martes, 8 de enero de 2013

Brooklyn Nights


El bolero, rey de noches y vitrolas habaneras de mediados del siglo pasado ha tenido muy poco nuevo que enseñar desde entonces. Su más prometedor intento de subversión, de renovación, el feeling (o filin) fue un género trunco, con muchas más posibilidades –las que le ofrecían las asociaciones del bolero con géneros de la música afronorteamericana, empezando por el blues- de las que consiguió plasmar. Poco ha ocurrido en las últimas décadas en términos de renovación de dichos géneros y por ello se agradecen especialmente grabaciones como “Brooklyn Nights” del cubano Roberto Poveda que les rinde homenaje por la vía más difícil, la de la re-creación, la de empujarlos bastante más allá de lo que la inercia les permite alcanzar.

Poveda aborda el filin como si lo acabase de descubrir o más bien como si todavía estuviese en plena destilación. Con inteligencia y sensibilidad pero sin demasiadas reverencias lo mete en una coctelera con músicas, afines por su genealogía pero no por la costumbre de verlas juntas. Invita a una fiesta a primos que no se ven con frecuencia menos a que se conozcan que a que disfruten juntos sus afinidades. Filin con funk en “Días”, bolero con ska en “Mulatto”, bossa nova con flamenco en “Pakete”, bolero, rumba y rock en “Sombras de ti”. Más que experimentos –palabra temible cuando encubre tanta chapucería con pretensiones- son hallazgos que emparentan este disco -sin repetirlo- con el magnífico “Sé feliz” en el que Fernado Álvarez con las últimas hilachas de su vieja voz cantó los neoboleros de Descemer Bueno. El final de un disco como “Brooklyn Nights”, lleno de sorpresas, no es menos sorpresivo: el “Hallelujah” de Leonard Cohen cantado con la misma discreta vehemencia que la de su creador. Y algo de todo eso tiene “Brooklyn Nights”, de celebración de la creación en su más natural goce.

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