lunes, 16 de junio de 2014

Estados Unidos 2, Ghana 1


Haber metido un gol a solo treinta segundos de comenzar el partido fue para Estados Unidos como si alguien pretendiera pedirle el teléfono a una chica y, antes de que termine el día, terminar casado con ella. En lugar de disfrutar de la emoción del romance pasarse el resto del tiempo defendiéndose del gesto inicial. “Es que no pensé en lo que estaba haciendo”. “Era muy joven cuando te conocí”. “Si hoy cociné no voy a fregar”. Y así. El caso que esas defensas aunque puedan parecer efectivas al principio terminan por fallar sobre todo si el rival (o la pareja, da igual: no caigamos en esos detalles) se caracteriza por su nivel de insistencia.

Cuando Ghana, agresiva como guapo en carnavales pero a la larga igual de inconsistente, anotó el empate parecía que ese sería el marcador definitivo, como si nos olvidáramos que Ghana con todos sus brujos y calderos se estaba enfrentado nada menos que a los inventores de la comedia romántica. Sí, esa que diez minutos antes del final de cada película, cuando el idilio va de lo mejor, ella descubre que él le había dicho una mentirijilla y entonces rompen y ponen cara de angustia cuando suena la música favorita del otro para al final descubrir que no pueden vivir el uno sin el otro. Y corren por la calle para encontrarse en el aeropuerto mientras todos los pasajeros colaboran activamente en el final feliz.

Bueno, cambien el aeropuerto por la portería contraria y a los pasajeros por la defensa ghanesa y ya tendrán el final de este partido con todos los jugadores americanos abrazándose y saltando en cámara lenta hasta el próximo capítulo donde la coprotagonista será Portugal. Véanla: el fútbol que han jugado hasta ahora es una mierda pero el derroche emocional parece estar garantizado.

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