viernes, 26 de febrero de 2016

Mosquito

Hoy el sitio inCUBAdora publica un capítulo suelto de una novela en la que todavía ando trabajando. Sirva esto de adelanto:
British:Luego del pecado original de nacer en el sitio que todavía hoy conforma –junto a mi padre- mi mayor vergüenza debo adelantarme catorce años para referirme a mi intento más serio de escaparme de él. Porque no cuento haberme escondido en el baño del aeropuerto de Barajas a los once con la esperanza de que los causantes de mi nacimiento, atareados con mis hermanos menores y con maletas que habían atiborrado de cuanto tareco les pareció útil (incluidos algunos recogidos de la basura del elegante barrio en el que vivíamos en Madrid), se olvidaran de mí. Esperaba, iluso que era, que se entretuvieran el tiempo suficiente como para que ya no les fuera posible bajar del avión para entonces ir a entregarme a la policía española. Pero de alguna manera debieron pesar los siete meses que había gastado en el interior de mi madre porque justo cuando estaban chequeando el equipaje (debí haberme escondido después de que le preguntaran cuántos son ustedes y la mirada de mi madre nos recorriera a todos para hacer el último conteo antes de entrar a la sala de espera) la autora de mis días se sentó arriba de las maletas y rodeando a mis hermanos con los brazos se puso a gritar que no pensaba montarse en el avión sin su primogénito. Como si alguien le hubiera planteado seriamente escoger entre su hijo y una de las maletas. En todo caso por el modo en que lo dijo debió parecerle a la gente del aeropuerto que mi madre estaba dejando caer sobre ellos toda la responsabilidad de mi desaparición. Así que acompañados por el señor al cual le debo mi primer apellido empezaron por registrar los baños que por experiencia sabían que es el primer lugar donde uno debía buscar a un cubano de cualquier edad con un pasaje de regreso a su país. Cuando me encontraron encaramado sobre una taza me entregué diciendo que no quería montar en el avión y el individuo calvo que todavía duerme junto a mi madre soltó aliviado: “Ah, es que el niño le tiene miedo a los aviones”. 
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