Túnez llegó al mundial invicta en su etapa clasificatoria: nueve victorias y un empate. Suecia en cambio, para clasificar pasó más trabajo que pulga en perro chino. En su grupo clasificatorio junto a Suiza, Kosovo y Eslovenia no ganó ni un solo partido, logrando solo dos empates junto a cuatro derrotas. Solo tras ganarle a Polonia y a Ucrania en la repesca logró llegar al mundial. Pero entonces resulta que los que no la veían pasar en Europa en Monterrey se ensañan con los que en África comían leones crudos y elefantes sin masticar.
El juego empezó
con un gol en el minuto seis de Yasin Ayari, hijo de tunecino al que le daba
tremenda pena anotarle al equipo de su progenitor. Tanto, que al final volvió a
anotar otro gol, por si acaso. En el medio hubo un tanto de Isak, delantero sueco
del Liverpool y otro magnífico de cabeza de Omar Rekik con el que los
tunecinos parecieron despertar. El resto fue más bien una mesa sueca de
goles. Los suecos anotaban sin esforzarse demasiado incluyendo un gol de su
otro delantero de lujo, Viktor Gyokeres, cuando el veterano Skhiri se dejó
quitar el balón a la salida de la portería como si estuviera mirando el
teléfono mientras jugaba.
Por si fuera
poco, un gol anulado por fuera de juego a los suecos al revisarlo en el VAR
resultó que se había producido un levísimo contacto con el zapato de un
compañero de equipo que convertía una jugada perfectamente ilegal en halal.
Como si los tunecinos necesitaran ayuda tecnológica para perder mejor. Y entre
eso y el segundo gol del hijo del tunecino las Águilas de Cartago han
quedado tan desplumadas que difícilmente levanten vuelo en el resto del
campeonato. Sobre todo si comparten grupo con Países Bajos y Japón que, tras
haber empatado más temprano, estarán deseosos de unas buenas croquetas de
águila.
No hay comentarios:
Publicar un comentario