sábado, 1 de julio de 2023

Carta de apoyo al humorista Jorge Fernández Era

 


Más de cien artistas de diversos ámbitos relacionadas con el arte de hacer reír nos hemos unido para ofrecer nuestro apoyo público a nuestro colega Jorge Fernández Era, injustamente perseguido en su país por hacer su trabajo. Invitamos a los colegas que lo deseen a expresar su apoyo a la causa de Fernández Era, que es la de todos nosotros y pueden empezar firmando esta carta:

 

Hay que reír para ver


Nosotros, humoristas, artistas y escritores, denunciamos la campaña de acoso y descrédito que se ha lanzado contra nuestro colega Jorge Fernández Era. Fernández Era, una referencia para el humor cubano durante cuatro décadas ha sido editor y autor de varios libros, ha galardonado con numerosos premios nacionales e internacionales a lo largo de carrera. Pese a lo anterior en los últimos tiempos el escritor ha sido excluido en todos los medios con los quecolaboraba, se le ha prohibido viajar al exterior y encima se le ha condenado aun año de arresto domiciliario por el simple delito de satirizar la realidadcubana. Consideramos que, como cualquier humorista, Fernández Era está cumpliendo con su deber: satirizar las deficiencias de su sociedad. Las autoridades cubanas no están cumpliendo con el suyo persiguiéndolo. Disculpen por recordarles su contenido de trabajo, pero es deber de un gobierno arreglar lo que no funciona en su país, sin hostigar a los que intentan hacer reír con lo que funciona mal, tarea tan difícil que lo que merece es un premio.


Se nos dirá que con la prisión domiciliaria se le evita a Fernández Era entrar en contacto con una realidad que tanto le incomoda, pero tenemos entendido que el escritor es mayor de edad y debe permitírsele salir de su casa si es su deseo, aunque sea para tropezarse con todo lo que no parece agradarle. Los humoristas son así de masoquistas, pero el masoquismo es una de las tantas opciones de las que disfrutamos los adultos. Por otra parte, creemos que si los imperialistas y sus secuaces insisten en que en Cuba no hay derechos, está muy feo que la policía y la Seguridad del Estado le den la razón al imperialismo.


Por todo lo anterior, exigimos públicamente que cese inmediatamente la persecución contra un colega que no ha hecho otra cosa que cumplir con su deber como humorista y ejercer sus derechos como ciudadano. Si no saben en lo que consisten los deberes de un humorista y los derechos de un ciudadano, prometemos explicárselo en una nueva carta, con muchas más firmas.

 

Pepe Pelayo, humorista y escritor, Cuba-Chile

Ulises Toirac, humorista, Cuba

Leo Maslíah, músico, escritor, Uruguay

Sergio Langer, humorista gráfico, Argentina

Asier Sanz Nieto (Asier), humorista gráfico, España

Alexis Valdés, actor, comediante, Cuba-Estados Unidos

Luis Pescetti, escritor, cantautor, humorista, Argentina

Lázaro Saavedra, artista visual, Cuba

Rigoberto Ferrera, actor, guionista y director, Cuba

Xavier Bonilla (Bonil), humorista gráfico, Ecuador

Évora Tamayo, escritora, Cuba-Estados Unidos

Alen Lauzán, humorista gráfico, Cuba-Chile

Rodolfo Fucile, caricaturista, Argentina

Jorge Bacallao, actor, guionista y escritor, Cuba

Ana von Rebeur, humorista gráfica y escritora, Argentina

Fermín Gabor (Antonio José Ponte), escritor, Cuba-España

Omer Padillo Cid, presidente de la Fundación Celia Cruz, Cuba-Estados Unidos

Raúl Gutiérrez Villanueva, compositor, músico, director de orquesta, Chile

Alexis Núñez Oliva, escritor, productor, Cuba-México

Yoyi Cordero, comediante, Colombia

Nelson Gudín, (El Bacán de la Vida), actor, Cuba

Guillermo Bastías (Guillo), humorista gráfico, Chile

Pavel Giroud, cineasta y escritor, Cuba, Cuba-Estados Unidos

Marilena Nardi, caricaturista e ilustradora, Italia

Alberto Jerez Benítez (JEREZ), humorista gráfico,

Omar Lameda, comediante, Venezuela

Conrado Cogle (Boncó Quiñongo), actor, comediante, Cuba-Estados Unidos

Julio Rodríguez El Nené, comediante, Colombia

Rolando Díaz, cineasta, Cuba-España

Ángel Boligán, humorista gráfico, Cuba-México

Alejandro Davalos, comediante, Argentina

Álex Costa, comediante, Costa Rica

Zulema Cruz, comediante, Cuba-Estados Unidos

Gustavo Rodríguez (Garrincha), humorista gráfico, Cuba-Estados Unidos

Aramís Quintero, poeta, narrador, humorista, Cuba-Chile

Jota Pineda, comediante, Colombia

Santiago Cornejo (Corne), humorista gráfico, Argentina

Ramón Fernández Larrea, escritor, Cuba-Estados Unidos

David Comedia , comediante, Venezuela

Claudia Valdés, actriz, Cuba-Estados Unidos

Yoss (José Miguel Sánchez Gómez), escritor, Cuba

Ramsés Morales, humorista gráfico, Cuba-Suiza

Iván Camejo, humorista, Cuba-Estados Unidos

Camilo de Ory, poeta, narrador y articulista, España

Carlucho, humorista, Cuba-Estados Unidos

Ian Padrón, cineasta, Cuba-Estados Unidos

Igor Queipo , comediante, Venezuela

Wilmar Verdecia, humorista gráfico e ilustrador, Cuba-Francia

Joel Sánchez, escritor, actor, Cuba-Colombia

Martin Russo , comediante e imitador, Argentina

Leandro Pérez Praino, miembro de Nos y Otros, Cuba-Estados Unidos

Carlos (Pillin) Marrero, actor, Cuba-Estados Unidos

Aleanys de la Cotera (Cuqui la Mora), comediante, Cuba-Estados Unidos

Roberto Silva “Monky”, comediante, Puerto Rico

Armando Tejuca, humorista gráfico, Cuba-Estados Unidos

Alex Pelayo, humorista gráfico, ilustrador y diseñador, Cuba-Chile-España

Enrique Gallud Jardiel, escritor, teatrista y académico, España

Omar Franco, actor, Cuba

Andy Vázquez, actor, Cuba-Estados Unidos

Ricardo Meruane, humorista escénico y audiovisual, Chile

Yin Pedraza Ginori, productor televisivo, escritor, Cuba-España

Aristides Pumariega (Aristide), humorista gráfico, Cuba-Estados Unidos

Mariza Bafile, editora, Venezuela-Italia

Enrique Del Risco (Enrisco), escritor, Cuba-Estados Unidos

Jorge Luis Sánchez, actor, Cuba-Estados Unidos

Juan Carlos Cremata, cineasta, Cuba-Estados Unidos

Marian García, editora, Venezuela

Wilfredo Torres, humorista gráfico y diseñador, Cuba

Dayana Figueroa Artigas (Yaya Panoramix), actriz, Cuba-Italia

Luis Sánchez Verdeguer, escritor, poeta y articulista, España

Luis Felipe Calvo Bolaños, escritor, Cuba-México

Omar Santana, humorista gráfico, Cuba-Estados Unidos

Jairo Peláez (Jarape), caricaturista, Colombia

Eliecer Jiménez, cineasta, Cuba-Estados Unidos

Lester García, escritor, Cuba

Visti Cárdenas, cantautor y guionista, Cuba

Asdrúbal Hernández, editor, Venezuela

Rebeca Ulloa Sarmiento, escritora, Cuba-Estados Unidos

Camilo Hernández, guionista, Cuba-Estados Unidos

Félix Caballero, escritor, humorista y periodista, España

Rodolfo Alpízar, traductor y escritor, Cuba

Eduardo Triana (ET), actor, escritor, Cuba-Estados Unidos

Reuben Morales, humorista y Profesor de Comedia - Venezuela-Colombia

Ernesto Chao Galbán, escritor y productor, Cuba-España

Habey Hechavarría, director teatral, Cuba-Estados Unidos

Elías Krimker, escritor y articulista, Argentina.

José Antonio Roche García, actor, Cuba-España

Brady Izquierdo, caricaturista, ilustrador y pintor, Cuba

Jorge Luis González Herrera, actor, Cuba-Estados Unidos

Karoll Williams, artista visual, Cuba-Estados Unidos

Mario Barros, escritor, guionista, actor, Cuba-Estados Unidos

Luis Simpson, actor, Cuba-Estados Unidos

Francisco García González, escritor, guionista, Cuba-Canadá

Dayana Contreras, actriz, Cuba-España

Alberto Maceo, actor y fotógrafo, Cuba-Alemania

César Pérez, escritor, Cuba-Estados Unidos

Armando León Viera, escritor, Cuba-España

Roberto San Martín, actor, Cuba-Estados Unidos

Tony ExFlaco, actor, Cuba-Estados Unidos

Siro Cuartel, escritor, Cuba-Estados Unidos

Javier Marimón (Jacobo Londres), escritor, Cuba-Puerto Rico

Olivia Sofía Manrufo, actriz, Cuba-Perú

Adrián Mas, actor y comediante, Cuba-Estados Unidos

Javier Berridy, humorista, Cuba-Estados Unidos

Yoshvani Medina, dramaturgo, Cuba-Estados Unidos

Tony Benítez, presentador y comediante, Cuba-Estados Unidos

Yasser Villazán (Calderón de la Canoa), escritor, Cuba-Chile

Jorge Ferdecaz, actor, Cuba-Estados Unidos

Jorge Sotolongo, comediante Cuba-Estados Unidos

Ariel Díaz El Mayamero, comediante, Cuba-Estados Unidos

Pedro Lorenzo, escritor, Cuba

Jorge Ferrera, actor, director teatral, Cuba-España

Aldo Luberta, escritor, Cuba-Paraguay

Marcos García, actor y guionista, Cuba

Yobani Bauta, humorista, artista visual, Cuba-Estados Unidos

Miguel Grillo Morales, productor y empresario, Cuba-Estados Unidos

Osvaldo Gutierrez Gomez "Osval", caricaturista, Cuba

Carlos A. Aguilera, escritor, Cuba-República Checa

Eva Badacsonyi, cineasta, Hungría

Carlos Otero, presentador de televisión, Cuba-Estados Unidos

Léster Cano, cineasta, Cuba-Alemania

Orlando Luis Pardo Lazo, escritor, Cuba-Estados Unidos

Natacha Herrera, periodista, Cuba-Estados Unidos

Ivette Falcón, músico, Cuba-Estados Unidos,

Mario Félix Lleonart, pastor, Cuba-Estados Unidos

Guillermina de Ferrari, profesora, Estados Unidos

Mabel Cuesta, escritora y profesora, Cuba-Estados Unidos

Jorge Dalton, cineasta, Cuba-El Salvador

Pablo Garit (Pible), humorista, Cuba-Estados Unidos

Ketty de la Yglesia, actriz, Cuba-Estados Unidos

Alejandro Aguilar, escritor, Cuba-República Dominicana

Vilma Vidal, profesora, Cuba-Canadá

Vanito Brown, músico, Cuba-Estados Unidos

Roberto Carcassés, músico, Cuba

Michel H. Miranda, escritor y profesor, Cuba-Estados Unidos

José Fernández Pequeño, escritor, Cuba-Estados Unidos

Jorge Luis Arzola, escritor, Cuba-Alemania

Ariel Mancebo, humorista, Cuba-Estados Unidos

Elvis Fuentes, director del Museo de Coral Gables,

Eduardo Sarmiento, artista visual, Cuba-Estados Unidos

Ramfis Suárez, artista visual, Cuba

Haydeé Milanés, cantante, Cuba

Guillermo A. Belt, escritor, Cuba-Estados Unidos

Alejandro Gutiérrez, cineasta, Cuba

Rosa Marquetti, musicógrafa, Cuba

Bebo Cárdenas, músico, Cuba-Estados Unidos

Frank Padrón, escritor y crítico de arte, Cuba

Roberto Madrigal, crítico de cine, Cuba-Estados Unidos

Salvador Blanco, periodista y actor, Cuba-Estados Unidos

Laideliz Herrera, escritora, Cuba

Danay Vigoa, artista visual, Cuba-Estados Unidos

Douglas Arguelles, artista visual, Cuba-Estados Unidos

Sandra Cordero, artista visual, Cuba-Estados Unidos

Alexis Romay, escritor, Cuba-Estados Unidos

Ernesto Menendez-Conde, crítico de arte, Cuba-Estados Unidos

Raúl Durán, actor, Cuba-Estados Unidos

Ernesto Santana, escritor, Cuba-Estados Unidos

Boris Larramendi, músico, Cuba-Estados Unidos

Naday Balbuena, productora, Cuba-Estados Unidos

Daniel Díaz Mantilla, escritor, Cuba

Paquito D’Rivera, músico, Cuba-Estados Unidos

Hilda Landrove, investigadora, Cuba-México

Esther María Hernández, profesora, Cuba-Estados Unidos

Sindo Pacheco, escritor, Cuba-Estados Unidos

Meyken Barreto, historiadora del arte, Cuba-Estados Unidos

José Delgado "Delga" caricaturista. Cuba-Estados Unidos

Jairo Alfonso, artista visual, Cuba-Estados Unidos

Julio Llopiz-Casal, artista visual, Cuba-España

Inés Casal, profesora, Cuba

Gleyvis Coro Montanet, poeta, Cuba-España

Abilio Estévez, escritor, Cuba-España

Yesenia Fernández, investigadora, bailarina y coreógrafa, Cuba-Estados Unidos

Carlos Lechuga, cineasta, Cuba

Óscar Gil Gutiérrez, escritor y periodista, Colombia

Simone García Bacallao, artista visual, Cuba

Rafael Díaz Casas, crítico de arte, Cuba-Estados Unidos

George Yudice, escritor, investigador, profesor, El Salvador-Estados Unidos

Dean Luis Reyes, crítico de cine, Cuba

Rolando Sánchez Mejías, escritor, Cuba-España

Claribel Terré Morell, escritora, Cuba-Argentina

Eduardo del Llano, escritor y cineasta, Cuba

José Luis Aparicio Ferrera, cineasta, Cuba

Tania Quintero, periodista, Cuba-Suiza

Alberto Garrido, escritor, Cuba-República Dominicana

Jorge Hernández, diseñador gráfico, Cuba-Estados Unidos

Marcial Gala, escritor, Cuba-Argentina

Andrés Pi Andreu, escritor, Cuba-Estados Unidos

Zeyda Rodríguez Santana, escritora, Cuba-Canadá

Lissette Bustamante, periodista, Cuba-Estados Unidos

Aitor Iraegui, escritor, España

Rosie Inguanzo, actriz, Cuba-Estados Unidos

Simone García Bacallao, artista visual, músico, Cuba

Legna Rodríguez Iglesias, escritora, Cuba-Estados Unidos

Alejandro Aguilera, artista visual, Cuba-Estados Unidos

Luis Alberto Mariño Fernández, músico, Cuba-Argentina

Alina Bárbara López Hernández, profesora universitaria y editora, Cuba.

Cristina Obín, actriz, Cuba.

Emma Artiles, artista plástica, actriz y escritora.

Juanpín Vilar, director de televisión y cine, Cuba.

Ricardo Figueredo, productor y director de cine, Cuba-Argentina.

Alex Fleites, poeta, Cuba.

Teresa Cárdenas, escritora, Premio Casa de las Américas, Cuba.

Gustavo Arcos Fernández, profesor universitario y crítico de arte, Cuba.

Katia Siberia, periodista, Premio Nacional Juan Gualberto Gómez, Cuba.

Cirenaica Moreira, fotógrafa, Cuba.

Diana Reyes Barrena, cineasta, Cuba-Argentina.

Gerardo Fernández Fe, escritor, Cuba-Estados Unidos

Pablo Jesús Socorro, escritor y periodista, Cuba

Eddy Oña Era, profesor de Ingeniería Mecánica, Cuba-Estados Unidos.

Alexander Hall Luzardo, activista afrodescendiente, Cuba.

Laura Llópiz, diseñadora gráfica, Cuba.

Amaury Ramírez Malberti, músico, Cuba.

Marta Castillo, decoradora, Cuba.

Arturo Mesa, traductor y escritor, Cuba-Estados Unidos.

Miryorly García Prieto, historiadora del arte, Cuba.

Yelanys Hernández Fusté, periodista y publicista, Cuba-Estados Unidos.

Carolina de la Torre, sicóloga e investigadora cultural, Cuba.

Ivette García González, historiadora y profesora universitaria, Cuba.

Reinier Díaz Vega, actor, Cuba.

Héctor Zumbado (hijo), profesor universitario, Cuba-Ecuador.

Armando González Plasencia, artista plástico, artista plástico, Cuba.

Luisa Florez Madam, escritora, Cuba-Canadá.

Jorge Ángel Pérez, escritor, Cuba.

Alfredo Rivera, ingeniero eléctrico, Cuba-Estados Unidos.

Lupe Fuentes, periodista, Cuba.

Manuel García Verdecia, escritor, Cuba

José Luis Rodríguez Prieto, camarógrafo de cine, Cuba-Estados Unidos.

Laritza Camacho, actriz, escritora, locutora y guionista, Cuba.

Blanca Rosa Roldán, directora de televisión, Cuba-España.

Susana Barriga, cineasta, Cuba.

Annia Sánchez, actriz y profesora de Voz y de Actuación, Cuba-Paraguay.

Maité Hernández Lorenzo, periodista teatral y escritora, Cuba.

Jorge Méndez Calás, diseñador gráfico, Cuba-Estados Unidos.

Lídice González Parrado, socióloga y fotógrafa, Cuba-Serbia.

Jesús Arencibia Lorenzo, periodista y profesor universitario, Cuba.

Ileana Pérez Drago, arquitecta, Cuba-Estados Unidos.

Leonardo Romero Negrín, activista, Cuba.

Nancy Granados, ONG AVNB, Cuba.

José Luis Rumbaut, periodista, Cuba-México.

Estrella Marrero, arquitecta, Cuba-Estados Unidos.

Marcos Medina, actor humorístico, Cuba.

Lisandra Martín Martín, actriz, Cuba.

Hilda Otero, profesora de Historia, Cuba-España.

Mireya Silva, ingeniera y músico, Cuba-Chile.

Gladys Rodríguez Goicuría, entrenadora deportiva, Cuba-Francia-España.

Luis Hernández Cancio, ingeniero, Cuba-República Dominicana.

Alfredo Castellanos Collazo, orfebre, Cuba.

Yamel Santana Valdés-Hernández, filósofo y fotógrafo, Cuba-Serbia.

Nelson Beatón, dramaturgo, Cuba.

Roberto Govín, actor, Cuba-España.

Tomás López, camarógrafo, Cuba.

Olga Lidia Vázquez Castellón, economista, Cuba-Estados Unidos.

Ernesto Antonio Vázquez Castro, cineasta, Cuba-España.

Yania Suárez, periodista y escritora, Cuba.

Alian Aramis, memero y actor, Cuba.

Jenny Pantoja Torres, historiadora, Cuba.

Nilda Neyra Ramos, entrenadora deportiva, Cuba-España.

Luz Virginia Chávez, seguridad en Telemundo, Cuba-Estados Unidos.

Eider Matos, director comercial Sirmec Surl, Cuba.

Andrea González, graduada Relaciones Internacionales, Cuba-Países Bajos.

Ileana Prieto Jiménez, sicóloga y escritora, Cuba-Estados Unidos.

Zenia Caridad Pardo Santos, farmacéutica, Cuba.

Andrés Pastor Jiménez, actor, Cuba.

José Luis de la Maza Martínez, médico, Cuba.

Vera Kopylov, traductora, Cuba-Israel.

Alfredo Rafael Ballesteros, realizador radial, Cuba-Guyana.

Yoany Santana González, productora de espectáculos, Cuba.

Marta Ibis López, productora de arte, Cuba.

Katherine Peña Rodríguez, defectóloga, Cuba.

Maritza Hernández Peña, memera, Cuba- Estados Unidos.

Lester Rodríguez, artista visual, Cuba.

Mirurgia Junco, especialista en Endoscopia,Cuba

Aslam Ibrahim Castellón, fotorreportero, Cuba.

Caridad Álvarez Busto, profesora de Educación Musical, Cuba.

Iván Capote, dramaturgo, Cuba.

Yanetsy Pino Reina, escritora, Cuba

Dyelsi Jiménez, presentadora y directora de TV y radio, Cuba

Diego Bas, productor de TV y podcaster, Argentina

Renata Guitart, periodista y editora, Cuba- Estados Unidos

Luis Leonel León, periodista y escritor, Cuba- Estados Unidos

Rubén Moro, músico, Costa Rica

Zenaida Aldama, periodista y editora, Bolivia

Yunior García Aguilera, director teatral, Cuba-España

Reinaldo Gutiérrez, arquitecto, Estados Unidos

Anamely Ramos, profesora y activista, Cuba

Katia Gutiérrez, escritora y editora, Cuba

Carnota, humorista, Cuba

Camilo Venegas, escritor, Cuba-Reública Dominicana

Manuel Sosa, escritor, Cuba- Estados Unidos

Lisset Martínez Harryman, historiadora del arte, Cuba- Estados Unidos

Eduardo López, científico, España

Alfredo Pong, humorista gráfico, Cuba- Estados Unidos

Rolando Arco, escritor, Cuba- Estados Unidos

Alejandro Frómeta, músico, Cuba- Estados Unidos

Kizzy Macías, performer, Cuba- Estados Unidos

Ricky Castillo, músico, podcaster, Cuba- Estados Unidos

Arturo Matute, profesor, Cuba- Estados Unidos

Luis Miguel Cruz, profesor, Cuba- Estados Unidos

Tania Bruguera, artista visual, Cuba

Mónica Simal, profesora e investigadora, Cuba- Estados Unidos

Alexander Silva, actor, Cuba- Estados Unidos

Fausto Canel, cineasta, Cuba- Estados Unidos

Alicia Alonso, músico y compositora, Cuba- Estados Unidos

Lilo Vilaplana, cineasta, Cuba- Estados Unidos

Jorge I. Domínguez, editor, Cuba- Estados Unidos

Amir Valle, escritor, editor y periodista, Cuba-Alemania.

Waldo Saavedra González, artista plástico, Cuba-México.

Wilfredo Cancio Isla, periodista y profesor, Cuba-Estados Unidos.

Mauricio De Miranda Parrondo, economista y profesor, Cuba-Colombia.

Jorge Molina, cineasta, actor y productor, Cuba.

René Arencibia, director de cine y televisión, Cuba.

Joaquín Borges Triana, Premio Nacional de Periodismo Cultural, Cuba.

Enoel Oquendo, actor y humorista, Cuba.

Rita García Morris, directora del Centro de Reflexión y Diálogo, Cuba.

Gabriel Jarquin Velázquez, artista visual, Cuba.

Nuvia Estévez, escritora, Cuba-Estados Unidos.

Yamilka Lafita Cancio, historiadora del arte, curadora y diseñadora, Cuba.

Daniela Odette Peral de la Osa, filósofa y productora de eventos, Cuba.

Belkis Perurena Lancha, médico, Cuba.

Alejandra Pino Díaz, arquitecta, Cuba.

Fernando Lobaina, escritor, Cuba-Canadá.

Hermes Entenza, pintor y escritor, Cuba.

Karla Zumbado, hija del Maestro Héctor Zumbado, Cuba-Estados Unidos.

Juan José Martínez, diseñador gráfico, Cuba-Estados Unidos.

Rosa María Sánchez González, bibliotecaria, Cuba.

Omara Mirabal López, cibernética matemática, Cuba-Estados Unidos.

Danny Rojo, músico, Cuba-Estados Unidos

Pablo Moya, músico, Cuba-Estados Unidos

Leonardo Govín, músico, Cuba-Estados Unidos

Elmer Ferrer, músico, Cuba-Canadá

José Luis Bergantiños, humorista, Cuba-España

Juan Terrazas, humorista gráfico y director del Museo de la Caricatura, México

Gisela Labrada, escritora, Cuba-Estados Unidos

Mónica salicetti, historiadora, Estados Unidos

Luca Rego, director de marketing, Reino Unido

René Espí Valero, músico, Cuba

Lourdes Dávila, bailarina y profesora, Puerto Rico

Jorge Olivera, escritor, Cuba

Ares Marrero, escritora, Cuba-Alemania

Juan Ruiz, músico, Colombia

Yankilé Hidalgo, profesora, Cuba-Ecuador

Héctor Valdés Cocho, periodista, Cuba-Estados Unidos

Jorge Maletá Cociña, músico, Cuba-España

Salvador Casanova, periodista, México

María Cardus Moya, enfermera, España

Gina Maneri, traductora, Italia

Manuel Alvarez Junco, artista gráfico, España

Patricia Porini, activista, Francia

Agustín Sánchez González, historiador del humor, México

Gordon Poston, artista gráfico, Estados Unidos

Marialba Pastor. Profesora e investigadora, México

Eduardo Abela Torrás, artista visual, Cuba.

Alex Falco, caricaturista y artista visual, Cuba.

Esteban Insausti, cineasta, Cuba.

Carlos Quintela, cineasta, Cuba.

Mario Guerra, actor, Cuba.

Kaloian Santos Cabrera, fotoperiodista y docente, Cuba-Argentina.

Teresa Fernández de Juan, psicóloga, investigadora y escritora, Cuba-México.

Maikel Cerralvo Peñate, escritor y actor humorístico, Cuba.

Abel Tablada de la Torre, arquitecto y profesor, Cuba.

Marta Cabrera, lic. en Historia del Arte y museóloga, Cuba-Estados Unidos.

Johanna Jolá Álvarez, ingeniera y trabajadora por cuenta propia, Cuba.

Leonel Hernández Sánchez, músico y fotorreportero, Cuba.

Cary Nimia Rodríguez Tudela, profesora y trabajadora por cuenta propia, Cuba.

Ana María Popowski Lamas, actriz y sonidista, Cuba.

Norma Lilian Busquet, licenciada en Educación, Cuba-Estados Unidos.

Alina Arcos Fernández-Britto, médico, Cuba.

Sonnia Moro, historiadora y feminista, Cuba.

Pedro Manuel González Reinoso, actor y escritor, Cuba.

Orlando Silvio Silvera Hernández, artista plástico, Cuba-Estados Unidos.

Anabel Mieres Pérez, periodista, Cuba.

Yamilia Fernández Herrera, mantenimiento comunitario, Cuba-Canadá.

José Ángel Bastart Ortiz, especialista control de plagas, Cuba-Canadá.

Isabel Pérez Campos, meteoróloga, Cuba.

Elihú Pérez Campos, defectóloga, Cuba.

Omara Mirabal López, cibernética matemática, Cuba-Estados Unidos.

Ana Ivis Cáceres de la Cruz, escritora, Cuba.

Ivette Corcho, diseñadora, Cuba.

Milena Silva, economista, Cuba.

Armando Saúl Cotrina, actor, Cuba.

Ariel Alfonso, abogado, Cuba.

Manuel Somoza, ingeniero, Cuba-Estados Unidos.

Annia Faílde, diseñadora, Cuba-España.

José Nuevo Reyes, profesor de deportes, Cuba.

Carlos Daniel Sarmiento Barlet, director teatral, Cuba.

Yoenia Estrada Corpas, profesora y cuentapropista, Cuba.

Alejandro Arencibia Torres, especialista en Derecho Penal, Cuba-Brasil.

Maryanelys Pereda Pileta, médico, Cuba.

Alicia Pérez, médico, Cuba-Estados Unidos.

Liliana de Zayas Leygonier, asesora contable y fiscal, Cuba-España.

Alfredo Reyes Sánchez, licenciado en Derecho, Cuba.

Nilda Bouzo, artista plástica, Cuba.

Jorge Cervantes Álvarez, profesor de Educación Física, Cuba.

Rubén Moro, trovador, Cuba-Costa Rica.

Inés Margarita Torres Rivero, doctora en Ciencias de la Educación, Cuba.

Yobana Ferrer, bibliotecaria, Cuba.

Pedro Luis García Macías, asistente de prensa radial y librero, Cuba.

Ricardo Fernández, graduado en contabilidad, Cuba-Estados Unidos.

Cristina Noval, técnico de la salud, Cuba-Estados Unidos.

Maytee Olivera Vega, médico, Cuba.

Leonel Rodríguez Pozada, taxista, Cuba.

José Antonio de la Rosa, electricista y cuentapropista, Cuba.

Abdel Legrá Pacheco, diseñador de artículos deportivos, Cuba.

Elba C. Hernández, licenciada en Español y Literatura, Cuba-Estados Unidos.

Gloria E. García, ingeniera mecánica, Cuba-Estados Unidos.

Marlis Serrano, peluquera, Cuba.

Paulina Castillo Proenza, técnico medio en OTS, Cuba-Estados Unidos.

Kenia Rodríguez Poulout, especialista en Recursos Humanos, Cuba.

Gustavo Hernández García, maestro jubilado, Cuba.

Mirna Cruz Acosta, artesana, Cuba.

Walberto Lóriga Peña, profesor universitario y doctor en Ciencias, Cuba.

Pedro Pablo Bacallao Perdomo, dibujante y pintor, Cuba.

Raúl Mecías, economista, Cuba-Estados Unidos.

Ramses Cruz, operador de planta de agua, Cuba-Estados Unidos.

Anaivis Cáceres, poeta, Cuba-Estados Unidos

Magdalena López, investigadora, profesora, Venezuela

Yamil Liranza, humorista, Cuba-Chile

Lía Villares, artista visual, músico, Cuba-Estados Unidos

Miriela Rodríguez, fotógrafa, Cuba-España

Fe Pérez Dovale, profesora, Cuba-Estados Unidos

Pablo Simo, profesor, Cuba-Francia

María Isabel Alfonso, profesora, Cuba-Estados Unidos

Maura Candelaria, arquitecta, Cuba-Estados Unidos

Marcial Lorenzo Escudero, dramaturgo, director teatral, Cuba-Estados Unidos

Nanne Timmer, poeta, profesora, Países Bajos

Carlos Heredia, funcionario ONG, Cuba-Suecia

Jorge Luis García Fuentes, actor, dramaturgo, director teatral, Cuba-México

Maikel López, diseñador gráfico, Cuba-Estados Unidos

Alicia García, editora, Cuba-Estados Unidos

Jorge Brioso, profesor, escritor, Cuba-Estados Unidos

Jairo Grijalba Ruiz, musicólogo, Colombia

Radosman Gutiérrez, ingeniero informático, Cuba-Suecia

Claudia Virgós, funcionaria ONG, Cuba-España

Karina Geada, traductora, Cuba-Estados Unidos

Jorge Sarduy, economista, Cuba-Estados Unidos

Yevheniia Velykdan, directora de programa, Irlanda

Iris Yermak, funcionaria ONG, Estados Unidos

 

Enlace a la peticion:

 

https://chng.it/G9Y8XyyQpG

 

 

 

viernes, 30 de junio de 2023

Carlos Alberto Montaner, el hombre que era Cuba

 


No se me ocurre con qué comparar la lectura de Carlos Alberto Montaner en mis años cubanos. La imagen de los cristianos que acceden a una página de la Biblia contrabandeada al interior de su celda es demasiado elemental aunque se le asemeje en secretismo, deslumbramiento y emoción. Pero más que dirigidos a exaltar alguna fe los artículos de Montaner eran continuos llamados a la razón y a la decencia. A su manera ejemplar, sus textos nos recordaban que toda la rabia del mundo no justifica la renuncia a razonar, ni a adoptar una ética que no se correspondiera con un razonamiento equilibrado ni con un elemental sentido de la justicia. Si buena parte de la intelectualidad latinoamericana se desentendía de las atrocidades del castrismo para concentrarse en atrocidades similares cometidas por un Pinochet o un Videla, Montaner no veía por qué unas debían ser peores (o mejores) que las otras. Y si eso lo decía alguien que había sido perseguido por el castrismo desde la adolescencia y a quien se seguía demonizando en aquellos noventas en que lo leíamos furtivamente en La Habana ¿qué derecho teníamos a poner la rabia por delante de la razón?

La visión expandida y penetrante de Carlos Alberto Montaner también nos ponía en contacto con otros temas que entonces nos parecían menos urgentes. Como el de morir en el exilio. De todos aquellos recortes que contrabandeábamos en La Habana de la primera mitad de los noventa, en una era anterior al internet, ninguno recuerdo mejor que el que me pasó un amigo arquitecto a la entrada del cementerio en el que trabajábamos. En él Montaner lamentaba la muerte del gran historiador cubano Leví Marrero, una muerte más lamentable, nos decía, por ser el autor de la monstruosa serie de catorce volúmenes sobre el pasado nacional quien falleciera desterrado de la isla que conoció y describió como pocos.

Llegué a conocer a Montaner no mucho después de mi lectura de aquel artículo tras mi llegada a Madrid donde el escritor vivía desde hacía décadas. Por entonces el cubano se codeaba con el futuro premio Nobel Mario Margas Llosa y con el inminente jefe de gobierno español Jose María Aznar. Días en que la aparición del Manual del idiota latinoamericano… y español, escrito junto a Plinio Apuleyo Mendoza y Álvaro Vargas supuso un estremecimiento para el mundo intelectual de la lengua. Una sacudida necesaria pero no por eso bien recibida. La minuciosa disección que hacían los autores de esa difundida especie de intelectual que, —lejos de haber aprendido algo de la ejemplar implosión del comunismo europeo— insistía en principios desastrosos para la humanidad donde quiera que se hubieran aplicado, apenas fue respondida con un escolar “más idiota serás tú”. Aquella advertencia inteligente y mordaz —que en las horas más bajas de la “Gran Marcha Hacia Delante” de que hablaba Kundera pudo parecer tautologica— ha terminado siendo profética. La idiotez latinoamericana no solo no ha desaparecido sino que avanzó muchísimo desde la aparición de aquel libro. Pero a Montaner nunca pareció desanimarse ante el incansable vigor de la estupidez humana e insistió en ilustrarnos casi hasta el final de sus días.

Al contrario de buena parte de los escritores que he conocido, la estatura de Montaner se acrecentaba cuando se le conocía de cerca. La elegancia y tersura de su prosa era un reflejo atenuado de la elegancia y sobriedad de su persona. Una contención que no limitaba su gracia y jovialidad sino que le daba una dulzura expresiva y una civilidad que no he conocido en nadie más. Al salir de uno de nuestros encuentros un amigo que me acompañaba, ya frente a los elevadores del edificio me susurró “Es un caballero”. Como si se tratara de un secreto que debía quedar entre nosotros. Un caballero cubano, aunque le parezca un oxímoron a los que nacimos en la Cuba desgreñada y chusma que sigue siendo hoy.

No solo era Montaner cubanísimo en sus ademanes cuidados, en su gracia, en su conocimiento extenso y profundo del país, en su sabiduría, en su insaciable curiosidad y en su sorprendente humildad. Montaner era Cuba. Pero una Cuba de la que ya hemos olvidado su posibilidad de ser y ahora, en ausencia suya, no creo que podramos recuperar. La presencia de Montaner imponía un respeto instantáneo, pero al mismo tiempo con su suavidad y sus mañas de buen conversador eliminaba toda distancia para hacerte sentir como a un igual. Quizás fue por eso que cuando en nuestra única comida juntos propiciada por esa otra encarnación de Cuba que es Paquito D’Rivera me atreví a soltarle una broma. A él, al Enemigo Número 1 del castrismo, al Anticastro mismo le susurré cuando iban a tomarnos una foto: “Tenga cuidado, que esta foto conmigo puede comprometerlo”. Y a diferencia de aquellos que andan demasiado tiempo encaramados en su propia importancia, Montaner de inmediato entendió la broma y rio de buena gana.

Cada vez que alguien me dice “Me gusta como escribes, pero no estoy de acuerdo con todo lo que dices” me carcajeo por dentro. Extraña pretensión esa la de estar de acuerdo con todo lo que piensa otro cuando muchas veces uno no concuerda siquiera con lo que dijo tiempo atrás. Posiblemente Montaner y yo estuviéramos en desacuerdo en muchos asuntos pero creo que coincidíamos en las cuatro o cinco cosas fundamentales que conforman la visión de cualquiera frente al mundo. Siempre ajeno a los extremos su opinión sobre cada asunto importante era minuciosamente razonada.

Montaner era al mismo tiempo firme y tolerante y no permitía que su cortesía exquisita le impidiera dejar claras sus diferencias con el interlocutor, pero —cosa rara en el ámbito intelectual— no se tomaba el disentimiento como ofensa personal. Nunca se dejó seducir por presión del número o de los tiempos, ni siquiera al final de su vida, cuando su debilidad física quizás invitara a un descanso mental. Así, no tuvo miedo de contradecir ni el entusiasmo mayamés por Trump ni el latinoamericano por Petro detalles por los que muchos no lo perdonarán nunca. Para alguien tan ajeno al odio visceral como Montaner los ataques que recibió entonces debieron parecerle una prueba adicional de que la razón seguía estando de su parte.

La más joven generación cubana, crecida en la isla bajo el bombardeo incesante de la propaganda oficial contra Montaner supondrá que algo de verdad habrá en el terroristalacayodelimperialismo con que se le representaba en Cuba. Y estarán equivocados. Cuando se trataba de presentar a Montaner los medios cubanos impecablemente falsos. Aparte del nombre y la fecha de nacimiento mentían en todo lo demás. Para esos jóvenes nunca será tarde para empezar a leerlo.

La muerte de Carlos Alberto Montaner —que a pesar de sus ochenta años cumplidos y de la enfermedad que lo aquejaba puede parecernos demasiado temprana— es una muestra más de su compromiso con la razón. A alguien que hizo de la lucidez y su ejercicio el sentido de su vida le debió parecer insoportable la idea de existir sin ella.

Si cada vez que muere un gran cubano recuerdo aquel artículo de Montaner sobre Levi Marrero ahora, a la muerte de su autor se siente multiplicada esa falta sin fondo de la que hablaba Vallejo. Una circunstancia especialmente triste porque en aquella fecha tan lejana como nos resulta 1995 —cuando ya llevaba 35 años de exilio— Montaner no podía imaginar que 28 años después él también moriría lejos de la patria a cuya libertad había consagrado toda su vida. Sin conseguirla. Triste porque con Carlos Alberto Montaner se nos va una posibilidad de Cuba que él encarnaba como nadie y porque cualquiera que sea el futuro cubano se las tendrá que arreglar sin su lucidez ejemplar.

martes, 20 de junio de 2023

El mundo en blanco y negro


En tiempos en que la industria del entretenimiento se ha vuelto pedagógica parecería que los profesores andamos sobrando. Cada película o serie —o una buena parte, para no exagerar— se propone ser instructiva. Educar a su público al mismo tiempo en el conocimiento de la historia humana y en la diferencia entre el Bien y el Mal. La industria del entretenimiento ahora, cuando no se empeña en ser perfectamente banal, insiste en hacerle competencia a los curas, sermoneándonos sobre las virtudes de la bondad póstuma. Gracias a las series y películas nuevas, el pasado ahora se empeña en lucir mucho más benévolo que hace unos años. Hasta los nazis de las nuevas ficciones se cuidan de hacer comentarios fuera de tono y cuando se atreven es con el único objetivo de parecerles indiscutiblemente malos incluso a quienes desaprueben un examen de ética elemental. Las ficciones contemporáneas exponen las opciones morales de manera tan obvia que uno se pregunta cómo es posible que alguna vez los seres humanos hayan optado por el Mal.

A pesar de eso, insisto. No puede ser que los cineastas del universo hayan renunciado a representar el pasado y el presente con algo de inteligencia. Por eso cuando vi anunciada en Netflix la serie Transatlantic decidí darle una oportunidad. La premisa de la serie resultaba seductora: contar la historia de cómo consiguieron escapar de la Francia de Vichy algunas de las mentes más brillantes y creativas del mundo, empantanadas en Marsella y en peligro de caer en manos de los nazis. Una historia parecida a la de Casablanca, pero con personajes reales tan interesantes como André Breton, Walter Benjamin, Max Ernst, Marc Chagall, Hanna Arendt, Marcel Duchamp o Albert Hirschman.

Sin embargo, la trama y los personajes más atractivos pueden echarse a perder allí donde prima, más que el deseo de entender la complejidad de los asuntos humanos, el de imponer algún catecismo. (Eso es lo que explica que, con personajes con tantas posibilidades como Jesucristo, los apóstoles o María Magdalena, apenas se hayan hecho películas decentes con la trama de los evangelios). En el caso de Transatlantic, aburre e incomoda la manera en que se escenifican los códigos del actual catecismo social: los hombres blancos heterosexuales actúan como una partida de idiotas malvados —especialmente si son nazis, policías franceses o funcionarios y empresarios norteamericanos— mientras los representantes de las minorías son los únicos que parecen contener algo más que aire en el alma o el cerebro. Nada del simpático oportunismo del capitán Renault en Casablanca. Ni siquiera la astuta maldad del mayor Strasser. Transatlantic parece ignorar que un drama —o incluso una comedia ligera— no resulta atractivo sin un obstáculo medianamente complejo que superar. Más si se trata de la compleja misión de salvar algunas de las mentes más brillantes de la época.

Pero al naufragio que es Transatlantic no le basta con ser previsible y caricaturesco. En el esfuerzo por insertar actores afrodescendientes en la trama los creadores de la serie se inventan una improbable representante negra del servicio de inteligencia inglés paseando cubierta de pieles por delante de oficiales nazis y policías de Vichy. O le otorgan el puesto de recepcionista de un importante hotel de Marsella —hotel donde se alojan lo mismo refugiados que oficiales nazis— a un inmigrante de Benin que sospecho que le sería difícil conseguir ese puesto incluso en 2023, no digamos en una Europa invadida por el racismo de Hitler. Pero en su afán por darles protagonismo a personajes afrodescendientes a los realizadores de Transatlantic no se les ocurrió buscar en la Historia. Resulta que uno de los importantes artistas incluidos en la operación real de rescate que describe la serie fue el pintor Wifredo Lam. Lam, artista cubano con sangre africana, china y española en sus venas y reconocido por sus colegas de la bohemia parisina —desde Picasso a Matisse— iba camino de convertirse en el principal introductor del imaginario afroamericano en la pintura del siglo XX.

Pero aparte del pecado de ignorancia, a los realizadores de la serie los traicionó el subconsciente: al parecer asumieron de entrada que un artista de sangre africana como Lam no podría estar entre el contingente de artistas, intelectuales y científicos rescatados en la famosa operación. ¿Para qué investigar más a fondo la historia real si se puede impartir justicia retroactiva enmendando el pasado a golpe de buenas intenciones? No se trata en este caso del racismo beligerante de toda la vida sino de otro, buenista y condescendiente. Es la soberbia de los que se sienten llamados a redimir en ficción a los históricamente excluidos cuando la realidad ha sido bastante más interesante de lo que imaginaban.

No se trata de usar Transatlantic, serie flagrantemente mediocre en casi todo menos en el presupuesto (aunque las reseñas hasta ahora sean “mayormente favorables”) como símbolo de la cultura contemporánea. O sí. La falta de esfuerzo por crear una historia profunda o simplemente informada, permite apreciar mejor el grado cero de la cultura actual, donde muchos se hacen perdonar su falta de conocimiento —y de melanina— usando a las minorías a conveniencia para posar como sus rescatadores. Blancos y blancas aparecen una vez más como redentores de las razas oprimidas, pero sin que se note tanto porque buena parte de ellos estarán detrás de las cámaras. Una variante de racismo bastante más educada y mejor intencionada, pero igualmente ignorante. Como si no fuera suficiente con las variantes tradicionales del racismo. Porque el racismo es eso: la incapacidad de ver al otro como a un igual y a asociar la supuesta superioridad o inferioridad de alguien a un color de piel, una procedencia o a un acento. Y los humanos aceptamos ese artificio para hacer la vida más fácil de entender y asegurarnos algún protagonismo en una historia en la que casi siempre estamos condenados al papel de figurantes.

Es a esa realidad —la del desconocimiento bienintencionado como alternativa al desconocimiento malintencionado— a la que nos enfrentamos los profesores cada día: despejadas las intenciones queda claro que el factor común es la ignorancia, cuya disminución cae justo dentro de nuestro contenido de trabajo. Parecería cosa fácil, si no fuera porque —como en el famoso Siglo de las Luces— la realidad no estuviera inundada de supersticiones. La de la raza es una de ellas, e independientemente de la idea que nuestra época tiene de sí misma, hoy la superstición de la raza parece mucho más sólida que en tiempos de Hitler. Tanto que un etnólogo antirracista como Fernando Ortiz ahora se lo pensaría dos veces antes de publicar un libro que llevara por título El engaño de las razas: no estaría seguro de ser atacado más en nombre de la reacción que en el del progreso.

jueves, 15 de junio de 2023

Listado histérico

 


Veo que existe en Wikipedia una lista de campañas del Partido Comunista Chino (que incluye nombres tan pintorescos como Las Cien Flores, El Gran Salto Hacia Adelante, Las Cuatro Plas o La Revolución Cultural y me parece apropiado y útil listar las campañas del castrismo. Aquí apunto las primeras que me vienen a la mente a la esperar de que ustedes me ayuden a completarla. Si alguien necesita que le explique alguna de las listadas me avisa.

1959 -Reforma agraria*

Primera depuración universitaria

Campaña Compre Productos Cubanos

1960 -Campaña de industrialización

-Lucha Contra Bandidos

-Nacionalizaciones

1961 -Campaña de alfabetización**

1962 Las tres P (Ni putas ni proxenetas ni pederastas)

Segunda Ley de Reforma Agraria***

1965 Campaña contra el burocratismo 

-UMAP

1966 Campaña contra la “dulce vida” ****

1968 -Ofensiva Revolucionaria

1970 -Zafra de los Diez Millones

1971 -Parametración

1977 -Institucionalización

1979 -Proceso de Profundización (nueva depuración de estudiantes en las universidades)

1980 -Mariel.

Actos de repudio

Marchas del Pueblo Combatiente

Depuraciones en centros de estudio

1981 -Creación de las Milicias de Tropas Territoriales

-Campaña contra el mosquito Aedes Aegypti

1986 -Proceso de rectificación de errores y tendencias negativas

1989 -Creación del Contigente Blas Roca 

1990 -Período Especial en Tiempo de Paz

-Llamamiento al Cuarto Congreso

-Plan Alimentario

2000 -Batalla de Ideas

2006 -Revolución Energética

2021 -Tarea Ordenamiento


*El que reparte (el EStado) obtuvo el 40% de la tierra cultivable.

**Miles de maestros voluntarios fueron enviados a zonas de guerra. Nueve de ellos fueron asesinados por los rebeldes.

***El Estado alcanza el 70% de las tierras cultivables del país.

**** Contra aquellos que llevaban un tren de vida ostentoso incluidos altos dirigentes entre los que se incluyó al Comandante Efigenio Ameijeiras. A él debió tenerlo en cuenta Fidel Castro cuando se refirió a "ajustar cuentas con unas cuantas docenas de charlatanes corrompidos, unas cuantas docenas de charlatanes corrompidos, que además eran unos tremebundos tipos:  “A mí no me tocan.  Yo sí es verdad que soy un 'come-candela'.”  Es decir, guaperías con la Revolución, en una época en que la guapería individual pasó a la otra vida, y los guapos fueron aplastados por el pueblo, que es el único valiente (APLAUSOS).  “A mí no me hacen nada.  A mí no me tocan, porque yo hice, porque yo 'me la comí'.” 

Martí y el danzón

 Por Enrique Del Risco

      

A Jorge Ignacio Domínguez, quien me ha hecho volver a Martí


A los pueblos, como a la gente común, le gustan las simetrías. Y pensar, por ejemplo, que sus adalides políticos son a su vez adelantados estéticos y que las reivindicaciones sociales van de la mano con los atrevimientos culturales. Así hasta que se presta atención y se cae en que los próceres solían ser más conservadores que la media en sus gustos literarios o musicales. Pero entonces, cuando se trata de cubanos, aparece Martí, el primero entre todos en todo. El paladín de la independencia que a su vez tenía la última palabra en poesía modernista o pintura impresionista. Justo hasta que llegaba el momento del baile y entonces anotaba en una carta a un colaborador: “Tocan danzas en la casa mientras escribo, y me molesta: ¿quién tiene derecho todavía a tocar danzas?”

Pienso en esto al revisar el programa de una “Velada familiar en honor de la Señora Leonor Pérez de Martí” el 26 de diciembre de 1887 en Nueva York. Por íntima y familiar que fuera la velada el repertorio que se anuncia se muestra ambicioso. Los poemas que serían leídos procedían casi todos de autores cubanos: Juan Clemente Zenea, José Jacinto Milanés, Diego Vicente Tejera y hasta el propio José Martí. La sección musical sería en cambio más cosmopolita: canciones patrióticas norteamericanas, un trozo de zarzuela española, piezas de Donizetti, Gounod, Chopin. Por eso llama la atención que el colofón de la velada sea precisamente un danzón. Una pieza original compuesta por Beatriz Acosta de Tanco dedicada a la huésped de honor y madre del apóstol titulada, convenientemente, “La Leonora”.

Resulta curiosa la inclusión de un danzón en aquella velada familiar porque lo que es ahora el baile nacional no era visto en la isla como música para personas decentes que es con seguridad como se tenían a sí mismos los asistentes al homenaje a Doña Leonor. Allá en Cuba el danzón era visto con no poca reserva. El periodista Serafín Ramírez, a quien algunos consideran “el primer musicólogo cubano en el siglo XIX” o primer historiador de la música cubana”, no tenía empacho al referirse con repugnancia a ese “ritmo revoltoso y picante con que se acompaña esa degeneración de nuestra contradanza llamada danzón”. Y Ramírez insistía en que “todo lo que tiene de inconveniente y grotesco” no se debía a la sensualidad del baile sino a sus propios componentes musicales. “No es el danzón el que hay que corregir sino su música”.

Por las fechas en que se interpretaba “La Leonora” en honor de la madre de Martí las diatribas contra el danzón eran lugar común no solo en la prensa cubana. Narciso Gener Gonzales periodista norteamericano (e hijo del cubano Ambrosio José Gonzales, compañero de expediciones de Narciso López —con cuyo nombre bautizó a su hijo— y coronel sureño durante la Guerra Civil) describe así un baile en el Parque Central de La Habana en el último domingo de carnaval:

Cientos de mujeres, casi todas enmascaradas y casi todas de color, bailaban al son de una música fantástica —un vals nativo, lento y curioso, llamado danzón— con cientos de hombres blancos. De ninguna manera era una visión agradable; era algo repulsivo para las ideas sureñas; pero no demostraba otra cosa que [el hecho de que] los latinos exhiben las inmoralidades que los anglosajones suelen encubrir cuidadosamente. Las mujeres eran del bajo mundo, y los hombres, por regla general, eran obviamente quienes las mantenían; se encontraban en ese lugar público y hacían ostentación de sus relaciones en frente de los curiosos; era el lado sórdido del tejido social que se revela con una sangre fría propia de los latinos, quienes consideran hipócritas a sus vecinos del norte porque, teniendo los mismos vicios, se esfuerzan mucho por ocultarlos.


No obstante, la decencia es, como se sabe, un concepto muy relativo. Lo que se consideraba vulgar en La Habana, en Nueva York podía considerarse cosa patriótica, muestra de la autoctonía más venerable. Por otra parte, ahora va siendo lugar común entre los que escriben sobre finales del siglo XIX afirmar que el danzón “se asociaba con los ideales libertarios de esos años”. El crítico Roberto González Echevarría ha afirmado que “al igual que el béisbol, y quizás aún más que este deporte, la música cubana y la aparición del danzón, desempeñaron un papel fundamental en la constitución de la conciencia nacional”. En otro momento González Echevarría nos dice que bailar “el danzón, gustar de una literatura estetizante y erótica, practicar el béisbol eran todas actividades modernas y contrarias al espíritu del régimen colonial”.

El gusto humano por la simetría ha hecho que los historiadores vean avanzar codo a codo el nacionalismo político y el musical cuando la realidad suele contradecirlos. El historiador Jesse E. Hoffnung-Garskof, autor del interesantísimo Migraciones Raciales La ciudad de Nueva York y la política revolucionaria en el Caribe español, 1850–1902 reconoce que “como periodistas que se ubicaban en al ámbito público” Rafael Serra, fundador de la “Sociedad Protectora de la Instrucción La Liga” para negros cubanos y puertorriqueños que funcionaría en Nueva York entre 1890 y 1895 y Martín Morúa Delgado, futuro presidente del senado de la república cubana “tenían que preocuparse por la reputación de las sociedades de color, ya que cualquier imagen negativa de ellas restaría valor a su defensa de la igualdad de derechos civiles y políticos. Por ello, acabaron adoptando una línea dura” contra el danzón. A pesar de todas las evidencias en sentido contrario Hoffnung-Garskof se siente tentado a imaginar que la actitud sombría de Serra fuera “solo una proyección pública, que también se permitiría de vez en cuando escuchar o tocar las palmas, cuando los vecinos tocaban y bailaban rumba en su barrio, que se reiría discretamente al escuchar las inteligentes alusiones y las referencias musicales a la sociedad Abakuá en las obras de Failde”. No obstante, el entusiasta historiador norteamericano debe reconocer que no tiene pruebas de que el comportamiento de Serra “en privado respecto a los bailes y la música difiriera de la severa opinión que hizo pública”.

Otra de las grandes figuras negras del independentismo, el periodista Juan Gualberto Gómez, también abominó públicamente de las “prácticas bárbaras” que representaban los bailes afrocubanos: “¿No es verdad que los bailes que las Sociedades de la clase de color han servido mucho para el progreso, la cultura y la moralidad de nuestra raza? … Nuestra juventud, en buena parte, se dedicaba a los juegos de ñáñigos, a los tangos, a los bailes inmorales de la cuna de Guanabacoa, y de los altos de Albizu … entonces se crearon las sociedades y sus bailes vinieron a representar un positivo progreso sobre los tangos y las contorsiones del ñañiguismo…”.

Por su parte, figuras definitorias del independentismo como los generales Antonio Maceo y Máximo Gómez parecían menos reacios a participar en los bailes populares. Si de Maceo se dice que era un buen bailador y no se hacía de rogar a la hora de demostrarlo Máximo Gómez da fe en varias entradas de su diario de campaña que no le disgustaba participar en los bailes a que lo convidaban en tiempos de guerra o de paz. En la Nochebuena de 1872 Gómez atesta que en Buenaventura los vecinos lo obsequiaron esa noche “con una cena y un baile que pasé divertido en compañía de aquella buena gente”. Y el 22 de septiembre de 1888 en Puerto Plata en su natal República Dominicana hace constar que fue “invitado a un gran baile donde conocí muchas más personas de ambos sexos”. No obstante, casi justo una década más tarde, el 24 de septiembre de 1898, conclusa la guerra por la intervención norteamericana Gómez expresa su disgusto “por la pena de ver separarse de mi lado a varios de mis ayudantes disgustados porque yo no acepté excesos de baile en mi propia tienda. Esto causó una impresión desagradable en todos, y constituyéndose cabeza de sedición Valdés Domínguez [el amigo de Martí, quien] arrastró en su locura hasta a Miguel Varona, el joven oficial más mimado del Estado Mayor”.

La inclinación —o no— por el baile dependía, como suele suceder, de la naturaleza de la persona en cuestión, aunque a nivel popular los cubanos solían distinguirse de los españoles por el gusto por ciertos bailes y ritmos autóctonos que las élites de uno y otro bando coincidían en despreciar por consideraciones racistas o clasistas. No en balde uno de los apodos despectivos con los que los cubanos se referían a los españoles era el de “patones” sinónimo local de ineptos para el baile. En cambio, los líderes cubanos, ya fuera por inclinación personal o porque en ellos el peso de la opinión pública era mayor, solían cuidarse de que su inclinación por los bailes populares no los hiciera parecer frívolos o indecentes.

Por otra parte, en el caso de las élites blancas criollas se puede apreciar el intento de homologar su racismo con el de las “naciones civilizadas” que, como Estados Unidos, le daban a este una justificación científica, darwiniana, antes que moral o clasista. El más conocido y feroz ataque público contra el danzón salió de la pluma del criollo Benjamín de Céspedes, plasmado en su libro La prostitución en la ciudad de La Habana. El mismo autor que un año más tarde describe el béisbol como “un pintoresco ensayo de democracia en sus formas más amables y sencillas” describe así los bailes habaneros:

Desde el modesto estrado hasta el amplio salón de la más encopetada sociedad pública, acuden todos confundidos y delirantes á remedar sin pudor ni decoro escenas sáficas de alcoba, bautizadas con los nombres de danza, danzón y Yambú. Músicos y compositores,—por lo general de la raza de color,—rotulan con el dicharacho más expresivo, recogida de la calle o del tugurio, sus abigarradas composiciones, cuyos ritmos son la expresión musical imitativa de escenas pornográficas, que los timbales fingen como redobles de deseos, que el ríspido sonsonete del guayo como titilaciones que exacerban la lujuria y que el clarinete y el cornetín, en su competencia estruendosa y disonante, parecen imitar las ansias, las suplicas y los esfuerzos del que lucha ardorosamente por la posesión amorosa.

No era De Céspedes, en lo político un representante de la reacción integrista. Todo lo contrario. Según el estudioso Jorge Ignacio Domínguez “De Céspedes, médico de familia acaudalada, había estudiado en Francia y España, era separatista, profesaba un criollismo ingenuo y extremista, y en sus ratos libres era presidente de la Liga Anticlerical de la Isla de Cuba”. Téngase en cuenta además que La prostitución en la ciudad de La Habana fue prologado por Enrique José Varona —el mismo que sustituiría a Martí al frente de Patria— quien comenta allí que “si Cuba participa imperfectamente de la cultura europea, en cambio ha recibido sin tasa el virus de su corrupción pestilente” y que en el libro se verá como efecto de la “colonización europea […] lo que han dejado las piaras de ganado negro, transportadas del África salvaje”. Salvaje como nos puede parecer el racismo de La prostitución en la ciudad de La Habana este libro fue percibido en su época antes que nada como ataque al régimen colonial. Al año siguiente el escritor integrista Pedro Giralt en un libro titulado El Amor y la Prostitución, Réplica a un libro del Dr. Céspedes denuncia al de De Céspedes como inspirado por “la musa histérica del criollismo exaltado”. A diferencia de lo que preferirían estudiosos como González Echevarría o Jesse E. Hoffnung-Garskof la realidad entonces como ahora no andaba muy interesada en las simetrías y hubo independentistas racistas, defensores del béisbol que despreciaban el danzón y antirracistas afrocubanos que consideraban el futuro baile nacional como indecente, salvaje y corruptor.

Como en casi todo, la actitud de Martí hacia el danzón en particular y hacia el baile en general es bastante más compleja —y documentada. El baile no parece haber sido lo suyo. En un poema poco conocido —lleno de lugares comunes y apenas notable por el ímpetu que el autor imprimía en todos sus escritos— Martí comienza exaltando la danza en lo que tiene de sensualidad (“¡Bella es la vida en mágico embeleso!”) para luego interrumpir el placer del baile con una pregunta “¿qué es esto con que mis pies tropiezan?/-¿Esto? Nada./ La honra de una mujer que se ha caído”.

En otros escritos y al igual que otros escritores citados antes, Martí asocia el baile a la corrupción del régimen colonial y celebra el aparente abandono del estereotipo del cubano bailador: “¡Se acabó el cubano bailarín, como tipo del cubano, y hay menos danza y vicio entre los hijos de Cuba, aunque no lo parezca así en esta ciudad o la otra, que en la mayoría de los pueblos del mundo!”. En buena parte de las escasas referencias de Martí al baile, este cuando no corrompe distrae de la magna tarea de liberar la patria. Es así como compara a unos tabaqueros fiesteros de Cayo Hueso con los que en una fábrica de Tampa trabajan el domingo para entregar sus honorarios a la causa. Por eso el periódico Patria opta por:

celebrar a los cubanos que después de trabajar toda la semana para sus casas, trabajaron: como muchas otras veces su día de descanso, su domingo, para el tesoro con que han de conseguir su honra de hombres y la de sus hermanos. Algún danzón, recién salido de quién sabe dónde, puede fisgar entre un coñac y otro, del codo, de su teniente, a esos “tabaqueros” del Cayo: Patria prefiere, desde el corazón, enviar su saludo a los tabaqueros de la casa de O’Halloran.

Pero Martí sabe que no puede ignorar la importancia del baile en el mundo que lo rodea. Por mucho que el patriota insista en su raro ascetismo mientras el escritor celebra el placer de las bellas artes, el baile está demasiado enraizado en la sociedad moderna, en la cultura cubana e incluso entre sus seres queridos, como para renunciar a él. Al comunicarse desde México en 1894 con su María Mantilla en Nueva York le anuncia un regalo: “¿A que no sabes qué te llevo? ‘Cuatro danzas’ lindas, de un señor de acá de México, [dedicadas] a las cuatro hijas de mi amigo Mercado”. A continuación, Martí describe el ambiente festivo con que lo han agasajado en casa de Manuel Mercado pero no puede contener la advertencia impertinente: “lo admirable aquí es el pudor de las mujeres, no como allá, que permiten a los hombres un trato demasiado cercano y feo. Esta es otra vida, María querida. Y hablan con sus amigos, con toda la libertad necesaria; pero a distancia, como debe estar el gusano de la flor. Es muy hermoso aquí el decoro de las mujeres. Cada una, por su decoro, parece una princesa”.

Tampoco en el ámbito patriótico Martí puede prescindir de la fiesta, como mismo la fiesta cubana no puede prescindir del baile. El pueblo al que Martí pretende servirle de mesías disfruta demasiado de un buen danzón para pedirle que renuncie a disfrutarlo. Mejor seráusarlo entonces como patriótico cebo. Por eso al anunciar en Patria una fiesta de “la honrada Sociedad de Beneficencia” afrocubana “La Igualdad”, el lunes 27 de junio de 1893 “en el parque de Sultzer, en la calle 126 y la Segunda Avenida” Martí insiste en anunciar al son de cuáles músicos se bailará y así garantizar la asistencia del público: “esta vez no habrá en el jardín palmo de tierra vacío, porque los profesores Hourruitiner y Duarte van a tocar la música de Cuba”.

Pero más allá del pragmatismo de no oponerse a que sus compatriotas se reúnan para divertirse Martí necesita distanciarse de los políticos al uso. Martí, además de comprobar la eficacia de la fiesta y el baile para convocar a los emigrados siente que debe exigirse un mínimo de coherencia. Ese que se ha llamado “hombre sincero de donde crece la palma” necesita un punto de comunión con el entusiasmo de sus compatriotas por un baile que no parece entender del todo. Quien ha hablado en “Nuestra América” de “los hombres naturales” que “han vencido a los letrados artificiales” debe demostrarse a sí mismo que no es un letrado artificial. Quien afirma que “el mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico” necesita convencerse que no es él ese criollo que solo se entusiasma con las bellas artes procedentes de Europa. Martí, tan exquisito en sus gustos musicales, necesita encontrar en la fiesta y la música de sus compatriotas un sentido trascendente para hacerla suya, íntima y, al mismo tiempo, útil para la patria futura. Aquellos que van a reunirse en la fiesta de “La Igualdad” son “nuestros hombres, y gozamos con verlos adelantar, y vencer, en el arte difícil de asociarse, que es el secreto único del bienestar de los pueblos, y la garantía única de su libertad” comenta en el anuncio de la fiesta. Con esa famosa incapacidad martiana para tomarse algo a la ligera, al mismo tiempo que convoca a los bailadores Martí necesita asegurarse de que un baile no se reduce al goce efímero que experimenta quien se contonea con el ritmo de moda. Por eso cree sorprender en los bailadores, en el momento de comenzar a moverse al compás de las notas excitantes de un danzón, el mismo fervor que él le consagra a sus labores de desterrado: “¡La danza más inquieta, en el destierro, se oye con religiosidad! Y antes de bailar, —como que se detiene el bailador a pensar un instante, como que saluda! Va a ser extraordinaria la concurrencia a la fiesta de “La Igualdad”, concluye.