jueves, 31 de diciembre de 2009

Feliz año

Les deseo un feliz 2010 a todos (esperemos que la profecía de Garrincha no se cumpla).

La postal de Tejuca:



Garrincha:


Y en La Habana mientras tanto... los chicos del DOR tratando de tapar el hambre con un cartel (H/T: Octavo Cerco):



P.D.1: el siempre lúcido Guamá celebra la Tercera Edad de la Revolución Cubana.




P.D.2: Mensaje desde La Habana:

"como me ha dado por rastrear fotos en estos días encontré esta en el sitio de la Magnum Photos, tenía la opción de enviarse como postal de Navidad pero parece ya la han quitado porque pincho y nada. en fin logré salvar la foto y te la envío, me gusta, el pie de foto rezaba: "Navidad del ´63, el encuentro de dos hermanos en Berlín occidental", muro mediante. la envié a algunos amigos con la dedicatoria: "Porque el 2010 sea un encuentro continuo", pudiera agregar: porque caigan todos los muros."



Comparto los deseos de mi amigo pero en todo caso prefiero un encuentro más multitudinario. Algo así:

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Debate

Los medios de prensa cubano acaban de levantar un muerto, el del padre Ellacuría –asesinado en 1989 por los escuadrones de la muerte salvadoreños- para lanzarlo contra Carlos Alberto Montaner. Para ello se valen de un debate que ambos tuvieron en 1984. Montaner ha respondido sacando a la luz el video que recoge el programa de televisión por el que se le acusa de haber amenazado al padre Ellacuría. No me entretendré en defender a Montaner –él lo hace por sí mismo con bastante claridad- pero vale la pena echarle una ojeada al video para ver un debate que veinticinco años después tiene plena vigencia. Nótese de paso la “imparcialidad” de la presentadora del programa.



lunes, 28 de diciembre de 2009

Ofensiva cultural


-La Charanga Habanera le cantará a los Cinco Héroes.

-Sara González de gira por los Estados Unidos.



-Y contra todo pronóstico el caricaturista Varela queda en décimo lugar en la votación por el Premio al Cibersingao del Año. Desde aquí elevamos nuestro más profundo desacuerdo.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Feliz navidad

En las próximas horas estaré demasiado ocupado en el área que rodea al horno así que desde ahora les deseo felices fiestas a todos. Los dejo con un mensaje de Marge Simpson especialmente dedicado al público británico.

Mi primer forro

Cuál había sido la primera canción que canté en mi vida lo tenía claro: aquella que habla de una niña y un árbol que me enseñó mi abuela junto con otras que supongo que harían furor en los treinta. (Ella me hablaba de Pedrito Junco y su “nosotros que nos queremos tanto” como si hubiese estado junto al lecho de muerte del compositor tuberculoso). Pero de mi primer forro sólo tenía una vaga idea. De la primera canción en inglés que había tratado de reproducir con aproximaciones fonéticas que sonaban a swahili sólo sabía que la cantaba James Brown y que en mi dialecto sonaba algo así como “yiiiimi guattusé, yimi tusé, guattusé”. Debo haberlo oído en el radio de uno de mis vecinos. Esos de los que todos en la cuadra sabíamos que esperaban estoicamente su salida para el Norte, el mismo sitio desde donde venía aquella canción llena de energía y sonidos extraños. Cuando aquello el Yuma todavía no era el Yuma o apenas empezaba a serlo. Era simplemente el Norte, territorio enemigo, pero esa canción venía a confundirlo todo. Lo siguiente que recuerdo es a mí y a mi hermano con unos bolos plásticos berreando “yiiiimi guattusé”. De esos intentos queda una foto pero no fue hasta hace unos días que me decidí a dar con la canción. Descubrí que el título es “My Thang” y se grabó en 1973 como parte del disco “Hell”. Que el estribillo machacón en realidad decía “gimmi, what you say, gimmi my thang, what you say”. Y que esa música compuesta para malos guitarristas y buenos metales me sigue gustando casi tanto como cuando intentaba cantarla empuñando un bolo plástico como si fuera un micrófono.
Y ahora que estamos en confianza ¿Cuál fue tu primer forro?


miércoles, 23 de diciembre de 2009

Carta abierta a un viceministro en crisis


“Si Yoani Sánchez viene, yo mismo le doy con un palo” dice el viceministro de cultura. Pegarle a una mujer es algo feo. Más feo que Enrique Ubieta (ver foto a la derecha). Más feo aún si es con un palo. O si se es viceministro. De cultura. Fernando Rojas -el viceministro en cuestión- habla del palo como si los puños ya no sobraran. Como si Yoani fuera algo sobrenatural, Catwoman o algo así y cualquier cosa que se use contra ella parezca insuficiente. A mí no me sorprende. Conozco al viceministro lo suficiente como para saber que esos exabruptos no le son extraños. Bravuconadas para disimular su naturaleza dócil y obediente. Nada le inspira más miedo que perder pie en su carrera de funcionario de la cultura.

Lo nuevo, si acaso es esta pose de islamista frenético que anuncia su disposición de pegarle a una mujer, como cualquier otro de los talibanes que le hacen competencia, tan ajetreados en estos días en la misma tarea. Otra mujer le escribe y le aconseja, Claudia Cadelo desde Octavo cerco. Y lo hace con ese temple discreto del que ha reconocido primero sus miedos y se permite aconsejar a un viceministro en pánico.

Fernando Rojas:

Me dirijo a usted con la intención de aconsejar. Digamos que con mis 26 años he decidido hoy servirle por unos instantes de madre o de conciencia, como se quiera interpretar. Así es que le escribo a Fernando Rojas el hombre y no el Viceministro de Cultura, aquel al que quizás más de una vez -durante la infancia- su madre le dijo: “Fernandito, a las niñas no se les da.”

Dicen –y usted sabe lo que pesa en la Habana esa tercera persona del plural- que durante la tristemente célebre reunión que tuvo usted con los artistas del grupo performático OmniZonaFranca, una de las justificaciones sostenidas para desterrar el Festival Poesía Sin Fin de las instituciones cubanas era que los muchachos se reunían con la blogger Yoani Sánchez. Las resoluciones y leyes que su ministerio se ha adjudicado para limitar la entrada de ciudadanos a sus establecimientos y actividades me son desconocidas, pero no es de leyes de lo que quiero hablar, porque en las aguas de la ley, Rojas, hace mucho tiempo que su ministerio no se baña.

Lo que me preocupa es su amenaza “Si Yoani Sánchez viene, yo mismo le doy con un palo”. Graves palabras, Fernando, para un hombre. Pero aun más graves para un Viceministro que –según comentarios de pasillos culturosos- aspira a quitar el prefijo vice de su cargo. Sin embargo esto no es un regaño, es más bien un llamado a la cordura, a la civilidad, a la inteligencia. Le recuerdo que para esos menesteres el gobierno cuenta con los paramilitares, las brigadas de respuesta rápida y en última instancia la CIM (Contrainteligencia Militar); no me parece aconsejable que un funcionario se tome esas tareas por su cuenta, y menos que las anuncie con antelación, pueden llegar a oídos inadecuados y filtrarse por Internet.

Diría que un ambiente de terror sobre su persona no conviene, a fin de cuentas todos saben que Yoani Sánchez es una escritora y usted el Viceministro de Cultura, la imagen del palazo resulta lamentable y desacertada.

Por otra parte puedo estarme yo equivocando y su vice no sea más que una coartada, entonces pertenecería usted a una de las organizaciones antes mencionadas que se ocupan de golpear civiles. En ese caso probablemente su pecado sea la indiscreción, porque después de amenazar públicamente con atentar contra la integridad física de una ciudadana, costará creer, Fernando, que usted no es más que un funcionario del Ministerio de Cultura.

Atentamente,
Claudia Cadelo De Nevi

martes, 22 de diciembre de 2009

Gente de principios

La Charanga Habanera demuestra que pueden cambiar un estribillo sin complicarse la vida. Que pueden pasar de “tú llorando en Miami, yo gozando en La Habana” al redundante “tú gozando en Miami, yo gozando en La Habana” aunque la canción pierda el sentido, si alguna vez lo tuvo. Una hora de vuelo basta para convencerse que en Miami el masoquismo no llena teatros ni bolsillos, el verdadero fondo de esa nueva ideología. Una hora de vuelo: el tiempo que toma una reconciliación falsa tras una guerra donde lo único real han sido los muertos.



P.D.: Y sigue el desfile: Buena Fe (así se llaman) se presenta en Miami.

lunes, 21 de diciembre de 2009

El menos común de los sentidos

Este breve discurso del embajador panameño ante la OEA es toda una rareza en estos tiempos, en estos lares. Por eso mismo vale la pena verlo. Aunque solo sea por el chiste con que comienza:



H/T: Diario de Cuba

El Tono de la Voz cambia de sitio (pero no de tono)

Hola a todos:

El Tono de la Voz, alojado durante los casi tres últimos años en el portal Cubaencuentro.com, aparece ahora en la dirección:

http://www.eltonodelavoz.com/

Ojalá los encuentre leyendo también por allá.

Saludos,

j[orge] f[errer]

Dos videos

El primero: el siempre instructivo noticiero Guamañanga.



Un conversatorio con Carlos Varela en Washington D.C. como cruzado antiembargo. Para el que tenga gandinga de ver el video de hora y cuarto. Yo confieso que no pude. Pero no por su posición sobre el tema sino porque le da rienda a su vocación secreta, la de astrónomo. Que le dedique tanto tiempo del conversatorio a describir un universo que da vueltas alrededor de Carlos Varela me da mareos e inmediatamente después, nauseas. Luego la cosa se pone peor porque canta: Varela en versión mística.

jueves, 17 de diciembre de 2009

El muro de Karina

Hace unos días, pocos, hablaba sobre la contracultura en Cuba. ¿O quizás sería mejor hablar simplemente de cultura de resistencia? El caso es que apuntaba que la actual, al contrario de la que se prodigó a finales de los ochenta ha logrado crear espacios propios en lugar de reciclar aquellos creados por el estado. Pues ese mismo estado se está encargando de rectificarme. Con unos pocos días de diferencia expulsó de su local al proyecto cultural OMNI Zona Franca de Alamar (aunque en su caso sí se trataba de una casa de cultura estatal) y le ha embargado el patio a Karina Gálvez, ex integrante del consejo editorial de la revista Vitral (disuelta por cortesía del cardenal Ortega, no diré con quién la tuvo) y miembro del portal Convivencia. Como lo leen, le han confiscado el patio. En el blog de Yoani aparecen las imágenes de cómo le iban tapiando las puertas que daban al patio con planchas de metal. Como en Casa Tomada, el cuento de Cortázar pero con tipos silenciosos con taladros en lugar de la presencia fantasmal indefinida que se iba apropiando de la casa de los hermanos de cuento. Hoy no pueden entrar al patio. Mañana quizás le toque a la cocina. Como para asegurarnos que mientras ellos estén en el poder no nos hagamos ilusiones: la libertad, ni en el patio. La coincidencia con “Casa Tomada” no es casual. Siempre he tenido la sospecha de que el cuento del argentino en su origen fue una alegoría de cómo el peronismo se iba apropiando no sólo de los espacios públicos de la sociedad sin también de los privados. Y de la ilusion de la gente de que ignorando el avance del poder, haciéndose la desentendida, iba a conjurar el peligro. Algo habrá que hacer para que caiga el muro de Karina. O al menos para que no siga creciendo.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

En defensa del blogueo


Ángel Santiesteban, escritor y bloguero (a mucha honra) hace unos días reabrió su blog en otra dirección luego del cierre de Encuentro en la Red, portal en el que estaba alojado hasta entonces. Ahora Los Hijos que Nadie Quiso aparece en http://loshijosquenadiequiso.blogspot.com/. La última entrada es la crónica más completa que ha aparecido hasta ahora sobre la protesta en el Instituto Superior de Arte hace mes y medio. Pero quería compartir con ustedes su defensa del poco estimado arte del blogueo frente remilgos de nuestra intelectualidad siempre tan exquisita y recatada:


MIS AMIGOS ESCRITORES ME Aseguran que hacer este blog es hacer política, que debo mantenerme en mi literatura, esa es la manera de defenderla, de continuar publicando en mi país, sobrevivir con el estatus de escritor. Que andar metido en internet es una forma de irme a la manigua, evadir, ser ilegal, convertirme en cimarrón.

Mis amigos creadores piensan que hacer público lo que se piensa, es meterse en política. Aseguran que mis libros denuncian más que un partido político en la oposición. Que ante todo debo pensar en mi obra, luego en los lectores, en la cultura, en mí.

Mis amigos literatos me crean contradicciones: no quiero hacer política. Lo que más deseo es defender mi literatura. ¿Pero cómo amordazo mi boca?... ¿Callar el grito espontáneo? Si cuento es porque mis historias se escriben solas, saltan ante mí, independientes, y a veces se burlan de mi desamparo. Tampoco les pido que agradezcan. Sólo cumplo con ponerlas ahí, servir de escribano, darles “vida” ellas que existieron siempre, una especie de Geppetto que forja, a puro golpe de emoción, los personajes de una realidad sumergida en el secreto.

Mis amigos letrados reciben publicidad y sus libros se reeditan. Conforman jurados de concursos que jamás ganaron. Aplauden cuando las cámaras del noticiero se acercan. Viajan a Ferias del Libro en países distantes, plazas culturales que sueño visitar, pero en pago no podría dar más que mi honestidad creativa.
Mis amigos eruditos dicen que no puedo quejarme, que a pesar de mi literatura contestataria, he tenido más oportunidades que ellos si lo hubieran intentado en su tiempo. Que a cambio debo callar, soportar que me marginen y demostrar en todo momento mi agradecimiento al espacio que habito, y a su bondad de no reprimirme. Así hasta podría engañarlos, me dicen, clamar perdón por mi literatura, una especie de complicidad entre funcionario y escritor. Facilitarles su trabajo, pienso.

Mis amigos instruidos quieren que adopte una actitud cínica, es su manera de protegerme, así han hecho ellos para cuidar su propia existencia. Pero por mucho que les explico que incursionar en el blog es una manera de continuar mi función como espectador y escritor, ellos no pueden entenderlo. Me lanzan una mirada de “allá tú, después no te quejes cuando te enseñen los instrumentos”.

Mis amigos ilustrados son admirados por mí: no poseo la capacidad que ellos tienen para callar. No tengo su resistencia de soportar el silencio. No disfruto cuando tiran sus migajas de pan ni el pan completo. A veces los envidio, porque sólo yo sé las prebendas que rechazo, y a cambio todos los desprecios que recibo.

Mis amigos pensadores deberían aceptarme como yo los acepto a ellos.

martes, 15 de diciembre de 2009

Deserciones

La noticia me la manda Tejuca. ntre los dos llegamos a la conclusión de que Eritrea necesita urgente asesoría cubana. En eso de las deserciones llevamos una larga experiencia pero nunca hemos caíido en la chapucería de que deserte un equipo al completo. Siempre hay un defensa- jefe del comite de base que regresa:

Se esfuma todo un equipo de fútbol
Redacción

BBC Mundo

Eritrea había clasificado a cuartos de final en el torneo CECAFA.
Funcionarios del fútbol en Kenia, África, están investigando informes sobre la desaparición de todo el seleccionado nacional de Eritrea cuando participaban en un torneo regional africano.

Fuentes en la capital keniana, Nairobi, afirman que solo el director técnico del equipo y un coronel responsable de asuntos deportivos regresaron a Eritrea.

Se especula que la inestabilidad política del país -que está gobernado bajo un sistema unipartidista- podría ser la causa de la deserción colectiva, pero diplomáticos eritreos en Kenia tildaron los informes de propaganda.

Éxito
El seleccionado de Eritrea participaba con éxito en el campeonato regional del Consejo de Fútbol de África Central y del Este (CECAFA, por sus siglas en inglés).


Eritrea está gobernada bajo un sistema unipartidista.
Habían clasificado para los cuartos de final, pero los jugadores se esfumaron luego de su partido contra Tanzania el 8 de diciembre.

A pesar de manifestar un cierto nivel de juego, esta no es la primera vez que se presentan problemas con el fútbol de Eritrea.

El año pasado la Federación Nacional de Fútbol de ese país retiró la selección del proceso eliminatorio para la Copa Mundo 2010 en Sudáfrica.

El presidente de la Federación, Tesfaye Gebreyesus, le dijo entonces a la BBC que había problemas internos dentro del organismo que motivaron el abandono.

Poco antes de eso, el campeón de clubes de Eritrea -el equipo Al Tahir- se retiró del torneo de Campeones de la Liga Africana antes de un partido de segunda ronda en Egipto.

Medios locales aseguran que ha habido una ola de deserciones entre la población joven que reflejan la crisis política del país.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Caleta


Hoy martes 15 de diciembre a las 19:30 horas en la Casa de América de Madrid (Plaza de Cibeles, 2) será la presentación del último número de la revista Caleta -que se publica en Cádiz- dedicada a los últimos cincuenta años de literatura cubana. Estarán presentes José Manuel García Gil, director de la revista, Andrés Sorel, director de la revista República de las Letras, y los escritores cubanos Antonio José Ponte y Jorge Luis Arcos.

Libre

Nuevo videoclip de Boris Larramendi:



"Libre",tercer videoclip del Cd "Libre",de Boris Larramendi
http://www.itunes.com/borislarramendi...
Realizado por George Gautier
Fotografía y escenografía Alain Barroso
Producción Patricia Camacho
Guión y coreografía Boris Larramendi
"Libre",música y letra Boris Larramendi
Drums Horacio el Negro Hernández
Congas Richie Flores
Bajo Dany Noel
Guitarras,chékere,coros y voz Boris Larramendi
Cd "Libre",producido por Horacio el Negro Hernández,Ivette Falcón y Boris Larramendi
copyright Boris Larramendi 2009.

Y la letra, tomada del cancionero Guamañanga. Pinche para ampliar (esa fracesita para el comienzo de las instrucciones para hacer una barbacoa en La Habana):

Honduras

Jorge Castañeda hace un resumen muy bueno del “caso Honduras’ hoy en El País. Empieza así:

Nadie salió bien librado de la crisis política y diplomática que final y afortunadamente parece acercarse a su término. Los países que desde antes de la defenestración de Manuel Zelaya el 28 de junio pasado apoyaron su permanencia en el poder -las llamadas naciones del ALBA: Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Paraguay, y aunque no formalmente, Argentina- perdieron en toda la línea. Honduras se ubicaba en su columna; ya no. Hugo Chávez podrá alegar lo que quiera, pero se quedó con un aliado menos.
Los países latinoamericanos normalmente más sensatos, pero en esta ocasión arrastrados por Chávez -Brasil, Chile, Uruguay, El Salvador, Guatemala-, también acabaron mal. Basaron todo -la definición de la democracia, el desenlace de la crisis, sus alianzas y deslindes- en la restauración de Zelaya en la presidencia. No lo lograron, ni antes de las elecciones ni después, ni por un periodo respetable o por un lapso pro forma, con sombrero presidencial o sin el mismo. El desempeño brasileño, tan criticado por la prensa paulista, se antoja el más extraño: en el mejor de los casos, Chávez los tomó por sorpresa, introdujo a Zelaya a su embajada, se burló del principio del asilo diplomático, y tampoco les aseguró una salida decorosa. Los países ajenos a la región -la Unión Europea, Estados Unidos-, y los oriundos de ésta gobernados por mandatarios de centro o de centro-derecha -Colombia, Perú, Costa Rica, México- corrieron con un destino muy parecido el uno al otro. Condenaron con toda razón el golpe de Estado de junio pero, por querer evitar a toda costa un enfrentamiento político-ideológico con el ALBA y Brasil, desistieron de adentrarse igualmente en las causas del golpe, analizarlas y condenarlas también. Aceptaron hacer de la restitución de Zelaya la piedra de toque del retorno a la democracia, y terminaron por avalar sin chistar la tesis aberrante según la cual un gobierno ilegítimo [creo que hay una errata en el texto original] no puede organizar elecciones legítimas, justas y limpias.

Pero lo más interesante en mi opinión es su dictamen sobre la política de Obama hacia Latinoamerica:
Obama debe entender que pedir perdón por pecados pasados no constituye un programa de política exterior, ni siquiera en una región tan sensible a los gestos y ritos como América Latina. Estados Unidos ya no puede, ni debe imponer su postura en el hemisferio occidental. Pero tampoco puede resignarse a ser un simple espectador de los acontecimientos, o seguidor de los demás, y mucho menos de un ficticio consenso latinoamericano.

[Texto completo]

domingo, 13 de diciembre de 2009

¿Qué volá con la calle?

Aportes de Garrincha al debate:



Y de Guamá:




Salcedo por su parte propone nuevas consignas para gritarlas en la calle.

Vivas, mueras
¡Viva Cuba libre!
¡Abajo la tiranía!
¡Vivan los derechos humanos!
¡La patria es de todos!
¡La calle es del pueblo!
¡Libertad para los presos políticos!

Coritos
¡Mabuya, la calle no es tuya!
¡Esta calle es de Martí! ¡Esta calle es de Martí! ¡Esta calle es de Martí!
¡El pueblo, unido, en oprobio y afrenta sumido!
¡ce-de-ris-tas, ma-so-quis-tas! ¡ce-de-ris-tas, ma-so-quis-tas!…
¡Abajo el marabú!
¡Abajo Fidel! ¡Abajo Raúl!
¡Voluntarios, porristas…!
¡Nacionalsocialistas!
¡Cucarachas:Devuelvan las calles, devuelvan las casas!
Insultos tentativos
¡Huelecuba! ¡Lamecuba!¡Comearengas!

Incitación al caos
¡Abajo el castrismo! ¡Viva la Revolución!
¡Aquí el que manda es Cubela!
¡Fidel, Obama, el pueblo quiere jama!
¡Viva el 1ro de mayo! ¡Carne roja para el pueblo!
¡Abajo el bloqueo! ¡Abajo Fidel!
¡Abajo la demagogia! ¡Viva la La Demajagua!
¡Viva Castro! ¡Viva el dictador! ¡Viva la tiranía!
¡Cincuenta años de robo! ¡Cincuenta años de traición!…¡Viva la Revolución!

Desalojo

Un anónimo me ha dejado esta información en los comentarios de un post anterior:

Desalojo de OMNI ZONA FRANCADecember 13th, 2009 · 12:26 am ·

Sin comentarios. Mensajes dictados por teléfono:

Alamar 12:30 pm. 11 de diciembre del 2010.

Las brigadas de respuestas rápidas de la policía y ambulancias tienen rodeado el taller de Omni Zona-Franca, sede del Festival Poesía sin Fin, con la intención de desalojarnos. Nosotros estamos defendiendo nuestro derecho de permanecer en la institución, porque estas instituciones fueron creadas por la revolución para el pueblo. Nos están haciendo acusaciones falsas porque tenemos la responsabilidad de dialogar con todo tipo de personas sin ningún temor a que ello cambie nuestra integridad. No hay diálogo verdadero con el proyecto y están convirtiendo esto en una situación internacional porque somos un proyecto que tiene el apoyo de la comunidad de Alamar y la solidaridad del mundo del arte en Cuba e internacional. Los ánimos están exaltados pero estamos por la paz y el equilibrio poético del mundo convencidamente.

Y este un mensaje obviamente posterior:

Alamar 3:35 pm.
11 de diciembre del 2010.

Se dice que OMNI-ZONA FRANCA es un grupo político. Así han estado enunciandolo por las universidades desde hace varios días. OMNI habla: Nuestra única política es la de la poesía. Estamos por el diálogo, la unidad y la paz mundial. El arte mundial es nuestro idioma.La amistad es nuestro poder. La paz interior es nuestra alegría. Hemos decidido abandonar el histórico espacio del TALLER OMNI, que es como ayer un gran amigo dijera “un sacramento espiritual”. Es nuestra decisión y estamos determinados a continuar con el FESTIVAL en nuestras casas, en paz y con la máxima alegría que hemos tenido en estos 12 años. Para todos los amigos: Seguimos en el mismo conocimiento y en profunda paz. Y como dice Anónimo Consejo: “El día de mañana será bueno. Mañana el día será bueno. Junto cantemos. Oyelo bien: Mañana el día será mejor. El próximo Viernes tendremos un diálogo con el Ministerio de Cultura. LUZ


Voy a tenerle que darle la razón al anónimo. Cuando uno lee estos mensajes es como si retrocediera en el tiempo y todo lo que uno cree que ha quedado atrás -incluido cierto lenguaje masoquista- vuelve a quedar frente a uno, como si toda la experiencia anterior sólo fuera asunto de ciertas memorias inexplicablemente tercas.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Presentación


Este martes 15 de diciembre a las 19:30 horas en la Casa de América de Madrid (Plaza de Cibeles, 2) será la presentación del último número de la revista Caleta -que se publica en Cádiz- dedicada a los últimos cincuenta años de literatura cubana. Estarán presentes José Manuel García Gil, director de la revista, Andrés Sorel, director de la revista República de las Letras, y los escritores cubanos Antonio José Ponte y Jorge Luis Arcos.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Jama y libertad, segunda parte




Esta vez no se trata de un borracho. Ahora son estudiantes del Instituto Superior de Arte. Empiezan protestando por la comida. No se atreven a darle nombre a la protesta. “¡Esto no es una huelga!” dice uno. Tantos años de aprendizaje del miedo que ni siquiera el miedo tiene nombre. ¿Cuántas veces no ha pasado antes? Se preguntará cualquiera que asistió a una de las tantas micro huelgas por el mismo asunto en los últimos cincuenta años. Pero hay diferencias. Primero es que tenemos las imágenes y las voces no mucho después de haberse producido. No es el grito aislado que sólo nos llega a través de rumores. Luego está lo rápido que salta la palabra “derechos” para pasar sin transición a hablar de libertad de expresión, de recordar -por ejemplo- el por qué alguien estudia arte.

No es ese el comienzo de una revolución, ni falta que hace. Es simplemente el síntoma compartido de muchachos que se sienten frustados y que no han tenido miedo a expresarlo. Que se dan cuenta que caen fuera de las prioridades del gobierno y que los futuros deportistas y represores cibernéticos comen mejor que ellos. Que están en el sitio de los no privilegiados. Justo en la posición en que los derechos empiezan a importar. “No pueden botar a toda la escuela” dice una y está en lo cierto. No lo harán. Les bastará con expulsar a los cabecillas –o asustarlos lo suficiente- y mejorar la comida durante unas semanas para que todo se disipe. Pero de cualquier manera bendita sea la era digital que no permite que esto quede en una gritería en un comedor. Que los derechos que esos muchachos exigen no quede únicamente como asunto de ellos.

Declaración comentada


Abajo, los artículos de Declaración Universal de los Derechos Humanos, comentados, con acto de repudio incluido.

Artículo 1.
•Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos ["¡Pin, pon fuera, abajo la gusanera!”] y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros [“¡Mercenarios, vendepatrias!"].

Artículo 2.
•Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.
•Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía, [“¡Esta calle es de Fidel! ¡Esta calle es de Fidel!”].

Artículo 3.
•Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona ["¡Paredón, paredón!"].

Artículo 4.
•Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.

Artículo 5.
•Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes [“¡Abajo los derechos humanos!”].

Artículo 6.•Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica [“¡Gusanos, escoria!”].

Artículo 7.
•Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.

Artículo 8.
Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley.

Artículo 9.
•Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado [“¡Que se vayan, que se vayan!”].

Artículo 10.
Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal.

•1. Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.

•2. Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito.

Artículo 12.
Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación [“¡Mercenarios, vendepatrias, traidores!”]. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.

Artículo 13.
1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado [“¡Orientales, palestinos!”].
2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país [“Aún no está autorizada a viajar, la razón la desconozco”].

Artículo 14.
1. En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país.
2. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.

Artículo 15.
1. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad [“¡El que no salte es yanki!”].
2. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.

Artículo 16.
1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio. ["Mi esposa ama a Fidel Castro"]2. Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio.
3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado ["Fidel es nuestro padre"] .

Artículo 17.
1. Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente.["Fidel, esta es tu casa"]
2. Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad. [“Son de propiedad estatal socialista de todo el pueblo: 1. las tierras que no pertenecen a los agricultores pequeños o a cooperativas integradas por estos, el subsuelo, las minas, los recursos naturales tanto vivos como no vivos dentro de la zona económica marítima de la República, los bosques, las aguas y las vías de comunicación; 2. los centrales azucareros, las fábricas, los medios fundamentales de transporte, y cuantas empresas, bancos e instalaciones han sido nacionalizados y expropiados a los imperialistas, latifundistas y burgueses, así como las fábricas, empresas e instalaciones económicas y centros científicos, sociales, culturales y deportivos construidos, fomentados o adquiridos por el Estado y los que en el futuro construya, fomente o adquiera. Estos bienes no pueden trasmitirse en propiedad a personas naturales o jurídicas, salvo los casos excepcionales en que la transmisión parcial o total de algún objetivo económico se destine a los fines del desarrollo del país y no afecten los fundamentos políticos, sociales y económicos del Estado, previa aprobación del Consejo de Ministros o su Comité Ejecutivo.”]

Artículo 18.
•Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia. [“El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista.”]

Artículo 19.
•Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión [Risas].

Artículo 20.
1. Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas [Carcajadas].
2. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación. [“El Estado socialista cubano reconoce y estimula a las organizaciones de masas y sociales, surgidas en el proceso histórico de las luchas de nuestro pueblo, que agrupan en su seno a distintos sectores de la población, representan sus intereses específicos y los incorporan a las tareas de la edificación, consolidación y defensa de la sociedad socialista.”]

Artículo 21.
1. Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos [“¡Pa lo que sea Fidel, pa lo que sea!”].
2. Toda persona tiene el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país.
3. La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público [¡”Comandante en Jefe, Ordene!”]; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto [“¡Pa lo que sea Fidel, pa lo que sea!”].

Artículo 22.
•Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.

Artículo 23.
1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.
2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.
3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social. ["Las masas son deben esperar que papá estado venga a resolverle sus problemas y como los pichones ‘abre la boca y toma tu comidita’ así no es”].


4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses. [Risas]
Artículo 24.
•Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, [“¡Llegó la pipa del laguer!"] a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas ["Voy a buscar un cubo"].

Artículo 25.
1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación [Risas], el vestido ["Eso es diversionismo ideológico"], la vivienda, la asistencia médica ["Eso, eso, la salud, esa es gratis"] y los servicios sociales necesarios ["¡Y el entierro es gratis!"]; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.
2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social ["¿Así que tú también eres hijo de Almeida?"].

Artículo 26.
1. Toda persona tiene derecho a la educación [“¡Las aulas son para los revolucionarios!”]. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos [“¡La universidad es de los revolucionarios!”].
2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.
•3. Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.

Artículo 27.
1. Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten [“Lo siento, el museo se reserva el derecho de admisión y nos llamaron que tú no podías entrar”].
2. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.

Artículo 28.
•Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos.

Artículo 29.
1. Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad.
2. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática.
3. Estos derechos y libertades no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.

Artículo 30.
•Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración ["Dame la "F"; dame la "I"; "dame la "D"; dame la "E"..."].

P.D.: Noticiero IGAIC (Instituto Guamañanga de Artes e Industria Cinematográficos) number two:


Los ataques de ayer

jueves, 10 de diciembre de 2009

Y como de costumbre…

Las Damas de Blanco se reunieron en el parque Villalón para conmemorar el día de los Derechos Humanos y como para justificar sus molestias recibieron un acto de repudio. Abajo el audio de la conmemoración de las Damas de Blanco y luego la jauría en todo su esplendor. Es el tipo de documentos que se debe presentar en el Parlamento Europeo cuando se discuta el tema del respeto a los derechos humanos en Cuba:



Por suerte Juventud Rebelde se ha encargado de aclarar las cosas:

—¿Se violan en Cuba los derechos humanos?

—No. El Estado cubano los protege tanto jurídica como materialmente. Hay quienes hablan de supuestas violaciones, pero no es eso lo que ocurre en la realidad. El derecho a la vida, a la integridad de las personas no solo se preserva con disposiciones legales, sino con todo un conjunto de normas que responden y expresan una realidad social y que se refieren a derechos fundamentales, en fin, a la existencia de una vida decorosa y digna.


P.D.: Abajo, la noticia según la televisión cubana. Notar el tono profesional con el que la locutora enlaza a las Damas de Blanco con la explosión del avión de Barbados en 1976. Con lógica similar se puede crear un nexo más directo aún entre la voladura del avión y el Movimiento 26 de Julio del cual Orlando Bosch fue miembro y dirigente hasta 1959.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Charla con Rafael Rojas


Hoy El País ha programado una charla cibernética con el ensayista cubano Rafael Rojas. Si quieren participar pueden entrar aquí a partir de las 17:00, hora de España lo que vienen a ser las 11ª.m. en Estados Unidos.

martes, 8 de diciembre de 2009

Chucho


Chucho Valdés se queja. Esa es la noticia. De que ninguneen a su padre en el país que nació y al que (ahora dirán que con razón) no piensa volver. Lo que no es noticia es la inconsecuencia del músico. La consistencia moral nunca ha sido su fuerte. O su incapacidad para ver el parentesco entre el hecho de que silencien el nombre de su padre y el de que acallen a todo el que discrepe o escape. No habrá que recordarle que el mismo gobierno que impone el voto de silencio sobre Bebo es el responsable de los fusilamientos que hace unos años Chucho justificó con su firma. Será demasiado explicarle que ambos eventos no sólo tienen en común las mismas circunstancias sino que además están atados por idéntica lógica: la que decreta que aquella parte de la realidad que no convenga a la idea que el poder tenga de ella debe ser suprimida. Da igual que se trate de la fama de músicos exiliados, o de las críticas al sistema o de los que huyen de éste. Y así el dúo de padre e hijo queda convertido en disco en solitario. Ese es el arte del poder que, como el de los escultores, se ejerce quitando lo que sobra solo que en su caso les estorba tanta realidad que amenazan con reducir al país casi a la nada. Y cuando el pianista finge momentáneamente que olvida ese principio entonces aparece, fugaz, la noticia. Y no es de creer que insista: bien se cuidará de que los que diseñan su realidad decidan que él también sobra.

Carta abierta a Chucho Valdés, de Tania Quintero

Estimado Chucho:

Cuando entre 1982 y 1991 cubrí eventos culturales para el Noticiero Nacional de Televisión, y en general para los Servicios Informativos de la Televisión Cubana, en el ICRT, más de una vez coincidí contigo, aunque nunca te entrevisté, como sí hice con Arturo Sandoval, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, entre otros músicos cubanos.

Siempre seguí tu carrera y la de tu familia, pero ha sido desde que vivo en Suiza como refugiada política, hace seis años, cuando más cerca me he sentido de los Valdés, sobre todo de Bebo, tu padre, un hombre por quien siento un gran cariño, respeto y admiración.

Acabo de leer en El País (http://www.elpais.com/articulo/cultura/Chucho/Valdes/cambia/paso/jazz/afrocubano/elpepucul/20091207elpepucul_6/Tes) tu malestar e indignación porque la prensa oficial cubana no ha mencionado que Bebo Valdés fue uno de los ganadores de los Grammy Latino 2009.

Un dolor que ahora has sentido tu, Chucho, pero desde hace muchos, muchos años, vienen sintiendo los cientos de cubanos que han logrado triunfar en sus nuevas patrias y que su patria verdadera así, impíamente, les aplica una vergonzosa y denigrante ley del silencio, cuando no desaforados insultos y agravios, como hace poco hicieron con Arturo Sandoval.

Con inaudita estupidez, los estalinistas criollos creen que convertirán en no personas, a todos los que hemos disentido o decidido vivir en otras orillas. Y no lo dudes: pueden empezar a hacerlo contigo por esas declaraciones "fuera de lugar". Y si un día decides no regresar, mejor que yo lo sabes, todos los discos, programas radiales y televisivos que te han hecho, serán sacados de circulación.

Sólo por opinar y pensar diferente o por haber decidido vivir y trabajar en otro país, algo que no constituye delito en ninguna nación civilizada. Un derecho contemplado en la Declaración Universal de Derechos Humanos, de la cual Cuba es signataria desde su fundación, el 10 de diciembre de 1948.

El 19 de julio de 2007 en mi blog publiqué Bebo y Chucho: Al fin juntos! (http://taniaquintero.blogspot.com/2007/07/bebo-y-chucho-al-fin-juntos-el-milagro.html). Todavía se pueden leer los duros comentarios por haberme "atrevido" a publicar tu foto. Porque si en Cuba silencian a tu padre, afuera algunos quieren silenciarte a ti, por esa carta que firmaste en 2003.

Salí de La Habana el 25 de noviembre de 2003, con 61 años cumplidos. Y sé bien cómo han funcionado y siguen funcionando las cosas en la isla donde nací. Y sé que allá, a no ser un Antúnez, un Biscet y dos o tres disidentes más, casi nadie tiene madera de héroe ni de mártir: la vida bajo los Castro es demasiado dura y la gente, para poder sobrevivir y sacar adelante a su familia, se ve obligada a tomar decisiones en contra de su voluntad.

Y también sé que hay intelectuales, artistas, escritores y músicos, que han firmado cartas que no hubieran querido nunca haber firmado -y que tal vez después se arrepintieron, pero ni siquiera públicamente lo pueden decir-, y asistido a actos a los cuales jamás hubieran querido asistir. Ese tipo de "presiones", "fachadas" y "máscaras", esa doble moral, es la esencia misma de los regímenes totalitarios. Y lo que desde hace medio siglo pasa en Cuba, es lo mismo que ya pasó en la URSS, la RDA y los antiguos países de la Europa del Este.

Cuando el 4 de octubre de 2007 publiqué un post titulado Clase de piano (http://taniaquintero.blogspot.com/2007/10/clase-de-piano-por-tania-quintero-quien.html), mencioné a "desertores" y "revolucionarios". Igual hice en Damas de la canción cubana, publicado en mi blog (http://taniaquintero.blogspot.com) en dos partes, el 1 y 7 de marzo de 2008. La música no tiene fronteras y no necesita de pasaportes ni permisos de salidas para darse a conocer, menos en tiempos de internet y You Tube.

En El Jorge Luis Piloto que yo conocí (http://vocescubanas.com/desdelahabana/2009/11/20/el-jorge-luis-piloto-que-yo-conoci/), mi hijo Iván García, periodista independiente como yo, al final puso una Postdata en la cual aclara que fueron cuatro los cubanos que obtuvieron Grammy Latino 2009: Omara, Bebo, tu y el compositor cubano-americano Jorge Luis Piloto, y quien por supuesto, tampoco es mencionado. Pero lo que vale es que su canción premiada Yo no sé mañana (http://www.youtube.com/watch?v=AXIgjQFMCiI), interpretada por el nicaragüense Luis Enrique, los cubanos la escucharán y bailarán.

A Bebo Valdés, como a Ernesto Lecuona, Celia Cruz, Ela O'Farrill, Paquito D'Rivera, Isaac Delgado y Arturo Sandoval, entre otros músicos y compositores "apátridas", no hay silencios, prohibiciones ni censuras capaces de impedir que los cubanos de la isla-presidio los lleven en sus corazones. Tampoco existen bloqueos ni embargos capaces de impedir que nuestros compatriotas allá se las arreglen legal o ilegalmente para conseguir, discos, cassettes, cds y dvds para escucharlos y verlos en sus casas. Desde siempre, si ha habido y seguirá habiendo algo sagrado para un cubano, ésos son sus músicos y sus peloteros, vivan donde vivan y piensen como piensen.

A modo de despedida -y de consolación- reproduzco Bebo, de nuevo (http://taniaquintero.blogspot.com/2008/05/bebo-de-nuevo.html), publicado el 17 de mayo de 2008:

"Bebo Valdés ha estado presente en este blog en varios posts. Ahora vuelve a aparecer, esta vez de la mano de la periodista y escritora Elvira Lindo (Cádiz, 1962). El 7 de mayo de 2008 ella publicó Años robados en El País. A continuación pueden leerlo:

"Las dictaduras no suelen estar hechas a escala humana. Nuestra existencia es tan corta que el afianzamiento de un régimen autoritario conlleva el destrozo de vidas enteras. Ésa es la inconsolable
conclusión a la que se llega cada vez que se lee sobre los que vivieron callando o hubieron de marcharse. El dictador les jodió la vida. La vida de Bebo Valdés, por ejemplo, ese músico genial que con su música y su azarosa historia llenó dos horas del sábado lluvioso de Manhattan, las dos horas de
documental que firma Carlos Carca y que ha ganado el Festival de Tribeca. Me preguntaba qué pensaría ese público neoyorquino, situado con toda seguridad a la izquierda del partido demócrata, que aún conserva el eco de su simpatía por Castro, una simpatía equivocada pero llena de buenas intenciones. Lo mejor de asistir al resumen de una vida es que uno no puede perderse en laberintos ideológicos. Lo que es, es: un niño negro, nieto de esclavos, nacidos con un don y criado en un ambiente donde se favorecía la curiosidad musical. La Habana fue el entorno donde se gestó esa edad de oro de la primera mitad del siglo XX, asombro de los padres del jazz americano que viajaban a la isla para aprender aquellos ritmos prodigiosos. Cuáles son las justificaciones ideológicas que llevan a un régimen a darle una patada en el culo a un tipo como Bebo Valdés? Las preguntas han de ser así concretas, porque la vida humana es concreta y porque es la única manera de demostrar que ninguna idea abstrata merece tanto la pena como para frustrar el futuro de un genio o de un cualquiera. Treinta años pasó Bebo tocando standards en hoteles suecos. Su espíritu agradecido se adaptó a los fríos del norte. Ni un reproche sale de su boca por ese país que le quitaron y esos hijos a los que no vio crecer. Pero no hay aplauso que compense los años robados".

Sinceramente,

Tania Quintero
Lucerna, Suiza
8 de diciembre de 2009
Email: taniaquintero3@hotmail.com

Discurso Nobel

Un amigo me manda el discurso de Herta Muller en su aceptación del Premio Nobel. Me lo envía con esta recomendación:
Aqui te mando el discurso de la nueva premio nobel . Si puedes cuelgalo en tu
blog porque es toda una mejores reflexiones que he leido sobre la etica del
escritor. Por supuesto, tiene la delicadeza, la sutileza, la capacidad de
sugerencia literaria de no mencionar nada de esto de un modo directo: una
joyita.

Aquí el discurso completo:

Discurso Nobel
7 diciembre de 2009

Cada palabra sabe algo sobre el círculo vicioso
¿TIENES UN PAÑUELO? me preguntaba mi madre cada mañana en la puerta de casa, antes de que yo saliera a la calle. Yo no tenía el pañuelo, y como no lo tenía, regresaba a la habitación y sacaba un pañuelo. No tenía el pañuelo cada mañana, porque cada mañana aguardaba la pregunta. El pañuelo era la prueba de que mi madre me protegía por la mañana. A otras horas del día, más tarde o en otras circunstancias, quedaba a merced de mí misma. La pregunta ¿TIENES UN PAÑUELO? era una ternura indirecta. Una directa hubiera sido penosa, algo que no existía entre los campesinos. El amor se disfrazaba de pregunta. Sólo así podía decirse a secas, en tono de orden, como las maniobras del trabajo. El hecho de que la voz fuera áspera realzaba incluso la ternura. Cada mañana estaba yo una vez sin pañuelo en la puerta, y una segunda vez con pañuelo. Sólo después salía a la calle, como si con el pañuelo también estuviera mi madre.
Y veinte años más tarde estaba hacía tiempo sola en la ciudad, como traductora en una fábrica de maquinarias. A las cinco de la mañana me levantaba, y a las seis y media empezaba el trabajo. Por la mañana resonaba el himno sobre el patio de la fábrica a través del altavoz, durante la pausa del mediodía se escuchaban los coros de los obreros. Pero los obreros, que estaban comiendo, tenían ojos vacíos como hojalata, manos embadurnadas de aceite, y su comida estaba envuelta en papel de periódico. Antes de comerse un trocito de tocino, le quitaban la tinta del periódico rascándola con el cuchillo. Dos años transcurrieron al trote de la cotidianeidad, cada día igual al otro.
Al tercer año se acabó la igualdad de los días. En el transcurso de una semana entró tres veces en mi oficina, a primera hora de la mañana, un hombre gigantesco, de huesos sólidos, con ojos azules centelleantes, un coloso del Servicio Secreto.
La primera vez me insultó de pie y se marchó.
La segunda vez se quitó el impermeable, lo colgó en una percha del armario y se sentó. Aquella mañana yo había traído de casa unos tulipanes y los estaba acomodando en el florero. El tipo me observaba y alabó mi inusual conocimiento del ser humano. Su voz era resbaladiza. Sentí un gran desasosiego. Impugné su elogio y le aseguré que sabía algo de tulipanes, pero nada del ser humano. Entonces me dijo en tono malicioso que él me conocía mejor que yo a los tulipanes. Luego se colgó del brazo el impermeable y se marchó.
La tercera vez se sentó y yo permanecí de pie, porque había dejado su cartera sobre mi silla. No me atreví a ponerla en el suelo. Me insultó tratándome de necia redomada, holgazana, putilla, tan corrompida como una perra vagabunda. Empujó los tulipanes hasta casi el borde de la mesa, en cuyo centro puso una hoja de papel vacía y un lápiz. Rugió: escribe. De pie, empecé a escribir lo que me iba dictando. Mi nombre con fecha de nacimiento y dirección. Y después que yo, independientemente de la proximidad o del parentesco, no le diría a nadie que..., y entonces llegó la horrible palabra: colaborez, iba a colaborar. Esta palabra ya no la escribí. Puse el lápiz a un lado y me dirigí a la ventana, por la que miré hacia la polvorienta calle. No estaba asfaltada, baches y casas gibosas. Y esa calleja ruinosa se llamaba, encima, Strada Gloriei: calle de la gloria. En la calle de la gloria había un gato trepado en la morera desnuda. Era el gato de la fábrica y tenía una oreja desgarrada. Encima de él brillaba el sol matinal como un tambor amarillo. Dije: N-am caracterul. No tengo este carácter. Se lo dije a la calle, fuera. La palabra CARÁCTER puso histérico al hombre del Servicio Secreto. Rompió la hoja y tiró los trozos al suelo. Pero probablemente se le ocurrió que tendría que presentarle a su jefe la prueba de que había intentado incorporarme a su red de espionaje, porque se agachó, recogió todos los trozos en una mano y los metió en su cartera. Luego lanzó un profundo suspiro y, en medio de su derrota, arrojó hacia la pared el florero con los tulipanes, que se estrelló y crujió como si hubiera dientes en el aire. Con la cartera bajo el brazo dijo en voz queda: esto lo pagarás muy caro. Te ahogaremos en el río. Como hablando conmigo misma dije: Si firmo eso ya no podré vivir conmigo y tendría que hacerlo yo. Mejor háganlo ustedes. Y al instante la puerta de la oficina ya estaba abierta y él se había marchado. Y fuera, en la Strada Gloriei, el gato de la fábrica había saltado del árbol al tejado de la casa. Una de las ramas se mecía como un trampolín.
Al día siguiente comenzó el tira y afloja. Yo debía desaparecer de la fábrica. Cada mañana a las seis y media tendría que presentarme ante el director, con el que cada mañana estaban el jefe del sindicato y el secretario el Partido. Y así como en otros tiempos me preguntaba mi madre: ¿tienes un pañuelo? ahora me preguntaba cada mañana el director: ¿Has encontrado otro trabajo? Y yo le respondía cada vez lo mismo: No estoy buscando ninguno. Estoy a gusto aquí en la fábrica, quisiera quedarme hasta la jubilación.
Una mañana llegué al trabajo y mis voluminosos diccionarios estaban en el suelo del pasillo, junto a la puerta de mi oficina. La abrí, y había un ingeniero sentado a mi escritorio. Me dijo: aquí se llama a la puerta antes de entrar. Ahora estoy aquí yo, y tú ya no tienes nada que hacer en este despacho. A casa no podía irme, porque habrían tenido un pretexto para despedirme por faltar sin permiso. Ahora no tenía oficina, y con mayor razón tenía que ir cada día normalmente al trabajo, por ningún motivo debía ausentarme.
Una amiga, a la que cada día se lo contaba todo en el camino de vuelta a casa por la Strada Gloriei, me dejó compartir al principio una esquina de su escritorio. Pero una mañana se plantó ante la puerta de la oficina y me dijo: No me autorizan a dejarte entrar. Todos dicen que eres una soplona. Las trabas y vejaciones se enviaban hacia abajo, los rumores empezaron a propagarse entre los colegas. Eso era lo peor. Contra los ataques uno puede defenderse, contra la calumnia es impotente. Yo contaba cada día con todo, incluso con la muerte. Pero con esa perfidia no sabía qué hacer. Ningún cálculo la volvía soportable. La calumnia nos atiborra de mugre, y nos asfixiamos porque no podemos defendernos. En opinión de mis colegas yo era exactamente aquello a lo que me había negado. Si los hubiera espiado y delatado, habrían confiado en mí sin sospechar nada. En el fondo, me castigaban porque yo los protegía.
Como ahora con mayor razón no podía ausentarme, pero no tenía despacho y a mi amiga no le permitían dejarme entrar en el suyo, me instalé, indecisa, en la caja de la escalera, una escalera que recorrí varias veces de arriba abajo – de pronto volví a ser la hija de mi madre, porque TENÍA UN PAÑUELO. Lo extendí en un escalón entre el primer y el segundo piso, lo alisé para que estuviera como es debido y me senté encima. Me puse en las rodillas mis gruesos diccionarios y empecé a traducir descripciones de máquinas hidráulicas. Yo era un chiste malo sobre la escalera, y mi despacho, un pañuelo. En las pausas del mediodía, mi amiga se sentaba en la escalera junto a mí. Comíamos juntas como antes en su oficina y, más antes aún, en la mía. Por el altavoz del patio, como siempre, los coros de los obreros entonaban cantos sobre la felicidad del pueblo. Mi amiga comía y lloraba por mí. Yo no. Debía mantenerme firme y dura. Largo tiempo. Unas cuantas semanas eternas, hasta que me despidieron.
En la época en que yo era un chiste malo sobre la escalera, consulté el diccionario para averiguar la importancia de la palabra ESCALERA. El primer escalón de la escalera se llama PELDAÑO DE ARRANQUE, el último escalón, PELDAÑO DEL DESCANSILLO. Los escalones horizontales que uno pisa encajan lateralmente en las MEJILLAS DE LA ESCALERA, y los espacios libres entre los distintos peldaños se llaman incluso OJOS DE LA ESCALERA. Por las piezas de las máquinas hidráulicas, embadurnadas de aceite, ya conocía las bellas palabras COLA DE GOLONDRINA y CUELLO DE CISNE, para ajustar un tornillo se utilizaba una MADRE DE TORNILLO, e igualmente me dejaron asombrada los poéticos nombres de las partes de una escalera, la belleza del lenguaje técnico: MEJILLAS DE LA ESCALERA, OJOS DE LA ESCALERA – es decir, la escalera tenía un rostro, ya fuese de madera, piedra, cemento o hierro – y los hombres reproducen su propia cara en las cosas más voluminosas del mundo, dan al material muerto los nombres de su propia carne, lo personifican en partes del cuerpo. Y el arduo trabajo sólo les resulta soportable a los especialistas gracias a esa ternura oculta. Cada trabajo, en cada profesión, se rige por el mismo principio de la pregunta de mi madre sobre el pañuelo.
Cuando yo era niña, en casa había un cajón destinado a los pañuelos. En él se alineaban tres pilas en dos hileras, una detrás de la otra:
A la izquierda, los pañuelos de hombre, para el padre y el abuelo.
A la derecha, los pañuelos de mujer, para la madre y la abuela.
En el centro, los pañuelos de niño, para mí.
Aquel cajón era nuestro retrato de familia en formato de pañuelo. Los pañuelos de hombre eran los más grandes, tenían un borde oscuro de color marrón, gris o burdeos. Los pañuelos de mujer eran más pequeños, con borde azul celeste, rojo o verde. Los pañuelos de niño eran los más pequeños, sin borde, pero en el cuadrado blanco había flores o animales pintados. Entre los tres tipos de pañuelos había los que se usaban los días laborables, en la hilera anterior, y los que se usaban los domingos, en la hilera posterior. Los domingos, el pañuelo debía hacer juego con el color de la ropa, aunque no se viera.
Ningún otro objeto en la casa, ni siquiera nosotros mismos, nos resultaba tan importante como el pañuelo. Podía utilizarse para una infinidad de cosas: resfriados, cuando la nariz sangraba o había alguna herida en la mano, el codo o la rodilla, cuando uno lloraba o lo mordía para reprimir el llanto. Un pañuelo frío y húmedo en la frente aliviaba el dolor de cabeza. Con cuatro nudos en las esquinas servía para protegerse del sol o de la lluvia. Cuando uno quería acordarse de algo, hacía un nudo en el pañuelo como artificio mnemotécnico. Para cargar bolsas pesadas se envolvía en él la mano. Si ondeaba era una señal de despedida cuando el tren salía de la estación. Y como tren se dice en rumano TREN, y en el dialecto del Banato lágrima (Träne) se dice trän, en mi cabeza el chirrido de los trenes sobre los rieles equivalía siempre al llanto. En la aldea, cuando alguien moría se le ataba enseguida un pañuelo en torno a la barbilla para que la boca permaneciera cerrada cuando pasaba la rigidez cadavérica. Cuando en la ciudad alguien se desplomaba al borde del camino, siempre había un transeúnte que con su pañuelo cubría la cara del muerto, y así el pañuelo pasaba a ser su primer reposo mortuorio.
A última hora de la tarde, los días calurosos del verano, los padres enviaban a sus hijos al cementerio para que regasen las flores. Nos juntábamos dos o tres e íbamos de una tumba a la otra, regando rápidamente. Luego nos sentábamos, muy pegados unos a otros, en las escaleras de la capilla y observábamos cómo de algunas tumbas subían nubecillas de vapor blanco. Volaban un ratito en el aire negro y desaparecían. Para nosotros eran las almas de los muertos: Figuras zoomórficas, gafas, frasquitos y tazas, guantes y medias. Y de vez en cuando un pañuelo blanco con el borde negro de la noche.
Más tarde, conversando con Oskar Pastior para escribir sobre su deportación a un campo de trabajos forzados soviético, me contó que una anciana madre rusa le regaló una vez un pañuelo blanco de batista. Tal vez tengáis suerte tú y mi hijo, y podáis regresar pronto a casa, dijo la rusa. Su hijo tenía la misma edad que Oskar Pastior y estaba tan lejos de casa como él, en la dirección opuesta, dijo, en un batallón de castigo. Oskar Pastior había llamado a su puerta como un mendigo medio muerto de hambre, quería cambiarle un trozo de carbón por un poquito de comida. Ella lo hizo entrar en la casa y le dio un plato de sopa. Y cuando la nariz de Oskar empezó a gotear en el plato, le dio el pañuelo blanco de batista, que nadie había usado todavía. Con un borde calado de bastoncillos y rosetas impecablemente bordados con hilos de seda, el pañuelo era una belleza que abrazó e hirió al mendigo. Un híbrido; por un lado un consuelo de batista; por el otro, una cinta métrica con bastoncillos de seda, las rayitas blancas en la escala de su desamparo. El mismo Oskar Pastior era un híbrido para esa mujer: un mendigo extraño en la casa y un hijo perdido en el mundo. En esas dos personas lo había hecho feliz y le había exigido demasiado el gesto de una mujer que para él también era dos personas: una rusa extraña y una madre preocupada con la pregunta: ¿TIENES UN PAÑUELO?
Desde que me enteré de esta historia también yo tengo una pregunta: ¿Es ¿TIENES UN PAÑUELO? válida en todas partes y se halla extendida sobre medio mundo en el brillo de la nieve entre la congelación y el deshielo? ¿Cruza todas las fronteras pasando entre montañas y estepas hasta adentrarse en un gigantesco imperio sembrado de campos de trabajos forzados? ¿No hay manera de dar muerte a la pregunta ¿TIENES UN PAÑUELO? ni siquiera con la hoz y el martillo, ni siquiera en el estalinismo de la reeducación a través de tantos campos de trabajos forzados?
Aunque hace décadas que hablo rumano, en la conversación con Oskar Pastior me percaté por primera vez de que en rumano pañuelo se dice BATISTA, de nuevo la sensual lengua rumana, que simplemente lanza con apremio sus palabras hasta el corazón de las cosas. El material no da ningún rodeo, se designa como pañuelo listo, como BATISTA. Como si cada pañuelo fuera de batista en todo tiempo y lugar.
Oskar Pastior guardó en la maleta el pañuelo como reliquia de una doble madre con un doble hijo. Luego se lo llevó a casa tras cinco largos años en el campo de trabajos forzados. ¿Por qué? – su pañuelo blanco de batista era esperanza y miedo, y cuando uno renuncia a la esperanza y al miedo, muere.
Después de la conversación sobre el pañuelo blanco me pasé media noche pegándole a Oskar Pastior un collage sobre un papel blanco:
Aquí bailan puntos dice Bea
entras en un vaso de leche de tallo largo
ropa interior blanca tina de zinc gris verde
contra reembolso se corresponden
casi todos los materiales
mira aquí
yo soy el viaje en tren y
la cereza en la jabonera
nunca hables con hombres extraños ni
acerca de la Central
Cuando a la semana siguiente fui a su casa a regalarle el collage, me dijo: encima debes pegar: “PARA OSKAR”. Yo le dije: Lo que te doy, te pertenece, y tú lo sabes. Él dijo: debes pegarlo encima, tal vez el papel no lo sepa. Me lo llevé de nuevo a casa y encima pegué: para Oskar. Y se lo volví a regalar la semana siguiente, como si hubiera regresado la primera vez de la puerta sin pañuelo y ahora estuviera por segunda vez en la puerta con pañuelo.
Con un pañuelo termina también otra historia:
El hijo de mis abuelos se llamaba Matz. En los años treinta lo enviaron a Timişoara a estudiar finanzas para que se hiciera cargo del negocio de cereales y de la tienda de ultramarinos de la familia. En la Escuela enseñaban maestros del Reich alemán, auténticos nazis. Al concluir sus estudios Matz quizás había recibido, de paso, una capacitación en finanzas, pero sobre todo recibió una formación de nazi – un lavado de cerebro planificado. Cuando salió de la escuela, Matz era un nazi fervoroso, un convertido. Ladraba consignas antisemitas, era inalcanzable como un débil mental. Mi abuelo lo reprendió repetidas veces, diciéndole que debía toda su fortuna sólo a los créditos de hombres de negocios judíos amigos suyos. Y al ver que esto no servía de nada, lo abofeteó varias veces. Pero a su hijo le habían trastornado el juicio. Jugaba a ser el ideólogo de la aldea, vejaba a los muchachos de su edad que se negaban a ir al frente. En el ejército rumano ocupaba un puesto de oficinista. Pero de la teoría quiso pasar a la práctica. Se presentó voluntario en las SS, quería ir al frente. Unos meses después regresó a casa para casarse.
Tras haber sido testigo de los crímenes en el frente, aprovechó una fórmula mágica válida para escaparse unos días de la guerra. Esa fórmula mágica era: permiso por boda.
Mi abuela tenía dos fotos de su hijo Matz en el fondo de un cajón, una foto de la boda y una foto de la muerte. En la foto de la boda se ve una novia vestida de blanco, una mano más alta que él, esbelta y seria, una virgen de yeso. Sobre su cabeza hay una corona de cera como hojas nevadas. Junto a ella está Matz con su uniforme nazi. En vez de ser un novio, es un soldado. Un soldado de la boda y su propio último soldado de la patria. Apenas volvió al frente, llegó la foto de la muerte. Y en ella un último soldado destrozado por una mina. La foto de la muerte es del tamaño de una mano, un campo negro, en el centro un paño blanco con un montoncito gris de restos humanos. Sobre el fondo negro, el paño blanco parece tan pequeño como un pañuelo de niño cuyo cuadrado blanco tiene pintado en el centro un dibujo extraño. Para mi abuela esa foto también tenía su híbrido. En el pañuelo blanco había un nazi muerto, en su memoria, un hijo vivo. Mi abuela dejó esa doble foto todos aquellos años en su devocionario. Rezaba cada día. Probablemente sus oraciones también tenían doble fondo. Probablemente seguían el hiato entre el hijo querido y el nazi obcecado y pedían también al Señor Dios que hiciera el espagat de amar a ese hijo y perdonar al nazi.
Mi abuelo había sido soldado en la Primera Guerra Mundial. Sabía de qué estaba hablando cuando decía a menudo y en tono amargo, refiriéndose a su hijo Matz: Sí, cuando ondean al viento las banderas, el juicio se pierde en las trompetas. Esta advertencia también era aplicable a la siguiente dictadura, en la que me tocó vivir a mí misma. A diario se veía cómo el juicio de los pequeños y grandes oportunistas se perdía en las trompetas. Yo decidí no tocar la trompeta.
Pero de niña tuve que aprender a tocar el acordeón contra mi voluntad. Pues en la casa se había quedado el acordeón rojo de Matz, el soldado muerto. Las correas del acordeón eran demasiado largas para mí, y para que no se resbalaran por mis hombros, el maestro de acordeón me las ataba a la espalda con un pañuelo.
Se puede decir que precisamente los objetos más pequeños, ya sean trompetas, acordeones o pañuelos, terminan atando las cosas más dispares en la vida; que los objetos giran y, en sus desviaciones, tienen algo que obedece a las repeticiones, al círculo vicioso. Uno puede creerlo, mas no decirlo. Pero lo que no puede decirse, puede escribirse. Porque la escritura es un quehacer mudo, un trabajo que va de la cabeza a la mano. De la boca se prescinde. En la dictadura yo hablaba mucho, sobre todo porque había decidido no tocar la trompeta. La mayoría de las veces, hablar tenía consecuencias intolerables. Pero la escritura empezó en el silencio, en aquella escalera de la fábrica donde tuve que sopesar y decidir conmigo misma más cosas de las que podían decirse. El acontecer ya no podía articularse en palabras. A lo sumo los añadidos externos, mas no su dimensión. Esta yo sólo podía deletrearla en mi cabeza, en silencio, en el círculo vicioso de las palabras al escribir. Reaccionaba ante el miedo a la muerte con hambre de vida. Era un hambre de palabras. Sólo el torbellino de las palabras podía captar mi estado y deletreaba lo que no podía decirse con la boca. Yo iba detrás de lo vivido en el círculo vicioso de las palabras, hasta que aparecía algo que no había conocido antes. Paralelamente a la realidad entraba en acción la pantomima de las palabras, que no respeta dimensiones reales, reduce las cosas principales y aumenta las secundarias. El círculo vicioso de las palabras confiere de buenas a primeras una especie de lógica maldita a lo vivido. La pantomima es furiosa y permanece atemorizada y tan adicta como hastiada. El tema dictadura surge ahí espontáneamente, porque la naturalidad ya nunca regresa cuando a uno se la han robado casi por completo. El tema está implícito ahí, pero las palabras se apoderan de mí y llevan al tema adonde quieren. Ya nada es cierto y todo es verdad.
Como chiste malo sobre la escalera estaba yo tan sola como en aquella época, en que de niña, cuidaba vacas en el valle del río. Comía hojas y flores para formar parte de ellas, porque ellas sabían cómo se vive y yo no. Me dirigía a ellas dándoles un nombre. El nombre cardo lechoso debía ser realmente la planta espinosa con leche en los tallos. Pero la planta no escuchaba el nombre cardo lechoso. Entonces yo lo intentaba con nombres inventados: COSTILLA ESPINOSA, CUELLO DE AGUJA, en los que no figuraban ni cardo ni lechoso. En el engaño de todos los nombres falsos ante la planta verdadera se abría el agujero hacia el vacío. La situación ridícula de hablar a solas en voz alta conmigo y no con la planta. Pero la situación ridícula me hacía bien. Yo cuidaba vacas y el sonido de las palabras me protegía. Sentía:
Cada palabra en el rostro
sabe algo del círculo vicioso
y no lo dice
El sonido de las palabras sabe que debe engañar, porque los objetos engañan con su material, y los sentimientos, con sus gestos. En el punto de intersección del engaño de los materiales y de los gestos se instala el sonido de las palabras con su verdad inventada. Al escribir no puede hablarse de confianza, sino más bien de la honestidad del engaño.
Por entonces, en la fábrica, cuando yo era un chiste malo sobre la escalera, y el pañuelo, mi oficina, también encontré en el diccionario la hermosa palabra INTERÉS ESCALONADO, que designa las tasas de interés de un préstamo que van subiendo por tramos. Las tasas de interés son para uno gastos y para otro, ingresos. Al escribir acaban siendo ambas cosas, cuanto más voy ahondando en el texto. Cuanto más me expolia lo escrito, tanto más muestra a lo vivido lo que no había en el vivir. Sólo las palabras lo descubren, porque antes no lo conocían. Allí donde sorprenden a lo vivido es donde mejor lo reflejan. Se vuelven tan apremiantes que lo vivido debe aferrarse a ellas para no deshacerse.
Me parece que los objetos no conocen su material, que los gestos no conocen sus sentimientos y las palabras tampoco conocen la boca que las enuncia. Pero para asegurarnos nuestra propia existencia necesitamos los objetos, los gestos y las palabras. Cuanto más palabras nos es permitido usar, tanto más libres somos. Cuando se nos prohíbe la boca, intentamos afirmarnos con gestos e incluso con objetos. Son más difíciles de interpretar y permanecen un tiempo libres de sospecha. Y así pueden ayudarnos a convertir la humillación en una dignidad que permanece libre de sospecha por un tiempo.
Poco antes de mi emigración de Rumania, el policía de la aldea vino un día muy de mañana a llevarse a mi madre. Ella estaba ya en la puerta cuando se le ocurrió la pregunta: ¿TIENES UN PAÑUELO? Y no lo tenía. Aunque el policía se mostró impaciente, ella volvió a entrar en la casa y sacó un pañuelo. En la comisaría el policía estalló en gritos e improperios. Los conocimientos de rumano de mi madre no bastaban para que comprendiera los rugidos del policía, que luego se marchó del despacho y cerró la puerta con llave desde fuera. Mi madre se pasó el día entero encerrada allí. Las primeras horas sentada a la mesa, llorando. Después empezó a ir de un lado para otro y a limpiar el polvo de los muebles con el pañuelo empapado en lágrimas. Por último cogió el cubo de agua del rincón y la toalla que colgaba de un clavo en la pared y fregó el piso. Me quedé aterrada cuando me lo contó. ¿Cómo has podido fregarle el despacho a ese individuo?, le pregunté. Y ella me respondió, sin ningún reparo: quería hacer algo para matar el tiempo. Y el despacho estaba tan mugriento. Hice bien en llevarme uno de los pañuelos de hombre, grandes.
Sólo entonces comprendí que con esa humillación adicional, pero voluntaria, se había proporcionado dignidad en aquel arresto. En un collage busqué palabras para formularlo:
Yo pensaba en la rosa vigorosa en el corazón
en el alma inservible como un colador
pero el propietario preguntó:
¿quién se acaba imponiendo?
yo dije: salvar el pellejo
él gritó: el pellejo es
sólo una mancha de la batista ofendida
sin juicio.
Me gustaría poder decir una frase para todos aquellos que, en las dictaduras, todos los días, hasta hoy, son despojados de su dignidad, aunque sea una frase con la palabra pañuelo, aunque sea la pregunta: ¿TENÉIS UN PAÑUELO?
Puede ser que, desde siempre, la pregunta por el pañuelo no se refiera en absoluto al pañuelo, sino a la extrema soledad del ser humano.

Traducido por Juan José del Solar Bardelli

lunes, 7 de diciembre de 2009

¿Contracultura en Cuba?

Como ya anuncié el fin de semana estuve en México D.F. participando en la conferencia Juventud y Cultura Cubanas: Nuevos Paradigmas. El panel en que participé versó sobre el tema de la contracultura. A mí de inicio me parece un tema muy discutible tratándose de Cuba y me parece útil abrir un debate sobre la existencia de un movimiento contracultural cubano (o si habría que buscar una definición más ajustada a su realidad), cuál sería su perfil, características y conciencia de su propia existencia y cuáles serían sus objetivos principales en caso de tenerlos. Así que invito a todo el que tenga algo que decir sobre el tema a dejar su opinión en este blog. De momento los dejo con mi visión sobre el asunto tal y como la expuse en dicha conferencia.

Dentro y contra: los espacios de la contracultura en Cuba


El poder de la imaginación
Todo depende. Si por ejemplo nos preguntamos en qué se parece un wonderbra a una dictadura, el sentido común no nos permitiría ver ninguna coincidencia. En cambio, si apelamos a la imaginación descubriremos que los brassieres con relleno y las dictaduras se parecen en que oprimen a los de dentro, engañan a los de fuera y levantan monumentos a los caídos. Menciono este ejemplo porque hablar de contracultura en Cuba requiere una similar dosis de imaginación. Aplicar el modelo contracultural propio de sociedades liberales a las condiciones del totalitarismo antillano puede resultar forzado y hasta contraproducente. Las definiciones del término coinciden en fijar su sentido a partir del rechazo e impugnación de los valores y modos de vida de una sociedad, de la crítica al “tipo de racionalidad dominante más abstracta de la que todos participamos […] y de la que dependemos”. La contracultura no estaría basada por tanto en la creación de un modelo artístico más o menos novedoso y distinto respecto a los dominantes o en el rechazo o la crítica e impugnación de un determinado régimen político. La contracultura propone un diferente modo de concebir las relaciones sociales, un nuevo modo de vida. Si a esto se añade la tendencia a definir la contracultura como un movimiento organizado y visible cuya acción afecta a muchas personas y persiste durante un período de tiempo considerable se verá en la aplicación del término contracultura a la realidad cubana las mismas dificultades que si se intentara envolverla con un brassiere dos tallas menor.

Los ochenta como punto de partida
Si, en cambio, optamos por una definición negativa de contracultura como movimiento cultural anti-paternalista, anti-dogmático y anti-autoritario podríamos reconocer en ello denominadores comunes de buena parte de la cultura producida en la isla a partir de la segunda mitad de la década del 80 del siglo pasado hasta la fecha. Me refiero a la invasión lenta e intermitente de los espacios públicos por movimientos y actores culturales que en la práctica y a veces en la teoría niegan los fundamentos del sistema. Sin negar fenómenos previos no es hasta finales de los ochenta que en Cuba estas manifestaciones tuvieron un carácter masivo. Esta irrupción vino marcada tanto por el agotamiento del modelo cultural totalitario como —de una manera todavía más decisiva— por la crisis del paradigma político soviético expuesta en el proceso conocido como la Perestroika. Los breves años de indecisión represiva del régimen ante manifestaciones que se presentaban a sí mismas más como proyectos de renovación cultural que como intento franco de transformación política de la sociedad fueron testigos de una multitud de fenómenos impensables en las dos décadas anteriores. Desde el intenso movimiento en las artes plásticas que retó el sistema institucional de la cultura y se lanzó a tomar las calles hasta la intensa lucha por la despenalización del rock, música catalogada hasta entonces como imperialista y punta de lanza del diversionismo ideológico. Desde la aparición de cantautores que rompían con la imagen épica de la Revolución Cubana hasta el rescate de escritores hasta entonces prohibidos como Virgilio Piñera. Desde un movimiento humorístico que se ensañaba con las manifestaciones más groseras del kitsch castrista hasta los encendidos debates en las universidades sobre los planes de enseñanza, la miseria informativa de los medios o el culto a la personalidad de Fidel Castro. Desde la aparición de documentales y películas inusualmente críticos hasta la conversión de espacios de comunidad ideológica oficial como la semana de cine soviético en un foro de identificación y discusión de los males del socialismo real. Desde la conquista de espacios mínimos pero llamativos en los medios oficiales hasta la multiplicación de peñas culturales en las que creadores de todo tipo entraban en contacto con el público sin apenas vigilancia estatal. Desde el surgimiento de una generación de narradores —conocida como los “novísimos”— que trajo un repertorio de temas ignorados hasta entonces en el ámbito de literario reconocido hasta la aparición de asociaciones culturales independientes de cualquier tutelaje oficial.
Este parcial resumen de la breve revuelta cultural de los 80 podría dar la impresión de movimiento organizado y visible con que se caracteriza a la contracultura. No obstante, la invisibilidad de este movimiento en la prensa de la época conspiró contra la formación de una conciencia colectiva de las verdaderas dimensiones del fenómeno. Como le confesaba Napoleón a Fidel Castro en un chiste de la época: “Si yo hubiera tenido tus periódicos nadie se habría enterado de mi derrota en Waterloo”. El movimiento careció de medios que retroalimentaran su propia imagen y reforzaran el narcisismo imprescindible para que una contracultura llegue a su plenitud. Aquella contracultura cubana —a excepción de las artes plásticas— todavía carece de textos teóricos o de un archivo más o menos básico, pero su condición fantasmal no le impide que aún hoy vivamos bajo sus efectos.

Una revuelta discreta
Entiendo a quien alegue que un movimiento contracultural en un estado totalitario sea una contradicción en términos. La contracultura en buena medida se define por la creación de un espacio público al margen de los medios e instituciones establecidos. Si tenemos en cuenta que el totalitarismo entraña la institucionalización del espacio público y de buena parte del privado entonces por lógica no habría espacio para la contracultura. En un régimen totalitario, los brassieres, a diferencia de una dictadura vulgar, no se limitan a oprimir los senos sino que los reemplazan. Y en efecto, el régimen cubano, además de tomar el control de todas las instituciones culturales y de los medios de comunicación, en las dos décadas anteriores había desarrollado un extenso y minucioso entramado que cubría cada uno de los municipios del país. Así las casas de cultura, museos, galerías, talleres literarios y bibliotecas que se habían fundado con el propósito manifiesto de promover la cultura a todos los niveles eran utilizados en la práctica para dirigir y controlar la producción y circulación cultural desde sus niveles más elementales. La solución que encontró la revuelta cultural de los 80 no fue la casi imposible creación de nuevos espacios sino la reconversión de los existentes. Así los museos de historia llegaban a transformarse una tarde a la semana en sala de conciertos, los cines en sedes de peñas literarias, viejos edificios de incierto perfil cultural en teatros de campaña, cine clubes en foros de debate público, el patio de una casa de cultura en el epicentro del movimiento roquero nacional, la sede de revistas en efímeras galerías de arte y algún profesor universitario pasó a ser el gurú de una nueva generación de cuentistas. Esto no hubiera podido lograrse sin el concurso de cientos de promotores culturales que por malentendido o complicidad consintieron o apoyaron la mutación de espacios que hacía tiempo habían perdido todo sentido. Aquellos años asistieron a la alquimia que convirtió a funcionarios oficiales en promotores inconscientes o voluntarios de la revuelta cultural. Llamados a integrar la policía de la cultura terminaron en muchos casos siendo cómplices de los mismos a quienes tenían que mantener a raya.
También, a diferencia de la contracultura en las sociedades liberales, esa revuelta careció de un discurso propio y le sobró timidez a la hora de identificarse como movimiento. La cautela adquirida tras arduo aprendizaje totalitario había convencido a este movimiento de que su condición básica de existencia pasaba por no reconocerse. Su versión del principio cartesiano podría resumirse en un “No me pienso, luego existo”. En parte como gesto táctico ante la represión y en parte por convicción ingenua, mucha de esta rebeldía retomaba los tópicos del discurso oficial para a continuación señalar las brechas entre este discurso y la realidad. Muchas veces se presentaban a sí mismos como verdaderos revolucionarios que retomaban el espíritu de la Revolución para reactivarlo y ponerlo en práctica. Se daba así no sólo el reciclaje del espacio físico de las instituciones culturales sino también del espacio del discurso. Es notable el hecho de que esta revuelta artística no se asumiera casi nunca como contracultura sino como aceptación literal del discurso del poder. A fuerza de declararse los verdaderos seguidores de la palabra divina —“Revolución”— terminaron convirtiéndose en protestantes. Sólo que en lugar de fundar una nueva iglesia oraban en la sacristía o en la calle.
Esa apropiación de espacios institucionales y discursivos fue eficaz a la hora de confundir y ralentizar la represión. Pero su lucha por el reconocimiento como hijos legítimos de la revolución era más sincera de lo que podría parecer. No sólo porque su desarrollo bajo un régimen autotitulado como revolucionario les impedía concebirse fuera de estos marcos. Además, la coincidencia —al menos a nivel retórico— entre el discurso anticapitalista y antimercantil de la contracultura y el del poder en Cuba les hacía difícil imaginar otra posibilidad que no pareciese una regresión burguesa. ¿Acaso los hippies no habían tomado sus barbas y melenas de los guerrilleros de la Sierra Maestra?

La cultura de la revolución: repensando un viejo malentendido
No debe olvidarse tampoco que las bases culturales del poder revolucionario habían sido asentadas sobre los logros de una contracultura desarrollada en la última década del antiguo régimen. La Revolución, carente de un proyecto cultural propio, en sus inicios adoptó otros que se habían desarrollado paralelamente al proceso político pero que tuvieron muy poco contacto con éste hasta el triunfo revolucionario de 1959. La generación del 50 en poesía, el movimiento de pintores abstractos, la bohemia artística y literaria y su revaloración de la cultura popular más marginada, la revista Ciclón, el movimiento de salas independientes de teatro, la Sociedad Nuestro Tiempo, la Cinemateca de Cuba (fundada con carácter privado por varios cinéfilos) aportaron el personal, la experiencia y buena parte de las concepciones con que se nutriría en un principio el llamado proyecto cultural de la Revolución: desde figuras centrales en instituciones fundamentales como el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y la Casa de las Américas, hasta los fundadores del periódico Revolución —órgano oficioso de la ídem— y su suplemento literario Lunes; desde los rostros y las voces que llevaron al plano artístico la imagen de la revolución triunfante hasta los fundadores de sus primeras editoriales; desde los diseñadores del vehículo de propaganda que fue el aclamado cartel cubano hasta los creadores y decoradores de los proyectos arquitectónicos más emblemáticos del nuevo poder. Éste no se conformó con sustituir en las primeras semanas de 1959 la escueta burocracia cultural del batistato por una mucho más vasta y ambiciosa a cuyo frente situó a muchas de las figuras principales de aquel movimiento contracultural. También tomó de este mucho del impulso libertario con que hoy todavía se identifica la expresión cultural e ideológica de los primeros años de la Revolución y que en su momento hicieran afirmar a un obnubilado Jean Paul Sartre que se trataba de “la revolución más original del mundo”.
De ahí que, pese a la posterior imposición del realismo socialista, la cultura oficial conservara componentes pop, una paradójica mezcla de elitismo y populismo y un fuerte idealismo anti-mercantilista —tan común allí donde el mercado no existe— no obstante el proclamado materialismo ideológico. Este sedimento heterodoxo haría que la revuelta contracultural —más allá de cualquier táctica diversionista para confundir a los represores— a la hora de darle sentido a su esfuerzo gravitara naturalmente hacia los míticos orígenes culturales de la Revolución. A ello también contribuyó la adopción de un discurso posmoderno —que a veces no pasaba de balbuceo pretencioso— que creía ver en la cultura un instrumento de alcance y aspiraciones similares al mesianismo revolucionario sin los inconvenientes de la violencia física o verbal. El crítico Ernesto Hernández Busto ha escrito al respecto que “la "Generación de los Ochenta", cuyo interés en el análisis del discurso parecía capaz de revelar que, en definitiva, nuestro barbudo emperador estaba desnudo, dilapidó la posibilidad de una contestación real con la estrategia "blanda" del discurso posmoderno”. Más que un intento de crear una cultura que contrabalanceara la cultura oficial, la intención declarada de la revuelta cubana era revitalizarla abriéndose camino hacia los espacios centrales de dicha cultura. Quizás el resumen más obvio de ese anhelo frustrado de acceder al centro de la cultura oficial está en la queja cantada de Carlos Varela, fiel cronista y representante de aquellos titubeos: “a veces me pasan en la radio/ a veces nada más”.

Un talón de Aquiles que cubre todo el cuerpo
La debilidad mayor del movimiento contracultural de los 80, por tanto, fue no haber creado un espacio cultural y discursivo propio sino haberse limitado a reciclar los existentes. Si el debate en términos culturales se presentaba como una revolución dentro de la Revolución, a nivel político era —si acaso— de un reformismo muy tímido. Es llamativo que la defensa de los derechos humanos y civiles —sobre todo en temas tan sensibles para la producción artística como la libertad de expresión y de prensa— apenas fueran mencionados en los debates de aquellos días. Tras la caída del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética —primero como paradigma y luego como geografía— el poder estatal pasó de la resistencia encarnizada a la represión abierta. Para detener en seco esta revuelta le bastó purgar sus propias instituciones con expulsiones masivas y alguna condena a prisión, castigos de diversa índole (incluyendo la absorción de artistas e intelectuales por instituciones y proyectos oficiales) y crear en general nuevos incentivos para el destierro. En cambio al poder le tomó una década para pasar a la ofensiva en toda regla con la llamada Batalla de Ideas donde las primeras bajas, como es de sospechar, lo han sido las propias ideas.
El mayor legado de aquella revuelta fue en mi opinión el tono que le impuso a la crítica de la institución cultural castrista y del poder totalitario en su conjunto. Un tono que renunciaba a reproducir la acartonada gravedad ritual del poder para dar paso a la irreverencia, el humor, la ironía y el rigor con que comenzó a desmontar la mitología castrista. Dan fe de este esfuerzo el cuestionamiento público de los hasta entonces intocables santones del panteón heroico o ideológico del castrismo. Los intentos del poder por desalmidonar un tanto su propia imagen y mejorarla —como los wonderbra— de cara al exterior deben contarse entre los efectos inmediatos de ese motín cultural. Y ello incluye desde la propaganda fosforescente de la Juventud Comunista, la aprobación del proyecto Fresa y Chocolate hasta la doctrina del ministro de Cultura Abel Prieto de que “la cultura cubana es una sola” para sellar una falsa reconciliación entre la cultura oficial cubana y la del siempre renovado exilio. Por su parte, el tono lúdico e irreverente de esta revuelta, ante la imposibilidad de seguir avanzando en los problemas de la realidad nacional pasó a convertirse en un desesperante trote en el lugar. Y si una contracultura se define –como pienso- por el continuo intento de expandir las fronteras de lo permisible, por cambiar y ampliar los límites de lo que socialmente se considera aceptable aquel movimiento hace mucho tiempo perdió su carácter contracultural y subversivo. La estrategia de pasarse de listo ante la vigilancia del poder terminó extraviando su sentido original. La rebeldía anterior se convirtió en mero gesto estético y nada mejor para las digestiones del totalitarismo tardío que la estética pura. Ello explica que buena parte de los artistas de apariencia más contestataria hayan terminado convirtiéndose en los representantes más eficaces del sistema.

Un breve apunte al presente
Fue esta la primera generación crecida en la cultura de la revolución —que equivale a decir la cultura del miedo, la de la dependencia estatal y la de la (falsa) esperanza en la utopía comunista— la que de manera más o menos masiva intentó rebelarse contra esa herencia. Dicha revuelta —unida a la desaparición de los padrinos de Europa del Este y la bancarrota del país— debilitó el aparato estatal y con ello el poder del totalitarismo cubano. Ya fuera por aquella experiencia, como por la emergencia de una economía al margen del estado y por la confianza absoluta en la incapacidad del régimen de producir siquiera promesas, los movimientos contraculturales contemporáneos carecen de la ingenuidad de hace dos décadas. Los gestos represivos son recibidos sin entusiasmo, pero sin sorpresa. No se aspira a la compresión de las autoridades ni a su imposible reforma. Tampoco a compartir los espacios de las instituciones oficiales o su discurso. Pese a los espacios públicos que se han ido conquistando paulatinamente (desde la calle G hasta el universo virtual pasando por espacios alternativos en Alamar o en Santa Clara o la producción independiente de música o cine), los actores de esta nueva revuelta asumen su marginalidad y no pretenden ser asimilados. Gracias a la internet, la contracultura cubana ha encontrado un nuevo modo de representarse y en él la brecha abismal que antes había entre el dentro y el fuera va encogiéndose hasta perder su antigua intimidación. Los actores principales de este movimiento —aunque sin reconocerse como disidentes tradicionales— no renuncian al discurso abiertamente político y el reclamo de derechos humanos y civiles básicos forma parte de su discurso habitual. Y allí se mantiene la nueva contracultura, orgullosamente marginal y confiando en que una salvación que merezca llevar ese nombre no está en el arte o la política sino en la ley: un nuevo contrato social que garantice a cada uno un sitio bajo el sol. La contracultura cubana actual es un ensayo general de ese contrato.