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miércoles, 7 de enero de 2015

Alá es grande (pero no tanto como Shaquille O'Neal)


Notas al vuelo sobre la matanza de periodistas de la publicación satírica Charlie Hebdo (un “journal irresponsable” como ellos mismos se llaman):

1-"Fuentes del Ministerio del Interior optan por no decantarse aún oficialmente por ninguna pista sobre los autores del atentado, [a la publicación satírica francesa Charlie Hebdo] pero consideran que la posibilidad de que se trate de un ataque de origen islamista “es una opción posible”.
La otra "opción posible" me imagino que sea un ataque extraterrestre.

2-Confirmado: los extraterrestres han aprendido a decir "Allahou Akbar" (que significa: "Ala es grande y Kareem Abdul-Jabbar también").

3-De confirmarse que los atacantes fueron extraterrestres (y no islamistas como algunos racistas andan proclamando por ahí) quedaría demostrado: 1. Que hay vida más allá del planeta Tierra. 2. Que no es inteligente.

4-Serán islamistas, es cierto, pero al mismo tiempo encarnan los deseos de todos esos pesados que no entienden los chistes.

5-Los fundamentalistas islámicos deben aprender con los pinareños: tampoco entienden los chistes pero no por eso matan a nadie.

6-Y la matanza en la redacción de Charlie Hebdo en París es otra demostración de que el embargo no funciona. He dicho. (Adelantándome por muy poco a The New York Times).

7- El oficio de humorista es difícil por dos razones: a) lo macabra que suele ser la realidad. b) la gente sin sentido del humor (que suelen ser mayoría). Hoy los de Charlie Hebdo fueron víctimas extremas de esas dos circunstancias.

martes, 16 de abril de 2013

La verdad


Las especulaciones mientras todavía se busca a los responsables de las bombas que estallaron ayer en Boston más que aproximarnos a lo que en realidad ocurrió nos informan –redundantemente- sobre la inclinación política de cada cual. Los conservadores tienden a pensar que se trata de una fuerza externa, preferiblemente islámica y alqaédica mientras que los liberales asumen que se trata de una causa endógena preferiblemente un tipo (porque hombre habrá de ser) o grupo de derechas. Un supremacista blanco o negador del estado. Espero que al menos los policías no busquen la verdad en sí mismos sino en las evidencias concretas que dejaron los terroristas –que de alguna manera hay que llamarles a quienes ponen un par de bombas en pleno maratón de Boston- tras las explosiones que han dejado a los bostonianos en un temblor. Que los encargados de investigar este crimen –ya le llamaremos “declaración política” si el culpable no era el que esperábamos- no crean que todo lo que debemos saber del mundo está en nosotros mismos, como proclamaría cualquier manual de autoayuda. 

martes, 11 de septiembre de 2012

Justo la noche antes


No voy a repetir lo que conté hace tres años sobre la tragedia del 11 de septiembre del 2001. Hoy prefiero recordar la noche anterior, la del 10 de septiembre cuando un grupo de amigos -recuerdo entre ellos al publicista Jorge Moya, al fotógrafo Luis Mallo, a Geandy Pavón- fuimos a una exposición del fotógrafo Rogelio López Marín (Gory), alegremente ignorantes –como en cualquier película de horror mala hasta la desverguenza- de que en unas horas la ciudad -y hasta la Historia- iba a cambiar para siempre. De la exposición nos fuimos a Cedar Tavern, un bar mítico de la bohemia beatnik -que ya no existe, que ni siquiera en ese momento existía más que en el simulacro de las paredes cubiertas con viejas fotos- a brindar por el Gory (al que todavía no conocía en persona) y sus fotografías, por cada uno de nosotros, por la vida, con el entusiasmo y la ignorancia del que no sabe nada todavía, del que nunca sabrá nada.

Nota: La foto pertenece a una serie hecha a partir de las fotos tomadas por Gory en Nueva York el 11 de septiembre del 2001 y en los días sucesivos. Le dejo la palabra al fotógrafo sobre aquella experiencia:

Viví esa tragedia a través de mis ojos y de mi lente. Había llegado por primera vez a Nueva York dos días antes para una exposición que se inauguró en New York University, el día diez de septiembre en horas de la noche. Dormí en Nueva Jersey, y me disponía a realizar el sueño de muchos años, fotografiar en Nueva York muy temprano en la mañana; cuando viví ante mis ojos ese atroz ataque al mundo libre, ese desbordamiento de odio, crueldad y envidia que genera este gran país en los seres despreciables que no perdonan la grandeza de los que desean trabajar, prosperar y ser libres. Pensé en ese momento en millones de cosas, y pensé también en que nací en un país donde existe un Gobierno (y gente que apoya a ese Gobierno) lleno de ese odio cómplice de la muerte de los miles de personas que estaban dejando de existir ante mis propios ojos. Para mí, y para el mundo libre, hay un antes y un después del 11 de septiembre. La obra que desarrollé en Nueva York en los días venideros, transmitía mucha soledad, mucha violencia escondida en la atmósfera y bastante tristeza. Parte de la tristeza y la desolación que envuelve mi trabajo por todas las vivencias personales, incrementada por ese nuevo ataque a la civilización.

martes, 13 de diciembre de 2011

Titulares [actualizado]


Hay días en que uno se levanta y lo obsequian con un titular como este:
Al menos dos muertos en un ataque con explosivos en el centro de Lieja
Los asaltantes han lanzado granadas y han disparado contra una parada de autobús de la ciudad.- Las autoridades belgas descartan de que se trate de un ataque terrorista
Posiblemente los atacantes querían dar muestras de amor. O protestar contra la violencia de género. Aclaraciones así son necesarias en tiempos en que la gente puede confundir cualquier cosa con un acto de terrorismo. Incluso un ataque que deja dos muertos y más de sesenta heridos.*

*Se aclara en un nuevo reportaje que los muertos son cuatro (contando con el agresor, Nordine Amrani, que se suicidó) y los heridos alcanzan los 75 pero se insiste en que "según la fiscal, no fue un ataque terrorista".

Segunda postdata: Ahora la cifra de heridos ha aumentado a 120 y los periodistas de El País han dado con la fórmula para esquivar el incómodo concepto de terrorismo cuando se trata de matar o herir a un montón de gente sin tener conexiones con Al Qaeda: "ataque indiscriminado".

miércoles, 4 de mayo de 2011

Nosotros

La reacción española a la muerte de Osama Bin Laden -y pongo el caso de la prensa que visito con más frecuencia- es llamativa por previsible. Si solo fuese el síntoma de ese rencor universal no correspondido que llamamos antiamericanismo no habría mucho de qué hablar. Lo que se sabe no se pregunta. Pese a Osama Bin Laden haber sido el responsable de incontables muertes en todos los continentes a los lectores españoles se les anunciaba la novedad con frases como “Estados Unidos ha puesto fin a su peor pesadilla. Osama Bin Laden ha muerto”. Como si la estación de Atocha hubiera estallado en alguna ciudad de Nueva Inglaterra. Como si en las Torres Gemelas no hubiesen muerto ciudadanos de todo el mundo, incluidos españoles. Más allá del esfuerzo por hacerse odiar la muerte del jefe de Al Qaeda se acoge allá -como en tantos sitios- con relativa indiferencia. Incluso el padre de una de las víctimas del atentado de Atocha reconocía que que no le entusiasmaba demasiado la noticia porque “Osama era para nosotros un referente demasiado lejano”.

Ahora queda más claro el sentido de aquel famoso artículo publicado en Le Monde dos días después del derribo de las Torres Gemelas que rezaba “Todos somos americanos”. Lejos de expresar un convencimiento suplicaba al antiamericanismo de sus lectores que se tomara un respiro momentáneo mediante el uso saludable del “nosotros”. Un buen consejo incluso para gente -como yo- más reacia que la media al abuso del nosotros. Demasiado convencido estoy de que el plural muchas veces encubre -en medio de la irresponsabilidad general- las (malas) intenciones o acciones de individuos muy específicos. Y sin embargo el 11 de septiembre del 2001 a la vista del humo rocoso que cubría el World Trade Center sentí que yo era parte de ese “nosotros” contra el que iba dirigido el ataque. Porque el ataque no contra era el símbolo del capitalismo mundial o Norteamérica sino contra todo lo que estuviese en la trayectoria de esos aviones, sin consideración de sexo, raza u origen nacional. Y por extensión contra los que prefirieran vivir en un mundo donde no ocurrieran monstruosidades de ese calibre. Ese día tuve que reconocer que por mucho que intentara distinguir mi ser individual de todos los entusiasmos colectivos la tensión y el dolor compartidos irremediablemente me incluía en ese nosotros.

Ahora una escritora perseverantemente lúcida intenta disculpar las muestras de entusiasmo de un grupo de jóvenes por la muerte de Osama Bin Laden justo en el lugar de su crimen más famoso. “Celebrarlo en plural tiene algo de victoria deportiva, algo naif, grosero” dice aunque aclara que tampoco se siente "incluida entre los españoles que hablan de "ellos", de los americanos, como si hubieran sido 300 millones de personas los que hubieran puesto en su boca ese plural que provoca escalofríos”. No celebré un acto de justicia que me pareció más tardío que atropellado ni –consciente que de aspirar a ser Navy Seal me desaprobarían en el primer examen, aunque fuera oral- me sentí parte de los escuadrones que lo ejecutaron. Si algo me alegró fue saber que ninguno de los “nuestros” había muerto en la acción. Que la muerte de Osama no hubiera costado una gota más de sangre “nuestra”. Como acto de justicia era lo mínimo deseable. Por mucho que se repita no se aplicó la ley del ojo por ojo a menos que se considere que los ojos de Bin Laden valiesen por los millares que sus órdenes cegaron en todo el mundo. Pero por pueril que me parezca me siento inclinado a entender la alegría de los que celebraron su muerte. A asumir que ese entusiasmo súbito es mucho más racional y auténtico que la cautela que me impongo ante un hecho cuyas consecuencias todavía están por ver.

Incluso la árida pluma de Baruch Spinoza reconoce la alegría como el más valioso de los sentimientos primarios porque a través de ella “el alma pasa a una mayor perfección, dado que aumenta o favorece nuestra capacidad de obrar” y señala como una de sus principales causas la eliminación de aquello que inhiba esa misma capacidad. Y no hay dudas de que a pesar de su comportamiento discreto en sus últimos años de existencia terrenal y suburbial Osama Bin Laden era la encarnación misma del miedo -ese encargado de anular el poder creador de los humanos- en la misma medida en que lo era de su impunidad. Quizás sea demasiado pedir que se comparta una alegría que nace de un hecho con menos implicaciones prácticas que aquellas que derivan su poder de los símbolos. Pero si todos los que rechazamos las seducciones del terror nos negamos a aceptar el alivio que acompaña la noticia de la muerte de Bin Laden, la identificación elemental y profunda que propone, estaremos reprimiendo el impulso básico que recorre lo mejor de la palabra humanidad, ese que nace del júbilo que nos produce enfrentarnos al terror, sobreponernos al miedo.

lunes, 2 de mayo de 2011

Especulaciones

Anoche se anunció la muerte de Odama Bin Laden, -un señor dedicado a planear y celebrar muertes ajenas, ese Che Guevara islámico- por sobredosis de plomo. Ese es el hecho, lo demás son especulaciones. Y vendrán especulaciones sin dudas porque si algo nos define como seres humanos es no resignarnos al pasado, la insistencia en modificarlo a golpe de especulación. Pronto oiremos que:


1.- Osama no está muerto. Vive en alguna isla junto a Elvis, el Bruce, Camilo y Lady Di. O en el corazón de sus partidarios. Depende de la inclinación que tenga el especulador de turno por las metáforas.

2.- Osama siempre estuvo muerto. Murió en febrero del 2003 y estaba congelado en una base norteamericana para mientras justificar la continuación de las guerras. Un ayudante de Obama lo descubrió el fin de semana mientras estaba buscando hielo para unos cocteles y decidieron que era un buen motivo para celebrar.

3.- Osama nunca existió. Es una invención de la CIA para rediseñar la arquitectura de Nueva York y justificar la invasión a medio mundo. El autor que interpretaba sus videos vive ahora en una isla pero no es la misma en la que habitan Elvis, el Bruce y demás acompañantes.

4.- Nos ha engañado a todos. Se ha ocultado en un sitio donde nunca se nos ocurrirá buscarlo. Le bastó hacerse una cirugía plástica y cambiarle una letra al nombre y usarlo como apellido. No digo más pero son muy bobos si le creen a ese que anunció la noticia de su muerte. Y hasta son capaces de votar por él en las próximas elecciones.

En fin, todo lo que no sea reconocer la verdad pura y simple: Osama -el terror de los aviones civiles- cantó El manisero.

sábado, 16 de abril de 2011

El dilema de Bambi


La semana pasada no encontré mucho que celebrar en la absolución de Luis Posada Carriles. Si acaso que el juicio fuera una evidencia más de cómo en democracia una jueza puede llegar a conclusiones muy distintas de las de su gobierno y encima hacerlas valer. (Me recordaba un amigo que para ese gobierno que lamentó la decisión de la jueza había trabajado el acusado durante décadas en trabajos sucios lo cual da una idea del sentido de la gratitud del empleador). Lo inquietante no es que esté en la calle un señor que tendrá que pensárselo dos veces antes de emprender actividades tan arriesgadas a su edad como levantarse de su asiento. Lo que me preocupa es el coro creciente que aclama a Posada Carriles como héroe del exilio.

Uno entiende a aquellos que se consideran sus hermanos de lucha porque al fin y al cabo en familia uno trata de pasar cualquier cosa por buena. Pero de ahí a que aceptemos a Posada Carriles como ser admirable y ejemplar –que es al cabo lo que define a un héroe- va un trecho que hay recorrer con los ojos vendados. Porque si Posada es el responsable de la voladura del avión de Barbados –el más conocido “hecho de armas” que le atribuyen enemigos y algunos amigos- le cabría setenta y tres veces la definición de terrorista y asesino que le endilga Fidel Castro, un criminal mucho más vasto y eficaz desde cualquier punto de vista. Le atribuyen además las bombas que estallaron en hoteles cubanos en 1997, proyecto que se saldó con un turista muerto (y el renovado brío de la campaña del gobierno para tachar al exilio y los opositores de terroristas) algo que el propio Posada se atribuye o niega según ande su ánimo.

Todo lo demás –al menos en o que atañe al ámbito cubano- son proyectos fallidos y una documentada actividad como informante del FBI. Encima, no siendo un gran conversador siempre ha sido difícil hacerse una idea de cuáles son sus objetivos racionales excepto encabezar de vez en cuando los titulares de ciertos periódicos. Y eso debería ser terrible para Posada si es como lo pintan sus más fieles admiradores: como un luchador valiente y desinteresado como ninguno que ha consagrado toda su vida a liberar a su país de la tiranía más larga de la historia de Occidente. Porque lo que es inobjetable es que si Fidel Castro lo ha escogido como su enemigo predilecto no es sólo porque comparten la ideología común de imponerse a sangre y fuego sino porque nadie ha suministrado al aparato propagandístico del castrismo tanto material como Bambi.

Los que defienden su condición de héroe –o sea, de ser excepcional y ejemplar- tienen el problema de sus hazañas –esas que niegan en voz alta y justifican susurrando. Sólo se puede defender su condición excepcional si se acepta que Posada hizo lo que sus abogados niegan. Pero entonces quedaríamos ante la dificultad de convencer al mundo de qué tiene de ejemplar en matar a 74 personas culpables de estar en el avión o el hotel equivocado o convencernos a nosotros mismos cómo nos acerca a la libertad y la democracia la muerte de adolescentes expertos en esgrima. Tal como lo veo la única manera que Posada tiene de convertirse en héroe -al menos secreto- y de hacerle el mayor daño al castrismo sin levantarse de la silla es si declara que en realidad él ha ejecutado todas las acciones que se le atribuyen como agente de la contrainteligencia cubana. No conseguirá que la patria lo contemple orgullosa pero al menos le haria las cosas más claras.

jueves, 4 de marzo de 2010

Ah... la violencia

Fernando Martínez Heredia, protagonista de uno de los truenes más sonados en la historia cultural cubana, (el departamento de filosofía que dirigía terminó arrasado por bulldozers) desde hace un par de décadas ha sido reciclado como ideólogo oficioso del castrismo puro y duro. En el pasado festival de cine se apareció defendiendo la guerra de guerrillas como opción del futuro.


Las guerrillas del siglo XXI -profetiza- terminarán tomando el poder. Seguramente piensa que no está bien que luego de tanto luchar se queden sin la opción de manejar bulldozers contra los departamentos de filosofía del porvenir.

H/T: Diario de Cuba

domingo, 3 de enero de 2010

“Yo soy muy humano”

Ilich Ramírez Sánchez, alias Carlos El Chacal, uno de los terroristas más famosos y buscados en la década del 70, ha sido entrevistado por El País. La entrevista, si se ignora su capacidad vomitiva, puede resultar muy instructiva. Tanto por la reflexión que hace el entrevistado sobre la relación entre sus principios leninistas y violencia (“Según la coyuntura. En situaciones determinadas. Como en Colombia, estos días. O en Afganistán: eso es legítimo”) o por su indudable campechanía. Pero lo más interesante en mi opinión es como aflora en la entrevista su lado humano. No precisamente esa idea de humanidad asociada con la compasión sino la necesidad de buscar algún tipo de doctrina que nos simplifique el caos y entonces obrar en consecuencia. Porque lo que diferencia a Carlos de nuestros revolucionarios de starbucks que justifican o secretamente aplauden el derribo de las torres gemelas “como símbolo del imperialismo” es que el venezolano, al igual que el Che Guevara, es coherente con lo que dice, asume la consecuencia de sus ideas dándole soporte material o más bien desintegrando la materia enemiga, esa sustancia que puede encontrarse en cualquier parte. La entrevista es una invitación a los que comparten sus ideas a que las pongan en práctica bajo la consigna “Seremos como Carlos”. O a que se dediquen a otra cosa.
Abajo un fragmento de la entrevista.

Pregunta. ¿Por qué dice que hay mucha mediocridad en la cárcel?
Respuesta. Porque hay muchos analfabetos. La gente aquí no tiene intereses intelectuales, es difícil sentarse a comentar una noticia. El interés de muchos es simplemente fumar droga y cosas así.
P. ¿Y usted qué hace?
R. Trato de ayudar a mis abogados y sigo las noticias lo mejor que puedo, en los canales de televisión que me llegan. Uno de ellos es español, Telemadrid, que es mala, por cierto: allí vi el otro día a Fernando Silva Sande [ex jefe de los GRAPO], el chivato ese, y me dio tristeza. Y también leo.
P. ¿Es consciente de que puede morir en la cárcel?
R. La condena perpetua no quiere decir nada. Es un problema político.
P. ¿Han cambiado sus ideas políticas?
R. ¡Ah, caballero! Yo a los 14 años, en enero de 1964, entré en las Juventudes Comunistas de Venezuela. Y hasta el día de hoy no he cambiado un pelo. Sigo siendo comunista. No soy un tipo dogmático, he estudiado, he conocido a gente importante en la dirección de países comunistas. Sigo fiel a los principios inmanentes leninistas: soy un comunista convencido y militante.
P. ¿Y sigue defendiendo la utilización de las armas?
R. Según la coyuntura. En situaciones determinadas. Como en Colombia, estos días. O en Afganistán: eso es legítimo.
P. Yo hablaba de terrorismo.
R. ¿Qué pasa con el terrorismo? Yo siempre he estado contra el terrorismo. Cuando se bombardea en Afganistán, eso es terrorismo.
P. Yo me refería a usted: ha sido considerado el terrorista más buscado del mundo.
R. Le voy a decir una cuestión: yo fui condenado por asesinato culposo, no premeditado. No por terrorista. O sea, acusarme de terrorismo es una patraña, como llamarme El Chacal*.

*Carlos se aferra a los asesinatos de dos policías por los que fue enjuiciado por la justicia francesa para evitar la etiqueta de terrorista. Sin embargo durante su carrera reclamó la autoría –entre otros- de ataques a carros bombas a tres periódicos franceses, el lanzamiento de una granada a un restaurante (dos muertos y treinta heridos) y el atentado con bombas a dos trenes TGV (cuatro muertos y docenas de heridos). Como no es perfecto fracasó en un ataque con lanzacohetes contra dos aviones comerciales de la aerolínea israelí El Al en el aeropuerto parisino de Orly.

Pero Carlos no es el único que cree en su inocencia revolucionaria.

viernes, 1 de enero de 2010

Las reglas del terror

El intelectual español Antonio Elorza, lúcido como de costumbre en su análisis del terror:

Es de sobra sabido que uno de los objetivos principales de la estrategia terrorista consiste en provocar una alteración sustancial en los mecanismos de análisis y valoración propios de la mentalidad democrática. Con excesiva frecuencia, los grupos sociales golpeados por el terrorismo tienden a rehuir la búsqueda de las causas efectivas de aquello que acaban de sufrir y la sustituyen por la designación de chivos expiatorios, cuando no por la elucubración masoquista acerca de las responsabilidades y de las culpas propias que explicarían el acto de castigo. Lo ocurrido después del 11-S y del 11-M proporciona abundantes pruebas de ambos tipos de reacción. El péndulo osciló desde la satanización pura y simple del Islam a la resurrección de un marxismo para andar por casa que presentó al megaterrorismo como respuesta a las opresiones del capitalismo y de la incomprensión propia de Occidente. La buena conciencia queda así satisfecha y de nada valdrá la acumulación de datos sobre la condición social privilegiada de yihadistas como el propio Bin Laden o como el último y frustrado protagonista nigeriano del terror. Mirar de frente la realidad debe resultar para algunos y algunas demasiado duro, y por añadidura poco rentable en un marco institucional como el nuestro, dispuesto a practicar una y otra vez la ceguera voluntaria con tal de seguir promoviendo la estéril Alianza de Civilizaciones.
Porque el episodio del terrorista solitario no debe servir únicamente para reforzar las medidas de seguridad o para mostrar la pertinencia de nuevas y costosas intervenciones militares, sino asimismo para recordar que la estrategia de Al Qaeda desde el 11-S supone el inicio de una guerra mundial de nuevo tipo, basada en conjugar una concentración del megaterrorismo en espacios críticos, como Pakistán o Afganistán, con acciones recurrentes de distinta índole (secuestros en Mauritania, explosión de aviones civiles como la frustrada), dirigidas a imprimir la idea de que la causa del Islam no cesará en su beligerancia hasta la derrota del enemigo. Son los nuevos cruzados, que encarnan la perversidad intrínseca de Occidente. Una estrategia global que requiere una respuesta también global.
De cara a la misma el caso Faruq nos ilustra acerca de la importancia de la formación doctrinal en la génesis del yihadismo y de su círculo de simpatizantes. Unos colectivos musulmanes que ejercen dignamente su religión no son un problema para nuestras sociedades democráticas; la difusión directa o indirecta de planteamientos islamistas radicales en la enseñanza y en la predicación, sí son fuente inevitable de conflictos futuros.


Hace un par de días había publicado en El País un artículo muy intereresante sobre la reciente islamofobia europea.

domingo, 4 de octubre de 2009

Las musas de ETA

El castrismo como fuente de inspiración:

El etarra Ekaitz Sirvent, detenido el pasado 11 de abril en París, considerado como el último gran ideólogo de la banda, intentó imprimir una mayor cultura de ideología comunista entre sus militantes basándose en su admiración por la Cuba castrista y el pensamiento maoista, según informaron a Europa Press fuentes de la lucha antiterrorista conocedoras de la documentación que se le incautó tras su arresto en la estación de Montparnasse.[…] Entre sus objetivos estaba el de impulsar entre los militantes de la banda una mayor formación ideologíca a caballo entre los planteamientos de la revolución cubana y la China de Mao, según las mismas fuentes, pero su detención frustró estos objetivos, que Sirvent compaginaba con la gestión del aparato de falsificación de la banda. […] Se le atribuyen además, si no la autoría total, sí una alta implicación en otros comunicados de ETA en los que, según las mismas fuentes, acostumbraba a plasmar recursos lingüísticos propios del discurso utilizado por los movimientos de guerrillas sudamericanas por los que este etarra también sentía admiración. […]
RELACIÓN CON LA REVOLUCIÓN CUBANA
En concreto, en el comunicado emitido el pasado mes de enero por la banda terrorista con motivo de su cincuenta aniversario, el texto llega a decir que ETA nace al hilo de la revolución cubana, encabezada por Fidel Castro y el Che Guevara entre 1956 y 1959.

H/T: Penúltimos Días

viernes, 11 de septiembre de 2009

Recuerdos 911

He dejado pasar demasiados aniversarios del derribo de las torres gemelas para pretender ahora decir algo nuevo. La catástrofe me tocó lo suficientemente cerca como para observarla a simple vista y lo bastante lejos como para que no me tocara el polvo de los edificios disueltos al caer. Pero tampoco he podido evitar que ese día se haya quedado prendido a la memoria de una manera más duradera de lo que me ocurrió ayer mismo.
Recuerdo que esa mañana salí a dar clases en Manhattan mucho más temprano de lo que usualmente lo hacía por una razón que –anterior a ese fogonazo de Historia que nos alcanzó a todos hacia las nueve de la mañana de aquel 11 de septiembre del 2001- ahora se me escapa. Que me asomé como siempre a dejar el niño en el apartamento de al lado donde lo cuidaba una familia cubana –villareños y testigos de Jehová por más señas- y ya la noticia de que un avión había impactado contra una de las torres gemelas estaba en la pantalla del televisor. Todavía no era “el primer avión”. Todavía podíamos refugiarnos en la idea de que se trataba de un accidente. Nada que me impidiera llegar a Nueva York y dar mis clases. Y mucho menos parar en seco a una ciudad que nunca ha sabido cómo detenerse. José Martí, cronista distante de una ciudad que negaba su utopía emersoniana de relación armónica con la naturaleza, había consignado su admiración por el modo en que los neoyorkinos enfrentaron una tempestad de nieve de 1888 que habría bastado para paralizar a cualquier otra urbe durante semanas. Por eso, aunque era septiembre y un avión no tiene mucho en común con una tempestad, bajé las escaleras recordando el tono épico en que un antiguo exiliado de los trópicos evocara a Nueva York bajo la nieve.
Salí del edificio y caminé rumbo a la parada. A mitad del recorrido me detuve a tomarme un café en la bodega de siempre. Otra vez en la pantalla del televisor aparecía uno de los dos edificios más altos de la ciudad agonizando, desangrándose en una espesa columna de humo. Pensé que era el mismo de antes pero alguien dijo que era un segundo avión, que se había estrellado contra la torre contigua a la primera. Como al resto de la humanidad no me cupo duda de que era un atentado pero entonces tampoco me pasó por la cabeza que eso impediría que llegase a la ciudad a dar mis clases. No hay nada que detenga a Nueva York. Algo así debí haberme dicho. Y seguí camino a la parada.
Cuando llegué a ella encontré la respuesta a mi confianza absurda de que dos aviones incrustados contra los edificios más altos de Nueva York no eran argumento suficiente para inmovilizarla. Todos los autobuses que pasaban por la avenida que domina el río y la isla de Manhhatan desde Nueva Jersey anunciaban en sus letreros electrónicos que el transporte hacia la ciudad estaba interrumpido. Crucé la calle y me dirigí hacia el mirador donde los del barrio llevamos a los niños a ver los barcos o los fuegos artificiales el 4 de julio. Frente a mí estaban las torres colgando de sendas columnas de humo que parecían más sólidas e inmóviles que los propios edificios. Fue entonces que me di cuenta, en contraste con tanto humo, de lo clara y hermosa que era esa mañana, demasiado soleada y cálida para tratarse de septiembre. Ante aquello no hubo presunción de inocencia. Antes de que la televisión empezara a mostrar las fotos de los sospechosos ya todos los que estábamos en el mirador empezamos a murmurar el nombre de Osaba Bin Laden o en su defecto “el árabe singao ese que ya lo intentó antes”.
No me quedé mucho rato. Justo el tiempo para darme cuenta de que no me interesaba el espectáculo de ver aquellos edificios humeando. Mientras salía del parque me encontré con mi mujer. Por muy poco se había evitado el horror de verse atrapada en el tráfico del Lincoln Túnel en medio del caos subsiguiente al ataque. O el de llegar a una ciudad náufraga, incomunicada con tierra firme más que por unos cuantos lanchones. Fue en ese momento que me di cuenta de la angustia que me había evitado antes de imaginarla. Porque esa mañana todos estábamos un poco zombis, indigestados por ese aluvión de Historia que no alcanzábamos a entender, que demoraríamos días y hasta semanas en asimilar. Ella había visto incluso pasar al segundo avión rumbo a su blanco aunque la otra torre le había impedido ver el impacto.
Fue al regresar a la casa que me enteré de que las torres que había visto un momento antes acababan de caer. Pero entonces no llegaste a ver caer las torres, me dicen mis amigos decepcionados cuando llego a esta parte de la historia. Como si mi presencia aquél día en los alrededores de la tragedia cargase con la culpa de no ser recompensada con la visión de su momento cumbre. Ni yo ni nadie suponía que los edificios se desmoronarían del modo súbito y rotundo en que lo hicieron pero, aún sabiéndolo, no creo que me habría quedado para disfrutar de ese privilegio.
En casa estuve un par de horas hipnotizado frente al televisor viendo nuevas imágenes de los atentados o el relato de los ataques contra el Pentágono y la caída del cuarto avión en Pensilvania. Recuerdo a mi mujer impresionada por la presencia serena del alcalde de entonces en la pantalla. Qué bien me cae. Algo así dijo. Y lo hizo de un modo que excluía toda consideración política. Bastaba estar atento a su tono –el tono orgulloso del que acaba de descubrir algo- para saber que refería a una manera de saber estar, de trasmitir calma cuando el caos y la angustia parecían ocupar todo el espacio reservado a la normalidad. En algún momento llamé a mis padres y a mi hermano en Cuba para decirles que no se preocuparan por lo que dijesen en los noticieros de allá. Que todos estábamos en la casa, sanos y salvos. (Menos de tres años después a mi hermano le tocó despertarme una mañana por teléfono para avisarme que no me preocupara, que la explosión de los trenes en Madrid no lo había tocado). Del resto de aquél día no recuerdo mucho más.
[Sí recuerdo que por la noche estaba tomándome un café en la barra de un restaurant cubano del barrio con un amigo cuando escuché a un camarero dándoles lecciones de historia a los clientes. Era el que se encargaba de poner y quitar los churrascos de la parrilla y balanceaba un cuchillo en la mano como un maestro lo haría como un puntero. De sus palabras se podía concluir que los norteamericanos sólo estaban recogiendo parte del mal que habían sembrado en el mundo. Lo dijo lo suficientemente alto como para que todos lo oyéramos. Casi sin darme cuenta me encontré insultando al hombre del peor modo que sabía. En medio de los insultos atiné a decirle que parecía mentira que dijera eso cuando todavía debía haber gente agonizando entre los escombros. A continuación lo invité a saltar el mostrador con el cuchillo que tenía en la mano para pelear conmigo mientras le describía con minuciosidad el maltrato que iba a sufrir si lo hacía. Así, en el estilo clásico de bravuconería que identifico con lo más profundo de mi herencia cultural y que he usado tan pocas veces antes o después. Por supuesto que el camarero no aceptó mi invitación y volvió mansamente a su trabajo de revolver los churrascos en la parrilla. Con eso me bastaba.]
Tardé tres días en viajar a Manhattan. Encontré a la ciudad sumergida en un sopor silencioso que atribuí en partes iguales a la conmoción y al luto. Nunca he vuelto a ver a la ciudad en ese estado. La ciudad que nunca duerme de las guías de turismo sufría ahora una especie de desvelo catatónico. En la ciudad usualmente entregada a un escandaloso narcisismo nadie se atrevía a romper el nuevo pacto de recogimiento. Pasó una semana para que escuchase los radios de los carros, mucho más audibles que antes del ataque gracias a la calma que la ciudad recién descubría. Faltó un par de meses para que Nueva York recuperara un ritmo más o menos normal. Pero creo recordar que no fue hasta esas navidades que la ciudad consiguió aparentar la despreocupación que antes ostentaba con más o menos inconsciencia. No fue hasta la aparición de los villancicos y los pinos de la rutina navideña que aprendimos a actuar como si nada hubiera pasado, como si Nueva York fuera de nuevo la ciudad a prueba de catástrofes que preferíamos imaginar.

martes, 5 de mayo de 2009

Curiosidades

Hace unos días el reflexivo se quejaba de que Cuba fuera vuelta a incluir en la lista de países que amparan el terrorismo:

El jueves 30 de abril fue infortunado para Estados Unidos. Se le ocurrió ese día incluir a Cuba una vez más en la lista de países terroristas. Comprometidos como están con sus propios crímenes y mentiras, tal vez el propio Obama no podía deshacerse de ese enredo. Un hombre cuyo talento nadie niega, tiene que sentirse avergonzado de ese culto a las mentiras del imperio. Cincuenta años de terrorismo contra nuestra Patria salen a la luz en un instante.


No es difícil explicar por qué en Cuba el acceso a Internet cada vez se complica más. Y es porque la gente después de leer lo de arriba podría encontrar cosas como esta:



Será coincidencia pero apenas cuatro meses después de este discurso moría el ex líder de Movimiento 26 de Julio Aldo Vera Serafín en quien según Norberto Fuentes se estaría vengando la explosión del avión de Barbados semanas antes aunque no tenía conexión alguna con el hecho. (Existe otra teoría sobre la muerte de Vera que explora Antonio de la Cova. En ese caso la atribución al Ministerio del Interior cubano -con los ascensos correspondientes- sería un globo inflado más, como las cosechas de papa o las estadísticas escolares.)

lunes, 12 de enero de 2009

Medio Oriente [ampliado]

“Numerosos participantes en la manifestación en favor pueblo palestino”. No en contra de la guerra que inclinaría las cosas más a favor de la vida. Debe quedar claro de que lado va la solidaridad. ¿Quién va a estar a favor de que maten niños? Porque como sabemos el ejército israelí se dedica casi exclusivamente a matar niños. No en balde Herodes era judío. Nunca hay manifestaciones cuando un cohete de Hamas mata un niño israelí porque sabemos que el la ocupación natural de ese niño en el futuro será matar niños palestinos. O cuando Hamas o Fatah se dedican a derrotar a la oposición por el expedito método del exterminio. Son sus costumbres y hay que respetarlas. Pero lo que hace Israel es imperdonable. Atacar luego que les han lanzado 10 000 cohetes. ¿Si tanto los molestaban por qué no atacaron cuando lanzaron el primero? Un amigo judío me dijo la semana pasada: “cuando la gente se indigna porque Israel responde a un ataque contra su país le están negando su derecho a existir”. No es que me simpatice la muerte de niños (siempre y cuando no estén dando una perreta en el supermercado) o no esté en contra de los excesos que comete el ejército israelí con una frecuencia que se acerca a la costumbre o no me horroricen las condiciones en que viven los palestinos en Gaza y Cisjordania. Pero si los últimos 20 años de Historia nos han enseñado algo es que los israelíes están más inclinados a la paz y la convivencia con el otro que los palestinos. Me pregunto si la monstruosa correlación de fuerzas a favor de Israel se invirtiera qué pasaría y la respuesta me parece demasiado obvia: no quedaría un sólo judío vivo. Así de sencillo.

Por otro lado debo reconocer que siento más afinidad por los judíos que por los musulmanes. Y no es que me falte simpatía por los segundos aunque sólo sea porque desde niño llevo incrustada en la memoria “Las mil y una noches” (aunque tampoco olvido que lo que impulsaba a mi querida Sherezada a contar cuentos sin pausa era evitar que su cuñado le cortara la cabeza a su hermana). Y parte de esa afinidad se debe a que tengo la impresión de que los judíos tratan algo mejor a sus mujeres y sus niños. (Hay otra afinidad que siento y es el comprender que la defensa del derecho de Israel a existir -como la de una Cuba democrática- es una causa irremediablemente perdida). Incluso los que se manifiestan contra los ataques de Israel a Gaza cuentan con esa afinidad. Nunca protestarían contra el terrorismo palestino (como protestarían contra el etarra, por ejemplo) porque secretamente saben que sería perder el tiempo. El propio hecho de que los manifestantes sean los mismos que cuando ven a un moro subir al metro se llevan la mano a la cartera implica la aceptación de que el gobierno israelí es algo más sensible a ese tipo de presiones. Creo en una convivencia que practico cada día con mis bodegueros pakistaníes, indios y palestinos como para abominar de la guerra tanto como de esa solidaridad hipócrita que al final sólo consigue alentar a los terroristas.

[Por si no lo han leído les recomiendo el artículo de Vargas Llosa sobre el tema, nada condescendiente con el gobierno israelí.]

Un editorial de hoy en El País que expresa muy bien una preocupación similar a la mía:

“Las concentraciones exigían una selección incuestionable de los lemas, lo que no fue el caso en Madrid al hablar de genocidio pese a la oposición del Partido Socialista, que, sin embargo, evitó que se incluyera en el comunicado. Además, requerían un esfuerzo de organización para impedir que el rechazo a la manera en que Israel se ha conducido no se interpretara como apoyo a Hamás.
No es un problema de proporción, sino de principio: cualquier ataque contra una población civil merece ser condenado. Tampoco se puede alegar la excusa de la oportunidad: la violación masiva del derecho internacional humanitario por parte de Israel no exime de que se exija su cumplimiento a Hamás, por más que el número de bajas que ha provocado con sus cohetes sea incomparable con el que han padecido los palestinos.”

domingo, 28 de diciembre de 2008

La violencia: vicio y beneficio

Juan F. Benemelis publicó el viernes en El Nuevo Herald un interesante resumen de la ambiciosa política exterior del castrismo en su variante más agresiva: creación y apoyo de guerrillas, sabotajes, robos, asesinatos, espionaje, extorsiones de todo tipo y hasta guerras regulares en casi cada rincón del mundo. Las causas de tanto desenfreno serían abundantes, desde la creencia en poder llevar a cabo una revolución mundial hasta el afianzamiento del gobierno cubano en la arena internacional y singularmente en el campo socialista.
En ese escenario Castro era consciente que tenía bien poco que ofrecer excepto ingentes cantidades de agresividad y audacia, las mismas virtudes que hicieron que los mafiosos italo americanos impusieran su ley en las grandes urbes de Norteamérica. Eso es lo más obvio y los réditos de esa política siguen siendo cobrados puntualmente por la política exterior cubana. Menos evidente sin embargo es la explicación de esta política por causas internas. No se debe olvidar que Fidel Castro es descendiente político de la revolución del 30. Sin participar en ella había comenzado a hacer sus armas entre organizaciones gangsteriles que se atribuían -cada vez con menos convencimiento- la culminación de las esperanzas frustradas de aquella revolución. Estando entre ellos aprendió una impagable lección: las revoluciones inevitablemente crean un exceso de hombres de acción. De gente deseosa de probar su valía a través del ejercicio de la violencia. La gloria y el poder al alcance de ráfagas de metralleta.
Esa había sido la razón por la que Cuba fue el país que más combatientes aportara a la guerra civil española; o la que explica la abundancia de grupos acción en los años treinta y cuarenta que, entre las siglas que elegían, sin falta reservaban una “R” para el adjetivo “revolucionario”; o por la que se hizo tan fácil reunir cientos de voluntarios (entre ellos el futuro Comandante en Jefe) en la abortada expedición antitrujillista de Cayo Confites.
Castro sabía que la estabilidad interna del país en buena parte dependía de ofrecerle a estos eternos aspirantes a héroes empleos acordes a sus ambiciones. Los fusilamientos masivos de 1959 no sólo buscaban arrasar con un ejército –en su mayor parte buenamente entregado más que derrotado- sino borrar cualquier resquicio del que pudieran agarrarse futuros vengadores de cualquier justicia insatisfecha. Pero Castro sabía que eso no era suficiente para borrar la nostalgia de la acción y ya desde ese mismo año organizó invasiones a Panamá y Santo Domingo.
Impulsar las inquietudes hacia aventuras externas para apaciguar el fuego de los más inquietos -como lo demuestra ejemplarmente el caso del Che Guevara- fue una de las principales conclusiones del maquiavelismo castrista. Y esa inquietud debidamente enfocada servía a la perfección a sus planes de expansión irregular, a su imperialismo guerrillero. Así el Comandante acumulaba favores que luego cobraría en palacios presidenciales y parlamentos de todo el mundo cuando no en las propias Naciones Unidas mientras a sus vasallos les dejaba la creencia de que eran protagonistas clandestinos de la Historia.
La fidelidad de esta casta de guerreros estaba garantizada porque ellos estaban conscientes de que su gloria oscura era difícil de canjear fuera del marco estrecho del poder que los había puesto en juego: sus misiones y heroicidades eran secretas por la naturaleza de su expansionismo lo que de paso garantizaba que la sombra de esa gloria no llegara siquiera a los pies del Gran Héroe.
A esos guerreros les bastaba pasear su aureola por los círculos más íntimos del poder donde en apariencia nada se les negaba hasta que les asignaran una nueva misión o cayeran víctimas de alguna proceso por corrupción o inmoralidad o del alcoholismo y la obesidad. (Un vecino mío que había entrado en el bunker de Somoza antes que los sandinistas y había reventado el puente de Oro sobre el río Lempa en El Salvador sufrió todas esas plagas mientras envejecía recordando sus hazañas, alimentando su cria de gaviotas con trozos de pollo y pegándole a la mujer. El principal trofeo que había obtenido en aquellas campañas –una foto recibiendo el saludo del Jefe- era trágicamente inservible).
Y asi funcionaban las cosas: los rusos pagaban el trabajo sucio mirando para otro lado mientras el Comandante ponía la mano de obra, tan apropiada -en su entusiasmo y plurietnicidad- para ser enviada a cualquier rincón del mundo. Hasta que llegó la perestroika y se fue el financiamiento y a la hora de recoger las tropas el Hombre tuvo a bien fusilar a algunos de sus condottieri más señalados para que el resto no se hiciese ilusiones de traer su insaciable inquietud de vuelta a la patria.
El asombro que causa hoy tanta pólvora y sangre gastada a mayor gloria de Fidel Castro tiende a convertirse en admiración incluso entre algunos de sus enemigos. Estos se sienten halagados en su orgullo nacional mientras calculan la cantidad de conflictos en los que Cuba se vio envuelta en contraste con el tamaño de la isla, el de su población o su escasa importancia económica. Para mí no hay más misterio que la apetencia postrevolucionaria de acción encauzada por alguien que, a su paso por el gangsterismo y la guerrilla, aprendió de sus peligros y conveniencias. Alguien que no había podido ganar siquiera una elección universitaria sabía que incluso en la paz la violencia era su única alternativa. Y no encuentro nada más peligroso que ese legado de admiración por la violencia que ha dejado este medio siglo. Ya presiento la nostalgia futura por aquella época en que fuimos un imperio harapiento, el tiempo en el que el viejo vicio de la guapería se convirtió en sistema.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Nuevos avatares del profeta armado (hasta los dientes)

Descubro la existencia de un documental sobre la repercusión del Che en el mundo árabe. Lo más interesante de este minitrailer es el comentario en off del final de que “aunque causó polémica por mostrar testimonios que equiparan al Che con miembros de Hezbolá su directora considera que se trata más bien de un homenaje a todos los que digan no a la injusticia”. El Che, Hezbolá: ya nos podemos hacer una idea del concepto de justicia que tiene la directora. Pero me alegra que al fin alguien ubicara al Che –aunque sea con intenciones de exaltarlo- en el medio que le es más afín en el mundo contemporáneo: el del fundamentalismo islámico.

miércoles, 2 de julio de 2008

Una buena noticia

No hay noticia que sea buena para todos. En respuesta al rescate de Ingrid Betancourt y otros 14 secuestrados Evo Morales decidió no darse por enterado y dijo que: "Es una muestra clara de las FARC que liberan a los detenidos por conversaciones que empezó el compañero (el presidente de Venezuela, Hugo) Chávez, a quien hay que saludar en todo caso". Hugo Chávez demostró tener algo más de tacto y hasta ahora se ha mantenido en silencio aunque siempre queda por preguntarse por qué no alegrarse por la liberación de alguien por quien tanto se esforzó en buscar su libertad. Un tipo complejo, sin dudas.



Post Data:
El Granma publica la que sin dudas es la nota mas breve a nivel mundial sobre la noticia mientras que el Juventud Rebelde tiene el cuidado de hacer notar lo rozagantes que se encontraban los rescatados y de mencionar su previa condición de secuestrados sólo en una ocasión:
Con gorra y chaqueta de camuflaje, y usando las botas altas de goma de la guerrilla, Ingrid posó para las fotos junto al resto de los liberados, de quienes también destacaba su buena apariencia física y de salud, a pesar de que alguno tenía casi una década retenido.

lunes, 10 de marzo de 2008

El único perdedor


El Escribidor en Jefe decía el otro día del presidente ecuatoriano: “Correa tiene en sus manos los pocos sobrevivientes y el resto de los cadáveres. Los dos que faltan demuestran que el territorio de Ecuador fue ocupado por tropas que cruzaron la frontera. Puede exclamar ahora como Emilio Zola: ¡Yo acuso!” Él y Chávez andaban pidiendo sangre empujando a Correa que al principio se había mostrado más bien tibio sobre la muerte de Raul Reyes, el guerrillero colombiano, en un campamento afincado en la selva ecuatoriana. Luego de la cumbre en República Dominicana donde el aire guerrero de Chávez se disolvió en la nada, el Escribidor (o más bien Dictador porque lo que hace es dictar) descubrio al único perdedor del asunto: el imperialismo norteamericano. Como diría Les Luthiers: “eso es vista”.

viernes, 7 de marzo de 2008

Virus y síntomas

El post de hoy de Jorge Ferrer lo pongo a continuación. Trata sobre el asesinato de un ex consejal socialista por parte de ETA. Al ver hoy llegué a pensar que se trataba de una portada antigua, de cuando estaba de moda matar concejales pero allí estaba la sonrisa increíble de Zapatero para sacarme de dudas sobre la fecha. Terrorismo y sonrisa idiota, dos paisajes de la democracia, dos modos de borrar la misma realidad. Dígase lo que se diga el mayor defecto de la democracia es su mayor virtud. Te obliga a ser. Ser individuo, esa metafísica imposible, apañártelas con que tu realidad empieza por ti mismo. Y hay gente que simplemente no puede con eso. Ese es el virus del que habla Ferrer y que corroe a su comentarista, uno de esos seres que escriben con mayúsculas como mismo deben hablar a gritos.

Un asesino patriotero le disparó esta tarde tres tiros a un tipo indefenso.
Nadie sabe tan bien como esos miserables que la democracia es tan frágil como una ficción urdida sin pericia. Tal vez sea ese conocimiento el que les lleva a despreciarla. A odiarla con la misma fuerza ciega con la que nos odian a todos.
Son conscientes de que basta con sacar una pistola, pegar unos tiros y salir corriendo para soliviantar un proceso electoral. Uno en el que no creen. Prefieren la tiranía comunistoide que quieren imponerle a los vascos. Someterlos con mitos originarios, párrafos de Mao y Guevara, cantaletas sobre las bondades de la sociedad posdemocrática.
Lo peor es que se trata de enfermedad sin remedio. Y que a diferencia de los discursos encendidos que afirman que atentados como el de esta tarde ayudan a reafirmar la fe en la democracia, lo cierto es que ayudan a que cada vez sean más los que descreen de ella.
Y por mucho que uno trate de convencerlos de que no hay sistema capaz de conjurar el delirio de unos pocos, el virus avanza indetenible, porque es más difícil conjurar la imbecilidad y la miseria moral de los hombres que detener con un dedo el avance de las mareas.
A las muchedumbres que caminan en círculo, que decía T.S. Eliot, les toca hacerlo en torno al ataúd donde, dominadas por la sinrazón como Nabucodonosor, ya han enterrado su propio sueño.
Comentario de DEMOCACA [así se autotitula con gracia infinita]

LA DEMOCRACIA DEBE HABER EXISTIDO EN GRECIA SEGURAMENTE, YO VIVO EN EL "MUNDO LIBRE" PERO NO LA HE VISTO TODAVIA.VEO LOBISTAS DETRAS DEL PODER, VEO AMBICIONES INFINITAS Y MUCHA CODICIA, VEO LOS GRANDES MEDIOS INFESTADOS DE MEDIAS VERDADES (DEBIAN APRENDER DE LOS PEQUENOS PERIODICOS LOCALES, POR EJEMPLO), UNA INFELICIDAD HORRIBLE (PROVOCADA POR UN INDIVIDUALISMO HERRATICO Y DESQUICIANTE QUE NOS HA CONVERTIDO EN PRODUCTORES Y CONSUMIDORES Y ESTA ELIMINANDO EL CONTACTO HUMANO GENUINO, NO SE SI SE ACUERDAN DE AQUELLO DE PRODUCCION Y DEFENSA), QUE TRATAN DE PALEAR CON TODO TIPO DE INTOXICACIONES, VEO, EN FIN, UN MUNDO ENLOQUECIDO AL QUE LE PONEMOS TODO TIPO DE NOMBRES VACIOS
ESO ES LO QUE DESEAMOS PARA CUBA, PARECE. BESOS

miércoles, 5 de marzo de 2008

Palabras de ultratumba

Últimas imágenes de “Raúl Reyes” cuando todavía era el segundo al mando de las FARC y su principal portavoz. Los 30 segundos finales de la grabación los dedica a Cuba.