trópico saliendo a desfilar frente al féretro de un muerto famoso. Y es que, trabados como estamos en la página totalitaria a la que los checos le dieron vuelta hace más de tres décadas, Kundera nos ha seguido acompañando todos estos años, incluso a los que hace tiempo dejaron de leerlo.

Fue el checo quien, sin proponérselo, sin imaginárselo siquiera, se convirtió en tutor de nuestra educación política y sentimental. Sus novelas y cuentos no solo le daban sentido a nuestro difuso malestar hacia un régimen que se erigía en campeón de la misma libertad que nos negaba. El autor de La broma logró, con su meticulosa descripción de los avatares de almas individuales frente a la desoladora realidad totalitaria, que nos sintiéramos menos solos.

Porque, en lugar de entretenerse con la opresión externa o las precariedades económicas que abundan donde quiera que se impone el socialismo real, el checo prefirió concentrarse en el drama individual de ser responsable de uno mismo, incluidas las grandes y pequeñas traiciones que nos permitimos en medio de un sistema dedicado a poner a prueba nuestras menores debilidades. Kundera nos enseñó que el totalitarismo no era disculpa suficiente para dejar de pensarnos como individuos, con nuestros propios infiernos personales, más allá del gran infierno colectivo que nos abarcaba a todos. Y que de la interacción entre ambos infiernos  surgían tragedias que al mundo no construido bajo principios colectivistas le eran ajenos.

Ante esos dramas íntimos que desplegaba Kundera, Orwell nos parecía elemental. Y Solzhenitsyn irremediablemente lejano: con Kundera no teníamos que pasar por una versión local del Gulag para entenderlo. Tanto las diferencias culturales o idiosincráticas de checos y cubanos, o la circunstancia de que la cerveza fuera bastante más accesible en Praga que en La Habana, eran irrelevantes frente a ese infinito generador de conflictos absurdos y humillaciones que es el comunismo.

Daba igual que el primer secretario del partido se apellidara Husak o Castro, los efectos y reacciones que el sistema producía en nuestras vidas eran idénticos. Que Kundera fuera checo y no cubano, en lugar de distanciarnos nos servía para universalizar nuestra intimidad, nuestra vulgar tragedia de intentar ser decentes bajo una tiranía con buena prensa.

Pero, a pesar de tanta complicidad, Kundera no nos daba tregua como lectores. Siendo su blanco favorito la muy humana tendencia al autoengaño, la denunciaba como una de las principales fuentes de alimentación del mismo sistema que aborrecíamos. Mientras tratábamos de consolarnos pensando que el sistema en el ue habíamos creído desde niño tenia algo que salvar o que al menos al principio no parecía una mala idea el novelista checo nos dejó claro que el “sueño del paraíso, con todo lo bello que nos pudiera parecer, estaba viciado de raíz”.

Incluso en teoría el proyecto de construir el paraíso en la Tierra era pésimo porque razonaba Kundera una vez que ese sueño se hace realidad, es natural que le salgan opositores, resistentes o simples descreídos “y por esta razón los soberanos del paraíso deben construir un pequeño gulag a un lado del Edén. Con el correr de los años, el gulag va haciéndose mayor y más perfecto, mientras que el paraíso contiguo pasa a ser cada vez más pobre y pequeño”. Ya un viejo refrán nos alertaba que “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”. Kundera lo actualizó hasta dejarlo así: “De las mejores intenciones erigidas en paraíso salen los peores infiernos”.

No obstante, Kundera no parecía ser especialmente masoquista o sádico. Junto al diagnóstico sin atenuantes nos recetaba el mejor antídoto al buenismo fanático: la risa. Una risa profunda, filosófica, que enfrentara al “delirio lírico colectivo” que pretende encontrarle respuestas a todo, explicaciones a todo, soluciones a todo.

Frente a la insoportable pesadez del comunismo, Kundera recomendaba levedad. Pero, en vez de limitar la gravedad totalitaria al Politburó soviético y sus sucursales, el novelista la convirtió en parte del conflicto milenario entre lo solemne y lo cómico. Así nuestra desgracia si no más ligera se hacía menos pasajera y desdeñable.

A la solemnidad, esa pobre máscara humana con que nos creemos dignos de lo sagrado, Kundera contraponía la risa de Dios aludida en el proverbio judío que advierte: “El hombre piensa y Dios ríe”. Si Dios ríe es porque entiende lo mucho que los hombres se alejan de la verdad mientras intentan llegar a ella. Y porque conoce el tremendo talento de los humanos para autoengañarse, “porque el hombre nunca es lo que cree ser”.

No satisfecho con recomendarnos el remedio de la risa, Kundera le añadía el del sexo. Para el checo, más que como gimnasia erótica, el sexo era “la más profunda y biológica” de las regiones de la vida humana que revelaba la esencia de las personas y resumía su situación en la vida. Risa y sexo: todo un programa político personal para resistir al comunismo, mientras no puedes derrotarlo ni escapar de él.

Además de los lectores, entre los escritores cubanos Kundera tuvo unos cuantos adeptos. No siempre para bien. El más vendido de los novelistas cubanos, Leonardo Padura, en alguna época trató de imitarlo. En su primera novela “seria”, La novela de mi vida, Padura copió el argumento de La broma: un antiguo expulsado de una universidad comunista busca vengarse años más tarde para descubrir que su venganza carece de sentido. El vengador frustrado descubre que al sistema, en su constante esfuerzo por sobrevivir, le resulta natural desentenderse de aquellos principios por los que antes destruyó carreras y vidas. 

Si el resultado novelístico en el caso del cubano resulta inferior no es solo por no alcanzar el nivel de penetración en la realidad totalitaria que logró el checo. Más que de talento se trataba de una cuestión de procedimiento: no se puede examinar a cabalidad un régimen con el que todavía se conservan ataduras sentimentales. O con el que existe un conflicto de intereses (y no hay conflicto que genere un interés mayor que el de mantener el pellejo a salvo).

Yo mismo debo reconocer en mi obra la huella de Kundera: basta con repasar mis títulos para notar que hice uso abundante de un concepto kunderiano como el de “levedad”. Primero escribí junto a Francisco García González una Leve historia de Cuba y más tarde titulé mi tesis de doctorado Elogio de la levedad. Así de necesaria me parecía la idea de la levedad para contrarrestar tanta gravedad que se le había insuflado al relato nacional cubano. Del énfasis ensayístico de las novelas de Kundera checo supongo que extraje el esfuerzo por analizar y generalizar mis experiencias particulares en libros como Siempre nos quedará Madrid y Nuestra hambre en La Habana. Lo poco bueno que puede haber en mis intentos de teorizar la miseria castrista debe acreditársele a las enseñanzas de Kundera.  

No por gusto tantos cubanos le otorgábamos cada año el Nobel de Literatura al novelista checo. Mentalmente, por supuesto. No se nos ocurría ningún otro escritor vivo que hubiese hecho tanto por la literatura y por la humanidad. Al menos por esa parte de la humanidad que éramos nosotros mismos.

Cada octubre era una nueva oportunidad de abominar de la miopía de la Academia sueca, o de su mezquindad. Depende de la causa que atribuyéramos a su fracaso anual de concederle el premio a Kundera. Porque los únicos motivos que explicaban que aquella pandilla de suecos se equivocara tanto, año tras año, eran la envidia o la inquina política.

Exitoso y anticomunista no son precisamente condiciones que lo enaltecieran ante los ojos de la Academia, defectos que el novelista siquiera compensaba afiliándose a alguna especie minoritaria o en peligro de extinción. Tampoco lo ayudaba la claridad con que exponía sus ideas, una claridad que lo hacía parecer un populista de la literatura. Sobre todo, cuando se padece el vicio de asociar automáticamente lo oscuro a lo profundo.

Creo, sin embargo, que había motivos más esenciales en la insistente denegación del Nobel a Kundera. La obra y el pensamiento del autor de El libro de los amores ridículos eran justo la repulsa radical a la solemnidad que da sentido a la Academia sueca, a cualquier academia. Contra esa solemnidad, ese sentido de lo sagrado, había escrito y teorizado Kundera al punto de construir su Historia de la Novela en oposición a los que no saben reír, los agelastas.

Kundera llegó a asociar el surgimiento de la novela moderna a la crisis europea que trajo el Renacimiento para el sentido de lo sagrado y lo verdadero. Porque “es precisamente al perder la certidumbre de la verdad y el consentimiento unánime de los demás, cuando el hombre se convierte en individuo” y “la novela es el paraíso imaginario de los individuos”.

Cierto que, en un amago de liberalidad, la Academia ha llegado a otorgarle el Nobel a un cantautor o hasta a varios escritores mediocres, pero difícilmente se lo dieran a quien de manera consciente y clara asociara la sacralidad de la literatura con la blasfemia de la risa. Sobre todo, si no se escondía para decir que toda broma es un sacrilegio y lo cómico “un ultraje al carácter sagrado de la vida”.

¿No rehusaron darle el Nobel a Mark Twain o a Borges? ¿Qué extraño tiene que se lo negaran a un enemigo de la seriedad más consciente y sistemático como Kundera?

Con los años, podíamos dejar de leer a Kundera. ¿Para qué, si ya lo que había escrito en sus primeros seis o siete libros era inmejorable e inolvidable? También porque, a partir de La lentitud (1995), se notaba un agotamiento del novelista.

Su escritura seguía tan precisa como antes y su mente clara, pero, tras la desaparición del comunismo como amenaza existencial para Europa, la fuente de su rabia esencial y de los pequeños grandes conflictos que animaban a sus personajes, parecía haberse secado.

Ahora el checo redirigía su escritura hacia la idiotez de la sociedad de masas occidental, en la que veía el mismo kitsch que inundaba el comunismo, aunque mucho más disperso y diluido, y ese detalle terminaba atenuando el sentido de urgencia y el dramatismo de sus libros.

Incluso así siempre era agradable volver a escuchar lo que tenía que decir uno de los intelectuales más sagaces, honestos y desprejuiciados que nos iban quedando, sobre todo cuando decidía retomar su viejo monólogo sobre “el arte de la novela”.

Ahora, cuando ya no le quedaba mucho por decirnos, ha decidido irse quizás sin saber que, al morir, entre tantas cosas que dejó, está este montón de huérfanos nacidos en una isla que nunca visitó.

Huérfanos agradecidos que, año tras año, le concedían su Nobel sentimental.

 

miércoles, 5 de julio de 2023

La vida sigue igual



Varias veces me he referido en este mismo muro a la censurada exposición sobre el Bobo de Abela que organicé junto a Armando Tejuca y Ernesto Enrique Hernández en el museo “9 de abril” donde trabajaba por entonces. La frustrada inauguración debía haber tenido lugar el 4 de julio de 1992, o sea, hace exactamente 31 años y un día. Pues la semana pasada, luego de 30 años sin tener contacto con un testigo de los hechos que rodearon aquella exhibición, este me contó ciertos detalles del asunto. Como que el jefe del partido comunista municipal de Habana Vieja por entonces, un tal Roberto San Martín, se refería al personaje de Eduardo Abela como El Bobo de la Vela. Y que se preguntaba qué yo hacía pintando aquellas caricaturas (en realidad eran fotocopias tomadas de libros sobre el caricaturista) si mi puesto era el de técnico de museo. O sea, que el jefe de los comunistas del centro histórico de la capital me hizo el honor de atribuirme los dibujos del gran Eduardo Abela.

Pero más interesante aun es que en una reunión que los empleados del museo habían tenido con la contrainteligencia les informaron que yo había hecho la exposición en complicidad con la iglesia católica. ¡Imagínense, el arzobispo Jaime Ortega y yo conspirando para desestabilizar el gobierno con caricaturas de sesenta años atrás! Tuve que explicarle a mi antiguo compañero de trabajo que el único contacto con la iglesia que tuve en aquellos días fue mi visita a la iglesia del Cristo para pedirle al párroco de allí que me prestara una de las velas grandes que se usan en las rogativas y que era uno de los objetos con los que el Bobo aparecía con frecuencia en sus caricaturas, préstamo que consignaba en los agradecimientos del catálogo.


Menciono esto a propósito del penoso proceso de acoso al humorista Jorge Fernández Era. Por las coincidencias. El mismo mecanismo de vigilancia y represión, los mismos métodos, pero sobre todo la misma ignorancia y chapucería. Porque en lugar de asumir lo mucho que se parecían las caricaturas de Abela o las sátiras de Fernández Era a la realidad preferían perseguirnos. No es difícil sospechar que ahora atribuyan las sátiras de Fernández Era a alguna oscura conspiración con la USIA. O con el Mossad, porque alguna vez lo vieron en el portal de la sinagoga esperando a que escampara. Y que difundan tales teorías entre los colegas del escritor, para restarle apoyo y generar suspicacias a su alrededor. Cualquier cosa antes que admitir que el absurdo que nos tratan de hacer pasar por estado natural de las cosas -y que tanto hacen por conservar en ese estado- merece la burla de cualquier persona con dos dedos de frente. Y que solo a un agente de una potencia extranjera se le puede ocurrir aplicarle a la realidad cubana algo tan exótico como el sentido común. Luego está el coraje del que Fernández Era ha dado sobradas muestras en los últimos meses y que siendo tan raro en la isla seguramente lo importó de otro sitio. Y en este caso tampoco yo tengo idea de dónde.