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miércoles, 16 de julio de 2014

Ganaron los nazis

Sobre las celebraciones de los jugadores alemanes por el mundial dice el periodista uruguayo-argentino Víctor Hugo Morales ("aquel de "barrilete cosmico" y otras lindezas): 

"Pensando como esos jugadores, mataron a seis millones. Con el mismo recorrido mental, con esa creencia de superioridad y esa imbecilidad. Esto me parece una actitud despreciativa. Esta gente ha hecho muy poco por Alemania, esa que intenta borrar la imagen de que discrimina, se cree una raza superior y que en nombre de eso cometió asesinatos en masa"


Calificó a los jugadores de la burla como “nazis asquerosos” y opinó que "si se animan a hacer eso, es porque todavía hay alemanes que se lo festejan, todavía hay una parte de Alemania muy enferma”.

Definitivamente Alen Lauzán, te quedaste cortísimo:

lunes, 14 de julio de 2014

El tango del adiós


Si el tango no existiera los argentinos lo estuvieran inventando esta noche. La melodía, por supuesto, tristísima y la letra que habla de un amor imposible, de una copa que acariciaron pero no pudieron saciar su sed con ella, de una estrella que esperaban que los redimieran de todas sus frustraciones pero que al final nunca apareció. Y que un rayo misterioso –alemán por más señas- hizo nido en una esquina de la portería luego de que Goetze lo detuviera con el pecho. En fin, de lo que hablan todos los tangos. Y es cierto que los Mundiales no son tribunales supremos pero habría que reconocer que no habría sido justo que la Pulga fantasma y sus diez acompañantes hubiesen ganado el torneo. No frente al equipo que vapuleó a Portugal y a Brasil lo convirtió en un chiste alemán.

Ya fue un mérito que el sistema ofensivo más demoledor que se haya visto en años no le repitiera a Argentina el 4 a 0 que le recetó un Mundial atrás, cuando el director no era uno con pinta de vendedor ambulante de filtros de agua sino de compinche enano de Tony Soprano. Fue meritorio que lo hiciera sin Di María en la cancha o con Palacios dentro de ella y con el Pipita Higuaín con menos puntería que escopeta de feria (de haber sido más pequeño el balón le habría sacado el ojo a un espectador o a un fotógrafo). Que lo hiciera, y este es el mérito mayor, con Messi recorriendo el campo como si se preguntara si había dado la propina adecuada a la camarera del día anterior o algo igualmente trascendente. ¿O quizás se estuviera preguntando a quién le darían el balón de oro si a él, obviamente, se le había olvidado ir a Brasil?  

Pues así y todo, al equipo argentino no sólo contuvo a los alemanes durante 112 minutos sino hasta amenazó en alguna ocasión con anotar. Con todo a los alemanes les entraba calambrina cada vez que Messi pasaba a menos de diez metros del balón como un sheriff temible con una bazooka en la cartuchera amenazando con desenvainarla al menor paso en falso. Y es cierto que los argentinos tuvieron oportunidades reales de ganar el partido aunque sin exagerar. Si ellas serán recogidas en futuros tangos será porque quienes en realidad marcaron fueron los otros. A ocho minutos de caer en la pesadilla de la ronda de penales Goetze anotó uno de los goles más bellos del torneo donde igual hubiera bastado uno bastante más feo.

Al final los alemanes se coronaron campeones por cuarta vez, los brasileños se gastaron 12 mil millones de dólares en ver la final desde las gradas y Messi recibió el balón de oro al mejor jugador del Mundial. Esto último fue el medio que encontró la FIFA para convencer a la Pulga de que en realidad estuvo en la Copa, que no fue un sueño. Total, para que termine llegando a la conclusión de que para el próximo mundial mejor no va e igual le mandarán el balón de oro por correo. Y para que los argentinos sigan componiéndole tangos a un amor que se anuncia pero no acaba de volver porque se fue con otro, rubio por más señas.    

domingo, 13 de julio de 2014

Shakespeare en la cancha


Los partidos para dirimir el tercer lugar en las Copas del Mundo suelen ser partidos tristes. Después de todo se trata de un juego entre perdedores que saben que el de verdad se jugará al día siguiente. Pero el de hoy más que triste fue patético. Patético como una puesta en escena de "Hamlet" representada por payasos o por actores de telenovela mexicana, valga la sutileza: miraditas e índices apuntando al cielo, lagrimones incluso antes de empezar el castigo, quise decir, el partido, si es que hay alguna diferencia para los brasileños.

Bueno sí, el partido empezó a las 3:00 pm hora local y el castigo empezó apenas dos minutos después, cuando el árbitro marcó un penalti en contra de Brasil. Luego, en la repetición, se vería que no fue tal. Que la falta fue en el borde del área, no dentro de ella, pero se justifica la confusión del tipo del silbato porque Robben es tan rápido que parece vulnerar las leyes de la física y estar en dos lugares al mismo tiempo. Y Van Persie, claro, que no falla cuando se la ponen tan fácil.

Como en el “Julio César” de Shakespeare todo parecía volverse contra Brasil. Hasta los árbitros, tan benévolos a inicios de campeonato, se ensañaron contra el once brasileño. “¿Tú también, Bruto?” decía el otro Julio César, el portero de Brasil, mientras sacaba balones del fondo de su portería como quien se hurga una puñalada en pecho propio. Y no era para menos: había recibido casi tantos goles en los últimos dos partidos como cuchilladas el aspirante a emperador romano. Y encima al rato caía otro gol más, esta vez con un fuera de juego intercalado que el juez de línea tampoco vio. Pero nadie estaba molesto con los encargados de impartir ese simulacro de justicia que son las tarjetas de colores y los offsides ante el convencimiento que no por ilegales los goles holandeses eran menos justos. Y encima ofrecían el consuelo de tener a alguien a quien culpar que no llevara la camiseta verde amarela.

El consuelo para los espectadores fue ver 90 minutos más de Robben, posiblemente sus últimos en un Mundial en los que lució tan rápido y deslumbrante como si fueran los primeros. O los destellos de Wijnaldum, un centrocampista de 23 años que ayer, para despedirse contento, hasta se marcó un gol frente al cual ni Julio César ni Bruto, (el árbitro, ustedes me entienden) pudieron hacer nada. En cambio, la única decisión correcta que tomó el árbitro en toda la tarde fue pitar el final del partido y con él el suplicio de una nación que verá la final desde la mejor posición que ha ejercido en todo el Mundial: las gradas. 

miércoles, 9 de julio de 2014

Argentina a la final. Holanda... cómo se dice salación en holandés?


Cualquiera diría que el partido no fue más que un largo preámbulo para los penaltis: apenas 14 tiros al arco en 120 minutos. He visto funerarias mucho más animadas que las porterías de ambos equipos y sin embargo fue un juego tenso y peleado sobre todo en lo que se refiere a la rotura de cabezas y bocas. Robben, por esta vez menos interesado en el Oscar a mejor actuación y efectos especiales que en meter un gol, tuvo poca suerte. A la hora de usar la pierna izquierda siempre encontraba un argentino situado entre la pierna y la pelota o entre la pelota y la portería. Un partido tenso, ya lo dije, y hasta yo estaba dando cabezazos en el aire, mal acostumbrado a la frecuencia goleadora del partido anterior entre Alemania y no recuerdo quién. Messi, al parecer agobiado por el acoso de la prensa, decidió andar por el partido de incógnito y lo consiguió mejor que si hubiese andado con gafas oscuras y un bigote postizo.

Es en partidos así que uno agradece la existencia de la ronda de penales para así poder recordar lo que es un gol. En cambio los holandeses preferían evitar dejar su destino en manos del azar de los penales. Su mala suerte es tan proverbial que un gato negro prefiere no pasarle por delante a un jugador holandés no vaya a desgraciarse. (Me refiero al gato por supuesto). Esta vez Van Gaal, el director técnico de Holanda, se había gastado los tres cambios mucho antes del final del partido. Fue por eso que no pudo sacar su arma secreta, Tim Krul, el supuesto especialista en penales que tan bien le había funcionado contra Costa Rica. Así que tuvo que apañárselas con el portero regular que de todas maneras no había podido apenas calentarse en los 120 minutos anteriores. Fue el momento en que Romero, el portero de Argentina, que había tenido pocas oportunidades de lucirse durante todo el campeonato, se ganó en tres minutos el pasaje a Brasil y los almuerzos del último mes: dos penaltis atajados en cuatro intentos. Los argentinos, por su parte, desde los once pasos y sin defensas interpuestos mejoraron su capacidad goleadora hasta un 100% y este domingo tendrán cita con unos alemanes envalentonados tras haberle metido siete goles a ese equipo que no acabo de recordar.    

martes, 8 de julio de 2014

Alemania- Brasil: cuando los dedos no alcanzan


Se sabía que era el equipo brasileño más flojo de la historia pero lo que nadie imaginaba era que la anotación de los goles iba a parecer los créditos iniciales de la “Guerra de las galaxias”: algo torturantemente infinito si no se estaba del lado de la Fuerza. 7-1. Los pecados capitales contra el unicornio azul. Uno de Muller, otro de Klose, dos de Kroos, uno de Khedira y dos más de Shurrle. Siete goles contra uno solitario y tardío de Oscar para hacernos creer que del otro lado hubo otro equipo jugando o al menos haciendo un mínimo de resistencia y hasta capaz de responder. Pero eso es puro espejismo para el que vio aquellos cuatro goles anotados en seis minutos con la facilidad con que uno se pierde un dedo en una borrachera de samuráis. Al lado de esto el Maracanazo es una victoria moral y hasta de la otra.

Se habla de la renuncia de un estilo, de un apocamiento conceptual pero lo cierto que la debacle de hoy expone una crisis sin precedentes en el fútbol brasileño en los últimos cuatro años que ha llegado al punto de tener que usar como titulares a jugadores que hace dos mundiales no hubieran servido para otra cosa que para mantener el banquillo a la misma temperatura que las nalgas. Siempre habrá tiempo para achacarle el desastre a ciertos descuidos circunstanciales. De decir: si yo llego a saber que el Perico era sordo yo paro el tren. Pero no. El tren iba a toda velocidad y no hubo manera de pararlo. Frente a un equipo serio como Alemania y sin contar con su mejor jugador ni el capitán a este Brasil de poliespuma no le quedaba otra opción que la de capitular.

Quedaba saber si se trataría de una capitulación honrosa o de una humillación en toda regla. Las Termópilas o la Armada Invencible contra submarinos atómicos. "España, que se fue a casa en primera ronda, puede sentirse orgullosa de seguir viva en el torneo a través de la influencia de su escuela" dijo un periodista y ahí estuvo Brasil para recoger el relevo del 1-5 de España frente a Holanda y hasta para superarlo con creces. Porque no basta con esperar cuatro años. Algo tendrá que hacer Brasil para que ser de nuevo la mayor cantera de futbolistas del mundo o de lo contrario todo quedará como letra de tango: un dulce recuerdo que lloro otra vez. Lo otro es hablar de fatalismo y de la vocación de Brasil para costearle campeonatos a otros.

sábado, 5 de julio de 2014

El día en que nos enteramos que Navas era mortal y al mismo tiempo todo lo contrario


Una de las razones por las que existe la ronda de penaltis no es ólo para dirimir cuál es el equipo que pasará a la siguiente fase sino para asegurarnos que ciertos porteros son seres humanos. Porque sobrehumano pareció Keylor Navas durante los ciento veinte minutos que duró el ametrallamiento a su portería por parte de una Holanda volcada a la ofensiva y con muy pocos apuros en la zaga. 35 veces tiraron a puerta los holandeses por solo 9 los ticos y ni siquiera esa estadística da idea del peligro constante al que estuvo sometida la puerta de Navas. O de sus magníficos reflejos y su fortuna porque tres fueron las veces que los disparos holandeses chocaron con los postes o el larguero. Y los ticos con la firmeza y el coraje que los ha acompañado todo el campeonato resistieron el diluvio holandés e incluso alguna vez estuvieron a punto de llevarse al agua el arisco gato de la victoria (poético que lo pone el fútbol a uno).


Llegó la ronda de penales que era el terreno donde se suponía que la superioridad exhibida en el campo por Holanda quedaría emparejada frente a la destreza más elemental de patear o parar un penalti. No obstante Van Gaal se tenía guardada una última carta en la manga y como si de béisbol se tratara y hubiera que sacar un relevista a pitchear en la novena entrada sustituyó al portero que había jugado todo el partido por Krul, especialista, dicen, en penales. Pues el nuevo portero justificó el cambio: mientras el ya mortal Navas nada pudo hacer ante los disparos holandeses el portero rival paró dos penales, suficientes para darle a Holanda el pase a semifinales y a Costa Rica un sitio prominente en el altar deportivo local.

Argentina 1, Bélgica se fue




Argentina se ha conducido por este Mundial con la eficiencia de un automóvil híbrido, anotando justo los goles que necesita para ganar. Ni uno más. Nada ha perturbado su firme propósito de ahorrarse al máximo todo el talento que tiene, y hoy contra Bélgica no iba a ser diferente. Así que el que vio cómo el Pipita Higuaín anotaba un gol al minuto 8 y pensó que el guión iba a ser diferente, que a lo mejor había goleada o que al menos por primera vez Argentina venía decidida a ganar por más de un gol de diferencia, debió sufrir una amarga decepción. 

Ya sea por la severa política de ahorro de talento o porque luego del gol de Higuaín, el Fideo Di María –único jugador argentina que juega sin miedo de gastarse- no tardó en salir lesionado Argentina no se tomó demasiado trabajo en ampliar el marcador como si no fuera un estrechito 1 a 0 sino casona de diez habitaciones, tres baños, patio y piscina olímpica. La otra es que los bélgicos no anotaron como si se sintieran igual de cómodos con el uno a cero, como si el próximo paso no fuera tomar un avión de la Waffle Airlines para ir a volver a comer coles de Bruselas. 

A última hora Messi pareció recordar que necesitaba anotar más si quiere terminar de goleador del torneo y se lanzó ante la portería de Curtois pero este le detuvo el balón para recordarle la diferencia entre un buen portero y un espantapájaros. Pues nada, que pasito a pasito y sin apuro los argentinos ya están en semifinales y desde ya son los campeones mundiales del ahorro.          

viernes, 4 de julio de 2014

Brasil 2; Colombia y Neymar, adiós a las armas


Ante este Brasil de andar por casa, con manchas de café en la pechera y quemadas de cigarrillos en las mangas nadie descartaba una sorpresa de la ya sorprendente Colombia de James Rodríguez y su banda. Pero la salida de los brasileños al terreno fue la gran sorpresa del partido. Con algo de menos orden que de entusiasmo se hicieron del balón y anularon a los colombianos durante dos tercios del juego. Hasta Hulk estuvo increíble con arremetidas que pudieron redundar en algún gol, ese animal mitológico del que tanto le hablan pero siempre se le termina escapando.

Pero este Brasil aun en su mejor versión depende más de sus defensas que de su delantera y fue con ellos con los que anotó sus dos goles a balón parado. Mientras tanto, Fred representaba magníficamente su papel de padre de Hamlet: pura sombra. Luego vino la tarjeta a Thiago Silva que lo inutiliza para el último partido y la fractura de vértebra de Neymar que hace que Felipao se acuerde del rey Pirro y pueda soltar aquello de “Con otra victoria como ésta estoy perdido”. O quizás piense aliviado que sin su mejor jugador nadie va a pedirle cuentas por lo que pase en su próximo juego ante Alemania. Tal vez no gane el campeonato pero se consiguió el mejor sustituto de una victoria: algo a lo que echarle la culpa si todo sale mal. 

Alemania 1, Francia: Samba (del aeropuerto) de Orly


Fue una tarde de pocas jugadas con todos los goles hechos a balón parado. Dos tiros libres, un corner y un penalti, como si la corredera por el césped fuera un pretexto para ejecutar jugadas prefabricadas. Como si fuera otro deporte mucho más simple: más o menos la misma relación que hay entre el beisbol y un juego de taco. A eso fue lo que jugaron  Alemania y Francia en su esperado enfrentamiento, el cuarto entre ambos en Mundiales (los dos anteriores –el de 1982 y el de 1986- son parte de las pesadillas recurrentes de todo jugador francés como lo pueden ser las Nochebuenas para el ganado porcino. De la rivalidad en las guerras, igualmente mundiales, no hay jugador que tenga tanta memoria).

Quien salió a comprar cerveza al principio del primer tiempo confiado en que, siguiendo el patrón de los últimos partidos, no se anotarían goles hasta la segunda mitad se perdió el único gol del partido, el de Hummels de cabeza, de espaldas al arco en el minuto doce. Luego de eso la tropa diligente de alemanes y franceses se movió de un lado a otro del césped amenazándose pero sin hacerse daño, como la lucha libre de mentiritas o como los rusos y americanos durante la Guerra Fría.


Los alemanes estuvieron más cerca de ampliar la ventaja que los franceses de empatar pero puede que sea puro espejismo mío y en el fondo desde el principio estuvieran conformes con el resultado: los franceses, desinflados ante el primer equipo serio que se habían encontrado en el camino. Los alemanes, satisfechos de haber tenido que sudar menos que ante el equipo de Francia B, ese que fue al mundial con los colores de Argelia.

jueves, 3 de julio de 2014

Publicidad

A la espera de que se reanuden los partidos mañana un anuncio chileno para el mundial:



Y la respuesta holandesa, que en la primera ronda jugaban en el mismo grupo B:

martes, 1 de julio de 2014

Bélgica 2, The Drama Queen 1


En el papel era uno de los encuentros más parejos de octavos de final pero al cabo de unos minutos de juego el partido entre Bélgica y Estados Unidos no parecía acabar en otra cosa que en goleada a favor de la primera. Y lo triste era que Estados Unidos jugaba el partido más intenso en lo que llevaba de Mundial pero ni así podía alejar a los belgas del área chica que más bien parecía el sitio donde los vestidos de rojo habían decidido acampar.

Los minutos se contaban por los saques de esquina en contra de los norteamericanos. Y no obstante la puerta norteamericana no acababa de caer porque para eso Tim Howard, el portero con nombre falso de superhéroe real (como Clark Kent, como Peter Parker) se transformó en Spiderman y tejió una telaraña tupidísima en su portería para así rechazar cada ataque enemigo. (Al final Howard paró nada menos que 16 disparos, algo que ningún portero había logrado en un Mundial desde antes de que yo hubiera nacido). Fue ese elemento –y la desesperada y heroica defensa lo que convirtió una competencia de habilidades belga- en un drama lleno de intriga ¿Caería la meta del mil veces heroico Spiderman Howard o llegarían a la ronda de penales? Porque lo que a nadie le pasaba por la cabeza era que los norteamericanos llegaran siquiera a acercarse a la portería contraria. Pero el partido siguió como había comenzado, cero a cero e incluso el yuma Wondolowski tuvo en su pierna derecha la victoria en el último minuto del tiempo añadido pero al parecer la pierna era en realidad una prótesis. Eso es lo malo de componer tu equipo con antiguos piratas.

Ya en el tiempo adicional los belgos encontraron brechas en la telaraña de Howard no una sino dos veces. Ya todo pintaba color rosa para los europeos pero el sádico que escribe los guiones de los partidos en los que interviene Estados Unidos decidió introducir una nueva situación dramática. Klinsmann, el director técnico, dando el juego por perdido le dio entrada a Julian Green, jugador de 19 años quien no había jugado un minuto en todo el campeonato. Como para que el muchachito no dijera que había ido a Brasil a ver el mundial desde el banquillo. Y nada, que a los dos minutos de haber entrado el chiquito mete un gol tan lindo que duele. Y los masoquistas seguidores del equipo de las barras, las estrellas y los partidos angustiosos siguen sufriendo por doce minutos que más bien parecen horas con la esperanza de que, como ha pasado tantas veces, en el último suspiro empaten con Bélgica. Así hasta que el árbitro, piadoso, decretó el final del partido y con ello la salida de los yumas de la competencia. Y eso es una buena noticia para todos excepto, claro, para los especialistas en enfermedades cardiovasculares de la nación norteña.    

Argentina 1, Suiza 0


El juego de Argentina contra Suiza en octavos de final demostró que la albiceleste no tiene que ganar todos sus partidos con goles de Messi. También puede ganar por un gol de Di María… a pase de Messi. Eso al final de la segunda parte del tiempo extra, cuando ya parecía que el destino de argentinos y suizos lo decidiría la ronda de penaltis. Los 117 minutos anteriores fueron dedicados a lo mejor que Argentina sabe hacer que es pasarse la pelota a la espera de la llegada de su Messías.

La buena noticia es que el Mesías aparece un partido tras otro aunque sea unos segundos y no precisamente para anunciar el Apocalipsis argentino. El Apocalipsis argentino -según anuncian las santas escrituras- llegaría en la forma de una ofensiva que realmente ponga a prueba su defensa y haga caer derrotada a la albiceleste por goleada. Y a continuación sobrevendría el Diluvio Universal en la forma de una interminable lloradera porteña.

Pero no. Eso en realidad fue lo que ocurrió en el Mundial pasado. La profecía argentina vaticina que llegado a los partidos de cuartos y semifinales Messi jugará a tiempo completo y el resto del equipo se le unirá como un solo hombre y aplastarán a todo el que se les ponga delante y ganarán el Mundial y de paso desaparecerán todos los politicos corruptos y demagogos del país. Bueno, eso último lo añadí yo para joder porque hasta un pueblo tan soñador y lleno de fe como el argentino tiene sus límites. 

Out of Africa


Ayer fue la despedida de lo que quedaba de África en el campeonato. También vale decir que fue una despedida por todo lo alto. No fue el paseo que muchos esperaban en el que Francia y Alemania desfilarían con su caballería y su artillería pesada mientras nigerianos y argelinos se limitarían a tirar el confetti. Aquél futuro africano del fútbol que muchos profetizaron tras el portentoso aviso de Camerún en 1990  tal pareciera que no llegará nunca pero al menos tampoco la rendición en masa de jugadores de una energía tan inagotable como su candor.

Casi ochenta minutos le costó a Francia, el más africano de los equipos que quedan en juego para anotar su primer gol. Gol de cabeza de Pogba cuyo pasaporte nos explica que nació en Francia aunque sus raíces se hundan en Guinea y el Congo. Pero antes de eso quien dominó buena parte del partido fue Nigeria, con claras ocasiones de gol solo contestadas por la energía de Valbuena y la peligrosidad de Pogba. ¿Y Benzema? Bien, gracias.
El marcador final 2-0 fue tanto un reflejo del equipo más eficiente en aprovechar sus oportunidades como del peso creciente de ciertas camisetas a medida que la competencia se acerca a los cuartos de final.


La resistencia de Argelia fue más seria todavía regalándonos uno de los partidos más intensos hasta el momento. Peleada fue la salida de África del Mundial  aunque tratándose de Argelia –como en el caso de Francia- eso de las nacionalidades ha de tomarse con pinzas: dieciseis de sus veintitrés jugadores aunque de origen argelino nacieron en Francia. O sea, que les asiste el mismo derecho a representar a Argelia que a buena parte de los jugadores de Santiago de Cuba y Guantánamo a jugar por Haití o a los Castros a presidir la Comunidad autónoma de Galicia.

El caso es que los internacionalistas del fútbol trabaron a los alemanes lo suficiente como para que no pudieran anotar en el tiempo reglamentario y encima se llevaran alguno que otro susto. El gol alemán, anotado apenas comenzaba el tiempo adicional, lejos de deprimir a los de Francia B, versión magrebí, los lanzó con más furia al ataque. Ni siquiera el segundo gol alemán consiguió rendirlos al final y cuando ya el árbitro se llevaba el silbato a la boca anotaron el gol del honor. Y con honor se fueron: lástima que empezaran a jugar como mejor saben hacerlo en su último partido, justo a la hora de la despedida.

lunes, 30 de junio de 2014

Costa Rica 1 (5), Grecia, épica hoy, fallona siempre




Posiblemente no haya equipo que jugara más feo en todo el campeonato ni delanteros más torpes frente a la portería pero no menos difícil era encontrar un rival tan empeñoso como aburrido de ver que Grecia. Como dispararse una versión de "300" que consista únicamente de escenas de combate, sin espacios para la intriga o las escenas de alcoba. Y a esos fue a los que les tocó enfrentar los ticos, un equipo limpio y ordenado como armario de alguien con transtorno obsesivo- compulsivo quien venía de ayudar a jubilar de este Mundial a tres campeones. Y una cosa es enfrentar a un asesino profesional y otra a esa loca esquizofrénica que es Grecia resistiéndose a irse del campeonato. Con el portero Keylor Navas como escudo y Ruiz y Campbell como armas ofensivas Costa Rica se defendió y atacó mientras pudo y hasta anotó un gol con la precisión y la desesperante lentitud de una bola de billar. Pero entre la expulsión de un defensa y los griegos en vena espartana llegó el empate helénico con el sentido de la oportunidad de la muerte o las multas por mal parqueo: justo antes de que se acabara el tiempo reglamentario.


 Luego de la épica inútil de la media hora extra en la que los griegos demotraron que aunque la portería contraria tuviera el tamaño del sistema solar ellos conseguirían patear el balón directo hacia un agujero negro (o cualquiera que sea el equivalente en el universo a las gradas) llegó, piadosa, la tanda de penales. Los griegos traicionaron la costumbre establecida durante el juego de fallar cuanta oportunidad de anotar tuvieron embocando uno tras otros sus disparos desde los once metros. Todos hasta llegar a Gekas que, consecuente con su trayectoria durante todo el partido, volvió a fallar. Y todavía dicen que no queda gente íntegra.

domingo, 29 de junio de 2014

Holanda 2, México, 1


Bajo el lema público de la selección mexicana de "Sí se puede" se agazapa uno secreto que se cumple con bastante más regularidad: "Jugamos como nunca y perdemos como siempre".  Hoy la renovada selección que dirige Miguel Herrera parecía que le diría adios a aquél tradicional pesimismo junto a los fantasmas de Moctezuma, Hernán Cortés y la Malinche tras el gol de Gio Dos Santos a los tres minutos del segundo tiempo.

Ya se acercaba el final del partido y a una Holanda pálida y engarrotada parecían vencerla sus propios fantasmas ya propiamente futboleros. Pero si Holanda ha caído en las tres finales que ha disputado nunca lo ha hecho víctima de un equipo que nunca ha pasado de cuartos. Hacia ese desastre histórico se dirigían los holandeses  cuando a la salida de un saque de esquina -el único tipo de jugada donde crearon peligro real en todo el partido- Sneijder enganchó un rebote y no le dio tiempo a Ochoa ni a ver cómo entraba en la portería.

Luego, en tiempo de descuento, llegó el remache de la obra de los fantasmas mexicanos en la forma mucho más tangible de un árbitro quien cantó un penalti como se canta una canción de Ricardo Arjona: no va contra la ley pero no sería justo hacerlo. Y ocurrió lo que pasa en partidos así: un equipo pasa a la próxima ronda y el otro regresa a su país y en ambos casos parece como si hubieran cumpido con su deber.

Colombia 2, Uruguay que ladra no muerde


Uruguay llegaba disminuido a este enfrentamiento. Traía su tradicional garra pero le faltaban -ya sé que la alusión es facilona- los dientes. Y es que sin Hannibal Suárez Uruguay es como un florete de competencias: se hinca pero no pincha. Si a esto se añade que quien tiene enfrente es a una Colombia iluminada por un James Rodríguez afiladísimo no era difícil imaginar la masacre. Y en efecto, Uruguay volvió a ser el equipo chato que cayó ante Costa Rica 1-3. James brilló y la selección del polvito blanco que por corrección plítica llamamos "cafetera" se contagió con su estrella. Los arreones finales de Maxi Pereira cuando ya los uruguayos perdían 2-0 no fueron más que eso: el tributo a la tradición de que un equipo uruguayo no cae sin pelea aunque todo lo que tenga para atacar sea un cuchillo sin mango al que le falta la hoja.

Brasil 1, Chile 1, Shangó 3


Nadie niega, ni aún los más fanáticos seguidores, que este Brasil 2.0 no llegaría a la final a menos que ocurriera un milagro en semifinales, cuando probablemente se cruzaría con Holanda. Lo que no imaginaban siquiera los comentaristas más críticos es que la Seleção tuviera que gastarse sus milagros tan temprano. Porque sólo un milagro salvó a Brasil frente a Chile, un equipo talentoso, ordenado e impetuoso aunque sin exagerar, sobre todo en lo primero.

Pues este Brasil necesitó de la mano de Dios (o de algún delegado suyo en el área futbolística) para desviar al larguero un remate chileno que enviaba a los brasileños a ver la final en un bar de Río con gafas oscuras y peluca. O para hacer que los chilenos tiraran los penaltis de manera horrenda y que a pesar de que los brasileños fallaran un par de veces terminaran ganando.

Y no se podrá culpar a Felipao por mucho que al poner en el terreno lo mejor que tiene parezca lo peor. Porque la realidad es que, como pocas veces en la historia, Brasil no tiene un centro delantero que valga la pena y sus opciones se limitan a dejar a "La Momia" Fred o cambiarlo por "Pata de Palo" Jo. Así que Brasil ha tenido que depender de los corners y los disparos de larga distancia como culquier equipo incapaz de enhebrar un par de jugadas peligrosas en el área. O de los reflejos de su portero en la ronda de penaltis.

Más que rezar Brasil deberá encomendarse a dioses elementales pero eficaces, esos que más que palabras piden sangre, si quieren salir vivos de su enfrentamiento con la Colombia de James Rodríguez. Algo tendrán que sacrificarle a esos dioses y a juzgar por el temaño del milagro deberá ser un elefante. O una manada completa.

viernes, 27 de junio de 2014

Alemania 1, Estados Unidos 0!, Cristiano Ronaldo, bienvenido a bordo


En el largo y complejo proceso educativo que ha sido este Mundial para el público norteamericano les faltaba la comprensión de lo épica y hasta disfrutable que puede ser una derrota.  En un pueblo al que le cuesta trabajo incluso comprender un concepto tan simple como "empate" (para no hablar del de "Africa es un continente, no un país") esto no es un asunto menor. Como no lo es reconocer que aunque su equipo es notoriamente inferior que -por poner un ejemplo- el de Alemania así y todo es aceptable entrar en la competencia. Con decir que si el desembarco de Normandía hubiese terminado como el juego de ayer a estas alturas en Francia se estaría hablando alemán. O ruso. O pensando en términos futbolísticos: Benzema sería integrante del equipo alemán, por no hablar de los holandeses y belgas.

Poco pudieron hacer Clint "Ojo Morao" Dempsey, DaMarcus "Simplicio" Beasley y Tim Howard frente a los alemanes. Bueno, Howard hizo lo que pudo parando casi todo lo que le tiraron (con mauser) y evitando que el marcador terminara pareciendo el de un juego de béisbol entre los Tigres de Detroit y el Hospital Psiquiátrico de La Habana. Y digo casi porque al final Muller se las agenció para clavar un mísil en un rincón de la portería Americana.  Así y todo los norteamericanos lo celebraron esta derrota como si nada más llegar a Normandía Hitler les hubiera entregado las llaves de Berlín. O como se celebra cualquier cosa que haga un niño norteamericano, incluso caca. 

Y en realidad fue suficiente al menos en lo que respecta a los deseos del gremio de fabricantes y vendedores de banderas americanas porque por su parte Portugal, en su enfrentamiento con Ghana no pudo pasar de una victoria 2 goles a 1. Luego de su derrota 0-4 contra Alemania y su empate a dos con Estados Unidos, Portugal necesitaba de una victoria más aplastante que la de Stalingrado para seguir en el Mundial o de lo contrario tomar el próximo vuelo para Lisboa. Y así fue, de manera que todos se sentirán satisfechos. Los norteamericanos por seguir en Brasil una semana más y Cristiano Ronaldo porque podrá entregarse a las actividades que más le apasionan: hacer abdominales y posar sin camisa para las cámaras de los paparazzis.  

miércoles, 25 de junio de 2014

Messi 2, Los Otros diez 1, Musa 2


Si para algo importaba el juego de Argentina y Nigeria era para saber si Leonel “La Bella Durmiente” Messi vendría por fin a la realidad o tendríamos que conformarnos con su versión digital FIFA 2014. Si la versión digital ha anotado un gol por partido de la copia dura se podía esperar bastante más. Y por suerte el Messías argentino anunció su llegada bien temprano, en el minuto tres para ser exactos, pero fue mejor aún que los africanos trajeran a su propia versión del Messías y hasta con un nombre que parecía de parodia (Musa) pero que replicó al gol del argentino con  otro igual de serio. Y así estuvieron dándose y replicándose hasta que el partido quedó 3 a 2 a favor de Messi (dos goles) y los otros diez(1) que por fin se albrestaron ante la llegada del Elegido frente a los 2 de Musa.


Otros que se despertaron fueron los bosnios quienes ya eliminados se llevaron con ellos a los iraníes venciéndolos por 3 a 1. Maldita la gracia que les hizo a los adalides del fútbol chiita tanta epifanía.  

martes, 24 de junio de 2014

Uruguay 1, Italia, Costa Rica e Inglaterra 0 [con post data]


Y lo que parecía un chiste antes de comenzar el Mundial ocurrió. Que Costa Rica terminara de primera de uno de los grupos más difíciles. Que Italia quedara eliminada, incluso después de la demostración de poder ante Inglaterra. Hubo de todo en el Italia- Uruguay, de todo menos fútbol: sobre todo violencia, lenguaje de adultos. Y sexo, si se cuenta la mordida de Luis Suárez a Chiellini como relación carnal. Sí, porque el delantero uruguayo que, para sorprender una vez más a las defensas contrarias, no anotó un gol en cambio incrustó el sector más prominente de su físico –que en su caso, como el de Drácula o Bugs Bunny, son los dientes- en el hombro del defensa italiano. De nada valió que Chiellini corriera por el campo mostrando su hombro desnudo a todo el que lo quisiera ver porque Suárez –a diferencia de Marchisio, a quien expulsaron por una patada minutos antes- se mantuvo en el terreno silbando, mirando al cielo y esperando si aparecía alguna oportunidad para marcar algo más que sus dientes en piel ajena.

Al final no fue el cacique Diente Loco sino el central uruguayo Godín quien le clavó la estocada final a Italia (a diferencia de la mordida de Luis Suárez, lo de la estocada sí es una metáfora) al cabecear un corner a donde ya Buffon no podía llegar. Fue así que consiguió que el último de los finalistas de la Eurocopa 2012 que quedaba en el torneo tuviera que usar sus pasajes de vuelta mucho antes de lo que pensaba y ponerse la vacuna antirrábica. 

En el partido paralelo Costa Rica mantuvo su invicto empatando a cero con la selección de la nación inventora de este deporte y así asegurar ser cabeza de grupo. Inglaterra en cambio no aseguraba nada. Ya hacía rato había sacado sus pasajes de regreso.

Post data:

Transcripción de una grabación de intercambio verbal entre Chielini y Luis Suárez justo antes del incidente y que acaba de hacer pública la FIFA:

Chielini: Luis ¡Qué cabeza más dura tú tienes!

Luis Suárez: Para rematar a puerta mejor.

Chielini: ¡Qué dientes más grandes tú tienes!

[La grabación se interrumpe]