viernes, 29 de septiembre de 2017

Cumpleaños


La única razón por la que me gusta que me recuerden el llamado día de los CDR es porque me anuncia que al día siguiente es el cumpleaños de una de las mejores personas que conozco, mi socio Armando Tejuca. En Cuba se hizo una tradición entre los amigos celebrarlo por todo lo alto como para opacar las mustias festividades del día anterior. Como para que los más abnegados cederistas se preguntaran por qué diablos aquellos peludos gusanoides insistían en equivocarse de fecha de celebraciones. En uno de aquellos cumpleaños tuvimos la ocurrencia de convertir su casona de Santiago de las Vegas en “Museo Casa Natal de Armando Tejuca”. A cada tareco de la sala y el comedor se le puso un cartelito explicativo relacionando dicho objeto con la vida del homenajeado. Por ejemplo (cito de -mala- memoria): “Contador de electricidad de la familia Tejuca que testifica sus frugales hábitos de consumo eléctrico”. "Botas con las que Armando tejuca dio su primer paso al frente". “Juego de comedor de alambrón estilo realismo socialista tardío”. Y otro cartelito para el televisor y otro para los sillones y así sucesivamente. Pero la mejor pieza sin dudas era una tarja ejecutada por el propio Tejuca en cartón corrugado pero pintada de modo que parecía de bronce y que proclamaba que dicha casa había nacido el artista Armando Tejuca etc, etc. Se cuenta que hubo transeúntes que se tomaron tal tarja en serio. ¡Felicidades hermanito!

viernes, 22 de septiembre de 2017

Palladium Ballroom


El Palladium Ballroom tiene un bien ganado reconocimiento en la difusión de los ritmos afrocubanos primero en Nueva York y luego en el resto del mundo hacia mediados del siglo pasado. No es que fuera ni el primero ni el único de los clubes que abrieron su escenario en la ciudad a dichos ritmos y sus más importantes cultivadores. Otros como La Conga, The China Doll, The Park Palace y The Park Plaza existían desde antes en el barrio conocido como Spanish Harlem. Incluso hacia finales de 1946 La Conga se trasladó a Broadway y la calle 52. Pero fue el Palladium, con su ubicación estratégica en pleno corazón de Manhattan y su exquisita cartelera de estrellas de la música del momento el que permitió integrar diferentes personas de todas las clases sociales y grupos étnicos (sobre todo caribeños, afroamericanos, italoamericanos y judíos) de la ciudad atraídos por la música y el baile para convertirse en epicentro de lo que luego se conocería como la mambo craze o la fiebre del mambo, una fiebre que arrastraba lo mismo a bailadores que a músicos de la talla de Erroll Garner, Count Basie o Charlie Parker. Y a través de la música y el baile el Palladium se convirtió, sin pretenderlo demasiado, en festivo -y efímero- modelo de integración social y racial.
Muchos factores confluyeron en este fenómeno que van desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la decadencia del jazz –ya lanzado en las experimentaciones del bebop- como género bailable, el nuevo impulso de la emigración puertorriqueña la ciudad y el éxito súbito y arrollador del mambo primero y luego del cha cha cha. La conversión del Palladium como centro de ese fenómeno se asocia con el promotor musical boricua Federico Pagani quien en 1948 convenció al dueño del Palladium, Max Hyman y a su esposa Ann, -heredera de la fortuna de los fabricantes de elevadores Otis- de que dedicara una matiné dominical a la música latina. (En cambio el venezolano César Miguel Rondón ofrece en The Book of Salsa una versión algo distinta: en 1947 el Palladium estaba en decadencia y su manager contactó a Pagani para que lo ayudara a atraer nuevos bailadores al salón, sobre todo latinos aunque dicho manager temiera “un problema diferente “que los negros también vinieran a Broadway con, pensaba ‘el, todos sus malos hábitos, cuchillos e impulsos incontrolados” (Rondón.1)

Los primeros en debutar fueron los integrantes del experimentado Machito & his Afrocubans y el resultado fue arrollador. Ante el éxito de aquella primera matiné las orquestas dedicadas a los nuevos ritmos afrocubanos progresivamente pasaron a invadir el resto de la programación del Palladium. El principal atractivo del salón de baile, sus orquestas más constantes, además de Machito & his Afrocubans y las de los boricuas Tito Rodríguez y Tito Puente conocidas en su conjunto como “Los Tres Grandes” (The Big Three). Pero no se limitaba a ellas. Usualmente cada noche tocaban dos orquestas. Por el escenario del Palladium pasaron las orquestas y conjuntos más importantes de la música bailable de la época como los boricuas Daniel Santos, Cortijo, Ismael Rivera, Tommy Olivencia, Eddie y Charlie Palmieri, César Concepción y Noro Morales, el dominicano Joseíto Mateo, el catalán Xavier Cugat o los cubanos Celia Cruz, La Sonora Matancera, Beny Moré, Arsenio Rodríguez, José Fajardo, la Orquesta Aragón, Dámaso Pérez Prado, La Lupe, José Curbelo, Desi Arnaz, Miguelito Valdés, Rolando Laserie y Vicentico Valdés.  
La presencia de tales músicos y el ambiente frenéticamente festivo del lugar atraían a muchas de las estrellas más importantes del mundo del espectáculo. Entre los habituales del Palladium se encontraban Marlon Brando, Bob Hope, Lena Horne, Duke Ellington, Henry Fonda, George Hamilton, Sammy Davis, Jr. y Frank Sinatra.

Pero el éxito del Palladium también se debe en gran medida a la afluencia de los mejores bailarines profesionales de la ciudad y al entusiasmo de los aficionados al baile. Bailarines como el legendario Pedro “Cuban Pete” Aguilar, Millie Donay, Augie y Margo Rodríguez, Charlie Arroyo compartían cartel con las más afamadas orquestas y fijó un modo de disfrutar aquellos ritmos. 
Millie Donay y Pedro “Cuban Pete” Aguilar

Otro bailador, José Torres, describe el ambiente del club así:
“Nuestro Palladium tenía una inmensa pista de baile con un escenario bajo y una larga barra. Seis columnas de madera sostenían el techo evitando que saliera volando hasta Broadway cuando aquellas orquestas de mambo empezaban a sonar. […] El público nunca era exclusivamente latino. Pronto se estableció un patrón de asistencia. Los miércoles por la noche cuando “Killer Joe” Piro daba lecciones de baile el público era judío e italiano. El viernes era para los puertorriqueños. El sábado para los hispanos de todos los orígenes y el domingo para los negros americanos” (Boggs.129)
William Klein: Crowd, Palladium Ballroom, New York, 1956
 El Palladium se encontraba en un -hoy inexistente- edificio de la esquina noreste de 53 y Broadway. Su dirección exacta era 1698 Broadway en el segundo piso de un edificio ocupado en su planta baja por una droguería de la cadena Rexall. Durante los años cincuenta del pasado siglo fue una referencia tanto para la difusión de ritmos bailables como el mambo y el cha cha cha como para la noche neoyorquina en general. Al punto que era común que en las películas de la época se asociara una noche de placer en Nueva York con la visita a alguno de los salones de baile de música latina. Porque el éxito del Palladium impulsó la aparición de otros centros nocturnos asociados a la música latina o a que otros clubes ya existentes abrieran sus puertas a los nuevos ritmos. A unas decenas de metros del Palladium aparecieron el hoy extinto club Chateau Havana-Madrid Club, en 1650 Broadway y el principal referente de la gastronomía cubana en Manhattan Victor’s Café.
El cantante Tito Rodríguez actuando en el Palladium
Sin embargo a mediados a mediados de la década de 1960 los gustos habían cambiado y las nuevas dinámicas del mundo del entretenimiento hicieron impacto en el Palladium. A eso se añadieron los efectos de la pérdida de la licencia para expender licores a raíz de un allanamiento policial en 1961. Esas circunstancias fueron decisivas en la progresiva decadencia del lugar. Con el tiempo su dueño Max Hyman decidió cerrar el Palladium, hecho que finalmente ocurrió el primero de mayo de 1966 (aunque otras fuentes sitúan el cierre, unas semanas antes, el 13 de abril) y vender su propiedad. El cierre del Palladium significó una gran pérdida para los bailadores de la ciudad y al coincidir con el cierre del primer Birland y otros clubes (The Onyx, Cubop City) de la calle 52 según afirma Vernon Boggs en su libro “Salsiology: Afro-Cuban Music and the Evolution of Salsa in New York City” marcó –al menos momentáneamente- un declive para el jazz y la música latina en Nueva York. En los setentas una nueva locura, la de la salsa, partiría en todas direcciones para contagiar a los bailadores con sus ritmos pero incluso entonces la capital del mundo no volvería a vibrar al unísono como los hizo en los años en los que el Palladium reinaba sobre la noche neoyorquina.

Imagen reciente de la esquina de Broadway y la 53, donde antes estuvo el Palladium Ballroom

Bibliografía
Boggs, Vernon. Salsiology: Afro-Cuban Music and the Evolution of Salsa in New York City. Westport, CT, Greewood Press, 1992.
Rondón, César Miguel Rondón. The Book of Salsa: A Chronicle of Urban Music from the Caribbean to New York City. Chapel Hill, The University of North Carolina Press, 2008.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Independencia

¿Cómo no entender la independencia de Cataluña cualquiera que alguna vez quiso independizarse de sus padres? ¿O como cubano que celebra la decisión de sus bisabuelos de salir a buscar su independencia a machetazo sucio? Es el antiespañolismo lo que entiendo menos. No porque España, como cualquier nación, no pueda crisparle la paciencia de cualquiera. Es esa idiotez autoimpuesta de creerte puro, de renunciar a una parte de ti mismo llamándole enemiga, reciclando rencores antiquísimos porque al parecer los de ahora no te son suficientes. Y sobre todo enajenándote toda una lengua y una cultura riquísimas y, de paso, a todo un continente. Martí, en vísperas de entrar en la guerra que había organizado (y por la que iba a dar la vida no más entrar) decía “La guerra no es contra el español, que, en el seguro de sus hijos y en el acatamiento de la patria que se ganen podrá gozar respetado, y aun amado”. ¿Qué razones tendrán esos burócratas con ínfulas de próceres para ser menos generosos?

lunes, 11 de septiembre de 2017

Diez Libros

Hace un tiempo me invitaron desde Hypermedia Magazine a elaborar una lista de diez libros cubanos favoritos “sin el imperativo de la objetividad o de la panorámica o de hacer justicia con un supuesto canon cubano” y añadiendo que “toda provocación y toda arbitrariedad serán bienvenidas”. Evité ser provocador o arbitrario y esta fue mi respuesta completa:

Menuda tarea me impones. Tener que elegir solo diez títulos que lo mismo pueden ser “mejores, o los 10 favoritos, o los 10 más influyentes, o que más me influyeron, o los 10 para llevarme [a una isla desierta, supongo, o a unas vacaciones demasiado largas, demasiado aburridas]”. He hecho la lista a partir quizás no de los que más me influyeron pero sí de los que he leído con más atención y luego he intentado reescribir de algún modo. O cito con cierta frecuencia porque me ayudan a entenderme mejor. Así me evito repetir los que más o menos se consideran canónicos como El siglo de las luces y La música en Cuba de Carpentier, o Paradiso de Lezama o Lo cubano en la poesía de Vitier, Nieve de Julián del Casal, De dónde son los cantantes de Severo Sarduy, La luna nona de Novás Calvo, El monte de Lydia Cabrera o el Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar de Fernando Ortiz porque a esos no les faltarán valedores. O me obligo a no repetir autores y añadir El color del verano de Arenas, o Mea Cuba de Cabrera Infante, o los Cuentos fríos y el Teatro completo de Piñera, o las Escenas norteamericanas o los Versos sencillos de Martí. O me refreno de recomendar libros menos mentados en esas listas y hacerles alguna justicia a casos como los de Elapso tempore de Hugo Consuegra, la Excursión a vuelta Abajo de Villaverde, la novela Antes de la aurora de Francisco García González, los poemas de Palabras a la tribu de Néstor Díaz de Villegas, las Historias de Olmo de Rolando Sánchez Mejías, La gloria de Cuba, (la historia del béisbol que compuso el crítico literario Roberto González Echevarría), los ensayos de Calvert Casey o la novela Mi tío el empleado de Ramón Meza, Boarding Home de Guillermo Rosales, A la sombra del mar de Juan Abreu, o los libros de ensayos La isla que se repite de Antonio Benítez Rojo, Isla sin fin de Rafael Rojas y Fantasía roja de Iván de la Nuez. O me evita recomendar libros que me son especialmente queridos desde la infancia como Limonada de Héctor Zumbado. O hasta hace preguntarme si existe el libro que recoja todas las obras escritas por Alberto Pedro. O hasta sopesar incluir Por amor al arte de Francisco Morín y Raíces del jazz latino: un siglo de jazz en Cuba de Leonardo Acosta que independientemente de cómo estén escritos me enseñaron casi todo lo que sé de teatro pre 1959 y de jazz cubano respectivamente. De cualquier manera gracias por obligarme a pensar que es una pregunta bastante más difícil de lo que se piensa a primera vista.


Enrique Del Risco:
El mundo alucinante, Reinaldo Arenas.
Tres tristes tigres, Guillermo Cabrera Infante.
La isla en peso, Virgilio Piñera.
Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos, José Martí.
La manigua sentimental, Jesús Castellanos.
Tratados en La Habana, José Lezama Lima.
El encanto perdido de la fidelidad, Emilio García Montiel.
Cecilia Valdés, Cirilo Villaverde.
La fiesta vigilada, Antonio José Ponte.
Aventuras del soldado desconocido, Pablo de la Torriente Brau.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Una polémica sobre el humor cubano

1.
De cuando en cuando los cubanos se enzarzan en debates sobre la crisis de algún aspecto específico de la vida nacional ya sea la música, el béisbol o el humor. Curioso ejercicio cuando cualquiera de estas manifestaciones de la vida nacional funciona –con todo y la crisis que le atribuyen- muchísimo mejor que el país en su conjunto. Cuba termina en octavo lugar en un campeonato mundial de béisbol y desata bastante más alarma que el detalle de que el ingreso per cápita ande por el lugar 150 o la libertad de prensa en el 173.  Todo ello dice mucho de la sensibilidad cubana y de su carácter profundamente austero y discreto.
2.
Uno de los humoristas cubanos que más respeto lanza leña al eterno fuego de la polémica afirmando “que el humorismo cubano cayó en ‘picada’ debido a un factor muy importante. ‘El cambio de escenario’, Del teatro a la tv. La televisión es más permisiva con el mal gusto que con el humor inteligente”. Supongo el humorista se refería al fenómeno al que asistí al menos en sus comienzos.  El de ver a mediados de los 90 cómo el pujante movimiento humorístico, emergido en la segunda mitad de la década anterior en peñas y teatros, se vulgarizaba al contacto con un medio mucho más masivo como la televisión, proceso que encontró en el programa “Sabadazo” su expresión más conocida pero no necesariamente peor. Si todo se tratara de la caída de calidad de una disciplina artística cuando transita de un medio más selectivo a otro masivo el caso, por repetido, no resulta demasiado interesante discutir. En la relación entre masividad y calidad, más suele ser menos. Veamos si vale la pena aproximarse de otro modo.
3.
Primero una reconstrucción de la historia del humor en esos años. Habría que partir de la llamada crisis del humor que se debatía a principios de los ochenta. En eso hay poco que discutir: todos concuerdan que en aquellos años casi todo lo que pasaba bajo la etiqueta de “humor” podría añadírsele la de “infumable”. Los viejos programas se iban anquilosando y las “nuevas” propuestas parecían más viejas todavía. (Yo tengo una teoría. ¿Si en aquel Quinquenio Gris que duró quince años a Lezama o a Piñera se les negaba el derecho a ser publicados qué podrían esperar los pobres humoristas? Años en que lo más atrevido que se dijo en televisión fue aquella famosa morcilla de “Si no te portas bien te pongo a ver muñequitos rusos” y no quedó sin inmediato castigo. Pero ya ustedes saben de qué pata cojeo.) El llamado movimiento humorístico de los 80 fue una respuesta espontánea a esa crisis. Espontánea y sumergida: la televisión mantenía los mismos niveles de infumabilidad mientras las peñas y teatros empezaron a ser invadidos por grupos aficionados, casi siempre universitarios, que exponían su humor a un público con una preparación similar que acudía a dichos espacios a buscar lo que la televisión no les ofrecía. La más notable y ssotenida presencia de los humoristas de nuevo cuño en los medios fue a través del radial Programa de Ramón en una emisora provincial.
4.
Hasta que llegó aquella cosa terrible que llamaron Período Especial y en medio de ello un programa como “Sabadazo”. No tengo idea de cómo fue su concepción, apenas puedo hablar de sus resultados: aunque fue incorporando a varios de las figuras del pujante movimiento humorístico surgido en la década anterior (de una manera bastante arbitraria e independientemente de la relevancia, experiencia y calidad que habían adquirido durante años en otros medios) la puesta en escena sabía a retroceso. Se trataba, sin mucho disimulo, de una vuelta al viejo teatro bufo de la república que la cultura oficial había tratado de exterminar durante décadas. El resultado era burdo, es cierto, pero bastante más eficaz de lo que habían tratado de pasar por humor en la televisión durante décadas y el éxito fue, lógicamente, avasallador. (No reniego del bufo, un género que alcanzó una calidad altísima, pero surgido y desarrollado en un una sociedad muy distinta a la Cuba de los noventas).
5.
Ese fue el inicio de lo que se ha visto como una caída imparable de la calidad del humor que se producía en la isla con respecto a la (discutible) excelencia de años anteriores. Pueden buscarse las causas en muchos sitios. Yo me limito a señalar la más obvia: la condición profundamente disfuncional de la sociedad cubana. Una disfuncionalidad que explica que surgiese con tanta fuerza en un país pobre un movimiento de humoristas compuestos por futuros profesionales que actuaban gratuitamente para un público con un nivel cultural más o menos alto y sin que durante años tal fenómeno acabara de profesionalizarse. Y cuando se llega a la fase mediática y comercial, la de la televisión primero y la de los centros nocturnos más tarde, lo hace en condiciones igualmente anormales: no se trata, a mi entender de que las autoridades de la televisión (y quien dice “televisión” en Cuba, dice “país” dice Poder, con mayúsculas) fueran más permisivas “con el mal gusto que con el humor inteligente”. Más que permisivas con el mal gusto eran intransigentes con todo lo que oliera a conflictivo y, como en aquel viejo chiste, no hay nada más conflictivo que la inteligencia. El resultado, de repetirse tanto en la historia reciente cubana no debería sorprender a nadie. Ahí lo tenemos con la música bailable: no es que las autoridades estuviesen especialmente interesadas en promover el reguetón pero veían a este género, comparado con opciones más “conflictivas”, como un mal menor. Luego se quejará de la vulgaridad pero en su fuero interno debería saber que la prefiere y que de muchas maneras la ha estimulado. Pueden tales autoridades lanzar todas las campañas que quieran contra la vulgaridad pero prefieren la peor de las groserías a un chistecito sobre el contenido del seboruco de Santa Ifigenia.
6.
Esa es más o menos mi versión sintética de la llamada crisis que insisto, no me parece especialmente preocupante. Me preocupan crisis más profundas y antiguas que los humoristas solo mencionan de refilón y que se reflejan categorías tales como Producto Interno Bruto, Libertad de Prensa y Posibilidad de que el Jefe de Estado Cambie de Apellido. Pero tampoco hay que insistir en ello porque el principio fundamental de cualquier humorista no es el de ser inteligente sino evitar caer pesado.     



miércoles, 9 de agosto de 2017

Memoria de La Habana


A cargo del poeta y humorista Ramón Fernández-Larrea aparece cada sábado en La Poderosa de Miami el programa radial Memoria de La Habana dedicado a recuperar la historia de la capital cubana. Programas dedicados a diferentes barrios y calles de la ciudad, de sus personalidades más memorables o de eventos que marcaron época acompañado por la mejor música de la historia musical cubana. Dichos programas pueden además escucharse en el sitio online Memoria de La Habana. Muy recomendable.



martes, 8 de agosto de 2017

The Same Sky

Interesante "The Same Sky", la serie de Netflix sobre espías de la RDA en la RFA durante la Guerra Fría. Algo trae de lo alucinante que debió ser una ciudad partida en dos, de los contrastes de maneras de vida a ambos lados del muro. La tensa frivolidad de un lado, la ubicua chivatería y desesperación del otro. Lástima que el guion esté a cargo de una inglesa con mucha inventiva para las tramas pero ni puta idea de cómo hablaban los seres humanos al otro lado del muro. Penosa esa propensión desmedida al teque didáctico, a la filosofía barata y los kikos plásticos. Sobre todo cuando los personajes se explican a sí mismos como si aquella vida no fuera la de ellos. O cuando reaccionan como nadie nunca lo haría en esas circunstancias. Como cuando un personaje intenta integrarse a un grupo de potenciales fugitivos del sistema explicándoles las bondades de este. O cuando esa misma cuadrilla de aspirantes de fugitivos celebran la victoria del equipo local sobre la del país al que piensan escapar. Pero la serie se deja ver porque dentro de todo la historia echa mano a todos los trucos que existen desde que el mundo es mundo para captar la atención del público y los actores resultan -a pesar de todo- creíbles.



viernes, 4 de agosto de 2017

Una firma para la libertad*

Venezuela vive hoy la peor crisis de su historia. Es por ello que los intelectuales y amigos de los venezolanos que residimos en Estados Unidos, queremos solidarizarnos con el manifiesto que la Gente del Libro publica ahora en España y otros países del mundo, denunciando la violencia desatada por el gobierno, contra una población armada solo con la valentía y la esperanza de refundar un país donde pueda volver a vivir en libertad.  ​

LIBERTAD BAJO PALABRA.

GENTE DEL LIBRO EN TORNO A LA SITUACIÓN ACTUAL DEL PAÍS

Vivimos los días más difíciles de la República: una dictadura pretende acabar con ella y avanza inexorable hacia ese terrible final. Durante años, miles de venezolanos han permanecido fieles a los valores de la República y de la Democracia. Nosotros, gente del libro, hemos estado en las primeras filas de esa defensa. No consideramos otro camino, pues nuestras herramientas se encuentran presentes en la palabra, ligada siempre a la libertad.
Los poderes autónomos han sido secuestrados por un solo ente: el Ejecutivo, que usurpa todo el poder para convocar una Constituyente fraudulenta, irrespetando la letra y el espíritu de nuestra Constitución. La palabra ha sido vaciada de sentido, manipulando y pervirtiendo el lenguaje,  rebajándolo al insulto.
Hemos perdido la lengua común de la Nación.
En estos días aciagos, cuando cerca de cien venezolanos, en su mayor parte jóvenes, han fallecido a causa de la represión ejercida por fuerzas civiles y militares del régimen, cuando miles de heridos y detenidos engrosan el archivo perverso de un gobierno dictatorial y enlutan al país, llamamos a defender la libertad de las ideas y del pensamiento como formas altas del Ser y parte central de lo que nos define como individuos y habitantes de un país hermoso, que lleva poco más de doscientos años rodando por el mundo y definiendo su rostro.
Nos encontramos, insistimos, en los días más difíciles de la República. Las enfermedades han regresado a las casas, la miseria humana recorre nuestras calles y avenidas, pero aun en este tiempo nos sostenemos en las luchas libradas a través de la palabra por nuestros ancestros. Fermín Toro, Juan Antonio Pérez Bonalde, José Rafael Pocaterra, Rómulo Gallegos, Rufino Blanco Fombona, Teresa de la Parra y Andrés Eloy Blanco, entre otros, nos acompañan. Es necesario enfrentar la militarización de la sociedad, a los arrebatados de siempre en nuestra historia, los peores entre nosotros.
Somos gente del libro y la palabra, y desde la palabra hacemos un llamado a la libertad del pueblo venezolano, libertad que merecemos y que, cuando nos ha sido truncada, la hemos peleado y rescatado. Somos gente de la palabra, aquella que publicó Memorias de un venezolano de la decadencia, El libro negro de la dictadura y Se llamaba SN, que denunció con ardor los excesos de Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez. Somos gente del libro y hemos sabido de censura, incluso en los años de la democracia, pero la hemos enfrentado y denunciado.
Somos gente de la palabra y es por ello que nos resulta un deber fundamental la defensa del idioma, y del sentido real de las palabras, tan mancillados por neolenguas y eufemismos impartidos desde el poder como parte de su sistema de subyugación.
Reconocemos el maravilloso legado de la lengua española, y desde ese lugar central que debe ocupar en la vida de los hombres y mujeres que componen esta República, llamamos a rescatar la educación, el conocimiento y su estrecho vínculo con la libertad natural que define la vida de todo habitante de esta tierra.
Entre nosotros, lo urgente ha estado casi siempre por delante de lo importante, en especial en los últimos años. Nunca más. La palabra es acción, y es un hoy que anuncia una nueva alborada: la del rescate inmediato de la República por todos los venezolanos. Rescatarla de un Estado represivo y corrupto representado en el régimen de Nicolás Maduro.
Nosotros, gente del libro y la palabra, decimos basta. Basta de represión, de asesinar a nuestros hijos, de perseguir vecinos, de encarcelar inocentes.
Desde la cólera más antigua de la lengua, pero también desde la serenidad de su historia y del legado civil de nuestro país, convocamos a todos los venezolanos de bien a levantarse y anunciar los tiempos nuevos de la vieja libertad, aquella que nunca nos ha abandonado y que vive en el corazón de todos los hombres con ardor siempre limpio.

Si quieres aportar también tu firma clickea aquí: http://bit.ly/2vJxuI1 

Alfredo Camejo
Alfredo Villanueva,
Álvaro Paiva-Bimbo,
Álvaro de Prat,
Ana Cristina Atencio,
Anna Maria Tiziano Vitale,
Andrea Arroyo,
Andres Correa Guatarasma,
Andrés Simón Moreno Arreche,
Angelina Jaffe,
Anita Pantin,
Antonio D. Espejo,
Asdrúbal Hernández,
Bella Kogan,
Belkys Arredondo,
Calogero Salvo,
Carlos Noyola,
Cecilia Vicuña,
Clara Sujo,
Claudia Garavini,
Cristina Guzman,
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Consuelo Hernández,
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Dinapiera Di Donato,
Dino Armas,
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Eduardo Lolo,
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Eliseo Sierra,
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Jose Morabito,
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Laura Lieto,
Laura Machado Larralde,
Laura Sabani,
Leonardo Azparren Giménez,
Lourdes Vázquez,
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Luis de la Paz,
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Sylvia Cedeño,
Soraya Morabito,
Teresa Casique,
Tomás Rodriguez,
Víctor García Ramírez,
Vicky Fulop,
Vivian Bernstein,
Zulma Bolívar,
Waldo González,
Waldo Tejada

*Tomado de Viceversa Magazine.