viernes, 25 de noviembre de 2022

El gol más caro del mundo


Qatar, la Norcorea de los ricos, venía de ser derrotada por Ecuador, el Brasil de los pobres. Qatar se había gastado 200 mil millones de dólares en un mundial y ya estaba en peligro de ver eliminada a su selección. Es como organizar un banquete regio y aparte de probar los aperitivos lo único que te permitan sea pagar la cuenta. ¡Tantas cosas que compraron los qataríes para este mundial y se les pasó comprar un poco de suerte! O al menos podían comprarse un par de árbitros. ¿No se habían comprado la FIFA completa? Pero cuando el partido con Senegal iba empatado a cero en el primer tiempo y un defensa senegalés atropelló a Afif, el delantero qatarí, el árbitro no decretó penal. Si luego la policía qatarí no le mete ni una multa de tráfico al árbitro tendré que repensarme lo de la Norcorea de los ricos.

Cuando por fin se abrió el marcador fue gracias a la defensa qatarí que le regaló la oportunidad de anotar a Boulaye Dia, gesto que el senegalés aprovechó sin pensárselo siquiera una vez. Luego, en un tiro de esquina, Senegal se anotó el segundo tanto, esta vez de un cabezazo soberbio. Ya en el segundo tiempo Senegal andaba relajado y Qatar insistía, pero sin suerte. A veces el que tapaba los disparos era Mendy, el portero, pero a veces era otro delantero qatarí el que se interponía entre el disparo y la portería. Pero tanto va el cántaro a la fuente hasta que anota un gol. El recién llegado Muntari cabeceó un centro magnífico a la red y por fin pudimos descubrir el color de las dentaduras qataríes: blanco, como el del resto de la humanidad.

Ya los locales podían soñar al menos con un empate y luego seguir soñando con ganar y hasta con pasar a la siguiente ronda del festín que tanto les ha costado y probar al menos el primer plato. El sueño les duró cinco minutos. El tiempo que a Senegal le tomó en anotar el tercer gol del partido. Entonces las dentaduras de los qataríes volvieron a recogerse y el clima espiritual a parecerse al sofocante clima literal de Qatar mientras los locales sacaban cuentas de cuánto les habrá costado el único gol que han marcado en el campeonato. ¿Han escuchado la expresión “vender cara la derrota”? Pues Qatar no es que las venda caras, sino que las compra. Carísimas.

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