lunes, 29 de junio de 2026

Auf Wiedersehen, Deutschland!






El partido entre Alemania y Paraguay era una magnífica oportunidad para presenciar ese extraño espectáculo que es encontrar a más de diez paraguayos juntos. Como el juego entre Brasil y Japón el más modesto de los dos se le adelantó al favorito Alemania en el primer tiempo con remate de cabeza del pequeñajo de Enciso. Y a principios del segundo tiempo la favorita empató. Hasta ahí un calco exacto del partido nipo-brasileño. Pero ya fuera por miedo a que los brasileños lo demandaran por plagio en el guion o por pura incapacidad Alemania fue incapaz de irse arriba en el descuento del tiempo reglamentario. Y tuvieron que irse a tiempo extra.

Si un equipo estuvo cerca de anotar en el tiempo extra fue Alemania. De hecho en el minuto 9 del primer tiempo extra el alemán Tah consiguió poner adelante a su equipo de un cabezazo tras un corner. Ya festejaban, ya se veían en octavos de final tras haberse desembarazado de aquellos pequeñajos sudamericanos tan ineptos para atacar como pegajosos en defensa pero tuvo la palabra el camarada VAR y se descubrió que hubo una falta previa al cabezazo de Tah y anularon el tanto. Luego siguieron veinte minutos más de exhibición de incapacidad mutua para anotar goles y luego, los penales.

Tal parece que los alemanes nacieron para tirar penales. Ahí está la historia de los mundiales. Ahí está el experimentado Neuer, quien esta debajo de los tres palos desde la época en que las porterías las cubrían con redes de pescador y Cristiano era un novato. La historia de los paraguayos con los penales era menos esperanzadora pero tenían al portero Orlando Gill, un grandulón que al parecer se comía toda la merienda escolar de Paraguay él solo y con su corpachón bastaba para tapar buena parte de la portería. Y en efecto, con la ayuda desinteresada de los pateadores alemanes Gill consiguió tapar dos de los primeros cuatro disparos mientras que los paraguayos habían acertado con los tres primeros.

Sin embargo Paraguay, tan sudamericano en el gusto por el drama y las emociones fuertes hizo lo que no había hecho hasta entonces y fallaron el penal. No uno sino dos seguidos. Pero la vieja Meryl Streep estaba decidida a perder a como fuera y Tah mandó la pelota a la grada como souvenir a sus seguidores. Hasta que se apareció Canale, cansado de tanta telenovela y encajó su disparo donde anidan las arañas, fuera del alcance de Neuer. A Alemania le toca hacer las maletas y a los paraguayos, pase lo que pase en lo adelante saben que podrán regresar a Asunción como los héroes que sacaron del campeonato a la chocha de Meryl Streep.

Brasil suda frío



Así, por afuerita, el resultado entre la pentacampeona Brasil y una escuadra, la de Japón que nunca ha llegado a cuartos de final parecía cantado antes de que el árbitro soplara el silbatazo inicial. Ah, pero los brasileños estaban nerviosos y con razón. Tradicionalmente Brasil ha sido la Marilyn Monroe del futbol, tremendo talento natural pero con graves problemas de personalidad. Eso explica sus derrotas en 1982, 1990, 1998 o 2006. Pero eso era antes. Ya Brasil no tiene talento que le sobre (un ejemplo: mientras Japón solo tiene en su alienación los dos porteros suplentes y un veterano que no juegan en Europa en Brasil son siete los jugadores que no se ganan la vida en las ligas más competitivas) pero conserva la misma falta de carácter de siempre.. Y si se le añade el detalle de que Japón había derrotado a Brasil 3 a 2 en su último choque amistoso luego de estar abajo 0-2 se entiende el frío que recorría el espinazo brasileño antes de iniciar el partido.

El primer tiempo fue una confirmación de los peores temores. Mientras Brasil desarrollaba un acoso lento a la portería de Brasil, quizás con la esperanza de los defensas contrarios se durmieran y aprovechar la oportunidad para anotar los hijos del sol naciente estaban atentos al menor pestañazo de los inventores de la feijoada. Y hubo pestañazos, abundantes y uno de ellos lo aprovechó Sano para avanzar y meter el balón donde el portero Allison solo pudo estirarse para salir bien en la foto pero no para alcanzar el balón. Así Japón se adelantó 1 a 0 en el minuto 28 del primer tiempo.

Brasil vino este mundial a sufrir, como viene al mundo la gente acomplejada. Se alivió un tanto a los diez minutos del segundo tiempo cuando Gabriel colgó un centro frente a la portería que pudo cabecear si estorbos el experimentado Casemiro para empatar el juego. Pero todavía necesitaba Brasil irse arriba para evitarse la angustia del tiempo extra y hasta de los penaltis y gastarse los honorarios de este mundial en psicoanalistas. Ancelloti, que estará preguntándose por qué aceptó un cargo tan ingrato movió los caracoles -es decir, le dio entrada a Endrick y a Martinelli mientras dejaba sentado a Neymar al que parece que han traído al mundial como se trae una pata de conejo, para atraer la buena suerte pero sin ninguna utilidad práctica.

Pero si la tradición y el prestigio sirven de algo fue para empujar a Brasil a no dejarse ganar por un equipo que es carne de octavos de final. Y al minuto 95, cuando ya el tiempo extra y los penaltis eran una realidad tangible funcionó la táctica del aburrimiento y un pase filtrado de Bruno Guimaraes pasó entre los pies japoneses para llegar a los de Martinelli quien remató al segundo palo. Así fue que Brasil se libró de su tercera mayor vergüenza en mundiales (la primera es el Maracanazo y la segunda el 7 a 1 que le propinó Alemania en el 2014 aunque el orden es discutible) y a sus jugadores de un abono permanente a la consulta con el psicoanalista.

sábado, 27 de junio de 2026

Predicciones

 




A unos partidos de terminar la fase de equipos y ya con más claridad en los cruces entramos en la tentación de hacer predicciones, conservadoras, cobardes predicciones. Por la cantidad de talento acumulado y la capacidad de expresarse colectivamente, Francia apunta a llevarse el título sin esforzarse demasiado. Pero si el fútbol se redujera a talento y capacidad de expresarlo y no a una compleja combinación de estrategia, perseverancia, concentración y estado anímico entre otras cosas ya le podrían haber dado la copa a Hungría en 1954, a Holanda en 1974 y 1978 y a Brasil de 1982 al 2006.

Visto lo visto aventuro a adelantar que los cuartos de final se jugarán entre Países Bajos vs Francia, España vs Estados Unidos (tengo en cuenta aquí el factor de jugar en casa, para lo que tendría que derrotar antes a Bosnia y a una Bélgica menos temible que años anteriores) Brasil vs Inglaterra y Argentina vs Colombia y las semifinales Francia vs España, e Inglaterra vs Argentina. Y una final entre Inglaterra y Francia que sería como un remake de la Guerra de los Cien años. Demasiado riesgo apostarle a ese manojo de nervios que es Inglaterra, ya sé, pero aunque preferiría que ganara, el Brasil de ahora cada vez se parece menos a aquella selección que enamoró a tantos durante tantas décadas.

No hay ningún país africano ni asiático en mi predicción, aunque no descarto para colarse entre los ocho primeros ni a Marruecos (que ya lo hizo en el mundial pasado y tendría que derrotar a Países Bajos) ni a Japón (que tendría que derrotar al desmejorado Brasil). El 19 de julio veremos cuánto me equivoqué.

jueves, 25 de junio de 2026

El regreso de los cuerpos vivientes

 


Ilusionante el debut en la copa de Ecuador contra Alemania. Ya sé que un equipo con ese mismo nombre jugó ya contra Costa de Marfil y Curazao pero teniendo en cuenta los resultados sospechamos que los jugadores originales fueron abducidos por extraterrestres y sustituidos por la AI de hace dos años, esa que todavía se notaba que era fake. Contra Alemania el aire olía a masacre. Pero ya con un pie fuera del Mundial, los jugadores ecuatorianos regresaron a sus cuerpos. Y de paso parece que se tomaron la fórmula mágica de Astérix. Porque después de estar 180 minutos sin anotar contra marfileños y holandeses con doble nacionalidad Angulo le marcó un gol a la tetracampeona a Alemania a los nueve minutos de juego. Solo que los germanos se les habían adelantado con gol de Sané al minuto 2 por mucho que los ecuatorianos habían protestado por una falta. Y sin embargo se dictaminó que el defensa de Ecuador había golpeado con la cabeza el zapato del jugador alemán.

El inicio del segundo tiempo empezó con una noticia buena y otra mala. La mala es que le pitaron un penalti en contra. La buena es que los alemanes habían cometido una falta anterior y el penal fue anulado. Pero los ecuatorianos, animados -que para algo de ahí salió alma- por los compatriotas que repletaban el estadio insistieron hasta que en un corner Plata aprovechó que Neuer, portero alemán desde que la mayoría de los espectadores tiene uso de razón, en vez de despejar el balón quiso acunar la pelota en su regazo y adelantó la punta del zapato para meter el gol que ponía en ventaja a los del medio del mundo. Era el minuto 76 lo que quiere decir que, contando el descuento, pasaron 21 minutos de angustia ecuatoriana en la que se temía que la camiseta de los tetracampeones terminaría pesando más. Pero ni Alemania es lo que era hace unos años ni Ecuador lo que fue en los dos primeros partidos del Mundial.

Da igual quien le toque a Ecuador en la próxima ronda. Ya pueden soñar ahora que el alma les ha vuelto al cuerpo.

Volver a Oslo: de Richard Gere a Rosa María Payá*


«En el mundo hay dos tipos de problemas —le decía en Oslo a un funcionario de la National Endowment for Democracy, la famosa NED, porque después de tanto cubanexplaining que uno ha tenido que sufrir hay que desquitarse con alguien—: los problemas de los que se puede culpar a Estados Unidos y de los que no. Solo los primeros son importantes».

A Thor Halvorssen Mendoza, el fundador y arquitecto de Human Right Foundation y de su evento estrella, el Oslo Freedom Forum (OFF), no parece importarle estar a la moda, al menos en cuestiones políticas. O sí, pero para llevarle la contraria. Por eso, al OFF invitan a activistas opositores y a perseguidos por regímenes consentidos tanto a la izquierda como a la derecha del espectro político. Y hasta otros que no aparecen en el mapa de la geopolítica de los pesos pesados pero que reprimen a sus ciudadanos tanto como los otros.

Este año en el OFF, lo mismo podía escucharse un discurso de perseguidos por los regímenes de Putin, Xi Jinping, los ayatolas o el chavismo de tercera generación que el de una de las tres únicas voces que disienten en el parlamento salvadoreño dominado por el aplaudido Bukele, la de Claudia Ortiz. Y la eritrea Yirgalem Fisseha vino a informarnos que en su país la poesía todavía importa, si no a los lectores, al menos al régimen que la encerró en la cárcel, la torturó y suprimió el poemario que intentaba publicar.

Pero nada de eso me sorprendió. Ya había asistido al Oslo Freedom Forum en 2025 en calidad de orador. Fui a dar cuenta de la catástrofe humanitaria en que el régimen cubano había hundido a sus ciudadanos, de su minucioso plan de vaciamiento de la isla y extracción concienzuda de sus ya escasos recursos. Sin embargo, este año regresé a un clima distinto. No me refiero al de la indecisa primavera noruega —menos fría y lluviosa que el año anterior—, sino al clima político. Luego de la extracción de Nicolás Maduro de Venezuela y la ofensiva de Trump y Netanyahu en el Medio Oriente la temperatura causada por la fricción de fuerzas en pugnas se ha elevado unos cuantos grados. Si en 2025 el OFF se anunciaba con el soñador título «Imagine», el de este año era más bien belicoso: «Dismantling Dictatorship» (desmantelando la dictadura).

Pero sin importar cual sea el clima político en el Oslo Freedom Forum, el mundo siempre anda de cabeza. A los poderosos se les ridiculiza y a los perseguidos se les da tratamiento de estrellas de Hollywood. Y cuando aparece una verdadera estrella de Hollywood, como fue este año el caso del actor Richard Gere, exhibe una modestia inimaginable en los semidioses de nuestras pantallas. Gere, budista practicante desde su juventud, fue invitado en atención a su sostenida defensa en favor de los derechos del Tibet, ocupado por el régimen chino desde 1959. Fue Gere quien, en su relajado diálogo con Halvorssen, insistió en una fórmula sorprendente, pero al mismo tiempo elemental, para resistir la opresión: humildad y humor. Justo aquello que los opresores menos tienen. Richard Gere, al ser sorprendido con el Premio Vaclav Havel a la disidencia creativa, (el mismo que el año pasado recibiera Luis Manuel Otero Alcántara) hizo uso activo del primer componente de su fórmula —la humildad— y dijo que solo podía aceptar el premio en nombre de quienes, a diferencia de él, habían tenido que sufrir represalias de todo tipo por decir lo que piensan.

En el Oslo del Freedom Forum, las voces más escuchadas son las de quienes han sido silenciados por más tiempo y de peor manera. Como la joven Lia Gazi, quien habló en nombre de los tártaros de Crimea, víctimas primero de la furia genocida de Stalin y ahora de la de Vladímir Putin contra un pueblo que nunca ha renunciado a su cultura y a su memoria. También dio testimonio Abdullah Ibhais, antiguo director de medios de la Copa de Fútbol de Qatar 2022, quien se atreviera a denunciar los abusos cometidos contra los trabajadores migrantes que construyeron los estadios donde se jugó el Mundial. Y el periodista nigeriano Steven Kefas, quien denunció las atrocidades cometidas contra los cristianos en su país ante la pasividad cómplice de su Gobierno; y Carmen Lau, activista pro derechos humanos de Hong Kong; y Salomé Zourabichvili, primera mujer presidenta de Georgia, quien ha debido enfrentar terribles presiones antidemocráticas tanto desde dentro como del exterior.


De limitarse a lo anterior, podría inferirse que el Oslo del Freedom Forum es un maratón de la denuncia, una internacional del masoquismo. Pero OFF es bastante más que eso. Los talleres que se impartieron sobre el uso de la inteligencia artificial y las criptomonedas en la lucha contra el autoritarismo y los encuentros formales e informales entre los activistas convirtieron el evento en un laboratorio de la libertad. Las amistades que surgieron en esos días darán paso a complicidades duraderas y a alianzas de todo tipo. Se llegó rápidamente a consensos como que no basta con desmantelar dictaduras sino que es necesario tener preparados los mecanismos e instituciones que las sustituyan para evitar el caos y la crisis, el camino más seguro a nuevos Gobiernos autoritarios.

Diferentes ponentes explicaron en esos días cómo los autoritarismos buscan nuevas formas de reforzar su poder en campos tan dispares como los deportes o la tecnología. Varios talleres sobre inteligencia artificial señalaron, por un lado, el crecimiento monstruoso de esta en los últimos meses y, por otro, el acortamiento de la distancia entre las compañías punteras y el resto. Así predijeron un futuro en que el más poderoso de los dictadores y el último de los activistas tendrán acceso a inteligencias artificiales de similar potencia.

OFF 2026 contó incluso con una princesa, o algo parecido, en Noor Pahlaví, hija del príncipe Reza Pahlaví y nieta del último sha de Irán. Al entrar al escenario, Noor fue recibida con aplausos frenéticos por la nutrida representación iraní en el evento. Porque el desespero iraní es tan notorio que se asemeja al cubano. De un lado, los iraníes desean mayoritariamente la invasión al país para deponer a un régimen al que ninguna de las revueltas anteriores ha conseguido derrocar. Por otra parte, están dispuestos a perdonarle a los herederos del sha los pecados de su patriarca. Los crímenes que cometiera el sha mientras estuvo en el poder fueron convertidos en peccata minuta (se habla de 3 000 a 5 000 asesinados durante el régimen del sha) por los más de 120 000 ejecutados por el régimen de los ayatolas.

Si Noor Pahlaví era aplaudida como princesa de facto, María Corina Machado fue la reina extraoficial del cónclave en Oslo. La última premio nobel de la paz, de vuelta en la ciudad que le había otorgado el galardón, sonriente y accesible, compartía con el resto de sus compatriotas venezolanos la convicción de que este año será el de la libertad para su país. «Y también de Cuba», me insistió ante mi visible escepticismo. Pero hay dos diferencias esenciales con Venezuela —insistí en los encuentros formales e informales que compartí con los invitados latinoamericanos—. Por una parte, nuestra oposición y nuestro exilio carecen de la representatividad que tiene la oposición venezolana con una elección presidencial ganada de su lado. Por otra, el ejército cubano —aunque incapaz de repeler una invasión extranjera— tiene fuerza suficiente para reprimir a su pueblo para defender su control sobre la mayor parte de la economía del país, control que perderían con un cambio de régimen. Por ese control, la cúpula militar castrista está menos dispuesta a morir que a matar.

Esta vez no hubo ningún cubano entre los oradores oficiales del Oslo Konserthus, pero la isla estuvo presente de muchas maneras. Como en la instalación de celdas a la entrada del concierto a cargo de Alian Collazo y la Cuban Freedom March que incluyó la dedicada a Luis Manuel Otero Alcántara, todavía en prisión, (otras celdas simbólicas fueron la dedicada a los hermanos Gao Zhen y Gao Qiang —el primero de los cuales está en prisión desde mayo—, la de la artista siria Azza Abo Rebieh y la del nicaragüense Pedro X. Molina). Cuba también estuvo en las estadísticas que se ofrecían sobre países con menos libertad de prensa, con mayores restricciones de todo tipo y en el nuevo atlas del Tyranny Tracker de la Human Rights Foundation.

Pero sobre todo, la isla se hizo presente en las palabras de Rosa María Payá, recién llegada del Foro DDC «Para la Cuba de mañana» con la buena nueva de los avances que se habían logrado en términos de unidad de las fuerzas democráticas del exilio. Payá, quien recordó una vez más el asesinato de su padre a manos de la dictadura cubana, denunció la desesperada situación cubana que describió con la palabra genocidio, luego de perder 3 millones de habitantes en los últimos años. Payá aclaró que tal descenso poblacional no se debe solo a la emigración masiva sino también a la crítica situación alimentaria y sanitaria del país, controlado por un régimen más preocupado en enriquecerse y perseguir la iniciativa privada que por procurarles los servicios básicos a sus ciudadanos. No estaba de más este recordatorio cuando muchos insisten —soy testigo— en que la catastrófica situación de la isla se debe a las recientes presiones del Gobierno norteamericano antes que a la rapacidad y la ineficiencia del cubano. Como si un año atrás en ese foro yo mismo no hubiera hablado de la terrible situación que atravesaba el país antes de que a Trump se le ocurriera tomar medida alguna.

El Freedom Forum de Oslo intenta no solo ofrecer un diagnóstico ante la fiebre de autoritarismos que sacude al planeta. También trata de recetar curaciones. Atrás quedó el futuro profetizado por Francis Fukuyama en que el mundo tendería natural y unánimemente hacia la democracia liberal. Contrario a la optimista idea de progreso, hoy vivimos en un planeta más autoritario que el de dos décadas atrás. Y más represivo. El ideal de convivencia armoniosa y jurídicamente igualitaria tiende a evaporarse cuando la incertidumbre y el miedo asumen la forma de esperanza autoritaria: el hombre fuerte y la ideología impecable en vez de los agotadores ajustes democráticos.

De vuelta de Oslo traigo una noticia buena y otra mala. La mala es que los malos están ganando. La buena es que los buenos no dan señales de rendirse.

*Publicado en El Toque

martes, 23 de junio de 2026

La noche de los pelados infames



Se enfrentaban en Guadalajara, Colombia equipo que ya ha ganado la competencia por los peores pelados del Mundial y República Democrática del Congo que corre el peligro de convertirse en el país de al lado (República del Congo a secas) si se descubre que no es democrático. Durante buena parte del partido este parecía una definición leninista: los de arriba (en el escalafón de la FIFA) podían pero no querían y los de abajo querían pero no podían.

No los aburriré con la descripción de un partido caracterizado por la ineficacia ofensiva. Tuvo un solo gol y este lo anotó (¿adivinan?) el del pelado más feo en todo el terreno, el colombiano David Muñoz. Con veinte minutos por jugar Luis Suárez, el mejor jugador sobre la cancha, anotó dos goles pero fueron anulados por fuera de juego o pelado incorrecto, no estoy muy seguro.

El Fénix portugués renace en Houston


A los seis minutos de iniciado el partido entre Portugal y Uzbekistán Cristiano Ronaldo, quien se había ido en blanco en su primer compromiso, finalmente se encontró con la solución a todos sus problemas, su sedante, su terapia con el psicoanalista, que no es otra que un gol producto de un centro que cazó enfrente de la portería ex soviética. Aplacada la ansiedad de goles y reconocimiento público Cristiano se encontró con el padre, freudianamente hablando y por fin el resto del equipo se pudo dedicar a lo que mejor sabe hacer, que es jugar futbol.

Tan exultante estaba Cristiano con su primer gol en Mundiales en mucho rato que hasta se sintió súbitamente generoso y aunque se paró frente al balón para cobrar un tiro libre a última hora permitió que lo hiciera un compañero, despistando por completo al portero contrario que reaccionó tardíamente al disparo del portugués. Porque resulta, como sospechábamos, pero no habíamos tenido oportunidad de confirmarlo, que Portugal contiene enormes reservas de talento que el agujero negro en que se había convertido la presencia de Cristiano en el equipo no permitía expresarse.

Liberado El Bicho de sus ataduras freudianas, encontrado el gol, ese es su lema, su religión, todo empezó a fluir. Así anotó un segundo gol con el que rompía todos los récords posibles menos el que a él le interesa porque están en manos de un argentino de cuyo nombre no se quiere acordar. Tanto fluía el juego portugués que hasta los uzbekos quisieron aportar su granito de arena con un autogol, o al menos eso fue lo que decidió la FIFA en su infinita sabiduría. Y para terminar Rafa Leao, quien acababa de entrar de cambio unos minutos antes anotó el gol que completaba la manita a los uzbekos que dirige Fabio Cannavaro.

Podría verse como el inicio de la otra mitad de la vida de Portugal en el mundial si no es porque marcado su segundo gol ya Cristiano volvía a su mala costumbre de pasarse la mitad del tiempo en fuera de juego a la espera de completar el hat trick como había hecho "ustedes saben quien" en su primer juego. Y es que las malas costumbres nunca se olvidan. Los traumas tampoco.

lunes, 22 de junio de 2026

Mbappé y Haaland: su propia guerra



Esta vez el mundial se ha sincronizado con la publicidad mejor que nunca. De un lado las llamadas “pausas de hidratación” que no le gustan ni al público ni a los jugadores pero permiten intercalar el doble de anuncios y cambian el sentido del tiempo. Si antes cada partido era una película con intermedio ahora se siente como una miniserie de Netflix de cuatro capítulos: aunque son los mismos noventa minutos dan la sensación que el tiempo pasa más rápido, como en lugares con menor fuerza gravitacional o como cuando te metes en el inodoro con el teléfono en la mano.

Pero ni siquiera las pausas de hidratación (con ese nombre que parece que se lo puso el mismo de “picadillo texturizado”) son lo más notorio. Piensen en los goles anotados por las estrellas de los anuncios. Antes goleador famoso que salía en la publicidad goleador que se iba en blanco todo el campeonato, su equipo era eliminado en la primera ronda o se partía una pierna nada más empezar el campeonato. Este año, sucede todo lo contrario. Este año los jugadores que salen en los anuncios son los que marchan al frente en goles anotados lo cual sería perfectamente normal si no fuera porque casi nunca ocurre. Es como si los dioses del fútbol la tuvieran cogida con la FIFA e hicieran lo posible por joderle el negocio.

Detesto las teorías de la conspiración así que prefiero pensar que este año por fin los dioses se han decidido a complacer a la FIFA. Eso explica que después de la primera ronda de partidos sean precisamente Messi, Haaland, Mbappé y Harry Kane los que figuren tanto al frente de los goleadores como de los carteles publicitarios. Solo falta que Bad Bunny anote un hat trick. (Cristiano Ronaldo no ha anotado todavía su primer golito pero el suyo siempre ha sido un caso especial: a pesar de sus novecientos y tantos goles no acaba de caerles bien ni a los dioses del fútbol ni a sus compañeros de equipo).

Este es el contexto en el que Mbappé y Haaland salieron al terreno hoy representando a Francia y a Noruega respectivamente. Eso y que Messi había llegado horas antes a los cinco goles en el torneo lo que ha convertido en una competencia sobre cual de las estrellas publicitaria convierte más goles. Mbappé empezó bien, anotándole un gol a Iraq, que es bastante más de lo que le ha hecho Trump a ese mismo país, si se descuentan los ayatolas muertos. Uno a cero terminó el primer tiempo, pero entonces una tormenta eléctrica obligó a interrumpir el partido. Tanto se demoró como para que cuando Francia e Iraq reanudaron su partido ya Noruega y Senegal habían comenzado el suyo.

Mientras Haaland se empeñaba en alcanzar a Mbappé (Messi ya le va quedando lejos) el francés anotó su segundo gol de la tarde y cuarto del campeonato, obsequio de la despistada defensa iraquí. Alguien diría que esos regalitos son enviados por Infantino en persona, pero no lo creo. Los dioses del fútbol han demostrado tenerle suficiente cariño a Mbappé como para que se permitan ese tipo de presentes. Haaland por su parte luego de anotar su primer gol de la noche recibió un obsequio similar al de Mbappé, el cual convirtió en su segundo gol de la noche. Tal parece que los dioses del fútbol han decidido adelantar las navidades para junio.

El partido entre Francia e Iraq terminó con 3 a 0 redondeado por Dembelé. En el de Noruega vs Senegal los africanos, que al parecer no entendían de qué se trata este campeonato no dejaban alejarse demasiado a los escandinavos respondiendo a sus goles en la medida de sus capacidades. Todavía en el minuto 92 encontraron fuerzas para acercarse 3 a 2 pero por mucho que lo intentaron terminaron derrotados, una señal de que los dioses del fútbol, o la FIFA los quieren pronto de regreso a casa.

Messi contra el mundo (o a favor)

 


Desde el hat-trick inaugural de Messi contra Argelia los partidos de Argentina se han convertido en otro deporte diferente al fútbol. Un deporte en el que en lugar de preguntarte ¿quién ganará? Te preguntas ¿cuántos goles meterá Messi? ¿hasta dónde llevará el récord de más goles en mundiales? Y todo bien parecía bien encaminado cuando apenas empezado el partido el árbitro, al parecer impaciente por acabar con la incertidumbre, señaló un penalti a favor de Argentina. Ya fuera porque le pareció demasiado fácil -o para desmentir los rumores difundidos por la prensa y el resto de los argentinos de que no es humano- Messi falló el disparo desde los once metros echándola fuera de esa portería que conoce mejor que a sus hijos.


El fallo de su máximo líder pareció contagiar al equipo argentino que se dejó quitar la iniciativa durante buena parte del primer tiempo. Hasta que Messi finalmente se aburrió y desde el borde del área chica metió la pelota con esa falta de esfuerzo que a otros, sobre todo si tienen nombre de creyentes, les puede resultar insultante. Con ese tanto Messi a dos días de cumplir 39 años se convertía en el máximo goleador de la historia de los mundiales de fútbol algo que a Pelé le fue inalcanzable, pero que para el argentino es como si cumpliera un deber.

El juego siguió sin muchas incidencias que reseñar hasta que Messi, que se moría del aburrimiento le puso un balón a Julián Álvarez que lo dejó solo frente al portero pero, como era de esperar, falló. Y es que los compañeros de equipo de Messi son correctos y trabajadores como el novio que uno quiere para su hija aunque al final ella prefiera alguien que simplemente la sepa meter. Messi no. Fue a buscar el rebote y el mismo disparó y falló pero como si estuviera representando una fábula en que a veces es la cigarra y otras la hormiga se empeñó en que la pelota entrara en la portería austriaca -sí, lo había olvidado decir, además de contra el récord y contra sí mismo hoy Messi jugaba contra Austria- hasta que a la pelota finalmente no le quedó otro remedio que obedecerlo.

Esta noche supongo que Messi dormirá como siempre, a pierna suelta, con la satisfacción del deber cumplido. En cambio Cristiano para dormir tendrá que esperar a que terminen que reponer la puerta de la habitación de su hotel a la que, no se sabe por qué, la destruyó a patadas.

domingo, 21 de junio de 2026

Cabo Verde no cree en camisetas



Luego de empatar a cero con España, campeona hace cuatro mundiales, a Cabo Verde le tocaba ripiarse con Uruguay. Uruguay fue dos veces campeón de cuando los mundiales se transmitían por radio y no te sacaban tarjeta aunque mataras a alguien en el terreno porque todavía no se habían inventado. Las tarjetas, digo, porque lo que es matar el copyright ya lo tenía Caín desde mucho antes. Y se sabe lo mucho que pesan las camisetas en un mundial, sobre todo si tienen estrellitas de campeón.

Pero ya desde el juego contra España los caboverdianos habían demostrado tener muy poco respeto por las camisetas con estrellitas, fueran frescas o añejas. Si contra España había demostrado que podían pasar 90 minutos sin recibir goles gracias a San Vizinha, su portero milagroso, luego de los tanteos de costumbre Cabo Verde metió la pelota en la portería de los fanáticos del mate. Los uruguayos debieron sentirse como aquel soldado americano atravesado por una lanza vietnamita en Apocalypsis Now. "¿Eh, pero esta gente mete goles?" debieron preguntarse los uruguayos. Esos que presumen de ser el país más pequeño que ha ganado un mundial (y hasta dos) acababan de recibir un gol de un país ocho veces más chiquito en su primera incursión en un mundial.

Los fans del mate se avivaron y aprovechando que los contrarios tenían un jugador en el piso empataron el juego con un gol de Araujo y ya que estaban en eso Canobbio los puso arriba con otro gol. Ya todo volvía a ser como ha sido siempre con las camisetas con estrellitas pasándole por encima a las camisetas novatas. Pero en la confianza está el peligro y en una salida del portero Muslera que hizo parecer la de la Caperucita Roja un dechado de prudencia un tal Hélio Varela marcó el gol del empate a puerta vacía. Lo que le siguió fue la desesperación de las camisetas uruguayas ante el peligro de quedarse fuera del mundial por culpa de una camiseta debutante pero sucede que las camisetas deben tener jugadores dentro y este año, con algunas excepciones parecían pasear vacías por el campo. Nada que ver con los Luis Suárez, Cavani y Forlán de hace unos años, para no hablar de Obdulio Vareal, el capitán del Maracanazo.

Ahora la única opción que le queda a Uruguay para seguir en el mundial al menos una ronda más será ganarle a España que acaba de despertarse con cuatro goles a Arabia Saudita. Y para eso necesitan bastante más que una camiseta.

viernes, 19 de junio de 2026

Milagro en Guadalajara

 


Luego de vencer a Sudáfrica en el partido inaugural, el equipo creado a mayor gloria de Televisa tenía un compromiso más exigente frente a la República de Corea (o Corea del Sur para los educados durante la Guerra Fría) que jugarían en Guadalajara. Los surcoreanos que ya habían demostrado su empuje al venir de abajo para derrotar a la República Checa en su primer partido no parecían especialmente intimidados por los 65 mil mexicanos que tenían delante, especialmente por los once que corrían por el terreno.

Fue así que los coreanos plantaron campamento frente a la portería contraria y le tiraron con todo lo que tenían que, independientemente del calibre, tampoco era demasiado. Lo más cerca que estuvieron de anotar fue un balón con el que un delantero coreano quiso ahorcar al portero de México. No obstante, la soga era demasiado larga y Edson Álvarez, el capitán mexicano despejó el balón de chilena cuando estaba a punto de entrar a la portería.

Pero algo decía que a pesar de todo la virgen de Guadalupe y Huitzilopochtli estaban con la escuadra mexicana. Porque apenas comenzado el segundo tiempo el portero coreano salió a descolgar un balón fácil algo más allá de su habitual radio de acción y tropezó con uno de su propio equipo. Como resultado del choque los guantes de Kim Seung-Gyu dejaron escapar la pelota que le cayó delante a Luis Romo quien casualmente pasaba por ahí y este la colocó en la portería coreana con toda la delicadeza que pudo para poner por delante al team Televisa.

Luego el partido abundó en porpoquitos de uno u otro bando, pero el marcador no se movió del 1 a 0 donde lo colocó el estrambótico pero afortunado gol de Romo. Los mexicanos celebraron la victoria que coloca a su equipo como líder definitivo de su grupo con todavía un partido por jugar como si el gol de Romo hubiera sido una chilena desde el medio del terreno. Al fin y al cabo, como dice el refrán, vale más caer en gracia que ser gracioso.

jueves, 18 de junio de 2026

Canadá- Qatar: abuso doméstico


Luego de empatar con Bosnia Herzegovina, Canadá se enfrentaba a Qatar - a su vez venía de empatar con Suiza -decidido a hacer sentir su condición de anfitrión. Lo de Canadá del primer juego de este mundial al segundo ha sido como una película de superhéroes. Contra Bosnia fue Clark Kent y contra Qatar decidió convertirse en Superman. O que en el entrenamiento para el segundo partido a todos los jugadores canadienses los picó una araña radioactiva. Entre eso y que Qatar sufrió un proceso inverso ya se cayó directamente en una situación de abuso doméstico.

Porque el abuso de Canadá en casa -en este caso Vancouver- los llevó a inventarse un juego nuevo. Se parece al fútbol pero solo uno tiene posibilidad de ganar. Al principio se juega a lo largo del terreno y de pronto el equipo visitante se hace expulsar dos jugadores -uno de ellos por romperle la pierna a un contrario- y el resto se arremolina alrededor de su portería. Así tenemos 19 jugadores en el área chica, unos tratando de meter la pelota en la única portería disponible y otros tratando de evitarlo aunque llegue un momento en que alguno de los visitantes se cansa -como fue el caso de Mohammad Al Manai y mete él mismo el gol que irá de igual forma a la cuenta del equipo contrario. Al final termina 6 a 0 a favor de los anfitriones pero, créanme, eso es solo un pálido reflejo de lo que ocurrió en el terreno.

Una carta a la izquierda española, 25 años después




Hace un cuarto de siglo le escribí una carta a la sección “Cartas al director” del diario español El País. Antes había enviado otra que no había sido publicada donde me quejaba de que dicho diario llamara a Fidel Castro “veterano líder” mientras al exilio cubano se le calificaba de “exilio radical”. De más está decir que tampoco esa carta fue publicada. Ahora me la encuentro en un viejo archivo y me sorprende por su ingenuidad. Pero todavía me sorprende más que 25 años después la gran mayoría de la izquierda española mantenga la misma actitud sobre Cuba. Como si el tiempo no pasara, o como si todo lo sucedido desde entonces no les hubiera enseñado nada.



Carta de un cubano a la izquierda española:

La razón por la que me dirijo a ustedes, progresistas españoles, es una y sencilla: el prestigio que tras 42 años de ejercicio omnímodo del poder conserva a los ojos de la mayoría de ustedes el gobierno de Fidel Castro y la Revolución Cubana, uno de sus seudónimos más recurrentes. Las señales de que ese prestigio está lejos de desaparecer la encontramos a cada paso, cada día. Si cada vez son menos los que defienden abiertamente al régimen -o lo justifican con escrúpulo variable- ahora se impone una supuesta objetividad que conviene en titular al dictador caribeño “presidente” o “líder cubano” en los abundantes artículos que se le dedican a la situación de la isla. Eso o una indiferencia cómplice que intenta justificarse en que de “eso” no vale la pena hablar. Las señales son múltiples, decía, y renovadas: la aséptica cuando no retocada información que se recibe desde las corresponsalías en La Habana; el espectáculo de un actor como Javier Bardem tratando de hacerse perdonar por haber interpretado magníficamente a una prominente víctima del castrismo; o el obstinado silencio ante cada nuevo horror proveniente de la isla. Defender a un régimen a todas luces decrépito puede no ser especialmente aplaudible, pero atacarlo al parecer denota un gusto pésimo. Pero permítanme recordarles que más allá de las reglas que rijan la etiqueta política actual hace mucho tiempo que se sabe que el silencio o la objetividad ante el crimen no es más que otro modo de colaborar con él.

Porque de eso se trata, de colaboración con un crimen que ya dura demasiado. ¿Cómo explicar la supervivencia de ese prestigio entre aquellos que se definen políticamente por tomar partido a favor del progreso, la tolerancia, la justicia social, de los menos favorecidos, los oprimidos? ¿Qué es lo que hace al pueblo cubano menos digno de su solidaridad? ¿Qué hace al castrismo menos digno de su repulsa? ¿Acaso no ha sido suficiente que la dictadura unipersonal de Castro sea ya la más extensa de la historia moderna en occidente? ¿Acaso no son suficientes los miles de ejecutados judicial o extrajudicialmente, los miles de muertos mientras intentaban de escapar, las decenas de miles de encarcelados, los más de dos millones que se han visto obligados a vivir fuera de su país o la casi totalidad de la población que queda en la isla sometida por igual a una miseria dizque digna y a la desposesión continua de la mayor parte de los derechos fuera de toda discusión en el mundo democrático? Sí, porque si en algo ha sido democrático el gobierno cubano – y aun así con algunas restricciones - es en la distribución de la miseria y la represión: no existe grupo étnico, religioso o político, sexo, clase social, edad u origen nacional que haya escapado al terror que alegremente propina el régimen con la forzada complicidad de sus propias víctimas. Ante esta evidencia repito la pregunta ¿Qué hace a los crímenes del castrismo menos repugnantes que los de Hitler, Musolini, Batista, Franco, el apartheid o Pinochet? ¿Qué hace a los cubanos inferiores ante los ojos de la solidaridad del progresismo internacional que judíos, chilenos, sudafricanos negros o españoles recibieron cuando sufrieron sus respectivos infiernos?

En lo que espero la respuesta, que me temo que nunca llegará, adelanto dos posibles razones que exceden un reduccionista encuadre ideológico. Una es la condición de víctima que con tanto acierto ha cultivado el régimen de la isla frente al “imperialismo norteamericano”. La tradicional simpatía con que obsequiamos al débil que se enfrenta al fuerte se ve reforzada por el hecho de que el fuerte en este caso es el objeto del temor y el odio de buena parte del universo. Sólo que esta vez no se trata de un partido entre el Real Madrid y el Numancia. De este modo que en el diferendo Cuba- Estados Unidos (alimentado con tanto acierto por el régimen cubano) la isla se convierte en el campo de batallas simbólico de la progresía mundial donde –ventajas de lo simbólico- nadie sale perjudicado excepto los cubanos. Así se podrán gozar las pocas ventajas del capitalismo o la globalización o recibir ayudas norteamericanas sin necesidad de sentir un peso adicional en la conciencia: defender a Castro o su seudónimo conlleva una osadía simbólica capaz de justificar cualquier otra debilidad. No sé si resulta evidente la fragilidad moral de ese argumento más allá de su conveniencia. Usar 11 millones de personas como rehenes de esa batalla simbólica contra el imperio del mal no es necesariamente ético. Reclamarle a los cubanos que resistan o a Castro que le pare los pies a los yanquis resulta un funesto y torpe ejercicio de cobardía del que espero que algún día se arrepientan.

Hablaba de dos razones. Si la primera es simbólica la segunda casi resulta filosófica. La sobrevivencia del régimen castrista al derrumbamiento del socialismo real parece justificar su validez. Parecería que su indudable capacidad de perdurar lo hiciera a su vez legítimo. La conclusión hegeliana de que todo lo real es racional se vería así sensiblemente modificada: todo lo real es legítimo. Pero esa conclusión corre el peligro de terminar legitimando hechos de incuestionable (y abominable) realidad como el holocausto nazi o un Franco octogenario decidiendo los destinos españoles hasta su último estertor. “¡No es lo mismo!” me recordarán muchos de ustedes, pero permítanme insistir que la existencia de un régimen que asesine a millones de personas no relativiza la criminalidad de otro que se conforme con asesinar unos cuantos miles. Como los 42 años de castrismo no disminuyen el horror de los 12 años de poder nazi.

Existe también una razón algo más ideológica para extender el manto protector sobre el castrismo, para que condenarlo se vea tan poco cool. Buena parte de la izquierda, atrapada entre la parálisis y la frivolidad, huérfana de nuevos argumentos, sucumbe ante la nostalgia de los tiempos en que se enfrentaban capitalismo y socialismo, el bien contra el mal en términos casi absolutos. La Cuba de Castro es vista así como un símbolo de aquella creencia en poseer verdades absolutas y de imponerlas a cualquier precio. Pero si esos absolutos se han visto rechazados en la práctica, todavía forman parte de las fantasías heroicas de muchísima gente que se considera de izquierda, progresista. Sólo que no deben olvidar que ese deseo de absoluto no es más que la sublimación de la incapacidad de lidiar con la vida diaria, con su persistente vulgaridad, esa que hace encontrar a la democracia tan ridícula. En el fondo de eso se trata. Las actitudes que adoptan como emblema concreto la complicidad estentórea o silente con un régimen como el cubano denotan la incapacidad de muchos de aceptar la democracia como lo que debe ser, un sistema de transacciones constantes de donde todos deben salir beneficiados, basados en el respeto al otro y la imposibilidad de soluciones permanentes. Se justifica la existencia del castrismo como un modelo de utopía, pero permítanme recordarles que el principal atributo de las utopías es su imposibilidad. Renunciar y condenar el castrismo como emblema utópico (entre otros emblemas afines) no será entonces sólo un ejercicio de lógica elemental (el régimen castrista existe, luego, no es utópico) sino un exorcismo de cuanto de antidemocrático y totalitario perdura en el imaginario de la izquierda actual. Y no se piense que niego la capacidad de seducción que tuvo el castrismo en sus orígenes. Nadie mejor que un cubano para entender esa seducción ante la que tantos sucumbimos al punto de permitirle al régimen de presumir del apoyo unánime de la nación. Pero también nadie como un cubano para rechazar una seducción que ya sólo responde a inercias mentales o sentimentales.

De modo que esto les pido. Cuando pronuncien la palabra Cuba, por mucho que intenten darle un sentido simbólico, casi metafísico, recuerden que ese concepto incluye las vidas (reales) de 11 millones de cubanos. Evítense el espectáculo penoso y carente de sentido de esperar a que el fin del régimen saque a la luz nuevos horrores (que a esas alturas resultarían pura redundancia) para apartarse de él asqueados. La condena del régimen por parte de ustedes cuando todavía puede resultar vigente, supondrá algo más que una solidaridad que los cubanos más temprano que tarde agradecerán. A nosotros nos hará algo más leve la dictadura o el exilio. Para ustedes supondrá un ajuste de cuentas con lo peor de la izquierda, eso que la ha hecho sumirse en un descrédito tan generalizado. Será apenas otro símbolo, pero en este caso, de sintonía con los tiempos que nos han tocado vivir, de vocación democrática y humanista que es en el fondo el mejor legado que la izquierda puede reclamar. Y si soy totalmente sincero no encuentro crítica más provechosa a la dictadura cubana que la que venga de ustedes. A la derecha, en el caso cubano, no les interesa demostrar nada. Para ellos todo siempre estuvo demasiado claro, tanto que nunca lo entendieron y ahora encima le sacan partido invirtiendo en el país que posee los trabajadores con menos derechos y, por ello, más explotables del mundo. Una crítica desde la izquierda partiría de una comprensión más cercana y profunda. Con esto creo que todos saldremos ganando. Cierto que a estas alturas optar por la condena del castrismo requiere valor, valor frente al peligro del ostracismo o el miedo al ridículo, pero justo de eso se trata, de tener valor frente a la uniformidad de la tribu. Espero que esta carta sea recibida como lo que pretende ser, un llamado a la reflexión. Suyo siempre,

un cubano

 

 

Cuando el coraje no basta (pero entretiene)



El partido Inglaterra -Croacia sonaba prometedor con sus resonancias de Primera Guerra Mundial y asesinatos de archiduques, sobre todo si te da lo mismo Serbia que Croacia, Luka Modric que Slobodan Milošević. De un lado Inglaterra, inventora del fútbol y eterna candidata a campeona que la única vez que ganó una final yo no había nacido. Del otro, Croacia, que se coló contra Francia en la final del 2018, ayer como quien dice. E ingleses y croatas cumplieron y sobrecumplieron las expectativas, como una fábrica comunista de expectativas, si las estadísticas comunistas alguna vez se hubieran correspondido con la realidad.

El partido empezó medio chungo, con un penalti pitado contra Croacia en una jugada en el área que no iba para ningún lado por una patada mal dada por el prócer Luka Modric que ya está para que le hagan un monumento, no sin antes advertirle que las estatuas no juegan fútbol. Encima Harry Kane cobró el penalti y se lo paró Dominik Livakovic (quien estuvo soberbio en el partido y aun así se fue con un saco de goles en contra: imagínense si hubiera estado flojito) pero el árbitro decidió que había que repetirlo. Imagínense: ¡pararle un penalti al delantero más en racha del momento y que te hagan repetirlo! Livakovic debió sentirse como si a Ulises luego de sacarle el ojo a Polifemo lo obligaran a reponérselo y tratar de engañarlo de nuevo.

De más está decir que Kane anotó el penalti en el segundo intento, pero apenas 25 minutos después los croatas ya habían empatado con gol rabioso de Martin Baturina. Minutos después los ingleses se adelantaron de nuevo con otro gol de Kane pero los croatas no parecieron achicarse con ello. Es que esa mezcla de jugadores jóvenes con veteranos que empezaron a patear el balón cuando todavía existía Yugoslavia no se arruga ante nadie, ni siquiera ante los inventores del fútbol.

Cuando Bellingham anotó el 3 a 1 ya parecía que los ingleses se llevaría el croata al agua pero apenas tres minutos después Petar Musa puso el marcador 3 a 2 para hacer que los balcánicos soñaran con una remontada. Sin embargo, justo entonces el juego se les puso cuesta arriba a los croatas con los ingleses más dispuestos a marcar el marcador que aquellos a achicarlo. Cuando Rashford en el 84 dejó el marcador definitivo en 4 a 2 los inventores del fútbol y eternos aspirantes parecían más aspirantes que nunca y los croatas, un monumento a glorias pasadas (lo que no les evitó sentar en el banquillo al inmortal pero añejo Modric: ¡aprendan portugueses!). Con la demostración de talento que dieron los ingleses podrían considerarse aspirantes serios a campeones siempre que les pidan a los croatas un poco de su coraje. Ese coraje que los ha hecho llegar más lejos que los ingleses en los últimos sesenta años.

miércoles, 17 de junio de 2026

El dilema Cristiano



El partido Portugal vs República Democrática del Congo (sospechen siempre de las repúblicas con apellidos, sean democrática, islámica, bolivariana o popular) tenía un aire de familia con el de España vs Cabo Verde. No solo por ser dos países ibéricos contra dos africanos. Se notaba la misma esforzada impotencia ofensiva frente a la portería contraria, el mismo favoritismo injustificado, el mismo empate con sabor a desastre. Pero al menos hubo goles que ya es algo, sobre todo para el que gastó miles de dólares por un asiento que necesita amortizar con goles, aunque sean en contra.

Portugal tenía un problema adicional: tener que jugar con un hombre menos desde el primer minuto. O un hombre de más. Hablo, por supuesto, de Cristiano Ronaldo, convertido en el típico piano de cola con comején en medio de la sala: no sirve de nada, incomoda, pero nadie se atreve a sacarlo porque insisten que luce bien. Encima el día anterior Cristiano había recibido la terrible noticia de que su rival en la grandeza universal, Messi, había debutado en el mundial con un hat-trick. A Cristiano la noticia debió caerle como a la bruja que le dijeran que Blancanieves había ganado un concurso de belleza.

En el ocaso de sus respectivas carreras Messi es como el viejito del asilo que le cae bien a todo el mundo sin hacer esfuerzo especial. Cristiano, en cambio, es el viejito pesado que se mata por destacarse sin que le hagan caso. Bueno, la verdad es que la gente y las cámaras adoran a Cristiano, con su raya al lado trazada a cincel, su abdomen de mármol y su histrionismo de actor de cine mudo. Pero a quien no parece caer bien es a sus compañeros de equipo que en todo el juego apenas le dieron bola, literal y figuradamente. Quizás por pesado, pero también porque Cristiano se pasó todo el bendito tiempo parado en fuera de juego.

Al principio nada de esto parecía importar porque João Neves anotó un gol de cabeza nada más empezar el juego. Pero cuando Yoane Wissa empató a uno con otro cabezazo al final del primer tiempo los fallos y perretas que parecían hasta graciosos empezaron a adentrar a los portugueses, jugadores y público, en el sendero de la angustia. Y lo llamativo era que mientras el entrenador de los portugueses sustituía a la mitad del equipo a medida que se le acababa el juego a Cristiano, el querubín 41 años, lo dejaron que jugara hasta el último segundo. Como si el público amenazara con pedir que le devolvieran el dinero si sentaban a su ídolo. Y da igual si el equipo aspirante al campeonato quedó empatado contra uno visiblemente inferior. Como se sabe, el cliente siempre tiene la razón. Y el cliente quiere a Cristiano, meta goles o no.

martes, 16 de junio de 2026

Mea culpa


Lo confieso. Soy de los que pensaba que Messi llegaba a su sexto mundial (y con casi 39 años) demasiado mayor. Que todavía le tocaba un papel decisivo en Argentina como talismán y líder espiritual, pero tras años de vacaciones pagas con el Inter de Miami el gran Lío no estaba para esos trotes, literalmente. Podía seguir siendo un peligro mortal en los tiros libres y los penaltis o valdría quizás sacarlo en los últimos minutos, como el gran camerunés Roger Milla en el mundial de 1990. Pero que aguantar el ritmo de un partido desde el principio era demasiado para él. Scaloni tenía otra idea y sacó a Messi a jugar desde el primer minuto junto a otros diez cuya presencia seguramente fue decisiva pero que apenas se notó. Hoy los ojos de todo el planeta no consiguieron apartarse de Messi por mucho que lo intentaran.

Y es que el rosarino avisó desde el principio con un gol que le anularon por fuera de juego. Y al rato fue el equipo de Argelia, que para algunos es una Argentina con problemas de deletreo, quien empató con Messilandia en goles anulados. Pero parece que Argelia tenía una idea de Messi similar a la mía y, en vez de colgarle un par de jenízaros que no le perdieran ni pie ni pisada lo dejaron ir a su aire, como si de un abuelito paseando por el parque se tratara. Y en una pelota que recibió el viejito vio el centro del terreno despejado, dio una carrerita de jubilado y a continuación lanzó un misil que el hijo de Zidane, quien se identifica como argelino, todavía debe estar buscando entre sus guantes.

Después de ese gol vino un segundo y hasta un tercero, todos salidos de los tacos del que unos cuantos equivocados dábamos por retirado y que él se encargó de sacarnos de su error. A nosotros y a Mbappé quien terminó su juego con un gol más en mundiales que Messi y se fue a dormir con dos goles menos y pensando que las noticias de la jubilación del argentino eran un poco exageradas.
 

¡Abajo el colonialismo! (o viva, depende cómo se mire)


Debutó Francia en el mundial si nos atenemos a la superstición de las nacionalidades. Porque son 102 los jugadores nacidos en Francia los que juegan este mundial o un 8% de todos los jugadores del torneo. O sea, Francia A (23 jugadores nacidos en Francia de 26) juega contra Francia B (solo diez nacieron en Francia, el resto en Senegal). Otros dirán que África A juega contra contra África B lo que no hace sino reforzar la idea de que las naciones son pura convención entre las oficinas de inmigración y la de naturalización gracias después que de la ambición imperial usara al planeta un cubo de Rubik. Pero si vamos a dejar el tema del género a la percepción de los interesados ¿por qué no íbamos a hacerlo con el de la nacionalidad?

Digamos que el equipo que se identificaba como senegalés salió al terreno con mejor disposición que el equipo que se identificada como francés. Y por un buen rato a los primeros pareció serles más fácil llegar a la portería contraria que a los segundos. Pero los primeros no aprovecharon las oportunidades que tuvieron lo cual es pésima idea cuando tienes delante un equipo que se identifica como francés y dentro de ellos a un jugador que se identifica como Mbappé. Porque cuando un jugador se identifica como Mbappé no importa mucho cómo le haya ido en los últimos años. Le basta entrar en modo mundial para empezar a meter goles. Esta vez fue en el segundo tiempo en que empezó a conectar con Olise hasta que en un pase de este Mbappé recordó por qué se venden tantas camisetas con su nombre.

Barcola, recién entrado por Dembelé que durante todo el partido estuvo jugando a ser el hombre invisible, anotó el segundo tanto del equipo que se identificaba como Francia en el minuto 81 a pase de Rabiot. Pero entonces los africanos que se identificaban como tales y como los Leones de Teranga decidieron que ya estaba bien. Que si les habían pagado el pasaje hasta allí no iban a quedarse cruzados de piernas e Ibrahim Mbaye anotó un gol magnífico en el minuto 94. Este tanto sirvió sobre todo para despertar a Mbappé y cuando todavía los senegaleses seguían emocionados con su primer gol del mundial marcara otro a su cuenta. Ese segundo gol pone a Mbappé con 14 tantos a dos de Klose, el máximo goleador de los mundiales, y por delante de Just Fontaine como el mayor goleador de Francia en mundiales y de Messi, a quien le toca jugar un poco más tarde.

lunes, 15 de junio de 2026

Los conquistadores ya no son lo que eran




El encuentro entre España y Cabo Verde se puede leer en clave decolonial. De un lado los herederos del fallecido imperio español y del otro colonizados por el vecino y no menos difunto imperio portugués. Se avizoraba una masacre como la que los alemanes le propinaron a Curazao el día anterior o la de los suecos contra Túnez. Pero al parecer la FIFA lanzó una advertencia sobre la necesidad de proteger a las especies en peligro de extinción y, en la primera mitad del partido, España se lo tomó con condescendencia colonial, controlando el juego, prestando el balón por no más de cinco segundos y lanzando ataques blandos, vegetarianos. Lo suficiente para convertir a Vozinha, el portero caboverdeano, en la figura del partido sin afearle las redes con un gol mal encajado. Nada que pudiera criticarles un Bartolomé de las Casas reconvertido en observador de la ONU.

El segundo tiempo fue más de lo mismo. Los de Cabo Verde muy ordenaditos en su área repeliendo los ataques mansos de los íberos y estos sin parecer enterarse que además de dominar el balón el objetivo del juego en el que estaban inmersos era meter ese implemento esférico entre los tres palos que custodiaba Vozinha. Por fin, Luis de la Fuente, adelantado de los tataranietos de conquistadores decidió activar su ataque con los añadidos tercermundistas que más penetración le dan a España en los últimos años. Pero, fuera que ni Lamine Yamal ni Nico Williams están en las mejores condiciones luego de sus respectivas lesiones, fuera que poco espacio pudieron encontrar en la madeja compuesta por peninsulares y caboverdianos frente a la portería de Vozinha el marcador quedó tan inmaculado como al inicio del partido y los comentaristas empezarán a arrepentirse por haberle concedido la condición de favoritos para ganar este mundial.

Pero también estarán los memoriosos, esos que recuerdan que precisamente en el mundial en que España se coronó campeón, el del 2010, empezaron con una derrota ante Suiza. Porque si se es favorito desde el inicio en vez de ir a recoger directamente la copa habrá que darle emoción tropezando ante el equipo que en el papel lucía como el más débil del grupo. Una bonita y franciscana manera de mezclar drama y compasión por los débiles.

domingo, 14 de junio de 2026

Masacre en Monterrey: Suecia 5, Túnez 1

 


Túnez llegó al mundial invicta en su etapa clasificatoria: nueve victorias y un empate. Suecia en cambio, para clasificar pasó más trabajo que pulga en perro chino. En su grupo clasificatorio junto a Suiza, Kosovo y Eslovenia no ganó ni un solo partido, logrando solo dos empates junto a cuatro derrotas. Solo tras ganarle a Polonia y a Ucrania en la repesca logró llegar al mundial. Pero entonces resulta que los que no la veían pasar en Europa en Monterrey se ensañan con los que en África comían leones crudos y elefantes sin masticar.

El juego empezó con un gol en el minuto seis de Yasin Ayari, hijo de tunecino al que le daba tremenda pena anotarle al equipo de su progenitor. Tanto, que al final volvió a anotar otro gol, por si acaso. En el medio hubo un tanto de Isak, delantero sueco del Liverpool y otro magnífico de cabeza de Omar Rekik con el que los tunecinos parecieron despertar. El resto fue más bien una mesa sueca de goles. Los suecos anotaban sin esforzarse demasiado incluyendo un gol de su otro delantero de lujo, Viktor Gyokeres, cuando el veterano Skhiri se dejó quitar el balón a la salida de la portería como si estuviera mirando el teléfono mientras jugaba.

Por si fuera poco, un gol anulado por fuera de juego a los suecos al revisarlo en el VAR resultó que se había producido un levísimo contacto con el zapato de un compañero de equipo que convertía una jugada perfectamente ilegal en halal. Como si los tunecinos necesitaran ayuda tecnológica para perder mejor. Y entre eso y el segundo gol del hijo del tunecino las Águilas de Cartago han quedado tan desplumadas que difícilmente levanten vuelo en el resto del campeonato. Sobre todo si comparten grupo con Países Bajos y Japón que, tras haber empatado más temprano, estarán deseosos de unas buenas croquetas de águila.

Costa de Marfil 1, Ecuador, a llorar a maternidad


El primer tiempo entre Costa de Marfil y Ecuador empezó como si les hubieran prohibido a ambos equipos pisar el mediocampo. Corrían como poseídos de una portería sin conseguir otra cosa que hacer retumbar los postes de las porterías. Dos balonazos al poste de los ecuatorianos por uno de los marfileños. Si los casi casi contaran para decidir un juego Ecuador hubiera entrado en el segundo tiempo como ganador. Y si las tarjetas amarillas valieran de algo bueno Costa de Marfil ganaba por una goleada de tres tarjetas a cero. Y si de público se trataba Ecuador ganaba de calle: excepto unos cuantos marfileños anecdóticos y Jay-Z todo Ecuador estaba ahí, incluido el presidente del país algo que le agradecerán sus conciudadanos pues así no se siente obligado a cumplir con sus deberes presidenciales.

El segundo tiempo fue una variación del primero. El juego dejó de ser algo menos vertiginoso y el mediocampo no parecía un campo minado, pero en general los tiros al poste y las visitas a ambas porterías eran frecuentes, como si hubiera algún enfermo en la familia o alguien llegado del extranjero con regalos para todo el mundo.

Sin embargo, algo había cambiado. Los de Costa de Marfil -con su equipo temible que cuenta con dos Fofanas y un Singo- parecían llegar a la puerta contraria con bastante más facilidad que los ecuatorianos. Los postes seguían siendo bombardeados con increíble mala suerte hasta que pasó lo que temía el 99.9% del estadio. Amad Diallo Traore, ingresado en el minuto 55, consiguió la meta que parecía imposible de colar la pelota entre los tres palos a punto de acabarse el tiempo reglamentario.

Entonces vino la desesperación ecuatoriana, con todo el mundo tratando de cabecear un corner, incluido el presidente del país. Pero como reza el sabio proverbio futbolístico: “no dejes para el minuto 95 lo que pudiste hacer en todos los anteriores”.,