lunes, 31 de diciembre de 2012

Feliz 2013

Feliz año nuevo a todos. No tengo tiempo para otra cosa pero les deseo lo mejor.


sábado, 29 de diciembre de 2012

Derecho cubano


La entrevista que aparece en El País al abogado de Carromero confirma entre otras cosas que Cuba no pertenece a Occidente pese a evidencias geográficas en sentido contrario:
Pregunta. ¿Tuvo Carromero un juicio justo y con garantías?
Respuesta. Tuvo un juicio justo y con garantías de conformidad con la normativa cubana. Cuestión distinta es que desde una perspectiva occidental lo haya sido o no. Por ejemplo, el derecho cubano no permite que el acusado pueda presentar su propio peritaje o tener acceso a las pruebas. Por tanto, hemos tenido que ceñirnos a la instrucción que había coordinado la fiscalía. Se puede hablar por eso de un juicio con las garantías que ofrece el derecho cubano. Se han cumplido plazos y formalidades.
La conformidad Occidental con eso que llaman “derecho cubano” es, de cualquier manera, espeluznante.

Carromero a España

Carromero vuela de vuelta a España. Esto no es una inocentada, como la noticia anterior:

"Ángel Carromero vuela de vuelta a España. El dirigente de Nuevas Generaciones del PP, condenado a cuatro años de cárcel en Cuba ha partido de La Habana para terminar de cumplir su condena en España, según informa la agencia EFE citando fuentes cercanas al caso."

Tampoco hay que esperar ninguna revelación sobre el accidente en el que perdieron la vida Oswaldo Payá y   Harold Cepero. El silencio de Carromero es obviamente parte del acuerdo.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Caldosa y cultura



La rumba y el danzón pasen, pero declarar la caldosa cederista como Patrimonio Cultural de la Nación sólo se le puede ocurrir a los mismos que quieren controlar la realidad virtual con el proyecto Patria o Muerte 2.0 o convertir la moringa y el cuy en el plato nacional. A los reyes del país de la siguaraya, digo. Sólo falta que le propongan a la Unesco los actos de repudio como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

P.D.: Lo de la caldosa cederista declarada como Patrimonio Cultural de la Nación era por supuesto una broma del Día de los Inocentes. Los lectores de este blog entrenados desde hace años en estas lides no picaron el anzuelo. Los felicito.

Los diez post más leídos del año


Ahí van los post más leídos en este blog en el 2012. Yo hubiera preferido otros pero esos fueron los que escogieron ustedes:


2.- Moloch






8.- Mario


10.- Vicio

martes, 25 de diciembre de 2012

De cómo descubrimos la Nochebuena


Un capítulo de Siempre nos quedará Madrid alusivo a estas fechas:

De cómo descubrimos la Nochebuena

Una de las más frecuentes causas del insomnio nativo ante la presencia de inmigrantes es la amenaza de que la importación de tradiciones representa para los usos locales. En ese aspecto la pequeña tribu que empezaba a reunirse en la buhardilla de León 3 ofrecía muy poco peligro. En cuestión de hábitos no era mucho lo que podíamos importar: las costumbres que traíamos en casi ningún caso alcanzaban para componer una tradición. Más bien estábamos ávidos por adquirir tradiciones que nunca habíamos tenido. La Nochebuena, por ejemplo.
No sólo habíamos crecido de espaldas a la religión de nuestros padres y abuelos (de la que ellos habían abjurado como parte de su proceso de entrega espiritual a la Revolución): todos los hábitos asociados a la antigua fe habían desaparecido como parte de los daños colaterales del nuevo fervor nacional. Casi ninguno de nosotros estaba bautizado y celebraciones como la Navidad, el día de Reyes, la Semana Santa o la Noche de San Juan apenas se conservaban en la memoria intermitente de nuestros abuelos. En esta parte de afuera del mundo conozco a muchos para quienes la alegría forzosa de la Navidad resulta una abominación. A mí mismo no me atrae especialmente ahora que la excitación de mis hijos la ha convertido en obligatoria, pero prefiero rendirme antes de hacerle resistencia. No obstante, para aquellos que se sientan abrumados por el frenesí de las compras y los villancicos interminables en la radio, hay una solución radical aunque difícil de llevar a cabo: en época de Navidad, viajen a los días de mi infancia, a ese tiempo en el que mis oídos nunca se vieron hollados por un villancico. Y si no pueden viajar a ese tiempo al menos imagínenselo.En aquella década del setenta sólo unos pocos se atrevían a celebrar la Nochebuena. Consumir carne de cerdo y cerveza la noche del 24 de diciembre era un modo de señalarse ante el vecindario, un desafío, proclamar que no se estaba integrado.
“Integrado”.Ésa era la palabra que se usaba en aquellos días. Integrado significaba pertenecer a las organizaciones oficiales básicas, asistir a las reuniones y a los llamados al trabajo voluntario en la ciudad y en el campo, ser parte de las milicias, cumplir turnos de vigilancia nocturna y un denso y laborioso conjunto de obligaciones encaminadas a demostrar su entrega en cuerpo, pero sobre todo en alma, a la Revolución, esa madre celosa que no toleraba fidelidades compartidas. Y menos con Dios. “Integrado”, en puridad, no se aplicaba a los apasionados de la nueva fe sino a los que se limitaban a observar los rituales para alejar toda sospecha de herejía. No estar integrado suponía quedar fuera del juego, resignarse a estar bajo observación el resto de la vida, renunciar a ascensos y reducir las posibilidades universitarias de los hijos a las pocas carreras que podían aceptar estudiantes que no compartieran una “concepción científica del mundo”. Comer cerdo asado un 24 de diciembre parecía incapacitarte de por vida para entender la teoría de la evolución de las especies, aceptar la lucha de clases como eje y motor de la Historia, comprender los principios de la plusvalía. A quienquiera que hubiera decidido castigar a los que celebraban la Navidad no le faltaba razón. Comer cerdo asado en la víspera del cumpleaños del Hijo de Dios no podía ser un gesto inocente cuando había tanto en juego. Por poca relación lógica que se pueda encontrar entre la carne de puerco y el nacimiento de Cristo, aquellos que festejaban la Nochebuena en los setentas cubanos estaban más cerca del cristianismo minoritario y clandestino de los orígenes que el resto de sus contemporáneos occidentales. Y a falta de leones ahí estaban los policías y los chivatos que en cada manzana remedaban la omnipresencia de Dios.No fue hasta finales de la década siguiente que la gente en la isla comenzó masivamente a girar los ojos hacia Dios o en su defecto, a sus franquicias terrenales. Cuando tres años después de mi partida de Cuba oficialmente levantaron su prohibición, hacía tiempo que la Nochebuena se celebraba en todas partes sin la discreción de antaño. Para mí ese retorno místico y ritual había llegado demasiado tarde. Mi conexión con cualquier fe, el plug que me enchufaba con la divinidad había quedado definitivamente jodido. Tras mis primeros veinte años ateos, me sentía incapacitado para enchufarme con Él. Aun así me esforcé en cumplir ciertas ceremonias como gesto de desafío, una manera de desertar de las huestes de los “revolucionarios” y hasta la de los “integrados”. La celebración de la Nochebuena fue para mí también la de la pérdida de la fe (la fe en la Revolución quiero decir) que me acompañaba desde niño.La primera Nochebuena que intenté celebrar no incluyó cena familiar. Ese 24 de diciembre, al salir del teatro, un impulso repentino me llevó hasta la Misa del Gallo en la Catedral de La Habana. Quizás ese impulso nacido de la curiosidad, el aburrimiento y el deseo de hacer algo distinto, de desintegrarme –me dije- también conducía a la fe. Al llegar a la catedral me encontré con un tumulto borracho y escandaloso sobre el que apenas se dejaban escuchar palabras sueltas del obispo. Si en algún momento durante el trayecto desde el teatro hasta la catedral había tenido un acceso de fe, se me pasó al atravesar el umbral y respirar la mezcla de incienso y eructos de alcohol. Me fui enseguida de allí con la primera conocida que encontré. Estaba borracha. Borracha y cariñosa así que terminamos haciendo el amor si es que ese concepto es aplicable a tener sexo de pie en la acera de un barrio poco transitado. Más que la llegada de Nuestro Señor Jesucristo parecíamos estar celebrando algún rito dedicado a asegurar la fertilidad.
Para redondear mi apoteosis pagana aquella noche también estuvo presente el fuego. Luego de llevar a la chica a su casa y de regreso a la mía el chofer del autobús en que viajaba señaló a otro que marchaba a unos cien metros delante del nuestro. Echaba humo negro y pastoso por un costado. El roce de un neumático trasero con el guardafangos había calentado el primero, nos explicó el chofer. Medio kilómetro más adelante la humareda se había convertido en incendio. Los pasajeros de mi autobús bajamos a contener el fuego con baldes de agua que nos empezaron a ofrecer los vecinos del lugar como si se hubiesen pasado la noche en vela esperando algo así. (Si alguna vez he estado cerca de la muerte –al menos con plena conciencia― fue esa madrugada dentro del autobús en llamas tratando de sofocarlas antes de que llegaran al tanque de gasolina). Cuando conseguimos reducir el incendio a puro vapor de agua los bomberos no habían aparecido todavía.No puede llegar a contarse como primera Nochebuena, pero al menos estuvo bastante movida.Con ese sentido de la oportunidad tan típico en mi familia, empezamos a celebrar la Nochebuena en la peor época posible. Conseguir carne de puerco había pasado de ser una empresa difícil a quimera pura. En una de aquellas primeras ocasiones, mi padre no encontró otra cosa que llevar al banquete navideño que jutías. Para los que no estén familiarizados con la fauna caribeña, una jutía es un roedor salvaje con el tamaño y el aspecto de una ardilla aunque con pelaje más escaso y oscuro y una cola desnuda y fina. Dicho de otra manera, es lo más parecido a una rata grande y atlética. Las que trajo mi padre aquella Nochebuena ni siquiera tenían un buen sabor. Por ganas que uno tenga de reconectarse con las tradiciones familiares o con el Supremo Creador, el plato principal de Nochebuena no debe tener ese dejo silvestre de un roedor cazado en una ciénaga. La cena para celebrar el Nacimiento de Nuestro Señor debe saber mejor que el resto de la vida.
Las Nochebuenas siguientes fueron mucho mejores. Nos reuníamos en casa de los abuelos y comíamos como Dios manda. Menú sagrado: arroz blanco, frijoles negros, cerdo asado, yuca hervida.El vino no era bueno. Lo hacía yo mismo y sabía a vino de jutía.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Peces en tierra

La bobería nacional, la infinita sanaquería local. Esas banderas cubanas que aparecen en cuanto concierto o video clip se hace en Cuba ya debían darme una pista en un país donde todo el que puede trata de conseguirse un pasaporte de cualquier otro. Una crónica de un escritor mexicano de visita a Cuba y de sus encuentros entre colegas del patio, tipos que calculan al detalle el efecto de sus premios entre el resto del gremio y a los que una habitación con aire acondicionado los puede convertir en sumos pontífices de las letras nacionales. "Se habla de los escritores que se van y publican, que logran reconocimiento internacional, pero se habla poco de muchos que se fueron y no han podido escribir. Con la idea de la literatura que tenían aquí no pueden publicar allá, tienen que hacer concesiones" dice alguien. "Es el caso de Lino Novás Calvo, por ejemplo, o de Enrique Labrador Ruiz, desgraciadamente no escribieron nada que valiera la pena fuera, no les fue bien" dice otro. La explicación a la supuesta parálisis literaria allende los mares parece ser capturada en su más justa dimensión por Alberto Garrandés, el mismísimo Oráculo del Aire Acondicionado:

—La Habana es una ciudad pendular —teoriza Garrandés, usando las manos como instrumento epistemológico—, es una ciudad absolutamente novelesca, es pura intensidad novelística. En esta ciudad el diálogo está a flor de piel, la escritura está en el aire —y con las manos simula atrapar las novelas que flotan en la atmósfera de La Habana.
Más que telúrico -como ocurría con los que antes se aferraban a la tierra como máximo argumento literario- el razonamiento es eólico. La literatura cubana está en el aire (si es acondicionado, mejor), pero en un aire circunscrito a la atmósfera de la isla: el que salga se asfixia como un pez en tierra. Incluso escritores hechos y derechos. Que Cervantes o Tolstoy escribieran buenas novelas sin respirar ese aire sólo lo explica un milagro. Que la mayor parte de lo mejor de la literatura cubana se haya escrito fuera del país es mero espejismo. Un aire con muy poco contenido de oxígeno si uno se guía por la cantidad de tonterías que se reproducen en el reportaje. Por suerte no son todos, no todo parece perdido. A esos pues hay que aferrarse como Luke Skywalker a Obi Wan. Como la última esperanza.

El Apocalipsis maya y los cubanos


De Cuba nos ha llegado este mensaje para los chamanes mayas:

Compañeros Chamanes Mayas.Realmente no les tenemos ningún miedo al fin del mundo, para nosotros el mundo siempre se estaba acabando y jamás lo hemos creído, y ahora con esa predicción, coño dejen ese brete, ahora que en enero nos quitan el permiso de salida y podemos viajar sin pagarle a nadie a donde queramos y hasta por 2 años, ya podemos comprar y vender nuestras casas, y los carros, y el otro año quien sabe y hasta podemos comprar autos en la tienda, podemos poner el teléfono a nombre de quien nos de la gana, y quien sabe y se acabe el embargo o el bloqueo y regresen los que se fueron, y se vayan los que quieran, no me vengan con ese cuento de que se va acabar el mundo, cuando pa nosotros va empezar un mundo nuevo.Manda moringa, dejen de asustarnos, que ahora es cuando no se puede terminar el mundo.

Aquí va la respuesta de los chamanes:

Queridos compañeros cubanos:   Ya ustedes tenían todo eso antes y parecían muy contentos de haberlo perdido y hasta hablaban de estar construyendo un mundo nuevo así que ahora aguántense. El resto de la humanidad hace rato que está en eso y todavía se anda quejando de manera que déjennos proseguir tranquilamente con nuestras predicciones. Si por los cubanos fuera dentro de cincuenta años nos dirían que están a punto de alcanzar la democracia, la libertad de expresión y todas esas boberías y que quisieran que les diéramos otra prórroga más. Y créannos que ni los dioses, que conocen las delicias y rigores de la eternidad, tienen tanta paciencia. Así que jódanse. Para la próxima piénsenlo mejor.  
Apocalípticamente,  
Consejo de Chamanes Experto en  Supercherías, Maleficios y Drenaje (CONCHAESUMADRE)
P.D.: Tengo una noticia buena y una mala: la buena es que no tienen que preocuparse por el fin del mundo. La mala es que el mundo no se va a acabar: agárrense que esto sigue.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Pupo y Bebo necesitan tu ayuda

Una petición de los creadores de Guamá para impulsar la segunda temporada de "Pupo y Bebo" en Yagruma. Coopere con el artista cubano. Que por nosotros no falte:

lunes, 17 de diciembre de 2012

Otra reseña


Tersites publica en su blog una nueva reseña sobre Siempre nos quedará Madrid:

Siempre nos quedará Madrid merece leerse por varias razones, más allá de la muy saludable de poner a un lado nuestro egocentrismo. La primera es la peculiar visión que el autor tiene del destierro. La historia canónica del exilio cubano supone que alguien sale de Cuba y triunfa en el extranjero, pero a pesar del éxito y el nivel de vida alcanzados añora cada día su Isla. Del Risco propone la antítesis de ese canon. Su libro es la historia de dos jóvenes —el autor y su esposa— que llegan a España y "se comen un cable", pero que cada día se sienten dichosos de haber logrado largarse de la Isla.
 Esa dicha no es un síntoma de desarraigo, sino el resumen de una experiencia vital que pasó de la fe a la desesperación después de visitar el desengaño y naufragar en el aburrimiento. Y ahí está uno de los mayores hallazgos de estas memorias. Del Risco va dibujando —como no he visto hacer a nadie hasta ahora— una nueva relación con Cuba que no encaja en los arquetipos usuales. La Cuba que Del Risco asume como suya no es la República, que no conoció, ni es el país del "socialismo real" en el que creció, y que se le fue haciendo cada vez menos real y tolerable. En los puntos de comunicación y distanciamiento que el autor describe o sugiere en su libro se define una nueva relación con un archipiélago del que cada cual elige los islotes que considera más amigables. El destierro para Del Risco y su generación no es el distanciamiento físico de un país, sino el extrañamiento —a veces voluntario— de ciertas zonas de la cubanidad irremediablemente envenenadas por la historia.

Leer la reseña completa aquí

sábado, 15 de diciembre de 2012

El año del cerdo

Uno de los cuentos más tremendos sobre la debacle cubana, firmado por Francisco garcía González hoy en Diario de Cuba. El comienzo:

 El año del cerdo
Buena parte del placer que proporcionan los alimentos que necesitamos depende, sin duda, de la forma en que son presentados y el ambiente que los rodea.Nitza Villapol, Cocina al minuto.

Despedir el treinta y uno de diciembre sin la ceremonia del macho asado, es como si el año se negara a marcharse y se quedara pegado a las paredes.
Secando las matas, agrietándolo todo.
Esparciendo su olor a cosas viejas y usadas.
Y no es tanto el banquete como eso, la ceremonia.
La ceremonia del macho.
Una liturgia sin prescripciones. Llena de significados que atrapan a la familia y sacan lo mejor de cada uno de sus miembros. El ritual de la comida en torno al fuego en su esencia más pura. Son asuntos que sé y siento, pero no los cuento ni menciono.
Primero fue el zapateo por los vegetales. De mercado en mercado. Y cuando estuvieron de este lado, nos fuimos a Oriente a comprar el macho. Si quieres un macho de verdad, debes ir a Oriente, lo que te vendan por acá es apócrifo: Departamento de Cuba, Victoria de las Tunas, Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, San Salvador de Bayamo. Da lo mismo.
Destino Cayo Mambí adentro. Quince o veinte kilómetros, no sé. Alguien nos dio la dirección de una granja que administraba un habanero. Buen negocio el de los habaneros que les han entregado tierras ociosas en Oriente.
Llegamos a La Celia y el habanero en persona salió a recibirnos. Debía saber que mi suegro era un tipo importante. Por eso nos invitó a refresco de guanábana y, bajo la brisa de la tarde, fijamos los pormenores de la transacción. Justo, sin clavadera. Transparente. Terminamos la merienda y el anfitrión nos invitó a ver los corrales. Un crisol. No por gusto La Celia había sido seleccionada y certificada como centro de referencia regional por la FAO. Allí acudían periodistas, funcionarios del Partido y del Ministerio de Cultura.
Detrás de los campos de guayabas quedaban las naves de ceba. Un olor dulzón se expandía de los vergeles florecidos. Entramos por el amplio corredor que dividía en dos las hileras de corrales de una de las naves. Algunos machos dormitaban junto a las canoas. Otros comían directamente de éstas con la glotonería propia de lo que eran. Nada de alarma. Apenas reparaban en nosotros. Si acaso alguno resopló, movió la cabeza o se espantó las moscas a nuestro paso.  
[Seguir aquí]

jueves, 13 de diciembre de 2012

Medeski, Martin & Wood con Marc Ribot

Al trío lo había visto antes pero no a Ribot. Sabía que alguna vez habían tocado juntos y hace rato acechaba la posibilidad de verlos reunidos. Por fin los agarré anoche juntos en el Blue Note. Se conocen desde hace rato así que oírlos es como estar en medio de una conversación empezada mucho tiempo atrás. Hay que escucharlos con atención para no perderse y confundir bromas con insultos. Empiezan como siempre, como si estuviesen afinando los instrumentos, calentándose las manos, hasta que todo comienza a coger presión y de la charla se pasa a un viaje loquísimo, imaginado hace apenas unos minutos y el carro que arranca sin dar tiempo a preguntar si falta alguien. Pero lo mejor de la noche no es cuando se desmandan, cogiendo una curva tras otra y sacando la lengua por las ventanillas, sino cuando vuelven a ser músicos que acaban de encontrarse en un sitio preferiblemente hostil, pongamos que en un pueblo del Wild West y empiezan a tocar unos contra otros y no es puro ruido, no, porque el ruido no alcanza esa calidad de balacera rabiosa que parecería real si el baterista Billy Martin no estuviera riéndose todo el tiempo y Marc Ribot encorvado sobre su guitarra como si hubiese un animal encerrado dentro, un animal que emite chillidos muy cómicos, por lo visto. La balacera (o piñacera, o equipos de la NFL en plena embestida, algo en todo caso que pueda a ser al mismo tiempo uniformemente tenso, agresivo y, en el fondo, irresponsable) se acaba pronto, dura apenas un par de minutos hacia el final del concierto pero basta para entrever que siempre, más allá del ruido, hay nuevas posibilidades de música. O para recordarnos que él, el ruido, tiene tanto derecho a reclamar la paternidad de la música como el silencio. Un poco más, incluso.


miércoles, 12 de diciembre de 2012

Emilio, Madrid y yo

Ernesto González sigue subiendo los videos de mi presentación en Miami el mes pasado. En este caso se trata de la lectura que hizo Emilio García Montiel de un texto que ya he enlazado anteriormente.

Post Data: Pueden ver a continuación el video de mi parte de la presentación de Siempre nos quedará Madrid en Miami. Le agradezco a Ernesto González una vez más haber filmado el evento, haberlo subido a youtube y la paciencia que tuvo al editar mi parte para hacerme parecer menos desastroso. Para eso -él me dirá- están los amigos pero ya saben, los buenos amigos son siempre exagerados.

Signos de mejoría económica

Antes estas noticias solían importarse de Corea del Norte. Ahora son de producción nacional.

martes, 11 de diciembre de 2012

La ley y la trampa


Aunque sea un recurso burdo y repetido  el procedimiento de acusar a opositores políticos de delitos comunes -como en el caso de la reciente condena de Ángel Santiesteban por “violación de domicilio y lesiones” (la acusación inicial era por violación de domicilio, lesiones violación, robo con fuerza en las cosas y daños)- no deja de ser eficaz. No sólo permite encerrar al activista incómodo por un buen rato sin pagar un excesivo precio político sino que intenta destruir su reputación y sembrar la duda entre los que lo defienden. O ponerlos en la disyuntiva de defender un crimen común en nombre de la causa de que se trate, algo todavía más incómodo si entra en el terreno de la violencia doméstica.

En el caso de Santiesteban, ante la falta de pruebas que lo condenen o lo absuelvan, uno se tiene que atener a las evidencias. La evidencia –por ejemplo- de que Angel (a quien no conozco personalmente, por cierto) se ha comportado como lo haría un inocente y el gobierno, en cambio, con todos los ardides del que se sabe culpable. La resolución del escritor a no aceptar siquiera una multa por el incidente de que se lo acusa contrasta con el momento elegido por el gobierno para hacerle sentir el peso de la ley. La acusación viene desde  el momento en que mayor era el activismo de Santiesteban: tras un período de relativa calma y cuando parecía que el gobierno había desistido de encarcelarlo lo detienen junto con Rodiles por pedir la libertad de una abogada y es entonces que lo condenan a cinco años. (Todo esto bajo la supervisión –nunca se olvide- de un ministro del interior de quien se dice que baleó a su amante sin que nunca respondiera por ello). La condena al escritor se impone justo en los días en que el gobierno anuncia que va a aplicar con mayor rigor la licencia extrapenal, un modo claro de intimidar a todos los disidentes excarcelados para que limiten su activismo. No es difícil adivinar en todos estos hechos la implantación de un nuevo patrón represivo.

El escritor insiste en que a la mujer y al hijo los presionaron de cara al juicio y que al menos la mujer esta dispuesta a declararlo. La práctica es común por parte del régimen: madres afirmando que sus hijos eran delincuentes comunes, médicos dispuestos a declarar que un disidente golpeado en público ha muerto al día siguiente por causas naturales. Ante circunstancias así Ángel Santiesteban merece el beneficio de la duda mientras que un sistema que dispone de todos los medios para que la ley se tuerza en dirección a sus intereses, no. Lo menos que se puede decir  de Angel Santiesteban es que no ha tenido un juicio justo y eso bastaría para exigir su libertad. Eso también se puede decir de cada una de las personas condenadas por el sistema judicial cubano, sean culpables o no, pues lo mismo condena por delitos no reconocidos como tales por ningún sistema democrático que administra la severidad de las penas según la conveniencia política del momento. Lo que hace de estas condenas por venganza política algo más relevante que otras es que ellas permiten ver de modo más claro la falta de legitimidad de un sistema jurídico que condena y perdona sin tener el más mínimo respeto aún por sus propias leyes; que ha convertido su código penal en un conveniente sistema para intimidar a todo el que desafíe su poder; porque delata, más claramente que en otros casos, su franca y consistente arbitrariedad. Que en Cuba lo que se entiende por ley no es más que un pérfido sistema de trampas diseñadas excluivamente para que siempre ganen los mismos, para que siempre perdamos todos.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Escritor a la cárcel


Acaban de condenar al escritor cubano Ángel Santiesteban a cinco años de prisión acusado “de violación de domicilio y lesiones” a raíz de un confuso incidente doméstico. Dice el escritor –laureado con el Premio Juan Rulfo y el Casa de las Américas- que en el juicio "Mi hijo [Eduardo Angel] que tiene 15 años, ha sido manipulado y presionado; mi ex esposa, que está enferma de los nervios, está dispuesta a grabar un video contando que la han usado y presionado para fabricar cargos en mi contra". Se trata –siempre es necesario recordarlo- de un juicio por supuesto caso de abuso doméstico en un país en que el ministro del interior en funciones le disparó a su amante y no ha tenido que responder por ello. No es que los escritores, por muchos premios que hayan acumulado, estén exentos de responder ante la ley. Se trata, si se atiende a las evidencias, de un montaje diseñado para disfrazar el castigo por sus atrevimientos políticos de justa sentencia por motivos comunes. La tradición es larga y bien asentada. A Orlando Zapata lo tacharon de delincuente común y dijeron que había muerto en una huelga de hambre reclamando un televisor y un teléfono. En otra latitud -pero en la misma lógica- la incomodidad creada por el activismo del artista chino Ai Weiwei la despacharon acusándolo de evasión de impuestos. Se les puede acusar de falta de imaginación pero ¿de qué se trata toda dictadura sino de incapacidad de imaginar, de querer reducir toda crítica al delito común o la traición, de no poder imaginar nada más allá de sí misma?

La amenaza pendía sobre la cabeza de Santiesteban desde hace tiempo pero se vino a materializar el mes pasado luego de ser golpeado y detenido cuando protestaba frente a una estación policial por la detención de Antonio Rodiles, director del proyecto alternativo Estado de SATS. "Creo que la decisión de la sentencia estaba tomada antes de comenzar el juicio sobre la base de un criterio político", dijo Santiesteban. "Cuando fui detenido, el que me arrestó me advirtió que si no me bastaba con los cinco años de sanción que me esperaban". Esperemos que la opinión pública mundial no se deje distraer por este nuevo intento de criminalizar a la disidencia cubana. No por repetido el procedimiento es menos grave.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Descarga

Descarga en casa de Paquito D'Rivera el sábado con motivo de un evento de racaudación de fondos para el Free Society Project que dirige María Werlau:




Entrevista

Hoy en Diario de Cuba aparece una entrevista que me hizo el escritor Manuel Sosa a propósito de "Siempre nos quedará Madrid". Los dejo con la primera pregunta y la respuesta correspondiente:


Siempre he creído que la transcripción de nuestra propia realidad sería más eficiente, literariamente hablando, que acudir a la ficción en cualquiera de sus variantes. Por supuesto, estoy pensando en la Cuba reciente y su cuota de absurdo, ridículo y caos. ¿Compartirías ese aserto, y podría esa condición enriquecer un género que escasea en nuestras letras: el memoir?
No estoy seguro de que el memoir sea un género más eficaz para transcribir nuestra realidad pero sí pienso que es imprescindible. Nuestra cultura tiene un déficit de memorias, diarios, autobiografías, biografías, monografías históricas y todas esas variantes de lo que llamo "géneros útiles": los que están relacionados con la memoria personal y colectiva y que son los que dan profundidad y solidez a una cultura.
Los pocos ejemplos que existen casi siempre están dedicados a próceres y asesinos ilustres que no creo que sean los que mejor nos resuman como pueblo. Sin imaginación no hay sentido (de la vida, del mundo) pero sin memoria no hay imaginación. Yo atribuyo esa carencia de producción literaria asociada a la memoria a una severa falta de autoestima en un pueblo que pretende trascender la pobreza de sus circunstancias a través de la ficción y del mito. Pero no basta con criticar, algo hay que hacer para suplir ese vacío.
En el caso concreto de Siempre nos quedará Madrid escogí las convenciones del género delmemoir no porque mi experiencia como inmigrante fuera excepcional sino justo por lo contrario: era tan típica que pensé que de alguna manera podía resumir la de toda una generación que emigró en los años 90, sobre todo a Europa que hasta entonces había sido un destino migratorio más bien raro entre los cubanos. En ese sentido el memoir me resultó más eficaz. Intentar traducir a la ficción esa realidad cotidiana y repetida del inmigrante hubiera sido falsearla.

La entrevista completa aquí

sábado, 8 de diciembre de 2012

Never sorry


“Never sorry” documental sobre el artista chino Ai Weiwei es una absorbente indagación sobre el punto en que se interceptan arte, política, curiosidad, responsabilidad social, creatividad, libertad de expresión y carácter. Una de las preguntas que flota sobre todo el documental (la otra es “¿Cómo no se cansa de hacerlo? ¿De dónde saca fuerzas para no rendirse?”) es ¿qué tiene que ver el arte con la vida? En el caso de Weiwei la respuesta es otra pregunta: ¿qué tiene que ver la vida con la vida?

Habla Manuel Sosa

Ernesto González publica en su blog el video de la presentación que hizo el poeta Manuel Sosa de "Siempre nos quedará Madrid" el pasado noviembre en Miami. Para verlo pinchar aquí.