miércoles, 20 de junio de 2018

Otro uno a cero (pero diferente)

Uno ve el resultado del España- Irán y puede pensar que simplemente se adscribieron a la moda contagiosa del uno a cero que azota este mundial. Que llegados al resultado que está haciendo furor ambos equipos hicieron todo el esfuerzo posible por mantenerlo. Nada más lejos de la realidad. En realidad aclaremos que si no hubiese intervenido la casualidad y el rechazo de un defensa iraní no hubiera dado en la pierna de Diego Costa no se hubiera roto el empate a cero en un gol que subió a la cuenta del hispano-brasileño pero cuyo único mérito consistió en pasar por ahí y tener sus dos piernas completas.
También hay que aclarar que luego del tanto hispano-chiripero los descendientes de Jerjes no se quedaron cruzados de piernas. Incluso hasta anotaron un gol y lo celebraron como si hubieran ganado la batalla de Maratón pero luego el VAR decidió que no, que el gol persa había sido anotado en fuera de juego. Y uno piensa que de haber VAR cuando las Termópilas quizás Leónidas y sus trescientos se hubieran salvado. El caso es que los ahijados del ayatollah volvieron a estar a punto de empatar por lo menos en una ocasión más en que a Piqué le hicieron un caño que será un hito anticatalanista o antiespañol, según se mire. O sea, que fue un uno a cero pero peleadísimo que le servirá a España para clasificar y a Irán para empezar a doblar camisas y acomodar matriuskas en el fondo de sus maletas.

Uno a cero (otra vez)

Imagino ahora a un extraterrestre que esté viendo el mundial reportando a su base: “el fútbol es un deporte que practican 22 jugadores y termina casi siempre uno a cero”. A esa moda del uno a cero se subscribió también Uruguay que con dos resultados idénticos (primero contra Egipto y ahora contra Arabia Saudita) ya está clasificada para octavos de final. El gol de Luis Suárez lo cazó en un corner con la punta del pie, lo que dice mucho de lo descuidado que tenían a uno de los mejores goleadores del mundo mundial. De esos que ven la vida (y la pelota) en cámara lenta donde los otros solo ven agitación y tumulto. Los saudíes en cambio saben desde ahora que el único partido que les queda (contra Egipto, otro eliminado) es pura coreografía.

Die Slow

A los cuatro minutos, con gol de cabeza de Cristiano Ronaldo el partido prometía. Un nuevo hat trick de Cristiano, goleada portuguesa. Acción, violencia y lenguaje de adultos. Nada más lejos de la realidad. Como si primero viéramos los avances de una nueva entrega de Die Hard y luego nos pasaran una película danesa sobre las dificultades de una viejita para recuperar su pensión. Y en el papel de la viejita la selección de Marruecos, que había perdido su primer partido y una nueva derrota lo sacaría de un mundial. Una viejita que se acercaba a duras penas al área chica para entonces mandar la pelota a cualquier sitio menos a la portería. Y ese era el lado emocionante de la película porque por parte de Portugal se hacía todavía menos. Al parecer a Cristiano –ese personaje de cine mudo en pleno siglo XXI- le ha dado un ataque de modestia y tiene vergüenza seguir marcando goles para luego tener que enseñarnos sus músculos abdominales. O quizás haya subido medio kilo de más y teme que se le note. Y a joderse los que se levantaron a las 8 de la mañana para quedarse con cuatro minutos de avances vertiginosos y otros 86 de puro relleno.

martes, 19 de junio de 2018

El efecto Salah


Se esperaba que Egipto reaccionara ante el efecto Salah, la estrella de los faraones que se perdió el partido por lesión en torneo de judo contra Sergio Ramos en la final de la Champions. Y efecto hubo. Como si los egipcios hubiesen saltado al patio del colegio acompañados por el hermano mayor que no iba a permitir que esos rusos grandulones los mangonearan. Se les notó en la confianza con que afrontaron el primer tiempo. En cómo acosaron la portería, incansables. Pero el efecto Salah fue más bien espiritual porque el propio jugador apenas sí entró en contacto como el balón. Como si en vez de las manchas pixeladas del cuero viera los ojos de Sergio Ramos, mirándolo fijamente. Cualquiera lo entiende. Apenas se le acercaba el balón y ya debía dolerle el hombro. Así que en el segundo tiempo los apadrinados de Putin se cansaron del acoso y empezaron a hacer goles. O a invitar a que los momias se los anotaran ellos mismos, que cuenta igual. Cuando por fin Salah decidió entrar en el juego ya los rusos tenían tres goles a su favor y el penalti que cobró apenas servía para mejorar sus estadísticas. O, si acaso, espantarse un poco el efecto Sergio Ramos.  

Solidaridad polaca

Después de tantos años de nazismo, comunismo y catolicismo en esteroides a los polacos  les ha dado por la caridad y la comedia. Cuestión de relajarse. O más bien por la tragicomedia: para que los demás se rían con lo que ellos lloran. Y con “los demás” pienso en primer lugar el equipo de Senegal. ¿Un senegalés dispara un balonazo que difícilmente hubiera entrado? Pues ahí estará un defensa polaco para desviar el balón, confundir a su portero y colarla por el palo contrario al que esperaba. ¿Los polacos creen tener el empate al alcance de la mano? Pues los defensas  se equivocan al pasarle al portero, chocan entre sí, y le regalan el balón al delantero contrario para que lo lleve hasta la meta polaca. El tanto polaco al minuto 85 llega demasiado tarde como para cambiar las cosas. Y los senegaleses claro, agradecidísimos por este desinteresado acto de solidaridad polaca.

Desastre a la entrada

Tienes una cita trascendental con la mujer de tu vida. Te metes un mes en el gimnasio, te compras ropa nueva y nada más entrar en el restaurante chocas con un camarero que lleva en la bandeja un coctel de camarones: quedas cagado de arriba abajo con la salsa roja y un camarón asoma del bolsillo de tu camisa. Algo así le sucedió a Colombia en su debut mundialista contra Japón. A los dos minutos ya le habían pitado un penalti con expulsión incluida. Jugarían el resto del partido con uno menos. Que al principio no se nota tanto pero a medida que avanza el juego pesa como haber elegido el restaurante equivocado, la chica equivocada., la vida equivocada. Así y todo Falcao, el Thomas Alba Edison colombiano, se inventó una falta al borde del área por el conocido método de empujar y dejarse caer. El árbitro tragó y Quintero coló la pelota por debajo de la barrera y dentro de la portería. Casi al final del primer tiempo.
Un juego nuevo como quien dice. Pero no. Los colombianos estaban reventados por corretearle a un japonés de más y en un corner los japoneses se fueron arriba de un buen cabezazo. Como si luego de sacudirte como mejor podías la mancha del coctel de camarones al padre de la chica se le derrame una copa de vino tinto encima de tus pantalones. “Ella no va a ser tan superficial” te dices. Y te engañas. Porque estamos en un mundial y cualquier detalle cuenta. Y te regresas a casa diciéndote que la próxima vez que abras la puerta del restaurante tendrás más cuidado. 

lunes, 18 de junio de 2018

Inglaterra 2, Túnez 1


Lo habitual es que el equipo inglés empiece todos los campeonatos de manera prometedora y se vaya desinflando por el medio del camino, hundido por un penalti fallado o por las manos de trapo de su portero. Esta vez, en cambio Inglaterra ha tenido la cortesía de evitar falsas expectativas entre sus seguidores y ha llegado desinflada al primer juego. Si generó algún entusiasmo con el primer gol de Kane poco después el VAR -abierto, democrático- concedió un penalti a Túnez que lo aprovechó sin falta. Y así empatados ambos equipos pasaron la mayor parte del juego con Inglaterra insistiendo con llegadas tan poco claras como una explicación de adulterio. Hasta que al minuto 91 Kane volvió a cabecear el rebote de un corner y resolvió el juego a favor de Inglaterra. El juego, porque lo que es hacerse ilusiones con el resto del campeonato ya es responsabilidad de cada uno. 

La historia absuelve


Hoy fue un día histórico para Panamá, equipo que debuta en mundiales. Primer partido en un mundial, primeros toques de balón, primeros lanzamientos a puerta. Primeros tres históricos goles recibidos. Un castigo un tanto excesivo para el debutante si se tiene en cuenta que Bélgica, su rival, lució menos dominante que lo que sugiere el resultado. Quedará pendiente para Panamá el primer gol anotado en un mundial, la primera victoria. Pero tampoco hay apuro. Cuando se va de pionero, de fundador, de prometido de la Historia, todo se perdona.

El totalitarismo no es un padre


Adam Zagajewski en “Solidaridad y soledad”:

“Hay una etapa transitoria, por la que pasan a menudo los jóvenes nacidos en la esclavitud, que consiste en mirar el totalitarismo comunista como los hijos de los pastores debían de mirar a sus padres: con desesperación, ira, decepción y, al mismo tiempo, con la vaga esperanza de que, debajo del cristianismo paterno –un cristianismo contaminado, contrahecho, humorístico y cruel- se ocultara el cristianismo verdadero, sereno y lleno de amor: el de Cristo. O sea que también ellos –ya no hijos de un pastor sino de un militante de un partido- están dispuestos a creer por un momento que debajo de la costra del socialismo real, se esconde un socialismo distinto, el socialismo cálido, bueno y amigable de las novelas soviéticas para jóvenes. Pero esto es imposible. El paralelismo es falso.
La situación del espíritu en el totalitarismo no es cosa de familia. Quien tiene las llaves de nuestra celda no es un pariente próximo, sino una fuerza fría y ajena, anónima y pegajosa como un sapo. […] De modo que no busquemos modelos en los hogares de los pastores protestantes ni en las familias de los comerciantes judíos. Ni tampoco en Freud. El totalitarismo no es un padre, y esto complica sobremanera la situación del espíritu que, de pronto, se encuentra frente a frente con un adversario de otra clase, con un adversario que no tiene nada de espiritual, sino que es una amalgama de fuerza anónima”
La situación del espíritu en el totalitarismo no es cosa de familia. Quien tiene las llaves de nuestra celda no es un pariente próximo , sino una fuerza fría y ajena, anónima y pegajosa como un sapo. […] De modo que no busquemos modelos en los hogares de los pastores protestantes ni en las familias de los comerciantes judíos. Ni tampoco en Freud. El totalitarismo no es un padre, y esto complica sobremanera la situación del espíritu que, de pronto, se encuentra frente a frente con un adversario de otra clase, con un adversario que no tiene nada de espiritual, sino que es una amalgama de fuerza anónima”

En fin el VAR

Gracias al VAR (Video Assistant Referee) el partido Suecia y Corea del Sur no terminó empatado a cero. Agradezcámosle entonces este acto de piedad –la misma piedad que puede haber en un tiro de gracia- a la tecnología. La tecnología todavía es incapaz de mejorar el nivel de un juego pero al menos puede darle un resultado más justo.

domingo, 17 de junio de 2018

País vertical


Brasil llegaba a este mundial como favorito y eso no es poca cosa. Sobre todo teniendo en cuenta cómo había abandonado el mundial anterior. Nada menos con una goleada de 7 a 1 a manos de los derrotados hoy por México. El 7 a 1 era cosa del pasado. O mejor. Era un mal sueño del que la selección se había despertado en estos cuatro años. Hoy, que se enfrentaba a Suiza, era momento de demostrarlo.

El principio del partido pareció confirmar esa versión optimista. Por el juego colectivo, alegre y por el golazo de Coutinho. Sambas, culos meneándose, “o hexa é nosso” y todos imaginándose una marcha triunfal imparable hacia la sexta copa mundial. El 7 a 1 no era más que un espejismo. Luego vino el gol suizo, la frustración brasileña por acercarse a la portería contraria, el empate final y se tuvo más claro cuál era el espejismo verdadero, valga la paradoja.
Nadie como Neymar resume mejor este equipo. Un tremendo talento que serviría de algo si lograra mantenerse en posición vertical un par de minutos seguidos. Pero no. Al menor empujón ya anda revolcado, escupiendo trocitos de césped y pidiendo falta. Un poco más de insistencia en su posición de homo erectus y quizás veríamos goles y resurgir a ese Brasil arrollador que dejó de existir en el 2006 al mismo tiempo que el súbito eclipse de Ronaldinho. Desde entonces solo se han asomado malas copias, espectros, jugadores talentosos pero horizontales. Una máquina del tiempo parece ser el único remedio serio. Que viaje al pasado y regrese con Pelé, Garrincha, Tostao, Rivelino, Zico, Romario, Ronaldo y Ronaldinho en su mejor momento. O al menos a Neymar en su versión vertical. Si es que existe.

Rebelión en el teocalli

Venían a chocar Alemania y México. México, el país que no gana nada desde los tiempos de Moctezuma, cuando las victorias se contaban por corazones sangrantes. El país del “sí se puede” esa frase que suena a rendición disfrazada. De los comentaristas deportivos más insoportables de la cristiandad. Un país que hay que ser muy mexicano para apoyarlo. O no tener nada más que apoyar. Del otro lado el campeón, con sus jugadores de hace tres mundiales que conservan rostros tan juveniles como para que los contrate una compañía de maquillaje y cuidado de la piel.
Los mexicanos más optimistas decían que su equipo sería capaz de evitar una goleada. Pero fuera de eso no se hablaba ni siquiera de empate. Una derrota digna sería suficiente. “Y viva México hijos de la chingada”. Los primeros minutos con una Alemania impecable y precisa parecía darle la razón a los más optimistas (o sea, que en el mejor de los casos evitarían una goleada). Pero entonces el equipo mexicano aguantó la presión alemana con un aplomo inusual y empezó a contragolpear hasta que en uno de esos contraataques consiguieron marcar un limpio gol.
Luego del gol el plan no cambió. Los alemanes atacaban y los mexicanos contraatacaban. México estuvo más cerca de ampliar la ventaja que Alemania de empatar el partido. El tiempo se acababa y al técnico alemán no se le ocurrió algo mejor que sacar una de esas momias en perfecto estado de conservación -Mario Gómez- cuya principal arma es reclamar penaltis inexistentes. Y así llegaron al final, con los mexicanos victoriosos. Lo más difícil queda por delante: convencerse de que en realidad ganaron, que no es un espejismo. Que no jugaron como nunca para perder como siempre. Que ser mexicano no es una justificación perfecta para la derrota.

Serbia 1, Costa Rica 0

De este partido no hay mucho que decir. Como no hay mucho que decir de un equipo como Costa Rica cuyo mejor jugador es el portero y el resto se encomienda a su talento. Que es como apostar al cero a cero. En el mejor de los casos. Tampoco se puede decir mucho de Serbia con sus jugadores fortísimos y hábiles pero sin demasiado sentido de equipo. El juego se resolvió como era de esperar: en una jugada a balón parado. Un tiro libre que parecía -por la distancia a que se cobró- inofensivo. Pero por la fuerza y la precisión con que se coló por la escuadra pareció un penalti. Uno que no sea cobrado por Messi dormido, por supuesto.

Dinamarca 1 - Perú 0

El segundo partido del sábado le correspondía otro enfrentamiento nórdico-sudaca, Dinamarca contra Perú. Dinamarca es un habitual en estas citas. Perú, en cambio, perdió la costumbre desde 1982, en los tiempos en los que Sendero Luminoso daba sus primeros pasos acumulando muertecitos. (O sea, una época totalmente analógica lo que para un milennial es contemporáneo con la fundación de Machu Pichu).
Los peruanos saltaron al terreno con la ansiedad de un reo que sale luego de larga estancia en prisión: asesino en serie en Estados Unidos, contrabandista de carne de res en Cuba. Amenazaban con comerse el terreno en un partido de los más intensos hasta ahora. Los peruanos intentaron de todo. Incluso dejarse caer en el área de penalti con elegancia y distinción que el VAR confirmó como pena máxima. Pero llegada la hora de cobrarla Cueva decidió que era mejor entregarle la pelota al público al que todo le debe, patada mediante.
Luego, en el segundo tiempo entre ataque y ataque peruano se coló un gol danés. Un contragolpe rápido y efectivo como venganza de narco. Y prosiguieron los peruanos sus ataques insistentes, llenos de detalles brillantes pero más ineficaces que los antidepresivos de Anthony Bourdain. Y así llegaron al final estos peruanos generosos y esforzados, con la satisfacción del deber incumplido. Porque de seguir así saldrán pronto del torneo. Y sería una lástima.

Argentina 1 Islandia, lo mismo

“No hay enemigo pequeño” deberían haber pensado los seleccionados mientras cantaban el himno y comprobar que sus rivales les sacaban un pie de estatura. (Esto es como promedio: Messi parecía directamente hijo de los islandeses). Pero no. Mientras cantaban aquello “Oíd, mortales, el grito sagrado ¡Libertad, libertad, libertad!” seguramente estaría calculando cuántos goles les meterían a un equipo que se estrena en la historia de los mundiales. Un equipo que representa a una nación de poco más de trescientos cincuenta mil habitantes y en el que cada jugador tiene además una ocupación seria por si eso de caerle a patadas a una pelotica les falla: el técnico es dentista, el portero, cineasta y el delantero Jón Dadi trabaja en una gasolinera. Y los jugadores argentinos, que en su vida se han dedicado a otra cosa que a patear la pelotica (si piensan en Maradona -sentado ayer entre el público- les advierto que catador de cocaína no es una profesión) se preguntarían si entre aquellos descendientes de vikingos no habría un jardinero que quisiera cortarles el césped. Y en eso sonó el silbato del árbitro.
No obstante, el silbato no debió sonar demasiado fuerte. Al menos no como para despertar a Messi que se quedó pensando si en el videojuego FIFA 2019 luciría más natural de lo que es en realidad. Mientras tanto el juego seguía su curso. Argentina atacaba e Islandia contraatacaba. Kun Agüero anotaba por fin su primer gol en mundiales luego de irse en blanco en los dos anteriores. Y a los pocos minutos lo imitaba uno de esos ordeñadores de osos polares para empatar el juego. Los argentinos se paseaban por la cancha con su superioridad de millonarios subcampeones mundiales y los vikingos novatos no se dejaban impresionar. Por fin uno de los jugadores argentinos –Meza- decidió desequilibrar el partido del mejor modo que pudo. Esto es dejándose caer en el área chica. El árbitro pitó penal y Messi pareció despertarse: pidió el balón para lanzar él la falta. Falsa alarma. Seguía dormido y pateó el balón sonámbulo que el cineasta islandés pudo atajar sin problemas. El resto del partido transcurrió del mismo modo pero ya sin más goles. Los únicos que ganaron fueron las aerolíneas islandesas que ahora deben estar vendiendo pasajes a Rusia al resto de los compatriotas que quedaban en la isla. 

De regreso con el mundial


Andaba de viaje y no había podido comenzar mis habituales crónicas de los mundiales (Mundial 2010, Mundial 2014). Ahora trataré de ponerme al día.

jueves, 31 de mayo de 2018

Hoy "El compañero que me atiende" en Madrid

Les recuerdo que hoy jueves 31 de mayo a las 8:00 pm de la noche en la libreria Centro de Arte moderno de Madrid la presentación de la antologia "El compañero que me atiende" (Galileo 52, metros Argüelles o Quevedo) con la presencia de los autores Ronaldo Menéndez, Antonio Jose Ponte, Gleyvis Coro Montanet, Lien Carrazana y Orestes Hurtado.


domingo, 20 de mayo de 2018

Crónica de 110 muertes anunciadas



¿Recuerdan que no hace mucho dijeron que Cubana de Aviación iba a suspender sus vuelos nacionales? Pues quizás era para evitar lo que al final terminó pasando el viernes. Esto aparecía en una noticia del 28 de marzo:

"'Literalmente no hay aviones y los que están se encuentran en muy malas condiciones. Nosotros se lo hemos comunicado a quienes vienen acá. La medida que se está tomando es trasladar en guagua a aquellos pasajeros que obtuvieron ya los boletos', comentó un agente de seguridad de la agencia que pidió no ser identificado"
Lo extraño es que no haya ocurrido antes. 

Lógica y azúcar

Artículo aparecido en la revista Nuestra Voz:


Por Enrisco
La lógica, como ciertos equipos deportivos, funciona casi siempre excepto cuando más lo esperamos.  Como las consecuencias comerciales de las guerras de independencia en Hispanoamérica. En ellas la lógica se comportó con una eficacia digna de los Indios de Cleveland que no ganan una serie mundial desde 1948. Pues con Hispanoamérica igual. Cuando la mayoría de las antiguas colonias se liberaron del yugo español fue la gran oportunidad comercial… para los únicos dos territorios que habían quedado bajo el dominio de la Madre Patria que es como les gusta llamarle a los que no viven en ella. Y estas dos colonias eran las islas de Cuba y Puerto Rico.

Resulta que en 1816 Francisco Arango y Parreño, esforzado reformista cubano, fue nombrado por la corona española ministro del Supremo Consejo de Indias y de la Junta Real para la Pacificación de las Américas. Entre este y el ministro de Hacienda de la colonia de Cuba, andaban preocupados porque la isla de Cuba se sumara a la moda de hacerse independiente que recorría a todo el continente. Así que consiguieron que se aprobara el importante decreto real del 18 de febrero de 1818. A partir de este decreto se le permitía comerciar libremente con todos los mercados extranjeros algo que hasta entonces les estaba prohibido a todas las colonias españolas en América. De manera que mientras en el resto de Hispanoamérica se dedicaban primero a liberarse de España y luego a recuperarse de las pérdidas de la guerra los hacendados cubanos y puertorriqueños se esforzaban en producir toda la azúcar posible (gracias a la no muy voluntaria contribución de esclavos importados desde África) para vendérsela a Estados Unidos, el mercado más rentable que tenían a mano.
Así fue como Nueva York resultó el principal destino del azúcar cubano y puertorriqueño. La primacía de Nueva York no es casual. En 1817 había establecido una línea marítima directa con Liverpool y ocho años más tarde se inauguró un canal que conectaba el río Hudson con los Grandes Lagos convirtiendo a Nueva York en el principal punto de exportación del trigo norteamericano que se producía en el Medio Oeste. Los barcos que llegaban con azúcar desde el Caribe confiaban en regresar cargados de harina de trigo o importaciones inglesas. De modo que además del azúcar antillana Nueva York fue el destino de los cueros argentinos, el café brasileño y la mierda peruana. O mejor dicho, mierda de aves peruanas más conocida como guano y que –por su calidad como fertilizante- se pagaba como si fuera defecada por la gallina de los huevos de oro.
Pero nada rivalizaba —ni siquiera la mierda de gallina de los huevos de oro— con el volumen y el valor de las importaciones de azúcar desde Cuba y Puerto Rico. Ya para 1860 la mitad de las caries norteamericanas tenían origen caribeño y que los dentistas norteamericanos cada mañana dirigían sus rezos a las Antillas españolas. Y Williamsburg, Brooklyn, antes de ser la mayor productora de hipsters por metro cuadrado del país fue el centro de la producción mundial de azúcar refino. Ya en 1807 los hermanos alemanes Frederick y William Havemeyer habían establecido las primeras refinerías en Manhattan y para 1857 sus descendientes establecieron una gigantesca fábrica en Williamsburg que hizo de los Havemeyer respecto al azúcar el equivalente de los Rockefeller para el petróleo con la diferencia que un Havemeyer se hizo de la alcaldía de Nueva York más de cien años antes de un Rockefeller llegara a ser gobernador del estado.
Pero el azúcar no llegó sola. Con ella desde Cuba también llegaba la mitad de los puros que se consumían en el país (ganándose con ello la devoción de los especialistas en enfermedades pulmonares) y el mayor renglón de exportación de la isla en los últimos doscientos años: los exiliados. Pero siendo tantos y tan variados mejor hablamos de algunos de ellos en las próximas entregas.

  

viernes, 18 de mayo de 2018

Cuba queer

El pasado martes participé en la presentación de la magnífica antología Cuba Queer editada por el estudioso Ernesto Fundora que reúne 27 obras teatrales en torno a la sensibilidad e identidad queer. Ahí va el penúltimo párrafo de mi presentación:

"Hoy, con una sociedad cubana razonablemente domesticada, cuando ya no se hace necesario utilizar la ecuación homosexual = contrarrevolucionario, se promueve la imagen del homosexual feliz. Un ser sin otro deseo que el de agradecer infinitamente la protección que le ofrece la hija de su antiguo represor. Sí, porque la hija del principal responsable de los campos de concentración de hace medio siglo es quien hoy monopoliza la voz del movimiento LGTBQ cubano. Especialmente delicada y compleja es la labor de los dramaturgos cubanos en medio de tanta “protección”. Conservar la esencia rebelde que define la condición queer, su resistencia a todo tipo de opresiones ya sean familiares, sociales o políticas, (como si no bastaran los demonios propios a la condición humana) ha sido una de las labores más arduas del actual teatro cubano, un esfuerzo que esta antología consigue reunir con brillantez"