sábado, 2 de mayo de 2009

Pin pin, cayó Berlín


Pese a ciertos indicios (por ejemplo, la realidad) buena parte de los norteamericanos todavía cree en la vieja leyenda del odio del Castrante en Jefe a los Estados Unidos. Como si no fuera el mismo tipo que de niño le escribió una carta al presidente Roosevelt para pedirle diez dólares. Como si Estados Unidos no hubiera sido su principal referencia durante toda su vida. La utopía que anunciaba discurso tras discurso en la cumbre de su poder –y la de sus tensiones con Norteamérica- se parecía mucho menos a la Unión Soviética que a una versión comunista de los Estados Unidos. Las estadísticas que le servían de referencia no era la tasa de mortalidad infantil en Moscú sino en Washington; o la relación entre el número de medallas olímpicas y la población en Cuba comparada con la de los vecinos del norte. Si a algún pueblo desprecia no es al norteamericano, al cual siempre ha dicho respetar, sino al cubano al que ha diezmado por todos los medios posibles. Desde cierto punto de vista (el mío) la Revolución es un ambicioso proyecto para desestimular la reproducción de los cubanos. Según datos recientes Cuba ha conseguido reducir su población en los últimos años, algo que no ocurría desde Weyler, aquél simpático capitán general que estuvo más cerca que nadie de resolver los problemas de Cuba (como se sabe el gran problema de la isla son los cubanos, esa especie ineficaz pero increíblemente resistente).
Repugna un poco que los legisladores afroamericanos vayan a visitar al Gran Hermano haciendo mayor derroche de baba que Randy Alonso; que lo traten como si fuera la mismísima encarnación de Abraham Lincoln. Que en lugar de tirarse fotos con el Terror de la Jama no se hubieran entrevistado con Pánfilo. Pero sorprende todavía más que la prensa norteamericana insista en creer que el gran problema de Fidel Castro son los Estados Unidos. Y que armen el revuelo que han armado porque apareciera en una foto con un pin con las banderas de los dos países. Se ha llegado a decir que:
“esa sorprendente imagen marca un deshielo en las relaciones Estados Unidos- Cuba”

Obviamente no han entendido ni pin… ¿Cómo esperar que luego lleguen a conclusiones que tengan algo que ver con la realidad?

7 comentarios:

  1. Hay indicios tambien de las causas y los medios de lo que pones como malentendido. Al americano le hicieron creer que la Cuba revolucionaria le odiaba. Y ahora le haran creer lo contrario. Suena familiar, no? Eso si, con mucha mas sofisticacion. JESSICA SIMPSON ESTA GORDISIMAAAAA! El poder de los medios: ese si es poder!
    A nosotros nos hicieron creer que eramos una neocolonia. Gracias. Quizas nos quede mucho mas claro que a ellos lo que ha pasado. A fin de cuentas, el unico pellejo en juego siempre fue el nuestro. Ay compadre Enrisco, que derroche.

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  2. Yo también tengo un pincito de ésos. Pero lo uso por razones muy diferentes al las del Cagandante.

    ¿Si será payaso, además de cínico el viejo ése?

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  3. Omar, amor, podrías hacernos el favor de ser menos hermético? Estás mezclando al Granma con Lezama y te sale un Lagardezama con picadillo e soya, arroz con pin. Qué derroche (de bytes).
    La foto del pin es conmovedora, porque uno ve como el pobre vejete, amante despechado de la yuma desde chiquito, algo así como el jefe de policía de vampiros en la habana, puede ya con un intestino y medio en la tumba recibir algo del amor atormentado que derrochó durante toda una vida de "te odio, te odio y te odio, vaya". la partía de tarruses que lo visitan, sin embargo, no pueden sustituir a la rubia pelandruja que tanto lo excita, y que sigue dándosela con Pepito y ahora con Obama.

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  4. ...o parafraseando aquel poemita infame de Fayad Jamís: Con tantos palos que te dio la yuma, y aún no te cansas de decir ailoviu.

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  5. Resumiendo, lo que Enrisco quizo decir es que el cagandante es tremendo HP y que los congresistas negros que fueron alla en la "mision adulon" son unos fanaticos ignorantes.

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  6. lee:
    http://www.tumiamiblog.com/2009/05/blogocastrismo-al-desnudo.html

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  7. Y quién es el que está al lado del difunto, ¿el prieto?

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