domingo, 29 de abril de 2012

Católicos


Para M. y J.

Primero vinieron por los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí, pero para entonces ya no quedaba nadie que dijera nada.


Estas palabras del pastor luterano Martin Niemöller –erróneamente atribuidas a Bertold Brecht con cierta frecuencia- relatan una secuencia demasiado conocida a costa de repetirse. El orden –o la categoría- de los perseguidos no altera el resultado: la pérdida de derechos de un grupo abre el camino para que los pierdan todos. Los católicos en Cuba, quienes estuvieron a la cabeza de la secuencia local de inquisiciones, quienes vieron cómo muchos de los indiferentes y soberbios ante su sufrimiento caían en oleadas sucesivas, saben muy bien de esto. Por eso se les atraganta a muchos el llamado de su cardenal a perdonar a sus perseguidores de ayer. No será por falta de generosidad o exceso de rencor. Es que se trata de perdonar a quienes no sólo no se arrepienten de haber reprimido por sistema durante medio siglo sino que lo vuelven a hacer con renovada aplicación. a muchos católicos les basta la sospecha de que en nombre del perdón cristiano los quieran hacer cómplices de nuevas persecuciones para no querer mirar a otro lado cuando hacen sufrir a otros el mismo escarnio que no hace tanto soportaban ellos mismos.

“Se abren nuevos caminos para nuestra Iglesia” les dicen y no les basta porque saben que mientras haya perseguidos nadie puede escapar a la amenaza o la complicidad. Se les hace extraña tanta insistencia en el perdón a los verdugos sobre todo cuando su Iglesia se refiere a las víctimas de hoy con tanto desprecio. El perdón, ese deber que como católicos a nadie deben negarle, solo alcanza su sentido último en el amor de Dios a toda la humanidad y a través de este amor, en la reconciliación de la humanidad consigo misma. El perdón, se dicen, no puede convertirse en aval para que los que reprimen nieguen el sentido mismo del sacrificio amoroso de su Dios. Podrán perdonar pero no ponerse de parte de quienes se dedican a perseguir inocentes como ahora les pide su cardenal. Por algo están convencidos de que ser católico no debe consistir en ser incondicional de Torquemada sino discípulo de Cristo.   

sábado, 28 de abril de 2012

El amor y la espera

No está de más recordar precisamente en estos días que hace ya 19 años los obispos cubanos firmaban su Carta Pastoral “El amor todo lo espera” como lo hace ahora el ObservatorioCubano de Derechos Humanos radicado en Madrid. Fue este un bello y valiente documento que incluía un profundo análisis de un país en plena debacle. La pretensión y alcance de este documento le evitaba detenerse en los detalles para enfocarse en el modo en que el Estado entendía que debía controlar la vida de sus ciudadanos como lo reflejan estos puntos que según la carta “deberían erradicarse algunas políticas irritantes, lo cual produciría un alivio indiscutible y una fuente de esperanza en el alma nacional”:

l. El carácter excluyente y omnipresente de la ideología oficial, que conlleva la identificación de términos que no pueden ser unívocos, tales como: Patria y socialismo, Estado y Gobierno, autoridad y poder, legalidad y moralidad, cubano y revolucionario. Este papel, centralista y abarcador de la ideología produce una sensación de cansancio ante las repetidas orientaciones y consignas.
2. Las limitaciones impuestas, no sólo al ejercicio de ciertas libertades, lo cual podría ser admisible coyunturalmente, sino a la libertad misma. Un cambio sustancial de esta actitud garantizaría, entre otras cosas, la administración de una justicia independiente lo cual nos encaminaría, sobre bases estables, hacia la consolidación de un estado de pleno derecho.
3. El excesivo control de los Organos de Seguridad del Estado que llega a veces, incluso, hasta la vida estrictamente privada de las personas. Así se explica ese miedo que no se sabe bien a qué cosa es, pero se siente, como inducido bajo un velo de inasibilidad.
4. El alto número de prisioneros por acciones que podrían despenalizarse unas y reconsiderarse otras, de modo que se pusiera en libertad a muchos que cumplen condenas por motivos económicos, políticos u otros similares.
5. La discriminación por razón de ideas filosóficas, políticas o de credo religioso, cuya efectiva eliminación favorecería la participación de todos los cubanos sin distinción en la vida del país.


¿Qué ha cambiado desde entonces para que los representantes de la Iglesia cubana se manifiesten de modo tan distinto? Lo cierto es que a casi dos décadas de la publicación la debacle que se describía en este texto no ha hecho más que hacerse endémica. Y sin embargo en el nuevo discurso de la jerarquía de la Iglesia en Cuba dichas “políticas irritantes” han dejado de serlo para convertirse en medidas no sólo aceptables sino hasta defendibles por la misma Iglesia que antes las condenaba. Ahora son los altos representantes de la Iglesia quienes participan del carácter excluyente de la ideología oficial. En unos casos acusan a los disidentes de ser delincuentes, antisociales o caracer del apropiado nivel cultural. En otros afirman que el pueblo cubano no está preparado para vivir en libertad: o sea, el mismo argumento con el que en el siglo XIX se defendía la sobrevivencia de la esclavitud.


Si algo ha cambiado en las últimas décadas son los ridículos privilegios alcanzados por la Iglesia junto a algunos otros sectores sociales. Del nuevo discurso de la Iglesia cubana se pueden derivar un par de conclusiones que no destacan por su originalidad. Una es que el castrismo es en su más profunda esencia perfectamente irremediable. La otra es que el precio de la jerarquía católica cubana era mucho más barato que el que casi todos creíamos. Tampoco es que tengan mucho trabajo. Basta con que casi veinte años después le pidan paciencia al mismo pueblo que como en los tiempos de aquella pastoral "sufre por un mañana que se aleja cada vez más". Apuestan, más que a la convicción de que el amor todo lo espera, la de que el pueblo todo lo aguanta. Como si el negocio de la Iglesia -ya me dirán que no es noticia- no fuera el del amor sino el de la paciencia.

viernes, 27 de abril de 2012

Y ahora... Cine a toda costa

Definitivamente Estado de Sats está impulsando iniciativas cada vez más atractivas. Tomo esto de facebook:

Inaugurado esta noche en Estado de Sats , Cine a Toda Costa un espacio para el cine cubano censurado con la Premiere del Documental Despertar. 
¡!! Cine a Toda Costa frente a la censura institucional!!!...por la libre expresión creadora!!! El proyecto Estado de SATS desea crear un espacio plural de participación y debate, donde medie el intercambio abierto y franco. Los criterios vertidos por los autores y participantes expresan su visión personal y no necesariamente la del resto de los colaboradores.  




Al parecer también pasaron cortos de "Pupo y Bebo" personajes estrella de Guamá:



Harlem River Drive

Harlem River Drive fue una banda que formó el pianista Eddie Palmieri junto con su hermano Charlie en 1971 en un intento de integrar la música latina y la afroamericana en un sonido común. El experimento a juzgar por la corta duración (apenas alcanzó para lanzar un disco homónimo y dos álbumes en vivo bastante conocidos grabados en la famosa cárcel de Sing Sing) no tuvo mucho éxito comercial pero al mismo tiempo dejó una de las grabaciones de la época que hoy se pueden escuchar con mayor placer y hasta sorpresa. Los dejo con la canción que da título tanto a la banda como al disco y cuyo nombre es una referencia irónica a la autovía que permite permite pasar del norte al sur de Manhattan evitando el barrio de Harlem.  

La infidelidad

Un video de El Sexto sobre la infidelidad:

jueves, 26 de abril de 2012

Los cubanos y la reconciliación


Un texto del arista Geandy Pavón:

Los cubanos y la reconciliación
Mucho se habla en estos días de reconciliación entre cubanos, y la iglesia católica, ni corta ni perezosa, ha asumido, al menos retóricamente, el rol de “mediador”. No es de extrañar esta palabra en boca de las autoridades religiosas, sobre todo si tenemos en cuenta que la reconciliación es un sacramento católico.
Pero la reconciliación para los católicos comienza en casa, es decir, ocurre de forma íntima, personal, a través de la confesión. El cristiano católico, antes que nada, debe buscar reconciliarse consigo mismo.
En el plano social y político la reconciliación necesita de un contexto totalmente diferente, porque trasciende la esfera de lo privado para entrar en la esfera de lo público. Este proceso solo es viable a través de una asamblea Inter pares, en condición de igualdad. La reconciliación es un fenómeno  solamente posible en un estado post-conflicto.
Por tanto, cuando la iglesia habla de reconciliación entre cubanos, no solo lo hace fuera de los márgenes de la religión, sino que se precipita al terreno político. Al mismo tiempo, acusa paradójicamente a otros actores de querer que esta institución asuma una postura ética ante la represión por razones políticas, actores que le exigen que actúe en un terreno que, según la iglesia, no le corresponde.
Recientemente, en una conferencia en la universidad de Harvard el cardenal Jaime Ortega hablaba una vez más de reconciliación, sin embargo, el líder de la institución que ha pretendido encabezar este proceso decía lo siguiente al referirse al grupo de 13 disidentes que ocuparon una iglesia en la Habana: “me apena mucho, pero todos eran antiguos delincuentes… había toda una gente allí sin nivel cultural, algunos con trastornos psicológicos…”, concluyendo que estos son grupos organizados y financiados desde Miami.
Me pregunto si es posible una reconciliación cuando el posible mediador ha adoptado de antemano el lenguaje del victimario. A raíz del escándalo por la muerte en huelga de hambre del prisionero de consciencia Orlando Zapata Tamayo, un editorial del periódico Granma decía lo siguiente: “…un preso común que fue estimulado una y otra vez por sus mentores políticos a iniciar huelgas de hambre que minaron definitivamente su organismo".
Entiendo que la iglesia en su papel de mediador trate de evitar algunas palabras y definiciones como: “dictadura”, “represión”, “asesinato”, etc. Lo que no entiendo es que a su vez no evite otras como “delincuentes comunes” para referirse a las víctimas que no tienen derecho a réplica.
Según Jaime, en Miami no se puede hablar de reconciliación. “Cuando yo fui a Miami como cardenal la primera vez, nuestro querido amigo desaparecido ya, obispo Román, me llamó aparte y me dijo: en tus discursos, en tus homilías, tú hablas de reconciliación, no menciones esa palabra en Miami”, dice, y concluye: “.es terrible que un obispo, que nosotros tengamos que callar esa palabra que es nuestra…”.
Miami es últimamente el lugar en el que más se menciona esa palabra, quizás por eso, por el uso vano que se le da, es que rebota en su propia vacuidad. Mientras los académicos y religiosos hablan de reconciliación, y se regodean en su exégesis, el resto de los cubanos actuamos reconciliatoriamente sin hablar tanto de ello. Miami es la cuna de la reconciliación, donde los antiguos funcionarios del régimen toman café en el Versalles en compañía de expresos políticos, donde un anticastrista manda dinero a su hermano del MININT y un ex-chivato hace las veces de experto en la televisión local. El perdón no es legislable, es un acto personal y no se percibe si no se pone en práctica, por mucho que se hable de él. Hay cacareo de reconciliación en estos días “como metal que resuena y címbalo que retiñe”, pero quienes se reúnen en torno al tema solo giran sobre sí mismos y sus intereses, y con la cáscara de la reconciliación pretenden disfrazar y vendernos la resignación.
El totalitarismo cubano, en su nuevo destape como dictadura, ofrece una imagen que lo distancia de su antigua apariencia estalinista y lo acerca más a su versión franquista, con clero, claro está, con cardenal y todo. Ahora los verdugos tienen confesor y el opio de los pueblos ya no es ilegal, ahora es legitimador.
Geandy Pavón 

La era del carisma

El artista Hamlet Lavastida Cordoví anuncia que sólo quedan cinco días para cumplir con la financiación de su proyecto “La era del carisma” financiado a través del sistema que ha montado Yagruma. Para ver en qué consiste el proyecto y cómo contribuir pinche aquí. Abajo la nota de Hamlet y más abajo un video de muestra del proyecto.


Estimados amigos, solo quedan 5 dias para que concluya el plazo del proyecto "la era del carisma".Con un pequeno empujon creo que se lograria el objetivo final de poder finaciar dicho proyecto presentado en Yagruma, espero que su amable y modesta contribucion haga que se llegue a la meta, seria de muy estimable ayuda su aporte e interes.

muchas gracias, saludos a todos, Hamlet Lavastida

"Me ha dicho el gobierno que medie con ustedes"


Video de la conferencia del teniente coronel de la iglesia cubana en la universidad de Harvard. Donde se refiere a los disidentes como delincuentes es a la altura de la hora y quince.

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La frase más curiosa me parece que es "Me ha dicho el gobierno que medie con ustedes" que según el cardenal pronunció en presencia de las Damas de Blanco durante las conversaciones del 2010. Lo curioso es que hasta ahora se había dicho que la mediación había sido iniciativa de la iglesia, que había sido parte de su afán reconciliador. De lo que el cardenal habla es de una iniciativa del gobierno (suponemos que para sacarse la presión de arriba) que la iglesia cumplió a cabalidad. Esa frase, de ser cierta, lo cambia todo.

Guamá apostólico

Dos del Cacique:

Presidente de la República en Almas

Golpe de Estado


miércoles, 25 de abril de 2012

Ortega Jones y la última cruzada



Ahora es el mismísimo Cardenal Ortega quien se presenta en Harvard y se manifiesta en términos más francos que su primo Roberto Veiga Jr.. Según la nota de prensa de Radio Martí:


"El cardenal Jaime Ortega, Arzobispo de La Habana, participó el martes en Boston en un foro sobre el impacto de la Iglesia Católica cubana en la isla, auspiciado por la Universidad de Harvard, durante el cual eludió responder una pregunta sobre el joven que gritó “¡Abajo el comunismo!” antes de comenzar la misa del Papa Benedicto XVI en Santiago de Cuba. 
Ortega, prefirió responder a otra pregunta de los periodistas que asistieron al evento acerca de las trece personas que entraron a un templo habanero días antes de la visita papal, para presentar una serie de demandas políticas.
El cardenal cubano aseguró que los ocupantes no fueron removidos por la fuerza y los calificó como delincuentes y personas de poco nivel cultural..." 

Si el lunes Veiga decía que evitaba el vocablo "dictadura" para no ofender a una de las partes ni enturbiar el diálogo al día siguiente su superior no se corta para llamarle "delincuente" a la otra. 


Más importante es señalar que el compañero Ortega Alamino ha pasado de Canciller en funciones a Ministro de Comercio Exterior con la misión esencial de comprarle tiempo al régimen reformista antes conocido como dictadura. Digamos que unos cinco añitos. 


Ya desde Estado de Sats se cantaba la jugada hace unos días:



El Gobierno solo espera ―como una inmediata y práctica salida― lograr que EE UU elimine las restricciones económicas y comerciales, y así poder recibir a corto plazo inversiones considerables. Sin embargo, debido a los intentos fallidos por lograr concesiones unilaterales por parte del Gobierno norteamericano, el poder se lanza a una campaña de presión desde todos los frentes posibles para lograr un relajamiento de las sanciones económicas y un futuro levantamiento del embargo.
La precaria idea de Raúl Castro consiste en sumar comunistas, católicos y exiliados dóciles que acepten un pacto vejatorio y, a su vez, deslegitimar la creciente sociedad civil cubana que demanda una transición democrática. Los intercambios académicos, artísticos, religiosos, las presiones desde la arena internacional, el activismo de simpatizantes y militantes, los anzuelos económicos, serán la prioridad del momento. La pasada Cumbre de las Américas es una muestra del intenso cabildeo político que ya viene gestándose.
Dentro de esta estrategia, algunos académicos, artistas e intelectuales, tanto en la Isla como en el exilio, han bebido del elíxir castrista que los mantiene hechizados dentro de la burbuja totalitaria. Por otra parte, a la jerarquía eclesiástica católica se le ve participar con entusiasmo en la preparación del brebaje para tales adictos ―incluyendo aquí a las inocentes almas que siempre son de su preferencia― en franca colaboración con el Gobierno. Así, la Iglesia cabildea en busca de apoyo solidario y financiamiento al raulismo bajo la falsa consigna de la reconciliación entre cubanos.
El presupuesto que se ha lanzado desde los foros eclesiásticos es que solo el Gobierno goza de legitimidad y poder para llevar a cabo un proceso de transformaciones y que, por consiguiente, todos debemos entregarles un cheque en blanco. Para ponerlo en palabras del viceeditor de la revista Espacio Laical en su intervención en el debate Último Jueves de la revista Temas, los actores sociales en la Cuba actual se dividen en nacionalistas y antinacionalistas. Los primeros tienen derecho a ser parte del debate ya que “muestran una voluntad política”; los supuestos antinacionalistas quedan excluidos, pues al no aceptar la legitimidad del Gobierno no “poseen un espíritu de diálogo”.
Los movimientos son visibles y van desde la creación de espacios que, aunque más abiertos evaden señalar a la cúpula gobernante como los principales causantes de la debacle nacional, hasta la reciente visita del Papa. Así, por ejemplo, apenas concluida la Conferencia de Obispos Católicos de los EE UU ―con el pronunciamiento sobre el levantamiento del embargo y el pedido al Gobierno norteamericano de restablecer las relaciones diplomáticas con la dictadura militar castrista― el director de Palabra Nueva promueve en La Habana un magno e inédito evento sobre emigración con la participación de 60 académicos de la Isla y del exilio donde las voces de la oposición han quedado, una vez más, totalmente excluidas. Casi simultáneamente el director de Espacio Laical hace lo suyo en el corazón de New York, disertando en el Bildner Center, de la CUNY, sobre la relación Iglesia-Estado. Como si fuera poco el calvario por el que hemos pasado los cubanos, aparece ahora un nuevo actor político dispuesto a silenciar a la sociedad civil: la Iglesia Católica.
En un hecho sin precedentes, la jerarquía eclesiástica fue cómplice de la ola represiva desatada antes, durante y después de la visita de Benedicto XVI. Una nota en el órgano oficial del Partido Comunista escrita por Orlando Márquez daba carta abierta a la represión y garantizaban un silencio encubridor. Las dos elites intentan a plena luz pasar por encima de la sociedad civil.
Esa imagen de vencedor, en tanto reformista, es la que intenta transmitir al mundo el Gobierno de la Isla. Pero, cabe otra lectura: antes bien, el empuje de la naciente sociedad civil cubana obliga al totalitarismo octogenario a replegarse, a buscar apoyo en un actor humillado y vencido que hoy cobra inusitado protagonismo gracias a la debilidad manifiesta de la cúpula gobernante para acallar los rebrotes de civilidad y activismo. El cubano comienza a encontrar su lugar transcurrido medio siglo de asfixia política, y ello no tiene vuelta atrás.
Así, pues, la Iglesia Católica no ha entrado por un don divino al ruedo donde intentan repartirse los poderes en Cuba. Está allí como consecuencia del reconocimiento gubernamental de la existencia de una pujante sociedad civil, a la cual se pretende mantener confinada en las cárceles o en las derruidas viviendas de los ciudadanos, con tal que no conquiste su espacio, secuestrado ―al mejor estilo totalitario― por la oficialidad institucional, a saber: la esfera verdaderamente pública. El protagonismo legítimo de esa sociedad civil podría tirar abajo los planes de una transición prostituida.

El plan es claro y las acciones consistentes. El que quiera ver, que vea.

Mandrill

Mandrill, una banda fundada por tres hermanos panameños criados en Brooklyn (Carlos Wilson (trombón), Lou Wilson (trompeta) y Ric Wilson (saxo)) en 1968 tenía todos los ingredientes para haber sido muy popular en Cuba de los setentas: cultivaban un rock con ritmos afrocubanos a lo Santana pero al mismo tiempo con una fuerte influencia funk y el jazz que los hacía especialmente distintivos. O sea, las mismas razones por las que preferíamos oír a Peter Frampton. En todo caso todavía se pueden escuchar con mucho placer.

Tocando "Hang loose" en el famoso programa de TV, Soul Train.



Y aquí tocando otro de sus clásicos, "Fencewalk" en un concierto hace diez años en Montreaux, Suiza.

martes, 24 de abril de 2012

La Cruz Roja demanda

Veo esta noticia sobre una demanda de la Cruz Roja contra el lavavajillas Mistol.

Ningún particular, empresa, organismo o artículo comercial puede utilizar como símbolo una cruz roja sobre fondo blanco. Así lo recuerda el Tribunal Superior de Justicia de Madrid en una sentencia que desestima el recurso de Henkel Ibérica, dueña de la marca de lavavajillas Mistol, contra una resolución de la Oficina Española de Patentes y Marcas que denegó a esta compañía el uso de un sello idéntico en color y forma al que utiliza Cruz Roja como emblema. El fallo considera que tal uso puede confundir a los consumidores al hacerles creer que el producto está asociado o avalado por la institución humanitaria.
Lo que no se entiende es qué está esperando la Cruz Roja para demandar a los empleados del camillero que repartía golpes mientras llevaba su insignia.




lunes, 23 de abril de 2012

"Iglesia y Estado en una Cuba cambiante" (con post data)


Hoy asistí a la conferencia que ofreció el Bildner Center de Nueva York con la presencia de Roberto Veiga, editor de la revista católica Espacio Laical. El título era “Church and State in Changing Cuba”. El mundo está cambiando, anunció el presentador Mauricio Font y ese mediodía nos íbamos a enterar cómo Cuba estaba formando parte de esos cambios. El comienzo de Veiga sin embargo no fue auspicioso. Empezó citando frases del “presidente Fidel Castro” y explicó que no había en el país nadie más capacitado para llevar adelante dichos cambios que “el presidente Raúl Castro” (aunque más adelante dijo que el impulso y eficacia del presidente se veían disminuidos por una serie de funcionarios seleccionados para las máximas instancias del Partido y el Estado que eran poco aptos y demasiado viejos nunca se tomó el trabajo de aclarar que quien los había elegido era justamente la figura más capacitada para llevar a cabo estos cambios).

Veiga no negó en ningún momento la necesidad de cambios aunque no se extendió en decir cuáles debían ser estos. Repitió, eso sí, cómo creía que deberían realizarse tales cambios: con mucha lentitud y cautela. Y descartó por tanto la posibilidad e incluso la conveniencia inmediata de multipartidismo y elecciones libres, algo demasiado complejo para lo que en su opinión el país no está preparado. Veiga hablaba de la necesaria actitud conciliadora que debía adoptarse para realizar dichos cambios y su discurso en general estuvo trufado de términos como “perdón”, “reconciliación”, “entendimiento”. Pocas veces fue tajante y las que recuerdo fueron para afirmar (mientras movía la cabeza afirmativamente) que la mayoría del pueblo cubano estaba interesado en una solución de izquierda; que el gobierno cubano gozaba de legitimidad de acuerdo con una parte significativa del pueblo cubano; y que (mirando alrededor con los ojos abiertos como si esperara algún ataque sorpresivo) el pueblo cubano quería hacer dichos cambios sin ninguna injerencia exterior.  

Asistí a la conferencia esperando encontrar en el mejor de los casos el discurso de intelectual católico más o menos autónomo ofreciendo su visión del tema. O al menos un portavoz directo y fiel de la institución que da cobijo a la revista que dirige. En cualquier caso me sentí frustrado. Si no hubiesen existido un par de pantallas a ambos lados de la mesa en que estaba sentado el panelista mostrando el título de la conferencia podía creerse que se trataba de un funcionario del ministerio cubano de exteriores de talante más bien flexible explicando la política de su gobierno para los próximos años. Sólo el uso ocasional de la tercera persona para referirse al gobierno no contribuía a alimentar esa impresión. No fue hasta los minutos finales de su exposición que el editor se refirió al papel de la iglesia en esos cambios y lo definió como el de “facilitador” de un diálogo entre el gobierno y el resto del pueblo cubano. Afirmó varias veces –y en eso también fue enfático- que la iglesia no tenía la intención ni el deseo de convertirse en poder en Cuba aunque hizo la salvedad de que si la Historia (asumo que usó las mayúsculas) determinaba que la iglesia debía asumir una posición de poder quizás no le quedaría otro remedio que hacerlo.

También aclaró que la iglesia en sus funciones de facilitadora no asumía a priori ninguna posición política. La única posición de la iglesia era “metodológica” y dicha metodología excluye la actitud de enfrentamiento y el aplastamiento del contrario y no parecía caber dudas que quienes sostienen esa actitud pertenecen en su totalidad a la oposición. Sobre el futuro de Cuba mencionó dos posibilidades sobre las que dijo que la iglesia no tenía preferencias: o se operaban los sosegados cambios anunciados en su conferencia o existía el peligro que llegaran al poder unos tecnócratas neoliberales que destruyeran lo alcanzado hasta ahora. Aunque ahora que lo recuerdo mencionó otra amenaza que había escuchado de labios de alguna fuente de inteligencia centroamericana: que las pandillas de Centroamérica esperaban un cambio de régimen para apoderarse del país.

Llegado el turno de las preguntas mencioné el mérito de haber dado la conferencia sin mencionar términos conflictivos como “dictadura” para después preguntarle cómo era posible que se pudiera intermediar entre dos partes cuando se silenciaba y descaracterizaba a una de ellas. También se le cuestionó su afirmación sobre la legitimidad de un gobierno que no ha organizado elecciones libres en 53 años, se le recordó las represiones de las últimas semanas ante el silencio cómplice de la iglesia y que en un régimen democrático incluso los que están en minoría deben tener representación pública y respetárseles sus derechos. Veiga descartó el uso de un término como “dictadura” porque –y es comprensible su razonamiento- no se intenta dialogar con alguien usando términos ofensivos. Negó el silenciamiento de una de las partes poniendo como ejemplo que ha invitado a su espacio de debates a figuras de izquierda y derecha como Alfredo Guevara y Carlos Saladrigas. Dijo estar en contra de los actos de repudio aunque quedaba claro que en ese caso hablaba a título muy personal. Y dijo que en Cuba no se reprime tanto sino más bien se coarta a las personas de hacer ciertas actividades. También afirmó que la legitimidad de un gobierno no siempre pasaba por las urnas pero para mi sorpresa no llegó a mencionar la que otorga la voluntad divina.

Al terminar la discusión me marché enseguida porque pese a la moda de la reconciliación en esos sitios no suele abundar gente con la que quedarse a conversar. Ya entraba en el elevador cuando me interpeló un señor alto y canoso. Se presentó en inglés como profesor de Ciencias Políticas y amablemente me dijo que mi intervención le había parecido interesante. Que era verdad que en toda la conferencia no se había usado el término “dictadura” (ni siquiera, ahora que caigo en cuenta, para referirse, como lo hizo el moderador, a la que dominó a Brasil entre 1964 y 1985: le llamó “régimen de derechas de carácter autoritario”). Pero lo que le parecía todavía más curioso al profesor era que el conferencista no hubiese mencionado ni una sola vez la palabra “democracia”.

P.D.: Yo tenía la sospecha de que Roberto Veiga era pariente del secretario general de la CTC hace tres décadas atrás. Ahora un amigo me confirma que el antiguo secretario de la CTC es el padre del editor de Espacio Laical. Eso no tiene mayor importancia si nos atenemos al viejo y respetable principio de que los hijos no deben cargar con las responsabilidades de sus padres pero mi amigo añade el comentario y la imagen que incluyo abajo:

Te adjunto una cita del "Cuba Annual Report, 1986" de Radio Martí. Mira lo que dice el papá de Veiga en 1986 (adjunto).



Corrían por entonces los vientos de la perestroika y la glasnot.

Condiciones que existen

Aquí un funk muy rico de Eddie Palmieri, "Condiciones que existen":

domingo, 22 de abril de 2012

Historia y destino


Guicho me dejó este comentario un par de post atrás:
La mayoría de los cubanos hace rato que no saben lo que es moral o amoral. Apenas saben lo que es peligroso o fácil. 
Décadas atrás, cuando los cubanos eran bobos, se habría podido desestabilizar al régimen con algo tan simple como el video de Castro I matando a Cienfuegos o el de Castro II con el miembro de un miembro del M-26-7. Ahora, no. 
El grado de degeneración nacional se puede analizar en condiciones de mercado libre en Miami. En las empresas donde los cubanos son mayoría se frena, aisla y aniquila a los empleados productivos para que no fastidien el ocio de la masa. El "aunque yo no goce te voy a joder" se practica de forma generalizada doquier que se juntan los hombres nuevos. Así que con el cayo lleno de ellos no hay que pensar en Kant, sino más bien en Dante.
Este comentario me recuerda una época en que recién graduado de licenciatura de Historia me puse a buscar trabajo como profesor de Historia de nivel medio con la intención de "abrirle los ojos a las nuevas generaciones". Buena parte de la apatía y la confusión entre los jóvenes cubanos proviene, me decía, del adoctrinamiento que recibían en las escuelas sobre la historia de su país en la cual el régimen bajo el cuál vivía se mostraba generoso, liberador y, sobre todo, inevitable. Primero intenté buscar trabajo en la escuela Lenin en parte allí había estudiado y en parte porque en ella se educaba lo que iba a ser la élite del país en unos años. Pero no tuve ni que llegar a la escuela para que mi plan se frustrara. Apenas tomo la guagua rumbo a la escuela para hacer mi solicitud cuando como me encuentro con un antiguo condiscípulo, un tipo que destacaba en mis años del preuniversitario por sus bromas pesadas y una inteligencia bastante inferior a la media. Cuando le pregunté en qué trabajaba me respondió sin empacho que atendía por parte de la Seguridad del Estado la mitad del parque Lenin y toda la escuela en la que habíamos estudiado. Fue así que al enterarse de mis intenciones de solicitar trabajo que me dijo que si quería conseguir trabajo no tenía más que hablar con él -como si no lo estuviéramos haciendo en ese momento- pues bastaba que estuviera de acuerdo en “colaborar” para conseguir el puesto de profesor. Por supuesto que le dije que no, que no hacía falta que me ayudara, que trataría de conseguir el puesto por mis propios medios. Por supuesto que no me dieron el trabajo.
Insistí en mi empeño hasta terminar como profesor en un tecnológico de gastronomía y comercio, un sitio que se correspondía con el séptimo y octavo círculos del infierno diseñado por Dante, los dedicados a almacenar a los que incurren en la violencia y el fraude. No obstante, padeciendo de una condición que puede describirse como impermeabilidad a la realidad, persistí en mi plan de compartir con mis estudiantes una versión bastante distinta de lo que se enseñaba por aquellos días en las escuelas. La respuesta de los muchachos, enredados en los inicios de esa debacle conocida con el eufemismo de “Período Especial”, fue casi nula. Daba más o menos igual que les dijera que Mella había sido expulsado del Partido Comunista cubano o que años después ese mismo partido se hubiese aliado a Batista. Faltos de referencias y de interés yo debí ofrecerles una imagen más o menos extravagante de un tema que no les interesaba para nada, dijese lo que dijese de él. 
El curso transcurrió como un largo malentendido hasta que llegó la clase en que tocaba hablar de Camilo Cienfuegos. Resultó ser que todos los estudiantes asumían que a Camilo lo habían matado entre Fidel y Raúl algo en lo que yo era bastante más cauto, convencido de que los historiadores, al igual que los jueces, deben trabajar con pruebas no con sospechas o rumores. Mis razonamientos les importaban poco: la convicción de que Camilo Cienfuegos lo habían asesinado era tan firme como su apatía hacia el pasado del país. Como hacía apenas unos minutos habían estado inscribiéndose en una lista para participar en un trabajo voluntario les pregunté cómo era que podían asumir con tanta tranquilidad que los dos máximos dirigentes del país había matado a su compañero de lucha y al mismo tiempo ofrecerse a trabajar gratuitamente para los asesinos. En ese momento me miraron como si les hablara en un idioma especialmente hermético. Como si no entendieran qué relación pudiera haber entre un crimen cometido hacía más de treinta años con el cumplimiento de ciertos rituales. No tardé en reconocer que a pesar de los diez años que le llevaba a mis estudiantes yo era mucho más ingenuo que ellos, por usar una expresión suave. Desde entonces han pasado dos décadas y me pregunto en qué términos se puede todavía hablar con aquellos muchachos o incluso con sus hijos para convencerlos de que su destino es menos fatal de lo que la realidad les ha inculcado.  

viernes, 20 de abril de 2012

Confusión

Unas décimas que me mandan desde varios sitios al parecer originadas en Cuba. El autor por supuesto es Anónimo, uno de los más prolíficos en nuestro ámbito:


¡Qué confusión!

(I)
Amigos! Qué confusión!
¡qué confusión hay formada!
Yo no entiendo nada, nada
De “Santa Revolución,”
Patriotismo… religión…
Ya aquí no se sabe bien
Si aplaudir a Dios o a quien,
Y ya no sé de esta suerte
si hay que decir “Patria o Muerte”
o debo decir “Amén.”

(II)
Ahora la Iglesia es “la onda”
y hay Navidades felices,
¡Si ya hay hasta quien dice
que la tierra no es redonda!
Y aunque Cristo se esconda,
el líder máximo  es “el.”
Y así en este enredo cruel
Ya ni sabré en lo adelante
si Fidel es Comandante
o si es el “Padre Fidel.”

(III)
En las clases ya no sé
qué valores resaltar.
Si hablar de santos, de altar,
de comunismo o de qué,
si  recito o rezaré.
Y en el colectivo obrero,
no sé qué hacer caballeros,
al darle a alguno la mano
¿le debo decir “hermano”
en lugar de “compañero?"

(IV)
Y me tiene preocupada
mi  hija, que va a estudiar
su carrera militar
¿de qué va a salir graduada?
Y como madre preocupada
me pregunto ahora
si se graduará en su escuela
de teniente, coronela
o de “madre superiora.”



(V)
Prendes la televisión
y hay un sacerdote hablando
y en la radio están cantando
un canto de procesión.
¡Ay mi Dios, qué confusión!,
¡Ay qué lío tan siniestro!,
¡Ay “San Martí”! San Maceo,
Santo Comité Central
¿Canto el Himno Nacional
o murmuro un Padrenuestro?

(VI)
Al parecer se va en pos
de conformar un glorioso
socialismo religioso
mezclado bien de los dos.
¡Viva el “compañero Dios!"
Porque aunque nunca lo vemos,
todos, todos lo queremos
y el cielo nos será fiel;
¡que viva “Santo Fidel!"
¡”Papa” o Muerte...  Venceremos!

jueves, 19 de abril de 2012

Tower of Power

Hacía rato que quería verlos pero no fue hasta el martes que pude dar con ellos. Tower of Power, de lo mejor de la vieja guardia del funk todavía en activo.

miércoles, 18 de abril de 2012

Por una política comestible



Yo y mi vocación de promover malentendidos. Es tan grande que hasta un lector tan fino como Hernández Busto responde a mi post anterior con este párrafo:

Es un punto de vista interesante, que reabre una antigua polémica filosófica: el de la ética práctica, y sus límites. ¿Se toma una decisión moral porque se considera racionalmente como lo más conveniente? ¿Conveniente para quién y a qué plazo? A este respecto, cabe recordar aquella distinción kantiana entre las acciones morales (por deber) y las que tienden a un fin (conforme al deber). Para Kant, el valor moral de una acción radica en el móvil que determina su realización. Cuando este móvil es el deber la acción tiene valor moral. Pero si usted escoge apoyar reclamos de libertad por una motivación práctica (viviré mejor en el futuro, por ejemplo), se aparta del “fin en sí mismo” que define el obrar moralmente.

No pretendo reabrir viejas polémicas filosóficas: no quiero ser responsable de atrocidad semejante. (Lo único que revelan las polémicas filosóficas entre cubanos –esos maratones de malentendidos, citas ajenas y rencillas personales- es lo mal que se nos da eso de pensar en abstracciones). El asunto es mucho más sencillo. Bajo el confuso nombre de “ética comestible” lo que pretendía proponer era una política. Ya bastante difícil basar la conducta individual en la ética, no digamos ya la conducta de una oposición o de todo un país. Difícil y no necesariamente deseable como me recordaba un amigo con el que conversaba la semana pasada. Claro que una “ética comestible” es un oxímoron (bastante pobre por cierto). De lo que estaba hablando –con ironía que creía obvia- era de la necesidad de un discurso político que convenza a toda una sociedad de la necesidad del cambio no sólo porque es ético –piénsese que la palabra “ética” al cubano de hoy más que recordarle a Kant le hace pensar, y no sin alguna razón, en algún tipo de evangelismo- sino porque es conveniente. Recordarle lo frágil que suele ser un sistema de privilegios diseñado a mayor gloria del castrismo, lo poco rentables que son sus proyectos,  recordarle su costumbre de, en tiempos difíciles, tender redes para pescar la especie más sugestionable de los incautos, la de los esperanzados con mala memoria. Y la necesidad de que la oposición le haga ver a sus compatriotas las potencialidades de una política y una economía más abiertas, la capacidad de captar y generar riquezas de un país más allá de la estrecha válvula de un Estado que además de represivo es inepto y avaro, las posibilidades pero también los retos de una existencia en libertad. La necesidad, en fin, de un discurso político (pero también económico y social) que sea más digerible para el estómago y el cerebro del más común de los cubanos.  La necesidad de que la política en Cuba rebase el ciclo de la represión y la denuncia, que sea, por fin, política y no ética (o física) pura.

P.D.: Y eso es algo que deberían tener en cuenta los que ahora convocan a una reunión nacional por la democracia porque de concebirse en los mismos términos que en el pasado corre el riesgo de obtener los mismos resultados.

martes, 17 de abril de 2012

Por una ética comestible


Ernesto Hernández Busto en un lúcido y provocador artículo apunta a la brecha cada vez mayor en Cuba entre los “entre los que asumen los riesgos de sumarse a la oposición, y los que permanecen al margen”. Razona que la gente en Cuba tiene bastante más información de la que se distribuye en el Granma y si no obra en consecuencia no es por ignorancia sino por una decisión conciente alimentada por una falla moral: preferir la conveniencia de lo inmediato aunque ello conlleve pactar con las mismas fuerzas que han desintegrado la economía, la sociedad, la familia, el país entero. Ya no sería el miedo el principal elemento de parálisis social sino el interés más inmediato y mezquino.

Espero que se me disculpe la simplificación en unas líneas lo que a Hernández Busto le tomó unos cuantos párrafos pero ese razonamiento parte de al menos una premisa discutible. Cierto que ante la expectativa por los cambios prometidos por el gobierno o ante privilegios distribuidos con algo más soltura que en años anteriores la mayor parte de los cubanos opta por ignorar una represión cada vez más escandalosa -aunque enfocada al mismo tiempo en aquellos que se manifiestan con un claro sentido político- pero tampoco se debe subestimar el sostenido poder de la ignorancia.  La información sigue siendo en Cuba un privilegio de los mismos que están interesados en que el sistema se sostenga. Solo que ya no son exclusivamente los funcionarios del partido, los militares o los agentes del Ministerio de Interior sino también lo son los empleados de las corporaciones, buena parte de los artistas e intelectuales (sobre todo los que pueden hacer rentable su talento en moneda dura), profesionales asociados al sector de la tecnología o el turismo y un etcétera que se va haciendo cada vez más variado y complejo. Si no fuera así no se podría explicar cómo muchos de estos sostienen una idea del mundo con la estrechez e impunidad del que se siente por encima del conocimiento medio de sus compatriotas.

Pero incluso aceptando que la apatía de los cubanos no goza del atenuante de la ignorancia si todo lo que puede ofrecerle la oposición es su actitud ética se comprende que no le hagan demasiado caso. La ética y la moral son esenciales para que los individuos consigan darle un sentido aceptable y sostenido a su vida cuando más oscuras son las circunstancias: puede hacer que un comunista no se resigne a ser chivato o un policía, abusador. “Pero la ética no se come” dirá cualquier filósofo de esquina con suficiente razón. Saber distinguir el bien del mal y optar por el primero solo tiene alcance social si se entiende que la ética es, además de digna, conveniente. Que defender los derechos sobre los privilegios asienta el bienestar individual sobre bases más firmes y duraderas. Si se comprende que un comportamiento ético redunda a mediano y largo plazo en el bien común. Esa es, por poner un ejemplo, la ética de los ecologistas. Cuidar los bosques es además de loable y enaltecedor la manera de garantizar que en futuro no vivamos en un planeta totalmente desolado. O por poner un ejemplo local, disfrutar los privilegios de poder viajar, vender tu obra en el extranjero y disfrutar de tus honorarios en medio de la miseria nacional puede ser muy tentador a corto plazo pero no evitará que el país siga haciéndose un lugar cada vez menos habitable y del cuál tus hijos tratarán de huir en cuando tengan una oportunidad.

lunes, 16 de abril de 2012

Castro y sus precursores (Con post data)

Hace tres años escribí un artículo tratando de reproducir el inimitable estilo del Reflexionante en Jefe en vísperas a una Cumbre de las Américas:
Sin renunciar a nada
Los hechos me han dado la razón. La Tierra es redonda. Eso que ahora parece obvio hace tiempo atrás era tenido como una herejía y éramos muy pocos los que nos atrevíamos a sostenerla. También predije la llegada de un ser humano de la raza negra a la presidencia del país capitalista más poderoso del mundo. “El futuro de los Estados Unidos es negro” dije en un discurso en 1973 sólo que en aquél tiempo no se entendió si se trataba de la elección de Obama o de la crisis financiera que hoy sacude al imperio. Es hora que las agencias enemigas dejen de romperse la cabeza. Me refería a los dos. Mañana se inaugura la mal llamada Cumbre de las Américas. Coincide con una fecha inolvidable para todos los cubanos porque ese día se cumplirán 48 años exactos que mercenarios invadieran nuestro país con el apoyo del gobierno del joven e inexperto presidente Kennedy. Obama puede cometer mañana errores similares que serán muy costosos para sus posibilidades de reelección, algo que miramos con preocupación. Me parece que por su condición de hombre negro inteligente y sensible puede darle un vuelco a nuestras relaciones pero sea cual fuere su posición en la Cumbre de mañana viernes, nuestros países no pueden seguir ninguno de los caminos trillados habituales Muchos de los presidentes que asistirán a la Cumbre comparten nuestros puntos de vista y tienen un alto grado de preparación revolucionaria pero hay que trabajar a partir de las características de cada uno de ellos, el grado de control y dominio de sus propuestas en cada una de las situaciones concretas que pueden presentarse. Uno de los principios inviolables es que no puede haber vacilación alguna si el presidente de raza negra no se pronuncia de manera terminante contra el bloqueo. Toda Latinoamérica debe dejar claro su rechazo a esta criminal medida. Y que no le estamos mendigando nada y que si es necesario seguiremos resistiendo 50 años más. Ya lo hicimos en Girón y en el Clásico Mundial que acaba de concluir. Desgraciadamente, hubo ciertos dirigentes que crearon el hábito malsano de esperar por el primer strike, metafóricamente hablando, vieja costumbre que el adversario conoce e intenta aprovecharse de ella. Hay que obligarlo a una tarea difícil desde el primer instante sin importar el color el sexo que sea. Mañana empezará la Cumbre con un gran despliegue mediático y a un costo de millones de dólares mientras millones de niños mueren de hambre en algún lugar del mundo. Nuestro país por su parte cuenta con una dignidad intacta de la que ha dado muestra en cada batalla y en cada evento deportivo. Es una suerte que a esta Cumbre no acudan ni Japón ni Corea del Sur, esos países milenarios con millones de ojos rasgados y sangre fría. Así podremos obtener una resonante victoria. Como en Playa Girón donde seguramente habríamos derrotado incluso a los japoneses si se hubieran atrevido a acudir.

Sin embargo ahora caigo en cuenta que el estilo  es menos inimitable de lo que parece o que, en un inesperado giro del destino mi imitado ha terminado imitando el estilo que usé para imitarlo a él y así resumir la Cumbre de las Américas que se celebró el fin de semana:

 

 

La Cumbre de las guayaberas
Obama, el primer Presidente negro de Estados Unidos -sin dudas inteligente, bien instruido y buen comunicador-, hizo pensar a no poca gente que era un émulo de Abraham Lincoln y Martin Luther King.Hace cinco siglos una Bula Papal, aplicando conceptos de la época, asignó alrededor de 40 millones de kilómetros cuadrados de tierra, aguas interiores y costas a dos pequeños y belicosos reinos de la península Ibérica.Ingleses, franceses, holandeses y otros importantes Estados feudales fueron excluidos del reparto. Interminables guerras no tardaron en desatarse, millones de africanos fueron convertidos en esclavos a lo largo de cuatro siglos y las culturas autóctonas, algunas de ellas más avanzadas que las de la propia Europa, fueron deshechas.Hace 64 años fue creada la repudiable OEA. No es posible pasar por alto el grotesco papel de esa institución. Un elevado número de personas, que tal vez sumen cientos de miles, fueron secuestradas, torturadas y desaparecidas como consecuencia de sus acuerdos para justificar el golpe contra las reformas de Jacobo Árbenz en Guatemala, organizado por la Agencia Central de Inteligencia yanki. Centroamérica y el Caribe, incluida la pequeña isla de Granada, fueron víctima de la furia intervencionista de Estados Unidos a través de la OEA.Más grave todavía fue su nefasto papel en el ámbito de Suramérica.El neoliberalismo, como doctrina oficial del imperialismo, cobró inusitada fuerza en la década del 70 cuando el Gobierno de Richard Nixon decidió frustrar el triunfo electoral de Salvador Allende en Chile. Una etapa verdaderamente siniestra en la historia de América Latina se iniciaba. Dos altos jefes de las Fuerzas Armadas chilenas, leales a la Constitución, fueron asesinados y Augusto Pinochet impuesto en la jefatura del Estado, tras una represión sin precedentes en la que numerosas personas seleccionadas fueron torturadas, asesinadas y desaparecidas.La Constitución de Uruguay, un país que se había mantenido durante muchos años en el marco de la institucionalidad, fue barrida.Los golpes militares y la represión se extendieron a casi todos los países vecinos. La línea de transporte aéreo cubana fue objeto de brutales sabotajes. Un avión fue destruido en pleno vuelo con todos sus pasajeros. Reagan liberó al autor más importante del monstruoso crimen de una prisión en Venezuela, y lo envió a El Salvador a organizar el intercambio de drogas por dinero para la guerra sucia contra Nicaragua, que costó decenas de miles de muertos y mutilados.Bush padre y Bush hijo, protegieron y exoneraron de culpa a los implicados en estos crímenes. Sería interminable la lista de fechorías y actos terroristas cometidos contra las actividades económicas de Cuba a lo largo de medio siglo.Hoy, viernes 13, escuché valientes palabras pronunciadas por varios de los oradores que intervinieron en la reunión de cancilleres de la llamada Cumbre de Cartagena. El tema de los derechos soberanos de Argentina sobre las Malvinas -cuya economía es brutalmente golpeada al privarla de los valiosos recursos energéticos y marítimos de esas islas-, fue abordado con firmeza. El canciller venezolano Nicolás Maduro, al finalizar la reunión de hoy, declaró con profunda ironía que “del Consenso de Washington se pasó al Consenso sin Washington”.Ahora tenemos la Cumbre de las guayaberas. El río Yayabo y su nombre indio, totalmente reivindicado, pasarán a la historia.
La diferencia es que el texto del Caballo de Soya es mucho mas divertido. 


P.D.: Y de paso me recuerda la conclusión de Borges en su famoso ensayo Kafka y sus precursores


En el vocabulario crítico, la palabra precursor es indispensable, pero habría que tratar de purificarla de toda connotación de polémica o rivalidad. El hecho es que cada escritor crea sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro. En esta correlación nada importa la identidad o la pluralidad de los hombres.


A este paso empiezo a correr el riesgo de convertirme en precursor del Fidel Castro, en cómplice involuntario pero insistente de sus sandeces. De parodiarlas a servirles de profeta.

Historias de la Edad Dorada


Si en una institución tan antigua como es la tiranía hay muy poco espacio para la originalidad en su variante comunista apenas queda hablar de calcos entre sus diferentes franquicias. Esa es la primera conclusión a la que se llega luego de ver una película como la rumana Tales from the Golden Age dedicada a las leyendas urbanas que circulaban en la época de Ceaucescu. La historia de los niveles de ridículo a los que se podía llegar cuando en una pequeña aldea se anunciaba la llegada de una inspección del partido; la de las tribulaciones de una familia que intentaba dar muerte a un cerdo en un apartamento sin que los vecinos se enteraban; la de un camionero de una granja avícola que descubre que con los huevos que ponían las gallinas durante el traslado se podía montar un buen negocio; la de los apuros del órgano oficial del partido para hacer que el dictador luciera del mejor modo posible en las fotos. Y sigue la cuenta.

Y digo esto porque en Cuba, de poder hacerse un proyecto semejante, no faltarían leyendas urbanas que ilustrarían las facetas más prominentes de la Era Dorada del castrismo: la desmesura y el ridículo del poder, su permanente locura, el contagio de esa locura a amplias capas de la población, las tácticas elementales de sobrevivencia y resistencia y por fin, la fuga. A continuación resumo algunas de las leyendas urbanas que circulaban previas a esa larga debacle que fue el Período Especial en Tiempo de Paz.

-Hay dos que tienen como protagonistas al Gran Hermano y la comida. Según una de ellas el Genio de Birán durante una visita a una fábrica de embutidos le habían dado a probar un trozo de mortadella y al paladearla exclamó: “¡Qué buena está esta jamonada”. Se cuenta que la mortadella salió al mercado con la clasificación y el precio de la jamonada. La otra habla de la visita del Comandante a una pizzería en la que le prepararon una pizza especialmente diseñada para impresionarlo: abundancia de los mismos ingredientes que le racaneaban a los clientes habituales. Cuéntase que al Comandante le pareció que la pizza era muy buena pero que le sobraba queso, tomate y masa y a partir de entonces la norma oficial de la pizza sufrió una nueva merma con lo que unido a los robos habituales por parte de los pizzeros el producto que le servían a público quedó reducido a su más modesta expresión.

-Sobre la prensa escrita puedo dar fe que en los alrededores de un primero de mayo en el que el Granma apareció una foto del citado Máximo Líder –si se miraba a trasluz- con una calavera con sus respectivas tibias cruzadas grabada en su pecho. El conocido símbolo de la muerte y la piratería era parte de un dibujo del caricaturista oficial del órgano del partido, René de la Nuez. Todo eso fue real y ocurrió creo que a principios de la década de los 80 como podrán confirmar millones de cubanos testigos de la extraña coincidencia. La leyenda comienza con las especulaciones sobre lo que le ocurrió a los encargados de emplanar el periódico.

-Clasificaría como leyenda la historia de una supuesta cooperativa campesina en los alrededores de la playa de Jibacoa diseñada especialmente para impresionar a las delegaciones de turismo combativo que visitaban La Habana en la década del 70. Apartamentos relucientes y amueblados a la perfección con inquilinos rebosantes de entusiasmo revolucionario dispuestos a toda hora a recibir a los visitantes, ofrecerles una taza de café y explicarles las múltiples ventajas que había traído la Revolución al agro cubano. Conspira contra la condición de leyenda la existencia de numerosos testimonios al respecto. Desde el admirado de Ernesto Cardenal en su libro “En Cuba”, hasta el mucho más informado de uno de los guías que solía acompañar a las delegaciones que aparece en uno de los documentales de Néstor Almendros (no recuerdo si “Conducta impropia” o “Nadie escuchaba”) o el de un viejo amigo, el historiador Enrique Collazo que alguna vez ejerció de intérprete para los visitantes.

-Están por supuesto las leyendas de las fugas. Desde el hombre que convirtió su carro en un vehículo anfibio con el que atravesó el estrecho de la Florida con toda su familia hasta el que llegó medio congelado a España en el tren de aterrizaje de un avión pasando por el saltador de garrocha que al regreso de sus entrenamientos caminaba cada día por frente a una embajada hasta el día que se decidió a saltar la alta verja de la embajada con la misma garrocha que debía convertirlo en deportista de alto rendimiento. Mientras que sobre el polizón aéreo hay pruebas documentales el caso del vehículo anfibio fue reeditado recientemente con bastante publicidad. De quien nunca he vuelto a oír es del saltador de garrocha.

Es esta una invitación para todo el que quiera compartir en esta página las leyendas urbanas de la Edad Dorada del Castrismo lo haga. Las futuras generaciones se lo van a agradecer. O no.

Abajo el trailer de la película rumana:



P.D.: Una interesante entrevista con Cristian Mungiu, uno de los directores de la película y de la premiada "Cuatro meses, tres semanas y dos días". Breve pero enjundiosa entrevista en la que se habla de nostalgia, cine, gustos populares y la persistencia de la educación comunista muchos años después:

domingo, 15 de abril de 2012

Padura, Paul Auster y la política


Hace pocos días en un congreso en Providence, Rhode Island, Leonardo Padura leyó su texto “Yo quisiera ser Paul Auster”. Los fragmentos a continuación resumen el espíritu en el que expresa su deseo y el fatalismo geográfico que lo anula:

“yo desearía ser Paul Auster, sobre todo, para que cuando fuese entrevistado, los periodistas me preguntasen lo que los periodistas suelen preguntarles a los escritores como Paul Auster y casi nunca me preguntan a mí. […] Porque, sobre todo, podría hablar en entrevistas, como esa recién leída, de asuntos amables, agradables, incluso capaces de hacerme parecer inteligente, cosas de las que (creo) sé bastante: de beisbol, por ejemplo, o de cine italiano, de cómo se construye un personaje en una ficción o de dónde saco mis historias y qué me propongo con ellas -estéticamente hablando, incluso socialmente hablando, pero no siempre políticamente hablando…
[…] Lo curioso, sin embargo, es que aun cuando muchas veces quisiera transfigurarme en Paul Auster, por el hecho de ser un escritor cubano ese deseo no me compete: la vida de mi país, lo que ocurre en mi país, mis opiniones sobre la sociedad en donde vivo no pueden serme lejanas. La realidad me obliga a lidiar con un tiempo en el cual, como escritor, cargo una responsabilidad ciudadana y una parte de ella es (sin tener por ello que ser adivino, sin tener que alejarme de las gentes entre las que nací y crecí) dejar testimonio, siempre que sea posible, de arbitrariedades o injusticias cuando estas ocurran, y de pérdidas morales que nos agreden, como seguramente también hace Paul Auster cuando los periodistas lo abocan a tales temas: porque es un verdadero escritor y porque también él debe tener una conciencia ciudadana.”