sábado, 10 de enero de 2015

Los sueños de la fe

Entre los motivos por los que acudo a cada rato al lúcido y entretenido “Diccionario filosófico” de André Comte-Sponville el más frecuente es la curiosidad. La curiosidad de saber qué dice de este o aquel concepto: cómo me va a sorprender, en qué sentido me va a empujar por la maraña de la realidad.
Hoy –por razones que en estos días parecerán muy obvias- me asomo al concepto de “religión” y vean lo que encuentro:
“’Creer en un Dios –decía Wittgenstein- es concebir que la vida tiene un sentido’. Digamos que es creerlo, y tomarse ese sentido en serio. Por eso la religión es lo contrario del humor y del conocimiento”.
No lo dice pero es obvio que porque ambos –humor y conocimiento- son relativistas por naturaleza. O sea, que el conflicto de la religión con los humoristas o con la ciencia es más o menos inevitable (o como diría el marxismo de manual, se trata de una contradicción antagónica).
Lo que distingue al Islam de otras religiones (y con esto no me refiero a su doctrina sino a su mera práctica actual) es su inmadurez. O sea, su incapacidad de resignarse a que el sentido que le ofrece su religión -por mucho que parezca absoluto en sí mismo- tenga que convivir con otros que lo cuestionan o simplemente lo ignoran. Como un adolescente suelta una perreta cada vez que no lo toman lo suficientemente en serio, solo que en estos tiempos las perretas del Islam producen muertos. El Islam espera por su propia Ilustración pero de momento nada parece predecir que esté cerca.

P.D.1: The Onion dice lo anterior de otra manera en uno de sus famosos titulares. Nadie ha sido asesinado a causa de esta imagen:


P.D. 2: (Ojo: Noo quiero decir que después de una Ilustración islámica habrá menos muertes. Apenas cambiarán las justificaciones. Ya Occidente lo experimentó cuando su laicismo condujo no solo al liberalismo sino a esas versiones del fundamentalismo laico que han sido el fascismo, el nazismo y el comunismo que mataban en nombre de la Nación, la raza o la Historia. Todo esto no hace más que recordarnos que antes de los sueños de la razón estuvieron los de la fe y que unos y otros no hacen otra cosa que canalizar y dar sentido a lo que Piñera llamaba la "pulsión de muerte". ).