sábado, 18 de marzo de 2017

Peloteros Anónimos


Durante más de cuarenta años a los cubanos de la isla les gustaba creer que equipo nacional de béisbol estaba entre los mejores del mundo. Para alimentar dicha creencia estaban los torneos mundiales amateurs donde casi indefectiblemente los cubanos derrotaban a equipos norteamericanos compuestos exclusivamente por universitarios. Tan acostumbrados andaban a la victoria que bastaba un sofocón o hasta una derrota contra alguno de aquellos equipos para hablar de crisis. Se entraba en pánico cada vez que el equipo sufría por alcanzar el primer lugar de cualquier competencia cuando lo cierto era que los mejores jugadores del segundo país con mayor tradición beisbolera se conformaban con toparse con un nivel muy inferior al que le correspondía. Algo así como si a un jugador de baloncesto adulto le bastase con enfrentarse con equipos de categoría infantil para poder creerse Lebron James. (Eso vale incluso para la generación de oro del beisbol post 1959, la de Víctor Mesa, Casanova, Gourriel, Pacheco o Kindelán que luego de peleadas victorias sobre equipos universitarios norteamericanos se les repartían títulos de héroes como a quien se le otorga un título de nobleza por vencer en un tablero de parchís).
Tal creencia comenzó a tambalearse en el 2000 cuando en los juegos olímpicos de Sidney los cubanos cayeron derrotados ante profesionales norteamericanos que ni siquiera jugaban en las grandes ligas. Pero el espejismo reaparecía cuando un equipo cubano derrotó a los Orioles de Baltimore o cuando en el Clásico Mundial de Béisbol del 2006 contra todos los pronósticos una bien aceitada selección nacional derrotó una tras otra a selecciones que apenas entraban en su pretemporada. Solo la inobjetable caída en la final ante Japón le impidió creerse a los cubanos que su equipo era el mejor del planeta. Pero bastaba verse en la tabla de posiciones por encima de los norteamericanos y del temido equipo dominicano para sentirse casi como si lo fuera.
Las pobres actuaciones del equipo cubano en las siguientes ediciones del Clásico así como su reingreso en la Serie del Caribe han terminado por darnos una imagen más realista del béisbol nacional. Sobre todo la participación cubana en la Serie del Caribe, un torneo que antes de 1959 dominaba casi por completo y que ahora gana o, mayormente, pierde. Es en esa competencia, (en la que tampoco el resto de los equipos pueden contar con los mejores jugadores del país, debido a sus contratos con los equipos de Grandes Ligas), donde puede llevarse una idea más o menos clara de cuánto ha decaído el deporte nacional en el último medio siglo. De pasar de ser ―extraoficialmente― la segunda potencia mundial de ese deporte  a ser un equipo más en el Caribe, ese ámbito donde antes solo se veía como rey absoluto.
En estos días ―tras sufrir humillantes derrotas ente Israel (41 en la clasificación mundial) y Holanda― el clamor por un equipo unificado se vuelve casi unánime. Y por equipo unificado se sobreentiende un equipo que reúna a los que hoy todavía juegan en Cuba con los que prestan sus servicios en las Grandes Ligas. O sea, los que hasta ahora se han considerado desertores por parte de las autoridades cubanas y de los que hasta se resisten a admitir su existencia, empeñados en borrarlos de la memoria nacional. Porque mientras la prensa de todos los países que tienen jugadores en las grandes ligas refleja día a día la actuación de estos la cubana actúa como si donde único jugaran béisbol los cubanos es en la isla y ocasionalmente y con permiso oficial, en Japón. Todos insisten en el equipo unificado aunque sepan que un equipo unificado no los llevará a la victoria sino a una derrota más o menos digna. Porque un equipo unificado en el 2017 hubiera incluido más o menos los mismos jugadores que en el 2013 fueron eliminados del Clásico por Holanda. El problema se remonta mucho más atrás: a aquellos tiempos pretendió ser el mejor mediante el subterfugio de mangonear a los pobres jugadores amateurs. Ganaba competencia de ratones y se anunciaba como cabeza de león.
Así del autoengaño épico se fue pasando al delirio y hace mucho que se ha perdido contacto con la realidad. Se invocan viejas glorias que nunca existieron como falsas marquesas invocan collares no menos falsos como si fueran verdaderos. La solución debería la misma del famoso sistema de Alcohólicos Anónimos: empezar por reconocer la realidad y cambiar de forma de vida. Aunque solo se trate de béisbol.      

9 comentarios:

Anónimo dijo...

si pero estos peloteros eliminados en el 2013 que hoy estan en grandes ligas han mejorado mucho por no decir que han aprendido a jugar beisbol.y seria otra realidad.creo que estariamos entre los 3 primeros lugares.

Anónimo dijo...

Lo triste es todas estas especulaciones del regreso temporal de los “desertores” para hacer un team que valga algo se hacen contando con la desvergüenza innata de los cubanos. Gente con vergüenza, cuando los que les han llamado “traidores y vendidos al oro yanqui” ahora están planeando que vuelvan porque los necesitan para su propaganda, les responderían: métanse su pelota comunista por el culo!

Miguel Iturralde dijo...

Este es el debate de nunca acabar... En la revista online El Estornudo un periodista elabora un artículo a partir de las declaraciones de Ariel Pestano en contra de un equipo unificado. Las declaraciones de Pestano en síntesis: que no sería justo para los que se quedaron y se comieron un cable.

Pero aparte del talento hay otros elementos que aglutinan a un equipo. Creo que un equipo cubano unificado, de primera instancia no sería tan exitoso como se pensaría por infinidad de razones, pero principalmente por la actitud mental de muchos de los "big leaguers", capaces pero sin esa cosa que define a un jugador como un ejemplo a seguir dentro de un equipo de las Mayores. Comparemos en ese aspecto a Aroldis Chapman con Mariano Rivera. Otro ejemplo de lo que hablo es la demostración del equipo de Puerto Rico en este clásico de 2017. En un sentido muy general, salvo Yadier Molina, a quien Pestano no le llega ni al peto, y unos jugadores del infield, PR no tiene la habilidad beisbolera pura de los dominicanos, pero se agenciaron un pase invictos a la semi-final.

Y repasando lo expuesto por Enrique, es primordial que los peloteros y los directivos cubanos despierten del espejismo (como que los últimos 3 o 4 posts aquí giran alrededor de ese tema) de que eran los mejores del mundo. Pero recordemos, estamos hablando de Cuba.

Saludos

Alfredo Fernandez Rodriguez dijo...

Del Risco hubo un pequeño gazapo, el clàsico donde Cuba fue sucampeòn fue en el 2006 y no en el 2003.
Por otra parte si Cuba hubiera ido con todas sus fuerzas, Grandes ligas incluidos, otro gallo hubiera cantado, ahora mismo Cespedes es la segunda chequera latina de grandes ligas, solo superado por Cabrera, el venezolano, otro tanto con Chapman y a`si sucesivamente!!!

Realpolitik dijo...

Confieso que no me importa el béisbol, ni el mejor ni el que pretende serlo, y mucho menos el que se ha incorporado al harto repugnante kitsch "revolucionario" castrista, pero comprendo que puede resultar interesante el elemento antropológico (por no decir sociopatológico) de este asunto. Así y todo, me parece bastante ocioso ante un país que se cae a pedazos por todas partes (o que ya se cayó y está precariamente apuntalado). O sea, si Cuba jamás recupera su supuesta gloria beisbolera, ¿qué rayo importa, salvo a los que viven del juego?

Miguel Iturralde dijo...

Enrique, para la época de la foto de ese tablero con las 24 carreras que Cuba le hizo a PR, es muy probable que uno de los pitchers boricuas fuese Carlos Lowell, nacido en EE.UU. de padres cubanos. Él era un destacado lanzador de pelota AA en PR, una liga de aficionados que aquí se llamaba pelota "dominguera" por lo obvio, y era la liga que nutría los equipos nacionales. Lowell, como muchos de sus pares era un estudiante. Estudió medicina graduándose de dentista siguiendo sus compromisos beisboleros dominicales por varios años, aún ya con su práctica dental montada. Esta gente no cobraba más que unas dietas para transportación y alimentos los días de prácticas y del partido. Ellos se medían con los Lebron James. Carlos Lowell es el padre de Mike Lowell, ex-Marlin y ex-Media Roja, ya retirado. Saludos.

Enrisco dijo...

gracias por la info. De eso se trata. de la diferencia brutal entre los peloteros cubanos y aquello a los que se enfrentaba. todavia recuerdo aquellos peoloteros de Antillas Holandesas con los que jugaba Cuba: señores que estaban muy lejos de parecer deportistas, muy lejos de estos "holandeses" que patean a Cuba ahora.

Anónimo dijo...

Boxeadores anonimos tambien ? realmente solo pregunto, no tengo ni idea, pero intuyo que sera parecido...

ZV dijo...

A mí mientras el pelotero (o la novena entera) me tocase(n) con su(s) bate(s), lo mismo me daba que ganaran o perdieran. De cualquier modo yo siempre he sido la ganadora.