lunes, 7 de febrero de 2011

Mis coincidencias con el señor Armengol

El periodista Alejandro Armengol me ha hecho el impagable favor de no tener que explicar la pertinencia de enviar una carta a una Universidad protestando por algún evento celebrado en sus recintos. Le bastan para resolver el caso las primeras líneas de su último artículo: “Nada hay de singular en que un grupo de intelectuales y artistas exiliados enviaran una carta de protesta a una universidad de Nueva York, por invitar al escritor Miguel Barnet, presidente de la oficial Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)”.

Que a continuación se dedique a demostrar la diferencia entre una carta –que obviamente apoya- y la nuestra es lo de menos porque si este dechado de virtudes democráticas afirma que tales cartas son asunto normal ya estamos a salvo de que cualquiera nos acuse de intolerantes. Y algo más importante aún: exigirle responsabilidad ética y social a una universidad pública parece ser -en su opinión y en la nuestra- un derecho que los ciudadanos de este país podemos y debemos ejercer. Para empezar -con ese acuerdo en la mano, digo- no está mal. Las diferencias, nos explica Armengol, radican en las personalidades que se critican en cada carta. Es imposible comparar –nos instruye- un terrorista (Orlando Bosch) con un escritor (Miguel Barnet). Asunto peliagudo este el de describir personalidades porque a Bosch muy bien se le podría presentar como terrorista retirado (graduado cum laude de las academias del Movimiento 26 de Julio, nunca se olvide) y pintor en funciones. En cambio a Barnet podría anunciársele como ex escritor y esbirro ilustrado en activo sin faltar a la verdad .

Razón tiene Armengol en señalar la diferencia entre alguien que ha dedicado buena parte de su vida a la manipulación del C-4 mientras que al otro siempre se le dieron mejor la grabadora o el micrófono de los periodistas. Me falta impulso poético para decir que cada cual en su estilo carga con muertos en su conciencia pero ya hace mucho tiempo que el derecho estableció como delitos punibles la complicidad y la difamación, actos en los que ha incurrido el señor Barnet con harta frecuencia. No puede acusársele de condenar a muerte a tres jóvenes negros por un intento de secuestro sin lesiones pero sí de justificar su condena y fusilamiento. No puede acusársele de provocar la muerte del prisionero de conciencia Orlando Zapata Tamayo pero sí de llamarlo delincuente común -entre otras atrocidades- en una declaración sin firma pero escrita y difundida bajo su única responsabilidad como presidente de la UNEAC. No puede acusársele de las opiniones que ha emitido sobre asuntos políticos -sobre las que goza de una libertad desconocida para el resto de sus compatriotas- pero sí de mentir llana y repetidamente sobre la realidad cubana como cuando afirmó que todos los cubanos –excepto los presos- viajan libremente o que en su país no se coarta la libertad de expresión.

Pero Barnet no solo habla sino también actúa como lo podría confirmar –si fuera libre de hacerlo- cualquier miembro de la UNEAC. Porque cada uno de los miembros de esa institución está sometido a un minucioso sistema de extorsión aplicado por Barnet para silenciar sus opiniones. O pregúntesele a los creadores cubanos que hace tiempo han renunciado a integrar las filas de la UNEAC porque se niegan a someterse al chantaje alegremente prodigado por gente como Barnet. La diferencia, como dice Armengol, existe pero no es la que él señala. Si Bosch hace tiempo dejó de asesinar Barnet continúa ejerciendo la represión, la calumnia y la justificación del asesinato a nombre de una dictadura que nos mantiene al señor Armengol y a mí –y en eso volvemos a coincidir- viviendo en ese sitio que cuando nos ponemos dramáticos llamamos destierro.

12 comentarios:

Mickey dijo...

Enrique,

Claro y preciso esto que escribes hoy. Me enorgullece conocerte. Abrazos

Peter dijo...

Enrisco: También es bueno aclarar que la Universidad de Miami, no invitó ni otorgó la placa de marras a OB,sucedio en un evento presentado en la Casa Bacardí por un grupo ajeno a la universidad...

Amadeus dijo...

Miguel Barnet no es culpable de nada, sencillamente hace su honorable trabajo de personero de la dictadura y va a donde lo inviten y le paguen el pasaje, para así desconectar del paraíso donde vive.

Miserables encuentro yo a los fariseos que lo invitan y lo agasajan; a los Armengoles que se dedican a justificar todo el tiempo, bajo el tag de liberales o políticamente correctos, los desmanes de la oligarquía de los Castros; éstos sí merecen el desprecio

BARBARITO dijo...

Asi es, Enrique: ¡¡Las ideas claras!!

luisc dijo...

amen.

Anónimo dijo...

¡Excelente respuesta, Don Enrisco!

Miguel Iturralde dijo...

Un mensaje muy elegante, poniendo los puntos sobre las íes con elocuencia, sin ofender ni avasallar. Te felicito Enrique. Saludos.

MI

Anónimo dijo...

Preciso, con luz este artículo, para orientar sin confundir. Estos personeros también seran juzgado en su momento. Por ahora, desprecio y repudio.
Muy bueno Enrisco

Lázaro Cuba

Anónimo dijo...

Excelente comentario. Excelente.

Ibis García Alonso dijo...

Fuerte y claro. Mejor dicho, imposible.
Gracias.

Juan Antonio Zas Irigoyen dijo...

SR. Enrique, permitame llamarle asi como un amigo suyo lo llamo en un comentario, aunque no pueda sentirme orgulloso como el de conocerlo, pues no lo conozco.
Eso no quita para felicitarlo por su escrito, como decimos en buen cubano, duro y a la cabeza,lo felicito tambien por el estomago que usted tiene en leerse a tan desagradable personaje y alabardero de todo lo que huela a izquierda, este sennior se daba golpes de pecho diciendo que el era amigo o familiar de Cabrera Infante, no se bien, para el caso poco me importa lo que era, pero que verguenza debia sentir CI, cuando este personaje en sus escritos lo mencionaba.

Lori dijo...

gracias Enrisco.