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viernes, 5 de marzo de 2021

De carros


Cuando Fidel Castro pasó su luna de miel en Nueva York con su esposa Mirtha Díaz Balart en 1948 se compró, entre otras chucherías, un Lincoln Continental del año anterior. Con el carro recorrió en compañía su esposa, su cuñado Rafael Díaz Balart y la esposa de este, todo el país hasta Miami desde donde embarcó con su carro en un ferry hasta La Habana. Al llegar debía pagar $500 en derechos de aduana por el carro importado pero como no los tenía un amigo tuvo que pedir dinero prestado para que pudiera sacar el carro de la aduana. Al final, como era de esperar Fidel no devolvió el dinero y su amigo tuvo que vender un par de vacas para devolver el dinero prestado.


Una historia perfectamente irrelevante -excepto para los que luego le siguieron prestando dinero al futuro Comandante en Jefe- pero que en la Cuba actual parece cosa de ciencia ficción.

(La anécdota la leí en "Fidel Castro y el Gatillo Alegre: Sus Años Universitarios" de Enrique Ross pero ahora no acabo de encontrar la dichosa página)

viernes, 5 de junio de 2020

Brevísima historia del castrismo y los derechos humanos

Para el castrismo los derechos humanos no siempre fueron el enemigo. Para el fundador de la secta dominante en la isla los derechos humanos pudieron ser hasta modelo a seguir. Al menos en el propio año de su llegada al poder, cuando Fidel Castro se definía como “humanista” y humanista era (a pesar de los continuos fusilamientos) su revolución. “Humanismo significa justicia social con libertades y derechos humanos. Humanismo significa lo que por democracia se entienda, pero no democracia teórica, sino democracia real, derechos humanos con satisfacción de las necesidades del hombre". (24 de abril 1959)
Pero ese año Fidel Castro no volvería a insistir en el tema de los derechos aprobados por las Naciones Unidas en 1948. Ni el siguiente. En total pasaron cuatro años sin que los mencionara. Cuando el Castro en Jefe volvió a hablar de derechos humanos, el 28 de septiembre de 1963, ya estos eran parte del discurso enemigo, de los Estados Unidos; “Y que se llame país democrático, que se llame país poderoso, que se proclame cínicamente abanderado de los derechos humanos”. Y luego, silencio. 
La expresión “derechos humanos” desapareció de los discursos del Comandante por quince años. Los trajo a colación el 26 de julio de 1978 en términos idénticos a quince años atrás: como discurso del enemigo. “El Gobierno de Estados Unidos enarbola ahora la consigna de los derechos humanos”. Eran tiempos de la cruzada blanda de Carter por los derechos humanos que, entre otros efectos secundarios, apareó extraños compañeros de cama: como hacer que la dictadura argentina y la cubana se aliaran para silenciar las denuncias de violaciones de los derechos de los ciudadanos de sus respectivos países en diferentes foros internacionales. 

Desde entonces el castrismo ha fluctuado entre ver los derechos humanos como enemigo (miembro de la secta castrista fue el que gritó famosamente a cámara “¡Abajo los derechos humanos!”) y deconstruirlos quirúrgicamente: los derechos humanos no deben ser estos sino estos otros, los que concedemos como merced. Cualquier cosa menos insinuar que pensar, expresarse y organizarse por sí mismos es un derecho y no una concesión. 
Cualquier cosa menos aceptarlos como derechos, de aceptarnos como humanos.

jueves, 27 de febrero de 2020

Algo más que alfabetizar


Nube de palabras del discurso de Fidel Castro anunciando campaña de alfabetización el 10 de octubre de 1960

No se crean que el chicharrón es carne. La famosa campaña de alfabetización de 1961 fue planeada desde el comienzo como una operación militar: se enviaron miles de alfabetizadores a territorio en pie de guerra para que sirvieran lo mismo de evangelizadores de las bondades de la revolución, de informantes sobre el movimiento de las guerrillas enemigas que de mártires en potencia.
El discurso donde Fidel Castro anuncia que llevará adelante la campaña de alfabetización es de hecho el despliegue de un plan de batalla: por las veces que se mencionan las palabras "maestros" (28), "escuela" (15), "enseñar" (11), "libros" (9) y "cartilla" (5) “estudiantes” (4) se menciona 32 veces la contrarrevolución, 26 veces se habla de ofensivas, 18 de milicias, 15 de luchar, 9 de combatir, 12 de armas, 10 de terrorismo, 9 de guerra, 8 de ejército, 7 de mercenarios, 8 de escoria, 4 de fusiles.
Si por un lado Fidel Castro intentaba minimizar a la oposición armada refiriéndose a esta siete veces como “grupitos” (de contrarrevolucionarios, de alzados, de mercenarios) por otra parte afirma que el imperialismo está movilizando “toda su escoria de decenas de miles de gangsters y de criminales”.
Con la prensa ya bajo su control Fidel Castro contaba con sacarle el jugo a cada mártir que produjera su temeraria decisión de enviar miles de alfabetizadores en su doble función de maestros y servicio de inteligencia. Y en efecto, seis de ellos (Conrado Benítez García, Modesto Serrano Rodríguez, Tomás Hormiga García, Delfín Sen Cedré, José Taurino Galindo Perdigón y Manuel Ascunce Doménech) fueron asesinados por los alzados: pocos si se contrasta con la situación en que se les había puesto a los alfabetizadores o si se los compara con los 95 campesinos fusilados por las guerrillas antibatistianas por supuestas delaciones.
A la larga la operación tuvo un éxito aplastante: no solo porque se logró reducir el analfabetismo de un 22% a un 3% sino porque una campaña de tan criminal temeridad sigue considerándose modelo educativo para todo el planeta. Recuerdo que hacia el año 2000 hablaba con una pareja de ecuatorianos cuando el hombre me puso una vez más como ejemplo el dichoso caso de la alfabetización. Pero antes de poderle responderle la ecuatoriana le recordó a su compatriota que en Ecuador se había eliminado el analfabetismo por completo hacía tiempo sin necesidad de hacer una revolución. Ni de mandar a nadie a morir, habría añadido yo, pero no era cosa de ensañarse cuando hasta su compatriota le había quitado la razón.

martes, 19 de diciembre de 2017

El misterio de la carne


Hacer comprensible el régimen que impera en Cuba siempre ha sido una tarea complicada. Por eso, para ahorrarme tiempo y explicar de una vez lo absurdo y arbitrario que puede resultar empiezo por las vacas. Ya se sabe: que puedes recibir una condena mayor por matar una vaca que a una persona. Que si te comes tu propia vaca vas preso. Que si te la roban te cobran una multa. Bastante más difícil es explicar la supuesta lógica. Sin embargo un recorrido apurado por los discursos de Fidel Castro en los primeros años de Revolución permite reconstruir el proceso de creación de ese absurdo.
Insisto no pretendo ser exhaustivo pero la primera referencia que encuentro al “problema” de las vacas son las críticas del Comandante al sistema de producción anterior en un discurso dirigido a la Federación Nacional de Trabajadores azucareros el 19 de diciembre de 1960. Allí empieza a desarrollar sus teorías de cómo mejorar el que califica como “sistema prehistórico” de crianza del ganado:

“Teníamos otro monocultivo además de la caña: el monocultivo ganadero.  Eso era peor todavía que el cañero, porque daba menos empleo todavía que el cañero.  Para que ustedes tengan una idea del atraso de nuestra agricultura, baste decir que en nuestro país se producía la carne mediante un sistema latifundiario.  Es decir, un rebaño de reses que estaba pastando meses y meses, años y años, atendidos por uno o dos hombres, en pastos naturales.  Era un sistema prehistórico de producción de carne.¿Saben ustedes qué cantidad de tierra se necesitaba en Cuba para producir, exclusivamente, la carne del consumo?  Se dedicaban 350 000 caballerías a producir la carne que consume un país de una población reducida.Una res tenía que vivir y pastar durante 30, 32, 34, 36 meses, antes de venir al matadero.  Trescientas cincuenta mil caballerías dedicadas a producir nada más que la carne de nuestro consumo.  ¿Cómo no iba a haber desempleo en el campo?  El método de producción era un método latifundiario. Frente a eso existía un tremendo obstáculo:  el precio de producción latifundiaria es un precio bajo.  ¿Por qué?  Porque no se le sirve pienso al animal, lo atiende un hombre, no se cultivan los pastos, son pastos naturales, muchos de ellos, y, claro, se puede producir un tipo de carne barata, pero mala; un sistema de producción intensivo de carne eleva el costo de producción, pero produce carne mucho mejor en un espacio mucho más reducido de tierra.De manera que una caballería de pastos cultivada con pangola, por ejemplo, en un sistema de producción intensiva, en un establo, puede alimentar hasta 120 reses.  En el sistema prehistórico nuestro, el promedio de reses por caballería era de 10 a 12, 6, 8.  Es decir que en un sistema de producción intensiva, en 50 000 caballerías podemos producir toda la carne que consume nuestro país, y nos quedarían libres para diversificar 300 000 caballerías de tierra.  Calculen ustedes las posibilidades de producción y exportación de carne que tiene nuestro país.  Dedicábamos 350 000 caballerías a producir carne, y, además de eso, importábamos derivados del cerdo y grasa animal por valor de 40 millones de dólares.Vean si se explica o no el desempleo que había en Cuba.  El número de cientos de miles de familias viviendo en los callejones y en las guardarrayas; además, el desempleo, como consecuencia de que en una finca de 600 y 700 caballerías trabajasen solamente 10, ó 12, ó 15 personas. Luego, teníamos el monocultivo ganadero, era difícil organizar una cooperativa en una finca ganadera; había que convertir 12 personas en dueñas de todo el ganado de esa finca, había que hacer inversiones mucho mayores.  No era el caso del obrero cañero que llevaba muchos años luchando allí con la caña; eran zonas agrarias donde ni siquiera vivían familias.  Y entonces, hemos iniciado la lucha contra el monocultivo por dos procedimientos distintos y por dos sectores distintos: desde el sector cañero, la lucha contra el monocultivo a través de las cooperativas cañeras; y, en el sector ganadero, la lucha contra el monocultivo a través de las granjas del pueblo.  Y así, con dos medios de producción dos sistemas de producción, unas como cooperativas, otras como grandes empresas de producción técnica administradas por el INRA, estamos combatiendo el monocultivo desde dos ángulos distintos, y vamos hacia un proceso de intensificación de la producción de carne, de grasas y de alimentos animales.En las áreas ganaderas y arroceras hemos propiciado este sistema de producción y esperamos, también, llevarlo adelante con éxito.  Ya en una de esas granjas del pueblo hay un sistema de cultivo hidropónico de vegetales, que permitirá abastecer todo el año el mercado de La Habana"

Cinco meses después, el 17 de mayo de 1961 ya puede comentar los primeros resultados de la intervención estatal en la ganadería. Y el resultado –que aunque no lo menciona directamente, no es difícil inferirlo- es que hay menos carne. Y la culpa, de momento, la tiene el aumento de la demanda así que habrá que darle tiempo para desarrollar sus planes: 
“Si el consumo de carne se triplica…  ¿Qué hay que hacer, porque no hay vaca que sea capaz de triplicarse en un año?  La ganadería para triplicarse necesita mucho más de tres años, y si el consumo se ha triplicado…  Entonces es un hecho que hay que aumentar la producción de otros artículos, y que la propia producción de carne hay que aumentarla por todos los medios; hay que aumentar la producción de pescado, de aves, de cerdo y de cuantos artículos puedan producir carne de una clase o de otra.  La carne, además, es un alimento indispensable al pueblo y que el pueblo no ha consumido; el consumo de carne para una gran parte de la población ha sido muy reducido, y esa es la causa de problemas en el crecimiento, problemas en la salud.  Incluso, el obrero que necesita trabajar 8 ó 10 horas tiene que alimentarse bien, porque si no se alimenta bien es imposible que pueda rendir en las mejores condiciones.  Y nuestro pueblo ha estado muy mal alimentado, los muchachos lo saben y las muchachas; porque ellos saben que hoy están mejor alimentados que en sus casas, desde luego […]
Los programas del gobierno se proponían producir la carne para vender a 20 centavos la libra en pie; hoy el cerdo que se produce en el país, en algunos casos se está vendiendo hasta a 30 y 35.  No pasa así con el ganado porque el ganado está controlado; hay una gran cantidad de reses que están recibiendo piensos en los potreros administrados por el INRA, y eso garantiza un abastecimiento de carne de res; y ahora se está llevando adelante un gran programa de producción de carne de cerdo y de ave.  Pero eso requiere un tiempo; el tiempo que requiere será aproximadamente de un año y medio para estar a plenitud de desarrollo ese plan, o que haya alcanzado la meta que se propone”

El 28 de agosto de ese mismo año vuelve sobre el mismo tema. Ahora habla de un plazo de ocho años para desarrollar sus planes:
Nosotros podemos proponernos, en ocho años, las siguientes metas, frente a una producción anual de más o menos un millón, entre machos y hembras, producción que nos obliga a sacrificar solo los machos para no estancarnos; y frente a una producción de leche de 2 millones y medio de litros de leche, nosotros hemos estado discutiendo con los compañeros de “ganadería, de granjas y del INRA, lanzar un plan, una aspiración que justifique el esfuerzo.  Es decir, no optar, por supuesto, por la política de ruina ni por la política de estancamiento, porque un país no se puede condenar a un estancamiento en el ganado; un programa de alcanzar, en ocho años, un total de 5 millones de vacas de cría con una producción de 3 millones de reses cebadas al año, y 10 millones de litros de leche, especializando el ganado, es decir, el de leche: raza lechera y raza de carne.  Esto nos permite a nosotros, en ese plazo, tener 5 millones de vacas de raza de carne, y por lo menos un millón y medio, es decir, un millón de vacas de ordeño de leche.

Ya el 12 de diciembre de 1961, en el acto de graduación de un curso de inseminación artificial lanza la consigna de no matar vacas porque amenazaría las posibilidades de producción y con ello sus ambiciosos planes ganaderos:
“¿Contra quién hemos tenido que luchar, primero que nada, para que no se mate una sola vaca?  Primero que nada, contra el eterno vicio capitalista, el interés privado de los individuos que les importa un bledo la economía de la nación y de la república.  Había señores que tenían mataderos por ahí, siempre se encontraban con algún siquitrillado que les vendía las vacas, y mataban vaca, ternero, novillo, cualquier cosa.  Primero que nada tuvimos que luchar contra el egoísmo, el interés privado, los vicios y las reminiscencias capitalistas que quedan.  Fue necesario por eso, para salvar las vacas, controlar todos los mataderos. El consolidado de la carne cometió sus errorcitos por ahí, en la forma de cumplir este programa; no tuvo personal del más competente, y cometió unos cuantos fallos.  Pero, al fin y al cabo, consolidó los mataderos.  Una vez consolidados los mataderos, ¿creían ustedes que ya estaban defendidas las vacas?  ¡Nada de eso!; […]Con el truquito de las “no aptas para la reproducción” mataban cientos de miles de vacas aptas para la reproducción.  Y en algunos mataderos consolidados decían:  el 10%.  Pero no era el 10% de las no aptas para la reproducción, sino cualquier vaca; iban a matar el 10% de vacas, y así mataban muchas vacas que eran aptas para la reproducción.  Entonces nosotros decimos: no señor.  ¿Qué hacer?  Bueno, vamos a poner un delegado de las ORI en cada matadero; ¿para defendernos de quién?  ¿Del interés privado?  No, ya el interés privado no tiene nada que ver con los mataderos, pero todavía quedan en los mataderos los hábitos capitalistas, los individuos, los egoísmos capitalistas, la irresponsabilidad propia de los capitalistas, en las personas de algunos administradores de mataderos que se olvidan del gran interés de la economía y matan vacas”
La ubicación de delegados políticos al frente de los mataderos al parecer no obró los efectos mágicos esperados. Tanto es así que el 17 de mayo de 1962 el Ganadero en Jefe prohibía de facto que los campesinos mataran su propio ganado y así “garantizar la carne para el pueblo” y “salvar la riqueza ganadera”. Y con la promesa, claro de que “en el futuro no habrá esos problemas” 
A la economía del país no le afecta fundamentalmente que los campesinos vendan todos los pollos que quieran por su cuenta, no le afecta que sacrifiquen los cerdos.  Les pide, sí, que los sacrifiquen cuando ya son grandes, que les traten de sacar el mayor provecho, que traten de producir grasa, de autoabastecerse de grasa, mientras se desarrollan los grandes planes de producción porcina que la Revolución está llevando adelante, igual que lleva adelante grandes planes de producción avícola. Eso no afecta a la Revolución.  Pero a nuestro país le afectaría mucho que su base ganadera fuese sacrificada, que la producción grande que puede tener en el futuro de carne de res, fuese sacrificada.  Naturalmente, con los recursos monetarios con que hoy cuenta el pueblo, si no se reglamentara bien la matanza del ganado vacuno, el resultado sería que nadie controlaría la matanza, que se matarían...  Nadie puede calcular la cantidad de ganado que se sacrificaría con poco peso, lo mismo las hembras que los machos.  ¿Cómo podría garantizar la Revolución el abastecimiento de carne en las ciudades?  Es lógico que esto se regimente bien. 
Mientras se desarrollan los planes de producción avícola, porcina, y los planes de pesca, es lógico que cuidemos la carne de res, es lógico que cuidemos el ganado, porque hay que abastecer a las ciudades de carne de res, hay que garantizar que sacrifiquen el ganado con el máximo de peso, hay que garantizar la ceba del ganado.  Por eso sí no afecta que el campesino sacrifique el cerdo para él y para sus vecinos, que sacrifique o venda los pollos, los guanajos, todos esos artículos, sí afectaría mucho la matanza libre de carne de res.  Claro que tendríamos carne algunos años sin problemas, pero estaríamos sacrificando el porvenir, estaríamos sacrificando el futuro, y un pueblo tiene que ser consciente, porque estos años pasarán. Si ahora queremos resolver estos años, las dificultades de ahora, sacrificando todo el ganado, lo lamentaremos mucho en el futuro.  Entonces mañana tendríamos que llorar nuestra imprevisión, nuestra irresponsabilidad; en cambio, si hoy cuidamos el ganado...  Y por eso no queda más remedio que mantener una regimentación rígida, porque hay que salvar nuestra riqueza ganadera para que en el futuro podamos producir el doble, el triple de carne.  Pero no solo eso, sino que tendremos producción de muchas más aves, cerdos, peces. Ya en el futuro no habrá esos problemas.  Habrá tal abundancia de todos esos productos, que no habrá esa urgencia que hay ahora con la carne, esa necesidad de evitar que se mate un novillo de 500 ó 600 libras.  Eso lo comprende el pueblo, eso lo comprenden los campesinos perfectamente bien; por eso el producto que fundamentalmente se reglamenta es la matanza, y tiene que haber rígidas normas para evitar la destrucción de una riqueza que es fundamental para nuestro país, es el ganado vacuno (APLAUSOS). Los campesinos deben comprender eso.  Nosotros nos damos cuenta de que a cualquier campesino que tiene cinco o seis vacas le entran deseos de matar un novillo y estar comiendo carne un mes.  ¿Qué no quisiéramos nosotros hacer por ayudar a los campesinos?  Pero si nosotros le dijéramos a los campesinos:  "SÍ, maten", estaríamos cometiendo un crimen contra la economía de nuestro país, estaríamos haciendo una cosa mala. Ese es el por qué hay que evitar, no se puede permitir la matanza libre de carne de res. Porque a veces un campesino dice:  "¿Pero por qué yo no voy a poder matar ese novillo que lo vi nacer?"  Bueno, pues por eso: porque hay que garantizar la carne para el pueblo y hay que salvar la riqueza ganadera.  Nada más que por eso.  Nadie le va a quitar su novillo (APLAUSOS). Precisamente para que el día de mañana, él pueda comer no solo carne de res, sino pueda comer pescado, pueda comer de todo lo que quiera comer; es para garantizar el futuro.  Y a veces no se entienden bien esas cosas, porque yo me he encontrado con algunos campesinos que dicen que quieren matar el novillo.  Pero, figúrense, si decimos:  maten por la libre, pues figúrense qué resultados tendría eso. 
 Muchas serían sus intervenciones posteriores sobre el tema ganadero pero creo que en esos discursos queda más o menos claro el origen de la carencia crónica de carne en Cuba y las leyes draconianas para castigar el sacrificio de ganado. A medida que la carne desaparecía de las mesas cubanas, que el bistec se convertía en utopía nacional se insistía en darle prioridad a la producción de leche (para los niños, claro) sobre la de carne. Y eso nos llevaría de caebza hacia otro enigna más difícil todavía de dilucidar: el misterio de la leche.

viernes, 7 de abril de 2017

La nueva escuela

Para el que crea (todavía) que las escuelas en el campo se crearon con fines educativos y no para que el Estado los usara como mano de obra (porque se había apropiado de mucha más tierra de la que podía atender):
"En nuestra sociedad, hoy, mañana y siempre, los bienes materiales tienen que producirlos todo el pueblo. Y esto además se combina felizmente con la forma de educación perfecta, la forma de educación que encaja con los conceptos marxistas y con los conceptos martianos. [...] Nosotros un día visitamos la escuela y los alumnos estaban en esos días de exámenes —era por trimestre, creo que es la prueba trimestral—, estaban de pruebas. Entonces en esos días de pruebas no iban al trabajo productivo. Y yo dije: bueno, aquí ha prevalecido un criterio docentista, aquí no ha prevalecido un criterio revolucionario. No quiero decir ni mucho menos que en el ánimo de los compañeros de esa escuela prevalezcan criterios docentistas. No. Son compañeros muy revolucionarios, muy conscientes, y están dirigiendo magníficamente bien la escuela. Pero es indiscutible que una cosa tradicional, conservadora, se había impuesto. Yo dije: bueno, ¿qué ganamos nosotros con esto? A la hora de la prueba le damos más tiempo para estudiar, y liberamos al estudiante de sus obligaciones cotidianas. Creamos un vicio. ¿Qué vicio? El vicio del finalista, el vicio de no atender en clases. […]
Pero si nosotros empezamos porque cuando llega la prueba no hay trabajo, el resultado es que empezamos a crear la antítesis trabajo-estudio: el vicio del finalismo, el estudiante neurasténico además —porque es ese estudiante arrancándose los pelos, comiéndose las uñas; se está todos esos días de exámenes en una tensión terrible. ¡Y hasta le creamos el reflejo de la tensión y del superintelectualismo en los días de prueba!
El estudiante debe estar siempre listo para responder una pregunta. El estudiante debe estar al día. El estudiante debe atender las clases. El estudiante debe estudiar todos los días.
Y yo dije: y lo que más me duele es que ustedes hicieron una suspensión total. Si hubieran dicho: vamos a rebajar una hora o dos, bueno: ya es una hora. Pero, ¿el absoluto? ¿Supresión total del trabajo productivo en los días de pruebas? Ellos comprendieron, y realmente después suspendieron el método de no realizar trabajos... Porque además, me parecía que entrañaba la violación de un principio, el que decíamos: no menospreciar la actividad productiva. Daba la impresión que en ese momento la actividad productiva se menospreciaba y que prevalecía todo lo docente, creándose todos esos vicios secundarios que nosotros señalábamos"
Fidel Castro, 25 de abril de 1971

miércoles, 5 de abril de 2017

Una línea muy recta

"Yo les quiero decir a ustedes que nosotros, por ejemplo, Raúl y yo, hemos seguido una línea inflexible. No hay un solo familiar de nosotros que tenga un puesto, quiero que lo sepan. Yo quiero que sepan que incluso una hermana mía, que fue revolucionaria y que nos ayudó muchísimo, tenía un modesto empleo en donde trabajaba antes del 10 de marzo, en un departamento del Estado, y ella siempre decía: “Yo lo único que quiero es que cuando la Revolución triunfe a mí me devuelvan mi modesto empleo.” Bueno, pues ni eso le hemos dado nosotros, porque si no se les puede devolver el empleo a todos los que lo tenían antes no se le debe devolver a nadie porque sea hermana.[...] Aunque tenga derecho, nosotros preferimos pedirle que se sacrifique, porque hemos estado muy acostumbrados al nepotismo, y nosotros queremos llevar una línea muy recta, muy recta en todo"
Fidel Castro, 3 de febrero de 1959.

jueves, 9 de febrero de 2017

Prohías, Fidel y los bombines


Caricatura de Antonio Prohías por Rowi

                               A Arístide y Rebeca por la ayuda

Las historias del humor gráfico cubano suelen pasar por alto el incidente. O se refieren a él de manera tan sesgada que parece que se trata de mero mal entendido que el caricaturista Prohías decidió tomarse a la tremenda. En cambio su colega Arístide Pumariega ha sido bastante más claro en entrevistas que le han hecho al respecto:
“En el proceso revolucionario cubano el primero que sufrió la embestida de esa severa intolerancia del triunfante Fidel Castro fue Antonio Prohías, este increíble artista que a fines de la década de 1940 comenzó a trabajar como caricaturista en el periódico El Mundo y entre sus tiras cómicas se encontraba el increíble personaje El Hombre Siniestro, a fines de la década de 1950, era el presidente de la Asociación de Caricaturistas de Cuba. Cuando Castro fue con el primer gabinete de su gobierno a la Sierra Maestra a firmar la Reforma Agraria, Prohías hizo una caricatura que reflejaba al sequito como un grupo de bombines. Eso encolerizó a Castro a tal punto que Prohias debió marcharse a la carrera de Cuba hacia Estados Unidos”
Portada de Zig Zag de febrero de 1959
Hay varias imprecisiones al respecto que vale la pena aclarar: una es que la mencionada caricatura no fue publicó a raíz de la firma de la Ley de Reforma Agraria, ocurrida el 17 de mayo de 1959 sino unos meses antes, el 31 de enero. Y Prohías no se marchó de Cuba “a la carrera” sino quince meses más tarde “el día 1 de mayo de 1960, 3 días antes de que Castro aboliese por completo la libertad de prensa en Cuba”. Imprecisiones aparte Aristide acierta en lo fundamental. El caso de Prohías es, por lo prematuro y visceral, paradigmático en cuanto a la relación establecida entre Fidel Castro con el humor en particular y con la libertad de prensa en general.
Porque no se trató de una mera censura o de la persecución de un caricaturista, sino de establecer las pautas que se seguirían con cualquier discurso levemente crítico o satírico hacia el poder encarnado por el líder. Porque a apenas seis días de la publicación de la caricatura de marras el entonces flamante primer ministro aprovecha un discurso que da ante los trabajadores de la refinería de petróleo Shell para lanzar un ataque en toda regla contra el caricaturista. El propio Castro reconoce que está aprovechando “la circunstancia de que se está trasmitiendo este acto para tocar cuestiones que atañen no solo a los obreros de la Shell sino a todo el país”.
Y al parecer una de las cuestiones que más le escocen es que hay “caricaturas casi continuas que están también llenas de mala intención y de mala fe”. “¡Dios nos libre de querer coartar el humorismo!” exclama para a seguidas pasar a las amenazas no muy veladas:
“yo no creo que nuestros artistas sean tan poco originales, yo no creo que nuestros artistas sean tan poco revolucionarios, que la única manera que tengan de divertir al pueblo sea haciéndole daño al pueblo, que la única manera que tengan de divertir al pueblo sea haciéndole daño a la Revolución, sembrando la intriga y sembrando la insidia contra la Revolución"

Para que no queden dudas y aunque Fidel Castro da una de las primeras muestras de ese estilo desdeñoso en que pocas veces se negaba a mencionar nombres de rivales, sobre todo si actúan a escala local alude a los “bombines” que lo acompañaban en la caricatura de Prohías. Los bombines como un viejo símbolo vernáculo del arribismo y el oportinismo: 
“me pintan a mí rodeado de bombines. Y yo me pregunto: ¿Dónde están los bombines?, porque no tengo ni escolta. Porque todo el mundo me ha visto cómo ando por las calles, todo el mundo me ha visto cómo ando por las calles casi solo a cualquier hora del día y de la noche”.
 Pero si se observa en detalle la caricatura conociendo lo suficiente al personaje con el que lidiamos podría pensarse que el ejército de señores de traje y bombín que lo sigue le molestó menos que la representación de su propia figura. 

Y es que ante las caras recelosas de los barbudos que lo acompañan la figura del propio Fidel aparece representada con un gesto de descuidada altivez que pudo despertar la rabia del representado. Rabia de no verse en estado de alerta máxima, de devoción máxima. De temer incluso que el caricaturista hubiese descubierto su juego: hacerse el desentendido mientras los verdaderos “bombines” del momento, los líderes del partido comunista, iban tomando posiciones en el gobierno a la sombra que constituyó Fidel Castro en el Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA).
Y entonces comienza el ataque en toda regla:
Los bombines que se los pinten a los que los tengan, que se los denuncien de frente a los que tengan bombines y se digan sus nombres, porque eso es lo cívico en el periodista, eso es lo digno en el periodista, eso es lo valiente en el periodista. Pero que no me pinten más bombines porque yo no ando rodeado de bombines, y conmigo no anda ningún bombín y yo no le he dado a nadie un cargo en el Estado. Es justo que lo aclare, porque si quieren pintar a otros con bombines que pinten al ministro que los tenga, pero que no cometan la vileza, la innobleza y la indecencia de venir a pintárselo al que no tiene porque eso no es honrado y eso no es de artista. Y si tienen tan poca imaginación, si tienen tan poco talento que no se pueden valer más que de la calumnia y de la intriga, que entonces no se llamen artistas, que entonces no escriban, que entonces no pinten; porque el artista debe ser para ayudar al pueblo con su talento, para ayudar al pueblo con la verdad, no con la calumnia y con la intriga.
Fidel no pierde la oportunidad de dar una de esas muestras de desprecio por el poder en que insistía por aquellos días afirmando que “Si creen que soy un dictador, que me lo digan para irme, señores”. Va del chantaje moral (“no importa que nos ataquen con los mismos derechos que hemos conquistado nosotros con tantos sacrificios”), a la amenaza con la destrucción de la imagen pública del acusado, con su ejecución moral: “no se olviden que nosotros también tenemos derecho a defendernos y que nosotros nunca aplicaremos la censura, pero aplicaremos algo que es peor que la censura, que es el anatema moral, la denuncia, la descaracterización ante el pueblo”.
No se trata de obligar al gobierno ejerza la censura sino de que el pueblo sea quien renuncie a leer a los herejes:
“Por lo tanto, el pueblo tiene también que castigar a los intrigantes y a los calumniadores, y la recomendación que yo les hago a los obreros de la Shell es precisamente el boicot […] El boicot que le recomiendo al pueblo es que no les presten ningún favor a los que desde ahora se les están viendo sus intenciones malévolas, sus intenciones cobardes y sus intenciones ruines. ¡Lo que le recomiendo al pueblo es que no los lean!”
Se trata de una pauta repetida luego tantas veces en los actos de repudio o las brigadas de respuesta rápita: ante cualquier manifestación opositora será el pueblo, no el gobierno el que se encargará de tomar la justicia por su mano.
Que el pueblo, que es inteligente; que el pueblo, que es despierto; que el pueblo, que es listo; que el pueblo, que sabe dónde están sus intereses y dónde están los intrigantes y los ruines y los enemigos de la Revolución que usan mil pretextos so capa de libertades —de libertades que debieran hacer un uso digno y patriótico de ellas—, que el pueblo se encargue de saber y de discernir quiénes son aquellos a los que no debe leer. ¡Ese será el castigo!
El gran líder imagina un castigo ejemplar. Que sea el desínteres del pueblo en lugar de la represión del gobierno lo que autoregulelo que circula entre este. O que al menos sea esa la apariencia.
Eso es peor que una censura, porque en la censura se quiere escribir, hay interés en lo que uno va a escribir y no lo dejan escribir. Y esto es peor, porque el individuo escribe, habla, y nadie le hace caso.
El discurso tiene lugar precisamente un viernes, el día anterior de la salida a la calle del semanario Zigzag. El pueblo ha sido debidamente informado del boicot que llevará a cabo justo al día siguiente. Imaginar que Fidel contaba solo con la voluntad popular para ahogar las voces disidentes sería conocerlo muy poco. Conocerlo mejor supone imaginar que el discurso es apenas la indicación de que una operación cuidadosamente coreografiada está en marcha y se prefija la manera en que esta deberá ser representada: como la espontánea reacción del pueblo ante el ataque a su líder. Nada que no hayan practicado antes Stalin o Goebbels.

Sobre los resultados del boicot solo he encontrado esta afirmación de Roger Reed: “Aun sin utilizar la censura convencional, las críticas a la publicación [Zigzag] hicieron disminuir las ventas de manera considerable cuando muchos vendedores de periódicos se negaron a ponerla a la venta”. De ahí podemos inferir que la coreografía más que ser confiada al público lector se ecntró en los canales de distribución. Y surtió efecto. De momento Prohías debió abandonar Zig- Zag. A la semana siguiente del discurso aparecía una nota en la propia publicación referida a una reunion en el hotel Habna Hilton entre la dirección del semanario y Fidel. Pese a la furia y la claridad de los ataques del viernes anterior el primer ministro afirmaría que “sus palabras no iban contra ningún periódico en particular sino que aludían a manifestaciones que se habían expresado de variados modos en diversos órganos y que consideraba su deber rebatir por el bien de la revolución”
Zig Zag Libre en el exilio febrero de 1963 con portada de Silvio

martes, 7 de febrero de 2017

... y Fidel te lo (in)cumplió

Así describía Fidel Castro sus relaciones con el poder el 6 de febrero de 1959:
"Yo no soy el gobierno. Todo el mundo sabe que yo he tratado de inmiscuirme lo menos posible en los problemas del gobierno; todo el mundo sabe el desinterés con que he luchado en esta Revolución; todo el mundo sabe que yo no he estado aspirando a cargos de ninguna clase; todo el mundo debe de saber, además, que los cargos no me importan absolutamente nada, porque un cargo para mí es un sacrificio, jamás un negocio, jamás una vanidad.Si todo el mundo ha observado aquí la conducta de los líderes políticos, debe haber comprendido que mi preocupación es más bien alejarme que inmiscuirme en el poder.  […] Todo el mundo sabe que, lejos de intentar inmiscuirme en las cuestiones del poder, lo que he tratado por convicción y por principio es de alejarme.Me duele cuando en la prensa extranjera se dice “el régimen de Castro”, porque yo no soy ni hombre fuerte, ni dictador, ni soy un mandón, ni estoy dando órdenes aquí.  Y me duele también cuando se me responsabiliza y se me quiere echar la culpa de todos y cada uno de los errores de los demás"
Y entonces el pueblo no le dejó otra salida que mantenerse 47 años en el poder. 

jueves, 22 de diciembre de 2016

Últimas páginas

Texto aparecido hoy en Diario de Cuba

Últimas páginas del diario del Comandante en Jefe Fidel Castro

Me morí.
No se puede culpar a nadie. Es absolutamente mía la responsabilidad.
Alguna vez lo dije. Si la Revolución fuera destruida sería por causa nuestra. Después de más de seiscientos atentados fracasados de la CIA contra mi persona fue mi propio corazón el que dejó de funcionar. Por voluntad propia. Y sin mi consentimiento, debo decir. Pero no es este momento de culpar a nadie aunque siempre haya abrigado sospechas contra él. Temí que por debilidades propias de su naturaleza inconscientemente actuaría de acuerdo con el enemigo. La ya conocida generosidad de nuestra Revolución me impidió actuar por anticipado temiendo que cualquier acción preventiva pudiera poner en peligro una vida que no me pertenecía solo a mí sino a todo un pueblo. Aprovechando un descuido mío mi corazón se detuvo y la circulación de la sangre, descrita hace siglos por el científico Miguel Servet, español como mi padre, se interrumpió y mi organismo todo dejó de funcionar. Mi conciencia, en cambio, ha sobrevivido. He ahí una ardua tarea que deberá resolver el materialismo dialéctico.
Así que estaba muerto pero nadie quiso asumir la inmensa responsabilidad de darse por enterado. Ni siquiera se atrevieron a cubrirme la cara con una sábana que es lo que se hace en las películas producidas por el imperialismo, un imperialismo que se regodea innecesariamente en la muerte y la violencia. Ese mismo imperialismo del que más temprano que tarde veremos pasar su cadáver. Pero gracias a que no me cubrieron con una sábana pude seguir atentamente todo lo que ocurría en la pantalla del televisor (Tampoco se atrevieron a apagarlo por temor, supongo, a que yo no estuviera muerto y que, al despertar, me enfureciera por haberme perdido alguna noticia. Como esta de mi muerte. No sería la primera vez). Y sí, pude ver a mi hermano anunciando mi fallecimiento. No lo hizo mal, debo reconocerlo. Realizó la tarea con una sobriedad extraña en él. Y aunque reconozco que yo lo hubiera hecho mejor, lo felicito. Ciertamente yo le habría impreso mayor solemnidad al anuncio pero no se puede estar en todo.
Al hacerse pública la estremecedora noticia de mi fallecimiento el primero en llamar fue el presidente venezolano Nicolás Maduro. Aunque se le explicó varias veces que la noticia era real y no una maniobra para confundir al enemigo insistió en ponerse al habla conmigo. Cuando ya no quedó otro remedio Raúl hizo traer a una espiritista –recomendada por Abel Prieto, un joven valioso- para que nos pusiera en contacto ultrasensorial al querido presidente venezolano y a mí. Gracias a esto Maduro me felicitó y me deseó suerte en mi nueva etapa que él llamó eterna pero a la que prefiero referirme en términos menos dramáticos. No obstante, la insistencia de Maduro nos fue útil al permitirnos dirigir cada detalle de las complejas operaciones que se requirieron para mis exequias.
Lo primero que hubo que decidir fue qué hacer con mi cuerpo. Compañeros especialistas explicaron que había pasado demasiado tiempo desde la traición de mi víscera pretendidamente más importante. De modo que ya serían impracticables los procedimientos taxidérmicos que me permitirían conservar una cercanía física con mi pueblo. Hice saber que no lo pensaran más. De no estar de cuerpo presente ante mi pueblo prefería que me cremaran. Así evitaría el lento y humillante proceso de la descomposición del cuerpo. En eso intervino mi querido Hugo Chávez quien me felicitó por la audaz iniciativa que habíamos tenido Maduro y yo de reunirnos con él. Fue difícil explicarle a Chávez que Maduro seguía vivo. Pero más difícil fue explicárselo a Maduro quien al escuchar la voz de Chávez tuvo una confusión que tardamos horas en aclararle: él, Raúl y el imperialismo seguían vivos y Chávez y yo, muertos. Y Stalin. Y Napoleón. Cuando preguntó por Cristo decidimos cambiar de conversación.
No quiero aburrirlos con detalles. Porque no voy a engañarme: sé que estas páginas serán leídas por miles de millones de personas en busca de inspiración y por tanto no deben contener detalles intrascendentes. Debo resignarme a que nada en mi vida es privado (excepto mi vida privada, que es secreta). De común acuerdo los especialistas y el difunto, decidimos proceder de inmediato a la cremación. El propio difunto ordenó, ante la mirada incrédula de la compañera espiritista, que aplicaran al cadáver la máxima temperatura posible. El fallecido estaba dispuesto a tolerar esa incomodidad con resignación, como mismo estuvo dispuesto a tolerar las peores pruebas mientras vivía. Y así fue. En medio de aquellas asfixiantes temperaturas me comportaba estoicamente cuando escuché la voz de mi querido Hugo Chávez advertirme que eso apenas era el comienzo. Pero, antes que le pudiera preguntar a qué se refería, Maduro le gritó a Chávez que la iguana que tenía de mascota en Miraflores lo miraba fijamente mientras le decía que tenía mucho calor. “Yo creo que el Comandante Fidel ha encarnado en la iguana” concluyó. Le tuve que pedir a la espiritista que cortara por completo la comunicación con Maduro para poder concentrarme en el duro trayecto que tenía por delante.
Porque todavía me quedaba por recorrer todo el país a bordo de un arcón rodante tirado por un jeep militar soviético. A todos les debía quedar claro que, aunque mi cuerpo hubiera sido reducido a cenizas, mi espíritu seguía en pie de guerra. Había perdido la batalla biológica mas no la guerra espiritual. Sólo lamento que la isla no fuera más larga para haber dilatado algo más el viaje hasta mi última morada. Y que la capital no hubiese estado en el cabo de San Antonio y darle a nuestra provincia más occidental la misma oportunidad de despedirme que al resto del país. Ya en las inmediaciones del cuartel Moncada, lugar de tanta trascendencia para la Historia patria y universal, el motor del jeep soviético, testigo de mis batallas contra los elementos, se detuvo. Como antes lo había hecho mi corazón. Tal parecía que lo sobrecogiera la significación del momento. Hubiese querido lanzarme desde el jeep como antes lo había hecho desde un tanque en las arenas de Playa Girón. Ser yo quien empujara el vehículo detenido, en lugar de esos soldados tan poco marciales que me acompañaban. Sin embargo comprendí, con la claridad de quien redescubre su lugar en este mundo, que mi misión en ese momento era mantenerme sereno al pie de mis cenizas. Que debía empezar a acostumbrarme a que mi pueblo aprendiera a arreglárselas sin mí.
“Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz” dijo el Héroe Nacional junto al cual, humildemente, di orden de guardar mis restos. Porque a eso recuerda la enorme piedra que hicimos bajar desde la Sierra Maestra para acoger mis cenizas: a un grano de maíz. Solo que en esa mole de roca sedimentaria no caben uno sino millones de granos de maíz.
Saquen ustedes sus propias conclusiones.
Chávez tenía razón. Acá el calor es infernal, muy al contrario de la edulcorada descripción que del paraíso nos dieron en escuelas regidas por jesuitas o hermanos de La Salle. Pero no pienso permanecer aquí por mucho tiempo. Mi espíritu inquieto y rebelde no lo soportaría. Trataré de reencarnar lo más pronto posible aunque quizás no lo haga en un ser humano. La escasa aptitud para la longevidad que posee la raza humana me ha resultado decepcionante. Quizás reencarne entonces en un galápago como el que vi en el patio del palacio de Miraflores. Mi única preocupación es cuán difícil le sería a una tortuga de tales dimensiones lanzarse desde lo alto de un tanque de guerra.
Porque me temo que alguna guerra habrá.

Y muertos, muchos muertos. Parece algo inevitable en el destino de ciertos ejemplares superiores, dicho sea esto con toda la humildad del mundo.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Cambio de señas

Parece que se han dado cuenta de que se les ha ido la mano con el luto y le dieron vuelta al asunto. Van a celebrar el fin de año pero a mayor gloria del innombrable. Ordena el Granma:
"Fidel, ese corazón palpitante que nos conduce siempre a la superación de los obstáculos, a enfrentar los retos y alcanzar nuevos logros, es también una razón para celebrar con júbilo y optimismo, la obra inmensa que he­mos creado todos juntos.
[...] El 1ro. de enero es orgullo para los cubanos, y volverán las banderas a nuestras ca­lles, a los centros de trabajo, de estudio, a las comunidades y pueblos.Será ese el preámbulo para acoger el día 2, en la Plaza de la Revolución José Martí, en La Habana, la Revista Militar y marcha del pueblo combatiente, la cual está dedicada al aniversario 60 de la fundación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, al desembarco del yate Gran­ma, al aniversario 58 del triunfo de la Revolución, y que servirá de homenaje al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y a la juventud cubana.
[...] Se trata de otro fin de año con nuevas ex­pectativas y metas de trabajo, con ferias po­pulares y agropecuarias, como ya es tradicional, así como el reforzamiento de la red gastronómica y otros servicios en todas las provincias del país.
No faltarán las actividades festivas en los centros recreativos (cabarets, restaurantes, círcu­los sociales y otros), que se mantendrán como de costumbre, así como las que se organizan en áreas públicas.
En todas ellas participará el pueblo que habita este archipiélago, el mismo que se com­prometió a llevar adelante la obra y el pensamiento de Fidel y que lo conducirá, con cada enero, en caravana libertaria por toda la nación, hacia la victoria, siempre"
Reacuerdan al rey de El Principito, dictando por decreto alegrías (la normal, de disfrutar del fin de año junto a la otra, más perversa, de celebrar una muerte largo tiempo esperada) que no es necesario alentar demasiado. Cosas de Raúl I, El Pragmático.

martes, 13 de diciembre de 2016

La isla de Bernarda Alba


Fiestas populares ancestrales como las Parrandas de Remedios o las Charangas Bejucal suspendidas. Es el pueblo que no quiere celebrar con tanta tristeza que lleva consigo, dicen. Pero entonces no se entiende que se lleven presos a los borrachitos del barrio por tomar ron donde siempre. O que le incauten a otro el equipo de música. O hasta le confisquen el radio a otro desatornillándolo de su carro. Por incumplir con un luto a lo Bernalda Alba, dicen.
(Insisten mucho en estos días en que al difunto no le erigiran estatuas ni monumentos. Ni falta que hace. Con ese silencio mortuorio que han levantado a la fuerza quieren convertir a la isla toda en su tumba. Y algo hay de cierto: ese país hecho escombros es el mayor monumento a su existencia.)

sábado, 3 de diciembre de 2016

Test

La foto que presentamos abajo representa:

a)__ Un resumen gráfico de la historia del castrismo como apoteosis de la chapucería.
b)__ Último acto de resistencia del Cenicero en Jefe antes de entrar al infierno.
c)__ Al saber que se acercaba al cuartel Moncada volvió a entrar en pánico y decidió esperar a recibir refuerzos.
d)__ En un último gesto de humildad y sentido del ahorro Cenicero en Jefe decidió pasarse a la tracción humana.



viernes, 2 de diciembre de 2016

El sueño de los otros

Pocas oportunidades he tenido en esta vida de estar de acuerdo con el aclamado pensador neocomunista Slavoj Zizek. De curioso predicamento entre muchos intelectuales cubanos Zizek es un modelo de cómo se puede sobrevivir la disolución del mundo comunista en el papel de víctima (leve) y terminar siendo gurú del anticapitalismo Occidental. A la larga su prédica ha resultado mucho más rentable que tratar de entender por qué el comunismo terminó siendo esa cosa inhabitable y criminal en la que ni el propio Zizek quiso seguir viviendo. Si en algo falló el comunismo –es la brillante conclusión de Zizek- fue en no ser lo bastante comunista. Pero hasta con un pícaro del postcomunismo se puede concordar si lo que dice en su penúltimo artículo es que:
"Todas estas historias no cambian el triste hecho de que la Revolución cubana no produjo un modelo social que tuviera algo que ver con el definitivo futuro comunista. Cuando visité Cuba hace una década, la gente de allí me mostraba con orgullo casas en ruina como prueba de su fidelidad al hecho revolucionario: «¡Mira, todo se está cayendo a pedazos, vivimos en la pobreza, pero estamos dispuestos a soportarlo antes que traicionar a la Revolución!». Cuando las propias renuncias se experimentan como prueba de autenticidad, tenemos lo que en psicoanálisis se llama la lógica de la castración. Toda la identidad político-ideológica cubana descansa en la fidelidad a la castración; no es de extrañar que el líder se llamara Fidel Castro"
En este artículo Zizek echa mano a una de sus fórmulas de mayor éxito: la de la crítica de la izquierda Occidental desde una izquierda más pura y al mismo tiempo más realista.
"Entonces, ¿qué pasa con los izquierdistas pro-castristas occidentales, que desprecian lo que los propios cubanos llaman gusanos, los que emigraron? ¿Pero, con toda solidaridad hacia la Revolución cubana, qué derecho tiene un típico izquierdista occidental de clase media a despreciar a un cubano que decidió abandonar Cuba no sólo por el desencanto político sino también por culpa de la pobreza? En el mismo sentido, yo mismo recuerdo a principios de los 90 a docenas de izquierdistas occidentales que con arrogancia me lanzaban a la cara cómo, para ellos, Yugoslavia todavía existía y que me reprochaban que traicionara la irrepetible oportunidad de mantenerla viva, a lo que yo siempre respondía que no estaba dispuesto, sin embargo, a conducirme en mi vida de una manera que no decepcionase los sueños de los izquierdistas occidentales. Gilles Deleuze escribió en alguna parte: "Si vous êtes pris dans le rêve de l'autre, vous êtez foutus" [si te dejas atrapar en el sueño de otro estás jodido]. Los cubanos han pagado el precio de estar atrapados en los sueños de otro"

Pero ahí mismo se le acaba la cuerda crítica a Zizek. Y es que no se puede criticar a parte de la naranja sin condenar toda la naranja comunista que es, como dije al principio, el centro del negocio de Zizek. Así que el esloveno se encomienda al dramaturgo norteamericano Arthur Miller y a una anécdota que resumiría los logros de la Revolución cubana. En ella el norteamericano rememora a un par de cubanos pobrísimos que en medio de una "intensa discusión" entre ellos (a Miller -que no sabía español- posiblemente se le escapara el detalle que los cubanos desplegamos más energía en una conversación apacible que si todo el Upper East Side se enfrasacara en una guerra civil) y de pronto ven a una bella mujer bajarse de un carro cargada de paquetes y un tulipán. Estos interrumpen la discusión para ayudarla con los paquetes y la flor. Lo que a Miller le sorprende es que los hombres ayudaran a la joven sin pedir nada a cambio. La conclusión del dramaturgo -que al parecer ignoraba que no toda la psiquis del cubano se originó con el castrismo- es que: “Después de haber protestado durante años por el encarcelamiento y el silenciamiento de escritores y disidentes por el Gobierno, me preguntaba si, a pesar de todo, incluso del fracaso económico del sistema, se había creado una corriente alentadora de solidaridad humana, posiblemente a espaldas de la simetría relativa de la pobreza y de la uniforme futilidad inherente al sistema”.
A Zizek se le olvida mencionar que el dramaturgo de 85 años en aquel entonces (el viaje que describe ocurrió en el 2000) en medio de aquella visita había sido objeto de la asediante hospitalidad del dictador cubano. De manera que la imagen con la que el esloveno trata de resumir vicariamente una Revolución distante es aquella con la que un dramaturgo sin demasiadas energías para pelearse con el mundo trata de conciliar opuestos. En este caso se trata de conciliar la natural repulsión que le causaba un tirano con aquella inesperada y aceptada invitación a comer con este. Y Zizek, que se quejaba un par de párrafos antes de sentirse presionado por los izquierdistas occidentales de llevar una vida a la altura de los sueños de estos, no puede resistirse a la tentación de meter a toda la isla en el interior de su propio sueño. Y decir: “Es en este nivel más elemental en el que se decidirá nuestro futuro; eso que el capitalismo global es incapaz de generar es precisamente esa clase de «corriente alentadora de solidaridad humana»" de la que Cuba sería su última y más pura reserva. Y traigo todo esto a colación no para insistir en la más que demostrada falta de probidad intelectual de pensadores como Zizek. Más bien intento identificar el que posiblemente sea el mérito más indiscutible y duradero del castrismo: el de darle a un país la forma de los sueños de otros. 
Que el sueño de otro sea un lugar muy incómodo para vivir despierto ya es un asunto muy distinto.  

martes, 29 de noviembre de 2016

¿Celebraciones para qué?

¿Celebraciones para qué?
“¿Por qué celebrar la muerte de una persona?” se preguntan los que insisten en considerar a Fidel Castro como un ser humano, con sus defectos y virtudes. Y en algo llevarán razón: nunca debería ser más firme nuestra idea de humanidad que frente a ese enemigo común que es la muerte. Pero, ¿qué hacemos con los monstruos que continua y sistemáticamente hicieron todo lo posible por distanciarse de nuestra común idea de humanidad, por destruirla? ¿Qué hacer con los que son negación de todo lo bueno que nos une? ¿Con los más cumplidores representantes de la muerte? Esos que con tal de salirse con la suya no se detienen ante ciertas convenciones mínimas que nos impiden asesinar fría y conscientemente a un amigo, a alguien a quien le debemos la vida o a una decena de niños. En ese sentido, el recién finado Fidel Castro merece integrar con pleno derecho la galería de monstruos que encabezan Hitler, Stalin y Mao aunque sea en el estante menos prominente de los Kim Il Sung, Mussolini, Francisco Franco, Polt Pot, Saddam Hussein o Gaddafi. De otro modo ¿Cómo quedaría nuestra idea de humanidad y de justicia si observamos la misma reacción taciturna a la muerte de un genocida que ante la de un oscuro maestro de escuela?
No puedo hablar por todos pero sospecho nos aferramos a ese festejo rabioso, a esa tan necesaria catarsis a sabiendas que es todo lo que podremos celebrar como cubanos en mucho tiempo. Reconocemos que no es una ocasión especialmente festiva que el causante directo o indirecto de miles de muertes en todo el mundo, de la destrucción de un par de países y millones de familias haya muerto tranquilamente en su cama, sin ser enjuiciado ni pasar más sobresaltos que los que le reservó su marchito cuerpo. Tampoco que falleciera después de que el régimen que engendrara ajustara los detalles que permitirán su supervivencia por unos cuantos años. Porque por mucho que se hable del inicio de una nueva era poco puede preverse más allá que el traspaso del poder dentro de la misma familia que ha controlado el país por casi seis décadas. Los tan comentados cambios seguirán pues al paso milimétrico y receloso que han tenido hasta ahora en un país cuyo funcionamiento está hecho a la medida ruin de un gobierno empeñado en controlarlo todo.
Pero aun así queda algo que celebrar. Sobre todo si se piensa que son pocos los cubanos que recuerden un solo día en que la existencia del finado no inundara cada resquicio de sus vidas, cada instante. Dedicado como estuvo a acumular y conservar más poder que ningún otro ser a este lado del meridiano de Greenwich sus potestades siempre tuvieron un peso abrumador y brutal tanto para los que le oponían cualquier resistencia como para los que lo endiosaban. Por convicción, interés o miedo los maestros, la televisión, la radio, la prensa, la familia, los músicos, los escritores, los artistas insistían en que la Revolución de la que fue alma y guía máximo era lo mejor que le había pasado a aquella tierra. Todo se lo debíamos a él, desde los conocimientos hasta la salud, desde los alimentos hasta las medallas olímpicas. (Nadie intentó decirnos que aquello que el gobierno distribuía parcamente entre nosotros salía del bolsillo de nuestros padres). Su extensa sobrevida tras su recaída física en el 2006 trajo, junto con el grotesco espectáculo de su decrepitud, la sospecha de que nunca moriría. O que su muerte demoraría lo suficiente como para que al producirse no nos importara. Pasaron diez años en los que siguió muriendo gente buena mientras aquel ser de maldad indescriptible se aferraba a la vida como antes se había aferrado al poder. Ha muerto cuando poco o nada incide en los destinos reales del país o en los planes de sucesión familiar y sin embargo su desaparición física no deja de tener un profundo significado simbólico y psicológico. El ente sobrehumano que hizo construir a su imagen y semejanza ha sufrido el tropiezo irrevocable de no ser, además de omnipotente, eterno. De no pasar la prueba máxima de toda pretensión inhumana. (Eso me hace recordar la última escena de “Moloch” la película de Alexander Sokurov en la que Hitler le anuncia a su amante que se dispone a una nueva conquista, la de la muerte. Eva Braun, sin embargo, no se deja impresionar y le responde risueña: “Adi, cómo puedes decir eso? La muerte es la muerte. Nadie puede conquistarla”).
De manera que más que festejar la muerte del tirano de lo que se trata es de la celebración –aliviada- de nuestra propia sobrevivencia. Nuestro modo de comprobar a qué sabe la vida sin aquel que la contaminaba aunque fuera sólo con su aliento. Pero no la celebramos solos. Lo hacemos en nombre de los que no alcanzaron a llegar a ese momento y de los que pensaron que no llegarían y sin embargo lo han conseguido. O de los que en la isla, por precaución o por miedo puro, no se atreven a hacerlo. O incluso de los que en estos días se sienten genuinamente acongojados porque nunca han podido imaginarse la vida más allá de los límites mezquinos que les impusieron al nacer, como mismo muchos esclavos se estremecían de tristeza ante la muerte del amo.  Los que que hoy mismo les prohiben el alcohol, la música y los "buenos días". Visto así no es poco lo que hay que celebrar en nuestra condición de cimarrones sobrevivientes. Ser cimarrones no nos hace buenos pero nos ha hecho libres y parte de nuestra libertad reside en escoger de qué alegrarnos. Sin miedo. Y de paso cumplir con el deber mínimo de recordarle a la humanidad cuánto dolor causó ese que muchos celebran como héroe.
Lo que debería preguntarse el resto de la humanidad no es por qué los exiliados cubanos celebramos la muerte de Fidel Castro sino por qué ella misma no se apresuró a condenar a quien le negaba sistemáticamente a sus compatriotas su libertad, su condición de humanos.

Preguntarse por qué aún hoy sigue sin condenarlo.  

lunes, 28 de noviembre de 2016

Dos noticias

Una mala y una buena. La mala es que la cola es larguísima. La buena es que no están dando nada.



sábado, 26 de noviembre de 2016

Desmentido de Fidel Castro

Fidel Castro desmiente rotundamente los rumores sobre su inmortalidad demostrando una vez más cuan equivocados estábamos con él. Los dejo con el cuento "Epílogo" con el que cierro "Leve historia de Cuba" en alusión al esperado evento.                                                           

EPÍLOGO

Pese a que en la eternidad a nadie le importan los días de la semana, un inconfundible espíritu dominical envuelve hoy a la Gloria y sus alrededores. Un palpable entusiasmo multiplica gestos y palabras. En un día como éste, héroes viejos y nuevos se igualan en febrilidad. Héroes de todas las guerras, de la pluma, de la palabra o del trabajo. Ahí vemos al general Flor Crombet, pañuelo en mano, pulir sus galones y ajustarse su filipina de manera que se vea bien el orificio que abrió la bala fatal y que en todos estos años no ha querido zurcir. Cerca de él, el León de Oriente conserva aún firme el pulso para pintarse una cana sí y otra no y aplacar aunque sea en algo los embates de la edad. O el viejo Quintín que contempla la herrumbre de su machete mientras dice al que lo quiera oír que no hay nada mejor contra el óxido que el lomo de un español o de un cubano traidor, lo mismo da. “Por favor, general, guárdese el machete, que Él está al llegar y no quiero un incidente desagradable”, dice Consuelo, la maestra de ceremonias. Y hay que comprenderla porque en el que quizás sea el día más trascendental de toda la Gloria, ella carga con no poca responsabilidad. Se trata nada menos que del recibimiento al Superhéroe. De sólo pensarlo, a Consuelo se le eriza su larga espalda. ¡Es tanta la grandeza del Superhéroe y tantos los detalles que debe atender! Y si algo ella tiene claro es que la grandeza es una cuestión de detalles.
Detalles a resolver se sobran. El evidente logro que representó la admisión sin distingos de toda clase de héroes ha traído ciertos inconvenientes. La superpoblación ha dificultado el mantenimiento de la Gloria y hay que reconocer ciertas señales de decaimiento. Las paredes se sostienen de milagro, los hermosos árboles de antaño son ahora postes secos clavados en la tierra,  los ángeles apenas pueden levantar vuelo y las nubes, desinfladas, son usadas como alfombras. Pero de algo le tiene que servir a la maestra de ceremonias su experiencia en vida como empleada de la mejor tienda del país antes que un sabotaje la quemara. Con limpieza, pintura e iluminación discreta se puede decir que el Walhalla criollo está presentable. Por suerte se ha podido contar con el apoyo casi unánime de los héroes, sobrecogidos como están ante la jerarquía heroica del futuro huésped.
Sí, casi todos han sabido ver en aquel Elegido la versión suprema del heroísmo. Acá ¿quién puede comparársele? ¿Qué son quince años dando machete -cifra máxima acumulada por los más brillantes paladines aquí reunidos- al lado de sus 100 años de  lucha? Y aún en esos quince años en que un Maceo o un Quintín Banderas ejercitaron su muñeca, siempre hubo tiempo para el baile, el sueño, las mujeres o el ron. Ahora le remuerde a Quintín todas las horas perdidas en templeta y bebesón y en esos sueños llenos de mujeres y música o aquella visión rara que tenía aún despierto en que una niña, una blanquita, le trae una jícara con agua porque él siente mucha sed y al final siempre termina derramándola toda en su cara. Frente al Superhéroe, todo eso parece tiempo perdido porque ese Mimado del Destino siempre supo convertir cada instante en combate contra el enemigo, las fuerzas del mal o la adversidad. No es que se pasara todo el día tirando tiros o descuartizando adversarios. En 100 años, por supuesto que ha tenido que hacer de todo, pero nunca se limitó a la hazaña evidente. En cada detalle, por trivial que pareciera, invariablemente logró  hallar una fuerza adversa a la que derrotar. Mientras un tipo cualquiera se conformaría con masticar, por ejemplo, un trozo de bistec, Él restauraba energías para la lucha. Cuando ese mismo tipo se cepillara los dientes, el Superhéroe en cambio le estaba dando decisiva batalla a las caries, y así con todo. Contra alguien de esa estirpe definitivamente no se puede, porque mientras más relajado tú lo ves y piensas que lo puedes coger desprevenido, ¡ZAS! destruye a sus oponentes porque así son los Superhéroes: seres entregados perpetuamente a la lucha. Eso facilita la labor de la maestra de ceremonias, pues a ningún héroe le ofende recoger una hojita seca o un papel del piso o remendar cualquier detalle en el que el Superhéroe pueda ver un intento de agresión.
De esta suerte ha podido higienizar la Gloria y mejorar su presencia. Una restauración a fondo puede esperar incluso a que el mismísimo Elegido la dirija. Ahora el problema son los abastecimientos. Desde que las matas de mango se secaron, las frutas son una añoranza de tantas que pueblan el glorioso recinto. Maceo mismo sacrificó su yegua (blanca por supuesto) para el banquete de recibimiento pero luego se supo que el Superhéroe es alérgico a la carne de caballo. Hay que ir a las afueras de la Gloria a convencer a esos muertos que pululan por sus alrededores de que contribuyan a los festejos del recibimiento. Cuando Consuelo se enteró de que las butifarras eran el manjar predilecto del Superhéroe, decidió que había que comprar un buen lote a toda costa. Pero para eso hace falta gente responsable. No hace mucho que envió a Hiliodomiro del Sol, presidente de la Gloria por muchos años, junto a su amigo escritor, para que le compraran butifarras al Congo. ¿Y que pasó? Todavía los está esperando. Ante cosas así hay que ser cada día más cuidadosos.
Ahora mismo, Juan Candela, alguien de poco fiar, se está ofreciendo con demasiada insistencia para mercadear con los de afuera pero, por supuesto que no va a ser tan tonta. La maestra de ceremonias tiene una idea mejor. Irá ella misma porque al fin y al cabo bastantes muestras de confianza ha dado evitando caer en tentaciones baratas. Ella, que pudo huir de la tienda en la que trabajaba cuando el incendio se reducía al departamento de perfumes, hizo todo lo posible por apagarlo. Cierto que, después de muerta, lenguas infames intentaron hacerla cómplice del sabotaje, pero al final la verdad se impuso y pudo acceder a la Gloria. Claro que ahora puede ausentarse y dejar el control del perímetro inmortal en manos de los guardaespaldas del Superhéroe. Sólo Alguien así puede tener tal previsión. Con esa prudencia que lo multiplica, tomó la precaución, ahora que está próximo a morir, de fusilar a la mitad de su escolta para que fuera tomando posiciones en el recinto glorial y ahorrarse cualquier tipo de sorpresas. Cuando el Padre de la Patria se enteró del hecho lanzó un suspiro y exclamó “A un tipo así no lo madruga nadie”, posiblemente recordando su propia deposición.
Consuelo da las últimas instrucciones antes de salir. Advierte a los escoltas de los provocadores vuelos de una especie de velocípedo aéreo puesto en acción por un irresponsable de los alrededores. Luego pasa revista a los músicos, apremia la colocación de los altavoces y le pregunta al indio Hatuey, decano de los héroes, si tiene alguna duda sobre el texto que le dio a leer. Ya va llegando a la puerta cuando se vuelve para recordarle a Alipio, el héroe del trabajo, que pase lista cada media hora. Ahora sí parece que va a salir. Le muestra su identificación al viejo portero al tiempo que le pregunta si ya sabe qué tiene que hacer cuando el Superhéroe llegue. Éste le responde que sí, que se ve muy linda. Sale.
Muertos van, muertos vienen, desesperados por llegar a tiempo a ninguna parte. Da lástima tanta muerte desperdiciada en gente que no supo empeñarse en algo grande o se rindieron antes de tiempo. Ahora míralos ahí, los pobres, en lo mismo de siempre. Pero acá no es como allá adentro, acá hay de todo y Consuelo se incrusta la cartera contra el pecho y tensa las nalgas, presta a detectar cualquier exceso de confianza.
La maestra de ceremonias no se detiene ante nada. Directo a lo suyo, que es otra forma de decir lo de todos, logra abrirse camino hasta la tienda del Congo. Ésa, como todas las de por aquí, fue construida con materiales que alguna vez se pensaron destinar a la ampliación de la Gloria. Ya va a pedir las butifarras pero su brazo no se mueve como ella desearía. Se lo está sacudiendo una mulata gruesa y ronca que en nombre del pueblo le exige que busque su lugar en la cola y espere su turno. Consuelo se acuerda de su pecho y de la cartera y de allí extrae un trozo de cartulina que inmoviliza a la mulata.  Libre el brazo se encara con el Congo que se está sacando el pulgar de la nariz para restregárselo en el delantal. El Congo le pregunta qué desea mientras espanta las moscas con un periódico enrrollado. Si Consuelo pudiera verlo extendido sabría que se trata del Diario de la Marina que anunciaba la caída de Machado, pero ella ahora reclama toda la butifarra que haya en existencia. Tensión. El Congo habla de cantidades limitadas y de la necesidad de que todos alcancen al menos un trozo de butifarra como ustedes ordenaron. Consuelo vuelve a apelar a su cartoncito mágico hasta lograr arrancarle 15 libras que el vendedor envuelve en el periódico de agosto de 1933. Hace un mohín que bien pudiera deberse a la falta de higiene y le paga con bonos a falta de efectivo. Los bonos tienen escrito: “La patria os contempla orgullosa” y un número 10 en cada extremo. A su espalda chilla un coro de mujeres encabezadas por la mulata. “Mujeres, mujeres, mujeres”. Consuelo se alegra de que en la Gloria haya tan pocas aunque quizás ésa sea la causa de las deserciones. Algún traidorzuelo ha descubierto intentando confundirse con la multitud que ahora, conducida por los altavoces, intenta encontrar su lugar para recibir al Superhéroe. El Superhéroe seguramente los perdonará. Ella no. No puede entender a gentes que a minutos de Su llegada todavía discuten si es mejor el Chevrolet del 57 o el del 58. Ni a esos rusos que insisten en venderle latas de carne o ese enano y sus pastillas para los nervios. Si al menos aceptasen cobrar en bonos...
Parece que alguien te reconoce y brinca y levanta las manos y ahora quiere abrirse paso hasta ti. Un desertor nunca haría eso. Seguro se trata de alguien de la familia. Chichi puede ser, o Fito el sobrino que se ahogó en Boca Ciega. Piensa salir a su encuentro pero recula. Seguro querrá que se quede un rato con la familia y ella no tiene tiempo que perder. Un pellizco en la nalga la pone a girar pero entre tantos cuerpos no logra descubrir los dedos culpables de un tipo sableado hace cuatro siglos en Bayamo por cuestiones de faldas. Ahora siente que la tocan por el brazo y entonces puede descargar su furia en el atrevido. Éste se declara inocente del pellizco. Él sabe que ella viene de la Gloria y dice que también estaría allí si no fuese porque aquel día se apartó un poco para cagar y ahí mismo se quedó dormido. La columna reinició su marcha y el enemigo lo sorprendió. Luego lo dieron por desertor. Que, por favor, interceda allá dentro que lo que es aquí no puede seguir. “Para esta gente el recibimiento del Superhéroe no es más que un pretexto para seguir su cumbancha”. Consuelo  mira a su alrededor, le pide sólo un poco de paciencia. En cuanto el Superhéroe llegue pondrá las cosas en orden y todo será como debe ser. Consuelo no puede añadir nada más porque acaba de oír el “¡Ya viene, ya viene!” (como si les importara mucho) y sale corriendo para la Gloria con las butifarras bajo el brazo derecho y el cartoncito mágico en la otra mano.
Dentro de la Gloria, Alipio, discreto, la recibe con la peor de las noticias: Martí y el Bobo han desertado. Al principio pensó en cualquier posibilidad hasta que tuvo que afrontar los hechos. Los traidores - y disculpe que así hable pero no hallo otro calificativo- aprovechando su levedad post-mortem se descolgaron por una cadeneta de papel de las usadas en la decoración de la Gloria. Algo hay que hacer porque Consuelo está segura de que, nada más entrar, el Superhéroe preguntará por el Apóstol. El jefe de los escoltas se ofrece para su búsqueda y captura. De contar con el apoyo aéreo de los ángeles, la localización sería inmediata. Pero Consuelo prefiere otra salida. Ya. La solución es Lino Recio, Rey de la décima campesina, Maestro de repentistas. Por su  parecido físico con Martí -aunque en verdad le saca más de medio pie de alto- será el encargado de suplirlo. Éste, al principio, no entiende bien de qué se trata y pide que le den un pie forzado para la décima sobre el Apóstol, hasta que se le convence de que, con encorvarse un poco, dar la mano y decir algo como “Patria es humanidad” es suficiente por ahora.
Superado el percance Consuelo va a ver al decano de los héroes. El indígena, de no muy buena gana, está ensayando la lectura del pequeño discurso de recibimiento. Quien primero hiciera resistencia a la conquista española es un caso especialísimo. Condenado a morir en la hoguera, rechazó un bautizo de última hora para no tener que seguir viendo españoles en el paraíso. Desde entonces su alma estuvo vagando hasta la inauguración de la Gloria cubana, de la que consintió ser su primer inquilino. Acá ha tenido que aprender la lengua que presidió su suplicio y ser testigo de cuanto suceso haya ocurrido en el recinto glorial. Tantos recuerdos quizás expliquen su eterna sonrisa. Ahora tiene que darle la bienvenida al Superhéroe en lengua prestada, a pesar de que piensa que en aruaco sonaría mejor. La maestra de ceremonias termina consintiendo en reducir el texto a lo imprescindible. La deferencia de Consuelo tiene, como casi siempre ocurre, motivos muy íntimos. Son dos destinos marcados por el fuego. De suplicio o de sabotaje, el fuego siempre es el mismo aunque Consuelo no soporta la idea de que el fuego que los recorrió a ambos pueda compararse con el que han utilizado para darse muerte todas esas negras que se amontonan allá afuera.
Y ahora ¿qué falta? Ya cada cual está en su lugar. Los héroes forman en dos hileras frente  a frente, un largo pasillo, ubicados en estricto orden de importancia. Al fondo del corredor de héroes, Hatuey, y a su lado, un encogido Lino Recio en sus funciones de Apóstol. Más atrás, letras blancas sobre fondo rojo componen una sencilla pero contundente frase sobre la inmortalidad, atribuida -la frase- al Superhéroe. A la derecha de la entrada, a falta de banda militar, el Septeto Nacional con el refuerzo del trío Matamoros -rebautizados extraoficialmente como “Los Diez Negritos”- están listos para ejecutar la marcha favorita del que todos esperan.
¿Qué falta? Pues que la maestra de ceremonias, tan ocupada por los demás, se ponga algo presentable. Ni pensar en la ropa que usaba al morir, pues el fuego dejó bien poco para cubrir su extenso cuerpo. Desesperada, busca a su alrededor, hasta que se detiene en la enseña nacional. Sin pensarlo mucho, Consuelo se envuelve en ella. Luego se ajusta un pliegue allí y en el pecho rectifica la posición de la estrella, hasta que en un inspirado rapto deja al descubierto el seno derecho y  toma prestado el gorro frigio al escudo que preside el salón. Ya puedes venir cuando quieras.
Treinta horas después, en la Gloria se empiezan a inquietar. Ya el asado de yegua de Maceo comienza  a oler mal. El general Quintín manotea en el aire y le grita a la nada que acabe de darle agua. Explica el jefe de los escoltas que el Superhéroe es así de impredecible, siempre cambiando de horarios para despistar al enemigo, lo que recibe un gruñido de aprobación del Padre de la Patria. En los días siguientes, el entusiasmo empieza a decaer y a la semana exacta de espera parece inminente el desplome de los reunidos. Consuelo hace un llamado a la cordura y pide un último esfuerzo. De momento permite que los músicos toquen algo movido para levantar el ánimo. El viejo Quintín quiere sacarla a bailar pero ella prefiere sentarse un rato. Así está hasta que oye unos discretos golpes que vienen de la entrada. A duras penas logra recomponer las filas y luego de ordenar silencio, hace abrir la puerta.
No es el Superhéroe quien hace su entrada sino un calvo de ojos hundidos y ajada cara de niño bueno, que sin decir nada le entrega a la maestra de ceremonias un sobre. De éste saca estremecida una carta del mismísimo Superhéroe. Con letra vibrante se disculpa y anuncia que de momento le ha ganado una batalla más a la muerte, por lo que piensa emplear el tiempo que le reste entre los vivos –“digamos, unos 20 años”- en llevar a cabo algunos proyectos que tiene en mente. Luego con mucho gusto les hará compañía. Silencio profundísimo acompaña la lectura en alta voz, sólo tronchado por la exclamación de “¡Veinte años!” que los más impacientes dejan escapar. Consuelo, por instinto, mira hacia Hatuey pero éste se limita a sonreír. Para el indígena eso no es cosa nueva. Ahora recuerda los casos de Matías Pérez y Camilo Cienfuegos. Lo mismo cuando se perdió el globo que el avión, se les preparó acá una regia acogida y al final no aparecieron ni siquiera en la Gloria. En cambio, los demás no reparan en la sonrisa de Hatuey. En ese momento todas las miradas se concentran en Don Miguel Matamoros quien niega con la cabeza varias veces hasta que finalmente suspira y dice que sí, que va a tocar “Lágrimas Negras”.

Ya empieza con el aunquetumeasechadoenelabandono. Unos hacen coro, otros intentan bailar con alguna de las escasas heroínas o incluso entre sí. Los más van hacia las hamacas arrastrando sus viejos pies, pero en todos logra ver Consuelo la irreductible confianza de que algún día llegará Aquel que los redima definitivamente de tanta eternidad y hasta cure al General Quintín Banderas de su infinita sed.