miércoles, 24 de mayo de 2017

Hiram Dupotey Fideaux, investigador, editor, hereje

En estos días invocaba la memoria de Hiram Dupotey Fodeaux, investigador, editor y referencista de la Biblioteca Central de la Universidad de La Habana y Francisco Escobar, graduado de Historia de dicha universidad y quien estuvo mucho más cerca de Dupotey en sus años universitarios ha tenido la gentileza de compartir con este blog sus recuerdos sobre este intelectual cubano:
Hiram Dupotey Fideaux. Requiescat in Pace. Enrique del Risco recordaba hace unos dias a un notable cubano del mundo de ayer que muchos conocieron como el referencista de la Biblioteca Central de la Universidad de La Habana. Pero Dupotey antes fue Jefe de Prensa del Senado de la Republica 1952-1959 y compilador del "Diario del soldado" de Fermín Valdés Domínguez cuyos primeros cuatro tomos fueron incinerados en el patio de la Biblioteca Central de la Universidad de la Habana en 1974. El penúltimo tomo estaba en la imprenta y el sexto y último permanecía en su caja fuerte. Pablo Hernández [profesor ahora radicado en Puerto Rico] y yo habíamos sido nombrados por él como sus albaceas pero ambos nos fuimos al exilio. Dupotey murió creo que en 1997 según me dijo en el 98 la madre de mi hija que trabajó con él casi veinte años y conocia a sus hermanas pues el vivia con ellas ya que Dupotey formaba parte de ese club de discretos intelectuales homosexuales que caracterizaron a la Universidad de La Habana El Dr Antonio de la Cova tiene publicados los cinco tomos del diario de Fermín Valdés Domínguez en su página web latinamericanstudies.org.Dupotey entendía que el tenía una deuda de gratitud con Fermín Valdés Domínguez que fue el mejor amigo de Martí y también general del Ejercito Libertador y Ayudante y Jefe del Estado Mayor del General en Jefe Máximo Gómez y del Mayor General José Miguel Gómez. Fermín que era médico de profesión, era de la misma promoción de los 7 estudiantes de medicina asesinados el 27 de noviembre de 1873 y pasó los últimos años de su vida como médico rural de Baracoa. Allí lo llevó la frustración y el desencanto por lo que sucedía en la entonces joven republica cubana que anteayer cumplió 115 años de fundada. El Dr Valdés Domínguez le había salvado la vida a la madre de Dupotey.Muchos años después Dupotey, haciendo una investigación en el Archivo Nacional de Cuba, comprobó perplejo como el original inédito del diario de campaña de Fermín Valdés Domínguez estaba a punto de desaparecer por el abandono de quienes se suponía debían cuidar por su preservación. Dupotey dedico diez años de su vida a rescatar dicho diario copiándolo a mano. Luego consiguió publicarlo poco a poco en una pobre edición de la Universidad de La Habana dedicada fundamentalmente a materiales de Información Científica y Bibliotecología.Cuando ya había salido el tercer tomo y el cuarto estaba listo para distribuirse un Vicerrector de la UH saltó desafiante porque Fermín le comentaba en el diario a su querida Asunta que Antonio Maceo siempre había odiado a Marti y que tenía su alma más oscura que su piel. Por cierto ni remotamente epítetos tan denigrantes como los que utilizo Ernesto Che Guevara en su diario para referirse a sus compañeros de la guerrilla boliviana Rubio, Papi y Vilo cuando Tania perdio el control y abandonó su hamaca para acostarse con ellos.El Vicerrector mando (materialmente no figurativamente) a incinerar los volúmenes publicados que por ser material docente nunca se vendieron y fueron recogidos de todas las bibliotecas y centros de documentación del país. El tomo que estaba en proceso de impresión se mandó a hacer pulpa. El pasado de Dupotey como secretario del ex presidente del Senado Anselmo Aliegro sirvió para condenarlo al ostracismo impidiéndole cualquier cercanía a labores de edición o publicaciones. A mediados de la década del setenta se instaló, como en los autos de fe contra herejes de la Alta Edad Media, una gran pira incendiaria en el patio de la Biblioteca Central de la Universidad de La Habana que fue alimentada con los ejemplares pero, por suerte, no con Dupotey.

2 comentarios:

Francisco Escobar dijo...

Gracias Enrique por difundir estos ripios de memoria juntados a golpe y porrazo que hacen justicia en la memoria a un buen cubano con quien tuve el privilegio de compartir largas horas de conversacion siempre acerca de nuestra historia con sus luces y sus sombras..

Anónimo dijo...

Y si tan bien se detalla toda la anécdota ¿por qué no se menciona el nombre del vicerrector que mandó a quemar los libros, o es que hay reparos en vulnerar la “privacidad” de esbirros castristas?