viernes, 28 de agosto de 2015

Raza, lengua, nación

Cuenta Fernando Figueredo Socarrás, uno de los principales cronistas de la Guerra de los Diez Años, sobre los días en que se discutía el Pacto del Zanjón y Maceo con su tropa era de los pocos que todavía combatía:
"Le ordené se quedara á mi lado mientras los exploradores García y Gutiérrez marchaban á reconocer las estancias de Solís. Les advertí se aproximaran cuanto pudieran, y que no permitieran que nadie los viera: que trataran de ver la gente, y si eran blancos no esperaran más detalles y vinieran á incorporárseme, pues era la fuerza [española] de Holguín ojeando la montaña y recogiendo las familias; y. si por el contrario, eran negros, se aproximaran hasta oírlos hablar y si hablaban en francés, entrasen sin desconfianza, que era la tropa de Maceo. ¡A tal extremo habíamos llegado en aquel paréntesis de la Revolución, que el patriotismo se medía por el color de la piel!
Este fragmento es revelador por muchas razones y no es la menor de ellas la obvia y amplia presencia haitiana entre la tropa de Maceo al punto que el que hablaran en francés fuera su seña de identidad. Y todo es más curioso porque dicha presencia haitiana apenas es mencionada por la historiografía oficial siempre tan interesada en internacionalizar el relato fundacional independentista cuando se trata de reforzar las relaciones con algún país o grupo étnico. Si se trata de puertorriqueños siempre se saca al general Juan Rius Rivera, si de alguna brigada solidaria norteamericana se echaba mano a Henry Reeve. Si los chinos deciden enviar arroz o autobuses pues entonces aparecen mambises chinos por todas partes. El general más polifacético ha resultado ser Carlos Roloff que lo mismo servía en su momento como estandarte de los comités de amistad Cuba-Polonia que más recientemente como comodín entre el gobierno y la Comunidad Hebrea de Cuba. Y sin embargo pese a los apellidos franceses de unos cuantos oficiales del ejército libertador de ascendencia haitiana como Crombet, Lacret o Ivonnet aquellos soldados que con su lengua dominaban la comunicación en el campamento del más aguerrido de los generales cubanos hoy parecen invisibles para la historiografía cubana.
La otra reflexión a la que invita este fragmento es de naturaleza más abstracta. Esa exclamación final de Figueredo es hija del desconcierto del que hasta ese momento ha tenido muy clara -o muy difusa- su idea de la identidad nacional cuando de pronto esta se presenta en otro color y otra lengua. El hijo de rico hacendado blanco, alzado contra España desde 1868 tras casi una década de guerra descubre en sus propias instrucciones que el núcleo más irreductible del patriotismo ha mudado de color de piel y de lengua. O peor: que de pronto su color de piel y su lengua es la del enemigo. ¡Cuánta sorpresa real hay en esos signos de exclamación! ¡Qué lección a los que creen tener una idea demasiado clara de lo que es la patria la de esos días en los que todo lo que quedaba de la patria era un campamento de negros que hablaban francés!      

lunes, 24 de agosto de 2015

Comunismo y nación (notas sobre una polémica II y final)

"Lo finito confunde siempre lo estable con lo infinito" dice Brodsky en su ensayo "Altera ego" sobre la actitud de los poetas hacia sus amores terrenales y algo similar se puede decir de la relación entre los oprimidos y sus opresores más estables. “Cada pueblo tiene el gobierno que se merece” es el extracto de sabiduría con el que se intenta explicar (y cancelar) la persistencia de un régimen haciendo énfasis tanto en el carácter de un pueblo determinado como el merecimiento del régimen en cuestión. Y no parece importar que en el caso del comunismo, como señalara Brodsky, este floreciera “con igual intensidad en latitudes y culturas extremadamente distintas”. Tanto las diferentes circunstancias en que se ha impuesto el comunismo como la similitud de resultados que consigue en sociedades totalmente extrañas entre sí bastaría para anular el argumento esencialista pero entonces entra a jugar esa necesidad sociológica y hasta psíquica que encarna el verbo “merecer”. Porque, puestos a considerar las causas de la instauración y persistencia de un sistema tan adaptable no es difícil dar con culpas nacionales para las cuales el comunismo suponga un merecido castigo. Sucede, a niveles sociales, lo mismo que según Brodsky le ocurre a los individuos frente al poder:
"¿no abrigamos todos un cierto sentimiento de culpa, sin relación alguna con el poder, desde luego, pero claramente perceptible? Por ello, cuando el brazo del poder nos alcanza, en cierto modo lo consideramos un justo castigo, un instrumento contundente, y a la vez esperado, de la Providencia. […] Uno puede estar del todo convencido de que el poder se equivoca, pero pocas veces está uno seguro de su propia virtud"
Esta aceptación de la culpa propia, individual y colectiva, en lugar de generar un saludable análisis autocrítico a menudo no ha hecho más que acentuar la profunda impotencia que de por sí engendran los regímenes totalitarios y estimular el improductivo ejercicio del autodesprecio y el masoquismo. Los tiranos correspondientes -a diferencia de aquellos déspotas tradicionales por la gracia de Dios o de alguna psicopatía- quedarían reducidos apenas a la condición de administradores de dicho castigo. De ahí que intelectuales como Havel insistan en ver el comunismo como imposición y así mantener separados esos entes elusivos pero simbólicamente poderosos como son el Mal y el alma del pueblo: modo elemental pero efectivo no sólo de sacudirse la impotencia que engendra la opresión sino también de exorcizarla mediante el viejo recurso de convertirla en aberración antinatural para (nótese la paradoja) el espíritu humano.  
La razón por la cual ni Havel ni Brodsky conseguían ponerse de acuerdo en este punto rebasa la cuestión nacional. Y es que para encontrarse con un régimen que engendrara en sus oprimidos tanta impotencia y abyección, un grado tan alto de descomposición de lo que nos regodeamos en llamar “el espíritu humano”, habría que acudir a la esclavitud en cuyo caso la imposición nunca podrá acusársela de ser un mito. Porque para entender al comunismo y regímenes similares hay que asumir al mismo tiempo que dichas impotencia y abyección vienen precedidas, si no acompañadas durante largos trechos, por cantidades similares de esperanza, entusiasmo y fervor. Cuando Brodsky propone a Havel renunciar al concepto del comunismo y pensarlo simplemente como una variante más del Mal humano parecer contradecirse y desconocer la especificidad de un mal que él mismo ha adscrito a dimensiones y circunstancias relativamente nuevas en la historia de la humanidad. Y lo distingue cuando habla de él como el “primer grito de la sociedad de masas”, “proveniente del futuro del mundo”. Ni el comunismo ni cualquier otra forma de totalitarismo inventaron el Mal pero lo han organizado a un nivel desconocido hasta el momento. Y si sospecho que no puede tratarse del viejo Mal del cual prevenían los libros sagrados es porque en la sociedad de masas Dios no tiene mucho que hacer ni como adversario ni como frontera del mal.
En el proceso de laicización del mundo por el que ha atravesado la humanidad durante más de dos siglos la muerte de Dios o al menos la expulsión de Dios de los asuntos humanos ha dado a la humanidad, además de la posibilidad de substituir a Dios como encarnación de lo Absoluto –y la ilusión de ser la máxima responsable de su destino- la obligación de internalizar el Mal absoluto. 
Para los asuntos humanos, al menos en Occidente, no sólo ha muerto Dios sino también el Diablo y con ellos la cómoda distinción que trazaban y la relativa irresponsabilidad que la humanidad podía permitirse. En este sentido Havel tiene toda la razón al singularizar al comunismo como variante novedosa y distintiva del Mal. Según el intelectual checo el
"comunismo estuvo lejos de ser simplemente la dictadura de un grupo sobre otro. Fue un sistema genuinamente totalitario. Esto es, que penetraba cada aspecto de la vida y deformaba todo lo que tocaba, incluidos todos los modos naturales de desarrollar la vida en conjunto. Este afectaba profundamente todas las formas de conducta humana. Por años, una estructura específica de valores fue deliberadamente creada en la conciencia de la sociedad. Era una estructura perversa que iba contra todas las tendencias naturales de la vida pero las sociedades sin embargo la internalizaron o más bien fueron compelidas a internalizarlas"
Más adelante Havel dice en su discurso que otro de los efectos del comunismo era su tendencia intrínseca a “convertir todo en lo mismo”, a uniformizar la vida de los pueblos en los cuales se instaló, con independencia de cuán distintas fueran sus culturas y su pasado histórico. Junto a una descripción de los efectos del comunismo que Brodsky difícilmente objetaría –la ubicuidad de su influencia y su tendencia a uniformizar las sociedades al nivel más basto y elemental- el checo insiste en definirlo como aberración antinatural y como imposición. De ahí que Brodsky persevere en la necesidad de crear un “orden social menos sustentado en la autocomplacencia” que significa partir de “la premisa, aún prestigiosa, de la bondad humana”. De ahí que le pareciera un facilismo y, en el caso de Havel, una irresponsabilidad, apelar a la bondad humana tanto para conducir la evolución poscomunista de su país como para apelar a la comprensión de Occidente.
Pasados veinte años de aquella disputa dialéctica los dos escritores, sentados en alguna esquina de la gloria, podrían repartirse honores en este juego profético. Al checo le darán la razón las diferencias, al menos a mediano plazo, que marcan el destino postcomunista de sus respectivos países. Ya sea debido al mito –intensamente representado- del comunismo como imposición, y el de la bondad original del pueblo checo, o gracias a sus diferencias culturales, la república Checa presenta una evolución democrática muy distinta de las pataletas autocráticas y neoimperialistas rusas. A Brodsky en cambio deberá reconocérsele que tenía la razón en el debate en un sentido más amplio y duradero: reducir el Mal manifestado en ciertas partes del planeta a la palabra comunismo, o incluso totalitarismo, (términos que por estos tiempos ya resultan demasiado ridículos o pintorescos) disimula su perversa universalidad.   
"Quizá ha llegado la hora –para nosotros y para el mundo en general, democrático o no- de suprimir el término comunismo dela realidad humana de Europa del Este, a fin de que uno pueda reconocer esa realidad como lo que fue y lo que es: un espejo"

Un espejo dirá Brodsky del “potencial negativo del ser humano”, de lo que puede llegar a ser cualquier sociedad cuando se entrega –preferiblemente en situaciones de crisis- a una idea que pase a ocupar el sitio donde antes se ubicaba a Dios. Y lo que ha demostrado el tiempo transcurrido desde aquella polémica es que el Mal moderno de la sociedad de masas siempre tendrá posibilidades de triunfar  mientras invoque objetivos lo suficientemente atractivos como para deponer nuestro espíritu crítico, nuestra capacidad de equilibrar ilusión y cordura. Los conceptos que se invoquen siempre serán bellos -o al menos razonablemente atractivos- como la libertad, la igualdad, la justicia social pero también la tolerancia, la seguridad, el equilibrio ecológico, la salud pública, la protección de los niños, los valores familiares, los estéticos, el peso corporal adecuado o el confort físico o mental. La manera inequívoca de detectar sus ambiciones totalitarias será menos el objetivo en el que concentren sus esfuerzos que su promesa de resolverlo –y presten atención, pues esta es la frase que delata su falacia y su descaro- “de una vez y por todas”. Y es difícil imaginar la nación o sociedad que desde ahora se encuentre a salvo de la tentación de lo absoluto.  

domingo, 23 de agosto de 2015

Comunismo y nación (notas sobre un debate I)

Por vacuo y oportunista que parezca intervenir en una polémica de hace más de veinte años cuyos dos protagonistas están entregados al más definitivo de los silencios (a excepción, claro, de lo que han dejado escrito o de algún manuscrito perdido que pueda aparecer) creo que vale la pena asomarse al intercambio epistolar que sostuvieron el escritor Joseph Brodsky y el dramaturgo-presidente Vaclav Havel en 1994. Este se produjo tras la publicación en la revista de New York Review of Books de un discurso pronunciado por el checo bajo el título de “La pesadilla postcomunista” y a la que Brodsky replicó con una carta en la misma revista y Havel cerró con una breve y amistosa respuesta.
En apariencia lo que le recrimina el escritor ruso al checo es el no ser lo suficientemente sutil al describir tanto el comunismo como el postcomunismo. Lo acusa en fin, con todo el cariño y la suavidad –y la malicia- de que era capaz Brodsky cuando algo le incomodaba mucho, de que al escribir su discurso Havel se comportara más como político que como escritor. Es por eso que al comenzar la carta le recuerda que “tenemos algo en común: ambos somos escritores. En este tipo de trabajo uno mide sus palabras con más cuidado que en otros antes de entregarlas al papel o, dado el caso, al micrófono”. Brodsky alaba la cortesía del presidente checo (“su célebre cortesía” dice) pero luego le sugiere que “quizá la verdadera cortesía, señor Presidente, consista en no crear falsas ilusiones”.
Si se quiere determinar la probable razón del texto de Brodsky, su rabia fundacional digamos, no es demasiado difícil encontrarla pues se trata ni más ni menos que de patriotismo herido. Las puyas nacionalistas atraviesan el texto de Brodsky desde el principio cuando al comparar los retorcidos resortes pedagógicos puestos en juego en sus respectivas prisiones sugiere que 
“la desesperanza de un hoyo de cemento, colmado de la peste de orines en las entrañas de Rusia lo hace uno cobrar conciencia de la arbitrariedad de la existencia más rápidamente de lo que vislumbré alguna vez como un aislamiento penal limpio y cubierto de estuco en la Praga civilizada”. 
No poco le debe de haber molestado al ruso que el checo insistiera en que, a diferencia “de algunos otros países de la región”, la república Checa “el más occidental de los países postcomunistas” disfrutaba de “tradiciones democráticas previas y de un clima intelectual único”. Aunque claro, lo que está en juego no es solo el prestigio nacional sino la autoridad desde la que Brodsky habla a Occidente en las páginas de sus principales revistas intelectuales sobre comunismo y postcomunismo frente a los discursos del presidente checo. Sin embargo, cuando ruso ve en la descripción que del comunismo hace el checo un retrato robot del imperio soviético no es únicamente el prestigio de Rusia o el suyo como su interlocutor ante Occidente lo que ve en peligro. Brodsky advierte que la conveniencia política del reducir el comunismo a un asunto “oriental” cerraba la posibilidad de entenderlo en toda su complejidad y su peligro:
“Es conveniente tratar estos asuntos como un error, como una horrenda aberración política, quizá impuesta a los seres humanos desde algún lugar anónimo. Es aún más conveniente si ese lugar tiene un nombre geográfico exacto o que suene extranjero, cuya ortografía oculte su naturaleza absolutamente”
Pero siendo Brodsky uno de los intelectuales más serios y agudos del pasado medio siglo le preocupaba que el sufrimiento causado por uno de los sistemas más devastadores que ha conocido la historia de la humanidad terminara en mero malentendido cultural. Que tanto sufrimiento no sirviera siquiera para sacar las lecciones apropiadas como asunto humano y universal en lugar de cierto atavismo oriental y tercermundista. Es por ello le recuerda al presidente checo que el origen teórico del comunismo no se encuentra en el Oriente sino en el corazón de Occidente (¿o es que existe algo más Occidental que los escritos redactados por un judío alemán en la British Library?) y que, por tanto, desde ese punto de vista los rusos pueden reclamarlo como una imposición
Cierto, nuestros ‘ismo’ particular no fue concebido a orillas del Volga o del Moldava y el hecho de que floreciera allí no indica la fertilidad excepcional de nuestra tierra pues floreció con igual intensidad en latitudes y culturas extremadamente distintas. Este hecho no sugiere tanto una imposición como el origen orgánico –por no decir universal- de nuestro ismo.
Para Brodsky queda claro que “orientalizar” el comunismo, insistir en su otredad, racializarlo incluso es privar a la humanidad –y a Occidente democrático en concreto que tantas veces se atribuye la representación de toda la humanidad- de una de las lecciones más importantes de los últimos dos siglos de historia universal, lección que entraña la necesidad de reconocer que 
“la catástrofe que ocurrió en nuestra parte del mundo fue el primer grito de la sociedad de masas: un grito, por decirlo así, proveniente del futuro del mundo, y reconocerlo no como un ismo sino como un abismo que se abre de repente en el corazón humano para tragarse la honestidad, la compasión, la cortesía, la justicia”.
[Continuará]

miércoles, 19 de agosto de 2015

Ni muslo, ni pechuga ni patria...

Uno de los regalos de mi viaje a Europa Central fue "Sobresalto al vacío" de Maria Elena Blanco, libro que abrí, como si estuviera esperando, por esta página con un poema chino-cubano-neoyorquino.


viernes, 14 de agosto de 2015

El que no salte es...

La cubana no será la primera dictadura con la que los Estados Unidos tengan relaciones pero los cubanos son los únicos súbditos de los que se espera que salten de alegría por ello.


En la inauguración de la embajada norteamericana en Cuba no faltó un representante de la Internacional Daltónica:

Símbolos y prioridades

Ya sé que invitar a la disidencia a la apertura de la embajada norteamericana en Cuba es apenas un gesto simbólico, simbolismo que el gobierno norteamericano ha preferido evitar. No obstante, si pensamos que todo lo que puede hacer dicho gobierno por la disidencia se reduce a puro simbolismo y si los símbolos son ya lo único que se interpone entre la porra de los policías y las cabezas de los disidentes la ausencia de los disidentes en la apertura de la embajada es de por sí una invitación. Una invitación a los policías a que continúen su trabajo con renovados bríos.

Y sin embargo el secretario de estado, John Kerry, insiste en que que 'los derechos humanos estarán en lo más alto' de su agenda en la relación con La Habana"


El chiste debe perminar así: "estarán en lo más alto para cuando los dejemos caer sufran menos"

domingo, 19 de julio de 2015

La poesía y la razón

Rafael Rojas en “La Razón” de México escribe un artículo de opinión, de la opinión apresurada y con pocos matices común a la mayor parte de la prensa, para hacer notar cómo, siguiendo un viejo modus operandi, el régimen cubano hace de la violencia contra los propios cubanos parte del mecanismo (de freno) en la negociación con los norteamericanos.
Así como la oposición subordina su activismo al boicot de la normalización diplomática, el gobierno cubano reprime para afirmar su soberanía en medio de las negociaciones con su enemigo histórico. La represión no es sólo una rama de la política doméstica cubana, amparada por la ley, sino un instrumento de política exterior, que permite al régimen poner frenos al acercamiento a Estados Unidos y a la exposición de la isla a los organismos internacionales de derechos humanos.
O sea, la política exterior cubana contada a los niños o a ese niño que es cualquiera respecto a los asuntos que no le incumben directamente en seis breves párrafos. Peligroso que alguien como Rojas considere “boicot de la normalización diplomática” y subordinación a “la línea política de los congresistas cubano-americanos y de una parte de la derecha republicana” el mero ejercicio de sus derechos como oposición y como simples ciudadanos. Porque –podría argumentarse sin dificultad- tal parecería que algo tan elemental como los derechos humanos y civiles quedara reducido en el caso cubano a ser parte de la agenda más conservadora de la política norteamericana. Los derechos -cubanos- como pura cuestión reaccionaria.

Sin embargo Néstor Díaz de Villegas le responde en un artículo (Rafael Rojas contra la oposición) el doble de extenso no al argumento principal de Rojas sino a lo que parecería en el artículo del académico simple reconocimiento de verdades universalmente aceptadas. El artículo de NDDV es tramposo -como todo lo de él- en el mejor sentido. Rojas no "esgrime" el argumento de que " que algunos de sus líderes dependen financiera y políticamente de organizaciones del exilio". Simplemente acepta ese caballo de batalla de la propaganda castrista (que a veces coincide con la realidad) ya sea por la pereza que nos ataca a todos a cada rato cuando se trata de discutir las complejidades de la política cubana ante un público desinteresado o vagamente hostil o para apuntalar su posición de juez imparcial. NDDV se agarra de esto para lanzar una de sus afirmaciones más contundentes. La de que "la oposición es la mayoría absoluta en Cuba. Minoritario es, y ha sido siempre, el número de personas dispuesto a enfrentar la violencia y tomar acción".

Hay que reconocer que la afirmación de NDDV tiene mucho de poética, de hiperbólica puesto que si bien uno puede imaginarse que es mayoritaria la idea de que aquel sistema "no sirve", "no funciona", (tanto que hasta así lo han reconocido en su momento los hermanos Castro) los resortes totalitarios que han existido en Cuba durante más de medio siglo impiden a esa mayoría cubana tener conciencia de sí misma y con ello a generar algo a lo que se le pueda llamar una opinión más o menos consciente de rechazo mayoritario al estado de cosas reinante. Lo más cerca que se acerca entre los cubanos a un rechazo mayoritario del castrismo son sus planes migratorios. Pero si la mayoría cubana vota con los pies en sus planes de darse a la fuga al mismo tiempo está dispuesta a renunciar a casi cualquier derecho con tal de poder volver de visita a la isla al año y un día. O para conseguir alguna ventaja en esta feria de venta de esperanzas al por mayor en que se ha convertido la llamada "normalización". La oposición en su conjunto, (en su sentido más amplio, desde Tania Bruguera, Yoani Sánchez y Estado de Sats hasta las Damas de Blanco y la UNPACU), con independencia de quien los financie, está tratando de hacer valer esos derechos postergados por las negociaciones y no este o aquel interés de los congresistas cubano- americanos en particular o republicanos en general. Solo en ese sentido -que no es poco- en estos días pueden considerarse representantes de la mayoría.

Hay un punto en el que la visión de Díaz de Villegas sobre las relaciones bilaterales y sobre el funcionamiento de ambos gobiernos a estas alturas del partido adquiere una perspectiva mucho más vasta que la que ofrece Rojas, más concentrado en explicar la vieja dinámica con que el régimen cubano sule enfrentar este tipo de negociaciones. Es cuando NDDV afirma que
“Lo que se combina, más bien, en el actual “cruce de posicionamientos públicos sobre democracia y derechos humanos” (sic), es la tendencia cada vez más pronunciada de la administración Obama a legislar por decreto, a dirigir la política exterior desde la prensa, en conversaciones secretas y pactos unilaterales, sin consultar al Congreso, unida a la experiencia de un régimen unipartidista con potestad de decidir por la totalidad de sus ciudadanos. Ahí está el cruce.Es en esa coyuntura donde empalman la fantasía de la administración demócrata y la disponibilidad raulista. Se esperó 56 años por la aparición de un Presidente que hubiera leído a Frantz Fanon y “nos entendiera”, y los Castros tenían todo el tiempo del mundo. Finalmente, la Providencia los premió. Ahora sabemos que el castrismo fue una ruleta, de ahí la sensación de haber ganado en grande, de que se trata de la “obstrucción” convertida en victoria”

Más que este encuentro y alianza circunstancial entre la ingenuidad liberal norteamericana y la escamada astucia de una dictadura tercermundista con retórica de izquierdas lo que nos deja ver este breve cruce de opiniones entre Rojas y Díaz de Villegas es la indefensión de un académico con vocación pública frente a los argumentos irresponsables y brillantes del poeta con vocación no menos política. Mientras uno avanza paso a paso evitando la hipérbole –aunque no la imprecisión a que lo obliga, supongo, el formato apurado y ligero de la prensa- el poeta se puede dar el lujo de exagerar, de no responder por afirmaciones indemostrables, todo con tal de ofrecernos ráfagas de lucidez donde la laboriosa timidez académica casi nunca llega. Si no pelea limpio el académico con la escueta y maltrecha oposición política cubana bastante más sucio juega el poeta con el académico. Por afilada que esté poco podrá la razón contra esa cuchilla suiza que apunta a todas partes que es la poesía. 

viernes, 17 de julio de 2015

Aire frío en Nueva York

Definitivamente vale la pena ver "Aire frío", una de las piezas más importantes de la dramaturgia de Virgilio Piñera presentado por el Repertorio Español de Nueva York: tanto por con el esmerado e inteligente montaje de Leyma Lopez como por una Zulema Clares excepcional en su papel de Luz Marina. Dedicar una noche a adentrarse en los vericuetos de la familia Romaguera y convencernos de eso, de que todos somos Romaguera, que el genio de Virgilio sigue intacto.

Las actuaciones son bastante disparejas, el decorado escueto (aunque funcional) pero la puesta en escena recuerda por qué los griegos se reunían con tanto fervor hace dos milenios y pico a ver a actores dándole vida a textos ajenos. Allí, apenas sin darnos cuenta nos sumergimos en la experiencia catárquica de ver a una familia que es todas a la vez de reconocer y experimentar al unísono demonios comunes y cotidianos: el padre aferrado a su (falsa y risible) autoridad, la madre a su papel de víctima, el hermano que vive del aire, el hermano que te lo cobra y la hermana justa e infeliz que consigue que todo (en la vida y en la obra) funcione.

Preparando a mi hijo para lo que iba a ver en escena le puse esta adaptación de 1999 para la televisión cubana. Les confieso que aquellos primeros minutos me resultaron tan falsos y deprimentes como para reconsiderar la visita al teatro aquella noche. Si ese era el resultado contando con un elenco que incluía a Isabel Santos, Verónica Lynn, Raúl Pomares y Fernando Echavarría qué esperar de actores (cubanos pero también dominicanos, españoles, venezolanos) que ni siquiera comparten un acento común que le dé cierta credibilidad a una trama cubana.

Pero al fin y al cabo se consigue el milagro no solo por la fuerza de la actuación de la protagonista sino porque esta y la directora entendieron algo muy elemental de “Aire frío” que vale también para toda la obra de Piñera o para buena parte de la realidad cubana. Y ese es algo es el tono con que se mira e interpreta una tragedia a la que siempre le falta algo incluso para ser una tragedia con pleno derecho. En este caso el motivo central es la falta de un ventilador, que más allá de toda la simbología existencial que se le pueda exprimir ilustra soberbiamente la concepción de Piñera sobre la “Nada por defecto”, la tragedia que se construye sobre una ausencia ridícula en apariencia pero devastadora en su rutinaria y desesperante insistencia.

Lo único que puede salvar a una tragedia así del más profundo ridículo es el tono. El tono de una tragedia que no se toma así misma demasiado en serio para hacerse comprensible a un nivel más sutil, ese que entienda la risa no como alegría hueca sino como una especie de estoicismo. Porque lo más trágico de esta tragedia –valgan aquí todas las redundancias- es justamente su dificultad para ser tomada totalmente en serio, para ser comprensible. Eso parecen entenderlo perfectamente Leyma Lopez y Zulema Clares para convertir esas noches de “Aire frío” en el Repertorio Español en un acto de purificación mediante la inmersión profunda en lo más denso y esencial de nuestra socialidad con la ayuda del espíritu de ese muerto oscuro (y a la larga claro) que fue Virgilio Piñera.      

miércoles, 8 de julio de 2015

Normal, natural pero un poquito acelerao

Me encanta esto de la "normalización" cubana, sobre todo cuando la explica el New York Times:
"Such short-term detentions occur regularly in Cuba, where officials typically hold dissidents for a few hours or sometimes days.
The dissident group Ladies in White, which conducts a legally permitted march in Havana each Sunday on behalf of political prisoners, reported that police picked up 110 people before and after last Sunday's event"
¡Ojo con esos adverbios! "Regularmente", "típicamente". Ellos nos explican por qué NYT no reporta sobre estos abusos como sobre la intensa vida nocturna habanera: porque se trata de una simple tradición y no de las más atractivas por otro lado. 
Pero sobre todo atentos a este otro adverbio: "legalmente". No contentos con la vieja coletilla de "ilegal pero tolerada" que usan otros medios de prensa para referirse a la oposición cubana el NYT se atreve a declararlas "legales". Así que ya saben Damas de Blanco: que Dios las ampare y que el cardenal y el NYT las proteja.

domingo, 5 de julio de 2015

Carlos Ruiz de la Tejera


Entró a mi oficina en el cementerio de La Habana no como si ya me conociera de antes sino como si fuera mi jefe de toda la vida y, no sabiendo cómo encargarme una misión desagradable y difícil, estuviera engrasándome el camino hacia ella con una verborrea apabullante. Era Carlos Ruiz de la Tejera el actor al que había visto tantísimas veces en la televisión declamando sus monólogos a quien veía por primera vez en persona y había algo de sobrecogedor en ese espectáculo. Ya me habían dicho que un monólogo que yo había escrito para un homenaje al escritor Héctor Zumbado e interpretado magistralmente por Osvaldo Doimeadios lo estaba representando Carlos en su peña en el Museo Napoleónico y en cuanto sitio apareciera. No era el único. Por esos días me llegaban noticias de que actores como Luis Alberto García y Tony Cortés y otros actores menos conocidos también habían incluido la “Plegaria a San Zumbado” en sus respectivos repertorios pero Carlos fue el único que se había asomado a conversar con el autor para pedir algo así como un permiso póstumo. Aunque eso es mucho decir porque Carlos no dejaba hablar a nadie. Recuerdo que ese día en la oficina del cementerio me sentí como Mafalda cuando su amiga Susanita rompía a hablar y el globo que contenía sus palabras la aplastaba contra los bordes del cuadro de la tira cómica. Recuerdo también lo que pensé en ese momento: encerrarlo a él y a Fidel Castro en una habitación armados únicamente sus verborragias a ver quién se imponía a quién, quién salía vivo de un encuentro que se prometía épico.

De aquella visita saqué en claro únicamente un par de cosas: a) que el actor me estaba muy agradecido por el monólogo que yo no había tenido oportunidad de cederle; b) que le gustaría interpretar otros textos míos. A ello añadió una amable invitación a su peña donde representaría mi monólogo. La colaboración entre nosotros no llegó muy lejos. Yo estaba en mi fase “métase el gato por el culo” donde cualquier colaboración con un artista oficialmente reconocido me parecía sospechosa así que le mandé textos menos disimulados todavía que el de “San Zumbado”, más irrepresentables, sospechando que Carlos no se iba a atrever con ellos. Y en efecto, cuando tuvo que darme su opinión sobre esos textos fue la única vez que vi contenerse su torrente verbal, cuando incluso creo recordar que llegó al tartamudeo y explicarme que ese no era el tipo de textos que estaba acostumbrado a representar. 

Meses más tarde me llamó para darme una buena noticia: acababa de grabar “San Zumbado” en un programa especial dedicado a él en la tele y me dijo la fecha en que salía. Por supuesto que yo, llegada la fecha del programa, tenía en alerta roja a toda la familia para que vieran al gran Carlos Ruiz de la Tejera representando un texto mío. Esa noche sin embargo tuve que asistir al espectáculo de ver al actor representar uno tras otros monólogos nuevos y viejos sin que apareciera por ningún sitio el que yo había escrito.

Esa misma noche, entre las llamadas de mis tías abuelas o mis padres preguntando qué había pasado recibí la del propio actor pidiéndome disculpas porque luego de haber grabado el programa alguien había decidido que mi monólogo no debía salir al aire y confirmándome de paso algo que debía saber desde hacía rato: que mis textos no tenían espacio en la televisión cubana. Tampoco es que fuera muy traumático porque ya hacía algunos meses que había decidido irme del país e incidentes así no servían más que para confirmar mi decisión. Esa fue la última vez que tuve noticias directas de Carlos Ruiz de la Tejera. Llevaba tres años viviendo fuera de Cuba cuando recibí, dedicado de su puño y letra (“Para Enrique  con agradecimiento”) un CD con sus monólogos que incluía –esta vez sí- su interpretación de mi texto. (Si me preguntan mi opinión respondería sin dudas que de las representaciones de “San Zumbado” prefiero la de Doimeadios, más sobria y punzante. Esa colaboración con Carlos Ruiz de la Tejera que cuando lo veía de niño interpretar los famosos monólogos de Héctor Zumbado me hubiera parecido impensable ahora no hacía más que subrayar la distancia que separaba a nuestras generaciones en cuanto a la manera de concebir el humor).

Ahora que ha muerto me toca devolverle el gesto. Menos por nuestra accidentada colaboración que por lo que, como parte de generaciones de cubanos que disfrutaron sus radiantes apariciones en todos los medios posibles le debemos:  en la televisión, en el teatro con el Conjunto Nacional de Espectáculos o en solitario, en su primera y breve colaboración cinematográfica como joven soldado en “Las doce sillas” o en aquella de mucho más peso como cronista de la familia Orozco en “Los sobrevivientes” con su memorable “La historia de los Orozco la escriben los Orozco”. Eso y muchísimo más debemos agradecerle porque aquellos años oscurísimos para el humor y la sátira en los que criticar la calidad de las croquetas proporcionadas por las cafeterías estatales era el atrevimiento más inaudito alguien se atreviera a prestarle su panorámica boca para reproducir los filosos(ficos) monólogos de Zumbado. 
Gracias Carlos.         

miércoles, 24 de junio de 2015

Cadenas calientes

No sé ustedes pero yo hasta que salí de Cuba en 1995 no solo no tuve nunca una videocassetera sino que ni siquiera ninguno de mis amigos cercanos llegó a tenerla. Y no es que pretenda dármelas de pobre con dos padres profesionales y viviendo en un barrio que equivalía a la clase media de aquel socialismo tropical pero tener semejante aparato te incluía automáticamente en un grupo tan privilegiado como el de conductores de Ferraris acá afuera. No intento convertir esa carencia en tragedia aunque solo fuera porque favorecía las visitas a las cinematecas, el faranduleo desbordado y otras prácticas sociales que le permitían a uno abrirse al mundo. Además, recuerdo cuando hacia 1982, 1983 empezamos a descubrir algún que otro compañero de estudios –de la Lenin, a donde iba a parar parte de los vástagos de la élite capitalina- poseía un preciado ejemplar de Betamax no había otra cosa que ver que un catálogo bastante reducido y predecible: alguna de las entregas de “Viernes 13”, de “Rambo” o cualquier otra cosa que uno dificilmente vería con entusiasmo de no estar de por medio la novedad tecnológica del cine a escala reducida. Aunque sin llegar a la intimidad de la televisión porque de aquellas sesiones primigenias no recuerdo ninguna en la que no participaran menos de ocho personas. Indefectiblemente a los habitantes de la casa en cuestión se añadían miembros de la familia extendida, vecinos de confianza, amigos de la familia. No es extraño que ante esa complicidad forzada y básicamente falsa uno terminara prefiriendo el anonimato del cine, su piadosa oscuridad.

El conflicto surgía al caerte en las manos alguna película que sí querías ver pero no encontrabas dónde. Y cuando lo encontrabas solía ser en una casa en la que te sentías tan cómodo como un negro en un bar de rednecks: niños preguntando a gritos que a qué hora les iban a poner los muñes, señoras preguntándose en un silencio no menos escandaloso que a qué hora te pensabas ir. O simplemente se iba la electricidad y asumiendo que era apenas un apagón momentáneo –y sabiendo lo difícil que sería otra videocassetera disponible antes de la fecha en que debías devolver la película- decidías a esperar a que volviera la corriente. (No sé, pero vivo bajo la impresión que dos de cada tres veces que intentaba ver de favor una película prestada se iba la luz, como si algún sádico de la Empresa Eléctrica nada más verme caminar por el barrio con un cassette de video bajo el brazo ya empezaba a planear no sé qué oscura venganza).

Pero nada de eso era trágico. La tragedia sobrevino cuando un amigo se apareció con la que prometía ser la primera película porno que veríamos en la vida. “Cadenas calientes” creo que se llamaba y tanto por el título como por la carátula podíamos intuir el resto: mujeres en una prisión de atrezzo que estallaban en una orgía de culos y tetas bastante más reales en combinación con algún afortunado carcelero. El problema, como siempre, era dónde verla. Descartada la videocassetera de la novia del otro amigo que se había sumado a la empresa o la de mi vecino de Tropas Especiales por razones obvias recorrimos el barrio de una punta “pellejo” en mano desesperados ante la certeza de que esa tarde no conseguiríamos perder nuestra virginidad audiovisual. Las teclas de esta computadora son impotentes para describir la angustia con que fuimos asumiendo la certeza de que aquellas “Cadenas calientes” no estaban destinadas a encender nuestra imaginación adolescente. Angustia que sospecho repetida en los adolescentes contemporáneos en la isla ante el hecho de que el “paquete” –esa version medieval de internet que se han inventado unos avispados por allá- no contiene pornografía.

domingo, 21 de junio de 2015

Agradecimiento

A todos los que me felicitan porque mi país anda en el tránsito de pasar de ser una dictadura comunista antiamericana a ser una dictadura capitalista en buenas relaciones con los norteamericanos no sé cómo agradecérselo, la verdad.

De alguna manera me recuerda el cuento de aquel que quería cambiarse el nombre porque no le gustaba: de Marcos Pinga a José Pinga.

martes, 16 de junio de 2015

Memorias de la casa de los muertos (con permiso de Dostoievsky)

Como muchos amigos míos saben trabajé durante varios años (1990-1991 y 1993-1995) en el cementerio Cristóbal Colón como –dizque- historiador. Uno de los datos que pude averiguar preguntándole a la persona encargada de registrar los entierros es que si en 1990 el promedio de entierros rondaba entre los cuarenta a cincuenta diarios hacia 1993-1994 –en el momento más duro del llamado “Período Especial”- se elevaron a unos 80 a 100 diarios. O sea, se estaban produciendo el doble de las muertes que ocurrían en tiempos "normales", un indicio de lo que debía estar pasando en todos los cementerios del país. A falta de cifras oficiales eso me dio una idea del impacto a niveles de mortalidad que tenía la crisis en la población cubana, un impacto que la propaganda oficial silenció por todos los medios.
Allí también me enteré cuánto podía adulterarse un certificado de defunción cuando con el caso del general Arnaldo Ochoa, fusilado tras un publicitado juicio por contrabando de drogas, aparecía en la boleta de defunción como muerto por “anemia aguda”.
Ahora entrevistan a quien fue diácono durante 17 años del mismo cementerio y coincide en muchos puntos con la información que yo tenía.
 "En aquellos años 90 las muertes fueron creciendo. Inicialmente no pasaban de 40 diarias, hacia 1995 cada día eran más cortejos que el anterior, en enero siguiente, recuerdo mucho frío, alcanzamos 80 fallecidos en un día, fue un récord", relata.
"Lo sobrecogedor fueron las causas. En primer lugar, accidentes, el alcoholismo, ancianos que pudieron vivir más y, muy significativo: suicidios. Eran 4 o 5 eventos diarios de personas que lamentablemente decidieron quitarse la vida", señala el diácono.[…] No obstante, "debes considerar la inexplicable adulteración de los certificados de defunción", advierte el diácono. "Es imposible calcular estadísticas exactas, pero de seguro los suicidios reales son el doble de lo oficialmente declarado", considera.
"Te cuento: una muchacha se lanza a la calle desde el piso 12 de su edificio, la conducen aún viva al hospital, allí muere horas después totalmente desangrada. Los médicos determinaron 'muerte por anemia'. Un hombre espera el paso de un 'camello', luego aparece como 'accidente de tránsito, atropellado por un vehículo'", detalla. 

martes, 9 de junio de 2015

Socialismo digital

"Tenemos que construir un socialismo digital" dice Abel Prieto. Como si el problema del otro es que era analógico. Por otra parte se ha revelado un plan para conectar el país a internet empezando por las instancia del Partido Comunista (2018) y terminando por las casas (2030). Es como para pensar: si el socialismo analógico nunca terminaron de construirlo imagínense ustedes el digital...
Mientras eso llega se impone una actualización de consignas a tono con la nueva era digital. Al para pasar de consignas como “Cuba, primer territorio libre en América (de internet)” a:

-Socialismo (digital) o muerte

-Pa lo que sea internet, pa lo que sea

-Señores viruses, arrogantes y prepotentes, no les tenemos absolutamente ningún miedo

"Nuestro paquete está censurado pero es nuestro paquete"
José Martí

-El que no salte es analógico


-Esta computadora, este disco duro, esta contraseña los defenderemos al precio que sea necesario

miércoles, 3 de junio de 2015

Cura

La gangrena le estaba devorando la pierna izquierda pero desde que le pusieron un yeso en el brazo derecho la gente está muy entusiasmada con su pronta curación.
("Y claro -me explica un amigo- es que los yesos se han vuelto a poner de moda. Las gangrenas no.")

domingo, 31 de mayo de 2015

La Bienal de la prestidigitación

El País trae artículo de Mauricio Vicent, uno de los mas veteranos y persistentes vendedores de los cambios en Cuba que se las arregló para escribir sobre la Bienal (y los supuestos cambios que anuncia) sin mencionar el nombre de Tania Bruguera. Solo así puede llegar a decir:


"más allá de calidades artísticas [la Bienal] pasará a la historia como la Bienal del diálogo y del reencuentro"

Una crónica que podría llevar por subtítulo "De cómo un corresponsal quiso convertirse en profeta".

Y es que el corresponsal de El País expresa la línea oficial con mayor claridad hasta que los propios editorialistas del Granma. Si Holland Cotter escribió sobre lo que vio (y así menciona varias veces a Tania Bruguera y dice que en la Bienal todos hablan de politica pero nadie se atreve a pasar de ciertos limites) Vincent escribe sobre lo que (el régimen) quiere que veamos y lo que no. La Bienal "del deshielo", la "del diálogo y del reencuentro" nos dice mientras El Sexto sigue preso y Tania acosada. Frente a esa componenda es que se puede apreciar mejor el gesto heroico de esos dos. Esta, como posiblemente ninguna otra, es una Bienal instrumentada como espectáculo politico. De ahí que hasta Vicent reconozca que poco importan las "calidades artísticas" frente al show que quiere vender una apariencia de apertura y reconciliación.

sábado, 30 de mayo de 2015

Cuba era una flor (haiku gringo)

Comentario de un gringo que resume la idea zen que tienen muchos norteamericanos sobre Cuba (léase "país fósil tras más de medio siglo de castrismo"), más exactamente esos que comparten un sofisticado racismo progre:

"Like a flower that is picked, if we all go there, it won't be there anymore"

Retiradas II

Retirar a Cuba de la lista de países promotores del terrorismo es como retirar a los cigarrillos de la lista de los productos promotores del cáncer: no los hace más saludables pero permite consumirlos sin cargos de conciencia.

Retiradas I

Retiran a Cuba de la lista de países promotores del terrorismo: falta todavía que la retiren de las listas de países promotores del servilismo, el fanatismo, el comunismo, el fascismo, el balserismo y la miseria entusiasta.

jueves, 14 de mayo de 2015

En defensa de la esclavitud

Total si...
-A los esclavos no les importa seguir siendo esclavos.

-Todo esclavo tiene el dueño que se merece.

-Míralos ahí, toda la vida de esclavos y no se rebelan.

-La culpa de la esclavitud la tienen todos los esclavos que se escaparon en lugar de luchar para liberarse.


-Pero si en el mejor de los casos los esclavos están esperando que otro los vaya a liberar.


-A ver, por qué a alguien tiene que preocuparle que haya esclavos por ahí. Cada cual tiene su propia agenda y sus propios intereses que defender.


-Si tú me dijeras Espartaco o los del quilombo Los Palmares. Pero estos no, a estos les gusta ser esclavos.


-Si mira lo alegres que se ven. A esa gente no les hace falta nada más.

-Si tú te pones a ver la esclavitud ha sido un modo de preservar su cultura y evitar que se contamine con influencias ajenas.

-
¿Cuál es el problema con ser esclavo? ¿A ver, tú crees que la libertad exista en algún sitio?