domingo, 5 de julio de 2015

Carlos Ruiz de la Tejera


Entró a mi oficina en el cementerio de La Habana no como si ya me conociera de antes sino como si fuera mi jefe de toda la vida y, no sabiendo cómo encargarme una misión desagradable y difícil, estuviera engrasándome el camino hacia ella con una verborrea apabullante. Era Carlos Ruiz de la Tejera el actor al que había visto tantísimas veces en la televisión declamando sus monólogos a quien veía por primera vez en persona y había algo de sobrecogedor en ese espectáculo. Ya me habían dicho que un monólogo que yo había escrito para un homenaje al escritor Héctor Zumbado e interpretado magistralmente por Osvaldo Doimeadios lo estaba representando Carlos en su peña en el Museo Napoleónico y en cuanto sitio apareciera. No era el único. Por esos días me llegaban noticias de que actores como Luis Alberto García y Tony Cortés y otros actores menos conocidos también habían incluido la “Plegaria a San Zumbado” en sus respectivos repertorios pero Carlos fue el único que se había asomado a conversar con el autor para pedir algo así como un permiso póstumo. Aunque eso es mucho decir porque Carlos no dejaba hablar a nadie. Recuerdo que ese día en la oficina del cementerio me sentí como Mafalda cuando su amiga Susanita rompía a hablar y el globo que contenía sus palabras la aplastaba contra los bordes del cuadro de la tira cómica. Recuerdo también lo que pensé en ese momento: encerrarlo a él y a Fidel Castro en una habitación armados únicamente sus verborragias a ver quién se imponía a quién, quién salía vivo de un encuentro que se prometía épico.

De aquella visita saqué en claro únicamente un par de cosas: a) que el actor me estaba muy agradecido por el monólogo que yo no había tenido oportunidad de cederle; b) que le gustaría interpretar otros textos míos. A ello añadió una amable invitación a su peña donde representaría mi monólogo. La colaboración entre nosotros no llegó muy lejos. Yo estaba en mi fase “métase el gato por el culo” donde cualquier colaboración con un artista oficialmente reconocido me parecía sospechosa así que le mandé textos menos disimulados todavía que el de “San Zumbado”, más irrepresentables, sospechando que Carlos no se iba a atrever con ellos. Y en efecto, cuando tuvo que darme su opinión sobre esos textos fue la única vez que vi contenerse su torrente verbal, cuando incluso creo recordar que llegó al tartamudeo y explicarme que ese no era el tipo de textos que estaba acostumbrado a representar. 

Meses más tarde me llamó para darme una buena noticia: acababa de grabar “San Zumbado” en un programa especial dedicado a él en la tele y me dijo la fecha en que salía. Por supuesto que yo, llegada la fecha del programa, tenía en alerta roja a toda la familia para que vieran al gran Carlos Ruiz de la Tejera representando un texto mío. Esa noche sin embargo tuve que asistir al espectáculo de ver al actor representar uno tras otros monólogos nuevos y viejos sin que apareciera por ningún sitio el que yo había escrito.

Esa misma noche, entre las llamadas de mis tías abuelas o mis padres preguntando qué había pasado recibí la del propio actor pidiéndome disculpas porque luego de haber grabado el programa alguien había decidido que mi monólogo no debía salir al aire y confirmándome de paso algo que debía saber desde hacía rato: que mis textos no tenían espacio en la televisión cubana. Tampoco es que fuera muy traumático porque ya hacía algunos meses que había decidido irme del país e incidentes así no servían más que para confirmar mi decisión. Esa fue la última vez que tuve noticias directas de Carlos Ruiz de la Tejera. Llevaba tres años viviendo fuera de Cuba cuando recibí, dedicado de su puño y letra (“Para Enrique  con agradecimiento”) un CD con sus monólogos que incluía –esta vez sí- su interpretación de mi texto. (Si me preguntan mi opinión respondería sin dudas que de las representaciones de “San Zumbado” prefiero la de Doimeadios, más sobria y punzante. Esa colaboración con Carlos Ruiz de la Tejera que cuando lo veía de niño interpretar los famosos monólogos de Héctor Zumbado me hubiera parecido impensable ahora no hacía más que subrayar la distancia que separaba a nuestras generaciones en cuanto a la manera de concebir el humor).

Ahora que ha muerto me toca devolverle el gesto. Menos por nuestra accidentada colaboración que por lo que, como parte de generaciones de cubanos que disfrutaron sus radiantes apariciones en todos los medios posibles le debemos:  en la televisión, en el teatro con el Conjunto Nacional de Espectáculos o en solitario, en su primera y breve colaboración cinematográfica como joven soldado en “Las doce sillas” o en aquella de mucho más peso como cronista de la familia Orozco en “Los sobrevivientes” con su memorable “La historia de los Orozco la escriben los Orozco”. Eso y muchísimo más debemos agradecerle porque aquellos años oscurísimos para el humor y la sátira en los que criticar la calidad de las croquetas proporcionadas por las cafeterías estatales era el atrevimiento más inaudito alguien se atreviera a prestarle su panorámica boca para reproducir los filosos(ficos) monólogos de Zumbado. 
Gracias Carlos.         

6 comentarios:

Margarita dijo...

Muy bueno tu homenaje a Carlos Ruiz de la Tejera. Demuestra que eres,en esencia, un individuo inteligente. Me agradó esa anécdota y por supuesto el monólogo magistralmente interpretado por esa gloria nuestra que recién nos abandonó.
Hace años no te visitaba y algo me disgustó allá por las páginas del 2012.
Bueno,vaya sereno.

Margarita.

Anónimo dijo...

enrisco bonito homenaje.que paso con el libro de lauzan, no le estarán pasando gato por liebre con el cuento de que le van a publicar para que eliminara el blog. será alguna editorial filial de cubadebate ?

Anónimo dijo...

lauzan cerro lo de guama y no se ha visto mas nada de el, creo que se le puede seguir un poco en "calderon de la canoa"

Anónimo dijo...

Llama la atención como los medios cubanos tildaron de "comico" o "comediante" a carlos ruiz de la tejera,un intento de minimizarlo en la memoria colectiva. parece que le dolía un poco los últimos chistes o la actitud anticastrista de sus últimos años. pero se fue un grande.un HUMORISTA con mayúsculas.

Anónimo dijo...

Bien por Tejara, pero, Enrique, ya que te desterraron al cementerio quizá sepas algo sobre el caso de la tumba del fundador del banco Pedroso (qué hacía José Valdés Fauli visitando la tumba es otra pregunta). ¿Por qué no escribes algo sobre las profanaciones o apropiaciones que tal parece sucedieron allí?

Esperanza E. Serrano dijo...

Excelente homenaje. Excelente monólogo.Felicitaciones a Enrisco por su gran talento.
En paz descanse Carlos Ruiz de la Tejera, sería muy grande (gran comediante) como dicen muchos, pero a mi en realidad nunca me gustó, por bocón (boca grande).
Saludos
Espe