lunes, 8 de mayo de 2017

Hugh Thomas (1931-2017)

Cada vez que me preguntan qué libro resume mejor la historia cubana no se me ocurre otra respuesta que Cuba or the Pursuit of Freedom. Y no es que lo considerara un dechado de perfecciones: además de la discutible elección de comenzar por la toma de La Habana por tropas inglesas en 1762, contiene una notable cantidad de errores de fechas y de nombres y alguna que otra ligereza en sus análisis. No obstante, la destreza para reunir y conectar toda la información existente hasta el momento en que compuso su relato, la insobornable agudeza con que iba desarmando viejos y nuevos mitos de la historiografía nacional y la gracia con que expuso sus hallazgos lo dejan todavía sin competencia a la hora de orientar a un lector novicio entre los vericuetos del pasado cubano. Leerlo con apuro y clandestinaje en la Cuba monologante de mi juventud fue un verdadero privilegio por el que le estaré siempre agradecido. Sobre todo ahora que se ha despedido tras 85 años de vida fecunda en la que (entre muchas cosas) hizo por Cuba algo que ningún cubano ha conseguido: darnos un pasado inteligible, legible, creíble.


Capítulo “Black Cuba” 

2 comentarios:

  1. un tipo bien inteligente

    ResponderEliminar
  2. Todo eso de la apropiación cultural es muy confuso. Si me hago unas trenzas a lo afro me acusan de apropiarme de lo que no es mío. Si pinto un cuadro con motivos nor-polares me acusan de robar. Pero si escribo la Historia de un país en el que nunca he vivido me llaman hispanista.

    Todas las ideologías descansan en un grupo de contradicciones esenciales que, por desnudantes, son innombrables. El liberalismo imperial de la izquierda occidental no es una excepción. La inmensa mayoría de los "historiadores" occidentales que se han dedicado a Cuba son ejemplos vivos de esa ideología. Hablan de un país sin nombrar la apropiación cultural que practican al hacerlo. Hablan de ese país para reforzar unas creencias ideológicas que creen ver vivas y sanas en él.

    Si algo hay que agradecerle a Thomas es que nunca fue uno de esos “historiadores”.

    Eso, y los datos que pudo obtener gracias a su condición de extranjero en un país (Cuba) en el que, desde el año 1959, sus ciudadanos son habitantes de segunda categoría.

    En cuanto a las interpretaciones de los datos obtenidos, las de Thomas, como las de casi todos los occidentales que creen "entender" a Cuba, dejan mucho que desear.

    Creo que sus herederos o albaceas le harían un gran favor a la memoria de Thomas poniendo todos los datos que este pudo obtener a disposición de los cubanos. Donde quiera que estén y de una forma accesible (online). Solo así esos datos podrán ser, algún día, debidamente interpretados... por los cubanos.

    ResponderEliminar