miércoles, 20 de mayo de 2020

El Directorio Revolucionario o cómo se pierde el juicio de la Historia


Muy poco se repara en que el discurso más famoso de cuantos pronunciara Fidel Castro en 1959, el del 8 de enero, palomas al hombro, estuviera enfilado principalmente contra el Directorio Revolucionario. Que la arenga conocida popularmente por el estribillo con que machacó a la muchedumbre “¿Armas para qué?” estaba destinada a desarmar simbólica y literalmente al Directorio Revolucionario. Aunque no llame al Directorio por su nombre, reduciéndolo a condición de “grupo”. Y a los reclamos del Directorio de ser tenido en cuenta en el diseño de la revolución triunfante los rebaja a mera ambición: “¿Puede algún grupo, por el hecho de que no le hayan dado tres o cuatro ministerios, ensangrentar este país, y perturbar la paz?” se preguntó retóricamente Fidel Castro. El efecto que tuvo el discurso en la percepción pública del Directorio fue tan demoledor que en unos días se vio obligado a entregar sus armas “para quedar como una simple organización política al lado del nuevo proceso de cambios desde una posición secundaria” al decir de Waldo Fernández Cuenca.

Debe hacerse notar que, además de para desarmar a la organización rival, en aquel discurso Fidel Castro sentó las bases del relato oficial al decir que “el Movimiento 26 de Julio era la organización absolutamente mayoritaria, ¿es o no es verdad?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  Y, ¿cómo terminó la lucha?  Lo voy a decir:  el Ejército Rebelde, que es el nombre de nuestro ejército, del que se inició en la Sierra Maestra, al caerse la tiranía tenía tomado todo Oriente, todo Camagüey, parte de Las Villas, todo Matanzas, La Cabaña, Columbia, la Jefatura de la Policía y Pinar del Río (APLAUSOS)”

Si se lee con atención el fragmento anterior no se trata solo de marginar al Directorio sino incluso de anular la importancia del aparato clandestino urbano del propio Movimiento 26 de julio en favor del Ejército Rebelde, sobre el cual ejercía un control más estricto y directo. No había por qué asumir la defensa incondicional de Fidel Castro del Movimiento 26 de Julio frente a otras organizaciones. La incondicionalidad, nunca fue su fuerte. Su política, a partir de su llegada al poder, se basó en un continuo reajuste en el equilibrio de fuerzas entre las organizaciones en las que se apoyaba, reajustes que buscaban sacar el mayor partido de las fricciones que se producían entre las partes en pugna. Nunca dudó en darle la espalda al M-26-7 cada vez que veía en ello una oportunidad de reforzar su poder. Así ocurrió cuando apoyó la candidatura del comandante del Directorio Rolando Cubelas en las elecciones por la presidencia de la FEU frente al indómito Pedro Luis Boitel, candidato entonces del M-26-7. O cuando apoyó a los líderes sindicales comunistas frente a los prestigiosos sindicalistas del M-26-7 en las elecciones por la jefatura de la CTC.

En aquellos primeros años los miembros del Directorio vieron desplazada su importancia política y simbólica no solo por el triunfante M-26-7 sino también por el PSP que tan poco había hecho en el derrocamiento de la dictadura y al que se le podía recordar su apoyo a Batista en la década del 40. Verse desplazados por los que consideraba poco menos que burócratas de la revolución debió ser duro para su orgullo forjado en la acción. En el retrato de conjunto de la Revolución Cubana el Movimiento 26 de julio, representado por sus guerrillas rurales tenían la primacía de la acción, el PSP la ideológica y el Directorio quedaba desplazado a una condición de escenográfica. Si acaso el Directorio quedó como Polonia el tratado de Postdam cuando debió ceder territorios del este a la URSS para recibir a cambio la Silesia de la derrotada Alemania: a cambio de ceder en todo lo demás al Directorio le dejaban el monopolio simbólico del ataque a Palacio y le permitían convertir póstumamente a todos sus mártires -incluso los que militaban en la Organización Auténtica- en miembros del Directorio. Eso y la ubicación de sus miembros en importantes cargos en el gobierno o el ejército.

Se pensaría que al anunciar el carácter socialista de la revolución en abril de 1961 los comunistas del PSP se convertirían en favoritos de Castro. Sospecha confirmada con la creación en julio de ese mismo año las Organizaciones Revolucionarias Integradas llamadas a unir las fuerzas del M-26-7, el PSP y el DR y la amplia representación de los comunistas en su secretariado. Y sin embargo a menos de un año de la creación de las ORI, en marzo del siguiente año Fidel Castro aprovecharía una torpe censura de la invocación a Dios que había hecho José Antonio Echeverría en su testamento político para defenestrar al líder comunista Aníbal Escalante bajo la acusación de “sectarismo” y disolver las ORI. Lo que muchos verían un acto de justicia y una advertencia contra los extremismos políticos sería el modus operandi de Fidel Castro durante toda su vida política: fomentar la competencia y las fricciones entre las diferentes fuerzas que sustentaban su poder, desentenderse de ellas un rato para luego reaparecer como el árbitro que le devolvía el equilibrio a una situación que se había salido de cauce. Por un tiempo la parte aparentemente ganadora en la discordia asumía que le serían restituidos sus poderes confiscados para luego comprender que el máximo beneficiario de la situación había sido el supuesto árbitro.

No obstante, pese a la aparente corrección de los abusos del PSP con la denuncia del “sectarismo miserable” de los dirigentes comunistas el Directorio volvió a quedar relegado como fuerza dirigente. Tras la disolución de las ORI y la creación del  Partido Unido de la Revolución Socialista en marzo de 1962 su secretariado de seis integrantes no incluía a ningún miembro del Directorio y sí al secretario general del PSP, Blas Roca. Y de los 23 miembros de la Dirección Nacional del PURSC 13 provenían del Movimiento 26 de Julio, 10 del PSP y solo dos del Directorio.


Con  el juicio seguido en marzo de 1964 a Marcos Rodríguez, supuesto delator de cuatro dirigentes del DR masacrados en abril de 1957, el Directorio creyó ver una oportunidad de recuperar algo del terreno perdido. Unos meses antes había estallado un intenso debate entre el zar de la cinematografía cubana y Blas Roca, secretario general del PSP sobre qué tipo de películas debían ver los cubanos y en esa ocasión el Arbitro en Jefe falló en contra de Blas Roca y a favor de la posición menos ortodoxa sostenida por Alfredo Guevara. Este hecho quizás hizo pensar a los miembros del Directorio que el PSP andaba de capa caída en la estima del árbitro y que era momento de actuar.

En el juicio a “Marquitos” los miembros del Directorio insistieron, de modo discreto pero diáfano, por una parte en la militancia comunista del acusado y por otro en que las motivaciones que lo llevaron a la delación no eran personales sino políticas. Y tal como presentaron los hechos debía concluirse que el hecho de que Marcos Rodríguez no fuera juzgado antes se debió a la presión de los jerarcas del PSP implicando que estos aprobaban o incluso instigaron la delación que se le imputaba al acusado. Faure Chomón, líder del disuelto Directorio y a la sazón ministro de Transporte, subrayó que Marcos Rodríguez debía ser juzgado, además de por la ley vigente “por el tribunal de la Historia”. La razón por la que apelaba a tan alto tribunal era porque veía en el acusado “un fruto amargo del sectarismo” en alusión al período en el que “se situaron los viejos militantes del PSP en todos los puestos claves de la Revolución”. Chomón terminaba su declaración con este reclamo: “juzguemos a Marcos Rodríguez que en él también vamos a juzgar, a sepultar el sectarismo”.



Si a los antiguos miembros del Directorio les hacía ilusión el veredicto de la Historia la intervención de Fidel Castro como máximo representante de dicha instancia anuló tales pretensiones. Primero al advertir que era innecesario determinar si el acusado “era o no miembro del Partido Socialista” pues “si nosotros le damos importancia a eso es porque somos sectarios”. En el interrogatorio al acusado el interés de Castro estuvo centrado en establecer que Marcos había actuado por cuenta propia y que sus motivaciones al delatar a los líderes del Directorio eran estrictamente personales. Pero más importante aún en su deposición fue enunciar la razón por la que los antiguos miembros del Directorio debían renunciar a implicar al PSP en la delación de “Marquitos”. Tal argumento quedaba resumido en la frase “hemos hecho una revolución más grande que nosotros mismos” que traducido al lenguaje político significaba que vería en cualquier ataque contra el PSP una traición a la causa y por tanto al principal representante del tribunal de la Historia en la isla: esto es, él mismo. El argumento era una invitación al silencio y eso hicieron desde entonces: silencio.

Hasta allí llegó el penúltimo intento serio del Directorio de mejorar su posición en el escalafón de la Revolución Cubana. El último fue hace apenas una década, ante la publicación de una vieja carta del Árbitro en Jefe, tildando al Directorio de “grupito” ambicioso, soberbio y presumido. Alguna compensación recibieron, espiritual y en especie.  

3 comentarios:

  1. Efectivamente, mientras más se revuelve la mierda, más apesta, aunque haya que revolverla--y la mierda castrista es mucho más voluminosa y asquerosa que la que había en los establos de Augías, que solamente un Hércules pudo limpiar. Sobra decir que no hay ningún Hércules cubano a la vista (suponiendo que uno fuera posible, lo cual no es precisamente seguro).

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  2. A veces me parece inverosímil que un sujeto como Fidel Castro pudiera llegar tan lejos. Me cuesta trabajo procesar que los cubanos fueran tan infantiloides, por decirlo de forma piadosa, aunque además fueron cosas peores, y bastante. Es como si se tratara de un país de tarados, de retrasados mentales, de gente penosa y fatalmente escasa y manipulable. Pero repito, fue peor. El bastardo barbudo, supongo, tiene que haberse asombrado, al menos al principio, de lo fácil que le fue hacer y lograr prácticamente todo lo que le vino en ganas. Santocielo, el bochorno.

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  3. He leído con detenimiento sus dos últimos posts sobre el DR, porque son muy buenos, además de necesarios dada la tergiversación que el castrismo ha hecho de la historia de Cuba. La FEU, y posteriormente el DR mantuvieron en alza la lucha contra el batistato en Cuba, desde el golpe de Estado hasta el 57 con el auge de las guerrillas en la Sierra Maestra. La calle era de la FEU, y los líderes urbanos indiscutibles eran de la FEU, el DR, la OA y el M-26-7 que dicho sea de paso, no era la Sierra. La personalidad de Fidel Castro no permitía competencia y fue capaz de ningunear a todo el que no se plegara a su mando, que en ocasiones, como durante la primera mitad del 58 hasta el 9 de abril, fue un mando muy discutible. No pierda usted el impulso que hacen falta estos recuentos. Ana J. Faya

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