martes, 13 de enero de 2015

El origen de la contabilidad revolucionaria

Para entender la historia cubana del último medio siglo no hay como leer los relatos de la infancia de Fidel Castro contados por él mismo. Acá le cuenta a Ramonet cómo se originaron sus principios claves para manejar la economía del país:

Fidel: ¿qué había hecho yo en! quinto grado? No podía sacar las notas, pero ella, la tutora, la mujer del comerciante Mazorra, me exigía que yo tenía que sacar las mejores notas. Entonces, me veo obligado a hacer una trampa. Medité y dije: bueno, yo tenía que llevar la libreta de notas, la firmaban allá en casa de los tutores, y yo tenía que presentarla en la escuela. Había varias notas posibles: sobresaliente, notable, aprovechado, aprobado, suspenso, como cinco posibilidades, y con sus pretensiones sociales me exigían la nota máxima. Tenía que sacar sobresaliente en todo. O de lo contrario, me quitaban lo que yo recibía semanalmente, que eran 5 centavos para comprar en los estanquillos El Gorrión, una revista de tiras cómicas...
Ramonet: ¿Le gustaban a usted las tiras cómicas?
Fidel: Mucho. En aquella época también leí De tal palo, tal astilla, una novelita, y lo demás, muñequitos. Todos los jueves, 5 centavos, y 20 centavos el domingo: 10 para el cine, 5 para un helado, y 5 para un sandwichito de puerco con pan, que era muy barato. Total, 25. Y ellos a mí me advierten, si no saco en todo las mejores notas, me quitan los 25 centavos.
Entonces, inventé. Lo digo tranquilamente y hasta contento de haberlo hecho. Me dije: ¿Qué pasa si se pierde la libreta de notas? Llevo la vieja libreta y me la firman; pero yo me quedo con ella, y digo en la escuela: "Oiga, se me perdió la libreta." Me dieron una libreta nueva. Entonces tenía dos: una con las notas reales —no eran suspensos, pero no eran las que ella quería—, y otra con las notas que yo ponía.
Ramonet: ¿Usted las falsificaba?
Fidel: Sí, las notas. Como tenía dos libretas, ponía en una mis notas, que firmaba la tutora, y en la otra estaban las reales, que firmaba yo. El lío gordo fue a fin de curso, cuando la tutora mía creía que yo era el más brillante alumno que había pasado por la escuela y se hace un traje negro, largo, porque allí estaban los hijos de todos los ricos, sus futuros vecinos de Vista Alegre, y yo era el que iba a llevar todos los honores.
Ramonet: ¿Todos los premios?
Fidel: ¡Brillante!
Ramonet: ¿Usted se ponía las mejores notas?
Fidel: Lo mío era solo 10. Ni un 9, ni nada parecido, porque tenía que asegurar el máximo. Cuando llegó el fin de curso no tenía inventado cómo iba a arreglar aquello, porque era cuando daban los premios, las excelencias, los accésit en acto solemne. Yo creo que me llevé un accésit en no sé qué materia, en geografía creo porque me gustaba. Comienzan esa tarde a dar los premios. Excelencia: Enrique Peralta, me acuerdo que se llamaba. Lenguaje, primer accésit:  Fulano de Tal; segundo accésit... Yo empiezo a poner cara de asombro, yo que tenía "tan excelentes notas"—y no tenía a mano una explicación razonable—, pongo cara de asombro, ¿y yo no me gano un accésit? Aquello se termina y yo no soy ni Excelencia, ni aparezco por ninguna parte; creo que un accésit... Y entonces, cuando llegó la hora, encontré la respuesta: "Es que ahora me doy cuenta lo que ha pasado. Como llegué a mediados de curso, no tengo los puntos del primea trimestre. Y es por eso que yo..." Bueno, fue un consuelo, se queda tranquila la tutora, feliz todo el mundo. No se me olvida que tuve que inventar aquello.