La prensa recoge la inauguración del WNYCC:
En Martí Noticias:
West New York inaugura su Centro Cultural con fuerte presencia de artistas cubanos
La ciudad de West New York celebró la apertura del West New York Cultural Center (WNYCC), un nuevo espacio dedicado a promover la vida artística local con una marcada impronta de creadores cubanos.
Impulsado por la Alcaldía, bajo el liderazgo del cubanoamericano Albio Sires, el centro nace como plataforma para visibilizar el talento de la comunidad, donde la presencia cubana destaca tanto en las artes visuales como en la música.
La apertura incluyó la exposición colectiva “The Ground We Share” (El terreno que compartimos), que reunió a numerosos artistas en una muestra que explora identidad y migración.
Los participantes destacaron que la iniciativa surgió de manera orgánica, a partir de la concentración de artistas en la zona.
“Hay una concentración inusitada de artistas buenísimos… pensamos que era necesario un lugar donde confluyeran todos, no solo los que uno conoce, sino todos los que hay en este pueblo”, explicó durante la inauguración el escritor cubano Enrique Del Risco.
West New York, con poco más de 50 mil habitantes y a pocos minutos de Nueva York, ha ido consolidando una identidad cultural propia, alimentada por la migración y el intercambio creativo.
La inauguración no solo abre las puertas de un centro cultural, sino que consolida a West New York como un enclave donde la diáspora cubana sigue creando, conectando y dejando huella.
En Diario de Cuba:
Con alma cubana y vocación de crear comunidad: nace el Centro Cultural de West New York
La exposición inaugural reúne obras de numerosos artistas de la Isla residentes en la ciudad.
El Centro Cultural de West New York abrió sus puertas recientemente, con la vocación de "crear un espacio donde la vibrante escena cultural de la ciudad pueda ser compartida por todos sus residentes", indicó la Alcaldía de West New York, que reconoció haber contado con la asistencia de la organización sin fines de lucro WNY Arts, presidida por el cubano Enrique del Risco.
Para la gran inauguración, WNY Arts preparó un programa que incluye la exposición de pintura "The Ground We Share" (El terreno que compartimos), a cargo de numerosos creadores residentes en West New York, Nueva Jersey y alrededores, entre ellos los cubanos Osy Milian, Danay Vigoa, Camila Lobón, Sandra Cordero, William Pérez, Douglas Arguelles, Jorge Wellesley, Armando Guiller, Pedro Valerino y Jairo Alfonso. La curaduría estuvo a cargo de la historiadora del arte cubana Meyken Barreto.
El nuevo centro se dedicará a ofrecer un programa variado que incluirá actuaciones musicales, producciones teatrales, espectáculos de danza, proyecciones cinematográficas, presentaciones de libros y espectáculos infantiles, así como conferencias y talleres sobre una amplia gama de temas.
En la inauguración, Del Risco dijo: "Hoy, West New York Arts hace realidad el sueño de que los artistas residentes en nuestra ciudad cuenten con un espacio para compartir sus talentos y conocimientos con el resto de sus vecinos. Pero hoy también marca el inicio de la realización de un sueño más complejo: que este centro se convierta en el lugar donde converjan todas las comunidades y culturas representadas en West New York".
El escritor cubano ponderó el liderazgo del también cubano Albio Sires, alcalde de West New York. Sires, nacido en Bejucal, "comprende que la cultura no es un mero adorno, sino una necesidad esencial que nutre nuestro espíritu y nuestra sensibilidad, completándonos como seres humanos", sostuvo.
Del Risco subrayó que "el español es la lengua materna del 75% de los residentes del oeste de Nueva York, mientras que el inglés es el idioma que nos permite comunicarnos entre las diversas comunidades que conforman esta localidad".
En tal sentido, concluyó: "Dado que los idiomas sirven como vehículo principal para la comprensión y la confianza entre los seres humanos, prefiero ver el día de hoy no simplemente como la inauguración de otra institución, sino más bien como un paso —pequeño y local, pero necesario— en la incesante búsqueda humana por comprendernos y confiar los unos en los otros".
En el Hudson Post:
En 14ymedio:
Nosotros y la Casa de la Cultura
Alexis Romay, Nueva Jersey
El jueves de la semana pasada inauguramos el Centro Cultural de West New York. Lo escribo, lo leo, y aun así me cuesta creerlo. Pues esto fue, a la vez, una culminación y un comienzo. Iniciado hace un par de años, terminaba el 23 de abril de 2026 un proceso —de planificación, reuniones, esperas, anhelos— y surgía en su lugar una institución que ya existe más acá de nuestra imaginación. La serendipia quiso que escogiéramos el día internacional del libro para el debut de este recinto que en su apertura —además de los discursos de rigor— se atrevió a combinar una exposición de doce artistas de la zona y un concierto de músicos que cantan en llano, pero son de las lomas de New Jersey.
A quienes llevamos a West New York entre el pecho y la espalda siempre nos había llamado la atención que —en una comunidad donde el arte y sus artistas gozan del don de la ubicuidad— no existiera un sitio en el cual todo ese talento local encontrara dónde colgar el sombrero, los cuadros o los versos.
Uso el plural mayestático, porque esto fue un esfuerzo colectivo. Pero, como todo proyecto de grupo, la idea tuvo un cabecilla. El instigador en jefe no fue otro que Enrique del Risco; el mismo artífice de esos juegos de pelota jíbara que comenzaron en pandemia y en menos de un lustro se han convertido en una tradición beisbolera dominical que ahora denominamos cariñosamente la Liga del Ibuprofeno.
Por eso, mientras los integrantes de The Bergenliners interpretábamos el “Mambo influenciado” de Chucho Valdés ante un local lleno, no hice otra cosa que pensar en cuántas veces había —o, mejor dicho, habíamos— soñado con tener en la comunidad un sitio que acogiera eventos de esta índole. Y que dicho sitio no dependiera de la hospitalidad de quienes nos han abierto sus puertas durante décadas ni abusara de la paciencia de sus vecinos.
Siempre que me preguntan si echo de menos —o si me gustaría regresar— a la isla, cuyo suelo no he pisado desde que me escapé en 1999, respondo que yo tengo a Cuba a media hora por carretera. Porque Cuba es la casa de Eida y Enrique Del Risco. Los Del Risco —quizá sin proponérselo, pero sospecho que con toda intención— a lo largo de este último cuarto de siglo han convertido su hogar en un refugio —el vocablo no es baladí— que reúne —y que une— a artistas de un sinfín de vocaciones, disciplinas y un amplio abanico generacional, que incluye lo mismo a un ganador de la medalla presidencial de las artes y más de una quincena de premios Grammy que a un escritor quien todavía no ha visto su nombre en letra de molde entre las cubiertas de un libro o a una artista que recién ha inaugurado su primera exposición individual.
Ubicada en una de las arterias centrales de West New York, la “casa presidencial” —como la llamamos en homenaje a Enrisco para presidente— nos ha brindado asilo poético y lo mejor de la tradición culinaria cubana; nos ha otorgado un espacio en el cual no tenemos que explicarnos y donde podemos ensayar una Cuba posible en la distancia; nos ha ofrecido un techo bajo el cual se lee poesía y se canta filin, se juega dominó y se planifica el próximo partido de pelota, se practica el deporte nacional —hablar mierda— y se le busca trabajo al recién llegado, se improvisa una descarga de jazz y se corean temas del movimiento popular brasileño, se reencuentra gente que no se ha visto en años y se entablan nuevas amistades perdurables. Decir que eso es, literal y figuradamente, la casa de la cultura es pleonasmo. ¿De qué otro modo se explicaría que la sala sea simultáneamente la biblioteca de Babel y un estudio de grabación que contiene un piano, un set de batería, un bajo, una guitarra, algunos instrumentos de percusión menor y un trombón (que toca el propio Enrique Del Risco para deleite de los comensales que vamos a devorar lo que sale de su cocina)?
La primera vez que llevé a mi madre a una de esas fiestas antológicas, me confesó que eso ella no lo tenía en Miami. ¡Y mira que ella tiene amigos en la capital del sol! Y yo le respondí que en Miami no tienen un Enrique Del Risco. Y me dio la razón. La casa de los Del Risco es el kilómetro cero, a partir del cual medimos las distancias: «Yo vivo a media hora», «yo, a cinco cuadras». Dichosos quienes lo tenemos cerca.
Por eso, ahora que —gracias a esta labor conjunta y el inestimable apoyo del alcalde Albio Sires, ilustre hijo de Bejucal quien sirvió durante 17 años como representante al congreso de Estados Unidos— tenemos un centro cultural en el cual la comunidad de West New York tendrá su ventana y su espejo en donde ver y en donde verse, nos felicito públicamente por no parar de soñar hasta que por fin se nos cumplió el sueño.
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