Pedro Lorenzo es uno de los escritores humorísticos más agudos que ha dado Cuba en décadas. Que no lo sepa demasiada gente se debe en parte a la mala suerte de empezar a publicar poco antes de que la mayoría de las publicaciones humorísticas del país desaparecieran por razones ajenas a su voluntad (a la de Pedro Lorenzo quiero decir). Aún así Pedro Lorenzo insistió en ser parte fija de "Esperando por Gutenberg" la peña que celebrábamos mensualmente junto a Eduardo del Llano y algún otro invitado ocasional en La Madriguera de la Quinta de los Molinos en los meses más inmisericordes de los inmisericordes años noventa. Luego de eso Pedro Lorenzo pasó a la clandestinidad literaria y al internacionalismo pedagógico dedicándose a dar clases por medio mundo. Ahora Pedro me envía desde Cuba un texto que Dios quiera que sea el primero de muchos.
Bailando Casino
Por Pedro Lorenzo
Televisión Cubana, canal Cubavisión, lunes 16 de diciembre de 2019.
Hora… bueno, digamos que fue después de la novela, porque hablar de horarios en
nuestra inefable tele es como pretender acariciarle el lomo al felino de
Schrödinger. El programa en cuestión ostenta el ominoso título de “Sólo la
verdad” y versaría sobre el tema de los paraísos fiscales, los “Panamá Papers”
y la proyección de la película “The Laundromat”, título traducido por razones
obvias de gancho comercial como “Dinero Sucio” en la versión que se nos
presentaba. Se trata de un filme correcto y sin pretensiones que utiliza
actores de primera línea para darnos una visión entretenida y didáctica de un
tema usualmente árido para el espectador “Rápido y Furioso” de los tiempos que
corren, así que decidí darle una segunda ojeada, pues ya había disfrutado de él
a través de “el paquete”. Y ahí empezaron mis cuitas, de las que pretendo dar
una apretada síntesis en lo que sigue.
Del inevitable comentarista previo al filme ni me quejo, pues para
eso está el “mute” de mi control remoto. Aceptémoslos como un mal inevitable y
pasemos página. Impecable copia del filme, traducción correcta, Antonio
Banderas y Gary Oldman en las pieles respectivas de Fonseca y Mossack
conduciéndonos por los laberintos del mundo de las finanzas internacionales,
todo a pedir de boca. Hasta que llega el momento en que una abatida Meryl
Streep en su rol de embaucada clienta pregunta: “Cash? Who pay cash?”, a lo que
la “realtor” interpretada por una Sharon Stone en ese modo “superbitch” que la
ha hecho famosa responde: “Russians!”. Nada que reprobar a lo que oigo, pero sí
a lo que veo, porque el subtítulo perfectamente sincronizado pone: “Europeos”,
cosa que continúa sucediendo a lo largo del filme cada vez que hay que
referirse a los hijos de la perestroika. A menos de que se trate de un anticipo
del plan secreto de Putin para apoderarse de todo un continente, no creo que
ningún traductor en sus cabales sea capaz de cometer y repetir tamaña pifia. Y
tamaña falta de respeto a las alumnas y alumnos del programa “Inglés Para
Todos” también disponible, para mayor afrenta, en horas de la mañana del
siguiente día por las mismas pantallas. Y esto era sólo el comienzo.
El filme, que como ya dije, no escatima didactismos, está dividido
en capítulos o “secretos” numerados sucesivamente. Cada “secreto” comienza con un
detallado primer plano del papel moneda del país en el cual transcurre la
anécdota. El dólar en el “Secreto 1”, el rublo en el “Secreto 2”(*)
, el peso panameño, el euro, etc. Y llegamos al “Secreto 5”, cuyo título es “Making
a Killing” que al estar traducido como “Liquidar” pierde toda su polisémica
riqueza, pero esa es una decisión literaria, no política, y sinceramente no se
me ocurre otra mejor. ¿Recuerda Ud. el caso de Neil Heywood, el hombre de
negocios envenenado por la esposa de un alto funcionario del Partido Comunista de
China en relación con un sonado caso de corrupción ocurrido en 2011 en ese
país? Claro que no, si su única fuente de información es Granma y el Sistema
Informativo de la Televisión Cubana. Pero en caso contrario, sabrá que se trata
de una trama que más que para otra película, da para toda una serie, con giros
inesperados, villanos, policías corruptos y políticos venales con el fotogénico
trasfondo de los rascacielos del “milagro chino”. El director Sonderbergh hace
lo que puede por narrar los hechos en unos magros 13 minutos que debieron
parecer interminables a los abnegados podadores del bonsái ideológico cubano,
pues a partir de ahí los susodichos abandonan toda compostura y la sala de edición pierde su apariencia de quirófano
para convertirse en una de esas construcciones japonesas con frágiles puertas
de corredera destinadas a recibir los surtidores de sangre tan populares en las
películas de samuráis de los novecientos sesenta. Para empezar, se rompe la
coherencia visual introductoria, porque el billete de 100 yuanes con la efigie
de Mao brilla por su ausencia en la versión descafeinada que se nos obsequia a
los televidentes isleños. No tengo la grabación de la misma para comparar
números, pero diría que menos de un 50% del segmento chino sobrevivió al
frenesí editorial. Ni siquiera se molestaron en hacerlo bien desde un punto de
vista técnico, pues puede verse a un actor dar gracias por una historia que su
interlocutora le hizo previamente en el original y de la cual el televidente
cubano no tiene ni puta idea por la sencilla razón de haber sido purgada de la
maltrecha copia. Parten, sin lugar a dudas, de una lógica irrefutable: Si aún
nos sintonizan, muy inteligentes no serán, ¿no?
Se preguntarán por qué se rehúsan a cortar por lo sano y reeditar
los números subsiguientes de forma consecuente. ¿Y renunciar a la oportunidad
de convertir el fragmento en un capítulo más del serial cubano “Tras la Huella”
con policías de cartón tabla que siempre atrapan al delincuente corrupto y para
nada vinculado a las esferas de poder en operativos impecables con música de
fondo de José María Vitier? ¡De eso nada, monada! Ya bastante es que el
programa se llame “Sólo la verdad”. El añadido de “…toda la verdad y nada más
que la verdad” comienza a sonar a courtroom
drama americaniche y esto es 100% CUBANO, qué tú te crees…
Del teletexto que informa la programación con gazapo incluido. |
Sabemos
que una golondrina no hace verano, pero esto comienza a parecerse a una escena
de “Los Pájaros” de Hitchcock. “Conozcamos China” con sus recetas de panda
estofado con retoños de bambú tierno. Putin en la tele defendiendo a sus
deportistas contra el escándalo del doping y Granma y sus huestes de periodistas
sudándole la fiebre. Desfile militar en homenaje al no-sé-cuál aniversario de
la hermana república China en alta definición y aprende, Adolfito, lo que es
marcialidad. El serial de Chernóbil , ése que sabemos que anda por ahí y nada
podemos hacer por evitarlo, aunque, eso sí, no lo trasmitimos, porque…bueno… no
es totalmente fiel a la verdad… ¿Y cuál fue la verdad?... ¡Bueno, esa no fue la
verdad y punto! Abuelo, ¿qué son Tianánmen y El Hombre del Tanque? Bueno, ése
creo que es un restorán que abrieron en el barrio chino por el Aniversario 500 de
La Habana. Y el hombre del tanque quedó en venir hoy a traérmelo y no vino. ¡Y
con los problemas que hay con el agua! Abuelo, ¿y quién fue Stalin?
¡Niiiiñooooo!
Yo, que opté hace muchos años por el matrimonio civil con mi memoria
“hasta que el Alzheimer nos separe”, recuerdo otros tiempos. Unos muy remotos y
breves durante los cuales los chinos fueron buenos y hacían películas como
“Héroes con el valor de tigres” y “Guerrillas en el mar” donde 5 narras en una
chalupa hundían un acorazado japonés, creo… Por la misma época el protagonista
del filme soviético “El Comunista” empujaba él solito, a hombro pela´o, un tren
cargado como con 50 vagones de trigo- chúpate ésa, Clark Kent- para acabar con
el hambre del koljoz; mientras la
protagonista de “El último disparo” por su parte, ultimaba a tiro de máuser al
ruso blanco bajo su custodia y su amante por más señas, antes de permitir que
cayese en manos del enemigo (el de ella, no el de él). Y nuestra amistad y
lazos de cooperación eran indestructibles y eternos y nada que viniese de allá
podía ser malo, ni siquiera los muñequitos. Después cambió lo de los chinos y
la película por la cual me hicieron levantarme un domingo por la mañana para ir
a ver en sesión limitada a militantes de la juventud y el partido en el teatro
de la escuela “Lenin” se llamaba “Noche Negra Sobre China” y , ¡carajo!, como
se mataban gorriones allí… Y gente también, pero era una Revolución Cultural,
así que no debía ser tan malo. Y luego estuve en Angola y el Verde Olivo
Internacionalista dale que dale con aquello de que “con armas y asesores chinos
se asesina a nuestros hermanos”. Y cuando se metieron con Vietnam aquello fue
festival para los periodistas del patio, que considerando que el DRAE de aquél
entonces y hoy DLE se quedaba cortiñán, se inventaron la palabra “sociocidio”
para describir los desmanes chinos en suelo vietnamita y continuaron
utilizándola hasta que la que “limpia, fija y da esplendor” protestó y dijo que
no había que pasarse tres pueblos, que con un simple “genocidio” bastaba. Y
nada que viniese de China podía ser bueno. Hasta que un buen día los chinos
comenzaron a volverse paulatinamente buenos (no tan buenos como lo son ahora,
pero por algo se empieza), justo cuando los rusos (ex soviéticos se les decía
entonces) comenzaron a volverse malos y nada bueno podía venir de Rusia y sus
ex – satélites y se acabó la cristalería de Bohemia de la Casa de la Cultura Checoslovaca,
hasta que un buen día… y lo dejo ahí, porque noto que empiezan a marearse y
nadie podría, con justicia, culparlos por ello.
Yo por mi parte trataré, por
difícil que sea, de conservar la sesera mientras me sea posible. Así que me
sacaré de la manga un viejo truco de fiesta quinceañera: si estás mareado y
sientes que vas a hacer un papelazo, cierra los ojos y pretende que estás
bailando. Y ni se les ocurra hablarme de IPhone o Spotify ni nada de eso, que para
el caso lo que se impone es este éxito del pasado en casete TDK de los que
había que rebobinar con un lápiz amarillo “Great Wall” a menos que lo tuvieses
en un LP de la Egrem y pudieses escucharlo en un tocadiscos “Riga” o
“Radiotécnica”:
“¿Dónde están los rusos, dónde están los chinos?
Bailando, mamá, bailando casino. “
Pedro Lorenzo
20-12-19
(*) En realidad no estoy seguro de si pusieron el rublo o
no en la presentación correspondiente, porque me puse en modo alerta sólo
después del parlamento de la Stone. Pero si tuviera que apostar me decantaría
por extenderle también su certificado de defunción.
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